EL CÁNTARO
jueves, 6 de agosto de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA -Domingo 19 del Tiempo Ordinario. A 9 de agosto de 2026
CAMINAR SOBRE LAS AGUAS
“Señor,
si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua”
(Mt 14,28)
1. Nunca
ha habido un tiempo de paz y de seguridad para los discípulos de Cristo. El testimonio
es siempre un martirio. ¿Somos conscientes de esa dificultad?
2. Los
cristianos vivimos el temor que nos atenaza en medio de las tempestades. ¿No
sentimos la tentación de seguir a los que parecen caminar seguros?
3. Simón Pedro tiene dudas ante aquel que le ha
parecido un fantasma. ¿No nos preguntamos nosotros si Jesús es verdaderamente
el Señor?
4. Entre
el miedo y la confianza, Simón Pedro dirige a Jesús una petición que suena como
un desafío. ¿No le pedimos nosotros con frecuencia algo que parece irracional?
5. De
todas formas, ¿estamos seguros los cristianos de que el Señor puede hacer
posible lo que parece humanamente imposible?
6. ¿Cómo puede la Iglesia superar el miedo a la
persecución y al fracaso y confesar su confianza en el Señor, que no la
abandona en medio de las tempestades?
7. Ir hacia el Señor es la clave de la vida
cristiana. ¿Tengo yo la humilde osadía de pedirle al Señor que me permita
dirigirme a él caminando sobre las aguas?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN - Domingo 19 del tiempo ordinario. A. 9 de agosto de 2026
EL VENDAVAL Y LA CALMA
“Después
del fuego, el susurro de una brisa suave”. En la primera lectura de la misa de
este domingo se nos presenta a Elías refugiado en una cueva del monte Horeb (1
Re 19,9-13). En aquel lugar, el Dios de
la liberación se había mostrado a Moisés. También Elías espera oír la palabra
del único Dios para poder enfrentarse a los que promueven el culto a Baal.
Contra
lo que imaginaba el profeta, Dios no se
presenta en el huracán ni en el terremoto ni en el fuego. Dios se hace presente
en el suave susurro de la brisa.
Todos
deberíamos dirigirle con humildad las palabras del salmo responsorial:
“Muéstranos, Señor tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84,9-14).
San Pablo manifiesta a los romanos el amor que le une a los de su raza, que tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas (Rom 9,1-5)
EL MIEDO
Después de la
distribución de los panes y los peces, Jesús pide a sus discípulos que tomen la barca para adelantarse, mientras
él despide a la gente y se retira al monte para orar a solas. Pero la
barca es fuertemente sacudida por el viento y por las
olas (Mt 14,22-33).
Bien sabemos que
en las páginas de la Biblia, el mar representa con frecuencia la fuerza del
mal. En este caso, atemorizados por el bramido del mar y por la fuerza del
oleaje, los discípulos de Jesús se sienten en peligro.
Cerca
del amanecer se les muestra su Maestro, caminando sobre las olas. Cuando
la fe es débil, no es fácil percibir la presencia de Dios y la fuerza de su
poder. Así que la media luz de la madrugada y el miedo
que se ha apoderado de los discípulos, les hacen
creer que es un fantasma. Pero el Señor se
acerca para traer la calma.
Atemorizados por los continuos ataques a la fe y a la Iglesia, muchos creyentes de hoy desean que Dios irrumpa con fuerza en nuestra historia. Pero Dios es discreto.
LA CONFIANZA
El
Señor se cuida de los que ha elegido y les
dirige una frase de aliento para que afronten la travesía: “¡Ánimo, soy yo, no
tengáis miedo!”. Nunca deberíamos olvidar esa voz.
• “¡Ánimo!”. Muchos
han escrito que la fe deshumaniza a la persona. No es verdad. La fe suscita en
el creyente una fuerza que a veces
parece inexplicable. La fe mueve montañas y aplaca tempestades. La fe no ignora
las dificultades, pero ayuda al creyente a superarlas.
