lunes, 24 de junio de 2019

DOMINGO 13º TIEMPO ORDINARIO C 2019 (Comentario sonoro)

DOMINGO 13º TIEMPO ORDINARIO C 2019

REFLEXIÓN- DOMINGO 13º DEL TIEMPO ORDINARIO. C. 2019 30 de junio de 2019

VOCACIÓN Y LIBERTAD 
 “Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los mató, hizo fuego con los aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente. Luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a sus órdenes” (1 Re 19,21). Así se proclama en la primera lectura de la misa de hoy. 
Como se ve, Elías busca un sucesor para su misión, y Eliseo acepta la misión que se le confía. Inmediatamente abandona su profesión de agricultor y decide seguir a aquel profeta de fuego. Es interesante ver que no solo deja sus pertenencias sino que las convierte en el objeto de un sacrificio que ofrece a Dios y a sus familiares y amigos.
A este relato de vocación responde adecuadamente el salmo responsorial: “Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré” (Sal 15,8). En este contexto, son muy importantes las palabras que Pablo escribe a los Gálatas: “Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros” (Gál 5,13). 

POBREZA Y URGENCIA

 De la vocación nos habla también el evangelio de este domingo. Jesús ha tomado ya la decisión de dirigirse a Jerusalén, donde se ha de cumplir su misión. Mientras camina con sus apóstoles, aparecen tres personajes que podrían haber llegado a ser discípulos suyos.   
• El primero manifiesta su voluntad de seguir al Maestro, pero Jesús le da a conocer que él no tiene donde reclinar la cabeza. Ha de quedar claro que seguir a Jesús no va a ser fácil. El discípulo ha de estar dispuesto a compartir no solo la austeridad, sino también la pobreza de su Maestro.
• El segundo es invitado por Jesús, pero le manifiesta el deseo de ir a enterrar a su padre. El texto no dice si acababa de morir o si el hijo deseaba posponer su respuesta a la llamada hasta que su padre hubiera muerto. Jesús le advierte sobre la urgencia de la llamada y la disponibilidad que ha de acompañar al que quiera seguirle.  
 
RADICALIDAD Y SEGUIMIENTO

 Seguramente, en las primeras comunidades cristianas era fácil identificar estas posturas y advertencias con algunas personas concretas que, por interés o por comodidad, habían rechazado la llamada del Señor. El relato evangélico centra nuestra atención sobre el diálogo entre un tercer candidato y el mismo Jesús:
• “Te seguiré Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia”. En  Israel era muy importante el respeto a los padres y la unión con la familia de origen. Este candidato quiere seguir a Jesús, pero no quiere ignorar  a su gente.
• “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios”. El profeta Elías había permitido a Eliseo ir a despedirse de su familia. Jesús pide al candidato una mayor  radicalidad para seguir con verdad al  Mesías.
- Señor Jesús, te damos gracias por habernos llamado a seguirte en tu propia misión.   Ayúdanos a escuchar tu voz y comprender que el seguimiento exige una disponibilidad radical y generosa.   Amén.
                                                                      José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 29 de junio 2019


   PEDRO Y PABLO 
Estamos tan acostumbrados a mencionar a san Pedro y san Pablo que podemos olvidar la importancia de su misión en los orígenes de la Iglesia.
En los Hechos de los Apóstoles (Hech 12,1-11) se narra un suceso que ha sido reflejado  en un fresco  en el que Rafael dejó plasmada la liberación de Pedro. Herodes lo había metido en la cárcel durante la semana de Pascua. Pero “mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él”.
Orar por Pedro era un deber de gratitud y de amor para la primera comunidad de Jerusalén. Pedro será bien consciente de que esa oración le ha “liberado de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos”.
También Pablo es consciente de que el Señor lo ha liberado de la boca del león y lo seguirá librando de todo mal, salvándolo para su Reino (2 Tim 4,17-18).

