lunes, 16 de marzo de 2026

DOMINGO 5º DE CUARESMA - A

EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 5º de Cuaresma. A 22 de marzo de 2026


                                    CREER EN LA RESURRECCIÓN

 “Yo soy la resurrección y la vida.

El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;

y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.

¿Crees esto?”

 

                                                                                           (Jn 11,21-27)

 

1.      La resurrección de Lázaro es el último de los “signos” que recoge el evangelio según Juan. ¿Cómo se nos revela Jesús en esta página evangélica?

2.      El apóstol Tomás parece que era el único que estaba decidido a seguir a Jesús hasta su muerte (Jn 11,16). ¿Qué nos dice a nosotros esa decisión?  

3.      Las hermanas de Lázaro lamentan que Jesús no haya acompañado a su amigo en la enfermedad. ¿Pensamos que Jesús está lejos de nosotros en el dolor? 

4.      Marta ya había aceptado la fe en la resurrección de los muertos. ¿Puede este dato reflejar ahora la fe de la gente más sencilla? 

5.      Ante la tumba de Lázaro Jesús se dirige confiadamente al Padre celestial (Jn 11,41-42). ¿Cómo orienta esa confianza nuestra oración?

6.      Caifás declara que “conviene que muera uno por el pueblo y que no perezca la nación entera” (Jn 11,50). ¿Por qué era profética esa declaración?

7.      ¿Qué puede significar para mi vida personal reconocer y anunciar que Jesús es la resurrección y la vida?

                                                                                            José-Román Flecha  

REFLEXIÓN - Domingo 5º de Cuaresma. A 22 de marzo de 2026

 

LÁZARO DE BETANIA 

 “Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel” (Ez 37,12).  Con estas palabras,  Ezequiel anunciaba de parte de Dios la promesa de rescatar a su pueblo de la deportación que sufría en Babilonia.   

Todavía no se había llegado a creer en la fe en la resurrección de los muertos. Pero las gentes pensaban que la intervención de Dios a favor de los oprimidos era ya una resurrección. La fe les decía que Dios es el Señor de la vida. Por eso podía infundir en ellos su espíritu para que vivieran de verdad y para siempre. 

El salmo responsorial evoca este poder de Dios sobre la historia y sobre la peripecia de cada persona: “Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”.

Escribiendo a los romanos, san Pablo considera lo que la resurrección de Cristo comporta para nosotros: “Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros” (Rom 8,11).

CREER EN LA RESURRECCIÓN

Durante tres domingos de cuaresma los relatos de Juan sobre el encuentro con la samaritana, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro ofrecen las imágenes del agua, de la luz y de la vida. Este ciclo de lecturas nos exhorta a meditar sobre el don de una existencia iluminada por el misterio pascual de Jesucristo.

Al llegar a la casa de su amigo Lázaro, muerto recientemente, Jesús mantiene con Marta un profundo diálogo. Marta sabe que Dios concederá a Jesús lo que le pida. Jesús le asegura que su hermano resucitará. Y ella confiesa una fe que se iba abriendo camino en el pueblo: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día” (Jn 11,24).

Ahí se inserta la gran revelación de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está muerto y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?” (Jn 11,25-26).

Esa es la pregunta definitiva, la que marca toda diferencia en el campo de las creencias. Pues bien, Marta cree que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el esperado.

Y SALIR DEL SEPULCRO

A continuación, Jesús pregunta por la sepultura de Lázaro. No se trata de una simple curiosidad. Sus lágrimas revelan a los presentes la sinceridad del afecto que profesaba a Lázaro.  Ante el sepulcro, Jesús ora a su Padre y llama a su amigo.

• “Lázaro, sal afuera” (Jn 11,43). Esa es la orden que el Señor de la vida grita con voz potente ante la entrada del lugar donde habían sepultado la esperanza.

• “Lázaro, sal afuera”. Esa es también la invitación que el Señor dedica a la Iglesia para que ella abandone su cansancio y somnolencia y pueda dar testimonio de la vida.  

• “Lázaro, sal afuera”. Ese es finalmente el imperativo que Jesús nos dirige a todos los que vamos arrastrando una existencia mortecina que no puede suscitar el entusiasmo.

