lunes, 18 de mayo de 2026

EL CÁNTARO: PRESENTACION . Solemnidad de Pentecostés. A

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PRESENTACION . Solemnidad de Pentecostés. A

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EXAMEN DE CONCIENCIA - Solemnidad de Pentecostés. A 24 de mayo de 2026

 

         VEN, ESPÍRITU DIVINO


1.      En la secuencia de Pentecostés se pide hoy al Espíritu divino que mande su luz desde el cielo. ¿Es que pensamos acaso que vivimos en la oscuridad?

2.      En el mismo poema se invoca al Espíritu Santo como “Fuente del mayor consuelo”. ¿Creemos de verdad que necesitamos el consuelo de Dios?

3.      El Espíritu Santo es invocado en la liturgia como “Padre amoroso del pobre”. ¿Procuramos hacer visible a los pobres esa protección del Espíritu?

4.      Hoy pedimos al Espíritu: “Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro”. ¿Tenemos la sensación de ese vacío que solo el Espíritu de Dios puede colmar?

5.       El Espíritu es el gran don de Dios y el origen de todos sus dones. ¿En un mundo que cree valorar los derechos humanos, creemos necesitar los dones divinos? 

6.      El Catecismo de la Iglesia Católica recoge una larga lista de imágenes con las que la Biblia se refiere al Espíritu Santo. ¿Cuántas de ellas recordamos?

7.      ¿Estoy convencido de necesitar los dones del Espíritu Santo para realizarme como persona y para vivir según el Evangelio?

José-Román Flecha

REFLEXIÓN - Solemnidad de Pentecostés. A 24 de mayo de 2026

 

                                                  ENVÍA TU ESPÍRITU 

“De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de un viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados” (Hech 2,2). Se celebraba la fiesta de Pentecostés y los apóstoles estaban reunidos en Jerusalén. Tal vez se preguntaban cómo iniciar la misión que el Señor les había confiando.

De pronto, un  trueno se deja “oír” por todos. Y a continuación, unas lenguas como de fuego se dejan “ver” sobre cada uno de ellos. Entran en juego los sentidos corporales. 

 Es la presencia del Espíritu de Dios. Es como una nueva creación. Una nueva manifestación de lo divino. Una elección y una misión. Habrán de dirigirse no solo al pueblo de Israel, sino también a todas las gentes, que los oirán en sus respectivas lenguas.   

Con el salmo responsorial dirigimos al Padre la súplica que es obligada en el día de hoy: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de a tierra” (Sal 103).

San Pablo nos recuerda que “Nadie puede decir que Jesús es Señor, sino por el Espíritu Santo”. Vivamos unidos, porque “todos hemos bebido de un solo Espíritu (1 Cor 12,3.13). 

DISCERNIMIENTO Y DOCILIDAD

El evangelio que se proclama en esta fiesta de Pentecostés (Jn 20,19-23) nos remite a aquel primer día de la semana en que Jesús resucitado se presentó en medio de sus discípulos y les deseó la paz. Ellos lo reconocieron  al ver sus llagas y se llenaron de alegría. 

Entonces, Jesús sopló sobre sus discípulos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos”. En una sociedad como la nuestra ¿Qué significan esas palabras?

• Recibir el Espíritu Santo es acercarnos a la fuente.  La verdad que podamos anunciar y el bien que podamos hacer no brotan de nuestra mente ni de nuestra voluntad.  Solo el Espíritu de Dios puede librarnos de nuestra presunción y de nuestro desaliento.

• Perdonar o retener los pecados tampoco depende de nuestra personal apreciación de la responsabilidad de los demás. Solo el Espíritu puede mover a los pecadores a la conversión y concedernos el discernimiento para evaluar la responsabilidad, la culpa y el arrepentimiento. Del Espíritu viene el perdón, el discernimiento y la docilidad para reflejar su misericordia.  

TESTIGOS DE LA VERDAD Y EL PERDON

Pero antes de ese precioso encargo, Jesús manifiesta ante sus discípulos la  misión que él  mismo ha recibido: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Ese envío es lo que garantiza su autoridad y lo que fundamenta y motiva nuestra responsabilidad.