Su diferencia de talante y de opiniones no separó a estos apóstoles de la gran misión que les fue confiada por su Señor ni los aleja ahora en nuestra veneración.
Pedro reconoció a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios vivo. A cambio, Jesús le cambió su nombre de Simón por el de Pedro, para hacer de él la piedra sobre la que el Señor iba a edificar su Iglesia. 
Pablo, por su parte, resume a su discípulo Timoteo su propia tarea de apóstol y misionero: “El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles”.
Así pues, los dos apóstoles y pilares de nuestra fe han sido liberados por Dios para convertirse en agentes de la liberación que nos proporciona el evangelio de Jesucristo.
En nuestra mente queda flotando la confesión que el evangelio coloca en la boca de Pedro:
• “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Pedro es el modelo de una fe que reconoce a Jesús como el ungido de Dios, el Salvador que Él nos envía, el Hijo único de Dios. Esa era la condición mínima para ser un auténtico discípulo de Jesús de Nazaret. Los que pretendían seguirlo por otros motivos pronto abandonaron el camino.
• “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Esa es la fe de la Iglesia, convocada y guiada por el Espíritu. Y ese es el resumen de su mensaje. La Iglesia no es una organización no gubernamental de beneficencia, ni una asociación cultural, ni un grupo de poder. Es la comunidad de los que aceptan a Jesús como el Mesías divino que redime lo humano.
• “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Esa es la buena noticia que los cristianos anuncian a toda la humanidad. En un mundo secular, muchos ponen la salvación en la técnica o en la política, en el arte o en la guerra. En un mundo plural y multicultural se nos ofrecen muchos salvadores. La fe en el Mesías Jesús es el camino para la paz.
                                                  José-Román Flecha Andrés

lunes, 17 de junio de 2019

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO 2019

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO 2019 (Comentario sonoro)

REFLEXIÓN- SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO.C - 23 de junio 2019


EL PAN Y EL VINO
“Melquisedec, rey de Salem, ofreció pan y vino. Era sacerdote del Dios Altísimo” (Gén 14,18). Este rey no es un israelita. Pertenece a los cananeos que habitaban la tierra a la que llegó Abraham procedente de Ur de los caldeos.
Este sacerdote no presenta al  Dios Altísimo un sacrificio de animales, sino una ofrenda de pan y de vino. Por otro lado, bendice a Abraham y este le ofrece el diezmo del botín que ha conseguido en una batalla contra un grupo de reyezuelos.
Es importante observar que el salmo responsorial ensalza al Mesías y lo proclama como “sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec” (Sal 109,4). Por tanto el sacerdocio de Jesús no está vinculado al de Aarón. Tiene una dimensión univeral.

LA ALIANZA Y LA ENTREGA

En su primera carta a los Corintios, san Pablo es el primero en transmitir la tradición que  recuerda la noche en la que Jesús pasó a sus discípulos el pan y el vino de la nueva alianza, como signo y sacramento de su vida y de su entrega (1 Cor 11,23-26).  Al celebrar la eucaristía hacemos memoria de aquella entrega y damos gracias por ella.
- “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”.  Con el gesto del pan partido y compartido, Jesús expresaba su entrega a sus hermanos. A los que participaban en aquella cena pascual y a los que  seguirían sus pasos a lo largo de los tiempos.
- “Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre”. La sangre de los animales sacrificados sellaba las alianzas entre los pueblos y sus proyectos comunes. El vino compartido anticipaba el sacrificio de Jesús y sellaba la alianza de Dios con los hombres
- “Haced esto en memoria mía”. La muerte del Justo injustamente ajusticiado nos interpela. En la Eucaristía proclamamos que su memoria pervive en nosotros. La presencia de Cristo está viva en medio de su comunidad.
- “Cada vez que coméis de este pan y bebéis de la copa, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”. Vivimos en esperanza. Deseamos que la presencia de Cristo se haga visible en nuestro mundo y en nuestra historia.  

