EL CÁNTARO
martes, 21 de julio de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 17 del Tiempo Ordinario. A 26 de julio de 2026 -
EL TESORO ESCONDIDO
“El
reino de los cielos
se
parece a un tesoro escondido en el campo”
(Mt 13,44)
1. En esta cultura que se considera como “líquida”,
es urgente hacernos una pregunta como esta: ¿Alguien considera el reino de Dios
como un tesoro escondido?
2. ¿Por qué causa tanto asombro que un
hombre conocido en todo el mundo no se avergüence de manifestar públicamente su
fe?
3. ¿Hay todavía algunas personas que están
dispuestas a dejar lo que consideran sus bienes para poder adquirir el tesoro
que han encontrado?
4. Haciendo nuestra la oración que Jesús
enseñó a sus discípulos, pedimos al Padre que venga a nosotros su reino. ¿Qué
nos exige esa venida que decimos esperar?
5. Si hemos tenido la suerte, o mejor la
gracia de descubrir el reino de Dios y su valor, ¿de qué deberíamos
desprendernos para gozar de él?
6. ¿Cómo podrían cambiar nuestras
estructuras políticas, sociales y eclesiásticas si de verdad descubriéramos la
grandeza y el valor del reino de Dios?
7. ¿Me pregunto personalmente qué aficiones
o tareas tendré que dejar para conseguir gozar de la presencia del reino de
Dios?
REFLEXIÓN - Domingo 17 del Tiempo Ordinario, A. 26 de julio de 2026
LA DECISIÓN ACERTADA
“Da
a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal
del bien”. Así oraba Salomón al comenzar su reinado (1 Reyes 3,5.7-12). No
pedía a Dios una larga vida o muchas riquezas, Salomón solo pedía “discernimiento para escuchar y gobernar”.
Aceptar
la voluntad de Dios y vivir de acuerdo con sus mandamientos nos daría sabiduría
y orientación en estos tiempos en los que todos los días se repite que “todo
vale”.
Deberíamos
revisar nuestras prioridades y manifestarlas con valentía. Para ello, podemos hacer
nuestra la confesión del salmo responsorial: “Señor, más estimo yo los
preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata” (Salmo 118,72).
A pesar de nuestra tibieza, hoy queremos repetir con fe las palabras que san Pablo escribe a los romanos: “A los que aman a Dios, todo les sirve para el bien” (Rom 8,28).
EL TESORO Y LA PERL
En
el evangelio que se proclama en este domingo (Mt 13,44-52) se recuerdan
tres parábolas de Jesús sobre el Reino
de Dios.
•
En la primera, el reino de Dios, se
presenta como un tesoro que un labrador encuentra en el campo. Puesto que el
tesoro encontrado por azar tiene un valor inmenso, la decisión más justa es
vender lo que se posee para comprar aquel campo.
•
En la segunda parábola el reino de los cielos, o Reino de Dios, se presenta
como una perla que encuentra un comerciante, que la ha buscado durante años.
También él cree que debe desprenderse de sus bienes para conseguir algo que
vale mucho más.
Es
evidente que hay que tener la lucidez para descubrir lo que realmente vale y la
decisión para desprenderse de lo que vale menos. Esa es la verdadera sabiduría:
la que nos lleva a tomar en cada momento la decisión acertada.
Con razón escribió san Pablo VI, en su exhortación sobre el anuncio del Evangelio (8.12.1975), que el Reino de Dios hace que todo lo demás se convierta en “lo demás”. De todo se puede prescindir menos de la grandeza y la gracia de acoger a Dios como Señor.
LA RED Y LOS PECES
Además,
el evangelio nos propone una tercera parábola. El reino de los cielos se
identifica con la red que los pescadores echan en el mar, esperando recoger toda clase de peces, buenos y menos
buenos. También esta imagen encierra algunos desafíos.
•
El Reino de Dios nos pide una mirada universal. No podemos encerrarnos en
nuestros límites. Tenemos que abrirnos a todos los hombres y mujeres, de
cualquier clase y condición. Todos somos invitados a reconocer a Dios como
Señor y como guía de nuestra existencia.
•
El Reino de Dios exige un cuidadoso discernimiento. No todos los peces que
quedan prendidos en la red tienen el mismo valor en el mercado. Es verdad que
el bien y el mal conviven en nuestra vida. Pero no se pueden identificar a la
ligera.
