EL CÁNTARO
lunes, 11 de mayo de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Solemnidad de la Ascensión del Señor. A 17 de mayo de 2026
PRESENCIA Y COMPAÑÍA
“Yo estoy con vosotros todos los días
hasta
el final de los tiempos”
(Mt 28,20)
1. Nunca nos bastamos a nosotros
mismos. Todos necesitamos a los demás. Y es una suerte tener personas
dispuestas a acompañarnos. ¿Sabemos ser agradecidos?
2. Por otra parte, todos hemos de
acompañar a los demás en los momentos felices y en las horas más amargas.
¿Estamos dispuestos a prestarles ese servicio?
3. El Mesías había sido anunciado
como el Emmanuel, es decir como el “Dios con nosotros”. ¿Recordamos que Jesús
acompañó compasivo a los más necesitados?
4. El Señor prometió a sus
discípulos estar con ellos todos los días hasta el final de los tiempos. ¿Cómo
podemos aceptar, vivir y agradecer aquella promesa?
5. ¿Cuáles son los motivos que
suelen impulsar a los que se dicen creyentes a ignorar la presencia y el
acompañamiento del Señor?
6. Es evidente que estamos en una
época muy difícil. ¿Procuramos los cristianos confiar en la presencia y la
ayuda de nuestro Maestro?
7. ¿En este momento de mi vida, estoy
yo viviendo, agradeciendo y anunciando la presencia y la compañía que el Señor
nos prometió?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN - Ascensión del Señor a los Cielos. A 17 de mayo de 2026
LA MISIÓN Y LA ESPERANZA
“A la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que
una nube se lo quitó de la vista” (Hech 1,9). En la primera lectura que
hoy se proclama (Hech 1,1-11) se recuerda la Ascensión del Señor y
nuestra responsabilidad como continuadores de su misión.
•
En primer lugar, observamos que en apenas tres versículos se mencionan hasta
cinco veces las referencias a la vista. Se trata de subrayar tanto la realidad
visible del Señor como el valor del testimonio de sus discípulos.
• Después,
aparecen dos hombres que recuerdan a los
que el evangelio de Lucas había situado al lado del sepulcro vacío de Jesús (Lc
24,4). En ambos casos, se insinúa que la visión humana es insuficiente sin una
explicación celestial.
•
Finalmente, la nube que oculta a Jesús nos recuerda la que lo envolvía en el
momento de la transfiguración (Lc 9,34). Entonces como ahora, la nube
representa el poder del Altísimo, presente ya en el nacimiento de Jesús (Lc
1,35).
El
Salmo responsorial suena como un himno triunfal: “Dios asciende entre
aclamaciones: el Señor, al son de trompetas” (Sal 46).
Según la carta a los Efesios, necesitamos la luz de Dios para comprender la esperanza a la que hemos sido convocados (Ef 1,17-23).
EL TRIPLE ENCARGO
En
el final del evangelio de Mateo que se proclama en este día de la Ascensión del
Señor a los cielos, se recoge el triple encargo que Jesús deja a sus discípulos
(Mt 28,16-20):
•
Él los envía para que, apoyados en su poder, vayan por el mundo con una misión
universal: la de hacer discípulos a todos los pueblos.
•
Junto al anuncio de la salvación han de llevar a cabo la misión de
bautizar a las gentes en el nombre del
Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
• Y finalmente, han de procurar enseñar a todos los hombres a guardar los mandamientos que Jesús les ha dejado.
PRESENCIA Y COMPAÑÍA
La
triple tarea que, al ser glorificado, Jesús deja a sus discípulos no habría de ser
fácil. Sin embargo, el Señor promete a los suyos que él los acompañará a lo
largo de los tiempos. Esa certeza alentará a todos los evangelizadores:
•
“Yo estoy con vosotros”. Ya antes de su nacimiento, Jesús había sido anunciado
por el ángel como el Emmanuel, es
decir, el “Dios con nosotros”. Al final de su camino terreno, él se ha atribuido finalmente ese nombre. Y
nosotros creemos en la sinceridad de su promesa.