ESCUCHAR Y COMPARTIR

El evangelio que se proclama en esta fiesta del cuerpo y de la sangre de Jesucristo nos recuerda el relato de “la multiplicación de los panes y los peces”. Ante la necesidad de la gente y la perplejidad de los discípulos sobresale la decisión de Jesús.
• “Dadles vosotros de comer”. Estas palabras de Jesús no son una simple llamada a la generosidad personal de los discípulos de antes o de ahora. Tampoco son una exhortación a tratar de  cambiar un sistema económico-social. Son mucho más.
• “Dadles vosotros de comer”. Estas palabras son una interpelación y un mandato. Están  dirigidas a los discípulos que seguían al Maestro y a los que tratamos de seguirlo en nuestros días. Ponen de manifiesto nuestro egoísmo y nos llaman a la responsabilidad.
• “Dadles vosotros de comer”. Estas palabras de Jesús son un grito profético que anuncia un mundo de bienes compartidos y denuncia nuestra insolidaridad. La Eucaristía que celebramos nos exige hacer nuestra la entrega de Jesús. Nos lleva a vivir un amor sincero a los demás. Y a promover una caridad generosa y una justicia eficaz.
-  Señor, nosotros creemos que en la eucaristía nos has dejado el memorial de tu pasión y la certeza de tu presencia entre nosotros. Queremos permanecer fieles a tu mandato. Y deseamos escuchar tu voz para  compartir con nuestros hermanos el alimento que sacia el hambre y la fe que ilumina el camino. Bendito seas por siempre, Señor. Amén.
                                                                José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN - 22 de junio de 2019

                                                 
HERALDO Y PRECURSOR
El día 24 de junio se celebra el nacimiento de san Juan Bautista. Su figura ha sorprendido siempre a los discípulos de Jesús. Parece que en los primeros tiempos del cristianismo algunos hermanos lo tenían en una estima excesiva. Tanto que los textos evangélicos insisten en afirmar que el Mesías esperado no es Juan sino Jesús.
El evangelio según san Lucas nos traslada hoy a las montañas de Judea. Nos sumergimos en la dulzura del paisaje de Ain Karim y recordamos el nacimiento de Juan.
            A los ocho días de su nacimiento, tiene lugar una simpática discusión familiar sobre el nombre que se ha de imponer al niño. Aparentemente es una discusión como tantas otras que tienen lugar en torno al nacimiento de un bebé.
Pero algo nos llama la atención, ya desde el punto de vista social. Hasta hace muy poco tiempo, muchas familias imponían al niño el nombre de alguno de sus parientes. El nombre parecía marcar su identidad. De alguna forma, se intentaba que el recién llegado encarnase la imagen y los valores de su antepasado.
Para el niño de Isabel, los vecinos y familiares habían soñado ya un futuro calcado sobre el pasado inmediato. Habría de llamarse Zacarías, como su padre. Seguramente muchos esperaban que también él fuera sacerdote del templo de Jerusalén. Y que llegase a una pacífica y serena ancianidad en la placidez de aquel paisaje. 
Pero Dios le impone el nombre de Juan que significa “Dios ha concedido favor”. Es evidente que Dios le confía una misión única. Juan no ha de mirar al pasado sino al futuro. No ha de servir en el santuario antiguo. Ha de preparar el camino al Santo de Dios. Pero no envejecerá en paz. Será condenado a muerte por su fidelidad a la Ley del Señor.
El relato evangélico recoge el asombro de las gentes y los comentarios que se repiten por aquellas colinas de Judea.
 • “¿Qué va a ser este niño?” Contra toda apariencia va a ser un hombre fiel a la Ley de Moisés. No tanto en las prescripciones rituales, como en la llamada a la conversión y en la promoción de la justicia. 
• “¿Qué va a ser este niño?” Va a ser el precursor del Mesías. No tanto por su aislamiento en el desierto como por su valiente predicación. Juan anunciará su próxima llegada y lo descubrirá después entre los hombres.
• “¿Qué va a ser este niño?” Va a ser un profeta libre y leal, creyente y creíble. Como todos los profetas de su pueblo anunciará el bien y la verdad y denunciará el mal y la corrupción. Aunque ello le cueste la vida.
 Juan Bautista no era la luz, pero ya desde su nacimiento estaba llamado a preparar el camino del Mesías. Siempre dio prueba de una profunda humildad. Públicamente  reconocía la superioridad del que venía detrás de él. Juan no se consideraba digno de desatar las sandalias de aquel al que presentaba como el Cordero de Dios. Él era el heraldo y el precursor. Nada más y nada menos.
                                                  José-Román Flecha Andrés

martes, 11 de junio de 2019

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD 2019

FIESTA DE LA SANTISIMA TRINIDAD 2019 Comentario sonoro

REFLEXIÓN- SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD 16 de junio de 2019