• “Como el Padre me ha enviado”. Jesús es consciente de haber sido enviado por el Padre celestial. Él dijo alguna vez que atender a su voluntad era su comida. Escucharla y cumplirla era el sustento de su vida y era la razón de su actuación en el mundo.

• “Así también os envío yo”. Sin embargo, Jesús había buscado colaboradores para anunciar por todo el mundo la llegada del Reino de Dios. El que había sido enviado por el Padre, los envía a ellos y nos envía a nosotros a anunciar la presencia misericordiosa de Dios.

- Señor Jesús, te damos gracias porque has querido elegirnos sin ningún mérito nuestro para continuar la misión que el Padre te ha confiado. Tú sabes que somos débiles, miedosos e interesados. Que tu Espíritu nos dé la lucidez, la fuerza y la humildad para ser siempre y en todo lugar testigos de la verdad y del perdón.  Amén.

                                                                          José-Román Flecha Andrés

 

CADA DÍA SU AFÁN -23 de mayo de 2026


CREER, ESPERAR Y AMAR 

Según san Isidoro, “unas virtudes ocupan el puesto más elevado y otras el de en medio. La fe, la esperanza y la caridad son las supremas, porque quienes las alcanzan las poseen de verdad. Las otras virtudes están en el medio, porque pueden adquirirse para provecho y para ruina”. 

1.Sobre la virtud de la fe, dice que “nos permite creer firmemente lo que no podemos ver”. Es necesario creer en los demás para poder convivir. Además, “no podemos alcanzar la verdadera felicidad sino mediante la fe”. Es más, “es feliz el que con rectitud de fe lleva una vida santa y con vida santa conserva la rectitud de la fe”.

En realidad, “no solo hay que dar crédito a lo que percibimos por los sentidos corporales, sino más aún a lo que conocemos por la inteligencia, es decir, a Dios. Sin la fe, nadie puede agradar a Dios”.

Como adelantándose a los tiempos, añade él que “la fe de ningún modo se impone por la fuerza, sino que se justifica con la razón y los ejemplos. Si se exige con violencia no puede perseverar”.

Por eso, la fe exige una adhesión personal, íntima y verdadera. Dios contempla la fe en el corazón, donde no caben fingimientos. “De nada aprovecha la fe que se mantiene de palabra, si no se cree de corazón y de nada aprovecha la fe que se mantiene en el corazón, si no se pregona con palabras”.

2. Sobre la virtud de la esperanza (spes), escribe san Isidoro que su nombre deriva de pes, es decir el pie. Así que esperar es mantenerse en camino. Estas referencias no dejan de revelar esa gran verdad que señala inmediatamente: “El que ama el pecado no espera la gloria futura”.

A la misma idea nos remite al escribir que “los que no desisten de obrar el mal, con vana esperanza buscan el perdón de la misericordia divina”. En efecto, “todo justo resplandece por la esperanza y el temor, pues la esperanza lo dispone al gozo, y el terror al infierno lo impulsa al temor”.

3. Sobre la virtud de la caridad san Isidoro dice que es mayor que todas las virtudes, porque quien ama, también cree y espera. Quien no ama, aunque haga muchas cosas buenas, se esfuerza en vano.  

El amor se distingue por el destinatario del afecto. Según él, “hemos de amar a Dios más que a nosotros; al prójimo como a nosotros; al enemigo como al prójimo. Y si no amamos a Dios, de ningún modo podremos amarnos a nosotros mismos”.

Según el Santo, sin amor de caridad, aunque se tenga la virtud de la fe, no se puede alcanzar la felicidad eterna. Además, afirma que “no ama a Cristo en su totalidad, quien odia al hombre”.

Su consejo final se adelanta a los principios de la Bioética moderna: “Dos normas hay que observar en el amor al prójimo: una, la de no ocasionarle daño; la otra, la de procurarle el bien. Lo primero, para evitar herirle; lo segundo para aprender a dar”.  