- Señor Jesús, tú nos has dicho que nadie tiene amor tan grande como el que da la vida por los amigos. Sabemos que el dar la vida al amigo determinó que tus enemigos adelantaran la hora de tu muerte. También hoy, tú que eres el camino, la verdad y la vida, nos rescatas del sepulcro. Bendito seas, Señor. Amén

                                              José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 21 de marzo de 2026

 

DÍA DEL SEMINARIO

En torno a la fiesta de San José suele celebrarse el Día del Seminario. El lema de la campaña vocacional de este año 2026 ofrece una invitación muy sugerente: “Deja tus redes y sígueme”. Esas palabras recuerdan cómo Jesús llamó a unos pescadores del lago de Galilea, invitándoles a seguirlo por los caminos (Lc 5,11). ¿Es posible hoy esa vocación?

Hace poco, dirigiéndose a los sacerdotes de Roma, el papa León XIV subrayaba la necesidad de promover la cercanía a los jóvenes. Según él, es urgente tratar de “captar y leer el profundo malestar existencial que los habita, su desorientación, sus múltiples dificultades, así como los fenómenos que los envuelven en el mundo virtual y los síntomas de una preocupante agresividad que a veces desemboca en violencia”.

Es cierto que “no tenemos soluciones fáciles que nos aseguren resultados inmediatos, pero, en la medida de lo posible, podemos permanecer a la escucha de los jóvenes, hacernos presentes, acogerlos, compartir un poco de su vida”.  

Posteriormente el Papa ha recibido a los formadores y a los alumnos de cuatro seminarios de España. Les ha recordado que “el seminario es siempre un signo de esperanza para la Iglesia”. Y ha añadido que en la formación de los seminaristas es preciso “tener una mirada sobrenatural de la realidad”. 

En ese contexto, citaba una frase de Chesterton que puede aplicarse a la cultura contemporánea: “Quitad lo sobrenatural y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural”. Ahora bien, “lo antinatural no es solo lo escandaloso, basta con vivir prescindiendo de Dios en lo cotidiano, dejándolo al margen de los criterios y de las decisiones con los que se afronta la existencia”. 

Si esto es cierto para todo cristiano, lo es de un modo particular para “un seminarista o un sacerdote que habla de Dios con familiaridad, pero vive interiormente como si su presencia existiera solo en el plano de las palabras, y no en el espesor de la vida”.

Así pues, “tener una visión sobrenatural no significa huir de la realidad, sino aprender a reconocer la acción de Dios en lo concreto de cada jornada; una mirada que no se improvisa ni se delega, sino que se aprende y se ejercita en lo ordinario de la vida”.  

 Sin dar el nombre del autor, el Papa mencionó también la obra de teatro “Los árboles mueren de pie”, que Alejandro Casona publicó y estrenó allá por el año 1949. Y añadió que “la vida espiritual no da fruto por lo que se ve, sino por lo que está profundamente arraigado en Dios. Cuando esa raíz se descuida, todo acaba secándose por dentro, hasta que, silenciosamente, se termina por morir de pie”.

 Finalmente, el papa León XIV ha asegurado a los seminaristas que no caminan solos: Cristo los precede y los acompaña y la Iglesia entera los sostiene con su oración. Eso recordamos el día del Seminario.

                                                                                            José-Román Flecha Andrés

lunes, 9 de marzo de 2026

domingo 4º de Cuaresma A

EXAMEN DE CONCIENCIA- Domingo 4º de Cuaresma. A. 15 de marzo de 2026

 

LA PISCINA DE SILOÉ

Ve a lavarte a la piscina de Siloé

(que significa Enviado)

(Jn 9,7)

 

1.      ¿Qué factores concurren en esta sociedad para ocasionar en nosotros una severa ceguera moral y espiritual?

2.      ¿Si alguna persona llega a ver con claridad la situación en la que se encuentra, qué respuestas percibirá en quienes la rodean?

3.       ¿Hay también hoy algunos padres que no quieran asumir con responsabilidad lo que les ocurre a sus hijos?

4.      ¿Entre los relatos de curaciones de ciegos por parte de Jesús, qué lecciones nos enseña el que se sitúa en Jerusalén?

5.      ¿Aceptamos la exhortación a lavar nuestros ojos en las aguas del “Enviado” por Dios para reconocer su presencia en nuestra vida?