GLORIA A LA TRINIDAD
“El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas. En un tiempo remotísimo fui formada, antes de comenzar la tierra”. Dios es comunidad eterna y comunicación con el hombre que ha creado por amor. El libro de los Proverbios presenta esa comunicación con la imagen de la Sabiduría que se goza con los hijos de los hombres (Prov 8,22-31).  
La creación del mundo y la lección que las cosas creadas transmiten al ser humano se convierte en admiración e interrogante en el salmo octavo: “Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder? (Sal 8,4-5).
La sabiduría de Dios ha sido identificada con su Hijo. Y el amor de Dios ha sido reconocido e invocado como su amor. Así lo recuerda san Pablo a los Romanos: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5).

TRES PUNTOS DE UNA REVELACIÓN

El evangelio que se proclama en esta fiesta de la Trinidad santa de Dios nos remite a las palabras de despedida que Jesús dirige a sus discípulos tras la última cena (Jn 16,12-15). Son unas pocas líneas, tan densas como luminosas que nos introducen en el ser de Dios, en la vida de Dios, en la comunicación de Dios. He aquí  tres puntos de esa revelación:
• El Espíritu de la verdad nos guiará hasta la verdad plena. La hondura y el amor de Dios son tan fecundos como inagotables. Nos serán revelados por el Espíritu nos irá ayudando a penetrar tras ese velo mientras vamos haciendo camino. El misterio de Dios es oscuro para quien trata de descubrirlo por sí mismo. Pero es luminoso para quien se deja guiar por el Espíritu.
• El Espíritu glorificará a Jesús. Mientras recorría los caminos de su tierra, Jesús fue ignorado y despreciado hasta ser condenado a muerte por los dirigentes de su pueblo. Pero el Espíritu había de reivindicar su suerte y revelar su gloria. Esa revelación irá marcando el paso de la historia. Sólo gracias al Espíritu acertamos a ver y aceptar a Jesús glorificado.
• Todo lo que tiene el Padre es de Jesús y es anunciado a los hombres por el Espíritu. Conocido por el Padre, solo Jesús lo conocía a su vez. Esa unión y esa intimidad interpersonal entre el Padre y el Hijo nos es revelada siempre y a cada uno de nosotros por la presencia y la acción del Espíritu.

GRATITUD Y ALABANZA

En su carta a Serapión escribía san Atanasio unas palabras que hoy se proponen a nuestra meditación en el “Oficio de Lecturas”: “En la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, lo penetra todo y lo invade todo. Lo trasciende todo en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo en el Espíritu”.
• El Padre lo trasciende todo. Está más alla de nuestras experiencias y aspiraciones. Más allá de lo que podemos conocer y apetecer. A él nos dirigimos por la fe.
• El Hijo lo penetra todo. Es la Palabra que nos revela la majestad y la bondad de Dios. Y nos revela lo que nosotros somos y lo que estamos llamados a ser. Él alienta nuestra esperanza.
• El Espíritu Santo lo invade todo. Conoce lo que somos y lo que necesitamos, lo que despreciamos y lo que valoramos. Él suscita en nosotros la fuerza del amor. 
- Ante la Trinidad santa de Dios, misterio de luz, de resplandor y de gracia, solo nos atrevemos a pronunciar esta oración de gratitud y alabanza: “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”. 
                                                                                     José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFAN 15 de junio de 2019


