domingo, 11 de noviembre de 2018

DOMINGO 33º TIEMPO ORDINARIO B 2018

REFLEXIÓN- DOMINGO 33º TIEMPO ORDINARIO. B. 18 de noviembre de 2018

ESPERAR SIN TEMOR
“Entonces se salvará tu pueblo: todos los inscritos en el libro” (Dan 12,1). Ante los tiempos difíciles que preanuncia Daniel, se destaca está profecía. Llegará la salvación para todos los que estén inscritos en ese libro de la vida, que aparece ya en las páginas del Éxodo (Éx 32,32) y en los salmos (Sal 69,29).
Ante esa perspectiva de futuro, es cautivadora la posibilidad de brillar entre los astros de los cielos. Así que el profeta añade un anuncio que es una exhortación. Solo brillarán como estrellas en el firmamento los que hayan ganado esa sabiduría que consiste  en ser justos y enseñar a otros el camino de la justicia.  
 Ese horizonte aparece también en la oración confiada del justo: “Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha“ (Sal 15,11). Si el justo espera encontrarse con el Señor, también  Cristo aguarda a “los que van siendo santificados” (Heb 10,14).

LOS ASTROS Y LA HIGUERA

También en el relato evangélico que hoy se proclama, Jesús orienta la atención de sus discípulos hacia los últimos acontecimientos de la historia humana. Tiempos de desolación en los que hasta los astros temblarán y caerán de los cielos. Será un momento de crisis para todos los que han adorado a los astros.
 Sin embargo, el discurso se centra en la figura del Hijo del hombre. Lo que importa es saber y creer que el Señor manifestará su poder y su gloria (Mc 13,24-32). Es lo que afirmamos continuamente en el Credo, al confesar que Jesucristo “vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos”. 
En el texto evangélico se incluye una breve parábola. Cuando las ramas de la higuera se ponen tiernas y aparecen las yemas, deducimos que el verano está ya cerca. Jesús nos advierte que es preciso observar los signos de los tiempos para percibir su presencia en el mundo y su juicio sobre la historia humana. 

LOS ÍDOLOS Y LA PALABRA

 Siempre nos hemos preguntado cuándo se manifestará el Señor. Pero Jesús no ha precisado el “cuando”. Solo nos ha dicho: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”. La ignorancia del futuro es la condición de la libertad.
• “El cielo y la tierra pasarán”. Todo en este mundo tiene fecha de caducidad. No podemos poner nuestra confianza solo en la técnica, en las promesas políticas o en una información manipulada. La espera del Señor juzga nuestras estructuras.
• “Mis palabras no pasarán”. Todo es efímero, pero la palabra del Señor es un faro que nos guía. A su luz podemos realizar un discernimiento para distinguir el bien y el mal.  La palabra del Señor nos alienta en el presente y nos juzgará en el futuro. 
- Señor Jesús, demasiadas veces hemos confiado en los ídolos que nosotros mismos nos hemos creado. Sabemos que tu palabra nos revela la verdad del mundo y de la historia. Que nuestra fe nos ayude a escuchar tu voz, a vivir en la esperanza y a producir los frutos del amor. “Ven, Señor Jesús”.
                                                José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 17 de noviembre de 2018