•
“Todos los días”. Nos alegra pensar que Dios está con nosotros en los momentos
de triunfo y así lo celebran los que creen en él. Pero él también nos acompaña
en los dias de tormenta y de hospital, en las noches de pandemia y de
soledad.
•
“Hasta el fin del mundo”. No somos los primeros cristianos ni los últimos.
Somos un sencillo eslabón en la cadena de los que creen, esperan y aman.
Vivimos recordando el pasado y acordando la paz para el futuro, pero
siempre bien atentos al presente.
- Señor Jesús, tú nos has confiado el alto honor y la gran responsabilidad de anunciar el evangelio a todas las gentes. Te rogamos que nos concedas luz para conocerlo y valentía para anunciarlo con alegría. Confiamos en tu presencia y compañía. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 16 DE MAYO DE 2026
LAS VIRTUDES CARDINALES
Tras
atribuir a Sócrates la denominación de las cuatro virtudes morales o cardinales,
san Isidoro incluye en las Etimologías una breve presentación de las
mismas. Por la prudencia distinguimos en las cosas lo malo de lo bueno. La
justicia, aplicando un criterio correcto, permite que se distribuya a cada uno
lo suyo. La fortaleza soporta las adversidades. Mediante la templanza, se
refrena la lujuria y la concupiscencia.
1.
Refiriéndose a la primera de las virtudes cardinales, san Isidoro define al
prudente como el que ve de lejos y puede anticipar con tiempo un
acontecimiento.
A
la virtud de la prudencia se refiere cuando afirma que el mal uso convierte a
algunas virtudes en vicios. Así el celo excesivo, cuando traspasa los límites
que le impone la prudencia, se parece demasiado al vicio de la ira, mientras
que la mansedumbre desmedida engendra la inacción perezosa.
En
consecuencia, “la discreción del varón prudente mira con solicitud para no
practicar destempladamente lo bueno y para no pasar de la virtud al vicio”.
2.
Con relación a la virtud de la justicia, san Isidoro escribe que los
gobernantes han de saber que son de la misma naturaleza que los gobernados. Han
de estar atentos a favorecer a los pueblos y no a perjudicarlos. No han de
oprimirlos con tiranía, sino que deben velar por ellos con benignidad y
condescendencia.
El
buen rey se aparta del delito para dirigirse a la justicia antes que abandonar
la justicia para entregarse al delito.
3.
Antes de hablar de la fortaleza, san Isidoro reflexiona sobre la debilidad. A la hora de medir el alcance de nuestra
fuerza, hemos de ser prudentes. “Si es mayor el esfuerzo que el provecho de las
almas, se debe renunciar a un trabajo al que acompaña una mínima ventaja”.
La
fuerza que a veces demostramos al afrontar nuestras dificultades es siempre un
don gratuito de Dios. “El ser inteligentes, el sentirnos poderosos, lo debemos
no al favor de otro cualquiera, sino al de Dios”
4.
Analizando la virtud de la templanza, san Isidoro comenta el relato bíblico
sobre Adán y Eva. Los humanos hemos perdido la virtud de la templanza ya en el
paraíso original. “El primer hombre sucumbió fascinado por el diverso encanto
de los seres”
Evocando la
antigua norma de la “mesura”, afirma que “hay virtudes, que, de no regularse
por la discreción, pasan a ser vicios. La justicia que se excede de su justo
módulo, origina cruel venganza; la demasiada compasión disuelve la disciplina;
el excesivo celo, cuando pasa de la prudencia, llega a ser vicio de ira; la
desmedida mansedumbre engendra la perezosa inacción”.
Como se ve, se requiere
una gran capacidad de discernimiento para llegar a establecer los límites entre
el vicio y la virtud.
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 6º de Pascua. A 10 de mayo de 202
El AMOR Y LOS MANDAMIENTOS
“Si me amáis, guardaréis mis mandatos”
(Jn 14,15)
1. La amistad y el amor no se
demuestran solo con palabras. ¿Qué nos dicen estas palabras de Jesús sobre él
mismo y sobre nosotros?