                                                               
LA FUENTE Y SU MISTERIO

“Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche. Aquella eterna fonte está escondida, que bien sé yo do tiene su manida, aunque es de noche”.
Estos famosos versos de san Juan de la Cruz nos invitan a escuchar el borboteo de las aguas que resumen la belleza de la creación material. Nuestras tinieblas dificultan la visión, pero no nos impiden prestar oído al rumor de la vida. Y, sobre todo, no imposibilitan  prestar atención al leve susurro del amor y de la gracia.
Todo es misterio en el ámbito de la eternidad. Pero todo es vida fascinante, que si la fe se niega a la vista, se cree por el testimonio que los oídos reciben y atesoran.
“Su origen no lo sé, pues no lo tiene, mas sé que todo origen de ella viene, aunque es de noche. Sé que no puede ser cosa tan bella, y que cielos y tierra beben de ella, aunque es de noche”.
Para la fe de Israel y para la fe cristiana, toda la vida y todo el bien que ella nos ofrece proceden de Dios. Dios es el Creador increado, el principio sin principio, la causa incausada. Toda la creación adquiere de Dios su existencia y su perfección.
“El corriente que nace de esta fuente bien sé que es tan capaz y omnipotente, aunque es de noche”.
La fe cristiana reconoce, regusta y confiesa que el Hijo de Dios, que se ha hecho carne en nuestra carne, participa de la misma gloria, del mismo poder y de la misma sabiduría que el Padre.
 “El corriente que de estas dos procede, sé que ninguna de ellas le precede, aunque es de noche”.
San Juan de la Cruz emplea la misma imagen de la corriente rumorosa de las aguas  para referirse al Espíritu Santo. Difícilmente imaginable, el Espíritu procede del Padre y del Hijo, aunque no se puede establecer una prioridad temporal entre las personas de la Trinidad.
“Bien sé que tres en sola una agua viva residen, y una de otra se deriva, aunque es de noche”.
El Santo afirma la igualdad de divinidad entre las tres personas de la Trinidad, así como su inefable relación. Residen y se mueven en una sola agua, en una sola esencia, en una sola vida. De ella participan por igual, aunque la oscuridad de nuestro andar no permite a los ojos ver lo que los oídos oyen en las tinieblas.
Así es. Ahí permanece esa contraposición que no se puede ignorar. El Santo sabe de Dios lo que la revelación y la tradición  nos enseñan. Pero a esa contundencia del “bien sé”, varias veces repetido, no deja de contraponer el temblor que la oscuridad de la noche mete hasta los tuétanos del alma.
En esta fiesta de la Trinidad Santa de Dios, necesario es recordar las profundas reflexiones de los que nos han precedido en el camino de la fe. Y bueno será gozarse una vez más de la belleza de estas sencillas expresiones que la fe encuentra para expresar lo contemplado.
              
                                                      José-Román Flecha Andrés                  

martes, 4 de junio de 2019

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS 2019

REFLEXIÓN. SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS 9 de Junio de 2019

LA FIESTA DEL ESPÍRITU
La luz y la fuerza del Espíritu de Dios los ayuda a entenderse entre sí. En efecto, el amor que es el primero de los frutos del Espíritu nos ayuda a superar las divisiones. El amor nos hace salir de nuestro individualismo. Gracias al amor podemos llegar a entendernos con nuestros semejantes.  
El salmo responsorial contempla la acción de Dios sobre toda la creación. Y, de paso, subraya la posibilidad de que el ser humano pueda leer en ella los signos de la presencia de Dios.  Así se dirige a Dios el piadoso israelita refiriéndose a los seres vivientes: “Envías tu aliento, y los creas, y repueblas la faz de la tierra” (Sal 103).
San Pablo afirma que nadie puede decir “Jesús es Señor si no es bajo la acción del Espíritu Santo” (1 Cor 12,3). Él es el promotor del entendimiento entre todos los creyentes. A pesar de nuestras diferencias, “todos hemos bebido de un solo Espíritu” (1 Cor 12,13)

