martes, 14 de abril de 2026

EL CÁNTARO: DOMINGO 3 DE PASCUA --A

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EL CÁNTARO: DOMINGO 3 DE PASCUA --A


DOMINGO 3 DE PASCUA --A

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EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 3º de Pascua. A 19 de abril de 2026


                                  DEL PADECIMIENTO A LA GLORIA

  “¿No era necesario que el Mesías padeciera esto

y entrara así en su gloria?” 

(Lc 24,26)

 

1.      No es fácil admitir el sufrimiento cuando parece que no tiene un motivo. ¿Nos ha ocurrido eso alguna vez?

2.      Gilbert Cesbron escribió que el camino de Emaús pasa por delante de todas nuestras puertas. ¿Sentimos haberlo recorrido?

3.      Jesús había anunciado a sus discípulos que había de padecer y sufrir hasta la muerte. ¿Por qué no lograron aceptar esa suerte de su Maestro?

4.      ¿Este texto evangélico del camino de Emaús qué nos enseña sobre la identidad y la misión de Jesús?

5.      ¿Por qué se dice que según las Escrituras era “necesario” que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?

6.      ¿Hemos pensado alguna vez que la Iglesia ha de recorrer siempre este camino de desamparo y de encuentro con el Señor?

7.      ¿Estoy yo dispuesto aceptar que es preciso pasar, como Jesús, por el padecimiento y por la cruz para poder entrar en la gloria?

                                                                                       José-Román Flecha

REFLEXIÓN - Domingo 3º de Pascua. A 19 de abril de 2026

 

EL CAMINO DE EMAÚS

“A Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos” (Hech 2,32). Para los habitantes de Jerusalén y los peregrinos que han llegado a la ciudad para la celebración de la fiesta de Pentecostés, Simón Pedro tiene un triple mensaje:

• En primer lugar, recuerda la misión y la obra de Jesús, al que Dios acreditó con los milagros y prodigios que fue realizando a la vista de todos.

• Proclama que, aunque muchos de sus oyentes denunciaron a Jesús para que fuera condenado a muerte de cruz, Dios lo resucitó de entre los muertos.

 • Y finalmente afirma que los discípulos han recibido el Espíritu Santo para dar testimonio de la resurrección de Jesús, que es el Mesías esperado.

Con el salmo responsorial le pedimos al Señor que nos enseñe el verdadero sendero de la vida (Sal 15).

Según la primera carta de Pedro, los cristianos saben que su fe y su esperanza se apoyan en el Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos (1 Pe 1,18-21).

NUESTRA ILUSIÓN FRUSTRADA

El evangelio de este tercer domingo de Pascua nos recuerda el doble camino de dos discípulos de Jesús (Lc 24,13-36). Mientras se van alejando de Jerusalén, comparten la amarga experiencia del desaliento. Aquel en quien habían creído ha muerto. Y con él ha muerto la esperanza que suscitaban sus palabras y sus acciones. 

En este tiempo nuestro, muchas personas han buscado las razones para vivir y esperar en la economía y en la técnica, en los medios de comunicación y en los dirigentes políticos. Y de pronto, las bombas y los drones les han hecho ver que esos fundamentos carecen de raíces.

Algunos han decidido dejar atrás la fe que recibieron y los relatos en los que parecían apoyarse. Prefieren hacer su propio camino, aunque no les entusiasme. El camino de Jerusalén a Emaús refleja una ilusión que ha quedado bruscamente frustrada. 

LA CORRECCIÓN DE UN EXTRAÑO

Sin embargo, los dos discípulos que se dirigen a Emaús, al menos escuchan al compañero que les pregunta: “¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?” (Lc 24,17). No solo eso, sino que aceptan una corrección que les llega de un extraño.

• También en este tiempo, ese otro peregrino, desconocido para muchos, se presta a acompañarnos por el camino y a escuchar el lamento por nuestra decepción

• También en esta hora, ese peregrino misterioso está decidido a ayudarnos a recordar las palabras que en otro tiempo dieron sentido a nuestra vida.

• También en este momento, ese peregrino, que parece conocer las Escrituras, tiene palabas que pueden estimularnos y calentar nuestro corazón.

• También hoy, ese peregrino que nos alcanza por el camino acepta sentarse a nuestra mesa, y transforma nuestro pan en fuente de vida, de luz y de sentido.