2. ¿Necesita Jesús nuestro amor o,
más bien necesitamos nosotros mostrarle el nuestro para defender y realizar
nuestra propia dignidad?
3. ¿Estamos convencidos de que amar
a Jesucristo es realmente importante para nosotros y para nuestras relaciones
humanas?
4. ¿En una sociedad como la nuestra,
que tanto ensalza la autonomía personal y el relativismo, qué valor se da a los
mandamientos?
5. ¿Cómo se pueden observar y
cumplir los “mandatos” de Jesús para que podamos vivir en la paz y en la
justicia?
6. ¿Se percibe hoy el interés en
transmitir este mensaje de Jesús a las jóvenes generaciones?
7. En la situación en la que ahora
me encuentro yo ¿estoy tratando de mostrar mi amor al Señor cumpliendo sus
mandatos?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN -- Domingo 6º de Pascua 10 de mayo de 2026
EL ESPÍRITU DE LA VERDAD
“Felipe
bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío escuchaba lo
que decía, porque habían oído hablar de los signos que hacía… La ciudad se
llenó de alegría” (Hech 8,5-8). Y eso, a pesar de que los judíos no miraban
bien a las gentes de Samaría.
Al mismo Jesús, algunos samaritanos le habían
negado hospedaje, mientras que otros lo habían
acogido bien. Al final de su vida terrena el Maestro había enviado a sus
discípulos a ser sus testigos en Jerusalén, en Judea y Samaría y hasta los
confines de la tierra (Hech 1,8).
Así
pues, tras el martirio de Esteban, Felipe anuncia el Evangelio en Samaría. Él
esparce una siembra, cuyos frutos recogerán los apóstoles Pedro y Juan al
imponer las manos a los que han escuchado la Palabra de Dios y reciben el
Espíritu.
A
tantos siglos de distancia, nosotros nos alegramos de aquella expansión del
mensaje evangélico y proclamamos con el salmista: “Aclamad al Señor, tierra
entera” (Sal 6).
También hoy, hemos de estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza, con delicadeza y con respeto, como nos lo pide la primera carta de Pedro (1 Pe 3,15).
EL DON DE LA PRESENCIA
El
evangelio de este domingo nos sitúa de nuevo en el escenario de la última cena.
Entre las palabras de despedida (Jn 14,15-21), Jesús deja un mensaje inolvidable:
•
En primer lugar, ofrece a sus discípulos la señal definitiva de la sinceridad
del amor. No son las palabras las que cuentan, sino las obras. La prueba de su
amor al Maestro ha de ser siempre el cumplimiento de sus mandatos.
•
Consciente de que sus seguidores se sentirán huérfanos, Jesús les promete que
pedirá al Padre que les envíe al Espíritu Consolador. Aunque el mundo no lo conozca y no lo reciba,
él estará siempre con ellos. El primer don del Espíritu será su presencia.
• Los discípulos de Jesús no deberán esperar bienes terrenos como recompensa por su fidelidad al Maestro. Si aman de verdad a Jesús y guardan sus mandatos, serán también amados por el Padre de los cielos, al que Jesús ama y al que se manifestará.
ABOGADO Y CONSOLADOR
En realidad,
Jesús parece preocupado por la sensación de orfandad que pueden vivir sus
discípulos. Los de la primera hora y los de todos los tiempos. Por eso,
introduce en su discurso una promesa que seguramente ellos no esperaban:
• “Yo
pediré al Padre que os envíe otro Paráclito”. Esa palabra griega puede
traducirse como Abogado o Consolador. Al
proclamar las bienaventuranzas, Jesús había dicho que los que lloran serán
“consolados”. Este anuncio al final de su vida evoca aquella promesa.
•
“Él estará siempre con vosotros”. Antes de su nacimiento Jesús había sido
anunciado como el Emmanuel, que significa
“Dios con nosotros”. En su despedida dirá “Yo estaré con vosotros todos los
días”. El Consolador prometido por Jesús, hará sentir su presencia.
