EL CÁNTARO
lunes, 21 de septiembre de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 25 del Tiempo Ordinario. A 20 de septiembre de 2026
LA CRÍTICA DE LOS ENVIDIOSOS
“¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”
(Mt 20,15)
1. Las
envidias entre los hombres son una ofensa al mismo Dios. ¿Por qué ese pecado tan
frecuente supone una duda o una negación de la bondad de Dios?
2. A
veces se dice que el dueño de la viña dio el mismo salario a los últimos porque
habían trabajado tanto como los primeros. ¿Es correcta interpretación del
proceder de Dios?
3. Dios
nos hizo a su imagen y semejanza. ¿Pero no tratamos nosotros de imaginar y
presentar un Dios concebido a nuestra imagen y semejanza?
4. ¿Cómo
se puede explicar que pensemos y actuemos con envidia si de verdad reconocemos
y proclamamos el amor universal de Dios y su misericordia paternal?
5. Algunos
discípulos procedentes del judaísmo, despreciaban a los discípulos llegados del
paganismo. ¿Se pueden observar hoy
tensiones semejantes en la Iglesia?
6. Generalmente pensamos que la persecución
y la crítica vienen de fuera. ¿Hay también asechanzas que nacen de la envidia
de los de dentro?
7. Y yo, ¿estoy dispuesto a reconocer el
bien que hacen algunas personas que parecen encontrarse en las periferias de la
comunidad cristiana?
REFLEXIÓN - Domingo 25 del tiempo ordinario. A. 20 de septiembre de 2026
INVITADOS A LA
VIÑA
“Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca” (Is 55,6). Esta exhortación que encontramos en el libro de Isaías nos invita a salir de nuestro refugio. Vivimos demasiado encerrados en nosotros mismos, y no solo en nuestras casas. Dios es más amplio que nuestro egoísmo y que nuestros prejuicios.
La
misma afirmación sobre la cercanía de Dios se repite en el salmo responsorial
de este domingo: “Cerca está el Señor de los que lo invocan” (Sal 144).
En la carta a los Filipenses, san Pablo se pregunta si es mejor morir o permanecer en vida. Sin embargo, con independencia de su suerte personal, cree que lo importante es que los fieles de la comunidad de Filipos lleven una vida digna del Evangelio de Cristo (Flp 1,27).
JUSTICIA
Y GENEROSIDAD
En el evangelio de este domingo se lee la parábola de los jornaleros invitados a trabajar en una viña (Mt 20,1-16). A cada uno de ellos el dueño lo contrata por un denario. En principio, todos aceptan esa propuesta que les permite contar con un jornal adecuado.
Sin
embargo, al término del trabajo surge un serio problema. Al ver que los que han
trabajado solo una hora reciben también un denario, los jornaleros contratados
a primera hora del día protestan ante el dueño. Lo acusan de cometer una grave injusticia. Creen que el
salario debería corresponder al tiempo empleado en el trabajo.
Pero
el dueño de la viña responde que él había prometido a cada uno un denario y
todos habían aceptado el contrato. Nadie puede acusarlo por mostrarse generoso
con los que han acudido a trabajar a diversas horas del día. El criterio de la
justicia se ha cumplido. Y ha sido completado por el criterio de la
generosidad.
La parábola responde a una situación concreta. Los discípulos procedentes del judaísmo pensaban que los discípulos procedentes del paganismo no tendrían que ser considerados como iguales a ellos. Les parecía que Dios no era justo. Y que tampoco lo era la Iglesia.
LOS MÉRITOS Y LOS DONES
Nosotros
agradecemos hoy la invitación que el dueño nos ha dirigido para ir a trabajar
en su viña. Y, además, meditamos las dos
preguntas que nos dirige a los creyentes de hoy.
•
“¿No tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?”. La parábola no
se refiere al trabajo humano, sino a la generosidad divina. A veces creemos que
Dios nos debe algo por nuestras buenas obras. No reconocemos la libertad de
Dios. Olvidamos que “todo es gracia”.
•
”¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Nuestro egoísmo se escandaliza
ante la bondad de Dios y genera la envidia hacia nuestros semejantes. Olvidamos
que “al premiar nuestros méritos, Dios corona sus propios dones”, como escribía
san Agustín.
- Señor Jesús, haber sido llamados a trabajar en la viña del Reino de Dios no es un trabajo pesado. Es un gran honor que hemos de agradecer con sinceridad. Tenemos que modificar nuestros criterios, tan opuestos a los criterios divinos. Que tu Espíritu nos ayude a superar nuestro orgullo y a vencer nuestra envidia. Amén.