6.      ¿Estamos dispuestos a dar testimonio de la acción de Jesús en nuestra vida, aun sabiendo que puede causarnos dificultades?

7.      ¿Y yo confío personalmente en el Señor, que puede abrir mis ojos, para ver con su luz la realidad en la que me encuentro?

                                                                                           José-Román Flecha

REFLEXIÓN - Domingo 4º de Cuaresma. A 15 de marzo de 2026


DE LA CEGUERA A LA LUZ 

“Levántate y úngelo de parte del Señor, pues es este” (1 Sam 16,12). Samuel llegó un día hasta Belén y entró en la casa de Jesé. Dios lo había enviado para buscar y ungir al que había de ser el rey de su pueblo.

Fijándose tan solo en la apariencia de los muchachos, el profeta hubiera elegido a cualquiera de los hijos de Jesé. Pero el proyecto de Dios se centraba precisamente en David, el menor de los hermanos,  que se encontraba en el campo, pastoreando el rebaño.

No deberíamos ignorar esa mención del pastoreo. Con razón, el salmo responsorial nos invita hoy a cantar un salmo conocido: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 22,1).

En la carta a los Efesios, se nos recuerda que, gracias a la elección misericordiosa de Dios, los que antes éramos tan solo tinieblas, ahora hemos llegado a ser luz y, por tanto, estamos llamados a vivir como hijos de la luz (Ef 5,8-14).

TRES REFLEXIONES

En Jerusalén, Jesús encuentra a un ciego de nacimiento y realiza un gesto sorprendente. Con su saliva y la tierra,  hace un poco de barro y le unge los ojos (Jn 9,1-38). Este relato, propio del evangelio de Juan  sugiere al menos tres reflexiones:

• En primer lugar, observamos que la misericordia divina sale al encuentro de la debilidad humana. De Jesús parte la iniciativa de acercarse al ciego de Jerusalén. Nadie le pidió que interviniera para dar la luz a aquel hombre ciego.

• Jesús unge al ciego con una mezcla de saliva y de tierra. Nuestra fe nos enseña que nuestra salvación es fruto de la unión de lo divino que hay en Jesús con lo humano de esta tierra de la que hemos sido formados.

• Tras ungir los ojos del ciego, Jesús lo envía a lavarse al estanque de Siloé, que significa “el Enviado”.  Ese nombre se refería tan solo al “canal” de las aguas, pero el evangelio de Juan sugiere que el Enviado es Jesús, que nos libra de  nuestra ceguera.

Como el ciego de nacimiento, nosotros recuperamos la visión si lavamos nuestros ojos en las aguas de “el Enviado”. Solo él nos da la luz para que podamos ver con claridad.

 CUATRO REACCIONES

La curación del ciego de Jerusalén suscita al menos cuatro reacciones diferentes. Sin duda, reflejan las diversas posturas de hoy ante el Señor de la luz.

• Las gentes de Jerusalén se sienten interpeladas por la curación del ciego. Dicen y repiten que no puede ser un pecador quien ha realizado un signo tan admirable.

• Los fariseos critican a Jesús por haber realizado esta curación en sábado. Su fidelidad a la ley no les permite aceptar al Señor de la ley. Según ellos, Jesús no puede venir de Dios. 

• Los padres del ciego guardan silencio, porque si aceptan a Jesús como Mesías quedarán excluidos de la sinagoga. El miedo les impide dar testimonio de la verdad.

• El que había sido ciego reconoce a Jesús como profeta. Se abre a sus preguntas y profesa su fe en el Hijo del hombre. Su actitud es un resumen del camino del creyente.

- Señor Jesús, cuando caminamos en la oscuridad, solo tú puedes abrir nuestros ojos a tu luz. Sabemos que tu misericordia se sirve siempre del barro de nuestra miseria para librarnos de nuestra ceguera. Ayúdanos a superar el miedo a las presiones que padecemos, a aceptarte como nuestro Señor y Salvador y a profesar nuestra fe con valentía. Amén.

                                                                            José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 14 de marzo de 2026


UN VÍA CRUCIS PARA HOY

1.Durante la Jornada Mundial de la Juventud que se celebró en Panamá en el año 2019, el papa Francisco dirigió a los jóvenes una preciosa meditación con la invitación a seguir a Jesús por el camino de la cruz. 

