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jueves, 11 de junio de 2015

EL HOMBRE Y LA VIDA

                                               
LA FE TIENE ALGO QUE DECIR A LA SOCIEDAD
El marxismo ha acusado a la fe cristiana de alienar a los creyentes y de alejarlos de las reales necesidades del pueblo. Por otra parte, en la cultura occidental se ha presentado la fe como un sentimiento meramente personal, negándole toda pretensión de influir en la vida pública. 
Ya el Concilio Vaticano II había respondido adecuadamente a ambos  prejuicios, por ejemplo en la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy, afirmando que la esperanza del mundo futuro nos exige comprometernos en la edificación del mundo presente (GS 39).
 Pues bien, en el capítulo cuarto de su exhortación apostólica La alegría del Evangelio (EG), también  el Papa Francisco desmiente esas viejas acusaciones, al afirmar que “en el corazón mismo del Evangelio está la vida comunitaria y el compromiso con los otros”  (EG 177). 
Con motivo de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York, se escribió que los creyentes en un Dios absoluto son la causa de la violencia y del fundamentalismo. No es verdad. Nuestra fe en el Dios de Jesucristo  promueve el amor al prójimo, la fraternidad y la justicia y nos lleva a ejercer el servicio de la compasión que comprende, asiste y promueve a la persona (EG 178-179).
La esperanza cristiana mira a un futuro absoluto, pero siempre genera historia en el presente (EG 180-181). La Iglesia se siente obligada por su fe a concretar en la práctica los grandes principios sociales (EG 182). La razón es muy sencilla: la fe no puede relegarse solamente al ámbito de la intimidad de las personas. “Una auténtica fe –que nunca es cómoda e individualista- siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” (EG 183).

SOLIDARIDAD Y DESARROLLO

El Papa evoca algunos de los muchos textos bíblicos que nos llevan a escuchar el clamor de los pobres y a socorrerlos (EG 187). Esta escucha no es una misión reservada a unos pocos santos como Francisco de Asís o Teresa de Calcuta. Todos los creyentes estamos llamados prestar una atención personal a los pobres pero también a cooperar para resolver las causas estructurales de la pobreza, para promover el desarrollo integral de los pobres y para hacernos solidarios con las miserias que encontramos cada día a nuestro paso (EG 188).
Es cierto que el valor de la solidaridad se ha puesto de moda desde hace unos años, pero habrá que tener en cuenta su ambigüedad. De hecho, a veces se la entiende como un simple  sentimiento pasajero, con mucha frecuencia motivado solamente por los desastres naturales.
El Papa Francisco evoca la solidaridad en una frase que puede resultar sorprendente a los que estaban acostumbrados a subrayar el derecho a la propiedad privada. Es cierto que esta enseñanza ya era habitual en la Doctrina social de la Iglesia, pero la formulación actual puede resultar novedosa:
“La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde” (EG 189). Así pues, el derecho a la propiedad privada se justifica por su función de servicio al bien común. 

DEFENSA DE LA NATURALEZA

Esta reflexión papal sobre la solidaridad implica también un inevitable compromiso personal y social con vistas a la defensa de la naturaleza. Hay quien se cree dueño de la tierra y piensa que puede explotar sus recursos de forma interesada.
En su encíclica Caridad en la verdad, Benedicto XVI propugnaba el ejercicio de la caridad intrageneracional y de la caridad intergeneracional. Según él, nuestros atentados contra el ambiente dañan fundamentalmente a los pobres de hoy, pero privan también de bienes necesarios a los habitantes futuros del planeta. El Papa Francisco recuerda oportunamente que “el planeta es de toda la humanidad y para toda la humanidad” (EG 190).
Como respondiendo a conocidos y anticuados clichés ambientalistas y demográficos, de tipo maltusiano, ampliamente utilizados por organismos internacionales, afirma también que “existe alimento para todos; el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta…y de la práctica generalizada del desperdicio” (EG 191).
                                                                                                      José-Román Flecha Andrés
Publicado en la revista “El Santo”

jueves, 4 de junio de 2015

EL HOMBRE Y LA VIDA

                 LA IMAGEN DE DIOS EN EL ENFERMO

La Jornada Mundial del Enfermo fue instituida por san Juan Pablo II en 1992. Él mismo decidió que se celebrara el día 11 de febrero, en que se celebra la memoria de la Virgen de Lourdes.
En este año 2015, el mensaje del Papa Francisco para esta Jornada va dirigido a los enfermos, a los profesionales y también a los voluntarios en el ámbito sanitario.
El título del mensaje es altamente sugestivo: “Sabiduría del corazón para reconocer en los enfermos la imagen de Dios”. Claro que esta sabiduría no se limita a un conocimiento teórico, abstracto, fruto del estudio o del razonamiento. Es una actitud impagable, don de Dios y tarea humana.
La sabiduría del corazón es infundida por el Espíritu Santo en la mente y en el corazón de todas las personas que están dispuestas a abrirse al sufrimiento de los hermanos y a reconocer en ellos la imagen de Dios. A la luz de este don de Dios, se pueden entender al menos tres frutos que podemos esperar de la Jornada Mundial del Enfermo.