•
El Reino de Dios comporta una actitud de humilde esperanza. Con frecuencia juzgamos
las actitudes de los demás. Pero
nuestros juicios no siempre son acertados y respetuosos. La verdadera
valoración del bien y del mal corresponde a los ángeles de Dios.
- Señor Dios, que tu Espíritu nos ayude a desprendernos de lo que solemos considerar como valioso para gozar de lo que realmente tiene valor. Que él nos conceda la esperanza de los pescadores que arrojan la red en las aguas del mar. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 25 de julio de 2026
LA SOLEDAD DE
LOS ANCIANOS
El día 26 de julio, fiesta de los
santos, Joaquín y Ana, se celebra la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas
Mayores. Con este motivo, el papa León XIV ha publicado un mensaje titulado con
unas palabras que el libro de Isaías pone en la boca de Dios: “Yo no te
olvidaré” (Is 49,15). He aquí algunas de las ideas principales:
1.La
dolorosa sensación de ser olvidados es común en muchas personas, especialmente
entre los mayores.
2.Hoy
“sobre la vida de muchos mayores parece haberse extendido un velo que difumina
los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido”. Eso ocurre en las casas
donde reina la soledad y en las instituciones donde la persona es reducida al
número de su cama.
3.Es
preciso visitar a los abuelos, a los mayores de la familia y a aquellos que no
reciben ninguna visita, de forma que se produzca un tierno y afectuoso
encuentro.
4.Sin
embargo, en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de
Dios.
5.Recordando
su reciente encíclica, el Papa afirma que “la cultura digital multiplica las
conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; pero el corazón humano
conserva una necesidad irrenunciable de proximidad”.
6.A
veces se ve a los mayores como un peso. Muchos ancianos son abandonados por los
hijos que se ven obligados a migrar o a combatir en la guerra.
7.Como
dijo el beato Juan Pablo I, “Dios tiene siempre abiertos
los ojos sobre nosotros, incluso cuando parece que es de noche. Es padre; más
aún, es madre”.
8.Según
san Agustín, Dios “es madre porque calienta, porque nutre, porque amamanta,
porque custodia”. Nunca es tarde para comenzar a dirigirse a él.
9.Por
ser mayores no dejamos de ser hijos e hijas de Dios. Por eso sigue siendo
válida la invitación a volver a los brazos de Dios. Su amor es paternal y
maternal a la vez.
10.Hoy
muchos descubren la ternura de Dios en el último tramo de la vida. Es posible
hacerse mayores sin haber tenido una experiencia real de fe. Pero la edad
avanzada puede convertirse en el tiempo oportuno para iniciar o retomar una
vida espiritual.
11.Cuando
se acepta, la fragilidad abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de
Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la
reconciliación de los corazones y la paz verdadera.
12.Es
verdad que en la ancianidad somos “frágiles”, pero somos también “llamados”. Para
garantizar la convivencia humana, no valen la arrogancia y el poder, sino la
reconciliación y la paz verdadera.
Finalmente,
el Papa exhorta a los mayores a orar por la paz, les agradece que oren por él y
les desea que el Señor los renueve siempre en la fe, en la esperanza y en la
caridad. Porque él nunca se olvida de los mayores.
miércoles, 15 de julio de 2026
lunes, 13 de julio de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA -Domingo 16 del Tiempo Ordinario. A 19 de julio de 2026
LA HORA DE LA SIEGA
“Dejadlos crecer juntos hasta la siega”
(Mt 13,30)
1.
Algunos no toleran a las personas
que les parecen diferentes. ¿A qué se
debe esa intransigencia de los que excluyen a los que no comparten sus
ideas?
2.
En toda comunidad conviven
personas que aman el bien con otras que parecen decididas a hacer siempre el
mal. ¿Qué se puede hacer en esos casos?
3.
Siempre hay personas que critican
las diferencias de juicio y de conducta ¿Es evangélico promover una comunidad
reservada solamente a los perfectos?
4.
¿Ante los que parecen decididos a
ir por el camino del mal es preferible la exclusión o se debe hacer un
discernimiento y promover el ejercicio del diálogo?
5.
¿Nosotros nos vemos representados
por la imagen del trigo o de la cizaña?
¿Y a qué consecuencias nos lleva esa posible identificación?
6.