José Román Flecha, Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 19 DE SEPTIEMBRE DEL 2026
ESO ES MALA TEOLOGÍA
Valentín,
el detective, ha llegado a Londres con el propósito de encontrar a Flambeau.
Una y otra vez ha burlado a la policía francesa, pero ahora no podrá
escabullirse.
Por
una casualidad de esas que Chesterton está dispuesto a calificar como milagros,
Valentín se encuentra con una serie de datos muy extraños. Por ellos, llega a
descubrir una pareja de sacerdotes más extraños todavía, que parecen haber
encontrado el lugar más secreto para llegar a algún negocio.
El
detective se siente tan inquieto como frustrado al tener que escuchar escondido
la conversación entre aquellos dos sacerdotes a los que viene siguiendo. Al
parecer, hablan de cuestiones teológicas. Una charla tan clerical e ingenua no
se habría desarrollado en ningún blanco claustro de Italia o en ninguna oscura
catedral española.
Así
lo cuenta Chesterton, en “El candor del padre Brown”. El sacerdote alto dice que
“los modernos infieles apelan a su razón; pero ¿Quién puede contemplar estos
millones de mundos, sin sentir que hay todavía universos maravillosos, donde
tal vez nuestra razón resulte irracional?”.
El
curita más bajo le replica que “la razón siempre es racional, aun en el limbo,
aun en el último extremo de las cosas”. Y añade: “Ya sé que la gente acusa a la
Iglesia de rebajar la razón; pero es al contrario. La Iglesia es lo único que,
en la tierra, hace de la razón un objeto supremo; la única que afirma que Dios
mismo está sujeto por la razón”.
El
otro sacerdote levanta su austera cabeza hacia el cielo estrellado e insiste: “Sin
embargo, ¿Quién sabe si en este infinito universo…?”
“Infinito,
solo físicamente -dijo el curita agitándose en el asiento-; pero no infinito en
el sentido de que pueda escapar a las leyes de la verdad”.
Valentín,
el detective, está cada vez más nervioso ante aquel chismorreo metafísico de
los dos viejos y amables párrocos. Pero todo cambia cuando el sacerdote más
alto exige al más bajito que le entregue al fin la cruz de zafiros, aquella
reliquia de la que él quiere apoderarse.
Pero el humilde curita de Essex ya ha
adivinado que su compañero no es otro que Flambeau, el ladrón que está siendo
buscado por todas partes.
Le dice sencillamente que no tiene la cruz,
porque ha cambiado los paquetes que llevaba y ha dejado por el camino el que la
contenía. Además, no tiene reparo en
manifestarle cómo lo ha descubierto: “Usted atacó la razón, y eso es de mala
teología”.
Esas son las últimas palabras que dirige a Flambeau el padre Brown, el humilde y astuto curita de Essex. Ha caminado con él durante varias horas. Pero ahora ya solo le queda recoger su sombrilla, mientras el policía Valentín se acerca a detener al ladrón.
José-Román Flecha
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 23 del Tiempo Ordinario. A 6 de septiembre de 2026
LA HORA DE ORAR
“Si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la
tierra para pedir algo,
se
lo dará mi Padre del Cielo”.
(Mt 18,19)
1. En
este tiempo, muchas personas encuentran difícil orar. ¿Podemos encontrar
algunas causas y los motivos que suelen dificultar hoy el ejercicio de la
oración?
2. Es
difícil que dos personas se pongan de acuerdo para tratar de conseguir algo
importante. ¿Qué nos sugiere esa posibilidad a la que se refiere Jesús?
3. Jesús
menciona a dos personas que pueden ponerse de acuerdo para pedir algo a
Dios. ¿Qué importancia puede tener esa
decisión de compartir la oración?
4. Nuestra
oración se limita a veces a pedir a Dios la salud o algunos bienes materiales.
¿No debemos pedir a Dios que nos ayude a cumplir su voluntad?
5. ¿Por
qué razón el Padre escucha y atiende la petición de dos personas que se han
puesto de acuerdo para pedir algo?
6. ¿Por
qué Jesús relaciona o contrapone lo que dos personas hacen en la tierra con lo
que el Padre decide desde el Cielo?
7. ¿Qué
motivos tengo yo para aceptar o para evitar reunirme con otras personas a la
hora de orar?
José-Román
Flecha Andrés
REFLEXIÓN - Domingo 24 del Tiempo Ordinario. A 13 de septiembre de 2026
UN PERDÓN SIN MEDIDA
“Perdona la
ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados” (Si
28,2). Esta exhortación, que se encuentra en
el libro del Eclesiástico, no solo era válida para el pueblo
hebreo. Conserva su valor también para nosotros.