- Señor Jesús, todos nosotros hemos visto cómo fracasaban muchos de nuestros proyectos. Tanto la pandemia como la guerra han revelado nuestra debilidad y han despertado nuestros temores. Ayúdanos a reconocer tu presencia, a escuchar tu palabra, a recuperar la esperanza y a recorrer el camino alimentados por tu pan. Amén.

                                                                            José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 18 de abril de 2026


EL  MOSAICO DE LA PAZ  

El sábado 11 de abril de 2026 se celebró en la Basílica de San Pedro del Vaticano una solemne vigilia de oración por la paz.

El papa León XIV comenzó su meditación con una advertencia profética: “La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina. Basta un poco de fe, una pizca de fe para afrontar juntos, como humanidad y con humanidad, esta hora dramática de la historia”.

Evocando el mensaje de la Pascua, añadió: “La oración no es un refugio para eludir nuestras responsabilidades, no es un analgésico para evitar el dolor que desata tanta injusticia. Es la respuesta más gratuita, universal y disruptiva a la muerte: ¡somos un pueblo que ya resucita!”   

Tras repetir que “nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra”, recordó el famoso grito de Pablo VI ante la asamblea de las Naciones Unidas: “¡Nunca más la guerra!”.

 Pero el momento actual le sugería al papa León XIV imágenes que nos resultan conocidas: “En el Reino de Dios no hay espada, ni drones, ni venganza, ni banalización del mal, ni lucro injusto, sino sólo dignidad, comprensión y perdón. Tenemos en esto una barrera contra ese delirio de omnipotencia que se vuelve cada vez más impredecible y agresivo a nuestro alrededor”.

Olvidando que somos hijos de un solo Padre, que es el Dios de la vida, solo vemos enemigos. “Por todas partes se perciben amenazas, en lugar de llamadas a la escucha y al encuentro”.

Estamos sometidos a quienes han dado la espalda al Dios vivo y hacen de sí mismos y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo, ante el que habría que doblegarse.  “¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida”.

A los que tratan de dirigir el mundo hay que gritarles: “¡Deténganse! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!, no en mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte”.

Pero a todos “la oración nos compromete a convertir lo que queda de violencia en nuestros corazones y en nuestras mentes”. Entre todos, podemos crear la cultura del encuentro.  “¡Cada uno tiene su lugar en el mosaico de la paz!”

El papa Francisco decía que “se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia”.  

 Su sucesor nos pide ahora que “cada comunidad se convierta en una casa de paz, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón. Hoy más que nunca es necesario mostrar que la paz no es una utopía”.

                                                                                         José-Román Flecha Andrés

 

lunes, 6 de abril de 2026

PRESENTACIÓN 2º DOMINGO DE PASCUA 2026

EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 2º del Tiempo Pascual. A 12 de abril de 2026

 

CREER SIN HABER VISTO

“¿Porque me has visto has creído?

Bienaventurados los que crean sin haber visto”

(Jn 20,29)

1.      Todavía hay personas que repiten como antaño: “Yo solo creo lo que veo”. Pero, ¿no es verdad que creemos en muchas cosas que nunca hemos visto?

2.      Jesús parece recriminar al apóstol Tomás por haber creído en él solo por haberlo visto de nuevo. ¿Es que no tenía motivos para creer en él antes de verlo?

3.      San Agustín escribe que Dios ha llegado a él a través de los cinco sentidos corporales. ¿Podemos nosotros decir lo mismo?

4.      ¿Qué significa para nosotros el hecho de que Jesús proclamara felices a los que crean sin haber visto?

5.      ¿Nos dice nuestra experiencia cómo llega una persona a lograr ese milagro de creer sin haber visto?

6.      Y, al contrario, cuando se produce un milagro -que es todos los días- ¿induce realmente a creer a las personas que lo han experimentado o conocido? 

7.      ¿Puedo hacer yo algo para que los demás crean en Jesucristo, a pesar de no haberlo visto?


                                                   José Román Flecha Andrés

REFLEXIÓN - Domingo 2º de Pascua. A 12 de abril de 2026

 

VIVIR EN COMUNIDAD 

“Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”. Así se resume la vida de las primeras comunidades de los discípulos del Señor (Hech 2,42). Estaban unidas por la escucha de la Palabra, la celebración de los Misterios y el servicio de la caridad.