LOS DONES DE LA SABIDURÍA

• Sabiduría del corazón es servir al hermano. El enfermo necesita   ayuda  para lavarse, vestirse o alimentarse. Esa ayuda prestada al hermano enfermo es camino de santificación, experiencia de la cercanía del Señor y manifestación de la misión de la Iglesia.
• Sabiduría del corazón es estar con el hermano. Romper por un tiempo el ritmo de nuestras prisas para acercarnos al enfermo es muy importante. Estar junto a él es un modo de alabar a Dios, de seguir a Jesucristo y de mostrar nuestro amor y nuestro consuelo al paciente
• Sabiduría del corazón es salir de sí hacia el hermano. En este mundo, marcado el deseo de hacer y producir, olvidamos la belleza de lo gratuito, del ocuparse, del hacerse cargo del otro. El Papa Francisco nos recuerda una vez más lo importante que es la salida de sí hacia el otro.  
• Sabiduría del corazón es ser solidarios con el hermano sin juzgarlo. La caridad tiene necesidad de tiempo. Tiempo para curar a los enfermos y tiempo para visitarles. La caridad verdadera  nos impide juzgar al otro y nos prohíbe complacernos en el bien que pretendemos realizar.

LA CRUZ Y LA GRACIA

La experiencia del dolor y de la enfermedad encuentra su respuesta auténtica sólo en la Cruz de Jesús. De hecho, la cruz nos revela la solidaridad de Dios con nosotros y su infinita misericordia.
El Papa nos recuerda que esa respuesta de amor al drama del dolor humano, especialmente del dolor inocente, nos remite a la experiencia de los discípulos que tocaron el  cuerpo de Cristo resucitado. Sus llagas fueron y son todavía un escándalo para la fe pero nos aseguran la verdad de la fe.
Nos cuesta aceptar   la enfermedad, la soledad y la incapacidad. Parecen dificultar nuestra decisión de entregarnos a los demás. Pero debemos recordar que la experiencia del dolor puede ser lugar privilegiado de la transmisión de la gracia y fuente para lograr y reforzar la sabiduría del corazón.
La Jornada del Enfermo puede ayudarnos a comprender que si acogemos con fe el misterio del sufrimiento y del dolor, podemos llegar a ser testigos  vivientes de esa fe. La razón humana no nos ayuda a comprender el misterio del dolor, pero nos ayuda a descubrir su sentido y su riqueza de gracia.
El Papa termina su mensaje con una hermosa plegaria que podrá acompañarnos en los días más grises:
“Oh María, Sede de la Sabiduría, intercede, como Madre nuestra por todos los enfermos y los que se ocupan de ellos. Haz que en el servicio al prójimo que sufre y a través de la misma experiencia del dolor, podamos acoger y hacer crecer en nosotros la verdadera sabiduría del corazón”.
                                                                        José-Román Flecha Andrés
Publicado en la revista “El Santo”

domingo, 8 de junio de 2014

EL HOMBRE Y LA VIDA

                           UNA VIDA LLENA DE ALEGRÍA Y DE ESPERANZA

Debemos al papa Pablo VI la iniciativa de iniciar el año civil con una Jornada Mundial de la Paz. Los mensajes que los últimos papas nos han entregado para motivar la celebración de esa jornada forman ya una verdadera enciclopedia sobre la paz.
El Papa Francisco ha iniciado el suyo con unas palabras muy significativas que encabezan esta reflexión: “En este mi primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, quisiera desear a todos, a las personas y a los pueblos, una vida llena de alegría y de esperanza”.
Como quien conoce la experiencia humana y adivinas nuestros pensamientos y sentimientos más profundos, reconoce el Papa que todos aspiramos a una vida plena, marcada por el anhelo indeleble de la fraternidad. Esa es la gran aspiración de las personas, de las familias y de los pueblos.
Sin embargo, es evidente que esos ideales de la paz y la fraternidad se encuentran en nuestros días con muchas dificultades y atentados. De hecho, el Mensaje papal recuerda que “en muchas partes del mundo, continuamente se lesionan gravemente los derechos humanos fundamentales, sobre todo el derecho a la vida y a la libertad religiosa”.

LOS ATENTADOS Y EL DESCARTE

Como un primer ejemplo inquietante de estos atentados contra la vida se recuerda “el trágico fenómeno de la trata de seres humanos, con cuya vida y desesperación especulan personas sin escrúpulos”.
 En una Jornada de la paz. Es obligado recordar las numerosas guerras marcadas por los enfrentamientos armados. A ellas hay que sumar otras guerras que “se combaten en el campo económico y financiero con medios igualmente destructivos de vidas, de familias y de empresas”.
Pero no son éstos los únicos escenarios en los que se desprecia y maltrata la vida humana. El Mensaje no pretende silenciar esos dramas. Más adelante, menciona el Papa “el drama lacerante de la droga, con la que algunos se lucran despreciando las leyes morales y civiles”.
Alude también expresamente a la prostitución, al abuso de menores, a la esclavitud todavía vigente en muchas partes del mundo, a la tragedia de los emigrantes, con los que se especula indignamente en la ilegalidad, y a las condiciones inhumanas de muchas cárceles.
Entre las causas de estos y otros abusos, el Mensaje papal menciona el individualismo, el egocentrismo y el consumismo materialista. Tres ramas de una misma ideología que fomenta la mentalidad del “descarte” que lleva al abandono de los más débiles y al desprecio de todos aquellos que son considerados como “inútiles” para nuestra sociedad.
Apelando a una idea ya expuesta por él en otras ocasiones, el Papa Francisco insiste en afirmar que no hay “vidas descartables”. Todas las personas “gozan de igual e intangible dignidad”. Todos los seres humanos son amados por Dios y todos  han sido rescatados por la sangre de Cristo. Y añade: “Esta es la razón por la que no podemos quedarnos indiferentes ante la suerte de los hermanos”.