•
“Será el Espíritu de la verdad”. En el evangelio de Juan se dice que “la gracia
y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (Jn 1,17). El Espíritu habrá de
revelar el don de esa verdad, que se
hace especialmente necesaria en este mundo nuestro, entregado al relativismo.
- Señor Jesús, nosotros hoy tememos la soledad más que al error. Y valoramos nuestra libertad más que tu amor y el del Padre celestial. Envíanos tu Espíritu, para que nos ayude a cambiar nuestra mentalidad y nuestras opciones de vida. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 9 DE MAYO DE 2026
LOS VICIOS CAPITALES
Recorriendo
la literatura patrística, descubrimos que ya Orígenes presentaba listas de
vicios en número de siete, asimilándolos a los pueblos que los hebreos
expulsaron de la tierra prometida, según el libro del Deuteronomio (Dt 7,1).
Pero la
primera sistematización de los vicios la realizó Evagrio Póntico, al exponer el
análisis de los “ocho pensamientos genéricos”.
San Isidoro de Sevilla enumera los mismos
vicios y se fija especialmente en la fatuidad de la erudición, en la
hipocresía, la jactancia, la envidia, la simulación, la acedia y el odio.
En su
libro de las Sentencias nos recuerda él que
“de un vicio nace otro vicio, como de una virtud nace otra virtud”.
Sin
embargo, afirma que “de vez en cuando, los vicios pugnan útilmente con las
virtudes, para que, a resultas del conflicto, la mente se ejercite, y el ánimo,
apartado de la arrogancia, se modere”.
El santo
maestro es también un prudente pastor y trata de señalar en concreto las virtudes
que han de atraer las miradas de los que se sienten tentados por el mal:
“Frente
al ímpetu de los vicios hay que luchar con las virtudes contrarias; a saber:
frente a la lujuria hay que emplear la pureza del corazón, frente al odio, hay
que aprestar el amor, frente a la ira proponer la paciencia. Asimismo, frente
al temor hay que servirse de la virtud de la confianza; frente a la indolencia,
la actividad del celo; igualmente a la tristeza hay que enfrentar el gozo; al
desánimo, la fortaleza; a la avaricia, la liberalidad; a la soberbia, la
humildad. Y así, cada virtud reprime los vicios que surgen contra ella y domina
los impulsos de las tentaciones con la fuerza de la divina caridad”.
Más
adelante, advierte él que “primero hay que desarraigar del hombre los vicios y
luego implantar las virtudes. Porque la verdad no puede tener cohesión ni estar
unida con la mentira, ni el pudor con la desvergüenza, ni la lealtad con la
perfidia, ni la castidad con la lujuria”.
Por
otra parte, san Isidoro afirma que también de las virtudes pueden nacer algunos
vicios: “A veces, hasta las virtudes, si son mal empleadas, engendran de suyo a
los vicios. Lo cual acontece a causa del apetito desordenado del alma, al que
no le basta el don que mereció, sino que se procura, por medio de este, elogios
y ganancias censurables”.
La misma
experiencia humana nos advierte que, en algunas ocasiones, una virtud puede
degenerar en un vicio “si de vez en cuando y a su debido tiempo no se suaviza
en modo alguno su rigor”.
A pesar de todo, la fe nos enseña que la misericordia de Dios procura llevar al ser humano a recorrer el camino contrario, sacando virtudes aun de los vicios, para que podamos reformarnos de nuestra propia iniquidad.
José-Román Flecha Andrés
lunes, 27 de abril de 2026
PRESENTACION - DOMINGO 5º DE PASCUA - A
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EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 5º de Pascua. A 3 de mayo de 2026
LA PREGUNTA POR EL CAMINO
“Señor, no sabemos
adónde vas,
¿Cómo
podemos saber el camino?”
