EL CÁNTARO
jueves, 4 de junio de 2026
martes, 2 de junio de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo 7 de junio de 2026
EL PAN VIVO
“Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo,
el que come de este pan vivirá para siempre”
(Jn 6,51)
1. Jesús
se nos revela como el pan vivo que da la vida eterna. ¿Somos conscientes de la
importancia de esta revelación o tratamos de sostenernos con otros alimentos?
2. El
maná alimentó al pueblo hebreo en el desierto. ¿Vemos en Jesús el nuevo maná
que ha de sostener nuestro camino por este otro desierto de la vida?
3. En
la oración del Padrenuestro pedimos el pan de cada día. ¿Reconocemos en ese pan
la enseñanza y el ejemplo con que Jesús puede sostener nuestra vida?
4. Todos
nosotros tratamos de asegurar nuestra vida. ¿Somos conscientes de que recibir
el pan que Cristo nos ofrece nos asegura la vida eterna?
5. Hoy
se percibe una triste indiferencia ante el sacramento de la eucaristía.
¿Podemos ver algunas causas de este fenómeno?
6. Con
el himno del Congreso Eucarístico de Madrid cantamos: “Venid, adoradores,
adoremos a Cristo Redentor”. ¿Pasamos algún tiempo en adoración a la
eucaristía?
7. En
el sacramento de la eucaristía celebramos la entrega de Cristo por nosotros.
¿Estoy yo realmente dispuesto a entregarme a los demás como él nos enseñó?
REFLEXIÓN - Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. A 7 de junio de 2026
EL PAN BAJADO DEL CIELO
“Él te afligió haciéndote pasar hambre y
después te alimentó con el maná –que tú no conocías ni conocieron tus padres-
para enseñarte que no solo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de
la boca de Dios” (Dt 8,3). Según el Deuteronomio, Dios alimentó a su pueblo con
el maná, que no conocían sus antepasados.
Si
el hambre lo llevaba a reconocer su indigencia, el maná tendría que recordarle que Dios se cuidaba de él. Por
tanto debería agradecerlo por los siglos de los siglos.
De
hecho, el salmo responsorial invita a la comunidad a glorificar al Señor: “Ha
puesto paz en tus fronteras y te sacia con flor de harina (Sal 147).
Ya en la nueva alianza, san Pablo recuerda a los fieles de Corinto que la unidad de la comunidad viene exigida por el hecho de participar en el mismo pan y en el cáliz de la bendición, es decir de la eucaristía. El pan que partimos y compartimos nos une a todos en el cuerpo de Cristo (1 Cor 10,16-17).
LA VIDA Y SU SENTIDO
La multiplicación y distribución de los panes
y los peces se encuentra reflejada en los cuatro evangelios. Pero solo el
evangelio de Juan recoge el discurso que Jesús pronuncia después en la sinagoga
de Cafarnaúm.
En
el texto que hoy se proclama (Jn 6,51-58) Jesús manifiesta su identidad y su
misión: ˝Yo soy el pan vivo que ha
bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo
daré es mi carne para la vida del mundo”.
Como
los que seguían a Jesús por los caminos, también nosotros buscamos lo que ha de mantenernos en vida. No
solo el pan material que sostiene nuestra vida biológica sino también el otro
pan espiritual que da sentido a nuestra vida biográfica.
El pan del Señor no solo sostiene nuestra vida personal, que no es poco, sino que nos impulsa a abrir nuestros ojos a las necesidades de nuestros hermanos. El Señor nos da su carne para la vida del mundo, es decir para que el mundo tenga vida y sentido para ella.
AMOR Y SERVICIO
“Este es el pan que ha bajado del cielo: no
como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron. El que come este pan
vivirá para siempre”. Esa frase con la que se cierra el texto evangélico de hoy
era profética y lo será siempre.
•
“Este es el pan que ha bajado del cielo”. Esta primera parte incluye la
revelación del presente. Jesús es alimento para quienes escuchan su voz. Ese alimento supera todas
nuestras aspiraciones terrenas y nuestras previsiones inmediatas.