      EL GRITO DE LOS POBRES
«Este pobre gritó y el Señor lo escuchó». Con estas palabras del salmo 34,7, se abre el mensaje del papa Francisco para la II Jornada Mundial de los Pobres, que se celebra  el domingo 18 de noviembre de este año 2018. Es fácil cantar que el Señor escucha el lamento de los pobres, pero es más difícil que nosotros salgamos a su encuentro.  
• “Gritar” es el primer verbo con que el salmo describe la actitud del pobre y su relación con Dios. Necesitamos el silencio de la escucha para poder reconocer su voz. Si hablamos mucho, no lograremos escucharlos.  
• El segundo verbo es “responder”.  La respuesta de Dios al pobre cura las heridas del alma y del cuerpo, para ayudarle a reemprender la vida con dignidad. Que el grito de los pobres no quede sin respuesta y se pierda en el vacío. 
• El tercer verbo es “liberar”. La pobreza no es buscada, sino que es causada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Con su  mano tendida hacia el pobre, Dios lo acoge, lo protege y le hace experimentar su amistad. 
Pero, como sucedió con los que querían silenciar al pobre ciego Bartimeo, también hoy “se escuchan las voces del reproche y las que invitan a callar y a sufrir. Son voces destempladas, con frecuencia determinadas por una fobia hacia los pobres, a los que se considera no solo como personas indigentes, sino también como gente portadora de inseguridad, de inestabilidad, de desorden para las rutinas cotidianas y, por lo tanto, merecedores de rechazo y apartamiento”.  
Es cierto que Dios está cerca de los pobres, pero “es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta de su corazón y de su vida, los hacen sentir familiares y amigos”. 
En el inmenso mundo de la pobreza, nuestra intervención es limitada e insuficiente. Hemos de colaborar con las formas de ayuda y de solidaridad promovidas por otros, sin descuidar lo que nos es propio: llevar a todos hacia Dios y hacia la santidad. “Lo que necesitan los pobres no es protagonismo, sino ese amor que sabe ocultarse y olvidar el bien realizado. Los verdaderos protagonistas son el Señor y los pobres”. 
 El Papa recoge una idea de santa Teresa de Ávila: «La pobreza es un bien que encierra todos los bienes del mundo. Es un señorío grande. Es señorear todos los bienes del mundo a quien no le importan nada» (Camino de perfección 2,5). Si descubrimos el verdadero bien, seremos ricos ante Dios y sabios ante nosotros mismos y ante los demás.  
Finalmente, el Papa recuerda que los pobres nos evangelizan y nos ayudan a descubrir la belleza del Evangelio. Así que tendamos las manos unos a otros, para que se realice ese encuentro que sostiene la fe, hace activa la caridad y permite a la esperanza caminar segura hacia el Señor que llega a nuestra vida.
                                                                    José-Román Flecha Andrés

lunes, 5 de noviembre de 2018

DOMINGO 32º TIEMPO ORDINARIO B 2018

REFLEXIÓN- DOMINGO 32º TIEMPO ORDINARIO. B. 11 de noviembre de 2018

LA GENEROSIDAD DE LA VIUDA

“Te juro por el Señor tu Dios que no tengo ni pan; me queda solo un puñado de harina en la olla y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos” (1 Re 17,12). Así responde la viuda de Sarepta al profeta Elías que le pide algo de comer.
Para empezar, nos asombra descubrir que el enviado por Dios a tierra de paganos no inicia el diálogo mostrando su superioridad moral, sino pidiendo ayuda a una pobre viuda. Evidentemente, la misión profética no puede confundirse con la publicidad ni con el proselitismo. Los pobres son una mediacion de salvación y de esperanza.
Por otra parte, al acoger a Elías, la viuda de Sarepta es una imagen de la fe. Vive en una región pagana, pero reconoce al profeta como un enviado del único Dios. Por su hospitalidad  es un modelo de humanidad. Parece que su generosidad la llevará a la muerte, pero su obdiencia al profeta le asegura la vida y la proteccion del Señor. 

         UN VERDADERO PROFETA

Tras llegar a Jerusalén, Jesús actúa como un maestro y enseña en los atrios del templo. De hecho, advierte a sus oyentes sobre los defectos de los escribas. Los estudiosos de la Ley del Señor, solo están interesados en aparentar y sobresalir. No sirven a Dios, sino que se sirven de Dios. Se distinguen por su soberbia, su avidez y su hipocresía (Mc 12,38-44).
Pero el verdadero profeta no solo denuncia el mal que descubre a su alrededor, sino que anuncia el bien, la verdad y la belleza. Jesús observa con atención la realidad. Sentado frente a las arcas de las ofrendas que se entregan al templo, escucha las declaraciones de los ricos, que depositan grandes cantidades de dinero.
Pero observa también a una pobre viuda que entrega dos monedas insignificantes. En razón de su pobreza, podría haberse quedado con una de ellas. Pero, como ha anotado el papa Francisco, la viuda “no quiere ir a la mitad con Dios: se priva de todo”.
Tanto la viuda de Sarepta como la pobre viuda de Jerusalén nos dan un valioso ejemplo de confianza en Dios.  