• “Soy yo”. Muchos
atribuyen a la fuerza de su propia voluntad la capacidad para superar los
obstáculos de la naturaleza y las sacudidas de la historia. Pero no es verdad.
El ser humano es más débil y vulnerable de lo que está dispuesto a reconocer.
Necesita la confianza en la presencia y la protección de Aquel que es la fuente
de la vida.
• “No tengáis
miedo”. Muchos piensan que “el
hombre vive cada vez más en el miedo”, como escribió Juan
Pablo II
(RH 15). Pero los creyentes recuerdan que en los evangelios se repite una y otra vez la exhortación divina a superar el miedo. Esa
invitación va dirigida a la Iglesia y a cada uno de los que navegamos en esa
barca.
- Señor Jesús, tú sabes que también nosotros tenemos miedo. Pero a través de los
elementos de la naturaleza, como la brisa y el vendaval, podemos llegar a comprender
el misterio de tu presencia en nuestra historia. Esperamos
confiadamente que la fe nos ayude a percibir y agradecer tu providencia sobre nuestra propia vida. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN. - 8. agosto.2026
UN DECÁLOGO PARA HOY
Al clausurar el Consistorio Extraordinario, el
día 27 de junio de este año 2026, el papa León XIV dirigió a los cardenales un
discurso en el que evoca algunas cuestiones que caracterizan el momento actual
de la Iglesia y de la humanidad.
1.Ante los
sufrimientos provocados por las guerras, la violencia, la pobreza y las
numerosas injusticias que marcan la vida de los pueblos, hay que buscar sus
raíces. “De un corazón reconciliado pueden surgir palabras desarmadas, nuevas
relaciones y una paz capaz de llegar incluso a los pueblos”.
2. El sufrimiento a veces lleva a los jóvenes
hasta la desesperación. “Escucharlos a ellos y a sus familias con humildad es
también un camino a través del cual el Señor sigue convirtiendo a la Iglesia”.
3. Hay que tener en cuenta a la familia. “Allí
donde se la apoya y se la acompaña, crece una escuela de relaciones, de
solidaridad y de esperanza; allí donde está herida o aislada, toda la sociedad
sufre las consecuencias”.
4. Frente a la cultura del poder, es preciso “reconstruir
una cultura de la cooperación y del diálogo, capaz de dar nueva fuerza también
al multilateralismo, para que los pueblos vuelvan a aprender a buscar juntos el
bien común de toda la familia humana”.
5. Frente a las múltiples formas de violencia, es
urgente tratar de encontrar la respuesta no violenta, que “no consiste en
renunciar al conflicto ni en adoptar una actitud pasiva, sino en elegir
enfrentarlo sin reproducir su lógica”.
6. Hoy es oportuno “profundizar en el tema de la
legítima defensa a la luz de las profundas transformaciones que se han
producido en la naturaleza de los conflictos contemporáneos”.
7. La Doctrina social de la Iglesia “puede
convertirse cada vez más en patrimonio vivo de nuestras comunidades, en
criterio ordinario de formación de las conciencias y de discernimiento pastoral”.
8. El bien común no es simplemente un objetivo
que hay que perseguir: es una realidad que debemos redescubrir juntos.
9. Hay que recordar “la importancia del
testimonio, de la cercanía, de la formación de las conciencias y de la
construcción de comunidades fraternas y creíbles…
10. La Iglesia está llamada a convertirse en lo
que proclama. El modo en que escucha y
dialoga es parte de su anuncio. “Si sabemos buscar juntos la voluntad del
Señor, dejándonos guiar por el Espíritu Santo, nuestra comunión se volverá cada
vez más fecunda para la misión de la Iglesia y para el servicio a toda la
familia humana”.
Finalmente, el Papa dijo que “la violencia no tendrá la última palabra.” También ahora Dios sigue abriendo caminos de reconciliación y de paz. Y nosotros tenemos “la responsabilidad de recorrerlos con valentía y de ayudar al mundo a reconocerlos”.