 Muchos datos nos aseguran que realmente se vivió así, al menos en la comunidad de Jerusalén. Los fieles pensaban que la memoria de Jesús no podía ser echada en el olvido. El Espíritu del Resucitado los mantenía en la fe, la esperanza y la caridad.   

Con el salmo 117 hoy damos gracias al Señor y proclamamos que Jesús es la piedra angular de ese edificio. El desechado por los hombres, ha sido glorificado por el Padre.

Según la segunda lectura, si creemos que Jesús es el Cristo, es decir el Mesías, es que hemos nacido de Dios (1Jn 5,1). Si no amamos al prójimo tampoco amamos a Dios. Por otra parte, es el amor a Dios lo que garantiza que nuestro amor a los demás es auténtico. No podemos amar a los hijos de Dios si no amamos a Dios.

CUATRO DONES DEL RESUCITADO

El mensaje evangélico nos recuerda el papel que Jesús juega en la vida y en la acción de sus seguidores. Es precisamente en el seno de la comunidad donde los discípulos reciben la manifestación del Señor Resucitado (Jn 20,19-31).

• Con su presencia, el Señor trae otros preciosos dones. En primer lugar, llena a sus discípulos de alegría. Además, les desea la paz y los envía a todo el mundo, como él mismo había sido enviado por el Padre. No podían esperar tanto aquellos discípulos que habían abandonado a su Maestro en el momento de su arresto y en la hora de su muerte.

• Además de la alegría, la paz y el envío, Jesús les comunica un cuarto don, aún más sorprendente. No solo les perdona su abandono, ciertamente vergonzoso, sino que, por medio de su Espíritu, los convierte en mensajeros y agentes de su perdón: “A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”.

LA CONFESIÓN DE NUESTRA FE

Con razón el papa san Juan Pablo II quiso que este fuera el Domingo de la Divina Misericordia. Ante tales dones del Resucitado, tenemos que dejar atrás nuestro resentimiento y dar aquel paso que llevó al apóstol Tomás a pronunciar su personal confesión de fe.

• “Señor mío y Dios mío”. Así reconocemos nosotros al Maestro. Él ha querido mostrarnos sus llagas, nos ha demostrado la seriedad de su amor y nos ha hecho sentir la gratuidad de su entrega por nosotros y por nuestra salvación. 

• “Señor mío y Dios mío”. Así lo adoramos todos los que él ha querido considerar como bienaventurados. Él nos ha proclamado dichosos y felices, precisamente por habernos atrevido a creer, a pesar de no haber visto al Señor Resucitado.

• “Señor mío y Dios mío”. Así agradecemos en todo tiempo y lugar la misericordia de Aquel que ha perdonado nuestra arrogancia. Él ha querido enviarnos como mensajeros y portadores de su perdón para todos los que vuelven sus ojos hacia él.

- Señor Jesús, hoy agradecemos de verdad tus dones y tu misericordia. Ayúdanos a vivir con gozo y responsabilidad nuestra vida en esta comunidad, que ha sido construida sobre la piedra angular de tu entrega. Bendito seas por siempre. Aleluya. 

                                                                          José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 11 de abril de 2026

                                                              EL GRITO DE PAZ

En este año 2026, el papa León XIV nos ha asombrado durante los días más señalados de la Semana Santa. El Jueves Santo, durante la misa crismal dirigió un mensaje muy importante al clero y también a los laicos. El Viernes Santo lo vimos postrado en tierra. Y más tarde llevó la cruz durante el Viacrucis que se celebró en el Coliseo.

Era de esperar que el domingo de Pascua dijera algo muy especial. Y así ha sido. Desde la “logia” o balcón central de la Basílica Vaticana dirigió a la Urbe y a todo el Orbe el mensaje más necesario para este momento. En él sobresalen estos puntos:

1. La Pascua es una victoria: de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio… Cristo tuvo que morir en una cruz, tras sufrir una condena injusta, ser escarnecido y torturado, y haber derramado toda su sangre.

2. La fuerza con la que Cristo derrotó al antiguo Adversario es Dios mismo, Amor que crea y engendra, Amor fiel hasta el final, Amor que perdona y redime.  

 3. La fuerza de Cristo no es violenta. Es la del grano de trigo que se marchita en la tierra, brota y se convierte en una espiga dorada. Es la de un corazón humano que rechaza el instinto de venganza.

