EL CAMINO DEL MESÍAS
“Todos se burlaban de mí. Cuando hablo, tengo que
gritar, proclamar violencia y destrucción. La palabra del Señor se volvió para
mí oprobio y desprecio todo el día” (Jer 20,7). Así se lamenta Jeremías ante el
Dios que lo ha llamado y lo ha enviado a proclamar su palabra. Según el
profeta, esa misión no le ha traído más que disgustos y persecución, aun por
parte de sus vecinos.
Se
comprende que Jeremías haya pensado en hacerse el sordo ante la llamada de
Dios. No quisiera seguir hablando en su nombre. Sin embargo, siente que la
palabra de Dios es como un fuego que abrasa su interior. Es una palabra que ha
de escuchar. Es un fuego que no puede apagar.
Repitiendo
el salmo responsorial, nosotros proclamamos ante el Señor una convicción que
revela nuestra fe: “Tu gracia vale más
que la vida, te alabarán mis labios” (Sal 62,4).
Y también hoy acogemos la exhortación que San Pablo dirige a los romanos: “Discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada y lo perfecto” (Rom 12,2).
EL FRACASO DE LOS SUEÑOS
En Cesarea de Filipo Jesús preguntó a sus
discípulos quién era él para ellos. Pedro confesó a Jesús como el Mesías, el
Hijo de Dios vivo. Nos preguntamos cómo imaginaba Pedro al Mesías esperado por
su pueblo. Pero Jesús le dio la respuesta verdadera, al anunciar a sus
discípulos que iría a Jerusalén. Allí le esperaban las denuncias de los jefes
del pueblo, la muerte y la resurrección (Mt 16,21-27).
Simón
Pedro se sublevó contra esa suerte que Jesús parecía aceptar con tranquilidad.
Así que se llevó aparte a Jesús, como si temiera suscitar el rechazo de sus
compañeros hacia el Maestro. No pretendía acusarlo en público, pero no podía
ocultarle sus sentimientos. Por eso le increpó, diciendo: “Lejos de ti tal
cosa, Señor. Eso no puede pasarte a ti”.
•
“Lejos de ti tal cosa, Señor”. Simón Pedro nos da a conocer que no era esa la
idea del Mesías que él había recibido de sus antepasados. No era ese futuro de
dolor y de muerte lo que él esperaba para Jesús, al que consideraba ya como el
Señor.
• “Eso no puede pasarte a ti”. Simón Pedro no podía llegar a entender que el fracaso estuviera incluido en la llamada al seguimiento que Jesús le había dirigido a la orilla del lago. Al igual que Jeremías, también Pedro se sentía decepcionado. De pronto, todos sus sueños se desmoronaban.
LA PIEDRA DE TROPIEZO
Hoy
la respuesta de Jesús a Pedro parece escandalosa a muchos cristianos: “Ponte
detrás de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como
los hombres, no como Dios”. Esa advertencia a Pedro se dirige a cada uno de
nosotros. Es una palabra que hay que escuchar.
•
“Satanás”. No olvidemos que esa palabra significa “tentador”. Es verdad que Jesús
no identifica a Pedro con el demonio. Pero en sus palabras resonaban entonces y
resuenan ahora todas esas tentaciones que pretenden ofrecernos un panorama de
éxito y de fáciles triunfos.
•
“Ponte detrás de mí”. Es verdad que Jesús no rechaza a Pedro. No le pide que se
aleje del grupo de los discípulos. sino que recuerde el papel del “discípulo”,
que sigue a su Maestro. También nosotros estamos llamados a seguir los pasos de
Jesús, que nos precede por el camino.
•
“Eres piedra de tropiezo”. Eso es lo que significa el escándalo. Jesús es fiel
a la voluntad divina. Conoce el camino y no está dispuesto a abandonarlo.
Tampoco nosotros podemos ser un escándalo o una piedra de tropiezo para los que
tratan de seguir cada día el camino de Dios.
•
“Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Esa es siempre una de las
tentaciones de los evangelizadores. Tenemos más miedo a la soledad que al
error. Preferimos escuchar las voces de la multitud antes que el susurro de
Dios. Y decidimos pensar como nos dictan los demás.
- Señor Jesús, con la oración que tú nos
enseñaste, pedimos al Padre que no nos deje caer en la tentación. La gran
tentación de poner nuestros planes y proyectos por encima y contra la realidad
de tu llamada. No permitas que nos apartemos de ti. Y ayúdanos a seguirte en tu
camino. Amén.
José-Román Flecha Andrés