martes, 22 de junio de 2021

DOMINGO 13º TIEMPO ORDINARIO, B 2021

REFLEXIÓN- Domingo 13º del Tiempo Ordinario. B. 27 de junio de 2021

EL SEÑOR DE LA VIDA

  “Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella” (Sab 1,13-15; 2,23-25). Esta lectura tomada del libro de la Sabiduría no es una interesante lección filosófica sobre la muerte y la mortalidad del ser humano.

Es, sobre todo, una invitación a la meditación sobre la dignidad del hombre y sobre la meta de su esperanza. Vivimos entre el  miedo y la algarabía. Con demasiada frecuencia nos entretenemos con las pequeñas cosas de cada día. Unas nos preocupan y otras nos divierten. La palabra de Dios nos lleva hoy a preguntarnos cómo miramos al más allá.  

Con el salmo 29, en este domingo recobramos el aliento suficiente para poder agradecer  nuestra liberación: “Te ensalzaré, Señor, porque me has librado”.

San Pablo trata de exhortar a los Corintios para que colaboren en la colecta que él está promoviendo a favor de los pobres de Jerusalén. Pero sigue teniendo actualidad ese intento de comprobar la sinceridad  de nuestro amor (2 Cor 8,7-9). 

DOS SITUACIONES

También en el evangelio de hoy aparece la sombra de la muerte, acompañada por la enfermedad (Mc 5,21-43). Pero aparece, sobre todo, la figura de Jesús como señor de la vida, como apoyo de la fe y como fuente de la esperanza. Por medio de dos situaciones muy humanas se hacen evidentes en Jesús dos atributos divinos como la  misericordia y el poder.

• Dos mujeres coinciden en la mención de un número símbólico. Una  niña de doce años está a punto de morir. Y una mujer lleva ya doce años padeciendo unas hemorragias que no solo son molestas, sino que la condenan a una situación de impureza legal.    

• En ambos casos se manifiesta la fuerza sanadora y vivificante de la oración. Por una parte, Jairo pide la salud y la vida para su hija. Y, por otro lado, la mujer enferma alimenta en silencio su confianza en el Maestro.

• Además, se nos dice que la Palabra de Jesús logra acallar la algarabía de las plañideras que lamentan la muerte de la niña. Y pone fin al silencio con que la mujer enferma pretendía ocultar tanto su dolencia como su esperanza. 

DEL TEMOR A LA VIDA

Los sentidos corporales son las celosías y ventanas del alma, como escribía san Bernardo. Entre ellos, es muy importante el sentido del tacto. Jesús no lo desprecia. Al contrario, toca a las personas, aun en los casos en los que la Ley lo prohíbe. 

• Mientras va caminando,  Jesús “nota” que alguien le ha tocado. Se da cuenta de que de él ha salido un poder. También la mujer enferma “nota” que ha sido curada al tocar la orla del manto del Maestro. Su poder no obedece a la magia, sino a la confianza.

• Llegado a la casa de Jairo, Jesús “toma de la mano” a la niña muerta. Con ese gesto se enfrenta a la Ley y a las tradiciones de su pueblo, pero indica que su poder es cercanía. La divinidad de Jesús no comporta la negación de su humanidad.

• Pero no basta el tacto. Hay que recordar el valor de la fe en el Señor. Jesús dice a la mujer que su fe la ha salvado. Y dirige a Jairo una exhortación a la confianza: “No temas; basta que tengas fe”.  Solo la fe en Cristo nos ayuda dar el paso del temor a la vida.

- Señor Jesús, muchas personas  han sido afectadas por la enfermedad y por la muerte. Hoy queremos orar por ellas. No queremos ser indiferentes al dolor de todos los que sufren. Toca tú nuestro corazón para que podamos hacer visible tu misericordia y tu poder. Amén.

                             José-Román Flecha Andrés

ORACIÓN - Domingo 13 del Tiempo Ordinario 27 de junio de 2021

 

EL PODER DE LA FE

                                “No temas; basta que tengas fe”

(Mc 5,36)

Señor Jesús, a veces olvidamos que Jairo es presentado en los evangelios como uno de los jefes de la sinagoga. Por tanto, es considerado como un representante de la ley y del espíritu de Israel.

Seguramente, la grave enfermedad de su hija sería interpretada por las primeras comunidades como un signo de la debilidad de la primera alianza. Era fácil pensar que la sinagoga no podía garantizar la vida a quien la veía peligrar en una edad de promesas.

De todas formas, la figura de Jairo me interpela profundamente. La enfermedad y la muerte de su hija es la parábola de mi existencia. Como la mayor parte de mis hermanos, también yo he urdido muchos planes que parecían abiertos a la esperanza. 

Y también yo he tenido que reconocer con vergüenza la debilidad de mis propias ideas y la vanidad de mis proyectos.

También yo he recibido la triste noticia de que mis sueños habían fracasado antes de poder convertirse en realidades.

También yo me he visto obligado a soportar el clamor de los que siempre están dispuestos a llorar a sueldo en una hipócrita lamentación de duelos.

Yo sé que a muchos de mis amigos y colegas les parece una insensatez tratar de continuar manteniendo viva la llama de la esperanza.

Sin embargo, ahí estas tú. Me acoges y escuchas mi ruego. Me comprendes y acompañas por un camino que a muchos les parece inútil. Me consuelas y alientas mi esperanza, al tiempo que impones silencio a la triste cantilena de los lloriqueos orquestados.