 

José-Román Flecha Andrés

lunes, 11 de mayo de 2026

PRESENTACIÓN power point. La ASCENSIÓN DEL SEÑOR

EXAMEN DE CONCIENCIA - Solemnidad de la Ascensión del Señor. A 17 de mayo de 2026


         PRESENCIA Y COMPAÑÍA

  “Yo estoy con vosotros todos los días

hasta el final de los tiempos” 

(Mt 28,20)

1.      Nunca nos bastamos a nosotros mismos. Todos necesitamos a los demás. Y es una suerte tener personas dispuestas a acompañarnos. ¿Sabemos ser agradecidos?

2.      Por otra parte, todos hemos de acompañar a los demás en los momentos felices y en las horas más amargas. ¿Estamos dispuestos a prestarles ese servicio?

3.      El Mesías había sido anunciado como el Emmanuel, es decir como el “Dios con nosotros”. ¿Recordamos que Jesús acompañó compasivo a los más necesitados?

4.      El Señor prometió a sus discípulos estar con ellos todos los días hasta el final de los tiempos. ¿Cómo podemos aceptar, vivir y agradecer aquella promesa?

5.      ¿Cuáles son los motivos que suelen impulsar a los que se dicen creyentes a ignorar la presencia y el acompañamiento del Señor?

6.      Es evidente que estamos en una época muy difícil. ¿Procuramos los cristianos confiar en la presencia y la ayuda de nuestro Maestro?  

7.      ¿En este momento de mi vida, estoy yo viviendo, agradeciendo y anunciando la presencia y la compañía que el Señor nos prometió?

 

                                                                                                 José-Román Flecha

REFLEXIÓN - Ascensión del Señor a los Cielos. A 17 de mayo de 2026

 

 LA MISIÓN Y LA ESPERANZA

A la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista” (Hech 1,9). En la primera lectura que hoy se proclama (Hech 1,1-11) se recuerda la Ascensión del Señor y nuestra responsabilidad como continuadores de su misión.  

• En primer lugar, observamos que en apenas tres versículos se mencionan hasta cinco veces las referencias a la vista. Se trata de subrayar tanto la realidad visible del Señor como el valor del testimonio de sus discípulos.

• Después, aparecen dos hombres que  recuerdan a los que el evangelio de Lucas había situado al lado del sepulcro vacío de Jesús (Lc 24,4). En ambos casos, se insinúa que la visión humana es insuficiente sin una explicación celestial.

• Finalmente, la nube que oculta a Jesús nos recuerda la que lo envolvía en el momento de la transfiguración (Lc 9,34). Entonces como ahora, la nube representa el poder del Altísimo, presente ya en el nacimiento de Jesús (Lc 1,35).

El Salmo responsorial suena como un himno triunfal: “Dios asciende entre aclamaciones: el Señor, al son de trompetas” (Sal 46).

Según la carta a los Efesios, necesitamos la luz de Dios para comprender la esperanza a la que hemos sido convocados (Ef 1,17-23).

EL TRIPLE ENCARGO

En el final del evangelio de Mateo que se proclama en este día de la Ascensión del Señor a los cielos, se recoge el triple encargo que Jesús deja a sus discípulos (Mt 28,16-20): 

• Él los envía para que, apoyados en su poder, vayan por el mundo con una misión universal: la de hacer discípulos a todos los pueblos.

• Junto al anuncio de la salvación han de llevar a cabo la misión de bautizar  a las gentes en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

• Y finalmente, han de procurar enseñar a todos los hombres a guardar los mandamientos que Jesús les ha dejado.  

PRESENCIA Y COMPAÑÍA

La triple tarea que, al ser glorificado,  Jesús deja a sus discípulos no habría de ser fácil. Sin embargo, el Señor promete a los suyos que él los acompañará a lo largo de los tiempos. Esa certeza alentará a todos los evangelizadores:

• “Yo estoy con vosotros”. Ya antes de su nacimiento, Jesús había sido anunciado por el ángel como el Emmanuel, es decir, el “Dios con nosotros”. Al final de su camino terreno,  él se ha atribuido finalmente ese nombre. Y nosotros creemos en la sinceridad de su promesa.