•
“No como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron”. La segunda parte
se refiere al pasado. Hay que agradecer todo lo que mantuvo la vida de los que
nos precedieron. Pero el maná no pudo
satisfacer su anhelo de una vida sin límites.
•
“El que come este pan vivirá para sIempre”. La tercera parte orienta nuestra
mirada al futuro que Dios nos ha prometido. Nosotros esperamos una vida en la
que participaremos de su misma vida, es decir de su amor eterno y defInitivo.
- Señor Jesús, tú conoces nuestra hambre y nuestra insatisfacción, nuestra nostalgia y nuestra búsqueda. Nosotros creemos que solo tu pan y tu palabra nos hacen presente tu memoria, nos dan fuerzas para recorrer el camino y alientan nuestra esperanza. Que tu cuerpo y tu sangre nos reúnan en comunidad de amor y de servicio. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 6 DE JUNIO DE 2026
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Considerando las “cosas nuevas” que presentaba
la sociedad a finales del siglo XIX, el papa León XIII iniciaba la Doctrina
social de la Iglesia. Ahora el papa León XIV nos invita en su primera encíclica
a reflexionar sobre las “cosas nuevas” que nos ofrece la tecnología.
En su primera encíclica “Magnifica humanitas”, ocupa
un puesto central su consideración de la inteligencia artificial: una ayuda muy
valiosa que requiere una seria atención. Con esa
intención, el Papa nos ofrece algunos puntos fundamentales:
1. “Las denominadas
inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no
pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde
dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad”.
2. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan
el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el
peso de las consecuencias”.
3. El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra
en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos,
oportunidades, reputación y libertad.
4. No podemos considerar a la IA como moralmente
neutra. Todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que
mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y
situaciones.
5. Para que la IA respete la dignidad humana y
sirva realmente al bien común, es esencial que esté clara la responsabilidad de
quienes diseñan y programan los sistemas y hasta de quienes los utilizan.
6. Es preciso discutir el código ético que debe
ser usado, sometiéndolo a criterios de justicia social compartida. De lo
contrario, quien controla la IA impondrá su propia visión moral, que se
convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas.
7. El
riesgo es que la IA haga parecer justa y normal una visión antihumana, según la
cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad,
eliminar lo imprevisto y controlarlo todo.
8. No se trata ciertamente de oponerse a la
inteligencia, sino de recordar que, cuando se repliega en sí misma, olvida que
ha sido hecha para servir a la vida y a la persona humana.
9. La calidad de una civilización se mide no por
el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad
de reconocer un rostro en el otro y no una función.
10. El Papa nos invita a contemplar en el rostro
del Hijo de Dios una magnífica humanidad que también ilumina
la época de la IA. El hombre es un colaborador en la obra de la creación, y no
espectador resignado ante los procesos tecnológicos que limitan su libertad y
su responsabilidad
lunes, 25 de mayo de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Fiesta de la Santísima Trinidad. A 31 de mayo de 2026
AMOR DE DIOS Y VIDA ETERNA
“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo
único
para que no perezca ninguno de los que creen en él,
sino que tengan vida eterna”
(Jn 3,16)
1. A muchas personas les resulta difícil
reconocer que Dios ama a este mundo. ¿Qué consecuencias puede comportar esa
desconfianza?
2. ¿En el ambiente religioso en el que nos
movemos es aceptada esa afirmación de que Dios entregó a su Hijo por amor?
3. ¿Se admite hoy la idea de que el ser
humano puede perderse si no cree en el Hijo de Dios o se aceptan otras imágenes
y medios de salvación?
4. La sociedad moderna pregona el valor de
la vida terrena, pero ¿no se contradice al despreciarla y suprimirla con tanta
ligereza?
5. En todas partes se proclama el valor de
la vida temporal, pero ¿se admite la idea y el valor de la vida eterna?