Ese camino de sufrimiento y soledad continúa en nuestros días, puesto que Jesús camina y padece en quienes sufren la indiferencia de esta “sociedad que consume y se consume, que ignora y se ignora en el dolor de sus hermanos”.

2. Según el papa Francisco, el Vía crucis se prolonga hoy en muchas situaciones y personas que él ha evocado en una especie de decálogo del dolor:

• “Se prolonga en el grito de los niños a quienes se les impide nacer o se les niega el derecho a tener infancia, familia, educación; en los niños que no pueden jugar, cantar, soñar.

• Se prolonga en las mujeres maltratadas, explotadas, abandonadas y despojadas de su dignidad y en los ojos tristes de los jóvenes que ven arrebatadas sus esperanzas de futuro por la falta de educación y de trabajo digno.

• Se prolonga en la angustia de los jóvenes amigos nuestros que caen en las redes de gente sin escrúpulos, redes de explotación, de criminalidad y de abuso.

• Se prolonga en tantos jóvenes que, absorbidos en una espiral de muerte a causa de la droga, el alcohol, la prostitución y la trata, quedan privados no solo de futuro, sino de presente. 

• Se prolonga en jóvenes que perdieron la capacidad de soñar, de crear, inventar el mañana y se “jubilan” con el sinsabor de la resignación y el conformismo.

• Se prolonga en el dolor de quienes, en vez de solidaridad encuentran rechazo, dolor y miseria, y además son señalados y tratados como los responsables de todo el mal social.

• Se prolonga en la resignada soledad de los ancianos, que dejamos abandonados y descartados.

• Se prolonga en los pueblos originarios, a quienes se despoja de sus tierras, sus raíces y cultura, silenciando y apagando toda la sabiduría que tienen y nos pueden aportar.

• Se prolonga en el grito de nuestra madre tierra, herida por la contaminación de sus cielos, por la esterilidad en sus campos, por la suciedad de sus aguas, y pisoteada por un consumo enloquecido.

• Se prolonga en una sociedad que perdió la capacidad de llorar y conmoverse ante el dolor”.

3. Ante este panorama de dolores y desprecios, de frustración y de fracaso, el Papa preguntaba cómo reaccionamos ante Jesús que sufre, camina, emigra en el rostro de tantos hermanos nuestros que pretendemos ignorar.

Esa pregunta, dirigida en principio a los jóvenes es un buen esquema para  nuestro Vía crucis.

En realidad, debería orientar nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestros propósitos. Pero nos interpela especialmente cuando conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Jesús, nuestro amigo y hermano, nuestro Señor y  Redentor.

                                                                                    José-Román Flecha Andrés

 

martes, 3 de marzo de 2026

EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 3º de Cuaresma. A. 8 de marzo de 2026

  

LA SED Y EL AGUA

Si conocieras el don de Dios

y quién es el que te dice “dame de beber”,

tú le pedirías, y él te daría agua viva

(Jn 4,10) 

1. Se dice que las guerras del futuro tendrán por motivo el dominio del agua. ¿Es verdad que se ha desencadenado ya una pugna por comercializar el agua?

2. Al atravesar el desierto, los hebreos padecieron la sed, pero Dios les dio el agua que brotó de la roca. ¿Con qué tratamos nosotros de calmar nuestra sed?

3. Según los evangelios sinópticos, en el desierto Jesús sintió hambre. Según Juan, en Samaría Jesús sintió sed. ¿Qué nos dicen hoy esos detalles?

4. ¿En algún momento nos sentimos nosotros identificados con la Samaritana, que llega al pozo de Jacob a buscar agua y se encuentra con Jesús?

5. ¿En qué aspectos se puede decir que el diálogo de Jesús con la Samaritana parece un resumen de la catequesis cristiana?

6. ¿Este relato sobre la sed y sobre el agua tendrá algo que ver con el bautismo de los catecúmenos que se celebrará en la próxima fiesta de Pascua?

7. El papa Francisco dijo que en este tiempo de desierto necesitamos ofrecer el cántaro con el agua del evangelio. ¿He asumido yo esa misión?