EL ESPÍRITU DEL PERDÓN

En esta fiesta de Pentecostés el evangelio nos recuerda una vez más la primera aparición de Jesús Resucitado a sus discípulos (Jn 20,19-23). El Señor se presenta ante ellos con sus llagas. Sus palabras los invitan a extender a todos los hombres el perdón de Dios:
- “Recibid el Espíritu Santo”. Jesús les había dicho que el Espíritu sería para ellos el Abogado y el Consolador. Gracias al Espíritu de la verdad, podrían descubrir la hondura del misterio de Cristo. Tras la muerte y resurrección de Cristo, se cumple aquella promesa. 
- “A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados”. En la noche de la agonía en Getsamaní, los apóstoles habían abandonado a su Maestro. Pero Jesús no se presenta ante ellos para juzgarlos y condenarlos, sino que les confía el ministerio del perdón.
- “A quienes se los retengáis, les quedan retenidos”. El Resucitado confía a sus discípulos la misión de iniciar un discernimiento sobre el mal y el bien, sobre la obstinación en el mal y el arrepentimiento sincero y confiado.

ADMIRACIÓN Y ALEGRÍA

El Espíritu nos ayuda a pasar de la admiración a Jesús al reconocimiento del Cristo. Por eso nos atrevemos a invocar su venida:
• “Ven, dulce huésped del alma”. Como Abrahán acogió en Mambré a los tres mensajeros celestes, así el Espíritu es acogido por el creyente en la pobre estancia de la tienda en la que vive. Si no damos posada al Espíritu, quedaremos vacíos y turbados.   
• “Descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego”. Todos andamos más cansados y agotados de lo que solemos reconocer.  Pero el Espíritu de Dios da sentido a nuestro trabajo y alegría a nuestro descanso.
• “Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos”. No es fácil consolar al que sufre.  La indiferencia o el orgullo nos impiden ver el dolor humano con ojos de misericordia.  Solo la luz del Espíritu de amor es manantial de consuelo y de esperanza.
- Oh Dios, vuelve tus ojos hacia esta humanidad. Derrama sobre ella los dones de tu Espíritu, para que te descubra y te ame como a Padre y reconozca a Jesús como Salvador y guía de esta vida nuestra que discurre sin descanso y sin frutos. Amén.
                                                                José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 8 de junio de 2019


                   
DONES DEL ESPÍRITU Y DIGNIDAD HUMANA
Con motivo de la fiesta de Pentecostés en muchos ambientes existe la costumbre de regalar a los demás una estampa, una imagen o una tablilla que recuerda uno u otro de los dones del Espíritu Santo. A muchos puede parecerles un gesto infantil, superfluo y anticuado. Y eso por varias razones.
En primer lugar porque la misma palabra ha caído en desuso. Hoy no se habla de dones, sino de regalos. Y aun esa palabra resulta sospechosa. En este mundo, tan marcado por el signo del interés, es muy difícil que alguien regale algo a una persona con el tono de la más exquisita gratuidad. La experiencia ha generado aquel refrán que dice: “El que regala bien vende, si el que lo recibe lo entiende”.
Y si esto pasa en las relaciones humanas, más difícil aún es la reflexión sobre los dones divinos. Hoy hemos caído en la tentación de la autosuficiencia. Pensamos que no necesitamos los dones de Dios, porque nos bastamos a nosotros mismos. Creemos que nuestra astucia, nuestro ingenio o nuestra experiencia nos ayudarán a prevenir los peligros, a evitarlos, a superarlos en el momento oportuno.
No es verdad. Accidentes de trabajo o de tráfico, enfermedades imprevistas, abandono de las personas que amábamos, desprecios inexplicables por parte de nuestros colegas y amigos. Todo debería llevarnos a recordar nuestra finitud, por decirlo con una palabra que nos recuerda el pensamiento de Paul Ricoeur.
Pues bien, la fiesta de Pentecostés trae a nuestra memoria y a nuestras celebraciones cristianas la presencia del Espíritu, el verdadero don de Dios, y el regalo de su dones. No nos vendría mal recordar el texto del profeta Isaías en el que se anuncian los dones que enriquecerán la vida del Mesías.
Aquel elenco de los dones mesiánicos nos ayuda a comprender que toda nuestra vida es una espléndida cadena de dones de Dios. El Espíritu se hace presente con sus dones en cada uno de los momentos de nuestra vida. Bastaría dejar de caminar distraídos para quedar maravillados.
A los cincuenta años de la canonización de san Juan de Ávila, podemos recordar la belleza y profundidad de un sermón que él predicó en la fiesta de Pentecostés:
 “¡Oh mercedes grandes de Dios! ¡Oh maravillas grandes de Dios! ¡Quién os pudiese dar a entender lo que perdéis y también os diese a entender cuán presto lo podríades ganar! Gran mal y pérdida es no conocer tal pérdida, y muy mayor pudiéndola remediar, no la remediar. Quiérete Dios bien. Quiérete hacer mercedes, quiérete enviar su Espíritu Santo. Quiere henchirte de sus dones y gracias, y no sé por qué pierdes tal Huésped. ¿Por qué consientes tal? ¿Por qué lo dejas pasar? ¿Por qué no te quejas? ¿Por qué no das voces?”
Esta fiesta del Espíritu Santo nos ayuda a descubrir con alegría y gratitud que reconocer, aceptar y agradecer los dones de Dios no disminuye nuestra dignidad, sino que la revela,  la sostiene y la manifiesta.
                                                             José-Román Flecha Andrés