• “Todos los días”. Nos alegra pensar que Dios está con nosotros en los momentos de triunfo y así lo celebran los que creen en él. Pero él también nos acompaña en los dias de tormenta y de hospital, en las noches de pandemia y de soledad.  

• “Hasta el fin del mundo”. No somos los primeros cristianos ni los últimos. Somos un sencillo eslabón en la cadena de los que creen, esperan y aman. Vivimos recordando el pasado y acordando la paz para el futuro, pero siempre bien atentos al presente.

- Señor Jesús, tú nos has confiado el alto honor y la gran responsabilidad de anunciar el evangelio a todas las gentes. Te rogamos que nos concedas luz para conocerlo y valentía para anunciarlo con alegría. Confiamos en tu presencia y compañía. Amén.

                                                                                               José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 16 DE MAYO DE 2026

 

                                                     LAS VIRTUDES CARDINALES

Tras atribuir a Sócrates la denominación de las cuatro virtudes morales o cardinales, san Isidoro incluye en las Etimologías una breve presentación de las mismas. Por la prudencia distinguimos en las cosas lo malo de lo bueno. La justicia, aplicando un criterio correcto, permite que se distribuya a cada uno lo suyo. La fortaleza soporta las adversidades. Mediante la templanza, se refrena la lujuria y la concupiscencia.

1. Refiriéndose a la primera de las virtudes cardinales, san Isidoro define al prudente como el que ve de lejos y puede anticipar con tiempo un acontecimiento.

A la virtud de la prudencia se refiere cuando afirma que el mal uso convierte a algunas virtudes en vicios. Así el celo excesivo, cuando traspasa los límites que le impone la prudencia, se parece demasiado al vicio de la ira, mientras que la mansedumbre desmedida engendra la inacción perezosa.

En consecuencia, “la discreción del varón prudente mira con solicitud para no practicar destempladamente lo bueno y para no pasar de la virtud al vicio”.

2. Con relación a la virtud de la justicia, san Isidoro escribe que los gobernantes han de saber que son de la misma naturaleza que los gobernados. Han de estar atentos a favorecer a los pueblos y no a perjudicarlos. No han de oprimirlos con tiranía, sino que deben velar por ellos con benignidad y condescendencia.

El buen rey se aparta del delito para dirigirse a la justicia antes que abandonar la justicia para entregarse al delito.

3. Antes de hablar de la fortaleza, san Isidoro reflexiona sobre la debilidad.  A la hora de medir el alcance de nuestra fuerza, hemos de ser prudentes. “Si es mayor el esfuerzo que el provecho de las almas, se debe renunciar a un trabajo al que acompaña una mínima ventaja”. 

La fuerza que a veces demostramos al afrontar nuestras dificultades es siempre un don gratuito de Dios. “El ser inteligentes, el sentirnos poderosos, lo debemos no al favor de otro cualquiera, sino al de Dios”

4. Analizando la virtud de la templanza, san Isidoro comenta el relato bíblico sobre Adán y Eva. Los humanos hemos perdido la virtud de la templanza ya en el paraíso original. “El primer hombre sucumbió fascinado por el diverso encanto de los seres”  

Evocando la antigua norma de la “mesura”, afirma que “hay virtudes, que, de no regularse por la discreción, pasan a ser vicios. La justicia que se excede de su justo módulo, origina cruel venganza; la demasiada compasión disuelve la disciplina; el excesivo celo, cuando pasa de la prudencia, llega a ser vicio de ira; la desmedida mansedumbre engendra la perezosa inacción”.

Como se ve, se requiere una gran capacidad de discernimiento para llegar a establecer los límites entre el vicio y la virtud.

                                                                                 José-Román Flecha Andrés

 

PRESENTACIÓN POWER

EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 6º de Pascua. A 10 de mayo de 202


         El AMOR Y LOS MANDAMIENTOS

  “Si me amáis, guardaréis mis mandatos” 

(Jn 14,15)

1.      La amistad y el amor no se demuestran solo con palabras. ¿Qué nos dicen estas palabras de Jesús sobre él mismo y sobre nosotros? 