José-Román Flecha Andrés
EXAMEN DE CONCIENCIA-Domingo 18 del Tiempo Ordinario. A 2 de agosto de 2026
EL HAMBRE DEL MUNDO
”No hace falta que vayan,
dadles vosotros de comer”
(Mt 14,4
1. Los
discípulos reconocen que no pueden alimentar a la multitud que sigue a su
Maestro ¿Somos nosotros capaces de reconocer nuestra insuficiencia?
2. Junto al hambre de alimentos, ¿Qué otras carencias se
pueden percibir hoy en la humanidad?
3. ¿Qué puede decirnos a nosotros la compasión que
experimenta Jesús al ver a las gentes que le siguen?
4. Los discípulos de Jesús hacen cuentas sobre el
dinero que haría falta para alimentar a la multitud. ¿Basta con hacer
cálculos para atender a las necesidades de las gentes?
5. ¿Qué significa para nosotros la exhortación que
Jesús dirige a sus discípulos: Dadles vosotros de comer?
6. ¿No pueden
ponerse de acuerdo las diversas religiones de la tierra para tratar de aliviar
el hambre de la humanidad?
7. ¿Tengo yo la sensibilidad necesaria para percibir las carencias que padecen las personas de mi entorno?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN - Domingo 18 del tiempo ordinario. A. 2 de agosto de 2026
DADLES VOSOTROS DE COMER
“¿Por
qué gastar dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura?
Escuchadme atentos y comeréis bien, saborearéis platos sustanciosos. Inclinad
vuestro oído, venid a mí: escuchadme y viviréis” (Is 55,1-3). Así se cierra la segunda parte del libro de
Isaías.
El
profeta invita a los hambrientos y sedientos a participar en el banquete de la
Sabiduría. Tan solo con sus esfuerzos el
hombre nunca podrá comprar la felicidad. Lo que realmente vale es la escucha de
la palabra de Dios y la fidelidad a su alianza.
Con
el salmo, reconocemos que el Señor abre su mano y nos ofrece lo que puede
saciar nuestras carencias vitales (Sal 144).
Según san Pablo, ni la angustia ni el hambre pueden separarnos del amor de Dios, que se nos ha manifestado en Jesucristo (Rom 8,35-39).
EL HAMBRE DEL PUEBLO
El
episodio de la multiplicación y distribución de los panes y los peces nos dice que solo Dios puede darnos el alimento que necesitamos (Mt 14,13-21).
El
relato evangélico nos dice que Jesús ha atravesado el mar de Galilea. Hay una
multitud de gentes que le han ido siguiendo por tierra para llegar a tiempo al
lugar donde él había de desembarcar. Está cayendo la tarde y los discípulos deciden
despedir a las gentes para que vayan a las aldeas cercanas y se compren algo de
comer.
Reconocen que ellos no
tienen más que cinco panes y dos peces. Nos impresiona advertir que los
discípulos de Jesús no tienen recursos para satisfacer el hambre de la
muchedumbre. En esa pobreza podemos ver reflejada la limitación de la comunidad
cristiana. La de los primeros tiempos y también la de ahora mismo.
Según el libro de Isaías, Dios invitaba a las gentes de Israel a un banquete gratuito. Solo él podía saciar el hambre y la sed de su pueblo. Andando los siglos, solo Jesús podía y puede alimentar en la penumbra de la tarde a quienes le siguen para escuchar su palabra.
UNA VOLUNTAD DECIDIDA
Jesús siente una sincera compasión por las necesidades de las gentes
que le siguen. Hemos de reconocer que también en este momento de la historia
nos interpelan esas palabras que Jesús dirige a sus discípulos.
• “Dadles vosotros de comer”. Ese mandato no puede dejarnos
indiferentes. Los bienes que se pierden en esta cultura del descarte pueden
remediar el hambre del mundo. No podemos volver la mirada hacia otra parte. Los
hambrientos y sedientos son nuestros hermanos.