(Jn 14,5)
1. Se dice
que hoy muchas personas se sienten desorientadas. ¿No será que caminan sin
tener una meta prevista
2. ¿Qué puede
haber ocurrido para que tantas personas digan que no encuentran el camino
correcto?
3. ¿Qué puede
significar esa frase que el evangelio de Juan pone en los labios del apóstol
Tomás?
4. ¿Qué
importancia puede tener que esa frase del apóstol se sitúe precisamente en el
contexto de la última cena de Jesús?
5. ¿Cómo nos
interpela a los cristianos que Jesús se presente como el camino, la verdad y la
vida?
6. ¿Nos
preguntamos alguna vez como sonará esa presentación de Jesús en los oídos de
los no cristianos?
7. ¿Incluyo
en mi oración personal una petición para rogar al Señor que me ayude a
descubrir y seguir el camino recto?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN - Domingo 5º de Pascua. A 3 de mayo de 2026
RECORDANDO LA META
“Al crecer el número de los discípulos, los de
lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio
diario no se atendía a sus viudas” (Hech 6,1). Esta primera lectura de este
domingo quinto de Pascua está llena de lecciones también para nosotros.
En
primer lugar, vemos que la primera crisis de la comunidad no procede de la
diversidad de creencias sino de un problema práctico, referido a la justicia y
a la convivencia.
En
segundo lugar, esa crisis se soluciona por medio del diálogo fraterno y por el
reparto de responsabilidades. Una dificultad práctica da origen a una
institución nueva.
La
fe nos lleva a exclamar con el salmo responsorial: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti” (Sal 32).
En realidad, solo la fe en Jesucristo, piedra angular de la Iglesia, nos ayudará a vivir como pueblo adquirido por Dios. Así podremos anunciar el gozo de haber sido liberados de las tinieblas para vivir en una luz maravillosa (1 Pe 2,9).
DESORIENTADOS
El
evangelio que hoy se proclama nos lleva de nuevo a la sala de la última cena de
Jesús con sus discípulos (Jn 14,1-12). De nuevo escuchamos otra dificultad del
apóstol Tomás, que dice a Jesús: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos
saber el camino?”
En
estos tiempos, el acoso de las ideologías, la presión de la publicidad y la
autosuficiencia de los intelectuales ha llevado a mucha gente a sentirse
desorientada.
Son
muchas las personas que tienen la impresión de no saber qué camino seguir para
vivir en serenidad y alcanzar la paz y la justicia.
Son
numerosos los jóvenes que en la fiesta de la Pascua han recibido el bautismo.
Muchos de ellos confiesan que se sentían totalmente desorientados en una sociedad
en la que no se estiman ni promueven los valores fundamentales.
En un día como hoy decía el papa Francisco: “Recordemos la meta. Pensemos que estamos llamados a la eternidad. Al encuentro con Dios” (7.5.23).
ORIENTACIÓN
El
domingo anterior, Jesús se presentaba como la puerta del redil, que ofrece a
sus ovejas defensa y libertad. Hoy Jesús nos ofrece una triple revelación sobre
su ser y su quehacer.
•
“Yo soy el camino”. Corremos el riesgo de desviarnos cuando tratamos de seguir
los caminos que nos señala nuestra autosuficiencia. Con demasiada frecuencia
aceptamos sin rechistar las pistas que nos presentan los interesados en
desorientarnos.
•
“Yo soy la verdad”. Tenemos el peligro de repetir rutinariamente que “nada es
verdad y mentira; que todo es del color del cristal con que se mira”. Nos tragamos ingenuamente las mentiras que se
nos ofrecen y caemos en un relativismo infame.
•
“Yo soy la vida”. Ya no hay duda de que estamos viviendo en una “cultura de la
muerte”. Se ha convertido en un inmundo negocio dar muerte a los no nacidos, a
los mayores, a las víctimas de la droga o a los secuestrados en una parte y
otra del mundo.