Quien
perdona las ofensas recibidas demuestra poseer un espíritu creativo. Los
cristianos creemos que quien perdona de corazón a su hermano hace visible la
misericordia de Dios.
Con
el salmo responsorial también nosotros reconocemos y proclamamos que “el Señor
es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia” (Sal 102).
Por su parte, san Pablo nos invita a superar el egoísmo: “Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo” (1 Cor 14,7). Tanto la vida como la muerte han de estar orientadas hacia el Señor.
UNA PARÁBOLA
Simón
Pedro considera excesivo tener que perdonar siete veces al hermano (Mt 18,21).
Pero Jesús alude a la antigua canción de Lámek (Gén 4,23-24), para proclamar
que la venganza sin medida ha de ser sustituida por el perdón sin medida.
Jesús
ilustra su enseñanza con una parábola muy elocuente. Un siervo, que ha recibido
el perdón de su amo por una deuda exorbitante, no es capaz de perdonar a un
compañero de servidumbre una deuda casi insignificante (Mt 18,23-34). El texto pone en la boca de
ambos siervos el mismo ruego: “Ten magnanimidad para conmigo”.
La parábola de los deudores es, sobre todo, una revelación del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es una contemplación de su misericordia. En un segundo momento, puede ser leída y meditada como una exhortación al perdón fraterno. La misericordia y el perdón son signos que siempre habrán de distinguir a los hijos de Dios.
UNA PROFECÍA
Para
extraer una aplicación de esta parábola, el evangelista pone en boca de Jesús
una profecía que nos interpela: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial,
si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. Tres alusiones merecen
nuestra atención:
•
El Padre del cielo. Jesús lo conoce y se siente conocido por él. Jesús sabe y
proclama que el Padre celestial es compasivo y misericordioso. Y espera que los
hijos se parezcan al Padre. Los discípulos del Maestro hemos de aprender la
lección de la misericordia y practicar la enseñanza del perdón más generoso.
•
El hermano. Hoy se difunde el ideal de la solidaridad, porque hemos olvidado la
relación de la fraternidad. No podemos considerarnos hermanos si no admitimos
un Padre común. Pues bien, los que suplican nuestro perdón son hermanos
nuestros. Y merecen recibir la compasión que el Padre ha derramado sobre todos
sus hijos.
•
El perdón de corazón. En la tradición de Israel, el corazón significaba con
frecuencia la conciencia de la persona. Así que el perdón del corazón no puede
limitarse a una fórmula social ni a respetar las normas de lo políticamente
correcto. Estamos llamados a ofrecer el perdón desde la verdad más profunda de
nuestro ser.
- Señor Jesús, tú no te limitaste a hablar del perdón, sino que, desde el patíbulo de la cruz, pediste al Padre el perdón para todos los que te habían llevado a la muerte. Ayúdanos a aprender tu lección y a seguir fielmente tu ejemplo. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 12 DE SEPTIEMBRE DE 2026
CARGAR CON LA CRUZ
El día 14 de
septiembre se celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Con ese
motivo, nos vienen a la mente las palabras que el papa Pablo VI pronunció al
finalizar el Vía Crucis en el Coliseo de Roma el año 1966. Han pasado sesenta
años, pero el mensaje no ha perdido valor para nosotros. He aquí algunas de sus
ideas:
1.Es necesario
cargar con la cruz. Pero nosotros nos mostramos reticentes e intentamos eludir
la invitación que la cruz nos dirige, con sus brazos extendidos. En verdad,
cargar con la cruz es una tarea ardua. Pero, ¿qué significa cargar con la cruz?
3.Significa reconocer
que hemos sido salvados por la Cruz. Hemos sido salvados mediante el amor, la
obediencia, el sufrimiento, la sangre, la ignominia y el deshonor soportados y,
finalmente, la muerte. Hemos sido salvados por el sufrimiento del Mesías.
4.Participar
en la Cruz de Cristo significa recibir el doble beneficio que la Cruz nos ha
asegurado: la misericordia de Dios y nuestra salvación. Así se nos ha revelado
la bondad del Señor. Él eligió la Cruz para redimirnos. Aceptamos el don de la
misericordia cuando decimos que deseamos abrazar la Cruz de Cristo.
5.
Cristo nos ha redimido, pero no nos ha eximido del sufrimiento. Él ha dotado al
sufrimiento de la capacidad de ser redentor: de adquirir la misma virtud de la
Cruz de Cristo para salvarnos y redimirnos, para llevarnos una y otra vez al
encuentro del Señor.
6.