Señor Jesús, no quiero ignorar tu mensaje: “No temas; basta que tengas fe”. En este momento concreto de mi vida, necesito creer contra toda apariencia. Quiero seguir esperando contra todo pronóstico. Deseo amar a pesar de tanta indiferencia.

Me basta la fe. Así podré superar el temor. Ese es el milagro de tu presencia. Y ese es el mensaje que tú esperas que transmita a mis hermanos. Ayúdame tú, Señor. Amén.

                                                                                José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 26 de junio de 2021


 PEDRO Y PABLO

 La celebración de la fiesta de san Pedro y san Pablo nos invita a viajar, al menos con el recuerdo y la imaginación, a la iglesia de Santa Maria del Popolo, en Roma. En los muros laterales de la capilla Cerasi podemos contemplar dos lienzos impresionantes, obra de Michelangelo Merisi da Caravaggio.

En uno  de ellos, que parece tener por protagonista al caballo alazán, se nos presenta la caída de Pablo, que, ofuscado por una luz celestial, eleva al cielo sus brazos suplicantes. En el otro, Pedro aparece recién clavado en una cruz que tres personajes tratan de poner en pie, manteniendo al apóstol cabeza abajo.

Es evidente que, en ambas pinturas la luz juega un importante papel. De hecho, la luz parece hacernos ver el misterio y el significado de la misión apostólica. Una misión que surge de una llamada y culmina en el martirio. Eso es precisamente lo que nos recuerda y enseña la celebración de la fiesta de los apóstoles Pedro y Pablo.

Ambos apóstoles son bien conscientes de que entre la llamada y el testimonio final han recibido de lo alto una ayuda extraordinaria. Su diferencia de talante y de opiniones no separó a estos apóstoles de la gran misión que les fue confiada por su Señor.  

• Pedro reconoció a Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Pedro es el modelo de una fe que reconoce a Jesús como el ungido de Dios, el Salvador. Esa era la condición mínima para ser un auténtico discípulo de Jesús de Nazaret. Los que pretendían seguirlo por otros motivos pronto abandonarían el camino.

Según los Hechos de los Apóstoles (Hch 12,1-11), la comunidad oraba por Simón Pedro, encarcelado en Jerusalén durante la semana de Pascua. Al ver el hermoso fresco que Rafael dejó en las logias vaticanas sobre la liberación de Pedro por un ángel, entendemos que el Apóstol reconozca que esa oración lo ha “liberado de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos”.

• En la segunda carta a los Corintios, Pablo recuerda las dificultades, azotes y naufragios que ha tenido que afrontar por causa del Evangelio. Nada había sido fácil en su misión.

Al escribir una especie de memoria de su vida, Pablo confiesa a su  discípulo Timoteo que es el Señor quien lo ha liberado muchas veces de la boca del león y lo seguirá librando de todo mal, salvándolo para su Reino (2Tim 4,17-18).

Los dos apóstoles y pilares de nuestra fe han sido liberados por Dios para convertirse en agentes de la liberación que nos proporciona el Evangelio de Jesucristo.

• Esa es la buena noticia que los cristianos anuncian a toda la humanidad. En este momento de la historia, muchos ponen la salvación en la técnica o en la política, en los mercados o en la guerra. También en las vacunas. En un mundo plural y multicultural se nos ofrecen muchos salvadores. La fe en el Mesías Jesús es la luz que nos guía en el camino a la fraternidad.

                                                                                José-Román Flecha Andrés

lunes, 14 de junio de 2021

DOMINGO 12º TIEMPO ORDINARIO B 2021

REFLEXIÓN -Domingo 12º del Tiempo Ordinario. B. 20 de junio de 2021

EL DOMINIO SOBRE EL MAR

“Hasta aquí llegarás y no pasarás, aquí se romperá la arrogancia de tus olas”. Dios recuerda a Job que él y solo él pudo dar esas órdenes al mar (Job 38,11). Job no entiende por qué le han sobrevenido tantas desgracias, siendo un hombre justo como es. Según la concepción de su pueblo, Dios debería premiar su bondad y librarle de las desgracias. 

Puesto que los amigos que acuden a consolarle no son capaces de darle una razón convincente, Job apela al mismo Dios. Y Dios se le muestra como el único que puede poner límites tanto a las olas del mar como a los ataques del mal.

Con el salmo 106, nosotros proclamamos no solo la grandeza de Dios sino también su cercanía y su compasión: “¡Porque es eterna su  misericordia!”

Según san Pablo, gracias a la muerte y resurrección de Cristo, Dios nos ha concedido el don de ser una criatura nueva. Una criatura renacida (2 Cor 5,14-17).

LAS DUDAS

El mar aparece también en el evangelio que se proclama en este domingo 12º del Tiempo Ordinario. Una tormenta repentina levanta en el lago unas olas tan grandes que inundan la barca en la que navegan los discípulos, llevando a Jesús a bordo (Mc 4,35-40).  No es extraño que surjan en ellos algunas dudas.  

 • Jesús les ha pedido que se alejen de la costa y se hagan a la mar, pasando a la otra orilla del lago. Lo asombroso es que Jesús no haya previsto la tormenta que les iba a sorprender durante la travesía. Los discípulos parecen dudar de la sabiduría de su Maestro.

• Además, pueden dudar también de su bondad y su justicia. Él les ha dado una orden y ellos han obedecido. Pero la obediencia los ha puesto en una situación de peligro. Tal vez empiezan a pensar que, si sobreviven a este peligro, procurarán actuar por cuenta propia.