LA CONVERSION DEL CORAZÓN

Hoy se habla continuamente de la “calidad de vida”. Evocando unas palabras de Juan Pablo II, el Mensaje papal hace suya esta expresión, al afirmar que la paz genera una mejor calidad de vida y un desarrollo más humano y sostenible, pero solo a condición de que todos nos empeñemos en aceptar y promover el bien común.
Más adelante nos recuerda que el ideal de la fraternidad y el esfuerzo por promover la superación de la pobreza nos exige a todos ese desprendimiento que comporta elegir un estilo de vida sobrio y esencial,  con el fin de poder compartir las propias riquezas con los demás.
Para que nadie se llame a engaño, el Papa Francisco advierte que ese estilo de vida es propio solo de las personas consagradas, que hacen profesión del voto de pobreza, sino que afecta también a todos los que creen que “la relación fraterna con el prójimo es el bien más preciado”.
Así pues, “se necesita una conversión de los corazones que permita a cada uno reconocer en el otro un hermano del que preocuparse, con el que colaborar para construir una vida plena para todos”.
Como era de esperar, el Papa recoge en su Mensaje los textos bíblicos más importantes que nos llevan a descubrir en el otro a un hermano. Pero su discurso no se dirige sola y exclusivamente a los que leemos las Escrituras y las aceptamos como lámpara que ha de guiar nuestros pasos. A todos nos interpela el ideal de la paz, basada en la aspiración de la fraternidad universal y en su humilde y constante ejercicio. 


José-Román Flecha Andrés
Publicado en la revista “El Santo”

jueves, 22 de mayo de 2014

EL HOMBRE Y LA VIDA

SENTENCIA EUROPEA A FAVOR DEL EMBRIÓN HUMANO

Llámese como se quiera, la ley española sobre el aborto es impresentable desde todos los puntos de vista. Si la Constitución defiende el derecho de todos a la vida, no puede luego argumentarse que el embrión humano no es admitido al club de esos “todos”. La dignidad humana no puede depender del tamaño, como no puede depender del sexo o de la raza de la persona. Todavía recordamos las palabras de alguna ministra del Gobierno de España que negaba la dignidad humana del embrión.
Pues bien, el día 18 de octubre del pasado año 2011, el Tribunal Europeo de Justicia ha protegido de forma indiscutible la dignidad del embrión humano desde la fecundación. Su histórica sentencia histórica obliga a ciudadanos y gobiernos a repensar muchas posturas tan interesadas como anticientíficas. 

LA CUESTIÓN DE LAS PATENTES

Vayamos por pasos. En 1997 Oliver Brüstle había desarrollado una patente que afectaba a la estructura del embrión humano. Evidentemente, pronto entraría en discusión el significado que para la Unión Europea tiene la categoría “embrión humano”. Es cierto que no faltaban estudios detallados sobre el tema. Pero, con este motivo, a petición de la organización ecologista Greenpeace, el Tribunal Federal de Justicia de Alemania ha acudido al Tribunal Europeo. Se pretendía en concreto que éste Tribunal de Luxemburgo interpretara la expresión “embrión humano”, a la que se refiere el art. 6 (2) (c) de la Directiva de la Unión Europea 98/44/EC sobre la Protección Jurídica de la Invenciones Biotecnológicas.
Pues bien,  la sentencia del Tribunal sostiene que la mencionada Directiva protege todos los estadios de la vida humana, al excluir al embrión humano de la protección de las patentes.
Esto es muy importante, porque la sentencia incluye, además, una definición del «embrión humano» como un «organismo capaz de iniciar el desarrollo de un ser humano». Y esto en todos los casos, ya se produzca el embrión por fecundación o como resultado de una clonación.

CONCEPTO Y DIGNIDAD DEL EMBRIÓN

Así pues, la legislación europea sobre la protección jurídica de las invenciones biotecnológicas en adelante ha de considerar como un «embrión humano»:
1)    todo óvulo humano a partir del estadio de la fecundación;
2)    todo óvulo humano no fecundado en el que se haya implantado el núcleo de una célula humana madura;
3) todo óvulo humano no fecundado, pero estimulado para dividirse y desarrollarse mediante partenogénesis, es decir mediante una reproducción basada en el desarrollo de células sexuales femeninas no fecundadas.
Estas orientaciones del Tribunal coinciden con la doctrina de la Iglesia Católica expuesta en la instrucción “Donum Vitae”, del 22 de febrero de 1987.
Pero aún hay algo más. La sentencia del Tribunal defiende la dignidad del embrión humano al excluir que pueda ser patentado un invento que haya implicado la destrucción previa de embriones humanos o su utilización como materia prima, sea cual fuere el estadio en el que estos embriones se utilicen.  Esto implica que no se pueden utilizar las células madre procedentes del blastocisto. 
Hay que felicitar al Tribunal por varios motivos. En primer lugar por la aclaración del concepto de embrión y por la defensa de su dignidad original. En segundo lugar por afirmar de forma indirecta que la técnica necesita la tutela y orientación de la ética.  Y en tercer lugar, porque favorece la investigación sobre  las células madre adultas, frente a la investigación con células embrionarias.  
Así pues, de acuerdo con esta sentencia no se debe proteger jurídicamente una invención biotecnológica si  requiere la destrucción o el uso de embriones humanos, procedimiento permitido por la tercera ley española de reproducción humana asistida.
Evidentemente, en algunos países europeos tendremos que aprender la lección. Lástima que los medios de comunicación hayan guardado un vergonzoso silencio ante esta sentencia.
                                                     
                                                                                                  José-Román Flecha Andrés
Universidad Pontificia de Salamanca

EL HOMBRE Y LA VIDA

REVIVIR LA VIDA

Todos repetimos alguna vez una exclamación que proclama “¡Cómo pasa el tiempo!”. Es esa una experiencia universal. La vida fluye ante nosotros con rapidez. O más bien es nuestra vida la que se representa con brevedad sobre el escenario del mundo, como tantas veces ha reflejado la literatura universal.
Tal vez por eso siempre intentamos “revivir” de alguna manera lo ya vivido. Pretendemos retener por un momento más algunos de los acontecimientos que hemos presenciado con la ilusión de prolongar así el instante fugaz de nuestro protagonismo.
Volver la vista atrás para contemplar de nuevo los sucesos que han ido marcando el itinerario de nuestra vida es un ejercicio que revela nuestra silueta personal. Al dar cuenta de los hechos que han merecido nuestra atención, confesamos nuestros intereses. Pero también desvelamos nuestras actitudes.