- Señor Jesús, que tu Espíritu nos ayude a superar las tentaciones que nos esclavizan. Te necesitamos a ti para no andar descaminados. Necesitamos tu orientación para poder seguir con alegría tu camino, para aceptar y proclamar con valentía tu verdad y para difundir en nuestro tiempo la cultura de la vida. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFAN - 2 de mayo de 2026
LA ÉTICA CIVIL DE SAN ISIDORO
En
el décimo canto del Paraíso, Beatriz orienta a Dante para que vea llamear el
ardiente espíritu de Isidoro. Un espíritu que no solo se mostraba en el interés por transmitir
el saber de los maestros del pasado, sino por advertir de los vicios que
podrían difundirse en el futuro.
Tras
atribuir a Sócrates la denominación de las cuatro virtudes morales o cardinales,
san Isidoro incluye en las Etimologías una breve presentación de las
mismas. Por la prudencia distinguimos en las cosas lo malo de lo bueno.
La fortaleza soporta ecuánimemente las adversidades. Mediante la templanza se
refrena la lujuria y la concupiscencia. Y la justicia, cuando de aplica un
criterio correcto, permite que se distribuya a cada uno lo suyo (Etim II, 24,6).
En el
libro de las Sentencias, san Isidoro
ofrece una espléndida reflexión sobre las virtudes y los vicios. Basta aquí
citar algunos ejemplos:
1.
“Los mentirosos consiguen que no se les crea, aunque digan la verdad, ya que el
embuste frecuente hace a menudo sospechoso al hombre aun siendo veraz” (Sent
2,30,1).
2. De
la avaricia escribe que nunca puede saciarse. Citando un verso de Horacio, añade
que el avaro siempre tiene necesidad, y cuanto más obtiene, tanto más intenta
conseguir (Sent 2,2,7).
3. Al
referirse a los orgullosos, afirma que “el amigo de la vanagloria no cesa de
hacer aquello por donde le puedan venir continuas alabanzas” (Sent 3,23,7).
4. A
los envidiosos les advierte que “la envidia del bien ajeno castiga al propio
culpable, ya que el envidioso se consume por allí por donde el bueno adelanta”
(Sent 3,25,1).
5. Con
relación a los príncipes y a los que gobiernan, escribe que deben sobresalir
más por su humildad y modestia, que por la excelencia del honor. Pero, sobre
todo, han de dar ejemplo por su rectitud (Sent 3,49,2).
6.
En consecuencia, san Isidoro escribe a continuación que los gobernantes han de
saber que son de la misma naturaleza que los gobernados. Por eso han de estar
atentos a favorecer a los pueblos y no a perjudicarlos. No han de oprimirlos
con tiranía, sino que deben velar por ellos con benignidad y condescendencia (Sent
3,49,3).
7. En
la misma obra nos dejó unas admirables reflexiones sobre la corrupción: “La
aceptación de regalos es prevaricación de la verdad… El rico corrompe presto al
juez con regalos. Mas al pobre, puesto que no tiene nada que ofrecer, no sólo
se rehúsa escucharle, sino que se le oprime en contra de la verdad” (Sent 3,54,3-4).
Sobre
este tema, añade: “Sepan los opresores de los pobres que se hacen merecedores
de más grave condena cuando triunfan frente a aquellos a los que desean
perjudicar” (Sent 3,57).
El
bien y el mal no dependen de las leyes ni de la aprobación o rechazo de las mayorías.
Por eso, este breve manual de ética civil puede conservar su palpitante actualidad.
martes, 21 de abril de 2026
lunes, 20 de abril de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA -- Domingo 4º de Pascua. A 26 de abril de 2026
LA PUERTA DEL REDIL
”Yo soy la
puerta:
quien entre por mí se salvará
y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”
(Jn 10,9)
2. ¿Podemos
hacer nuestro el hermoso salmo en el que cantamos y proclamamos: “El Señor es
mi pastor”?
3. ¿Pero no
es más extraño aún que Jesús se compare a sí mismo con la puerta del redil o
del aprisco en el que se recogen las ovejas?
4. ¿Hemos
llegado a entender que, con la imagen de la puerta, Jesús quiere decir que por
él nos viene la salvación?