2.      ¿Necesita Jesús nuestro amor o, más bien necesitamos nosotros mostrarle el nuestro para defender y realizar nuestra propia dignidad?

3.      ¿Estamos convencidos de que amar a Jesucristo es realmente importante para nosotros y para nuestras relaciones humanas?

4.      ¿En una sociedad como la nuestra, que tanto ensalza la autonomía personal y el relativismo, qué valor se da a los mandamientos?

5.      ¿Cómo se pueden observar y cumplir los “mandatos” de Jesús para que podamos vivir en la paz y en la justicia?

6.      ¿Se percibe hoy el interés en transmitir este mensaje de Jesús a las jóvenes generaciones?

7.      En la situación en la que ahora me encuentro yo ¿estoy tratando de mostrar mi amor al Señor cumpliendo sus mandatos?

                                                                                         José-Román Flecha

REFLEXIÓN -- Domingo 6º de Pascua 10 de mayo de 2026

 

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD 

“Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío escuchaba lo que decía, porque habían oído hablar de los signos que hacía… La ciudad se llenó de alegría” (Hech 8,5-8). Y eso, a pesar de que los judíos no miraban bien a las gentes de Samaría.

 Al mismo Jesús, algunos samaritanos le habían negado hospedaje, mientras que otros  lo habían acogido bien. Al final de su vida terrena el Maestro había enviado a sus discípulos a ser sus testigos en Jerusalén, en Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra (Hech 1,8).

Así pues, tras el martirio de Esteban, Felipe anuncia el Evangelio en Samaría. Él esparce una siembra, cuyos frutos recogerán los apóstoles Pedro y Juan al imponer las manos a los que han escuchado la Palabra de Dios y reciben el Espíritu.

A tantos siglos de distancia, nosotros nos alegramos de aquella expansión del mensaje evangélico y proclamamos con el salmista: “Aclamad al Señor, tierra entera” (Sal 6).

También hoy, hemos de estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza, con delicadeza y con respeto, como nos lo pide la primera carta de Pedro (1 Pe 3,15).

EL DON DE LA PRESENCIA

El evangelio de este domingo nos sitúa de nuevo en el escenario de la última cena. Entre las palabras de despedida (Jn 14,15-21), Jesús deja un mensaje inolvidable:

• En primer lugar, ofrece a sus discípulos la señal definitiva de la sinceridad del amor. No son las palabras las que cuentan, sino las obras. La prueba de su amor al Maestro ha de ser siempre el cumplimiento de sus mandatos.

• Consciente de que sus seguidores se sentirán huérfanos, Jesús les promete que pedirá al Padre que les envíe al Espíritu Consolador.  Aunque el mundo no lo conozca y no lo reciba, él estará siempre con ellos. El primer don del Espíritu será su presencia.

• Los discípulos de Jesús no deberán esperar bienes terrenos como recompensa por su fidelidad al Maestro. Si aman de verdad a Jesús y guardan sus mandatos, serán también amados por el Padre de los cielos, al que Jesús ama y al que se manifestará.  

 ABOGADO Y CONSOLADOR

  En realidad, Jesús parece preocupado por la sensación de orfandad que pueden vivir sus discípulos. Los de la primera hora y los de todos los tiempos. Por eso, introduce en su discurso una promesa que seguramente ellos no esperaban:

• “Yo pediré al Padre que os envíe otro Paráclito”. Esa palabra griega puede traducirse  como Abogado o Consolador. Al proclamar las bienaventuranzas, Jesús había dicho que los que lloran serán “consolados”. Este anuncio al final de su vida evoca aquella promesa.

• “Él estará siempre con vosotros”. Antes de su nacimiento Jesús había sido anunciado como el Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”. En su despedida dirá “Yo estaré con vosotros todos los días”. El Consolador prometido por Jesús, hará sentir su presencia.

• “Será el Espíritu de la verdad”. En el evangelio de Juan se dice que “la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (Jn 1,17). El Espíritu habrá de revelar el don de esa verdad,  que se hace especialmente necesaria en este mundo nuestro, entregado al relativismo.