6. ¿Qué desafíos plantea a la pastoral y a
la catequesis de la Iglesia la afirmación del amor de Dios que Jesús dirige a
Nicodemo?
7. ¿Trato yo de acoger el amor de Dios para no perecer y alcanzar de él la gracia de la vida eterna?
REFLEXIÓN - Solemnidad de la Santísima Trinidad. A 31 de mayo de 2026
LA TRINIDAD DE DIOS
Moisés
había madrugado para subir a la montaña del Sinaí como le había ordenado el
Señor. Dios no faltó a la cita y bajó en la nube para encontrarse con él.
Cuando Moisés pronunció el nombre del
Señor, él pasó ante Moisés proclamando: “Señor, Señor, Dios compasivo y
misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad” (Éx 34,4-6).
Es
impresionante esa manifestación de Dios. Y es conmovedora la confianza de
Moisés. Como apelando a esa compasión y misericordia, se atreve a pedir al
Señor que acompañe a su pueblo, que perdone sus culpas y pecados y lo considere
como su heredad.
A
ese Dios rico en clemencia y lealtad dirigimos hoy nuestra alabanza, repitiendo
con un himno venerable: “A ti gloria y alabanza por los siglos” (Dan 3,52-56).
San Pablo exhorta a los Corintios a tener un mismo sentir y a vivir en paz. Para que el Dios del amor y de la paz esté con ellos (2 Cor 13,11-13).
DEBILIDAD
Y MISERICORDIA
Comentando
estas palabras, escribía el papa Benedico XVI en su encíclica Deus caritas est: “La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido
lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva
profundidad y amplitud” (DCE 1).
En
otro tiempo, Dios manifestaba por medio
de Moisés la compasión que lo había llevado a liberar de Egipto a su pueblo. El
mismo Dios manifiesta ahora, por medio de Jesús, que su amor se dirige a todo
el mundo.
En
la religión de los griegos y romanos nunca se habría podido imaginar que los
dioses amaran a los hombres. Los dioses infundían terror. Parece que hemos
vuelto atrás. Hoy son muchos los que consideran
a Dios como un tirano prepotente y vengador. Como respuesta a ese prejuicio, hoy se considera al hombre como poderoso y
autosuficiente.
Pero
la corrupción, las adiciones y las guerras nos obligan a reconocer nuestra debilidad. Ahora podemos
redescubrir nuestra debilidad y la misericordia de Dios.
En
la fiesta de la Santísima Trinidad se suele recordar a los tres personajes que
aparecen en el célebre icono de Andrei Rublev. Tres personas diferentes revelan
su identidad divina.
A
las tres persona del único Dios se refiere san Pablo en su saludo a los
corintios, que nosotros repetimos al inicio de la misa: “La gracia de nuestro
Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén
siempre con vosotros” (2 Cor 13,13).
•
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo”. Si por Moisés nos fue dada la Ley, la fe nos dice que por Jesús recibimos
la gracia y la verdad que nos hace libres (Jn 1,17; 8,32).
•
“El amor de Dios”. El Dios Creador del mundo y liberador de Israel, es nuestro
Padre y nos ama de forma gratuita, que tratamos de agradecer por nuestro amor a los demás.
•
“La comunión del Espíritu Santo”. El Espíritu de Dios es la comunidad de Dios,
que con esperanza queremos reproducir
en nuestras comunidades humanas.
- Dios compasivo y misericordioso, que te revelaste a Moisés y te has mostrado definitivamente en Jesucristo, te adoramos en la unidad de tu ser y en la Trinidad de tus manifestaciones. En tu nombre nos ponemos en camino y proclamamos para tu gloria el evangelio que nos salva. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFAN - 30.de mayo de 2026
LACOSECHA DE DIOS CRECE
En este momento vivimos en un mundo difícil. Son muchos
los frentes que se abren ante nuestros ojos. La corrupción y la violencia, la
agresividad y la guerra, el egoísmo y la incoherencia, la utilización de las
personas, la indiferencia ante el pobre, el aumento de los precios y el
desprecio de la naturaleza.