MIRAR AL PASADO

En efecto, podemos mirar el pasado con desprecio y altanería. Podemos mirarlo también con humilde serenidad  y con gratitud. Siempre deberíamos mirar el pasado con el ánimo de quien trata de aprender una lección. “La historia es testigo de los tiempos, luz de la verdad, vida de la memoria, maestra de la vida, mensajera de la vejez”, como decía Cicerón.
La crónica del tiempo pasado debería ser siempre veraz y objetiva, nunca espinuda e hiriente. Hay una crónica solemne que se deja escrita en soportes accesibles para que los hechos adquieran una sobrevida dinámica y fecunda.
Pero hay también otra crónica menuda y personal, pero cordial e intransferible. Al dar cuenta de los hechos que ha presenciado, cada uno de nosotros, confiesa que ha vivido, como decía Pablo Neruda en el título de sus Memorias.
Sin embargo, la memoria no sirve de mucho si no revela nuestras personales preguntas y nuestras personales esperanzas. Como ya subrayaba el maestro Pedro Laín Entralgo, “recordar” es pasar los hechos del pasado por el filtro amable del corazón –cor-. Pero recordar sirve de poco si no nos sentamos para acordar juntos, en sintonía del corazón –cor- los caminos que pueden hacernos más humanos. 

DESAFÍOS DE LA TÉCNICA

Son ya innumerables los desafíos que la técnica ha ido planteando a la Bioética en la primera década del siglo XXI.  “Parece que fue ayer”, pero ya hace catorce años que comenzaba el “tercer milenio cristiano”, aunque la última palabra fuera bien pronto mantenida bajo sordina. 
En su ensayo sobre “el cristianismo y la noción de progreso”, se refería Emmanuel Mounier al “buen humor un tanto necio del último siglo”, es decir, del siglo XIX. Al comienzo del siglo XX, muchas voces proclamaban a gritos la certeza de que el progreso traería la paz y la felicidad a la humanidad.
Muy pronto estalló un estado de pesimismo que venía avalado por las grandes guerras, los campos de concentración y su alambre espinoso y las tensiones de una larga guerra fría, que siempre parece retornar.
También el siglo XXI se veía con un optimismo frívolo y efímero, como corresponde a la “era del vacío”, analizada por Lipovetski. La fe en el progreso equivalía ahora a la confianza ciega en la biotecnología y en las políticas sanitarias.
Evocar los hechos que han ido jalonando el inicio del tercer milenio cristiano podría invitarnos a ejercer la prudencia, que tanto tiene que ver con los siete dones del Espíritu Santo. Si la verdad nos hace libres, como decía Jesús, el discernimiento de las ofertas al uso nos hará un poco más humanos.
 Pero, más que los problemas, hemos de recordar a las personas que se veían implicadas en ellos. Al prestarles nuestra atención cordial, nos preguntamos hasta qué punto el dolor o los dilemas éticos por los que han pasado esas personas nos han humanizado un poco más.

                                                                                    José-Román Flecha Andrés

sábado, 17 de mayo de 2014

EL HOMBRE Y LA VIDA


ES RAQUEL QUE LLORA

En el mes de julio de este año 2012 he vuelto de nuevo por allí. La parroquia de la Inmaculada Concepción, en la ciudad de Monrovia, es una de las que forman el gran conglomerado de Los Ángeles, en California. Su cercanía a las colinas le da un encanto especial. Me había alojado allí en el año 2005.
 Llegaba entonces invitado por primera vez a impartir cursos en el Instituto de Pastoral y Evangelización. Todo sigue prácticamente igual, excepto una capillita para la adoración al Santísimo Sacramento y la pequeña estatua que se encuentra frente a la fachada del templo.

LA MUJER ARRODILLADA

Es la imagen de una mujer joven, arrodillada, con las manos cruzadas sobre su regazo. Parece abatida por el dolor. Pudiera representar a la madre de uno de los miles de soldados muertos en las guerras sostenidas por los Estados Unidos en diversas partes del mundo.
Esa interpretación podría estar avalada por la frase que se encuentra grabada sobre el pedestal: “Es Raquel que llora por sus hijos y rehúsa consolarse, porque ya no existen”. La frase se encuentra en el libro del profeta Jeremías (31, 15) y se refiere a las tierras de Belén y su comarca, privadas de jóvenes por el exilio a Babilonia.
Como se sabe, esa frase ha sido retomada por el evangelio según San Mateo, al dar cuenta de la matanza de los inocentes (Mt 2, 18). En este contexto, no evoca el destierro de los deportados, sino el asesinato de los niños, ordenado por Herodes con el intento de eliminar al recién nacido Rey de los Judíos.
En el pedestal de la pequeña estatua de la parroquia de la Inmaculada Concepción se puede leer otra inscripción,  que ayuda a comprender el sentido del monumento. En ella se recuerda expresamente el dolor de las madres que han pasado por el tremendo drama del aborto.