5. ¿Si Jesús
es la puerta del aprisco, no tendremos que pedirle que nos ayude a librarnos de
los que tratan de seducirnos y llevarnos al mal?
6. ¿De verdad
vemos en Jesús la posibilidad de vivir en libertad y de acudir a los pastos que
dan alimento verdadero a nuestra existencia?
7. ¿Confío personalmente
en Jesucristo, sabiendo que él puede defenderme de quienes tratan de
arrebatarme el único tesoro que merece la pena?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN - Domingo 4º de Pascua. A 26 de abril de 2026
LA VOZ DEL PASTOR
“Salvaos
de esta generación perversa” Con esas
palabras responde Pedro a las gentes que le preguntan qué han de hacer, tras
escuchar de boca del Apóstol que Dios había constituido a Jesús como Señor y
Mesías (Hch 2,14.36-41).
La palabra de Dios nos ayuda a comprender que
la salvación no viene de lo que nosotros tenemos o fabricamos. Es un don que
recibimos gratuitamente del Salvador.
Con
el salmo responsorial proclamamos a Jesucristo
como nuestro pastor y nuestro
guía: “El Señor es mi pastor, nada me
falta” (Sal 22).
De Pastor nos habla también la primera carta de Pedro: “Andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas” (1 Pe 2,25).
EL ENCUENTRO
En
el domingo cuarto de Pascua todos los años recordamos la figura del Buen
Pastor. Este año, Jesús se aplica a sí
mismo la imagen de la puerta del aprisco: “Yo soy la puerta: quien entre por mí
se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos” (Jn 10,9).
La puerta cierra la casa y defiende nuestra
intimidad. Pero la puerta nos libera del encierro, facilita la salida para
poder contemplar la belleza del mundo
creado por Dios.
Además,
nos gusta decir a nuestros parientes y amigos que nuestra puerta siempre estará abierta para
acogerlos en nuestra casa.
Así
pues, en Jesús toda persona puede encontrarse con Dios. En Jesús, Dios se nos
abre y manifiesta, nos sale al encuentro, nos acoge y nos perdona.
Por otra parte, Jesús nos advierte para que no abramos la puerta a los falsos redentores. Solo merecen nuestra acogida quienes llegan hasta nuestra casa trayendo la paz y la verdad.
EL DISCERNIMIENTO
En un domingo como este, el
papa Francisco aludía a Jesús, diciendo que «las ovejas escuchan su voz;
y a sus ovejas las llama una por una» (Jn 10,3).
Y añadía el Papa: “El Señor
nos llama por nuestro nombre, nos llama porque nos ama. Pero también dice el
Evangelio que hay otras voces que no debemos seguir: las de
los extraños, ladrones y salteadores que quieren el mal de las ovejas”. Y
sugería cómo diferenciarlas:
• La voz de Dios nunca
obliga: Dios se propone, no se impone. La voz maligna
seduce, asalta, fuerza: despierta ilusiones deslumbrantes, emociones
tentadoras, pero pasajeras.
• La voz del enemigo nos
distrae del presente y quiere que nos centremos en los miedos del futuro o en
la tristeza del pasado. La voz de Dios dice: “Ahora puedes hacer el bien, ahora
puedes practicar la creatividad del amor”.
• La voz que viene de Dios nos dice: “¿Qué es
bueno para mí?”. En cambio, el tentador insistirá en otra pregunta: “¿Qué me
apetece hacer?”. Qué me apetece: la voz del mal siempre gira en torno al ego, a
sus pulsiones, a sus necesidades, al todo y ahora.
• La voz de Dios y la del
tentador hablan en diferentes “ambientes”: el enemigo prefiere la oscuridad, la
falsedad, el chismorreo; por el contrario, el Señor ama la luz del sol, la
verdad, la transparencia sincera.