• “Dadles vosotros de comer”. Ese mandato implica a los cristianos
de todos los lugares de la tierra. La Iglesia trata de ofrecer una ayuda
generosa, donde ninguna organización se atreve a llegar. Esa ayuda responde a
su ser y a la misión que ha recibido del Señor.
• “Dadles vosotros de comer”. Ese mandato es una orden con alcance
universal. El mensaje de Jesús no puede ser ignorado por los no creyentes. Es
obligado promover el progreso integral de todo el hombre y de todos los
hombres, como decía san Pablo VI.
- Señor Jesús, muchas gentes sufren el hambre de alimentos, la sed de buenas aguas y la necesidad de escuchar tu palabra. No podemos caer en la indiferencia. No permitas que ignoremos las necesidades de nuestros hermanos. Concédenos una mirada nueva capaz de descubrirlas y una voluntad decidida a buscar soluciones efectivas.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 1 de agosto de 2026
LAS HUELLAS DE DIOS
La
fe cristiana no tiene inconveniente en admitir el valor de la naturaleza. De
hecho, la fe ha suscitado sacrificios heroicos por atender al ser humano y su
ambiente natural. Es asombroso el puesto que en las escrituras bíblicas ocupa
el respeto a la naturaleza y la responsabilidad del ser humano en su
destrucción o conservación.
La
acusación de despotismo sobre la naturaleza dirigida a los cristianos suele
fundarse en las palabras que Dios pronuncia al final del poema bíblico de la
creación: «Llenad la Tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todo animal que serpea sobre la tierra» (Gén
1,28).
Esas
palabras van dirigidas al ser humano, creado “a imagen y semejanza” de Dios,
Creador de todas las cosas (Gén 1,26-27). El hombre es representante de Dios.
Está llamado a hacer visible y efectiva su providencia sobre el mundo creado.
Esos imperativos del Creador constituyen
al ser humano en visir y colaborador en su tarea.
El
“dominio” no equivale al despojo de la naturaleza. Dios invita al hombre a
compartir su tarea creadora y su responsabilidad sobre el mundo creado. Por
eso, el israelita confiesa en su oración: “El cielo pertenece al Señor, la
tierra se la ha dado a los hombres” (Sal 115,16). El verbo “dar” (natan) no implica la expoliación,
sino que significa “confiar” algo a la
responsabilidad de alguien. Así se dice
que “Salomón tenía una viña y se la dio a guardar (natan) a los aparceros” (Cant 8,11).
El
creyente proclama: “Tuyo es cuanto hay en cielo y tierra; tú eres rey y
soberano de todo..., tú eres Señor del Universo” (1 Cró 29,11). Y también: “Del
Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes” (Sal
24,1).
El
universo ha sido confiado al ser humano (Sal 8,4-10). El hombre es el señor de
las obras salidas de las manos de Dios. Pero ese señorío no es arbitrario. El
hombre es responsable del mundo ante Dios y ante sus hermanos.
Para
la Biblia, en la creación se encuentran las huellas de Dios. En los salmos se
evoca el lenguaje del cosmos: “El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la
obra de sus manos” (Sal 19,2).
La creación invita al trabajo fiel y
esforzado (cf. Prov 24,30‑34) y a la contemplación de Dios, que despliega los
cielos, hace manar las fuentes y da su alimento a los cachorros del león (Sal
104).
Según
el profeta Isaías, la tierra entera está llena de la gloria de Dios (Is 6,3).
Sin embargo, siendo obra de Dios, la creación no puede ser adorada en lugar del
mismo Dios (Is 40,12‑26).
Así
pues, achacar a la Biblia una justificación religiosa para el expolio de la
naturaleza significa desconocer la revelación del Dios creador y de la obra
salida de sus manos.
martes, 21 de julio de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 17 del Tiempo Ordinario. A 26 de julio de 2026 -
EL TESORO ESCONDIDO
“El
reino de los cielos
se
parece a un tesoro escondido en el campo”
(Mt 13,44)
1. En esta cultura que se considera como “líquida”,
es urgente hacernos una pregunta como esta: ¿Alguien considera el reino de Dios
como un tesoro escondido?