¿Juzgamos a todo el mundo o aceptamos
que el juicio final sobre el trigo y la cizaña está reservado al Señor y dueño
del sembrado?
7.
Conociendo mis defectos y aun mis
pecados, ¿aguardo yo la hora de la siega, esperando que Dios me juzgue con
misericordia?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN . Domingo 16º del Tiempo Ordinario. A - 19 de julio de 2026
“Tú,
dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia,
porque haces uso de tu poder cuando quieres” (Sab 12,18). Los poderosos de este
mundo no son moderados e indulgentes con los que no los apoyan. Muchos prometen
hacer justicia, pero la acomodan a sus
propios intereses.
Pero,
el poder de Dios se manifiesta precisamente en su misericordia. Dios nos ofrece la esperanza de ser
perdonados. Y nos enseña que quien trata de ser justo debe ser humano con
relación a los demás.
Con
el salmo responsorial proclamamos hoy esa cualidad divina que deseamos y
pedimos para nosotros: “Tú, Señor, eres bueno y clemente” (Sal 85).
Nos da confianza leer lo que san Pablo escribe a los romanos: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos pedir lo que nos conviene” (Rom 8,26).
LUZ Y OSCURIDAD
El texto
evangélico
que hoy se proclama refleja el ámbito agrícola con un mensaje sobre la siembra
y la cosecha (Mt 13,24-43). De nuevo pone en
boca de Jesús una parábola y a continuación le atribuye una alegoría.
• La parábola
refleja la paciencia de Dios. Él es el sembrador de la buena semilla. Trabaja a
plena luz del día y permanece cerca de su
campo. Pero hay un enemigo que actúa en la oscuridad, sembrando
en el campo una mala semilla. Los obreros se muestran preocupados y parecen tener
prisa por arrancar la cizaña, pero el dueño da muestra de su paciencia y los exhorta a esperar hasta el tiempo de la siega.
• La explicación que ofrece Jesús es una alegoría. Los protagonistas son el Hijo del hombre que siembra el buen trigo y el diablo que siembra la cizaña. El trigo son los ciudadanos del Reino de Dios y la cizaña representa a los partidarios del maligno. A la hora de la siega, el trigo será recogido en los graneros y la cizaña será arrojada al fuego. Y eso es lo que sucederá con los malvados, nacidos de la semilla sembrada por el maligno.
EL BRILLO DEL SOL
La alegoría se
refiere especialmente a los justos, que son representados
por el trigo. Ellos son los que han nacido de la buena semilla sembrada por el
mismo Señor. La promesa que se refiere a ellos contiene tres palabras sobre las hemos de fijar nuestra atención.
• “Los justos
brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En primer lugar, el texto
menciona a los justos. Es una alegría saber que
los que han nacido de la iniciativa y de la semilla sembrada por el Hijo del
hombre son reconocidos y calificados como “justos”.
• “Los justos
brillarán como el sol en el reino de su Padre”.
En segundo lugar, se alude a la
luz del sol. De hecho, se recuerda que la buena semilla fue sembrada a pleno
día. Y se anuncia que los justos alcanzarán un futuro tan brillante como el sol.
• “Los justos
brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En tercer lugar, se menciona al
Padre celestial. La buena semilla son todos “los
ciudadanos del reino”. Su destino y la plenitud de su vocación se sitúa
precisamente en el reino de su Padre.
- Señor Jesús,
tú sabes que vivimos en un mundo en el que parece que
alguien ha sembrado la cizaña. Es verdad que también conocemos a buenos sembradores. Hoy te rogamos que nos libres de la cizaña que en la noche siembra el Maligno, para que
podamos
dar en abundancia la cosecha de trigo que con paciencia tú esperas
de nosotros. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 18 DE JULIO DE 2026
TRES VALORES PARA LA
CONVIVENCIA
Los Estados Unidos de Norteamérica están
celebrando en este mes de julio el 250.º aniversario de la
firma de la Declaración de Independencia. Aquel famoso documento reflejaba una
convicción que incluía la aceptación y promoción de los “ideales de libertad,
igualdad, la búsqueda de la felicidad, la justicia y el autogobierno
democrático”.
Así lo ha recordado el papa León XIV en la carta
que les ha enviado, para exhortarles a recordar algunos de los principios que
sustentaban aquella declaración y que han de orientar la responsabilidad de
este momento.