Ante ese panorama, son numerosas las propuestas técnicas
o publicitarias que desafían a la razón humana, a la responsabilidad social y
aun al sentido común.
Por supuesto, los ciudadanos que pretenden ser fieles a la
fe cristiana no pueden sentirse eximidos de esta convocatoria a repensar y
ofrecer una respuesta ética veraz y creíble.
Es cierto que el mayor problema se encuentra en la misma
fundamentación de los juicios morales. De todas formas, el relativismo, el
nominalismo y el emotivismo que marcan la cultura actual han de encontrar una
respuesta en la afirmación de la dignidad y la verdad última del ser humano.
Allá
por el siglo IV, San Gregorio Nacianceno reflexionaba sinceramente sobre su
propia responsabilidad: “Es preciso comenzar por purificarse antes de purificar
a los otros; es preciso ser instruido para poder instruir; es preciso ser luz
para iluminar, acercarse a Dios para acercarle a los demás, ser santificado
para santificar, conducir de la mano y aconsejar con inteligencia”.
Y,
andando los siglos, el cardenal Josef Ratzinger, futuro papa Benedicto XVI, diría
que “la cosecha de Dios crece. También hoy. Tampoco hoy es inútil que haya
hombres que tengan la osadía de pregonar la palabra, de ponerse del lado y al
servicio de la palabra. Que se atreven a oponerse a la avalancha, al torrente
del egoísmo, de la codicia, de la incontinencia, y alzan un dique para
detenerlo”.
Esa
osadía puede parecer inútil, pero el cardenal añadía: “En algún lugar madura en
silencio su sembrado. Nada es en balde. En lo oculto, el mundo vive del hecho
de que siempre ha habido quienes han creído, quienes han esperado y amado”.
Recordaba,
además, que el apóstol Pablo se enfrentó muchas veces a situaciones
desesperadas. Pero, gracias a la bondad de Dios, apareció lleno de alegría y de
una esperanza inquebrantable.
Pues
bien, “también el cristiano podrá, en medio de todos los desengaños,
experimentar con gozo profundo que los hombres viven, en una hondura protectora
y cobijadora, de su pobre y débil servicio. Que de esto vive el mundo. Y que,
en medio de una siembra, a veces descorazonadora, la cosecha de Dios crece”.
Es una buena lección para este momento. Las nubes son oscuras y la borrasca nos atemoriza. Pero queremos creer que ningún pensamiento bueno queda sin dar fruto. Queremos confiar en la esperanza.
José-Román Flecha Andrés
jueves, 21 de mayo de 2026
lunes, 18 de mayo de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Solemnidad de Pentecostés. A 24 de mayo de 2026
VEN, ESPÍRITU DIVINO
1. En la secuencia de Pentecostés se
pide hoy al Espíritu divino que mande su luz desde el cielo. ¿Es que pensamos
acaso que vivimos en la oscuridad?
2. En el mismo poema se invoca al
Espíritu Santo como “Fuente del mayor consuelo”. ¿Creemos de verdad que
necesitamos el consuelo de Dios?
3. El Espíritu Santo es invocado en
la liturgia como “Padre amoroso del pobre”. ¿Procuramos hacer visible a los
pobres esa protección del Espíritu?
4. Hoy pedimos al Espíritu: “Mira el
vacío del hombre si tú le faltas por dentro”. ¿Tenemos la sensación de ese vacío
que solo el Espíritu de Dios puede colmar?
5. El Espíritu es el gran don de Dios y el origen
de todos sus dones. ¿En un mundo que cree valorar los derechos humanos, creemos
necesitar los dones divinos?
6. El Catecismo de la Iglesia
Católica recoge una larga lista de imágenes con las que la Biblia se refiere al
Espíritu Santo. ¿Cuántas de ellas recordamos?