4. Esta es la verdadera fuerza que trae la paz a la humanidad. No busca el interés particular, sino el bien común; no pretende imponer su propio plan, sino contribuir a diseñarlo y a ponerlo en práctica junto con los demás.

5. ¡Que el amor de Cristo nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo.  

6. Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante el odio y la división que siembran los conflictos y ante las consecuencias económicas y sociales que desencadenan.

7. La cruz de Cristo nos recuerda siempre el sufrimiento y el dolor que rodean a la muerte, así como la angustia que esta conlleva… ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal!  

 8. La paz que Jesús nos entrega no se limita a silenciar las armas, sino que toca y transforma el corazón de cada uno de nosotros. ¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón!

9. Imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal.  

10. Unámonos a la vigilia de oración por la paz que se celebrará en la Basílica de San Pedro el próximo sábado 11 de abril para orar por la paz y revisar la indiferencia que se oculta en nuestro corazón.

                                                                José-Román Flecha Andrés

lunes, 30 de marzo de 2026

EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo de Pascua de Resurrección. A 5 de abril de 2026


          ​         EL SEPULCRO VACÍO


 

Se han llevado del sepulcro al Señor

y no sabemos dónde lo han puesto” 

                                                                                          (Jn 11,20-2)

 

1. Vittorio Messori ha escrito que Jesús es un “famoso desconocido”. ¿Es creíble esa afirmación?

2. ¿Qué ha podido ocurrir para que se pueda pensar que es real y constatable el desconocimiento de Jesús en nuestro mundo?

3. ¿Se puede decir que en nuestra cultura hay muchas personas que no saben dónde ha sido puesto Jesús?  

4. ¿Hay algún lugar, por insospechado que parezca, donde se pueda encontrar la memoria de la vida y de la obra de Jesús?

5. ¿Han influido el cine, la televisión o los medios de comunicación para alejar la figura de Jesús de nuestro ámbito social?

 6. ¿Qué gestos concretos se pueden esperar de los creyentes para que hagan presente a Cristo y su presencia en la cultura actual?

7. ¿Qué puedo hacer yo personalmente para dar testimonio de la presencia de Jesucristo en nuestro mundo?

 

José-Román Flecha

REFLEXIÓN - Domingo de Pascua. A 5 de abril de 2026

 

EL SEÑOR ESTÁ VIVO

“Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo sino a los testigos que él había designado: a nosotros que hemos comido y bebido con él después de su resurrección”. Con estas palabras resumía Pedro el misterio de la Pascua ante el centurión Cornelio (Hech 10,39-41).

El antiguo pescador del lago de Galilea, pretendía recordar cinco hechos concretos:   Jesús había pasado haciendo el bien. Fue condenado a morir en una cruz. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Es más, Dios se lo hizo ver a los discípulos que el Maestro había elegido. Y ellos tuvieron la alegría de compartir la mesa con el resucitado.

Jesús es la piedra desechada por los arquitectos y elegida ahora como piedra angular de un nuevo edificio. Así lo cantamos con el salmo responsorial (Sal 117).

Por otra parte, recordamos que san Pablo invita a los fieles de Colosas a vivir con un talante de resucitados con Cristo para buscar solamente las realidades celestiales (Col 3,1). 

MARÍA MAGDALENA

 El relato evangélico evoca la figura de María Magdalena. La piedad tradicional la identifica con otras mujeres que aparecen en los evangelios. Además, las leyendas y el cine la han visto como una hermosa mujer, pecadora pero arrepentida. Sin embargo, esos datos no se encuentran en los evangelios.

María es una mujer que parece haber sido curada por Jesús. Su gratitud la lleva a seguir al Maestro desde Galilea hasta Jerusalén. De hecho, está presente en el Calvario y observa el lugar donde ha sido colocado el cadáver de Jesús. Ella descubre que el sepulcro está vacío y se apresura a comunicarlo a los discípulos del Señor (Jn 20,1-9).

Con razón María Magdalena ha sido calificada como el “apóstol de los apóstoles”. Su voz sonaba como una profecía. Su anuncio nacía de la experiencia. Despertaba a los discípulos de Jesús del desaliento al que los había arrojado la muerte del Maestro. Y los alentaba a emprender una misión que no podían dejar en el olvido.