Por ello, nadie debe eludir la invitación que Jesús nos hace en su Evangelio. Cargar
con la cruz es una actitud y una condición propias de la vida cristiana. Si
deseamos ser cristianos, no podemos eximirnos de asumir, de alguna manera, la
Cruz del Señor.
7.
Si nos preguntamos qué implica esta participación, veremos que las penas, los
deberes y los sacrificios que la vida nos impone salen a nuestro encuentro
diciéndonos: Aquí está la cruz que el Señor ha preparado para ti.
8.
Hoy rechazamos las adversidades, como si fueran un insulto a la Providencia y a
nuestro destino. El hombre puede acercarse lo suficiente como para tocar la
Cruz del Señor y, sin embargo, se niega a cargarla.
9.
El cristianismo no puede quedar exento de la Cruz. Nuestro Maestro y Señor nos dijo que todos debemos
cargar con la Cruz, con toda su dureza, su dolor y sus exigencias absolutas y,
a veces, trágicas.
10. ¡No temamos a la Cruz de Cristo; no temamos a la Cruz que el Señor cargó por nosotros y que nos ofrece para nuestra salvación! La Cruz es fuente de fortaleza y energía espiritual; la Cruz revela el corazón humano; la Cruz da valor a todos nuestros trabajos y sufrimientos; la Cruz es la llave para entrar en el Reino de los Cielos y otorga la recompensa de la alegría eterna.
José-Román Flecha Andrés
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 22 del Tiempo Ordinario. A 30 de agosto de 2026
LA CRUZ Y EL SEGUIMIENTO
“El que quiera venirse conmigo
que se niegue a sí mismo,
que cargue con su cruz y me siga”
(Mt 16,24)
1. ¿Los que nos decimos cristianos en este
tiempo estamos decididos y dispuestos en verdad a ir con Jesús, a caminar con
él?
2. En esta sociedad del consumismo y del
descarte, ¿qué puede significar la exigencia de negarnos a nosotros mismos?
3. Jesús nos exhorta a cargar con nuestra
cruz. ¿Cuál es esa cruz que nos ha tocado como personas y como grupo social?
4. En
los evangelios se repite varias veces la categoría del seguimiento de Jesús.
¿Qué implica para cada uno de nosotros la invitación a seguirle?
5. ¿Qué significa esa invitación para la
Iglesia de hoy, para la comunidad diocesana y parroquial o para la congregación
a la que pertenecemos?
6. ¿Vamos dando algunos pasos positivos que
puedan dar testimonio ante el mundo de nuestra voluntad de seguir a Jesucristo?
7. Teniendo en cuenta mi experiencia
personal, ¿estoy decidido a seguir el camino de Jesús, aceptando su cruz y la
mía?
José-Román Flecha
lunes, 14 de septiembre de 2026
REFLEXIÓN - Domingo 22 del tiempo ordinario. A. 30 de agosto de 2026
EL CAMINO DEL MESÍAS
“Todos se burlaban de mí. Cuando hablo, tengo que
gritar, proclamar violencia y destrucción. La palabra del Señor se volvió para
mí oprobio y desprecio todo el día” (Jer 20,7). Así se lamenta Jeremías ante el
Dios que lo ha llamado y lo ha enviado a proclamar su palabra. Según el
profeta, esa misión no le ha traído más que disgustos y persecución, aun por
parte de sus vecinos.
Se
comprende que Jeremías haya pensado en hacerse el sordo ante la llamada de
Dios. No quisiera seguir hablando en su nombre. Sin embargo, siente que la
palabra de Dios es como un fuego que abrasa su interior. Es una palabra que ha
de escuchar. Es un fuego que no puede apagar.
Repitiendo
el salmo responsorial, nosotros proclamamos ante el Señor una convicción que
revela nuestra fe: “Tu gracia vale más
que la vida, te alabarán mis labios” (Sal 62,4).
Y también hoy acogemos la exhortación que San Pablo dirige a los romanos: “Discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada y lo perfecto” (Rom 12,2).
EL FRACASO DE LOS SUEÑOS
En Cesarea de Filipo Jesús preguntó a sus
discípulos quién era él para ellos. Pedro confesó a Jesús como el Mesías, el
Hijo de Dios vivo. Nos preguntamos cómo imaginaba Pedro al Mesías esperado por
su pueblo. Pero Jesús le dio la respuesta verdadera, al anunciar a sus
discípulos que iría a Jerusalén. Allí le esperaban las denuncias de los jefes
del pueblo, la muerte y la resurrección (Mt 16,21-27).
Simón
Pedro se sublevó contra esa suerte que Jesús parecía aceptar con tranquilidad.