EL VALOR DE LA ENTREGA

En la viuda del templo podemos ver el icono de la Iglesia. A ella han de aplicarse las palabras de Jesús: “Esta que pasa necesidad ha echado todo lo que tenía para vivir”.
• “Esta que pasa necesidad”. Tanto los medios de comunicación como la opinión pública comentan con frecuencia los fabulosos bienes que atribuyen a la Iglesia. Pero la pobreza forma parte de la vocación y la misión de la Iglesia.  De hecho, al tullido que pedía limosna a la puerta del templo de Jerusalén, Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro; pero lo que tengo te doy: en nombre de Jesucristo Nazareno, ponte a andar” (Hech 3,6).
• “Ha echado todo lo que tenía para vivir”. A veces se piensa que para la evangelización se necesita mucho dinero y extraordinarios medios de difusión. Pero, como la viudad del evangelio, la Iglesia sabe que está llamada a entregar todo lo que tiene para vivir. Creemos que el humilde óbolo de la viuda es observado por el Señor. Bien sabemos que el gesto más humilde de un verdadero creyente es semilla de evangelio.
- Señor Jesús, tú sabes que con frecuencia nos dejamos seducir por el brillo del dinero y por las posibilidades que nos podrian ofrecer los bienes de la tierra. Sin embargo, sabemos que tú observas y alabas la ofrenda más pobre, como signo y camino de la confianza en la providencia divina.  Te rogamos que nos concedas tu luz para descubrir el valor de la entrega de nosotros mismos.
                                                        José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 10 de noviembre de 2018

                                                                            
PROFETA Y MÁRTIR
Ha sido impresionante la canonización del papa Pablo VI y la de monseñor Oscar Arnulfo Romero, junto a otros cinco hermanos y hermanas elevados a los altares. Toda una multitud de personas llegaron de El Salvador para asistir a la glorificación de aquel arzobispo, tan valiente defensor de los pobres, o mejor de los empobrecidos.
Hace exactamente cuarenta años, el obispo Romero decía: “Muchos quisieran que el pobre siempre dijera que es “voluntad de Dios” vivir pobre. No es voluntad de Dios que unos tengan todo y otros no tengan nada. No puede ser de Dios. De Dios es la voluntad de que todos sus hijos sean felices” (10.9.1978).  
Tenía razón. Es una blasfemia afirmar que Dios manda la pobreza y el hambre, el analfabetismo o el desempleo. Esas situaciones no obedecen a la fatalidad, sino a la injusticia asentada sobre la tierra. Dios no puede querer que muchos de sus hijos carezcan de un techo bajo el que cobijarse.  
Pocos días después, monseñor Romero decía algo que sonaba como una interpelación: “Cuando se le da pan al que tiene hambre lo llaman a uno santo, pero si se pregunta por las causas de por qué el pueblo tiene hambre, lo llaman comunista y ateísta. Pero hay un “ateísmo” más cercano y más peligroso para nuestra Iglesia: el ateísmo del capitalismo, cuando los bienes materiales se erigen en ídolos y sustituyen a Dios” (15.9.1978).
Al año siguiente tenia lugar  en Puebla de los Ángeles la III Conferencia del Episcopado Latinoamericano. El llamado “Documento de Puebla” diría que el servicio profético lleva a anunciar dónde se manifiesta el Espíritu y a denunciar dónde opera el misterio de iniquidad, tanto en los hechos como en las estructuras (n. 267).
El mismo Documento afirmaría que “frente a la situación de pecado surge por parte de la Iglesia el deber de la denuncia, que tiene que ser objetiva, valiente y evangélica, que no trata de condenar sino de salvar al culpable y a la víctima” (n. 1269).
Monseñor Romero había recibido ese ministerio profético que hace de él uno de los grandes defensores de los derechos humanos. Pero nadie defiende al oprimido sin enemistarse con el opresor. Esa experiencia secular le convertía en un candidato a las amenazas de muerte, como él mismo reconocía.
Sin embargo, no lo amordazaba el miedo. Lo sostenía la esperanza, como lo manifestó el día 24 de marzo de 1980: “El Reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección. Esta es la esperanza que nos alienta a los cristianos. Sabemos que todo esfuerzo por mejorar una sociedad, sobre todo cuando está tan metida esa injusticia, es un esfuerzo que Dios bendice, que Dios quiere, que Dios nos exige”. Ese mismo día  lo mataron, mientras celebraba la misa en un hospital.
                                                                                    José-Román Flecha Andrés