1.En primer lugar se ha referido a la libertad
religiosa, es decir al “derecho de toda persona a rendir culto según su
conciencia y a practicar su fe abiertamente, sin coacción ni temor”. Según él, la libertad religiosa defiende y
alienta tanto la dignidad individual como la coexistencia pacífica de un pueblo
que evidentemente es plural y muy diverso.
Es muy
oportuno subrayar que “la fe, lejos de oponerse a las responsabilidades de la
ciudadanía, infunde nuevo vigor a la búsqueda de la justicia, la paz y el bien
común, llevando a la perfección cada don natural otorgado por el Creador”.
2. Además, el Papa ha recordado la dignidad
otorgada por Dios a toda vida humana. Cada persona está dotada de un valor
intrínseco que exige respeto, protección y cuidado.
La dignidad de la persona lleva a “reconocer la
importancia de salvaguardar la vida humana desde su inicio, en la concepción,
hasta la muerte natural, y de construir una sociedad en la que a los
vulnerables, a los que sufren y a los olvidados se les trate siempre con
compasión, solidaridad y amor”.
3. Por otra parte, “la defensa de la vida humana
también incluye acoger, proteger y ayudar a los inmigrantes, cuyas esperanzas,
sacrificios y contribuciones han formado parte de la historia de este país
desde sus inicios”.
Ellos han contribuido en el pasado y contribuyen hoy
día a crear y mantener el país. “Recibirlos con compasión y generosidad no es
solo un acto de caridad, sino también un reconocimiento de la dignidad que
pertenece a toda persona humana”.
Citando su encíclica Magnifica Humanitas, el papa León XIV añade que “construir un mundo en el que todos
puedan florecer exige una corresponsabilidad valiente. Ninguna mano, por sí sola,
basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo”.
Y añade: “Nos necesitamos unos a otros, y debemos
trabajar juntos en unidad para enfrentar los desafíos que el mundo enfrenta hoy”.
Estos valores que recuerda, tan necesarios para la convivencia, no dependen de las leyes de un país, sino que se fundamentan en la dignidad de cada persona, sea cual sea su origen o su residencia, su edad o su condición social.
José-Román Flecha Andrés
lunes, 6 de julio de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 15 del Tiempo Ordinario. A 12 de julio de 2026
LOS SABIOS Y LOS POBRES
“Te
doy gracias Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque
has escondido estas cosas a los sabios y entendidos
y se las has revelado a los pequeños”
(Mt 11,25)
1.
Muchas personas dicen que les resulta
difícil orar. ¿Nos enseña algo Jesús con esta sencilla oración?
2.
En nuestras oraciones solemos pedir
favores y ayudas a Dios. ¿Por qué son tan poco frecuentes las oraciones de
acción de gracias?
3.
¿Qué cosas puede haber escondido el
Padre celestial a los que se consideran como los más sabios y entendidos?
4.
¿Por qué piensa Jesús que Dios ha
revelado sus misterios a los más pequeños y sencillos de este mundo?
5.
¿Nos hemos preguntado alguna vez cuáles
pueden ser esos misterios que el Padre celestial ha revelado a las gentes más
humildes?
6.
¿Recordamos y agradecemos las lecciones
y los testimonios que hemos recibido de las personas más sencillas y
marginadas?
7. ¿Estoy yo dispuesto a escuchar las enseñanzas que recibo de los pobres de nuestra sociedad?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN - Domingo 15 del tiempo ordinario. A 12 de julio de 2026
LA SIEMBRA Y LA COSECHA
“Como
bajan la lluvia y la nieve desde el cielo y no vuelven allá sino después de
empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al
sembrador y pan al que come, así será mi
palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo
y llevará a cabo mi encargo”. Así dice el Señor en este oráculo que encontramos
en el libro de Isaías (Is 55,10-11).
Todo
sembrador desea que la semilla que esparce en el campo produzCa un
fruto abundante. La palabra de Dios es eficaz y
puede producir una abundante cosecha.
Con el salmo responsorial nosotros alabamos
al Señor, porque él es quien cuida de la tierra, la riega y la enriquece sin
medida (Sal 64,10).
Según san Pablo, vivimos en la esperanza. Pero junto con nosotros, toda la creación espera ser liberada de la esclavitud de la corrupción. También la creación desea dar un buen fruto (cf. Rom 8,18-23).