• Por otra parte, Jesús siempre se ha mostrado atento a las necesidades de las personas que lo buscan y le siguen. ¿Cómo es que en esta ocasión se ha dejado vencer por el cansancio y duerme despreocupado de sus amigos? 

• Finalmente, los discípulos se sienten dominados por el miedo. El Maestro siempre ha mostrado su poder sobre los demonios. ¿No será capaz de vencer a la tempestad y poner freno a las fuerzas del mar embravecido?

DOS PREGUNTAS

Este relato evangélico presenta a nuestra consideración dos preguntas que brotan espontáneas de la boca de los discípulos de Jesús:

  “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Esta primera pregunta refleja en realidad la desconfianza que a veces paraliza también hoy a los seguidores de Jesús. Pero a Jesús le importa la suerte de sus discípulos. No le han elegido ellos. Él los ha elegido libremente y presta atención a sus dificultades.

• “¿Quién es éste a quien el viento y las aguas obedecen?” Esta segunda pregunta revela el camino que ha de conducir a los creyentes de hoy. También en las dificultades actuales hemos de aceptar a Jesús como Señor y anunciar su presencia en el mundo. En Jesús se manifiesta la fuerza de Dios, que ha puesto límites al mar.

- Señor Jesús, tú conoces las amenazas que encontramos cada día en nuestra navegación. Pero saber que tú viajas con nosotros alienta nuestra confianza. Ten compasión de  nosotros y líbranos del mal. Amén.

                                                         José-Román Flecha Andrés


ORACIÓN - Domingo 12 del Tiempo Ordinario 20 de junio de 2021

 

LA TEMPESTAD

“Maestro, ¿no te importa que perezcamos?”

(Mc 4,38)

Señor Jesús, hemos leído muchas veces el episodio evangélico de la tempestad calmada. Nos horroriza imaginarnos a nosotros mismos sorprendidos en el mar por una borrasca que puede poner en peligro nuestra vida. Así que de forma instintiva pasamos al final del relato.

  No podemos culparnos por ello. Nos gusta recordar una escena que evoca tu dignidad y tu misión. Tú eres la Palabra viviente y te levantas para imponer silencio al vendaval. Tú eres el Señor de la creación y de la historia. 

Solo tú puedes dominar las fuerzas del mal que nos hacen sentir nuestra pequeñez, nuestra debilidad, nuestra dramática vulnerabilidad. Y nuestro pecado. Solo tú eres el Señor que puede poner armonía donde antes triunfaba el caos.

Sin embargo, ante una pandemia de dimensiones planetarias, el papa Francisco nos ha invitado a recordar el grito casi blasfemo de tus discípulos. A pesar de su experiencia en el lago, se sintieron aterrorizados por la tormenta.

Seguramente habían pasado otras veces por situaciones semejantes. Sin embargo, en esta ocasión había un elemento que marcaba la diferencia. Tú viajabas con ellos en la misma barca.

Es verdad que tú ibas con ellos en la barca, pero dormías con  tranquilidad y  no te despertaban ni el bramido del viento  ni el vaivén de las olas. Comprendo el terror de tus discípulos. Quizá temían más por tu vida que por la suya.

También yo he vivido a veces en situaciones que me paralizaban. También yo me he preguntado si de verdad tú viajabas conmigo. Peor aún, he llegado a preguntarme si de verdad te importaba lo que yo estaba sufriendo y temiendo.

Señor Jesús, reconozco que soy un hombre de poca fe. Debería preocuparme más por ti que por mí. Hoy te ruego que tengas piedad de todos los que vamos en la barca, en la misma aventura, en la misma misión, en la misma esperanza. Ayúdanos a recordar que vamos contigo. Amén.

                                                         José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 19 de junio de 2021

 EUTANASIA Y MUERTE DIGNA

El Defensor del Pueblo de aquella autonomía estaba totalmente de acuerdo con la preocupación que se había mostrado en el congreso de Bioética sobre el tema de la eutanasia. Evidentemente tenía muchas dudas sobre la respuesta correcta que habría que dar en aquel momento.

En realidad más que un problema sanitario, la eutanasia parece hoy una cuestión política. En muchos lugares, los políticos ya no se identifican por la defensa de los proletarios, sino por su postura ante la vida humana. La promoción del sentimiento eutanasista constituye ahora una señal de identidad ideológica. Son los países más ricos los que ceden a la tentación de la eutanasia. La opción por los pobres nunca implica una opción por la muerte.

El Defensor del Pueblo decía que era necesario tener un buen criterio para decidir. Lamentablemente ya no podía pedirse una orientación a la Iglesia, que parecía empeñada en cerrar todos los caminos al progreso. Así que ofrecimos a su consideración algunos criterios por si los consideraba válidos.

• En el tratamiento de los enfermos graves, cuando los remedios ordinarios se muestran ineficaces, y con el consentimiento del paciente, es lícito recurrir a medios avanzados, aun en fase experimental y no exentos de todo riesgo, para bien de la humanidad.

• Es lícito interrumpir la aplicación de tales medios cuando los resultados defrauden las esperanzas puestas en ellos, contando siempre con el parecer del paciente –si es posible-, de su familia y de médicos verdaderamente competentes.

• Es siempre lícito contentarse con los medios normales que la medicina puede ofrecer. No se pueden imponer medios experimentales o demasiado costosos. Su rechazo por parte del paciente incurable no equivale a suicidio, sino a un acto de humildad y a veces de caridad hacia la familia o la colectividad.