2. ¿Por qué causa tanto asombro que un
hombre conocido en todo el mundo no se avergüence de manifestar públicamente su
fe?
3. ¿Hay todavía algunas personas que están
dispuestas a dejar lo que consideran sus bienes para poder adquirir el tesoro
que han encontrado?
4. Haciendo nuestra la oración que Jesús
enseñó a sus discípulos, pedimos al Padre que venga a nosotros su reino. ¿Qué
nos exige esa venida que decimos esperar?
5. Si hemos tenido la suerte, o mejor la
gracia de descubrir el reino de Dios y su valor, ¿de qué deberíamos
desprendernos para gozar de él?
6. ¿Cómo podrían cambiar nuestras
estructuras políticas, sociales y eclesiásticas si de verdad descubriéramos la
grandeza y el valor del reino de Dios?
7. ¿Me pregunto personalmente qué aficiones
o tareas tendré que dejar para conseguir gozar de la presencia del reino de
Dios?
REFLEXIÓN - Domingo 17 del Tiempo Ordinario, A. 26 de julio de 2026
LA DECISIÓN ACERTADA
“Da
a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal
del bien”. Así oraba Salomón al comenzar su reinado (1 Reyes 3,5.7-12). No
pedía a Dios una larga vida o muchas riquezas, Salomón solo pedía “discernimiento para escuchar y gobernar”.
Aceptar
la voluntad de Dios y vivir de acuerdo con sus mandamientos nos daría sabiduría
y orientación en estos tiempos en los que todos los días se repite que “todo
vale”.
Deberíamos
revisar nuestras prioridades y manifestarlas con valentía. Para ello, podemos hacer
nuestra la confesión del salmo responsorial: “Señor, más estimo yo los
preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata” (Salmo 118,72).
A pesar de nuestra tibieza, hoy queremos repetir con fe las palabras que san Pablo escribe a los romanos: “A los que aman a Dios, todo les sirve para el bien” (Rom 8,28).
EL TESORO Y LA PERL
En
el evangelio que se proclama en este domingo (Mt 13,44-52) se recuerdan
tres parábolas de Jesús sobre el Reino
de Dios.
•
En la primera, el reino de Dios, se
presenta como un tesoro que un labrador encuentra en el campo. Puesto que el
tesoro encontrado por azar tiene un valor inmenso, la decisión más justa es
vender lo que se posee para comprar aquel campo.
•
En la segunda parábola el reino de los cielos, o Reino de Dios, se presenta
como una perla que encuentra un comerciante, que la ha buscado durante años.
También él cree que debe desprenderse de sus bienes para conseguir algo que
vale mucho más.
Es
evidente que hay que tener la lucidez para descubrir lo que realmente vale y la
decisión para desprenderse de lo que vale menos. Esa es la verdadera sabiduría:
la que nos lleva a tomar en cada momento la decisión acertada.
Con razón escribió san Pablo VI, en su exhortación sobre el anuncio del Evangelio (8.12.1975), que el Reino de Dios hace que todo lo demás se convierta en “lo demás”. De todo se puede prescindir menos de la grandeza y la gracia de acoger a Dios como Señor.
LA RED Y LOS PECES
Además,
el evangelio nos propone una tercera parábola. El reino de los cielos se
identifica con la red que los pescadores echan en el mar, esperando recoger toda clase de peces, buenos y menos
buenos. También esta imagen encierra algunos desafíos.
•
El Reino de Dios nos pide una mirada universal. No podemos encerrarnos en
nuestros límites. Tenemos que abrirnos a todos los hombres y mujeres, de
cualquier clase y condición. Todos somos invitados a reconocer a Dios como
Señor y como guía de nuestra existencia.
•
El Reino de Dios exige un cuidadoso discernimiento. No todos los peces que
quedan prendidos en la red tienen el mismo valor en el mercado. Es verdad que
el bien y el mal conviven en nuestra vida. Pero no se pueden identificar a la
ligera.