- Señor Jesús, nosotros hoy tememos la soledad más que al error. Y valoramos nuestra libertad más que tu amor y el del Padre celestial. Envíanos tu Espíritu, para que nos ayude a cambiar nuestra mentalidad y nuestras opciones de vida. Amén.

                                                                                    José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 9 DE MAYO DE 2026


LOS VICIOS CAPITALES

Recorriendo la literatura patrística, descubrimos que ya Orígenes presentaba listas de vicios en número de siete, asimilándolos a los pueblos que los hebreos expulsaron de la tierra prometida, según el libro del Deuteronomio (Dt 7,1).

Pero la primera sistematización de los vicios la realizó Evagrio Póntico, al exponer el análisis de los “ocho pensamientos genéricos”.

  San Isidoro de Sevilla enumera los mismos vicios y se fija especialmente en la fatuidad de la erudición, en la hipocresía, la jactancia, la envidia, la simulación, la acedia y el odio.

En su libro de las Sentencias nos recuerda él que “de un vicio nace otro vicio, como de una virtud nace otra virtud”.

Sin embargo, afirma que “de vez en cuando, los vicios pugnan útilmente con las virtudes, para que, a resultas del conflicto, la mente se ejercite, y el ánimo, apartado de la arrogancia, se modere”.

El santo maestro es también un prudente pastor y trata de señalar en concreto las virtudes que han de atraer las miradas de los que se sienten tentados por el mal:

“Frente al ímpetu de los vicios hay que luchar con las virtudes contrarias; a saber: frente a la lujuria hay que emplear la pureza del corazón, frente al odio, hay que aprestar el amor, frente a la ira proponer la paciencia. Asimismo, frente al temor hay que servirse de la virtud de la confianza; frente a la indolencia, la actividad del celo; igualmente a la tristeza hay que enfrentar el gozo; al desánimo, la fortaleza; a la avaricia, la liberalidad; a la soberbia, la humildad. Y así, cada virtud reprime los vicios que surgen contra ella y domina los impulsos de las tentaciones con la fuerza de la divina caridad”.

Más adelante, advierte él que “primero hay que desarraigar del hombre los vicios y luego implantar las virtudes. Porque la verdad no puede tener cohesión ni estar unida con la mentira, ni el pudor con la desvergüenza, ni la lealtad con la perfidia, ni la castidad con la lujuria”.

Por otra parte, san Isidoro afirma que también de las virtudes pueden nacer algunos vicios: “A veces, hasta las virtudes, si son mal empleadas, engendran de suyo a los vicios. Lo cual acontece a causa del apetito desordenado del alma, al que no le basta el don que mereció, sino que se procura, por medio de este, elogios y ganancias censurables”.

La misma experiencia humana nos advierte que, en algunas ocasiones, una virtud puede degenerar en un vicio “si de vez en cuando y a su debido tiempo no se suaviza en modo alguno su rigor”.  

A pesar de todo, la fe nos enseña que la misericordia de Dios procura llevar al ser humano a recorrer el camino contrario, sacando virtudes aun de los vicios, para que podamos reformarnos de nuestra propia iniquidad.

                                                                                            José-Román Flecha Andrés

lunes, 27 de abril de 2026

PRESENTACION - DOMINGO 5º DE PASCUA - A

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EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 5º de Pascua. A 3 de mayo de 2026


                                          LA PREGUNTA POR EL CAMINO

   Señor, no sabemos adónde vas,

¿Cómo podemos saber el camino?”

(Jn 14,5)

1.      Se dice que hoy muchas personas se sienten desorientadas. ¿No será que caminan sin tener una meta prevista

2.      ¿Qué puede haber ocurrido para que tantas personas digan que no encuentran el camino correcto?

3.      ¿Qué puede significar esa frase que el evangelio de Juan pone en los labios del apóstol Tomás?

4.      ¿Qué importancia puede tener que esa frase del apóstol se sitúe precisamente en el contexto de la última cena de Jesús?

5.      ¿Cómo nos interpela a los cristianos que Jesús se presente como el camino, la verdad y la vida?