• Ante la inminencia de una muerte inevitable, es lícito renunciar a unos tratamientos que únicamente vendrían a prolongar una existencia precaria, sin interrumpir las curas normales debidas al enfermo en casos similares.

 El señor Defensor del Pueblo se  mostró totalmente de acuerdo con estos cuatro criterios. Es más, dijo que habría que darlos a conocer inmediatamente y promoverlos en la sociedad.

Cuando le dijimos que esos criterios reflejan exactamente el pensamiento de la Iglesia Católica sobre la muerte digna, expresado en la instrucción Iura et bona, de la Congregación para la Doctrina de la fe (5.5.1980), se mostró  más que sorprendido.

La reacción de los cientos de jóvenes que habían organizado aquel congreso en su propia universidad fue francamente divertida.

Evidentemente siempre es fácil imaginar gigantes amenazadores para salir a combatirlos con la ferocidad que  no se merecen los molinos de viento.

                                                                    José-Román Flecha Andrés

 

lunes, 7 de junio de 2021

DOMINGO 11º TIEMPO ORDINARIO B 2021

REFLEXIÓN- Domingo 11º del Tiempo Ordinario. B. 13 de junio de 2021

EL REINO Y LOS ÁRBOLES

“Reconocerán todos los árboles del campo  que yo soy el Señor, que humillo al árbol elevado  y exalto al humilde, hago secarse al árbol verde y florecer el árbol seco. Yo, el Señor, lo he dicho y lo haré”. Este oráculo que nos trasmite el profeta Ezequiel (Ez 17,22-24) habla de Dios y del hombre.

Dios es el Señor. Él es la fuente de la vida. De su voluntad depende la suerte de los pueblos. A pesar de todas las apariencias, su palabra permanece en el tiempo.

Y el hombre hará bien en no creerse autosuficiente. El orgullo humano es totalmente ridículo.Una carástrofe, una pandemia o una revolución pueden alterar toda su vida.

Con el salmo responsorial proclamamos una convicción que debería ser sincera: “Es bueno  darte gracias, Señor (Sal 91).

Con san Pablo manifestamos que somos peregrinos y estamos de paso. En destierro o en patria, nos esforzamos en agradar al Señor (2 Cor 5,9).

LAS TENTACIONES

 En el evangelio según Marcos (Mc 4,26-34) se nos exponen hoy dos parábolas sobre el Reino de Dios con una clara referencia al ambiente de la gente del campo.  

 • En la primera el reino de Dios se compara con un hombre que echa la simiente en la tierra y se se vuelve a su casa. Mientras él hace su vida normal, la semilla germina y va creciendo por sí sola hasta producir la espiga y el fruto. Esta imagen ridiculiza nuestra soberbia y nos exhorta a la humildad. Hacemos lo que nos corresponde, pero el crecimieto del Reino de Dios no depende de nuestros proyectos o cavilaciones. 

• En la segunda parábola Jesús se refiere a la semilla de la mostaza. A pesar de su pequeñez, crece y llega a convertirse en un árbol, en el que los pájaros pueden armar sus nidos. Así es el Reino de Dios. Esta segunda parábola ridiculiza nuestra aprensión y nuestros temores al ver que nuestras iniciativas son tan insignificantes. Nuestro desaliento debe ser superado por la confianza en Dios que da el crecimiento a nuestros proyectos.  

LOS NIDOS

Hemos sido llamados a vivir en esperanza. Y la esperanza tiene mucho que ver con el caminar, como ya sugería san Isidoro. Contra la virtud de la esperanza surgen dos tentaciones.

La parábola de la semilla refleja la primera tentación: la presunción que alimenta nuestro orgullo. Nos lleva a pensar que somos nosotros los que damos la fuerza a la semila. Olvidamos que ella da el futo por sí misma.   

La parábola del grano de mostaza alude a la segunda tentación: la desesperanza que genera nuestro desaliento. Nos lleva a pensar que nuestras sencillas acciones y palabras nunca podrán crecer y ofrecer apoyo a los que lo necesitan. Olvidamos que la semilla del Evangelio no es aparatosa.

 Ezequiel habla de los altos cedros en los que anidan las aves. Jesús alude también a los nidos de los pájaros que pueden encontrarse en las ramas más humildes de la mostaza. Los hijos de Dios pueden encontrar cobijo en el árbol que Dios les ofrece. El tamaño del árbol importa menos que la providencia del Dios que cuida de nosotros.       

- Padre nuestro que estás en el cielo, reconocemos que tu misericordia supera nuestras posibilidades y remedia nuestros temores. Te damos gracias porque nos acoges y nos invitas a confiar en la fuerza y la gracia de tu Reino.  Bendito seas por siempre, Señor.

                                                  José-Román Flecha Andrés

ORACIÓN - Domingo 11 del Tiempo Ordinario 13 de junio de 2021

 

LA SEMILLA

 “Un hombre echa semilla en la tierra…

La semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo”

(Mc 14,22.24)

Señor Jesús, tú comparaste el reino de Dios con un labrador que echa una semilla en la tierra. Durante mucho tiempo yo solía fijarme en la semilla que crece por sí sola. Pensaba que la semilla se identificaba con esa palabra que nos trae la vida y la verdad. Y te daba gracias por ella.

 Por sabias e ilustradas que parezcan, nuestras palabras no son nada en comparación de la tuya. Tu palabra es tan sencilla que todos pueden entenderla. Es tan humilde que puede quedar sepultada en el silencio de la tierra. Es tan eficaz que puede remover las conciencias y cambiar los corazones.