                                                                                            José-Román Flecha

REFLEXIÓN - Domingo 3º de Cuaresma. A 8 de marzo de 2026

 

EL AGUA QUE DA VIDA

 “Golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”.  Así responde Dios a las murmuraciones de su pueblo, torturado por la sed (Éx 17,3-7). En lugar de seguir al Dios del futuro, el pueblo añora a los dioses del pasado.

Tras haber recordado a Adán y a Abraham, la liturgia nos presenta la figura de Moisés. No es él quien consigue el agua, pero su obediencia a Dios contribuye a calmar la sed de los que peregrinan. Y alcanza el perdón divino sobre la blasfemia humana.

Con toda razón, el salmo responsorial nos repite un oráculo de salvación: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón” (Sal 94).

San Pablo, por su parte, nos recuerda que “la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,4). El amor de Dios es el agua que nos da vida y Jesucristo es el nuevo Moisés que abre para nosotros ese manantial de gracia y de esperanza. 

EL SÉPTIMO HOMBRE

El agua anuncia el bautismo de los catecúmenos que se celebrará en la fiesta de la Pascua. Si Elías pidió de comer a una mujer pagana, Jesús pide de beber a una mujer considerada como pecadora. El verdadero profeta se presenta siempre como un indigente.

Aquella mujer de Samaría llega a sacar agua del antiguo pozo de Jacob. Ella evoca el pasado de su pueblo, pero Jesús la invita a imaginar un futuro insospechado: “Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice ‘dame de beber’, tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Jn 4,10).  Al oír a ese judío, la mujer le pide esa agua que da vida.

Por la vida de esta mujer han pasado ya seis hombres. Ninguno le ha traído la paz y la felicidad. Jesús es el séptimo hombre que llega a su vida. Ese es un número de perfección. El séptimo hombre es el enviado por Dios. Ya no es solo un judío. Se revela como un profeta. La mujer descubre que es el Mesías. El Salvador de todos los hombres.  

EL CÁNTARO DE LA MUJER

En el centro de este diálogo evangélico, se revela Jesús como un profeta. Él es el Mesías que ha sido esperado durante siglos. De su boca brota una promesa sorprendente: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.

• “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed”. Así era y así es. Todos nos hemos acercado a pozos engañosos y no hemos podido calmar nuestra sed de felicidad.

• “El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor”. Todos hemos buscado satisfacción en el exterior, olvidando que el manantial está en nuestro interior.

• “Un agua que salta hasta la vida eterna”. Todos nosotros limitamos nuestros deseos a lo efímero y caduco, cuando el Señor nos abre a un horizonte de eternidad.

Los hermanos ortodoxos atribuyen a la samaritana el nombre de Santa Fotina, es decir, la Iluminada. El cántaro que ella dejó junto al pozo está a disposición de los que han de llevar a sus hermanos el agua de la fe y de la esperanza.

- Señor Jesús, tú comienzas tu vida pública junto a un pozo, pidiendo de beber a una  mujer, y la culminas en la cruz revelándonos tu sed. Danos tu agua y envíanos a ofrecerla generosamente a todos los que cruzan sedientos los desiertos de la vida.  Amén.                                 

                                                                                          José-Román Flecha Andrés

 

CADA DÍA SU AFÁN - 7 de marzo de 2026


UN SALMO PARA GOBERNANTES 

El salmo 101 suele atribuirse a David. Sería la declaración de un rey que se compromete  ante Dios a seguir un camino recto, de acuerdo con lo prescrito por la ley del Señor. Pero el salmo puede ser también leído como un código ético, válido para gobernantes creyentes y no creyentes.

El comienzo del salmo indica que la bondad y la justicia de Dios son el fundamento  y la medida de la bondad y la justicia. Antes de ser una tarea confiada a la responsabilidad humana, estas virtudes son un don de Dios. Por eso merecen la alabanza del salmista: “Voy a cantar la bondad y la justicia, para ti es mi música, Señor” (Sal 101,1).

La nostalgia de Dios da fuerzas al gobernante para explicar el camino perfecto: “Andaré  con rectitud de corazón  dentro de mi casa; no pondré mis ojos en intenciones viles” (Sal 101,2-3).

En realidad, el salmo expone la grandeza de una conciencia moral, que ha de afrontar el riesgo de tomar decisiones públicas, que no siempre responden a lo políticamente correcto. Como ya denunciaba el profeta Isaías, antes como ahora, son muchos los que al bien llaman mal y al mal lo presentan  como el bien (Is 5,20).