martes, 28 de mayo de 2019

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR C 2019

REFLEXIÓN- SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR.2 de Junio de 2019


SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE
            * “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” (Hech 1,11). Son dos personajes que parecen ser mensajeros celestiales. Y así suena la pregunta que dirigen a los amigos de Jesús, en el momento en que ellos que viven la doble experiencia de verlo glorificado y de quedar huérfanos del Maestro que era su guía.  
            * “El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse”. Esta segunda advertencia de los mensajeros celestiales suena como una profecía. Los discípulos del Señor no pueden olvidar el pasado vivido con su Maestro. Tampoco pueden evadirse del presente. Pero han de mirar al futuro de la misión que les ha sido confiada. 
Con el salmo 46 proclamamos que “Dios asciende entre aclamaciones… y se sienta en su trono sagrado”. Efectivamente, Dios resucitó a Jesús de entre los muertos y lo sentó a su derecha en el cielo, como dice la segunda lectura de la misa de hoy (Ef 1,17-23). Esa imagen expresa la divinidad de Jesucristo. El Señor está por encima de todo lo que nos ocupa y nos preocupa.

PREDICACIÓN DE LA CONVERSIÓN

            El evangelio de Lucas se refiere de forma muy escueta al misterio de la Ascensión de Jesús a los cielos (Lc 24,46-53). Pero en su brevedad, este relato subraya tres elementos fundamentales de la fe y de la esperanza de todos los discípulos del Maestro.
• En primer lugar, se pone en boca de Jesús un resumen del misterio pascual, es decir, de su muerte y su resurrección. Al igual que Jesus había hecho con los discípulos que caminaban a Emaús, también ahora subraya que su suerte y su entrega estaban previstas en las Escrituras.
• Además, Jesús envía a sus apóstoles a todos los pueblos, como mensajeros de la misericordia de Dios. Al igual que Jonás había sido enviado a Nínive, los discípulos del Señor habrán de predicar la conversión para el perdón de los pecados.
• Finalmente, Jesús promete a sus discípulos la presencia continua del Padre celestial. Gracias a su asistencia, podrán ser testigos creyentes y creíbles de lo que el Mesías ha dicho y hecho para llevar a cabo la salvación del mundo.  
Jesús ha cumplido su misión y ha sido glorificado. Ahora confía su propia tarea a los que ha elegido para compartir su vida y su ministerio hasta el fin de los tiempos y hasta las últimas periferias de la tierra, como dice el papa Francisco. 