LA PARÁBOLA Y LA ALEGORÍA
El evangelio
propone hoy a nuestra meditación la célebre parábola
del sembrador: “Salió el sembrador a sembrar…” (Mt 13,1-23). El sembrador
esparce ampliamente la semilla. Pero a la hora de la cosecha los resultados
son muy diversos.
•
La primera parte es una parábola que se refiere al sembrador. El relato sugiere
su generosidad, su confianza y su
esperanza. Él conoce bien las diferencias del terreno y los riesgos con los que
ha de enfrentarse la semilla. Sin embargo, confía obtener una buena cosecha.
Evidentemente el buen sembrador es Dios.
• La segunda parte es una alegoría que se refiere a los destinatarios de la evangelización. Son muchos los que ponen tales dificultades al mensaje que no le permiten producir el fruto deseado por el sembrador. Pero hay algunos que lo reciben con buena voluntad. A la generosidad del sembrador ha de responder la buena acogida de los oyentes del mensaje.
LA HUMILDAD Y EL ORGULLO
Entre
la parábola y la alegoría se incluye una frase desconcertante: “Al que tiene se
le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”
(Mt 13,12). Sin duda, es un refrán popular, muy semejante a alguno de los
proverbios, como este: “Hay quien es generoso y se enriquece, quien ahorra
injustamente y se empobrece” (Prov 11,24).
•
“Al que tiene se le dará y tendrá de sobra”. Hay algunos que tienen la humildad
suficiente para prestar atención a la palabra de Dios, que es un don totalmente
gratuito. Esos verán abundar la espléndida cosecha que nace de esa semilla que
han acogido.
•
“Al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. Y hay otros que están tan orgullosos
de su ciencia y de su piedad que no tienen la humildad para acoger el mensaje
de la nueva vida. Esos verán que a fin
de cuentas pierden hasta la sabiduría que creían poseer.
-
Padre nuestro, por medio de Jesús, tu Hijo y nuestro Maestro, tú has sembrado
con abundancia y generosidad la semilla de tu palabra en nuestro mundo. Que tu
Espíritu nos ayude a acogerla con
sencillo y humilde corazón para
que podamos producir los frutos que tú esperas de nosotros. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 11 DE JULIO DE 2026
NUESTRA UTOPÍA PERSONAL
Con
la llegada del verano, por todas partes se puede contemplar el éxodo masivo
hacia el campo. ¿Quién no sueña con tenderse sin reloj en una hamaca a la
sombra de un árbol? Los más afortunados, parecen ser los que pueden regresar a
aquella aldea de la que salieron sus padres, antes de emigrar a la ciudad,
buscando trabajo, diversión y libertad. Todos dicen que por unas semanas es
necesario escapar de la esclavitud de la civilización para vivir sin los
compromisos que ella exige. ¡Qué encanto
el de la aldea!
Entre
sus inolvidables escritos, José María Cabodevilla nos entregó su libro “Feria
de utopías. Estudio sobre la felicidad humana”.
Allí
nos dejó escrito que “el rechazo de la civilización resulta tan viejo
como la misma civilización. Y es, además, un producto suyo muy típico… Nadie
debe ignorar que la alabanza de la vida campesina constituye una invención
característica de la ciudad. Bastó que el hombre se alejara lo bastante del
campo para que se le revelasen sus recónditas virtudes y ventajas, lo mismo que
basta llegar a la mayoría de edad para añorar aquella dicha inefable -e
irrecuperable- de los años infantiles… Solo se canta lo que se pierde”.
Cabría
preguntarse si el autor recordaba los conocidos versos en los que fray Luis de
León pregonaba en un susurro la belleza de la escondida senda de los pocos
sabios que en el mundo han sido, al tiempo que daba cuenta de su huerto
plantado en la ladera.
Cabodevilla
sugería una tarea que podría entretener alguna tarde de nuestro ocio veraniego:
“Si usted quiere cantar con acento convincente la belleza de un bosque de
eucaliptus, sitúese frente a un bloque de viviendas de cualquier barrio urbano.