•
El Reino de Dios comporta una actitud de humilde esperanza. Con frecuencia juzgamos
las actitudes de los demás. Pero
nuestros juicios no siempre son acertados y respetuosos. La verdadera
valoración del bien y del mal corresponde a los ángeles de Dios.
- Señor Dios, que tu Espíritu nos ayude a desprendernos de lo que solemos considerar como valioso para gozar de lo que realmente tiene valor. Que él nos conceda la esperanza de los pescadores que arrojan la red en las aguas del mar. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 25 de julio de 2026
LA SOLEDAD DE
LOS ANCIANOS
El día 26 de julio, fiesta de los
santos, Joaquín y Ana, se celebra la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas
Mayores. Con este motivo, el papa León XIV ha publicado un mensaje titulado con
unas palabras que el libro de Isaías pone en la boca de Dios: “Yo no te
olvidaré” (Is 49,15). He aquí algunas de las ideas principales:
1.La
dolorosa sensación de ser olvidados es común en muchas personas, especialmente
entre los mayores.
2.Hoy
“sobre la vida de muchos mayores parece haberse extendido un velo que difumina
los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido”. Eso ocurre en las casas
donde reina la soledad y en las instituciones donde la persona es reducida al
número de su cama.
3.Es
preciso visitar a los abuelos, a los mayores de la familia y a aquellos que no
reciben ninguna visita, de forma que se produzca un tierno y afectuoso
encuentro.
4.Sin
embargo, en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de
Dios.
5.Recordando
su reciente encíclica, el Papa afirma que “la cultura digital multiplica las
conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; pero el corazón humano
conserva una necesidad irrenunciable de proximidad”.
6.A
veces se ve a los mayores como un peso. Muchos ancianos son abandonados por los
hijos que se ven obligados a migrar o a combatir en la guerra.
7.Como
dijo el beato Juan Pablo I, “Dios tiene siempre abiertos
los ojos sobre nosotros, incluso cuando parece que es de noche. Es padre; más
aún, es madre”.
8.Según
san Agustín, Dios “es madre porque calienta, porque nutre, porque amamanta,
porque custodia”. Nunca es tarde para comenzar a dirigirse a él.
9.Por
ser mayores no dejamos de ser hijos e hijas de Dios. Por eso sigue siendo
válida la invitación a volver a los brazos de Dios. Su amor es paternal y
maternal a la vez.
10.Hoy
muchos descubren la ternura de Dios en el último tramo de la vida. Es posible
hacerse mayores sin haber tenido una experiencia real de fe. Pero la edad
avanzada puede convertirse en el tiempo oportuno para iniciar o retomar una
vida espiritual.
11.Cuando
se acepta, la fragilidad abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de
Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la
reconciliación de los corazones y la paz verdadera.
12.Es
verdad que en la ancianidad somos “frágiles”, pero somos también “llamados”. Para
garantizar la convivencia humana, no valen la arrogancia y el poder, sino la
reconciliación y la paz verdadera.
Finalmente,
el Papa exhorta a los mayores a orar por la paz, les agradece que oren por él y
les desea que el Señor los renueve siempre en la fe, en la esperanza y en la
caridad. Porque él nunca se olvida de los mayores.
miércoles, 15 de julio de 2026
lunes, 13 de julio de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA -Domingo 16 del Tiempo Ordinario. A 19 de julio de 2026
LA HORA DE LA SIEGA
“Dejadlos crecer juntos hasta la siega”
(Mt 13,30)
1.
Algunos no toleran a las personas
que les parecen diferentes. ¿A qué se
debe esa intransigencia de los que excluyen a los que no comparten sus
ideas?
2.
En toda comunidad conviven
personas que aman el bien con otras que parecen decididas a hacer siempre el
mal. ¿Qué se puede hacer en esos casos?
3.
Siempre hay personas que critican
las diferencias de juicio y de conducta ¿Es evangélico promover una comunidad
reservada solamente a los perfectos?
4.
¿Ante los que parecen decididos a
ir por el camino del mal es preferible la exclusión o se debe hacer un
discernimiento y promover el ejercicio del diálogo?