7. ¿Estoy convencido de necesitar
los dones del Espíritu Santo para realizarme como persona y para vivir según el
Evangelio?
José-Román
Flecha
REFLEXIÓN - Solemnidad de Pentecostés. A 24 de mayo de 2026
ENVÍA TU ESPÍRITU
“De
repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de un viento que soplaba
fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados” (Hech 2,2). Se
celebraba la fiesta de Pentecostés y los apóstoles estaban reunidos en
Jerusalén. Tal vez se preguntaban cómo iniciar la misión que el Señor les había
confiando.
De
pronto, un trueno se deja “oír” por
todos. Y a continuación, unas lenguas como de fuego se dejan “ver” sobre cada
uno de ellos. Entran en juego los sentidos corporales.
Es la presencia del Espíritu de Dios. Es como
una nueva creación. Una nueva manifestación de lo divino. Una elección y una
misión. Habrán de dirigirse no solo al pueblo de Israel, sino también a todas
las gentes, que los oirán en sus respectivas lenguas.
Con
el salmo responsorial dirigimos al Padre la súplica que es obligada en el día
de hoy: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de a tierra” (Sal 103).
San Pablo nos recuerda que “Nadie puede decir que Jesús es Señor, sino por el Espíritu Santo”. Vivamos unidos, porque “todos hemos bebido de un solo Espíritu (1 Cor 12,3.13).
DISCERNIMIENTO Y DOCILIDAD
El
evangelio que se proclama en esta fiesta de Pentecostés (Jn 20,19-23) nos
remite a aquel primer día de la semana en que Jesús resucitado se presentó en
medio de sus discípulos y les deseó la paz. Ellos lo reconocieron al ver sus llagas y se llenaron de alegría.
Entonces,
Jesús sopló sobre sus discípulos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A
quienes les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes se los
retengáis, les quedarán retenidos”. En una sociedad como la nuestra ¿Qué
significan esas palabras?
•
Recibir el Espíritu Santo es acercarnos a la fuente. La verdad que podamos anunciar y el bien que
podamos hacer no brotan de nuestra mente ni de nuestra voluntad. Solo el Espíritu de Dios puede librarnos de nuestra
presunción y de nuestro desaliento.
• Perdonar o retener los pecados tampoco depende de nuestra personal apreciación de la responsabilidad de los demás. Solo el Espíritu puede mover a los pecadores a la conversión y concedernos el discernimiento para evaluar la responsabilidad, la culpa y el arrepentimiento. Del Espíritu viene el perdón, el discernimiento y la docilidad para reflejar su misericordia.
TESTIGOS DE LA VERDAD Y EL PERDON
Pero
antes de ese precioso encargo, Jesús manifiesta ante sus discípulos la misión que él
mismo ha recibido: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío
yo”. Ese envío es lo que garantiza su autoridad y lo que fundamenta y motiva nuestra
responsabilidad.
•
“Como el Padre me ha enviado”. Jesús es consciente de haber sido enviado por el
Padre celestial. Él dijo alguna vez que atender a su voluntad era su comida.
Escucharla y cumplirla era el sustento de su vida y era la razón de su
actuación en el mundo.
•
“Así también os envío yo”. Sin embargo, Jesús había buscado colaboradores para
anunciar por todo el mundo la llegada del Reino de Dios. El que había sido
enviado por el Padre, los envía a ellos y nos envía a nosotros a anunciar la
presencia misericordiosa de Dios.
- Señor Jesús, te damos gracias porque has querido elegirnos sin ningún mérito nuestro para continuar la misión que el Padre te ha confiado. Tú sabes que somos débiles, miedosos e interesados. Que tu Espíritu nos dé la lucidez, la fuerza y la humildad para ser siempre y en todo lugar testigos de la verdad y del perdón. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN -23 de mayo de 2026
CREER, ESPERAR Y AMAR
Según
san Isidoro, “unas virtudes ocupan el puesto más elevado y otras el de en
medio. La fe, la esperanza y la caridad son las supremas, porque quienes las
alcanzan las poseen de verdad. Las otras virtudes están en el medio, porque
pueden adquirirse para provecho y para ruina”.