lunes, 29 de octubre de 2018

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

DOMINGO 31º TIEMPO ORDINARIO B 2018

REFLEXIÓN- DOMINGO 31º DEL TIEMPO ORDINARIO. B. 4 de noviembre de 2012

LOS DOS MANDATOS
“Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es solamente uno”. Son muy importantes para Israel esas palabras que contiene el texto del Deuteronomio que hoy se proclama (Dt 6, 2-6). A esa llamada de atención se unen tres avisos prácticos:
• “Teme al Señor tu Dios”. El temor de Dios no se puede confundir con el miedo. Dios no se identifica con esos ídolos que con tanto celo veneramos. Sin el temor a Dios, la idea que de él nos formamos solo es una proyección de nuestros propios deseos.
• “Guarda sus mandatos y preceptos”. Los mandatos del Señor no pueden confundirse con imposiciones arbitrarias. Dios nos ama y quiere lo mejor para nosotros. Sus preceptos son una lámpara para nuestros pasos (Sal 119,105).
• “Ponlos por obra para que te vaya bien”. Los mandamientos de nuestro Dios tampoco son principios abstractos o simples frases para el decorado. Si los ponemos en práctica, llegaremos a  encontrar el camino de la armonía integral.

UN ÚNICO AMOR

Un escriba pregunta a Jesús cuál es el primero de los mandamientos (Mc 12,28-34). Seguramente traía en la mente las discusiones de las escuelas sobre el tema. Tal vez quería saber a cuál de ellas pertenecía el Maestro. El escriba se refiere a un solo precepto, pero Jesús le recuerda dos, que reflejan un único amor. 
- En primer lugar, según el Deuteronomio, es preciso amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (Dt 6,5). Frente a la dispersión de los pensamientos, de los sentimientos y de nuestros compromisos habituales, solo el amor a Dios nos ayuda a vivir  centrados en lo más importante.
- Además, de acuerdo con el Levítico, es necesario amar al prójimo como a uno mismo (Lev 19,18). Poner el “tú” al nivel del “yo” es la auténtica regla de oro.  Al final de su vida, Jesús se presentará como la clave de ese amor:  “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Esa es la definitiva superación del egoísmo.

LA VERDAD DEL EVANGELIO

Nos admira la sintonia del escriba, que amplía y ratifica la propuesta de Jesús. En sus palabras se refleja ya la reflexión y la experiencia de la comunidad cristiana:
• “El Señor es uno solo y no hay otro fuera de él”. Nuestro politeismo práctico nos perturba y enloquece. El verdadero creyente nunca podrá adorar a dos dioses. El corazón que de verdad ama a Dios no puede estar dividido.   
• “Amar a Dios y al prójimo como a uno mismo vale más que todos los sacrificios”. Un oraculo semejante de Oseas (Os 6,6) encuentra eco en los labios de Jesús (Mt 9,13). El papa Francisco critica una devoción que no se traduce en servicio a los demás. 
• “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. El Reino de Dios es Jesús mismo. Amar a Dios y al prójimo: ese es el resumen de la vida y del mensaje del Maestro.
- Señor Jesús, tú sabes que pretendemos identificarnos como tus seguidores apelando a mil signos externos. Nuestras costumbres nos vuelven cómodos y egoistas. Y las divisiones de los grupos cristianos nos ahogan. Ayúdanos a descubrir que el doble mandato del amor nos unirá en la verdad de tu evangelio. Amén.
                                                                     José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 3 de noviembre de 2018


