Mostrando entradas con la etiqueta INVITACIÓN AL DOMINGO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta INVITACIÓN AL DOMINGO. Mostrar todas las entradas

jueves, 6 de agosto de 2026

REFLEXIÓN - Domingo 19 del tiempo ordinario. A. 9 de agosto de 2026

 

EL VENDAVAL Y LA CALMA

“Después del fuego, el susurro de una brisa suave”. En la primera lectura de la misa de este domingo se nos presenta a Elías refugiado en una cueva del monte Horeb (1 Re 19,9-13).  En aquel lugar, el Dios de la liberación se había mostrado a Moisés. También Elías espera oír la palabra del único Dios para poder enfrentarse a los que promueven el culto a Baal.   

Contra lo que imaginaba el profeta,  Dios no se presenta en el huracán ni en el terremoto ni en el fuego. Dios se hace presente en el suave susurro de la brisa.

Todos deberíamos dirigirle con humildad las palabras del salmo responsorial: “Muéstranos, Señor tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84,9-14).

San Pablo manifiesta a los romanos el amor que le une a  los de su raza, que tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas (Rom 9,1-5)

EL MIEDO

Después de la distribución de los panes y los peces, Jesús pide a sus discípulos  que tomen la barca para adelantarse, mientras él despide a la gente y se retira al monte para orar a solas. Pero la barca es fuertemente sacudida por el viento y por las olas (Mt 14,22-33). 

Bien sabemos que en las páginas de la Biblia, el mar representa con frecuencia la fuerza del mal. En este caso, atemorizados por el bramido del mar y por la fuerza del oleaje, los discípulos de Jesús se sienten en peligro.

Cerca del amanecer se les muestra su Maestro, caminando sobre las olas. Cuando la fe es débil, no es fácil percibir la presencia de Dios y la fuerza de su poder. Así que la media luz de la madrugada y el miedo que se ha apoderado de los discípulos, les hacen creer que es un fantasma. Pero el Señor se acerca para traer la calma.

Atemorizados por los continuos ataques a la fe y a la Iglesia, muchos creyentes de hoy desean que Dios irrumpa con fuerza en nuestra historia. Pero Dios es discreto.

LA CONFIANZA

El Señor se cuida de los que ha elegido y les dirige una frase de aliento para que afronten la travesía: “¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!”. Nunca deberíamos olvidar esa voz.

• “¡Ánimo!”. Muchos han escrito que la fe deshumaniza a la persona. No es verdad. La fe suscita en el creyente una fuerza que a veces parece inexplicable. La fe mueve montañas y aplaca tempestades. La fe no ignora las dificultades, pero ayuda al creyente a superarlas.

• “Soy yo”. Muchos atribuyen a la fuerza de su propia voluntad la capacidad para superar los obstáculos de la naturaleza y las sacudidas de la historia. Pero no es verdad. El ser humano es más débil y vulnerable de lo que está dispuesto a reconocer. Necesita la confianza en la presencia y la protección de Aquel que es la fuente de la vida.

• “No tengáis miedo”. Muchos piensan que “el hombre vive cada vez más en el miedo”, como escribió Juan Pablo II (RH 15). Pero los creyentes recuerdan que en los evangelios se repite una y otra vez la exhortación divina a superar el miedo. Esa invitación va dirigida a la Iglesia y a cada uno de los que navegamos en esa barca.

- Señor Jesús, tú sabes que también nosotros tenemos miedo. Pero a través de los elementos de la naturaleza, como la brisa y el vendaval, podemos llegar a comprender el misterio de tu presencia en nuestra historia. Esperamos confiadamente que la fe nos ayude a percibir y agradecer tu providencia sobre nuestra propia vida.  Amén.

José-Román Flecha Andrés

lunes, 8 de julio de 2024

EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 15º del Tiempo Ordinario. B 14 de julio de 2024

 

DE DOS EN DOS

 “Llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos,

dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos”. 

(Mc 6,7) 

1.      ¿Somos conscientes de que también en nuestros días, el Señor elige y envía a sus mensajeros para que anuncien su mensaje de vida y esperanza?

2.      ¿Estamos dispuestos a escuchar la llamada del Señor y a secundar su voluntad de hacer presente su evangelio en el mundo?

3.      ¿Comprendemos que el Señor envía a sus discípulos “de dos en dos” no solo para que se defiendan mutuamente sino para que sean testigos creíbles de la verdad?

4.      ¿No deberíamos preguntarnos si nuestro individualismo no será una de las causas que hacen difícil el anuncio y la aceptación del Evangelio?

5.      ¿Con qué situaciones o estructuras pueden identificarse los “espíritus inmundos” en un mundo como el nuestro?

6.      Jesús concede a sus discípulos autoridad sobre los espíritus inmundos. ¿Qué puede implicar esa autoridad sobre el mal en nuestra sociedad?

7.      Personalmente, ¿considero la invitación y el envío que he recibido del Maestro como una carga o como una honrosa colaboración con su propia misión?

                                                                                               José-Román Flecha

lunes, 28 de diciembre de 2020

ORACIÓN- Domingo 2º después de Navidad, B. 3 de enero de 2021


UNA PALABRA CERCANA

“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”

(Jn 1,14) 

Señor Jesús, es asombroso el salto de la eternidad al tiempo. Creemos que la Palabra existía en el principio junto a Dios. Es  más, la Palabra era Dios. Era eternidad. Era amor sin principio. Por eso la Palabra salió de sí misma en una generosidad creadora. El universo fue hablado y el tiempo tuvo inicio.

En el giro de los astros, el hombre fue pensado como un hablante balbuciente. Y nuestras palabras humanas fueron brotando como quejido y diálogo, como  llamada y reproche, como información y mentira, como caricia y ofensa, como recuerdo y promesa.

Y de pronto la Palabra se hizo carne y presencia. En medio del campamento de los foragidos, la Palabra plantó su tienda de campaña y se presentó como vecina y emigrante, se hizo buscadora e imaginativa, se convirtió en protesta y profecía. La Palabra se hizo revelación de lo divino y manifestación de lo humano.

Nos ha costado comprender que tú, Señor, eras y eres la Palabra que de Dios viene y a Dios quiere llevarnos. Una Palabra que nos libra de nuestra mudez, nos saca de nuestros silencios y nos invita a abrirnos a todos los encuentros. 

Sin embargo hemos acercado a nuestros oídos brillantes caracolas que nos traen rumores de océanos lejanos. Nos hemos enganchado a las danzas de la muerte para tratar de olvidar el fracaso de todos los proyectos. Hemos llamado vida a lo que solo era algarabía y confusión.

Hemos proscrito los silencios en los que resuena el susurro de tu voz. Nos molesta tu Palabra, que inquieta y desinstala. Hemos censurado todas las palabras humanas que suenan a divinas. El tiempo ha decidido ignorar la memoria de una pretendida eternidad.

Pero a pesar de todo, ahí estás tú, Palabra increada y sustantiva, Palabra amorosa de misericordia y de perdón, Palabra  de fraterna libertad y de justicia, Palabra donadora de gracia y de verdad. Cura tú nuestra sordera.

                                  José-Román Flecha Andrés