1.Sobre
la virtud de la fe, dice que “nos permite creer firmemente lo que no podemos
ver”. Es necesario creer en los demás para poder convivir. Además, “no podemos
alcanzar la verdadera felicidad sino mediante la fe”. Es más, “es feliz el que
con rectitud de fe lleva una vida santa y con vida santa conserva la rectitud
de la fe”.
En
realidad, “no solo hay que dar crédito a lo que percibimos por los sentidos
corporales, sino más aún a lo que conocemos por la inteligencia, es decir, a
Dios. Sin la fe, nadie puede agradar a Dios”.
Como
adelantándose a los tiempos, añade él que “la fe de ningún modo se impone por
la fuerza, sino que se justifica con la razón y los ejemplos. Si se exige con
violencia no puede perseverar”.
Por
eso, la fe exige una adhesión personal, íntima y verdadera. Dios contempla la
fe en el corazón, donde no caben fingimientos. “De nada aprovecha la fe que se
mantiene de palabra, si no se cree de corazón y de nada aprovecha la fe que se
mantiene en el corazón, si no se pregona con palabras”.
2.
Sobre la virtud de la esperanza (spes), escribe san Isidoro que su nombre
deriva de pes, es decir el pie. Así que esperar es mantenerse en camino.
Estas referencias no dejan de revelar esa gran verdad que señala inmediatamente:
“El que ama el pecado no espera la gloria futura”.
A
la misma idea nos remite al escribir que “los que no desisten de obrar el mal,
con vana esperanza buscan el perdón de la misericordia divina”. En efecto,
“todo justo resplandece por la esperanza y el temor, pues la esperanza lo
dispone al gozo, y el terror al infierno lo impulsa al temor”.
3.
Sobre la virtud de la caridad san Isidoro dice que es mayor que todas las
virtudes, porque quien ama, también cree y espera. Quien no ama, aunque haga
muchas cosas buenas, se esfuerza en vano.
El
amor se distingue por el destinatario del afecto. Según él, “hemos de amar a
Dios más que a nosotros; al prójimo como a nosotros; al enemigo como al
prójimo. Y si no amamos a Dios, de ningún modo podremos amarnos a nosotros
mismos”.
Según
el Santo, sin amor de caridad, aunque se tenga la virtud de la fe, no se puede
alcanzar la felicidad eterna. Además, afirma que “no ama a Cristo en su
totalidad, quien odia al hombre”.
Su
consejo final se adelanta a los principios de la Bioética moderna: “Dos normas
hay que observar en el amor al prójimo: una, la de no ocasionarle daño; la
otra, la de procurarle el bien. Lo primero, para evitar herirle; lo segundo
para aprender a dar”.
José-Román Flecha Andrés
lunes, 11 de mayo de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Solemnidad de la Ascensión del Señor. A 17 de mayo de 2026
PRESENCIA Y COMPAÑÍA
“Yo estoy con vosotros todos los días
hasta
el final de los tiempos”
(Mt 28,20)
1. Nunca nos bastamos a nosotros
mismos. Todos necesitamos a los demás. Y es una suerte tener personas
dispuestas a acompañarnos. ¿Sabemos ser agradecidos?
2. Por otra parte, todos hemos de
acompañar a los demás en los momentos felices y en las horas más amargas.
¿Estamos dispuestos a prestarles ese servicio?
3. El Mesías había sido anunciado
como el Emmanuel, es decir como el “Dios con nosotros”. ¿Recordamos que Jesús
acompañó compasivo a los más necesitados?
4. El Señor prometió a sus
discípulos estar con ellos todos los días hasta el final de los tiempos. ¿Cómo
podemos aceptar, vivir y agradecer aquella promesa?
5. ¿Cuáles son los motivos que
suelen impulsar a los que se dicen creyentes a ignorar la presencia y el
acompañamiento del Señor?