Con todo, ahora veo que tú comparabas el reino de Dios con el hombre que echa la semilla en la tierra. Sin él no habría siembra. Y la semilla se perdería o sería pasto de los animales. Creo que tú has querido necesitarme, has respetado mi voluntad de salir a sembrar y hasta mi decisión al elegir una semilla u otra.   

Me alegra haber podido colaborar en la sementera. Pero tú señalas que el labrador descansa y duerme tranquilo, porque la semilla crece por sí sola. No es mi preocupación ni es mi interés lo que la hace germinar y crecer. Yo no he podido crear la semilla. Y no es mi reflexión lo que la lleva a dar el fruto deseado.

Es hermosa esa imagen de la semilla que crece por sí sola. Por una parte, me invita a reconocer con humildad que no son mis esfuerzos y afanes los que hacen crecer el reino de Dios. Y, por otra parte, me exhorta a vivir con gratitud ese milagro de la gratuidad de la llegada y del crecimiento del reino.

Gracias, Señor, porque has querido contar con mi colaboración al tiempo de la siembra de tu palabra. Y gracias porque me ofreces también la hermosa oportunidad de colaborar contigo a la hora de la cosecha de los frutos. Creo que no puedo desear nada más noble. Bendito seas por siempre.

                                                                  José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 12 de junio de 2021


SAN ANTONIO  Y LAS PUERTAS DE NAÍN

San Antonio de Padua (+ 1231) goza de una popularidad universal. Es interesante un comentario suyo sobre la resurrección de un joven de Naín, hijo único de una viuda. Jesús se encontró con el cortejo fúnebre a las puertas de aquel poblado, justo cuando llevaban a enterrar a aquel muchacho. 

Comentando aquel episodio evangélico, en un sermón predicado el domingo 16 después de Pentecostés, el buen franciscano se detenía a explicar que Naín representaba nuestro propio cuerpo, que, al igual que las antiguas ciudades, tiene tiene cuatro puertas.

Según  el famoso predicador,   “a fin de que el alma no sea sacada por ellas, estas puertas deben tener echados los cerrojos y estar custodiadas con guardas… Las cuatro puertas de la ciudad… son la vista, el oído, el gusto y el tacto”.

La puerta que se abre hacia el oriente significa la vista, porque al igual que la luz del sol que aparece por el oriente ilumina al mundo, así los ojos iluminan todo el cuerpo.

Hacia el mediodía se abre otra puerta que significa el oído, puesto que este sentido  se encuentra como en el centro, entre la vista y el gusto: “La vista me alcanza más que el oído, el  oído más que el gusto”.

El gusto está representado por la puerta que mira al occidente, que es por donde muere el día, cuando llega la hora en que esconde la luz al mundo y llegan las tinieblas. Esta oscuridad le trae a la mente el pecado. “Obsérvese que con la lengua pecamos de tres maneras: con la adulación, con la detracción, y comiendo y bebiendo más de lo necesario”.

Finalmente el sentido del tacto queda representado por la puerta que se orienta hacia el norte. El aquilón que viene del norte es el viento que  liga las aguas, según explicaba san Isidoro en las Etimologías.

Y así ocurre con el sentido del tacto. En efecto, “la iniquidad ata las manos para que no hagas buenas obras”. Es peligroso este sentido. Por el tacto de las manos solemos pecar de tres modos: tocando cosas deshonestas y torpes, robando lo ajeno, y no dando a los pobres lo que les pertenece.

El Santo portugués que culmina su vida terrena en Padua no se limita a señalar el pecado, sino que ofrece una propuesta positiva. El buen predicador expone las medidas para superar esas tentaciones: “Contra lo primero, enjuíciate a ti mismo. Contra lo segundo, conténtate con lo que justamente posees: grandes riquezas con la pobreza alegre y bastarse con lo que uno tiene. Contra lo tercero, sé abierto a los demás; tiende tu mano al pobre, para que recibas el doble de la mano de Jesucristo”.

Ya se sabe que San Antonio es el Santo al que se piden milagros y que busca los objetos perdidos. Pero se olvida que conocía tanto los evangelios como la cultura de su tiempo. Esos datos y la oración hacían de él un buen predicador.

                                                                   José-Román Flecha Andrés

lunes, 31 de mayo de 2021

LIBRO: PARA ORAR CON LOS SALMOS .Autor, José Román Flecha 2021

 


Los Salmos no han perdido actualidad a lo largo de los siglos. Nos presentan el drama permanente de la humanidad: la impostura y la opresión, la arrogancia de los poderosos y el dolor de los perseguidos, la angustia de los pobres y los enfermos, y la alegría de los fieles que cantan al Señor. Los Salmos son la canción multiforme de la vida. A estos antiguos testimonios de la oración de Israel nos acercamos ahora nosotros con veneración, intentando identificarnos con el espíritu que encierran, y releyéndolos a la luz del misterio de Jesús, nuestro Señor y Redentor.


SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO B 2021

REFLEXIÓN - Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. B. 6 de junio de 2021

 

SALVADOS POR LA SANGRE

“Esta es la sangre de la alianza que hace el Señor con vosotros”. Estas palabras nos sitúan en el largo peregrinaje de las gentes de Israel, liberadas por Dios de la esclavitud de Egipto. Moisés no se limitaba a asperjar a sus hermanos con la sangre de las víctimas ofrecidas en sacrificio al Señor. Les exponía el significado del rito (Éx 24,8).