Así que se llevó aparte a Jesús, como si temiera suscitar el rechazo de sus
compañeros hacia el Maestro. No pretendía acusarlo en público, pero no podía
ocultarle sus sentimientos. Por eso le increpó, diciendo: “Lejos de ti tal
cosa, Señor. Eso no puede pasarte a ti”.
•
“Lejos de ti tal cosa, Señor”. Simón Pedro nos da a conocer que no era esa la
idea del Mesías que él había recibido de sus antepasados. No era ese futuro de
dolor y de muerte lo que él esperaba para Jesús, al que consideraba ya como el
Señor.
• “Eso no puede pasarte a ti”. Simón Pedro no podía llegar a entender que el fracaso estuviera incluido en la llamada al seguimiento que Jesús le había dirigido a la orilla del lago. Al igual que Jeremías, también Pedro se sentía decepcionado. De pronto, todos sus sueños se desmoronaban.
LA PIEDRA DE TROPIEZO
Hoy
la respuesta de Jesús a Pedro parece escandalosa a muchos cristianos: “Ponte
detrás de mí, Satanás. Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como
los hombres, no como Dios”. Esa advertencia a Pedro se dirige a cada uno de
nosotros. Es una palabra que hay que escuchar.
•
“Satanás”. No olvidemos que esa palabra significa “tentador”. Es verdad que Jesús
no identifica a Pedro con el demonio. Pero en sus palabras resonaban entonces y
resuenan ahora todas esas tentaciones que pretenden ofrecernos un panorama de
éxito y de fáciles triunfos.
•
“Ponte detrás de mí”. Es verdad que Jesús no rechaza a Pedro. No le pide que se
aleje del grupo de los discípulos. sino que recuerde el papel del “discípulo”,
que sigue a su Maestro. También nosotros estamos llamados a seguir los pasos de
Jesús, que nos precede por el camino.
•
“Eres piedra de tropiezo”. Eso es lo que significa el escándalo. Jesús es fiel
a la voluntad divina. Conoce el camino y no está dispuesto a abandonarlo.
Tampoco nosotros podemos ser un escándalo o una piedra de tropiezo para los que
tratan de seguir cada día el camino de Dios.
•
“Tú piensas como los hombres, no como Dios”. Esa es siempre una de las
tentaciones de los evangelizadores. Tenemos más miedo a la soledad que al
error. Preferimos escuchar las voces de la multitud antes que el susurro de
Dios. Y decidimos pensar como nos dictan los demás.
- Señor Jesús, con la oración que tú nos
enseñaste, pedimos al Padre que no nos deje caer en la tentación. La gran
tentación de poner nuestros planes y proyectos por encima y contra la realidad
de tu llamada. No permitas que nos apartemos de ti. Y ayúdanos a seguirte en tu
camino. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 29 DE AGOSTO DE 2026
EL CUIDADO DE LA CREACIÓN
El
día 1 de septiembre de este año 2026 se celebra la XI Jornada Mundial de Oración
por el Cuidado de la Creación. En su mensaje para este día, el papa León XIV
nos invita a contemplar el don de la vida y a apreciar la tierra que la
sustenta, ya que son modos tangibles de alabar a nuestro Creador. En este
mensaje sobresalen estas ideas:
1.Parece
que se está acelerando la alteración del equilibrio armónico de la creación.
Estos fenómenos son una apelación a la sanación y a la paz que necesita este
mundo herido.
2.Además
de cobrar vidas, desintegrar a las familias y aumentar el miedo, la injusticia
y la división, la guerra deja una destrucción social y ecológica que perdura
por generaciones.
3.Los
conflictos armados y la degradación ambiental contribuyen a destruir los
ecosistemas, contaminan el aire y el agua, y merman la seguridad de los
alimentos.
4.La
guerra crea lesiones que perjudican todo el entramado de la vida y dañan no solo
a individuos y comunidades, sino a las relaciones humanas y a su armonía con la
creación.
5.Las
discordias, la violencia, la injusticia y el daño ecológico no resultan solo de
estructuras o sistemas imperfectos sino de la falta de armonía en la misma
humanidad.
6.El papa Benedicto XVI escribió
que «los desiertos exteriores se multiplican en el mundo, porque se han
extendido los desiertos interiores». Lo que está arruinado en nuestro entorno
también lo está dentro de nosotros.
7.Los
conflictos y la explotación de la creación provienen de una pérdida del sentido
de los límites, del deseo de dominación, de la búsqueda del beneficio inmediato
y de la incapacidad de reconocer la dignidad dada por Dios a cada persona
humana.
8.El
profeta Isaías escribió que «con sus espadas forjarán arados» (Is 2,4).