                                                                      
LOS SANTOS Y LA SANTIDAD
Era el primer año de su pontificado. En la audiencia general del día 30 de octubre de 1963, el papa Pablo VI decía a los peregrinos que  el tema de la santidad sería celebrado por toda la Iglesia en la próxima festividad dedicada a todos los santos del Paraíso.
Era el momento para recordar que todos los fieles que le escuchaban gozaban  de la selecta y afortunada condición de hijos de Dios, mediante el bautismo. Ese sacramento les daba derecho al titulo de “santos”, es decir, bendecidos y dedicados al Señor, y de miembros de la santa Iglesia.
Pablo VI trataba precisamente de despertar en el espíritu de los fieles presentes en la audiencia “el sentido de la dignidad cristiana y el propósito de querer conservarla siempre y vivir, al menos en esa forma habitual y magnífica que llamamos estado de gracia y que ya es santidad”.
De pronto, desgranaba ante los peregrinos que habían llegado hasta la basílica de San Pedro  tres preguntas, tan características de su estilo personal:  
• ¿Hay algo más bello, más importante para nuestra vida que esto?
• ¿Qué otro bien, qué riqueza, qué perfección hay superior a la gracia, al principio divino de la vida sobrenatural?
• ¿Qué otra condición, qué otra fuerza podemos tener en nuestro interior más eficaz para nuestro progreso espiritual, para nuestra continua santificación, que la fidelidad al estado de gracia?
Pablo VI pedía para los fieles  el don más precioso. Pedía que fueran “cristianos vivos, vivos con la gracia de Dios, es decir, santos, y capaces de hacer de todas las experiencias de la vida temporal, del gozo y del dolor, del trabajo y del amor, del coloquio interior de la conciencia y del diálogo exterior con el prójimo, una ocasión, un estímulo para ser mejores, para ser más santos”.
Es verdad que la santidad es un don de Dios. Pero requiere una aceptación activa, generosa y comprometida. Según el Papa, para ser santos son necesarias dos actitudes:
 • En primer lugar, “afianzar en nosotros el sentido moral, es decir, el sentido del bien y del mal, el sentido del pecado que la mentalidad moderna va perdiendo cuando está privada de la fe en Dios”.
• Además, es necesario “aumentar en nosotros el gusto por la oración y la confianza en la infinita bondad del Señor, que es verdaderamente el único Santo, el único santificador”.
El papa Pablo VI terminaba su breve alocución  deseando a los peregrinos   el sumo beneficio de la santificación cristiana. Ahora que su santidad acaba de ser reconocida por la Iglesia, nos dirigimos a él pidiendo que interceda por la Iglesia y por cada uno de nosotros.
                                                                José-Román Flecha Andrés

miércoles, 24 de octubre de 2018

DOMINGO 30º TIEMPO ORDINARIO B 2018

REFLEXIÓN. DOMINGO 30º DEL TIEMPO ORDINARIO. B- 28 de octubre de 2018

EL CIEGO DE JERICÓ

“¡El Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel! Los traeré del país del norte, los reuniré de los confines de la tierra. Entre ellos habrá ciegos y cojos, lo mismo preñadas que paridas: volverá una enorme multitud”. En esta primera lectura, Jeremías transmite un oráculo de Dios que anuncia al pueblo de Israel el retorno del exilio (Jer 31,7-9).
Nadie queda excluido de la esperanza. Los ciegos y los cojos evocan un pasado de pobreza y sufrimiento. Las embarazadas y las jóvenes madres auncian el futuro de la nueva vida. Dios es el verdadero Señor de la vida. En el mismo texto se recoge la mejor de sus promesas: “Seré un padre para Israel”.
El salmo responsorial se hace eco de la alegría de los que habían sido deportados a Babilonia y ahora pueden regresar a su patria: “Los que sembraban con lágrimas, cosechan entre cantares” (Sal 125,5).
Según la carta a los Hebreos, todo sumo sacerdote “puede comprender a los ignorantes y extraviados, porque también él está sujeto a debilidad” (Heb 5,2). Si esta afirmación valía para el antiguo culto, con más razón puede palicarse a Jesucristo.

EL ITINERARIO DE LA FE

Tras revisar las apetencias humanas con relación al placer, al terner y al poder,  el capítulo décimo del evangelio de Marcos nos ofrece un texto inolvidable que parece una especie de evangelio dentro del evangelio (Mc 10,46-52). Un relato en el que se presentan al menos tres contrastes. 
• A la vereda del camino que sale de Jericó hacia Jerusalén está sentado un mendigo que es ciego. Sin embargo, es uno de los pocos enfermos curados por Jesús que tiene nombre propio. Se llama Bartimeo, es decir, “el hijo de Timeo”. Los creyentes en Jesús nunca deberán olvidar que el pobre tiene dignidad.
• Bartimeo está ciego, pero oye los comentarios de los caminantes y se entera de que junto a él pasa Jesús. Los que acompañan al Maestro en su subida hacia Jerusaén pretenden hacerle callar, pero él lo invoca a gritos con un título mesiánico: “Hijo de David, ten compasión de mí”. El texto sugiere que la fe llega por el oído y se expresa en oración. 
 • Antes del encuentro con Jesús, el ciego era un mendigo sentado al borde del camino y pidiendo limosna. Pero el encuentro le ha hecho  recobrar la vista y le ha decidido a seguir a Jesús por el camino. Mendigar al borde del camino, reconocer a Jesús como Maestro y seguirle por el camino.  Ese es el itinerario de la fe.