 Dios hacía con aquellos peregrinos una alianza de pertenencia y protección, sellada con la sangre de las víctimas que ellos le ofrecían. Él se comprometía a compartir con ellos la vida que la sangre significaba. Y ese signo los comprometía a ellos a ser fieles a la alianza que Dios les proponía. Él los había puesto en el camino de la libertad. A ellos les correspondía ahora seguirlo con gratitud y responsabilidad.

Nosotros respondemos a ese mensaje, proclamando gozosamente una promesa: “Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor” (Sal 115). Según la carta a los Hebreos, no somos salvados por la sangre de los machos cabríos que Israel derramaba en honor de Dios. Es la sangre de Cristo la que nos consigue la liberación eterna (Heb 9,11-15).

  PAN PARTIDO Y COMPARTIDO

El evangelio según Marcos nos sitúa hoy en el contexto de la cena que Jesús celebra con sus discípulos la misma tarde de su prendimiento. Las gentes de su pueblo sacrificaban en el templo los corderos de la Pascua y agradecían una vez más la liberación que Dios había concedido a sus antepasados. Jesús, por su parte, estaba celebrando ya su propia Pascua.

De hecho, tomando el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo distribuyó entre sus discípulos, diciendo: “Tomad, esto es mi cuerpo”. El pan partido y compartido era un gesto muy expresivo. Con él, Jesús les hacía ver que entregaba real y definitivamente su propia vida para la salvación de los que creyeran en él.   

Sin embargo, este no era un gesto episódico y casual. Los discípulos habían de repetirlo en el futuro. Pero el signo tenía que ser acompañado por la vivencia de su significado. El pan entregado a los demás había de convertirse en el signo sacramental de su entrega personal. Tendría que ser el gesto memorial del amor del Señor.   

UNA VIDA QUE PERVIVE

Tras haberles dado el pan, Jesús hizo lo mismo con una copa de vino. Pronunció la acción de gracias a Dios y la pasó a sus discípulos, para que bebieran de ella. Las palabras del Maestro evocaban las antiguas palabras que Moisés había dirigido a su pueblo:

 • “Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos”. Se hacía presente el sacrificio de los corderos y cabritos ofrecidos al Señor. Como recordando las palabras de Juan el Bautista, Jesús se presentaba como el nuevo Cordero de la Pascua. Con su sangre Dios renovaba su alianza y la ofrecía a todas las gentes.

• “No volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”. Hay un tono de nostalgia en las palabras con las que Jesús anuncia que ya no beberá el vino de la tierra. Pero más importante que la nostalgia es la profecía. Mientras pasan la copa, Jesús anuncia a sus discípulos la novedad del convite fraterno en el Reino de Dios.

- Señor Jesús, te damos gracias por el signo del pan y del vino. Sabemos que hemos sido salvados por tu sangre. Y creemos que con estos signos de la cena has querido hacer visible la realidad de tu entrega, la decisión de mantener tu presencia entre nosotros y el anuncio de un amor y una vida que perviven mas allá de la muerte. Bendito seas. Amén. 

                                                       José-Román Flecha Andrés

ORACIÓN - Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo 6 de junio de 2021


El SIGNO DE LA ENTREGA

“Tomad, esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre”

(Mc 14,22.24)

Señor Jesús, con frecuencia volvemos nuestra atención al Cenáculo de Jerusalén. Allí pasaste el pan y el vino a tus discípulos. Los evangelios nos indican que no fue solo un gesto de cortesía o de amistad. De hecho, nos ayudan a evocar un rito cargado de sentido.

Tomar el pan, pronunciar la bendición, partirlo y entregarlo con una invitación expresa: “Tomad, esto es mi cuerpo”. Y de forma parecida, tomar el cáliz, pronunciar la acción de gracias y pasarlo a los discípulos, evocando experiencias compartidas y anunciando un futuro insospechado. Todo aquello era estremecedoramente nuevo.

No es extraño que Saulo, llamado Pablo, recibiera muy pronto la tradición de los hermanos que recordaban puntualmente cada uno de esos gestos. Al menos tres de las primeras comunidades, reflejadas por tres evangelios, conservaban muy viva aquella experiencia de la despedida del Maestro.

“Esto es mi cuerpo… Esta es mi sangre”. Tus palabras parecen a primera vista una expresión poética, teñida del dramatismo de quien ha podido prever la cercanía de su muerte. Sin embargo, aquellos testigos de la última cena meditaron profundamente tus expresiones y descubrieron en ellas el misterio de tu entrega.

De alguna forma, tú manifestabas que deseabas quedarte con ellos, junto a ellos y para ellos. Querías ser para siempre el único alimento que podía saciar su hambre de amor y de vida en horas de debilidad. Querías ser la bebida que había de calmar su sed y encender su espíritu. Y sobre todo, querías explicarles el sentido de tu entrega.

Señor Jesús, cada vez que recordamos y veneramos el regalo de tu cuerpo y de tu sangre, te damos gracias por el gran signo del pan y del vino. Por haberte quedado con nosotros en la Eucaristía. Por entregarte cada día por nosotros. Y por anunciarnos la asombrosa novedad del amor y del servicio compartido. 

                                                                                            José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 5 de mayo de 2021


LLAMAMIENTO A LA ACCIÓN

En la cuarta parte de su carta Octogesima adveniens (14.5.1971), el papa san Pablo VI ofrece unas orientaciones siempre actuales con relación a la acción social y política de “los cristianos y las cristianas”, según su mismo lenguaje (OA 40.41.46).