 UN MENSAJE PARA HOY

Así pues, en este domingo de Pascua de Resurrección, el evangelio recoge las palabras que María Magdalena dirigió a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús quería: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Ese mensaje puede parecer nervioso y desalentado, pero sigue teniendo actualidad.

• “Se han llevado del sepulcro al Señor”. Parece que en este tiempo algunos están dispuestos a ignorar la vida de Jesús y a manipular su mensaje. Por eso están decididos a destrozar la cruz, a despreciar su significado y a renegar del Resucitado.

• “No sabemos dónde lo han puesto”. Hoy muchos no saben quién es Jesús ni quieren saber lo que significa en la historia de la humanidad. Simplemente, no les interesa. Los mismos cristianos no siempre sabemos explicar el puesto que el Señor ocupa en nuestra vida.

- Señor Jesús, sabemos que no debemos buscarte en los sepulcros. Tú estás vivo y nos precedes por los caminos del mundo. Tú has muerto por nosotros y has resucitado para nuestra salvación, Queremos encontrarte a lo largo del camino. Y anunciar con alegría tu presencia en nuestro mundo. Bendito seas por siempre. Aleluya. 

                                                                                         José-Román Flecha Andrés

 

CADA DÍA SU AFÁN - 5 de abril de 2026

 

                              DE LA MUERTE A LA VIDA

Se suele decir en el corrillo y la tertulia que, al igual que el sexo, la muerte es un tabú. Los más leídos afirman con aplomo que el principio y el final de la vida son realidades que nos fascinan y nos horrorizan, como la mirada del que se asoma al borde del abismo.

En otros tiempos, en que las gentes vivían obsesionadas por el honor y por la fama, no se hablaba de “esas cosas”. Pero el silencio no siempre implica desinterés.  Esas cosas no dejaban de atraer, ocupar y preocupar al noble y al plebeyo, al guerrero y al artesano, al poeta y al pirata, al monje y al gandul.

En este tiempo, en el que llaman progreso a la obsesión por las pantallas y los drones, el sexo y la muerte son objeto de discursos y piezas de caza para la bolsa. Con estas cosas engordan los dineros y aumentan las audiencias. Nunca tantos mantos y uniformes se enredaron en los feroces zarzales del sexo y de la muerte.

Estos son otros tiempos y soplan otros vientos. Eso es lo que se dice. Se susurra en la calleja que el sexo y la muerte generaron otrora sentimientos de culpa y de vergüenza. Pero se advierte ya en la plaza que la muerte y el sexo generan agora orgullos de poder y de opinión.

En estos tiempos y lugares todo vale y todo se discute, todo se pregona y sobre todo se grita y vocifera. Se ignora el llanto desgarrado por el estallido del último misil y se pregona el éxito del suicidio asistido y coreado de una joven que se consideraba humillada por unos y abandonada por todos.

Hoy se premia la desvergüenza y se condecora a la injusticia. Hoy se niega el derecho a la vida a la persona que se considera inútil. En el gran teatro del mundo se promueve el derecho a la muerte, previamente decidida por el guionista y al final aplaudida por todo el auditorio. ¿Una muerte más qué importa al mundo? Será una pérdida de tiempo bucear en los archivos de la historia.

Pero acaba de decir el papa León XIV que “la fragilidad forma parte de la maravilla que somos. No fuimos hechos para una vida donde todo es firme y seguro, sino para una existencia que se regenera constantemente en el don, en el amor”.

La causa del Justo injustamente ajusticiado ha sido finalmente revisada. El misterio de Cristo y su destino nos ayudan a descubrir y a celebrar con tímida mesura que la muerte ha sido vencida por la vida. Y que a la crucifixión sucede la resurrección. Ya no es creíble la impostura.  Aún es posible la esperanza. Siempre habrá que recibir y compartir esa esperanza que nunca nos defrauda. 

                                          José-Román Flecha Andrés

lunes, 23 de marzo de 2026

EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo de Ramos. A 29 de marzo de 2026

 LA LLEGADA DEL SEÑOR

 Si alguien os dice algo,

contestadle que el Señor los necesita

y los devolverá pronto”.

                                                                                           (Mt 21,3)

 

1.      Para entrar en Jerusalén, Jesús necesita una burra y su pollino (Mt 21,2). ¿Qué necesita Jesús para hacerse presente en nuestra cultura?