LA SANACIÓN Y LA FE 

Frante a las súplicas del ciego, el relato evangélico recoge también tres frases de Jesús que revelan lo que él es y anuncian lo que puede aportar a quienes se acercan a él.
• “Llamadlo”. Jesús vino a buscar a los pobres, y a los enfermos, a los marginados y a los ciegos. Además quiso buscar algunos colaboradores para esa misión de sanación y de salvación. Todos somos exhortados  a hacer llegar esa llamada a los que buscan al Señor.
• “¿Qué quieres que haga por ti?” Esta es la misma pregunta que Jesús dirigió a Santiago y Juan, hijos del Zebedeo. Ellos pretendían que Jesús les concediera poder y privilegios. Pero Bartimeo solo quiere la luz que puede conceder el que es la luz del mundo.
 • “Anda, tu fe te ha curado”. La sanación viene siempre del Señor. Es absolutamente gratuita. Pero el Señor valora la fe de los que se acercan a él con humildad y confianza. Quien  lo confiesa como hijo de Dios puede llegar a descubrirlo como guía del camino.
- Señor Jesús, tú conoces bien que somos pobres y que estamos ciegos. Mucho tiempo llevamos esperando tu llegada. Ayúdanos a reconocerte cuando pasas a nuestro lado. Solo tú puedes abrirnos al misterio de esa luz que ilumina una vida para siempre. Que no nos domine la cobardía. Y que, en medio de nuestras tinieblas, encontremos la audacia de que nos habla el papa Francisco, para poder suplicarte: “Maestro, que pueda ver”. Amén. 
                                                                               José-Román Flecha Andrés

DOMINGO 30º TIEMPO ORDINARIO. B (Comentario sonoro)

CADA DÍA SU AFAN 27 de octubre de 2018


                                          "Alegraos y regocijaos"


UN EJÉRCITO DE PERDONADOS

El día 19 de marzo de este año 2018, el papa Francisco ha publicado la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, es decir, “Alegraos y regocijaos”. En ella nos recuerda la invitación a la santidad que ha sido dirigida a todos los creyentes. 
En el capítulo tercero nos ofrece un resumen de las bienaventuranzas promulgadas por Jesús en el Sermón de la Montaña. Según el Papa, “el Evangelio nos invita a reconocer la verdad de nuestro corazón, para ver dónde colocamos la seguridad de nuestra vida” (n. 67).  
Nos basta mirar a nuestro alrededor para constatar que “el mundo nos propone el entretenimiento, el disfrute, la distracción, la diversión, y nos dice que eso es lo que hace buena la vida” (n. 75).
Pero hay otra forma de ver las cosas. Hay muchas personas que encuentran que la vida tiene sentido, “socorriendo al otro en su dolor, comprendiendo la angustia ajena, aliviando a los demás” (n. 76).
Con una frase sorprendente, dice el Papa que todos nosotros somos un ejército de perdonados. Esa experiencia nos interpela. “Dar y perdonar es intentar reproducir en nuestras vidas un pequeño reflejo de la perfección de Dios, que da y perdona sobreabundantemente” (n. 81).  
La santidad exige vivir en la verdad, vivir con un corazón limpio que “no deje entrar en nuestra vida algo que atente contra el amor, algo que lo debilite o lo ponga en riesgo” (n. 83). Tanto la sabiduría popular como los textos bíblicos nos dicen que el amor se manifiesta en obras. El Papa añade que “no hay amor sin obras de amor”. Las obras son engañosas si no brotan de un corazón  limpio. 
En medio de tantos conflictos, es urgente soñar y construir la paz. Frente a tantas habladurías que envenenan nuestro ambiente, estamos llamados a ser “artesanos de la paz, porque construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza” (n. 89).
El Papa sabe que nada de esto es fácil. Siempre será costoso ir  contra corriente. Vivimos “en una sociedad  alienada, atrapada en una trama política, mediática, económica, cultural e incluso religiosa que impide un auténtico desarrollo humano y social” (n.91).
Así que siempre habrá que contar con  la cruz.  “Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades… Otras veces se trata de burlas que intentan desfigurar nuestra fe y hacernos pasar como seres ridículos (n. 94).
A pesar de todo, este estilo de vida que Jesús nos propone en las bienaventuranzas refleja su propia identidad. Y, en consecuencia, nos muestra  el verdadero camino por el que nuestra vida puede  alcanzar la felicidad.
                                                                                   José-Román Flecha Andrés