Coja la pluma y empiece a escribir”
Pero,
de pronto, aquellas reflexiones inspiradas por la aguda crítica de Tomás Moro,
parecían situarse más allá de las vacaciones en la aldea montañera o de la
playa del desencuentro de multitudes acaloradas. Y el admirado escritor compartía
con el amable lector de sus observaciones un minuto de filosofía: “¡Qué
maravillas consigue la distancia! Difumina las aristas, borra cualquier
aspereza, lo aureola todo. Ya se sabe que la realidad es necesariamente
inferior a su imagen”.
Parece
un proverbio bíblico, revestido del sabio desengaño de Séneca. Pero es un
desafío tan saludable como descarado. Todos hemos planeado alguna vez un
descanso que terminó siendo fatigoso.
El papa León XIV ha dicho en la isla de Lampedusa: “Hay auténtico descanso allí donde se reencuentra el sentido de la vida”. Una escapada puede ser una evasión. Pero puede ser una ocasión para preguntarnos de qué percha queda colgada nuestra utopía personal. ¿Seremos capaces de contrastar con la realidad nuestras mejores fantasías?
José-Román
Flecha Andrés
jueves, 2 de julio de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 14 del Tiempo Ordinario. A 5 de julio de 2026
LOS SABIOS Y LOS POBRES
“Te
doy gracias Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque
has escondido estas cosas a los sabios y entendidos
y se las has revelado a los pequeños”
(Mt 11,25)
1.
Muchas personas dicen que les resulta
difícil orar. ¿Nos enseña algo Jesús con esta sencilla oración?
2.
En nuestras oraciones solemos pedir
favores y ayudas a Dios. ¿Por qué son tan poco frecuentes las oraciones de
acción de gracias?
3.
¿Qué cosas puede haber escondido el
Padre celestial a los que se consideran como los más sabios y entendidos?
4.
¿Por qué piensa Jesús que Dios ha
revelado sus misterios a los más pequeños y sencillos de este mundo?
5.
¿Nos hemos preguntado alguna vez cuáles
pueden ser esos misterios que el Padre celestial ha revelado a las gentes más
humildes?
6.
¿Recordamos y agradecemos las lecciones
y los testimonios que hemos recibido de las personas más sencillas y
marginadas?
7.
¿Estoy yo dispuesto a escuchar las
enseñanzas que recibo de los pobres de nuestra sociedad?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN - Domingo 14 del Tiempo Ordinario, A. 5 de julio de 2026
UN REY MANSO Y CLEMENTE
“¡Salta de gozo,
Sion; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador,
pobre y montado en un borrico, en un
pollino de asna” (Zac 9,9). Es cierto que los profetas tienen por misión denunciar
la injusticia y la opresión. Pero en su misión está también anunciar la
buena noticia de la paz y de la alegría
y suscitar la esperanza entre las gentes.
Eso es lo que hace
el profeta Zacarías al exhortar a Jerusalén a recibir con alegría al Mesías del Señor. Es anunciado
como un rey justo y victorioso que “dictará la paz a las naciones”. Pero
entrará en su ciudad con un espíritu de
mansedumbre y de pobreza.
Con el salmo
responsorial, nosotros reconocemos a Dios como nuestro rey, clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en
piedad (Sal 144).
En la segunda lectura, san Pablo dice a los romanos que el Espíritu de Cristo habita en ellos (Rom 8,9-13). Gracias a ese Espíritu, podrán dar muerte a las obras de la carne para vivir de forma espiritual. Evidentemente, ese aviso es válido también para todos nosotros.
SENCILLOS Y MARGINADOS
El
texto evangélico de este domingo (Mt 11,25-30) recuerda una hermosa oración de
Jesús: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido
estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”.
Con razón se dice que esta acción de gracias parece evocar el canto de María
con motivo de su visita a Isabel.
Jesús
vive de cara a su Padre celestial. Pero esa atención no le impide prestar
atención a su familia terrenal. Mantiene una estrecha intimidad con su Padre.
Pero sus ojos se fijan también en las personas que le siguen por los caminos,
hambrientas de pan y de esperanza.
Esta acción de gracias a Dios nos da a conocer la sensibilidad con la que Jesús observa y acoge los sufrimientos de todos los sencillos y marginados en la sociedad. Todos ellos son sus hermanos. Realmente, en Jesús de Nazaret se ha hecho presente aquel Mesías de corazón manso y humilde, que prometía a Jerusalén el profeta Zacarías.
SERENIDAD Y ARMONÍA
A
todos los atribulados Jesús dirige su exhortación y su promesa: “Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de
mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas” (Mt
11,29).