El salmo 101 incluye un propósito de comportamiento que nunca pasará inadvertido en una sociedad que favorece la corrupción: “Aborrezco al que obra mal, no se juntará conmigo; lejos de mí el corazón torcido, no aprobaré al malvado” (Sal 101,3-4).

Evidentemente, no basta la conversión personal sino que es preciso promover la reforma de las estructuras. Si toda persona ha de practicar la corrección fraterna, el gobernante ha de frenar la calumnia y la arrogancia. Tal es el propósito del rey evocado en este salmo: “Al que en secreto difama a su prójimo lo haré callar; ojos engreídos, corazones arrogantes no los soportaré” (Sal 101,5).

Después de manifestar su propósito de rechazar la maldad, este gobernante expresa su deseo de estimar los valores morales, de favorecer una sana conciencia social y de rodearse de buenos y honrados consejeros: “Pongo mis ojos en los que son leales, ellos vivirán conmigo; el que sigue un camino perfecto, ese  me servirá” (Sal 101,6). 

Además, incluye en su programa de gobierno la promesa de excluir de su entorno a los malvados. Ni los corruptos ni los mentirosos formarán parte de su corte o del grupo de sus consejeros. Así suena su compromiso político: “No habitará en mi casa quien comete fraudes; el que dice mentiras no durará en  mi presencia” (Sal 101,7). 

Según este salmo, la política es un ejercicio de fidelidad diaria a los grandes ideales morales. El rey ha iniciado su declaración recordando la bondad y la justicia de Dios. Sus propósitos podrían ser incluidos en un programa laico de gobierno, válido para todos los pueblos y todos los gobernantes.

                                                                       José-Román Flecha Andrés

martes, 24 de febrero de 2026

EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 2º de Cuaresma. A. 1 de marzo de 2026

 

EL SECRETO DE LA VISIÓN


No contéis a nadie la visión hasta

que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”

(Mt 17,9)  

1.      Dicen que es difícil mantener un secreto cuando son varias las personas que lo conocen. ¿Por qué será?

2.      El evangelio presenta a tres apóstoles como testigos de la transfiguración de Jesús. ¿Qué podía comportar para ellos esa visión?

3.      Jesús pretende mantener en secreto el misterio de su transfiguración. ¿Qué razones pueden aducirse para esa decisión?

4.      De todas formas, ¿por qué Jesús trata de vincular el secreto de su transfiguración con el acontecimiento de su resurrección?

5.      Si la Iglesia es el cuerpo de Cristo, ¿puede decirse que también ella alcanza el momento de su transfiguración?

6.      En ese caso, ¿qué significa para los creyentes esa transfiguración de la Iglesia y qué comporta para su vida?

7.      ¿He aprendido yo a valorar como se debe los momentos en los que he podido contemplar la gloria del Señor?

                                                                              José-Román Flecha

REFLEXIÓN - Domingo 2º de Cuaresma. A 1 de marzo de 2026

 

LA NUBE Y LA VOZ

En su constitución sobre la Liturgia, el Concilio Vaticano II dice que, mediante la escucha de la Palabra de Dios y la oración, el tiempo cuaresmal prepara a los fieles a celebrar el misterio pascual (SC 109). Como ha escrito León XIV en su mensaje para la cuaresma de este año, en este tiempo hemos de escuchar con atención la Palabra del Señor.

La primera lectura de estos domingos de cuaresma nos va recordando a los grandes testigos de la Primera Alianza. Si el primer domingo nos presentaba la figura de Adán, en este segundo domingo se evoca al patriarca Abram. En Ur de Caldea, él y su familia adoraban a los dioses de aquellas tierras regadas por el río Éufrates. Pero un día sintió la llamada de un Dios desconocido que lo invitaba a salir de su tierra (Gén 12,1-14).

Nosotros no podemos decidir el momento ni el modo de nuestra salvación. Dios tiene la iniciativa y la realización. Solo él es quien puede salvarnos del mal y del pecado y suscitar en nosotros la esperanza.  

Con razón podemos repetir confiadamente las palabras del salmo responsorial: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti” (Sal 32,22).