2.      Jesús parece que cuenta con la amistad de alguna persona en la aldea de Betfagé ¿Con qué personas o instituciones puede contar Jesús para llegar a nuestra sociedad?   

3.      Los discípulos de Jesús siguen fielmente las orientaciones de su Maestro. ¿Somos nosotros capaces de superar nuestros miedos para satisfacer sus deseos?

4.      Al encaminarse hacia Jerusalén, Jesús es aclamado por los que le siguen (Mt 21,9). ¿Quiénes son en este tiempo los que lo siguen de verdad?

5.      Al llegar a Jerusalén, algunos se niegan a reconocer su misión. ¿Existen hoy personas, grupos o instituciones que rechacen a Jesús y a su doctrina?

6.      Al entrar Jesús en Jerusalén, muchos se preguntaban: “¿Quién es este?” (Mt 21,10) ¿Se oye hoy en nuestro ambiente esa pregunta por la identidad de Jesús?

7.      ¿Estoy personalmente dispuesto a presentar a Jesús como el profeta que Dios nos envía en este momento concreto?

 

                                                                                                    José-Román Flecha  

REFLEXIÓN - Domingo de Ramos. A 29 de marzo de 2026

 

ENTREGA Y CONFIANZA

Con la celebración del Domingo de Ramos iniciamos la Semana Santa. En la primera lectura, se evoca el tercer canto del Siervo del Señor: “El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes” (Is 50,47). Nos sorprende esa confianza en Dios que manifiesta un profeta que se sabe perseguido y condenado a muerte. 

El salmo responsorial recoge unas palabras que Jesús debió de recitar desde lo alto de la Cruz: “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”. No es este el lamento de un desesperado, puesto que más adelante el salmista confiesa que Dios ha escuchado su petición de auxilio (Sal 21,25). 

En el himno que aparece en la segunda lectura, san Pablo proclama que Dios exalta a Jesús y le da un nombre por encima de todo nombre (Flp 2,9).

 TRES ESCENARIOS

La alegría de la bendición de los ramos y de la procesión parece oscurecerse en la lectura de la pasión de Jesús según san Mateo. En ella se evocan al menos tres escenarios en los que se pone de manifiesto el abandono humano que ha de sufrir Jesús

• El primero de ellos es el palacio de los sumos sacerdotes. Allí Judas, uno de los discípulos elegidos por Jesús, negocia con los sacerdotes el precio que puede cobrar por entregarles a su Maestro (Mt 26,14-26).

• El segundo escenario es el salón en el que Jesús celebra la última cena junto con los Doce. Allí anuncia que uno de ellos lo va a entregar y, ante la pregunta de Judas, responde que efectivamente él será el traidor (Mt 26,25).

• El tercer lugar es Getsemaní. Mientras Jesús hace oración, lleno de tristeza y angustia, sus discípulos predilectos duermen profundamente. Además, cuando llegan los esbirros de los sumos sacerdotes y de los ancianos del pueblo, todos los discípulos lo abandonan y huyen (Mt 26,56).   

EL ABANDONO Y LA AYUDA

 El texto griego ha conservado la forma aramea de unas palabras que Jesús pronunció en la cruz: “Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?”, que se traduce como “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46). ¿Cómo entender ese lamento del Señor?

• Algunos pueden hoy identificarse con los que presenciaban la crucifixión de Jesús. El sonido de las palabras y el recuerdo de un profeta (Mal 3,23-24) les hicieron pensar que el Crucificado suplicaba la asistencia del profeta Elías.

• Otros muchos olvidan el itinerario que sigue el orante que pronuncia este salmo. La llamada de auxilio al Señor se trasforma en el mismo salmo en el fiel testimonio de la ayuda de Dios, en profesión de confianza y en anuncio de su gracia.

• También en este tiempo nuestro, son muchos los que piensan que Dios los ha abandonado, cuando en realidad están padeciendo el abandono de quienes debían mostrarles su cercanía y prestarles su apoyo.

- Señor Jesús, sabemos y creemos que tú te has entregado por nosotros y por nuestra salvación. Queremos estar junto a ti en el momento de tu entrega. Enséñanos tú a ponernos confiadamente en las manos de Dios y a tratar de ayudar a nuestros hermanos a pasar por el valle del dolor. Amén.