6.      ¿Nos preguntamos alguna vez como sonará esa presentación de Jesús en los oídos de los no cristianos?

7.      ¿Incluyo en mi oración personal una petición para rogar al Señor que me ayude a descubrir y seguir el camino recto?

                                                                                                       José-Román Flecha   

REFLEXIÓN - Domingo 5º de Pascua. A 3 de mayo de 2026

 

RECORDANDO LA META

 “Al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, porque en el servicio diario no se atendía a sus viudas” (Hech 6,1). Esta primera lectura de este domingo quinto de Pascua está llena de lecciones también para nosotros.

En primer lugar, vemos que la primera crisis de la comunidad no procede de la diversidad de creencias sino de un problema práctico, referido a la justicia y a la convivencia.

En segundo lugar, esa crisis se soluciona por medio del diálogo fraterno y por el reparto de responsabilidades. Una dificultad práctica da origen a una institución nueva.

La fe nos lleva a exclamar con el salmo responsorial: “Que tu  misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti” (Sal 32).

En realidad, solo la fe en Jesucristo, piedra angular de la Iglesia, nos ayudará a vivir como pueblo adquirido por Dios. Así podremos anunciar el gozo de haber sido liberados de las tinieblas para vivir en una luz maravillosa (1 Pe 2,9).

DESORIENTADOS

El evangelio que hoy se proclama nos lleva de nuevo a la sala de la última cena de Jesús con sus discípulos (Jn 14,1-12). De nuevo escuchamos otra dificultad del apóstol Tomás, que dice a Jesús: “Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?”

En estos tiempos, el acoso de las ideologías, la presión de la publicidad y la autosuficiencia de los intelectuales ha llevado a mucha gente a sentirse desorientada.

Son muchas las personas que tienen la impresión de no saber qué camino seguir para vivir en serenidad y alcanzar la paz y la justicia.

Son numerosos los jóvenes que en la fiesta de la Pascua han recibido el bautismo. Muchos de ellos confiesan que se sentían totalmente desorientados en una sociedad en la que no se estiman ni promueven los valores fundamentales. 

En un día como hoy decía el papa Francisco: “Recordemos la meta. Pensemos que estamos llamados a la eternidad. Al encuentro con Dios” (7.5.23).

ORIENTACIÓN

El domingo anterior, Jesús se presentaba como la puerta del redil, que ofrece a sus ovejas defensa y libertad. Hoy Jesús nos ofrece una triple revelación sobre su ser y su quehacer. 

• “Yo soy el camino”. Corremos el riesgo de desviarnos cuando tratamos de seguir los caminos que nos señala nuestra autosuficiencia. Con demasiada frecuencia aceptamos sin rechistar las pistas que nos presentan los interesados en desorientarnos.   

• “Yo soy la verdad”. Tenemos el peligro de repetir rutinariamente que “nada es verdad y mentira; que todo es del color del cristal con que se mira”.  Nos tragamos ingenuamente las mentiras que se nos ofrecen y caemos en un relativismo infame.  

• “Yo soy la vida”. Ya no hay duda de que estamos viviendo en una “cultura de la muerte”. Se ha convertido en un inmundo negocio dar muerte a los no nacidos, a los mayores, a las víctimas de la droga o a los secuestrados en una parte y otra del mundo. 

- Señor Jesús, que tu Espíritu nos ayude a superar las tentaciones que nos esclavizan. Te necesitamos a ti para no andar descaminados. Necesitamos tu orientación para poder seguir con alegría tu camino, para aceptar y proclamar con valentía tu verdad y para difundir en nuestro tiempo la cultura de la vida. Amén.

                                                                   José-Román Flecha Andrés                                      

CADA DÍA SU AFAN - 2 de mayo de 2026


LA ÉTICA CIVIL DE SAN ISIDORO 

En el décimo canto del Paraíso, Beatriz orienta a Dante para que vea llamear el ardiente espíritu de Isidoro. Un espíritu que no solo se mostraba en el interés por transmitir el saber de los maestros del pasado, sino por advertir de los vicios que podrían difundirse en el futuro.