MUJERES SOLAS

 La mujer de la estatua está arrodillada. Esa postura puede reflejar su abatimiento o su arrepentimiento. Sin duda manifiesta el dolor de tantas mujeres que ha optado por el aborto. A casi todas les han presentado el aborto como una ocasión para llevar a la cabo la “libertad de elección”.
Al mirar  la estatua uno piensa en ellas, con afecto y compasión. Muchas de ellas se han sentido como mujeres solas. Pocas madres habrían abortado, si se hubieran visto apoyadas y amadas. Muchas personas a su alrededor les han dicho que un embarazo pone fin a su vida. No es verdad. Un embarazo es el florecer de un vida. La del bebé. Pero también la de la madre.
Es cierto que sus parientes y amigos y especialmente el padre de la criatura, han de manifestarle su cariño y su solidaridad. Las instituciones han de favorecer la maternidad, cualquiera que sea la circunstancia en la que se ha producido. Y los medios de comunicación han de apostar por el don y el milagro de la vida. 

LA SOCIEDAD POSTRADA

Pero al ver la estatua, uno piensa también en la sociedad. También ella ha quedado postrada. Lo admita o no lo admita, la sociedad ha de considerar  amenazado su futuro, cada vez que se ve privada de esos hijos que habían ya iniciado el camino de la vida.
Una sociedad no puede privarse de las fuerzas que la hace vivir, convivir y sobrevivir. Las personas que llegan con la inmigración nunca podrán sustituir a las personas que han sido eliminadas por el aborto. El aborto siempre mira hacia el pasado. Todo aborto es un pecado contra la esperanza.
Por cierto, tanto la parroquia de la Inmaculada Concepción, en Monrovia, California, como la estatua que se alza frente al templo, pueden encontrarse en internet. Ojalá las modernas redes de comunicación nos ayuden a descubrir y venerar el milagro de la vida.

                                                             José-Román Flecha Andrés







EL HOMBRE Y LA VIDA

EMBRIONES PARA CURAR
CUESTIONES ÉTICAS

La noticia de la clonación  de embriones humanos en el estado norteamericano de Oregon, durante el pasado mes de mayo de 2013, ha suscitado un grave problema ético. En efecto, los investigadores producirían embriones humanos para destruirlos después.
Es verdad que tratan de tranquilizar a la opinión pública diciendo que no se pretende crear seres humanos clonados, sino obtener células troncales con fines terapéuticos. En realidad se apela a la falsa justificación que afirma que el fin justifica los medios. La inmoralidad está en el hecho, no en sus aplicaciones.

DOCTRINA DE LA IGLESIA

La Iglesia Católica ha sido muy parca en declaraciones sobre cuestiones biotecnológicas muy especializadas. 
Publicada por la Congregación para la Doctrina de la Vida (22.2.1987),  la instrucción “Donum Viate” se formula algunas cuestiones sobre el respeto debido a los embriones humanos. En el n. 6 menciona algunas formas de manipulación humana como las formas híbridas de fecundación y gestación, así como el proyecto de construcción de úteros artificiales.
En la apreciación del documento, “estos procedimientos son contrarios a la dignidad del ser humano propia del embrión y, al mismo tiempo, lesionan el derecho de la persona a ser concebida y nacer en el matrimonio y del matrimonio”.
Pues bien, en este mismo contexto se alude a otras posibilidades de procreación humana, entre las cuales se incluye alguna forma de clonación: “También los intentos y las hipótesis de obtener un ser humano sin conexión alguna con la sexualidad mediante ‘fisión gemelar’, clonación, partenogénesis, deben ser considerados contrarios a la moral en cuanto que están en contraste con la dignidad tanto de la procreación humana como de la unión conyugal”  
 
ALGUNAS OBJECIONES

En el año 1997, la Pontificia Academia para la Vida, que acoge a expertos de fama mundial, publicó una nota en la que afronta los problemas éticos relacionados con la clonación humana. He aquí solo tres de las objeciones aducidas en contra de la clonación de embriones humanos:
- Constituye una radical manipulación de la procreación humana, tanto en su aspecto biológico como en el propiamente personalista que incluye la relación y la complementariedad.
- Con la clonación se introduce en la procreación humana la lógica de la producción industrial.
- El proceso de la clonación implicaría la supresión de numerosos embriones o fetos que, después de su creación, fueran considerados poco aptos para su desarrollo ulterior.
 En este caso dicen que no se trata de producir seres humanos, sino de obtener células a partir de los embriones humanos. Para justificar el proceso se ven obligados a negar la dignidad humana a esos embriones.
De todas formas, el razonamiento se limita a formular un juicio ético a partir de las consecuencias técnicas, sin tener en cuenta la moralidad objetiva de la misma operación técnica.  Como si el ser humano ya no perteneciera al reino de los fines y entrara con vergüenza en la provincia de los medios.
El bueno de Immanuel Kant se moriría de pena ante esta degradación admitida como un paso de avance y de progreso.

                                                                    José-Román Flecha Andrés

EL HOMBRE Y LA VIDA

EL CLAMOR DE LOS POBRES

La Revolución Francesa aireó los tres lemas de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Andando los tiempos, la apalabra “solidaridad” parece haber venido a sustituir el lema de la fraternidad. Y no es extraño. Es imposible afirmar la fraternidad universal cuando no se admite la paternidad de Dios.
Ahora bien,  en contra de lo que se suele pensar, la solidaridad no puede limitarse solamente a asegurar a todos los habitantes de la tierra la comida o el agua. Hay otros bienes que hat que promover, para que tengan prosperidad sin exceptuar bien alguno, como ya escribía Juan XXIII.
Entre esos bienes están la educación, el acceso al cuidado de la salud y a un trabajo libre, creativo, participativo y solidario, dotado de un salario justo. Así lo ha escrito el Papa Francisco en su exhortación La alegría del Evangelio, publicada en la fiesta de Cristo Rey del año 2013, justo en la conclusión del Año de la Fe   (EG 192). 