1. En primer lugar, recuerda la doble función de la doctrina social de la Iglesia: 1) iluminar los espíritus para ayudarlos a descubrir la verdad y distinguir el camino a seguir y  2) difundir la virtud del Evangelio para servir a la humanidad.

2.  Para ello, no basta recordar principios generales, manifestar propósitos, condenar las injusticias graves y denunciar con audacia profética. Es preciso que cada persona tome conciencia de su propia responsabilidad y se comprometa en una acción efectiva.

3. Por otra parte, todos solemos cargar sobre los demás la responsabilidad de las injusticias. Pero todos somos responsables. Esta humildad libera a la acción social de asperezas y sectarismos y evita el desaliento.

4. Frente al desaliento, se alza la esperanza cristiana que se basa en la presencia de Cristo y en la certeza de que hay otras personas que también buscan la justicia y la paz. En el corazón de toda la humanidad existe la voluntad de vivir como hermanos (OA 48).

5. Los cristianos se encontrarán siempre en situaciones muy diversas. Cada persona tiene que determinar su responsabilidad y discernir en conciencia las actividades en las que debe participar y elegir con diligencia su camino (OA 49).

6. Todos los cristianos estamos llamados a animar y renovar el mundo. Pero en esa tarea cabe una legítima variedad de opciones posibles, que requiere una recíproca comprensión de las posiciones y de los motivos de los demás. Citando el Concilio, recuerda el Papa que “lo que une a los fieles es más fuerte que lo que los separa” (GS 39).

7. Muchos cristianos pueden sentirse condicionados por sus hábitos de pensamiento, por su posición y hasta por sus intereses. Otros comparten todos los juicios y todas las opciones de su medio ambiente. En todo caso, hay que valorar la verdadera libertad en Cristo, que abre el espíritu de las personas a lo universal (OA 50).

Según el Papa, esos principios valen no solo para las personas, sino también para las organizaciones cristianas, llamadas a asumir una responsabilidad de acción colectiva. También a ellas atañen las exigencias concretas de la fe cristiana para una transformación de la sociedad, tan justa como necesaria, y para el logro del progreso integral que Pablo VI había ya propugnado en su encíclica Populorum progressio.

La Palabra de Dios no podrá ser proclamada ni escuchada si no va acompañada del testimonio de la potencia del Espíritu Santo, operante en la acción de la comunidad cristiana al servicio de sus hermanos y hermanas, en esos puntos donde se juegan ellos su existencia y su porvenir (OA 51).

                                                             José-Román Flecha Andrés

lunes, 24 de mayo de 2021

REFLEXIÓN - Solemnidad de la Santísima Trinidad. B. 30 de mayo de 2021

 

LA SANTA TRINIDAD DE DIOS

“Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra, no hay otro”. El libro del Deuteronomio pone en boca de Moisés esta exhortación a su pueblo (Dt 4,32-34.30-40). Dios ha creado el mundo, ha liberado a su pueblo de la esclavitud de Egipto, y le ha revelado su voluntad en el monte Sinaí. Él es el único Dios.

La respuesta del hombre a esas tres maravillas no puede ser otra que la aceptación y cumplimiento de los mandamientos de Dios. Él por su parte, promete a su pueblo la felicidad en la tierra que le ha entregado. Bien la recoge y proclama el salmo responsorial:  “Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad” (Sal 32).

Como evocando todavía la fiesta de Pentecostés, san Pablo nos recuerda hoy que el Espíritu da testimonio de que somos hijos y herederos de Dios y coherederos con Cristo, “de modo que si sufrimos con él, seremos también glorificados cn él” (Rom 8, 16-17).

LAS PALABRAS DEL ENVÍO

 Esas palabras del apóstol Pablo nos recuerdan nuestra fe en la santa Trinidad de Dios, que vemos también reflejada en las palabras de Jesús que se proclaman en el evangelio de hoy (Mt 28,16-20).

Jesús resucitado había dado cita a sus discípulos en lo alto de un monte. Desde allí los envía a anunciar su palabra por todo el mundo y a bautizar a todas las gentes “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Como sabemos el nombre significa, indica y revela la identidad y la misión de la persona. Esas palabras del envío nos recuerdan que hemos sido lavados, inmersos e incorporados en la bondad misericordiosa del Padre, en la cercanía y la salvación de Jesús y en la verdad y el amor que nos comunica el Espíritu Santo.

EL CAMINO DE LA FE

Demasiadas veces tenemos la tentación de reducir nuestra fe en la Trinidad Santa de Dios a una  mera afirmación teórica, que  nos parece tan difícil de entender como inútil para orientar nuestra vida y  nuestros compromisos sociales.

• Sin embargo, con los antiguos padres de la Iglesia, hemos de confesar y proclamar que nuestra fe en el Dios uno y trino es la fuente que da fundamento y  motivación a nuestros valores, a nuestros compromisos y a nuestras esperanzas. 

• Ya el  papa san Pablo VI señalaba la importancia de esta fe: “De aquí parte nuestro vuelo al misterio de la vida divina, de aquí la raíz de nuestra fraternidad humana, de aquí la captación del sentido de nuestro obrar presente, de aquí la comprensión de nuestra necesidad de ayuda y de perdón divinos, de aquí la percepción de nuestro destino escatológico”. 