Tras atribuir a Sócrates la denominación de las cuatro virtudes morales o cardinales, san Isidoro incluye en las Etimologías una breve presentación de las mismas. Por la prudencia distinguimos en las cosas lo malo de lo bueno. La fortaleza soporta ecuánimemente las adversidades. Mediante la templanza se refrena la lujuria y la concupiscencia. Y la justicia, cuando de aplica un criterio correcto, permite que se distribuya a cada uno lo suyo (Etim  II, 24,6).

En el libro de las Sentencias, san Isidoro ofrece una espléndida reflexión sobre las virtudes y los vicios. Basta aquí citar algunos ejemplos:

1. “Los mentirosos consiguen que no se les crea, aunque digan la verdad, ya que el embuste frecuente hace a menudo sospechoso al hombre aun siendo veraz” (Sent 2,30,1).

2. De la avaricia escribe que nunca puede saciarse. Citando un verso de Horacio, añade que el avaro siempre tiene necesidad, y cuanto más obtiene, tanto más intenta conseguir (Sent 2,2,7).

3. Al referirse a los orgullosos, afirma que “el amigo de la vanagloria no cesa de hacer aquello por donde le puedan venir continuas alabanzas” (Sent 3,23,7).

4. A los envidiosos les advierte que “la envidia del bien ajeno castiga al propio culpable, ya que el envidioso se consume por allí por donde el bueno adelanta” (Sent 3,25,1).

5. Con relación a los príncipes y a los que gobiernan, escribe que deben sobresalir más por su humildad y modestia, que por la excelencia del honor. Pero, sobre todo, han de dar ejemplo por su rectitud (Sent 3,49,2).

6. En consecuencia, san Isidoro escribe a continuación que los gobernantes han de saber que son de la misma naturaleza que los gobernados. Por eso han de estar atentos a favorecer a los pueblos y no a perjudicarlos. No han de oprimirlos con tiranía, sino que deben velar por ellos con benignidad y condescendencia (Sent 3,49,3).

7. En la misma obra nos dejó unas admirables reflexiones sobre la corrupción: “La aceptación de regalos es prevaricación de la verdad… El rico corrompe presto al juez con regalos. Mas al pobre, puesto que no tiene nada que ofrecer, no sólo se rehúsa escucharle, sino que se le oprime en contra de la verdad” (Sent 3,54,3-4).

Sobre este tema, añade: “Sepan los opresores de los pobres que se hacen merecedores de más grave condena cuando triunfan frente a aquellos a los que desean perjudicar” (Sent 3,57).

El bien y el mal no dependen de las leyes ni de la aprobación o rechazo de las mayorías. Por eso, este breve manual de ética civil puede conservar su palpitante actualidad.

                                                                                      José-Román Flecha Andrés

lunes, 20 de abril de 2026

EXAMEN DE CONCIENCIA -- Domingo 4º de Pascua. A 26 de abril de 2026

 

                                               LA PUERTA DEL REDIL

   ”Yo soy la puerta:

quien entre por mí se salvará

y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”

(Jn 10,9)

 1.      Seguramente a muchas gentes de hoy les resultarán extrañas las imágenes del pastor, del rebaño y del redil. ¿Significan algo para nosotros?

2.      ¿Podemos hacer nuestro el hermoso salmo en el que cantamos y proclamamos: “El Señor es mi pastor”?

3.      ¿Pero no es más extraño aún que Jesús se compare a sí mismo con la puerta del redil o del aprisco en el que se recogen las ovejas?

4.      ¿Hemos llegado a entender que, con la imagen de la puerta, Jesús quiere decir que por él nos viene la salvación?

5.      ¿Si Jesús es la puerta del aprisco, no tendremos que pedirle que nos ayude a librarnos de los que tratan de seducirnos y llevarnos al mal?

6.      ¿De verdad vemos en Jesús la posibilidad de vivir en libertad y de acudir a los pastos que dan alimento verdadero a nuestra existencia?

7.      ¿Confío personalmente en Jesucristo, sabiendo que él puede defenderme de quienes tratan de arrebatarme el único tesoro que merece la pena?

                                                                                  José-Román Flecha