                                                                                 José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 28 de marzo de 2026

 

                                             

SIETE PALABRAS DESDE LA CRUZ

 

  No deberíamos olvidar las últimas palabras de Jesús. Pronunciadas desde la cátedra de la cruz, son su definitiva lección magistral.  

1.   “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”. Esa petición, tan llena de misericordia, es ignorada por los que no creen en Dios.   

Por nuestra aceptación ante esta palabra se deduce nuestra fidelidad al evangelio. Somos cristianos si ponemos amor donde había indiferencia y perdonamos cuando había ofensa.

2.  “Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso”. Los seguidores del Señor no vamos por la vida aferrados a la nostalgia de un pasado. Tampoco nos identificamos por una esperanza utópica.

Los cristianos no anhelamos tan solo un lugar placentero. Esperamos un encuentro. No aguardamos algo, esperamos al Señor. Solo su cercanía puede calmar nuestro anhelo.

3.   “Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre”. 

La Iglesia hace presente en el mundo el ejemplo de la vida y el mensaje de Jesús. Ella es la heredera de la ternura de María y de la fidelidad del discípulo predilecto.

Esta palabra de Jesús nos lleva a recordar nuestra deuda de amor a la Iglesia, nuestra Madre, testigo del martirio de Jesús, el Justo injustamente ajusticiado.

4. “¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?”, esto es: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”  

Esta palabra de Jesús parece un tanto escandalosa. Pero nos recuerda la oración que él había pronunciado en el Huerto de los Olivos.

Esta palabra de Jesús nos interpela sobre la calidad de nuestra oración. No podemos convertir la plegaria en un ejercicio de frivolidad o en un puro momento estético.

 5.   “Tengo sed”.

Jesús debió de sentir una sed física difícil de soportar. Junto a ese tormento físico, sentía una sed muy humana de comprensión y ayuda.

¿Tenemos nosotros presentes las necesidades de esas cuatro quintas partes de la humanidad que carecen de lo más elemental para  vivir una vida digna?

6.   “Todo esta cumplido”. Esa palabra de Jesús nos interpela a todos los que repetimos en la oración dominical: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”.

No es sincera nuestra plegaria si organizamos nuestra vida contra la voluntad que  Dios nos ha manifestado a través de la naturaleza, por medio de los profetas  y finalmente en la persona y el mensaje de Jesús.

7.   “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

  Jesús siempre ha anunciado la fidelidad de Dios. Ante el abandono de todos, incluidos sus discípulos más cercanos, Jesús confía en Dios, el Dios leal.

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Esa es nuestra oración en la vida y en la muerte. Esa es nuestra denuncia de los que matan con violencia y con la excusa de pretendidas compasiones.  

                                                                                  José-Román Flecha Andrés

lunes, 16 de marzo de 2026

DOMINGO 5º DE CUARESMA - A

EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 5º de Cuaresma. A 22 de marzo de 2026


                                    CREER EN LA RESURRECCIÓN

 “Yo soy la resurrección y la vida.

El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;

y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.

¿Crees esto?”

 

                                                                                           (Jn 11,21-27)

 

1.      La resurrección de Lázaro es el último de los “signos” que recoge el evangelio según Juan. ¿Cómo se nos revela Jesús en esta página evangélica?

2.      El apóstol Tomás parece que era el único que estaba decidido a seguir a Jesús hasta su muerte (Jn 11,16). ¿Qué nos dice a nosotros esa decisión?  

3.      Las hermanas de Lázaro lamentan que Jesús no haya acompañado a su amigo en la enfermedad. ¿Pensamos que Jesús está lejos de nosotros en el dolor? 

4.      Marta ya había aceptado la fe en la resurrección de los muertos. ¿Puede este dato reflejar ahora la fe de la gente más sencilla? 

5.      Ante la tumba de Lázaro Jesús se dirige confiadamente al Padre celestial (Jn 11,41-42). ¿Cómo orienta esa confianza nuestra oración?

6.      Caifás declara que “conviene que muera uno por el pueblo y que no perezca la nación entera” (Jn 11,50). ¿Por qué era profética esa declaración?

7.      ¿Qué puede significar para mi vida personal reconocer y anunciar que Jesús es la resurrección y la vida?

                                                                                            José-Román Flecha