UN SITIO EN EL CORAZÓN DE DIOS 

En este contexto, evoca el Papa Francisco algunos de los textos bíblicos que nos exhortan a escuchar el clamor de los pobres, como Dn 4,24 y 1Pe 4,8; Ga 2, 10 (EG 193-195). Además, despliega ante nuestros ojos la vergonzosa alienación que produce en nuestra sociedad el ansia desmesurada y compulsiva de consumo (EG 196).
Y nos recuerda, sobre todo, que “el corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo se hizo pobre”. De hecho, el día que lo presentaron en el Templo, pagaron por él la ofrenda de los pobres (cf. Lc 2,24). Y, al comienzo de su ministerio público, él mismo dijo en la sinagoga de Nazaret que venía a  anunciar el Evangelio a los pobres (Lc 4,18).(EG 197).
Por ello puede repetir el Papa una frase que en pocos meses ha hecho famosa: “Quiero una iglesia pobre para los pobres” (EG 198). Ese deseo, ya había sido expresado el año 1962, en la primera sesión del Concilio Vaticano II. Sin embargo, resuena ahora como una exhortación profética, dirigida a todos los creyentes y también a los no creyentes. 

ATENCIÓN AL OTRO

Es cierto que todos nos movemos mucho, también por lo que se refiere a la promoción de la justicia en el mundo. Pero no es eso lo que el Señor espera de nosotros. El Papa nos dice que “nuestro compromiso no consiste exclusivamente en acciones o en programas de promoción y asistencia; lo que el Espíritu moviliza no es un desborde activista, sino ante todo una atención puesta en el otro, considerándolo como uno consigo” (EG 199).
Eso es lo que se espera de nuestras comunidades. Junto al pan hay que entregar a los pobres el evangelio del Señor.  Quiere el Papa recordarnos que “la peor discriminación que sufren los pobres es la falta de atención espiritual” (EG 200).
Esa llamada a atención integral a los pobres nos implica a todos, de una forma o de otra. Tras referirse a las comunidades cristianas, el Papa se refiere a otros ambientes, académicos, empresariales, profesionales y hasta eclesiales, en los que con frecuencia se oye como excusa la necesidad de prestar atención a otros asuntos (EG 201).
A la luz de esta exigencia de atender a los pobres, es preciso revisar los planes asistenciales, las fuerzas del mercado, las tendencias del mundo de las finanzas,  los proyectos políticos y los juicios y prioridades de los economistas (EG 202-206).
Resulta impresionante el párrafo en el que el Papa nos dice que si una comunidad pretende subsistir sin ocuparse de que los pobres vivan con dignidad, “terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos” (EG 207).
Con razón se imagina el Papa que sus palabras queden en el vacío “sin una verdadera incidencia práctica” (EG 201), como si nacieran de algún interés personal o de una ideología política (EG 208).
Dejemos que el Espíritu mueva los corazones de todos para que recibamos su soplo de amor y de verdad.
                                                                              José-Román Flecha Andrés

miércoles, 14 de mayo de 2014

EL HOMBRE Y LA VIDA

PREGUNTAS QUE INQUIETAN DE VERDAD

Durante el mes de noviembre de 2012 he pasado una semana en la ciudad de Los Ángeles, California, invitado por Guadalupe Radio-TV. Así que he tenido la ocasión de dirigirme a muchísimas personas a través de sus micrófonos y sus cámaras de televisión. En realidad ha sido como una misión intensiva sobre la fe. 
El tema era más que apropiado para el comienzo de este Año de la Fe que ha convocado el Papa Benedicto XVI. Como en tantas otras ocasiones, uno descubre que ¨hay más gozo en dar que en recibir¨, como decía Jesús. A la hora de exponer el mensaje evangélico, el primer beneficiado es el mismo mensajero.
Como era de esperar las emisiones en vivo suscitaban llamadas, visitas y consultas. Entre estas, las más numerosas se referían al matrimonio, a la familia y a la vida que nace en el hogar. Tres grandes valores que se han convertido en el blanco de muchos ataques por parte de los poderes de este mundo.

EL MATRIMONIO

El matrimonio, en efecto, se ha convertido en una especie de terreno abierto que, por ser de todos, termina siendo de nadie. Las leyes de varios países han decidido ampliar la definición del matrimonio.
Según esa nueva normativa, el matrimonio ya no sería exclusivamente la unión de un hombre con una mujer. Bajo ese paraguas pueden cobijarse dos varones o dos mujeres. Con ello se pierde la denominación de esposo y esposa.
Pero, de paso se perderá también la denominación de padre y madre. Bastará con llamarlos progenitor A y progenitor B. Como se ve, no es sólo cuestión de nombres. No se pretende sólo cambiar la cultura. Se trata de negar el papel de la naturaleza.

LA FAMILIA

Algo parecido ocurre con la familia. Ya no se entiende la familia como una comunidad de amor y de vida. Ya no se entiende el amor como una donación personal, definitiva y fecunda. La familia puede ser imaginada y proyectada a voluntad.
De nuevo, se pretende ignorar la realidad de una institución que es cobijo y compañía, sociedad y proyecto, memoria y esperanza. Se intenta presentar la familia como un contrato, mucho menos estable que  el que vincula a un usuario con su compañía telefónica.
Nos imaginamos que un día un niño cualquiera tendrá que preguntar a su maestra qué era eso de la familia. Y tal vez le responderán que era una institución del pasado inventada para quitar la libertad a las personas. O algo así.