Ese adagio nos invita a transformar la herida en vida. Lo que ha sido utilizado
para la destrucción puede ser redirigido hacia la vida, es decir, para el
cuidado de los pobres, el sustento alimentario de los hambrientos y el cuidado
de la creación. Este es el camino de la auténtica conversión ecológica.
9.Estamos
llamados al cuidado de los múltiples “ecosistemas” que nos han sido confiados:
los ecosistemas de la creación, de las relaciones humanas y los del propio
corazón humano.
10.Finalmente,
todos estamos llamados a dejar que nuestros corazones sean renovados, de tal
manera que podamos favorecer la paz y el cuidado de la creación.
Que el Señor nos conceda la luz y la valentía para recorrer esta senda. Que también en nuestro tiempo, con las espadas realmente se forjen los arados. Que la promesa del Evangelio se arraigue en nuestro mundo y que la paz de Cristo reine sobre toda la creación.
José-Román Flecha Andrés
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 21 del Tiempo Ordinario. A 23 de agosto de 202
DE LA INCERTIDUMBRE A LA FE
“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”
(Mt 16,16)
1. Simón sintió miedo al caminar hacia Jesús
sobre las aguas, pero ahora lo confiesa como el hijo de Dios. ¿Qué nos impide
dar el paso de la incertidumbre a la fe?
2. Evocando nuestra experiencia personal,
¿podemos ver si se da también en nuestras vidas un avance semejante en la
vivencia de la fe?
3. Si hemos aceptado a Jesús como nuestro
Señor y Salvador, ¿no hemos caído alguna vez en la tentación de atribuirnos a
nosotros mismos ese conocimiento?
4. Si reconocemos a Jesús como el Hijo de
Dios vivo, ¿estamos dispuestos a confesar esa fe en los ambientes sociales,
laborales o académicos en los que nos movemos?
5. Reconocer a Jesús como el Hijo de Dios
vivo, ¿Qué exigencias habrá de comportar para nuestras familias y para nuestras
comunidades cristianas?
6. ¿Estamos convencidos de que la profesión
de nuestra fe nos exige estar dispuestos a ponernos al servicio de nuestros
hermanos?
7. Me impresiona esa confesión de fe, tan humilde como decidida: “Señor Jesús, tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. ¿La he introducido yo en mi oración personal?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN . Domingo 21 del tiempo ordinario. A 23 de agosto de 2026
DOS PREGUNTAS DEL MAESTRO
El profeta Isaías transmite
un oráculo en el que Dios denuncia el orgullo y la prepotencia de Sobna,
mayordomo del palacio real. En su lugar será elegido Eliaquín, al que entregará
la autoridad de su predecesor: “Colgaré de su hombro la llave del palacio de
David; lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá” (Is
22,22).
Con la imagen de las llaves
se refleja el poder de abrir y cerrar las puertas de la casa del rey. Dios lo
“hincará como clavija en lugar seguro, y será anaquel de gloria para la casa de
su padre” (Is 22,23). Pero también esa clavija cederá y caerá por tierra con lo
que cuelga de ella.
En el salmo responsorial se
proclama la misericordia Dios. El salmista ruega al Creador que nunca abandone
la obra de sus manos (Sal 137).
San Pablo, por su parte, nos advierte que nadie puede pretender conocer la mente del Señor ni debe atribuirse con orgullo el privilegio de ser su consejero (Rom 11,33-36).
LA OPINIÓN Y LA CONFESIÓN
El evangelio que se proclama
en este domingo nos sitúa en el hermoso paraje de Cesarea de Filipo, al que
Jesús se ha retirado con sus discípulos
(Mt 16,13-20). En ese lugar, en
el que pretende descansar con ellos, Jesús les dirige dos preguntas que, a
pesar de su semejanza, requieren respuestas muy diferentes:
• “¿Quién dice la gente que
es el Hijo del Hombre?”. Para poder dar una respuesta a esta pregunta basta escuchar las opiniones que
circulan en el ambiente. Pues bien, algunas personas identifican a Jesús con
Juan el Bautista, otras con el profeta Jeremías y otras lo comparan con alguno
de los profetas, cuya memoria permanece en el recuerdo.