6. Es evidente que estamos en una
época muy difícil. ¿Procuramos los cristianos confiar en la presencia y la
ayuda de nuestro Maestro?
7. ¿En este momento de mi vida, estoy
yo viviendo, agradeciendo y anunciando la presencia y la compañía que el Señor
nos prometió?
José-Román Flecha
REFLEXIÓN - Ascensión del Señor a los Cielos. A 17 de mayo de 2026
LA MISIÓN Y LA ESPERANZA
“A la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que
una nube se lo quitó de la vista” (Hech 1,9). En la primera lectura que
hoy se proclama (Hech 1,1-11) se recuerda la Ascensión del Señor y
nuestra responsabilidad como continuadores de su misión.
•
En primer lugar, observamos que en apenas tres versículos se mencionan hasta
cinco veces las referencias a la vista. Se trata de subrayar tanto la realidad
visible del Señor como el valor del testimonio de sus discípulos.
• Después,
aparecen dos hombres que recuerdan a los
que el evangelio de Lucas había situado al lado del sepulcro vacío de Jesús (Lc
24,4). En ambos casos, se insinúa que la visión humana es insuficiente sin una
explicación celestial.
•
Finalmente, la nube que oculta a Jesús nos recuerda la que lo envolvía en el
momento de la transfiguración (Lc 9,34). Entonces como ahora, la nube
representa el poder del Altísimo, presente ya en el nacimiento de Jesús (Lc
1,35).
El
Salmo responsorial suena como un himno triunfal: “Dios asciende entre
aclamaciones: el Señor, al son de trompetas” (Sal 46).
Según la carta a los Efesios, necesitamos la luz de Dios para comprender la esperanza a la que hemos sido convocados (Ef 1,17-23).
EL TRIPLE ENCARGO
En
el final del evangelio de Mateo que se proclama en este día de la Ascensión del
Señor a los cielos, se recoge el triple encargo que Jesús deja a sus discípulos
(Mt 28,16-20):
•
Él los envía para que, apoyados en su poder, vayan por el mundo con una misión
universal: la de hacer discípulos a todos los pueblos.
•
Junto al anuncio de la salvación han de llevar a cabo la misión de
bautizar a las gentes en el nombre del
Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
• Y finalmente, han de procurar enseñar a todos los hombres a guardar los mandamientos que Jesús les ha dejado.
PRESENCIA Y COMPAÑÍA
La
triple tarea que, al ser glorificado, Jesús deja a sus discípulos no habría de ser
fácil. Sin embargo, el Señor promete a los suyos que él los acompañará a lo
largo de los tiempos. Esa certeza alentará a todos los evangelizadores:
•
“Yo estoy con vosotros”. Ya antes de su nacimiento, Jesús había sido anunciado
por el ángel como el Emmanuel, es
decir, el “Dios con nosotros”. Al final de su camino terreno, él se ha atribuido finalmente ese nombre. Y
nosotros creemos en la sinceridad de su promesa.
•
“Todos los días”. Nos alegra pensar que Dios está con nosotros en los momentos
de triunfo y así lo celebran los que creen en él. Pero él también nos acompaña
en los dias de tormenta y de hospital, en las noches de pandemia y de
soledad.
•
“Hasta el fin del mundo”. No somos los primeros cristianos ni los últimos.
Somos un sencillo eslabón en la cadena de los que creen, esperan y aman.
Vivimos recordando el pasado y acordando la paz para el futuro, pero
siempre bien atentos al presente.
- Señor Jesús, tú nos has confiado el alto honor y la gran responsabilidad de anunciar el evangelio a todas las gentes. Te rogamos que nos concedas luz para conocerlo y valentía para anunciarlo con alegría. Confiamos en tu presencia y compañía. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 16 DE MAYO DE 2026
LAS VIRTUDES CARDINALES
Tras
atribuir a Sócrates la denominación de las cuatro virtudes morales o cardinales,
san Isidoro incluye en las Etimologías una breve presentación de las
mismas. Por la prudencia distinguimos en las cosas lo malo de lo bueno. La
justicia, aplicando un criterio correcto, permite que se distribuya a cada uno
lo suyo. La fortaleza soporta las adversidades. Mediante la templanza, se
refrena la lujuria y la concupiscencia.