LA VIDA HUMANA

Evidentemente, el cambio de comprensión del matrimonio y de la familia habrá de tener una enorme influencia en la comprensión misma de la vida humana. La vida no es sólo un fenómeno biológico. La vida es un milagro del amor.
La manipulación de la generación supondrá un cambio notable en la comprensión de las relaciones de los niños y niñas con su padre y su madre. Y con sus hermanos y hermanas, si es que llegan a tener la suerte de tenerlos.
Estas reflexiones no nacen de un pensamiento teórico. Nacen de la constatación de las leyes que se van imponiendo en algunos países de nuestro entorno. Y de las preocupaciones de las personas que se preguntan qué tipo de humanidad y de sociedad estamos programando.
A la luz de la razón, hemos de pensar si estas modificaciones sociales, promovidas o apoyadas por las leyes nos van a hacer más felices. Y a la luz de la fe, tendremos que preguntarnos si esos cambios responden al proyecto de Dios sobre el ser humano.


José-Román Flecha Andrés

EL HOMBRE Y LA VIDA

PERSONAS COMO RESIDUOS

En la Jornada Mundial del Medio Ambiente de este año 2013, las Naciones Unidas pidieron eliminar el desperdicio de los alimentos. A esa campaña se unió el Papa Francisco el día 5 de junio.
También él denunció esta “cultura del descarte”, que hoy contagia a todos y nos lleva a amontonar basuras por todas partes. Poder depositar los residuos es un grave problema para las administraciones.
El Papa recordó que, en otros tiempos, los padres y los abuelos tenían buen cuidado para que no se tirara a la basura nada de lo que sobraba de una comida. Cuando la multitud se había saciado, también Jesús pidió a sus discípulos que recogieran las sobras para que nada se perdiera.

PERSONAS DESCARTADAS

Sin embargo, la reflexión del Papa fue más allá de las cosas y de los alimentos que sobran y se tiran, y recordó que en este momento también “las personas son descartadas como si fueran residuos”.
Hoy se valora a la persona por lo que tiene, por lo que produce o por lo que puede producir, no por lo que es en sí misma. De ahí que muchas personas sean hoy “despreciadas”.
Esta misma palabra debería hacernos temblar. Despreciar a una persona significa atribuirle poco valor en el mercado de la vida.
En la antigüedad algunos esclavos valían menos si no eran lo suficientemente fuertes para desempeñas el trabajo que es esperaba de ellos. Suprimida la esclavitud –tan sólo en algunos países-,  no se ha superado la mentalidad que la sostenía. 

CUATRO ICONOS

El Papa Francisco añadió todavía una observación más explícita: “La vida humana, la persona, ya no es percibida como valor primario que hay que respetar y tutelar, especialmente si es pobre o discapacitada, si no sirve todavía –como el nascituro- o si ya no sirve –como el anciano-”.
La vida de la persona ya no es el valor primario que hay que tutelar. El Papa pone ante nuestros ojos cuatro iconos del desprecio a la persona.
El primero de ellos es el pobre. Si en algunos países de Europa desprecian a los “extracomunitarios”, no se refieren a los extranjeros ricos que han comprado casas espléndidas en paisajes de sueño. Son los extranjeros pobres.
El segundo icono es el de los “discapacitados”. Ya el nombre que les damos traiciona nuestra escala de valores. En algún aspecto, todos somos discapacitados para algo. Pero hay discapacidades que difícilmente se aceptan.
El tercer icono es el de los bebés todavía no nacidos que no son admitidos en el club de las “personas”. Se podría mencionar también a muchos ya nacidos que no son aceptados por sus padres.
Y el cuarto icono es el de los ancianos. Se piensa que son un estorbo en la casa. Por eso hay que restringir los cuidados que merecen. Ya el día 16 de mayo había denunciado esa eutanasia escondida de la que son víctimas.

 De una forma o de otra, estas personas han sido ya devaluadas y “despreciadas” en el mercado de la vida. Para nuestra vergüenza. Pero todas ellas son una llamada a nuestra responsabilidad humana y cristiana.

José-Román Flecha Andrés


EL HOMBRE Y LA VIDA

ANTE  LA EUTANASIA INFANTIL


  Tras la legalización de la eutanasia en Holanda, los ancianos holandeses trataban de pasar a Bélgica para evitar este acoso más o menos explícito. Con el tiempo Bélgica ha dejado de ser un refugio seguro para ellos.
En esta “cuesta resbaladiza” se había de llegar a la legalización de la eutanasia infantil por parte de Bélgica. Las cautelas señaladas por la ley son simples cortinas para ocultar el drama de la muerte inducida.