San Pablo indica a Timoteo que Dios se ha adelantado a nuestra petición, al enviarnos a Jesucristo para destruir la muerte y sacar a la luz la vida inmortal (2 Tim 1,10).

 LA HORA DE VER

El evangelio de este segundo domingo de Cuaresma nos recuerda que la transfiguración de Jesús anuncia el misterio de su muerte y su resurrección. Pedro, Santiago y Juan subieron con él a lo alto de una montaña. Allí vieron que su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvían blancos como la nieve (Mt 17,1-8).

Pudieron ver que Jesús aparecía envuelto por una nube. Como se sabe, la nube habitualmente refleja la soberanía, la trascendencia y, al mismo tiempo, la cercanía de Dios. En este caso, evocaba aquella otra nube que acompañaba al pueblo de Israel en su peregrinaje por el desierto (Éx 14,21-22; 40,36-38).

Los Apóstoles vieron además que Moisés y Elías conversaban con Jesús. El representante de la Ley y aquel gran profeta de Israel habían llegado al monte para dar testimonio de la identidad y de la  misión del Maestro.

Y LA HORA DE OÍR

En el relato de la Transfiguración de Jesús se recoge la voz que desciende de la nube, es decir, desde el ámbito de lo divino: “Este es mi Hijo, el amado, el elegido: escuchadlo”. Cada una de estas palabras encierra una enseñanza fundamental:

“Este es mi Hijo”. Dios no es algo extraño a la experiencia de los hombres. Tampoco es una idea ni un anhelo insatisfecho.  Es el Padre que reconoce a Jesús como hijo.

• “El amado”. Los seres humanos han temido muchas veces a los dioses. Los dioses falsos tienen boca pero no hablan. Pero el Padre de Jesús es un Dios que siente y ama.

• “El elegido”. Jesús no fue menos humano por saberse elegido por Dios. Por el hecho de reconocer a Dios como Dios, el ser humano no pierde su categoría y su dignidad.

• “Escuchadlo”. En Jesús y por Jesús nos llega el mensaje de Dios. Podemos confiar en él.  Dios está con él, lo apoya y garantiza su misión y la verdad de su mensaje.

- Señor Jesús, tú nos revelas el amor de un Dios al que podemos reconocer como nuestro Padre. Como los Apóstoles, queremos escuchar esa voz de los cielos que te presenta como nuestro Salvador. Creemos que tu palabra puede orientar nuestra vida con el resplandor de su luz. Por todo ello te damos gracias, Señor.

                                                                                José-Román Flecha Andrés

 

-CADA DÍA SU AFÁN - 28 de febrero 2026

TRES PALABRAS PARA LA CUARESMA 

 En su mensaje para la cuaresma, el papa León XIV expresa el deseo de que nuestra fe recobre su impulso para que “el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”. Por ello, sugiere tres palabras para ayudarnos a recorrer con Cristo el camino que sube a Jerusalén, “donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección”. 1. La primera palabra es “escuchar”. Dios dijo a Moisés que había escuchado los gritos de dolor de los israelitas, que vivían oprimidos en Egipto. La escucha de la Palabra de Dios en la liturgia no nos aliena, sino que “nos hace capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta”. Hay que escuchar como Dios escucha. “El grito de los pobres interpela nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”. 2. La segunda palabra es “ayunar”. La abstinencia de alimentos ha de mantener despierta el hambre y la sed de justicia, superando la resignación, para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo. El ayuno nos permite disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre. Y nos lleva a también expandirlo, de modo que el deseo se dirija a Dios y se oriente hacia el bien. Para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación del orgullo, debe vivirse con fe y con humildad. Además, el ayuno debe incluir otras formas de privación para que podamos adquirir un estilo de vida más sobrio. De hecho, el Papa nos exhorta a “desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias”. Pasando a un campo más positivo, nos invita a “medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas”. 3. En tercer lugar, el Papa nos propone la palabra “juntos”. Según él, “la conversión no solo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”. Por tanto, que la Cuaresma haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Que el ayuno alcance a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y que nuestras comunidades acojan el grito de todos los que sufren. Así podremos contribuir a edificar la civilización del amor, como ya nos lo proponía el papa Pablo VI.
                                                                             José-Román Flecha Andrés