•
“Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí”. El yugo une a los bueyes para
que puedan tirar del carro. Pero el yugo era también un balancín, flexible y
ligero, que se acomodaba sobre la espalda. Gracias al yugo de Jesús podemos
llevar con más facilidad nuestras cargas.
•
“Soy manso y humilde de corazón”. Según santa Teresa de Calcuta, “si la persona
es humilde no la perturbarán ni la alabanza ni la ignominia, porque se conoce y
sabe quién es en realidad”. La mansedumbre y la humildad revelan la verdad del
ser humano. Nadie llega a ser más que
los demás, por mucho que pretenda imponerse a ellos.
•
“Encontraréis descanso para vuestras almas”. El aislamiento de la persona puede
traer descanso a su cuerpo, pero también puede aumentar la inquietud de su
espíritu. El verdadero descanso brota de un corazón sencillo y humilde, cercano
y compasivo, amoroso y confiado.
-
Señor Jesús, con tu oración nos revelas tu relación con el Padre celestial. Y
con tu invitación nos ayudas a confiar en tu compasión. Te confiamos nuestra
inquietud y esperamos que nos acompañes en la búsqueda de la serenidad y la
armonía. Amén.
José-Román
Flecha Andrés
martes, 30 de junio de 2026
CADA DÍA SU AFÁN -4 de julio de 2026
CUATRO AVISOS SOBRE LA AMISTAD
Por los caminos del
mundo nos vamos encontrando con personas a las que podemos considerar como
amigas. Es una suerte que deberíamos apreciar, agradecer y tratar de conservar.
Un buen amigo es un
tesoro y, por supuesto, es mucho más valioso que todas esas cosas que
habitualmente consideramos como tesoros.
La amistad parece
nacer de forma repentina. Y puede ser que a veces ocurra así. Con todo, siempre
es necesario caminar con cautela por el sendero que nos lleva hacia la amistad
o nos ayuda a conservarla.
Citando a conocidos
pensadores romanos, el cardenal piamontés Juan Bona (1609-1674) afirmaba ya en
su obra “Guía del camino del cielo” que tenemos que ser muy prudentes a la hora
de elegir a un buen amigo.
Precisamente por
eso, escribía él que son necesarias al menos cuatro características que debemos
reunir todos los que pretendemos trabar una amistad que pueda ser creíble y
fiel:
1.
En primer lugar, siempre tenemos que contar
con la “lealtad” para poder confiar a esa persona nuestro ser y nuestro tener,
es decir nuestra persona y nuestros bienes. No es fácil gozar de la confianza. Nuestra
experiencia nos dice que esta virtud es tan difícil que en la tierra solo se
encuentra su sombra.
2.
Además,
es preciso examinar cuidadosamente la “intención” que mueve a los presuntos amigos.
Es necesario que, por ambas partes, exista una buena intención para que nazca y
prospere una verdadera amistad. Solo sobre ese fundamento podrá alcanzar un fin
honesto. Algo tan divino como la amistad no debería convertir en vergonzosa una
relación humana.
3.
En
tercer lugar, los amigos harán bien en poner mucho cuidado en tratar de
cultivar la “discreción”. Es preciso tener en cuenta qué es lo que pueden o no
pueden pedirse el uno al otro y qué es lo que están dispuestos a concederse mutuamente.
4.
Finalmente,
es absolutamente necesario cultivar con esmero esa hermana menor de la
esperanza que es la virtud de la “paciencia”. Gracias a ella, podremos llegar a
tener el ánimo siempre dispuesto para soportar cualquier adversidad por el amigo
o cualquier incomodidad que él haya podido suscitar.
Estos consejos
nacen de la experiencia de cada día. Precisamente por eso, pueden ser útiles a
todas las personas, de cualquier cultura o religión.
Ahora bien, los
cristianos no podemos olvidar que Jesús aseguró a sus discípulos que no quería
considerarlos como siervos, sino como amigos (Jn 1,15).
Es más, por haber
dado la vida a su amigo Lázaro, las autoridades consideraron que Jesús tenía
que morir por la salvación de todo su pueblo (Jn 11,50).
Nuestra fe nos dice que la amistad del Maestro es un modelo que enaltece la experiencia humana y puede orientar nuestras actitudes.
José-Román Flecha Andrés