1.
Refiriéndose a la primera de las virtudes cardinales, san Isidoro define al
prudente como el que ve de lejos y puede anticipar con tiempo un
acontecimiento.
A
la virtud de la prudencia se refiere cuando afirma que el mal uso convierte a
algunas virtudes en vicios. Así el celo excesivo, cuando traspasa los límites
que le impone la prudencia, se parece demasiado al vicio de la ira, mientras
que la mansedumbre desmedida engendra la inacción perezosa.
En
consecuencia, “la discreción del varón prudente mira con solicitud para no
practicar destempladamente lo bueno y para no pasar de la virtud al vicio”.
2.
Con relación a la virtud de la justicia, san Isidoro escribe que los
gobernantes han de saber que son de la misma naturaleza que los gobernados. Han
de estar atentos a favorecer a los pueblos y no a perjudicarlos. No han de
oprimirlos con tiranía, sino que deben velar por ellos con benignidad y
condescendencia.
El
buen rey se aparta del delito para dirigirse a la justicia antes que abandonar
la justicia para entregarse al delito.
3.
Antes de hablar de la fortaleza, san Isidoro reflexiona sobre la debilidad. A la hora de medir el alcance de nuestra
fuerza, hemos de ser prudentes. “Si es mayor el esfuerzo que el provecho de las
almas, se debe renunciar a un trabajo al que acompaña una mínima ventaja”.
La
fuerza que a veces demostramos al afrontar nuestras dificultades es siempre un
don gratuito de Dios. “El ser inteligentes, el sentirnos poderosos, lo debemos
no al favor de otro cualquiera, sino al de Dios”
4.
Analizando la virtud de la templanza, san Isidoro comenta el relato bíblico
sobre Adán y Eva. Los humanos hemos perdido la virtud de la templanza ya en el
paraíso original. “El primer hombre sucumbió fascinado por el diverso encanto
de los seres”
Evocando la
antigua norma de la “mesura”, afirma que “hay virtudes, que, de no regularse
por la discreción, pasan a ser vicios. La justicia que se excede de su justo
módulo, origina cruel venganza; la demasiada compasión disuelve la disciplina;
el excesivo celo, cuando pasa de la prudencia, llega a ser vicio de ira; la
desmedida mansedumbre engendra la perezosa inacción”.
Como se ve, se requiere
una gran capacidad de discernimiento para llegar a establecer los límites entre
el vicio y la virtud.
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 6º de Pascua. A 10 de mayo de 202
El AMOR Y LOS MANDAMIENTOS
“Si me amáis, guardaréis mis mandatos”
(Jn 14,15)
1. La amistad y el amor no se
demuestran solo con palabras. ¿Qué nos dicen estas palabras de Jesús sobre él
mismo y sobre nosotros?
2. ¿Necesita Jesús nuestro amor o,
más bien necesitamos nosotros mostrarle el nuestro para defender y realizar
nuestra propia dignidad?
3. ¿Estamos convencidos de que amar
a Jesucristo es realmente importante para nosotros y para nuestras relaciones
humanas?
4. ¿En una sociedad como la nuestra,
que tanto ensalza la autonomía personal y el relativismo, qué valor se da a los
mandamientos?
5. ¿Cómo se pueden observar y
cumplir los “mandatos” de Jesús para que podamos vivir en la paz y en la
justicia?
6. ¿Se percibe hoy el interés en
transmitir este mensaje de Jesús a las jóvenes generaciones?
7. En la situación en la que ahora
me encuentro yo ¿estoy tratando de mostrar mi amor al Señor cumpliendo sus
mandatos?
José-Román Flecha