LA REALIDAD DE LA LEGALIZACIÓN


• Se nos impone una legalización de la eutanasia, pero son cada vez más las personas que olvidan que la ley no es la razón de lo moralmente bueno y de los procesos de humanización de la sociedad. En este caso, la ley no puede determinar la bondad ética de la administración de la muerte
• Se presenta la eutanasia activa como un derecho del paciente terminal incapaz de soportar sus dolores. Pero la muerte nunca puede ser concebida como un derecho humano. Por otra parte, no nos engañemos sobre la aceptación del sufrimiento. Nunca, como en esta época, hemos sido capaces de controlar el dolor.
• Se alaba la eutanasia activa siempre que se produzca a petición del paciente. Pero muchos de esos pacientes en realidad no piden la muerte, sino una cercanía afectuosa y compasiva por parte de familiares y sanitarios. Además, se comienza respetando su petición y se pasa a obligarlos más o menos sutilmente a pedir la muerte para ahorrar tensiones a su familia y gastos a la sociedad.
• Se legaliza la eutanasia a petición de un niño enfermo. Pero se olvida que en nuestras sociedades aparentemente desarrolladas, al niño no se le admite el derecho a otras muchas opciones infinitamente más inocentes y menos dramáticas que la elección de la muerte. El niño ama la vida y requiere atención, cuidados y caricias.
• Se defiende la eutanasia como un derecho totalmente libre. Se pregona una y otra vez que a nadie se le obliga a pedirla, Se dice que la legalización de la eutanasia nunca será vinculante para los que no lo quieran reclamar. Pero la experiencia de estos últimos cuarenta años nos enseña que la libertad para pedir el aborto ha llevado a las sociedades moderna a imponer el aborto de formas poco disimuladas.
• Se nos presenta la eutanasia activa como un acto de compasión hacia las personas que sufren, y en este caso hacia los niños. Pero se olvida que la verdadera “com-pasión” con los otros no puede llevarnos a la indiferencia o al desentendimiento respecto a ellos, sino a la cercanía y a la ternura.
• Se anuncia la eutanasia como la única solución para liberar a los que sufren. En realidad, la sociedad pretende liberarse de sus obligaciones hacia las personas con alguna discapacidad.

 EL SENTIDO DE LA VIDA

   
   El problema ético de la eutanasia debería plantearse sobre una reflexión acerca de la vida entera de la persona. Ahora bien, el primer paso en esa reflexión consiste en admitir que la vida es fundamentalmente un don.  La vida nos es dada. Es en su raíz un regalo, el único regalo que en verdad recibimos.
Si la vida nos es entregada desde “antes”, desde “fuera” o desde “arriba”, también su sentido ha de ser necesariamente recibido. El mismo regalo de la vida trae consigo “las instrucciones para su uso”. De ahí que la persona nunca pueda juzgar que ya ha encontrado el sentido de la vida o que nunca podrá ya encontrarlo; de ahí la íntima inmoralidad y sacrilegio del suicidio.
Pero nadie debería tampoco decidir que las vidas de sus hermanos están ya cerradas al sentido. No podrá imponer o negar a los demás las claves del sentido de la vida. De ahí la íntima inmoralidad y profanación que constituye siempre el homicidio.
La práctica de la eutanasia directa implica la afirmación arrogante de que el hombre crea o impone el valor y el sentido de la vida humana. Se somete a la humanidad a la ley del más fuerte, que decide sobre el valor de la vida o la sinrazón de las vidas que no perece la pena vivir.

José-Román Flecha Andrés

lunes, 12 de mayo de 2014

EL HOMBRE Y LA VIDA

CUIDAR LA FRAGILIDAD

En su exhortación apostólica  La alegría de la fe, el Papa Francisco dedica el capítulo IV a la dimensión social de la evangelización. Según él, todos estamos llamados a prestar una atención afectiva y efectiva a las nuevas formas de pobreza y a cuidar de la fragilidad humana (EG 209-210).
En estos tiempos, esa fragilidad se revela en los nuevos esclavos, en las personas sin techo, los toxicodependientes, los refugiados, los pueblos indígenas, los ancianos cada vez más solos y abandonados y los migrantes (EG 210). En todos esos hermanos estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente.
A continuación recuerda el Papa la situación de los que son objeto de las diversas formas de trata de personas. He ahí un crimen mafioso y aberrante, ante el que no podemos hacernos los distraídos (EG 211).
“Doblemente pobres en estos momentos son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia”, que, por otra parte, nos dan un admirable ejemplo de “heroísmo cotidiano en la defensa y el cuidado de la fragilidad de sus familias” (EG 212)

LOS NIÑOS POR NACER

Pero no termina ahí la lista de personas humilladas y maltratadas. Hay otros pobres más pobres todavía. “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos” (EG 213).
Esa debilidad es evidente para quien no ha decidido ignorarla. El Papa recuerda que a esos niños “se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo” (EG 213).
El Papa Francisco es bien consciente de los ataques que se dirigen a la Iglesia precisamente por defender la vida de los no nacidos. Se refiere en concreto a los que ridiculizan su doctrina, calificándola como ideológica, oscurantista y conservadora.
A estas críticas y objeciones responde el Papa con cinco afirmaciones que será bueno recordar y resumir:
• La defensa de la vida aún no nacida está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano.
• Esta defensa supone la convicción de que un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier condición y fase de su desarrollo.
• El ser humano es un fin en sí mismo  y no puede considerarse como un medio para resolver otras dificultades.
• Si cae esta convicción, no hay fundamentos sólidos para defender los derechos humanos, que estarían sometidos a conveniencias sociales o políticas.
• El valor inviolable de la vida humana puede ser reconocido por la razón humana, pero a los ojos de la fe es una ofensa al Creador del hombre. 

FIRMEZA Y COMPASIÓN

Seguramente sabe el Papa que algunos medios y muchas personas han sacado de contexto algunas afirmaciones suyas, como si él pudiera cambiar el orden moral. Por eso se apresura a añadir que la Iglesia no cambiará su postura sobre el valor de la persona humana:
“Este no es un asunto sujeto a supuestas reformas o modernizaciones. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana”. Esta postura de la Iglesia no esconde una dramática ignorancia de las circunstancias de algunas mujeres dejadas en solitario ante su desgracia.
Por eso recuerda el Papa que “hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza” (EG 214).
Este panorama de la fragilidad humana no puede sumirnos en el desaliento. Nuestra fe fortalece nuestra debilidad. “Pequeños pero fuertes en el amor de Dios, como san Francisco de Asís, todos los cristianos estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos” (EG 216). 
                                                                                José-Román Flecha Andrés