 • Como sabemos, esta fe cristiana en la Santa Trinidad de Dios ha tenido un comienzo en la profesión de fe bautismal. Pero a lo largo de la vida, esa fe ha de ir recorriendo un camino de oración contemplativa, de acción generosa y de testimonio valiente en la vida de cada día. Finalmente, esperamos que esta fe reciba un día el premio gratuito y feliz de la gloria eterna de Dios.

- Padre nuestro que estás en los cielos, en este día te damos gracias por la vida que has creado. Aceptamos la luz de tu palabra que nos ha sido revelada en Jesucristo. Y nos comprometemos a vivir el amor a nuestros hermanos que el Espíritu Santo suscita en nuestros corazones.  Amén. 

                                                                                   José-Román Flecha Andrés

ORACIÓN- Solemnidad de la Santísima Trinidad 30 de mayo de 2021


BAUTISMO Y MISIÓN

“En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”

(Mt 28,19) 

Señor Jesús, en el final del evangelio según san Mateo se pone en tus labios una despedida que, en realidad, es el encargo de la misión que tú confiabas a tus discípulos. Una misión que era entonces y es ahora un privilegio impagable.

Tú nos envías por todo el mundo para que hagamos discípulos tuyos a las gentes de  todos los pueblos. Y nos pides que los bauticemos y les enseñemos a guardar lo que tú nos has mandado.

Es evidente que solo podremos hacer discípulos tuyos si con nuestra conducta demostramos que tu ejemplo y tus enseñanzas nos han motivado para caminar con unos ideales y una conducta realmente atrayentes.

Creo que no serán  mis palabras sino mis obras las que han de hacer comprender que tú eres el Salvador de nuestra humanidad. Me pregunto con frecuencia si con sincera humildad voy tratando de ser un discípulo creyente y creíble. 

Seguramente la clave de la misión está en ese bautismo en el  nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Ese es el bautismo que yo mismo he recibido y por el que doy gracias a la comunidad que me ha acogido en su seno.

Me gusta acercarme de vez en cuando a acariciar y besar la pila en la que he sido bautizado. Con ese gesto quiero agradecer este don de haber sido admitido a seguir tus pasos entre los que tú has elegido como discípulos.

Evocar mi bautismo me lleva a vivir con la confianza del hijo que es amado por el Padre, con la alegría de quien valora la enseñanza de la Palabra hecha carne y con la valentía que nos inspira la fuerza del Santo Espíritu.

Haber sido bautizado en el nombre de la Trinidad me introduce en la comunidad divina y me exhorta a reconocer la dignidad humana de cada persona. La fe en la Trinidad me sumerge en el don del amor eterno y me confía la tarea de hacerlo visible en el tiempo. Señor Jesús, ¿Cómo no agradecer tu elección y tu mandato?

                                                                          José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 29 de mayo de 2021

 

CRISTIANOS EN LA POLÍTICA

 En la tercera parte de su carta Octogesima adveniens (14.5.1971), el papa Pablo VI ofrecía algunas pautas sobre las actitudes de los cristianos ante la economía y la política.

1. Según él, la Iglesia no interviene ante los problemas sociales para apoyar una estructura, pero no se limita a recordar unos principios generales.

La doctrina social de la Iglesia surge de la reflexión sobre las situaciones concretas a la luz del Evangelio, para suscitar la voluntad de servicio y la atención a los más pobres (OA 42).

2. Esa reflexión exige instaurar una mayor justicia en la distribución de los bienes, en el plano nacional y en el internacional.

Hay que permitir a cada país promover su propio desarrollo, mediante una cooperación exenta de todo espíritu de dominio, económico y político. Y revisar la distribución de la producción, la estructura del comercio, el control de los beneficios y la ordenación del sistema monetario  (OA 43).

3. El Papa se refería a las empresas multinacionales, que pueden llevar a cabo estrategias sin control desde el punto de vista del bien común y conducir a una nueva forma de dictadura económica en el campo social, cultural e incluso político (OA 44). 

4. Hoy es necesario un cambio de los corazones y de las estructuras. Las personas solo conseguirán la libertad por medio de un amor que las lleve a cultivar el hábito del servicio a los demás.

Sin ese hábito, solo se llega a un cambio de amos que, “instalados en el poder, se rodean de privilegios, limitan las libertades y permiten otras formas de injusticia” (OA 45).

5. Desde el punto de vista de la fe, la actividad económica puede ser fuente de fraternidad y signo de la Providencia divina, dar origen al diálogo y suscitar la cooperación.

La economía corre el riesgo de absorber las energías de la libertad. Por eso, es necesario el paso de la economía a una política que procure la realización del bien común, superando los intereses particulares (OA 46).   

6. La política ofrece a los cristianos un camino serio y difícil para cumplir el deber de servir a los demás.

Si se dedican a la política han de ser fieles al Evangelio y  dar un testimonio de su fe mediante un servicio eficaz y desinteresado a la humanidad (OA 46).

7. Frente a una tecnocracia creciente, hay que inventar formas de democracia moderna. Para ello, cada persona necesita la posibilidad de informarse, de expresar su opinión y de comprometerse en una responsabilidad común (OA 47).

El Papa observa que hoy la libertad se entiende como reivindicación de la propia autonomía, en oposición a la libertad de los demás. Pero la verdadera libertad implica comprometerse y afanarse en una solidaridad activa. Solo entregándose al Dios que la libera, la persona encuentra la libertad restaurada en la muerte y en la resurrección del Señor.

                                                                                José-Román Flecha Andrés