5.
¿Nosotros nos vemos representados
por la imagen del trigo o de la cizaña?
¿Y a qué consecuencias nos lleva esa posible identificación?
6.
¿Juzgamos a todo el mundo o aceptamos
que el juicio final sobre el trigo y la cizaña está reservado al Señor y dueño
del sembrado?
7.
Conociendo mis defectos y aun mis
pecados, ¿aguardo yo la hora de la siega, esperando que Dios me juzgue con
misericordia?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN . Domingo 16º del Tiempo Ordinario. A - 19 de julio de 2026
“Tú,
dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia,
porque haces uso de tu poder cuando quieres” (Sab 12,18). Los poderosos de este
mundo no son moderados e indulgentes con los que no los apoyan. Muchos prometen
hacer justicia, pero la acomodan a sus
propios intereses.
Pero,
el poder de Dios se manifiesta precisamente en su misericordia. Dios nos ofrece la esperanza de ser
perdonados. Y nos enseña que quien trata de ser justo debe ser humano con
relación a los demás.
Con
el salmo responsorial proclamamos hoy esa cualidad divina que deseamos y
pedimos para nosotros: “Tú, Señor, eres bueno y clemente” (Sal 85).
Nos da confianza leer lo que san Pablo escribe a los romanos: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos pedir lo que nos conviene” (Rom 8,26).
LUZ Y OSCURIDAD
El texto
evangélico
que hoy se proclama refleja el ámbito agrícola con un mensaje sobre la siembra
y la cosecha (Mt 13,24-43). De nuevo pone en
boca de Jesús una parábola y a continuación le atribuye una alegoría.
• La parábola
refleja la paciencia de Dios. Él es el sembrador de la buena semilla. Trabaja a
plena luz del día y permanece cerca de su
campo. Pero hay un enemigo que actúa en la oscuridad, sembrando
en el campo una mala semilla. Los obreros se muestran preocupados y parecen tener
prisa por arrancar la cizaña, pero el dueño da muestra de su paciencia y los exhorta a esperar hasta el tiempo de la siega.
• La explicación que ofrece Jesús es una alegoría. Los protagonistas son el Hijo del hombre que siembra el buen trigo y el diablo que siembra la cizaña. El trigo son los ciudadanos del Reino de Dios y la cizaña representa a los partidarios del maligno. A la hora de la siega, el trigo será recogido en los graneros y la cizaña será arrojada al fuego. Y eso es lo que sucederá con los malvados, nacidos de la semilla sembrada por el maligno.
EL BRILLO DEL SOL
La alegoría se
refiere especialmente a los justos, que son representados
por el trigo. Ellos son los que han nacido de la buena semilla sembrada por el
mismo Señor. La promesa que se refiere a ellos contiene tres palabras sobre las hemos de fijar nuestra atención.
• “Los justos
brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En primer lugar, el texto
menciona a los justos. Es una alegría saber que
los que han nacido de la iniciativa y de la semilla sembrada por el Hijo del
hombre son reconocidos y calificados como “justos”.
• “Los justos
brillarán como el sol en el reino de su Padre”.
En segundo lugar, se alude a la
luz del sol. De hecho, se recuerda que la buena semilla fue sembrada a pleno
día. Y se anuncia que los justos alcanzarán un futuro tan brillante como el sol.
• “Los justos
brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En tercer lugar, se menciona al
Padre celestial. La buena semilla son todos “los
ciudadanos del reino”. Su destino y la plenitud de su vocación se sitúa
precisamente en el reino de su Padre.
- Señor Jesús,
tú sabes que vivimos en un mundo en el que parece que
alguien ha sembrado la cizaña. Es verdad que también conocemos a buenos sembradores. Hoy te rogamos que nos libres de la cizaña que en la noche siembra el Maligno, para que
podamos
dar en abundancia la cosecha de trigo que con paciencia tú esperas
de nosotros. Amén.
José-Román Flecha Andrés