• “¿Y vosotros quién decís que soy yo?”. Para responder a esta segunda pregunta ya no basta una simple información. Jesús quiere conocer la opinión que tienen de él sus propios discípulos. En realidad, desea conocer sus expectativas sobre él. Simón Pedro respondió con una asombrosa confesión: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
LA SALVACIÓN ESPERADA
A continuación, Jesús
responde a Simón Pedro con una cierta ambigüedad. Es bienaventurado por su
acertada confesión y sobre todo, porque esa certeza no nace de su razón sino de
una revelación del Padre celestial. Pero la firmeza de esa fe es una roca que
puede sostener el edificio de la Iglesia. A Simón Pedro se dirige una promesa
que cambiará su vida:
• “Te daré las llaves del
reino de los cielos”. Las llaves del reino que Jesús promete a Simón, hijo de
Jonás, recuerdan las llaves que Dios prometía a Eliaquín, hijo de Elcías. A la
fe de Simón Pedro se concede la autoridad
para gobernar la casa de Dios.
• “Lo que ates en la tierra
quedará atado en los cielos”. El poder de atar que Jesús concede a Pedro
significa ejercer los signos que manifiestan la justicia de Dios sobre el pecado,
desencadenado por el orgullo y la autosuficiencia de los hombres.
• “Lo que desates en la
tierra quedará desatado en los cielos”. El poder de desatar que se concede a
Pedro refleja la misericordia de Dios. Esa compasión ya se ha manifestado en el
Maestro, que libera al hombre de sus ataduras, de sus odios y de sus
miedos.
- Señor Jesús, también a nosotros nos diriges hoy aquellas preguntas que dirigiste a tus apóstoles. Pues bien, queremos conocerte y reconocerte como el Mesías. Creemos que eres el Hijo de Dios. Y creemos que de ti y solo de ti puede venir la salvación y la liberación que buscamos y esperamos. Bendito seas por siempre, Señor. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN 22 de agosto de 2026
AMO PORQUE AMO, AMO POR AMAR
El día 20 de agosto se celebra la fiesta de San Bernardo. Merecería la
pena recorrer sus escritos para valorar la profundidad de sus reflexiones,
junto con las notas que caracterizan su conocimiento de la condición humana.
San Bernardo, el célebre abad de Claraval, nos dejó unas impresionantes
reflexiones sobre el amor, en uno de los sermones en los que comenta el libro
del Cantar de los cantares. Bien estará recordarlas alguna vez.
1.“El
amor basta por sí solo, satisface por sí solo y por causa de sí. Su mérito y su
premio se identifican con él mismo”. El amor requiere la gratuidad para ser
sincero. Amar a otra persona por interés no sería amar de verdad.
2.“El
amor no requiere otro motivo fuera de él mismo, ni tampoco ningún provecho; su
fruto consiste en su misma práctica. Amo porque amo, amo por amar”. No se debe
amar tan solo para tratar de conseguir la serenidad del espíritu o para evitar
la soledad en el futuro.
3.“Gran
cosa es el amor, con tal de que recurra a su principio y origen, con tal de que
vuelva siempre a su fuente y sea una continua emanación de la misma”. San
Bernardo quiere recordarnos que Dios es amor. El amor verdadero proviene de él
y a él nos conduce.
4.“Entre
todas las mociones, sentimientos y afectos del alma, el amor es lo único con
que la criatura puede corresponder a su Creador, aunque en un grado muy
inferior, lo único con que puede restituirle algo semejante a lo que él le da”.
La mención del Creador no es ociosa. A él debemos tanto la vida como el amor y
la posibilidad de responder a él.
5.“En
efecto, cuando Dios ama, lo único que quiere es ser amado: si él ama, es para
que nosotros lo amemos a él, sabiendo que el amor mismo hace felices a los que
se aman entre sí”. Dios quiere que seamos felices. Y sabe que solo el amor nos
dará la felicidad.
6.“Con
razón renuncia a cualquier otro afecto y se entrega de un modo total y
exclusivo al amor el alma consciente de que la manera de responder al amor es
amar ella a su vez”. Solo amando con gratitud podemos corresponder al amor que
se nos entrega en gratuidad.
7. “Aunque la criatura, por ser inferior, ama
menos, con todo, si ama con todo su ser, nada falta a su amor, porque pone en
juego toda su facultad de amar”. En este como en otros ejercicios de la vida
hay que valorar el esfuerzo más que el éxito.
Evidentemente,
san Bernardo se pregunta cómo podemos cultivar el amor que decimos tener a
Dios. Sabe bien que nunca se puede comparar con el amor que Dios nos tiene.
Pero nos exhorta a considerar que de su amor nace nuestra capacidad de amar. Es
verdad que nunca podremos igualarnos con la grandeza del modelo. Pero, a pesar
de ello no podemos dejar de tratar de imitarlo.