            LA MISIÓN Y LA ALEGRÍA

Pero el texto evangélico añade todavía algo más. Es preciso que la comunidad recuerde siempre tres detalles que hacen presente en la Iglesia este misterio de la glorificación de Jesús.   
• El primer detalle es la nota sobre esa doble bendición. Jesús bendice a sus discípulos y los bendecirá siempre. Pero, al mismo tiempo, la oración de los discípulos incluye la bendición “ascendente”. En ella se refleja la gratitud de la comunidad por los dones de la fe y la misión. 
• El segundo detalle es precisamente la ascensión a los cielos. Con razón había dicho el Maestro que de los pobres de espíritu es el reino de los cielos.  Ya sabemos que “los cielos” son la metáfora del mismo Dios. El que ha bajado del Padre, asciende al Padre y comparte su gloria.
• El tercer detalle es esa nota sobre la alegría que embarga a los discípulos al regresar a Jerusalén. La fe les ayuda a comprender que Jesús permanecerá con ellos para siempre, guiándolos en la misión e intercediendo por ellos, como también ha dicho el papa Francisco. 
- Señor Jesús, hoy te bendecimos y te damos gracias por tu vida y por tu mensaje de amor y de misericordia. Te rogamos que ayudes siempre a tu Iglesia a difundirlo con audacia y generosidad por el mundo. Y a cada uno de nosotros concédenos la alegría de poder compartir tu camino y de esperar activamente tu manifestación. Amén. Aleluya.                                                                  José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 1 de junio de 2019


                             


JUBILEO DE SAN JUAN DE  ÁVILA
Se cumplen ahora 450 años de la muerte de san Juan de Ávila en Montilla y 50 años de su canonización por san Pablo VI. Con ese motivo ha sido concedido un jubileo, que puede ser una buena ocasión para recordar su vida. En efecto, fue un infatigable misionero, un apasionado reformador de las costumbres y un iluminado escritor sobre la vida cristiana, entendida como seguimiento de Cristo.
 De hecho, el tema del seguimiento de Cristo se encuentra con mucha frecuencia en la doctrina de san Juan de Ávila. Según él, las personas tibias no terminan de decidirse a pertenecer a Jesucristo. No se atreven a dejar sus comodidades. A esos les dice: “Algo habéis de perder de vos si habéis de ganar con Cristo. No lo podéis hacer todo: ¿Quedáis entero?  No lo podéis seguir a Él”.
  En un sermón en el que expone los motivos para ir a trabajar a la viña del Señor, exhorta a quien le escucha  diciendo: “Sigue a Cristo, trabaja como él trabajó, espera que él te dará el premio de tus trabajos, ten por holganza el trabajo que acá pasas por Dios, y dalo por bien empleado”.
   Considera el Santo que las personas tibias deberían imitar a a los que sirven a Dios con fervor, que “ponen el hacha a la raíz de sus pasiones para desarraigarlas y cortarlas con el cuchillo de la palabra de Dios y con la imitación de la vida y muerte de Jesucristo”.
Pero el seguimiento de Cristo no es posible si la persona no está dispuesta a dejar todas sus cosas y vivir en la pobreza en que vivió Jesús. Así lo expresa en una de sus cartas: “Este es el ánimo que el cristiano debe tener para andar en paz con Dios, no tener rincón ninguno en su casa que no tenga ofrecido a Dios”.
 En realidad, no se trata de vivir solamente el ascetismo de una pobreza que es desprendimiento de las cosas. El Maestro Ávila enseña que la verdadera pobreza supone también el desasimiento de personas y de afectos. Es decir, de todo lo que no sea el Señor: “No tengáis en el corazón a criatura alguna aposentada, por darle corazón y posada desembarazada a él... dejad todo lo que no es él”.
El juego de palabras con que invita a dejar todas las cosas recuerda la parábola evangélica de la perla preciosa:  “Demos, pues nuestro todo, que es chico todo, por el gran todo, que es Dios... Tengamos todas las cosas por estiércol por ganar la perla preciosa que es Cristo”.
El motivo de tal dejación sólo puede ser el Señor: Quien ha encontrado “el tesoro del amor... deja todas las cosas”, para que “no more en el corazón sino Jesucristo”. El amor es, en efecto, la clave del seguimiento y de la imitación:  “Amaos para Dios, pues ya una vez os disteis a él... Ea, pues, cobremos ánimo para seguir a tal Capitán, pues que él va delante de nosotros en el hacer y el padecer”.
                                             José-Román Flecha Andrés