- Señor Jesús, tú sabes que a veces nos sentimos confusos y agobiados. Nos cuesta mucho hacer un sencillo discernimiento. Que tu Espíritu nos ayude a escuchar tu voz y a no prestar atención a las voces del maligno. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 26 de abril de 2026
DETENERSE, ESCUCHAR Y CONFIAR
El día 27 de abril de este año 2026 se celebra la
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Con
ese motivo, el papa León XIV ha publicado un mensaje en el que nos
invita a descubrir “el don gratuito de
Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros”. Su
reflexión se articula bajo cuatro palabras.
1.“El camino de la belleza”. El
texto griego del evangelio de Juan califica a Jesús como el Pastor bello. Recorriendo
el camino que él nos indica, aprendemos a conocernos mejor a nosotros mismos y
a conocer más de cerca a Dios que nos ha llamado.
El teólogo Pável Florenski ha
escrito que la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al
hombre “bello”. Y así es. “El rasgo que distingue a los santos,
además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien
vive en Cristo”. La vocación cristiana es participar de su vida, compartir su
misión y reflejar su misma belleza.
2. “Conocimiento mutuo”. Toda
vocación surge de la conciencia y de la experiencia de un Dios que es Amor. Él
nos conoce profundamente y ha pensado un camino de santidad y de servicio para
cada uno de nosotros.
Pero este conocimiento debe
ser siempre mutuo. Estamos llamados a conocer a Dios por medio de la oración,
de la escucha de su palabra, de los sacramentos, de la vida de la Iglesia y de
la entrega a los hermanos y a las hermanas.
3. “Confianza”. Conocer al
Señor significa, sobre todo, aprender a confiar en él y en su providencia, que
se manifiesta en toda vocación.
Del conocimiento nace la
confianza, esa actitud que es hija de la fe y es esencial tanto para acoger la
vocación como para perseverar en ella. La vida se revela como un continuo
confiar y encomendarse al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros.
4. “Maduración”. La vocación no
es una meta estática. Es un proceso dinámico de maduración, favorecido por la
intimidad con el Señor. Crecer en la vocación implica caminar con Jesús, dejar
actuar al Espíritu Santo en nuestro corazón y en las situaciones de la vida y
releer todo a la luz del don recibido.
La vocación no es algo que nos
ha sido “dado” de una vez por todas. Es un camino que se va desarrollando a lo
largo de la vida de cada persona. “El don recibido, además de ser cuidado, debe
alimentarse mediante una relación cotidiana con Dios para poder crecer y dar
fruto”.
El Papa presenta la vida de
cada uno como una vocación de Dios. Así que se dirige a los jóvenes y a todos
nosotros con una triple exhortación: “Deténganse, escuchen, confíen; de ese
modo, el don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes
para la Iglesia y para el mundo”.
José-Román
Flecha Andrés
martes, 14 de abril de 2026
DOMINGO 3 DE PASCUA --A
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EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 3º de Pascua. A 19 de abril de 2026
DEL PADECIMIENTO A LA GLORIA
“¿No era necesario que el Mesías padeciera esto
y entrara así en su
gloria?”
(Lc 24,26)
1. No es
fácil admitir el sufrimiento cuando parece que no tiene un motivo. ¿Nos ha
ocurrido eso alguna vez?
2. Gilbert
Cesbron escribió que el camino de Emaús pasa por delante de todas nuestras
puertas. ¿Sentimos haberlo recorrido?
3. Jesús
había anunciado a sus discípulos que había de padecer y sufrir hasta la muerte.
¿Por qué no lograron aceptar esa suerte de su Maestro?
4. ¿Este
texto evangélico del camino de Emaús qué nos enseña sobre la identidad y la
misión de Jesús?
5. ¿Por qué
se dice que según las Escrituras era “necesario” que el Mesías padeciera para
entrar en su gloria?
6. ¿Hemos
pensado alguna vez que la Iglesia ha de recorrer siempre este camino de
desamparo y de encuentro con el Señor?
7. ¿Estoy yo
dispuesto aceptar que es preciso pasar, como Jesús, por el padecimiento y por
la cruz para poder entrar en la gloria?