José-Román Flecha Andrés
martes, 11 de agosto de 2026
lunes, 10 de agosto de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 20 del Tiempo Ordinario. A 16 de agosto de 2026
ORACIÓN Y COMPASIÓN
“Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”
(Mt 15,22)
1. El evangelio recoge la súplica de una
mujer extranjera y tal vez pagana. ¿Somos conscientes de los sufrimientos que
afectan hoy a tantos hombres y mujeres?
2. Esta mujer cananea sabe pedir compasión
¿Hemos aprendido a ver que los considerados como paganos pueden tener un
profundo sentido religioso?
3. La mujer cananea invoca a Jesús como
Señor. ¿Reconocemos con humildad su señorío sobre nuestras vidas y sobre
nuestras decisiones concretas?
4. ¿Proclamamos nosotros y aceptamos el señorío
de Jesucristo sobre los poderes de este mundo y sobre las estructuras que hemos
creado en nuestra sociedad?
5. La mujer cananea invoca a Jesús como
“Hijo de David”. ¿Recocemos las “semillas del Verbo” que pueden encontrarse en
las culturas y religiones no cristianas?
6. Seguramente conocemos personas que tienen
dificultades para aceptar la fe. ¿No tendremos que ayudarles a descubrir confiadamente
la misericordia de Dios?
7. ¿Y
yo, me reconozco como un discípulo de Jesús, dispuesto a acercar hasta él a las
personas que lo buscan implorando su compasión?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN -Domingo 20 del tiempo ordinario. A. 16 de agosto de 2026
LA ACOGIDA AL EXTRANJERO
“A los extranjeros que se
han unido al Señor para servirlo… y mantienen mi alianza los traeré a mi Monte
Santo, los llenaré de júbilo en mi casa de oración” (Is 56,6-7).
Superado el destierro en
Babilonia, Israel parece abrirse a los extranjeros, siempre que acepten la
alianza de Dios y observen fielmente el día del sábado.
En el salmo responsorial se
manifiesta el deseo de que todos los pueblos reconozcan y alaben al Dios que ha
liberado al pueblo de Israel: “Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos
los pueblos te alaben” (Sal 66).
San Pablo se alegra de que
los extranjeros y paganos hayan sido llamados a la fe, aunque lamenta que sus
hermanos judíos se resistan a creer en Cristo. Pero si todos compartieron la
desobediencia a Dios, espera él que todos participen en su misericordia (Rom
11,32).
El evangelio recuerda el
encuentro de Jesús con una mujer cananea que le implora a gritos la curación de
su hija (Mt 15,21-28). Su forma de
invocar a Jesús denota una cierta simpatía con el pueblo que espera a un Mesías
de la casa de David.
Nos sorprende que una mujer, extranjera y pagana, se dirija a Jesús
con el título mesiánico con que lo invocaban los ciegos de las tierras de
Israel (Mt 9,27; 20,30) y las gentes que lo recibirán a su llegada a Jerusalén
(Mt 21,9). Es como si saliera de su ambiente
para acercarse a la fe de los hijos de Israel (Mt 15,22).
Ante el silencio de Jesús, sus
discípulos le piden que atienda a aquella mujer “Concédeselo, que viene
gritando detrás de nosotros”. No pretenden desentenderse de ella. Quieren que le
“conceda” esa gracia, como el señor que perdona al deudor (Mt 18,27)
A la indicación de sus discípulos, Jesús responde con unas palabras que parecen indicar su decisión de ignorar la petición de aquella extranjera: “No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.”
LA FE Y LA ORACIÓN
Sin embargo, esta mujer pagana insiste en la súplica que la
ha sacado a los caminos para ir al encuentro de Jesús: “¡Señor,
socórreme!”.
• “No está bien tomar el pan
de los hijos y echárselo a los perritos.” Esta segunda respuesta de Jesús parece
una alusión de complicidad a expresiones populares que se referían a los
paganos con esa imagen del mundo animal.
• “Sí, Señor, pero también
los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.” La mujer
retoma con gracia aquella imagen. Su respuesta sugiere que cuando se manifiesta
la bondad de Dios, a todos alcanza y se desborda.
• “Mujer, grande es tu fe;
que te suceda como deseas.” En su tercera respuesta, Jesús reconoce que la fe
llevó a la mujer a buscarlo por los caminos. La fe la enseñó a orar y a
invocarlo como Señor e Hijo de David.
- Señor Jesús, tu paso por nuestra vida nos revela cómo Dios se compadece de las muchas personas que sufren la enfermedad o el abandono. Tú que reflejas la misericordia de Dios, salva a los cercanos y también a los lejanos. Y a nosotros concédenos el don de adivinar sus dolores, de interceder por ellos y tratar de acercarlos a ti. Amén.
José-Román Flecha Andrés