EL CÁNTARO
sábado, 13 de junio de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 11 Del Tiempo Ordinario. A 14 de junio de 2026
OBREROS PARA LA MIES
“Rogad al Señor de la mies
que mande trabajadores a su mies”
(Mt 9,38)
1. La imagen de la mies representa bien la
tarea de la misión. ¿Vemos la evangelización como la siembra de los granos y la
siega de las espigas?
2. ¿Qué actitudes fundamentales se requieren
hoy del evangelizador en esa doble tarea de la siembra y de la siega?
3. ¿Somos conscientes de la amplitud y de
las dificultades de la siembra que ha sido confiada por el Señor a sus
discípulos?
4. ¿Pensamos que los trabajadores son unos
pocos “misioneros” o somos conscientes de que todos los creyentes hemos sido
enviados a realizar ese trabajo?
5. La siembra requiere esperanza y
paciencia. ¿Nos anima en el esfuerzo imaginar la alegría de la siega y ver a
los que vuelven alegres “trayendo las gavillas”?
6. Las mieses son los demás y nosotros los
jornaleros o también nosotros somos la mies que ha de ser cultivada por los
enviados de parte del Señor?
7. De
todas formas, ¿olvidamos que se nos exhorta a orar para que el Señor envíe
trabajadores a los campos de la mies?
jueves, 11 de junio de 2026
REFLEXIÓN - Domingo 11º del tiempo ordinario. A 14 de junio de 2026
EL ENVÍO Y LA
MISIÓN
“Si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi
propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Seréis
para mi un reino de sacerdotes y una nación santa” (Éx 19,5-6). Ese es el
mensaje que Dios confía a Moisés en la montaña del Sinaí para que lo transmita a
su pueblo.
Ser propiedad de Dios es un honor y debería ser una
responsabilidad. Quien se sabe elegido por Dios nunca debería aceptar ser
dominado por otros poderes inhumanos. Esa pertenencia a Dios no es un
privilegio de unos pocos, sino que señala la vocación de todo un pueblo. Israel
queda consagrado a Dios y es llamado a vivir en
santidad.
Con el salmo responsorial, nosotros confesamos que nos
sentimos herederos de aquella elección divina: “Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño” (Sal 99).
Hemos sido elegidos gratuitamente. Cristo ha entregado su vida por nosotros. Por él hemos obtenido la reconciliación, como escribe san Pablo a los Romanos (Rom 5,6-11).
PONER ESPERANZA
Según
el evangelio de este domingo undécimo del tiempo ordinario (Mt 9,36–10,8),
Jesús envió a sus discípulos a una misión que parecía imposible: “Curad
enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios”. Jesús los había
llamado y ahora los enviaba para que continuaran su propia misión.
Es
verdad que los discípulos del Maestro han puesto salud donde había enfermedad y
proyectos de vida donde reinaba la muerte. Pero los seguidores de Jesús habrían
de poner esperanza donde solo había motivos para la desesperación. Limpiar las
lepras de esta humanidad es una tarea que exige el esfuerzo sincero de la
solidaridad mundial.
A veces imaginamos la expulsión de los demonios como una lucha casi imposible contra un monstruo indomable. Y así es en realidad. Sobre todo, porque lo demoníaco, siempre monstruoso, se esconde bajo formas políticamente correctas, como tantas veces repitió el papa Francisco. Solo la fe puede desenmascararlo y dominarlo.
UNA CULTURA NUEVA
Esos
cuatro encargos Jesús los inserta en una especie de decálogo. En realidad, el
anuncio del Reino de Dios los sitúa en la dirección precisa.
•
“Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca” (Mt 10,7). Anunciar la
cercanía y la presencia de Dios es y será siempre la tarea de todo cristiano.
Pero el anuncio ha de ir acompañado de gestos eficaces de servicio a los
enfermos y leprosos de esta tierra.
•
“Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca”. Ese anuncio obliga a la
Iglesia a reconocer la distancia que hay entre ella y el reinado de Dios, que
anuncia como cercano. Y la lleva a esforzarse por sembrar semillas de vida en
una cultura de la muerte.
•
“Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca”. El anuncio recuerda al
mundo entero que no cabe ignorar lo demoníaco de las decisiones antihumanas.
Descubrirlo con lucidez y rechazarlo con energía es el primer paso para crear
una cultura nueva.
Señor
Jesús, tú decías que la mies es abundante y que son pocos los obreros que
aceptan el envío. También hoy ese desafío nos interpela. Ayúdanos tú a aceptar
con alegría y generosidad nuestra responsabilidad en el anuncio del Evangelio.
Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 13 de junio de 2026
BENDICIÓN PARA
ESPAÑA
Al
comienzo de su viaje apostólico a España, el sábado día 6 de junio de este año
2026, el papa León XIV ha dirigido a los reyes, a las autoridades y a toda la
sociedad civil un discurso que habrá de ser recordado como un mensaje
histórico.
1.En
primer lugar, recordó la tradición sobre el apóstol Santiago, que representa el
vínculo de esta tierra con la fe cristiana, que ha moldeado su cultura y es una
orientación ante los desafíos de hoy.
•
El rey Alfonso X el Sabio, Averroes y Maimónides nos sugieren
que las diferencias transforman los conflictos en puntos de partida.
•
Juan de la Cruz nos enseña que en medio de la noche más oscura hemos de
aprender a liberarnos de lo que creíamos conocer y poseer para descubrir un
posible comienzo.
•
Teresa de Jesús, con la imagen del castillo interior, nos dice que, en lo más
íntimo del corazón, la mente se abre, las contradicciones se resuelven y las
tensiones se disuelven.
•
Por otra parte, Ignacio de Loyola nos enseña que el bien no es utópico y que el
mundo no ha de ser cambiado por las armas sino por nuestra propia conversión.
•
Aludió, además a una multitud de mártires y santos, que orientan el futuro de
nuestro pueblo en la búsqueda de la reconciliación y la paz.
2.
Ahora bien, el Papa dijo que viene a España para alentar la fidelidad de los
creyentes al Evangelio, y una reconciliación y cooperación entre las distintas
fuerzas del país.
Según
él, “no es la cultura del enfrentamiento, sino la del encuentro, la que genera
estabilidad y prosperidad”. redescubrir que la justicia y la paz se
abrazan.
Nos
invita a abandonar lo que nos divide, para pasar de las simplificaciones
estériles a la apreciación fecunda de la complejidad.
Hay
que apreciar esa complejidad y estudiarla, no negarla, vivirla como una
bendición y tratar de “huir de esos enfoques identitarios que parecen aclararlo
todo, pero que pueblan el mundo de fantasmas y enemigos”.
La
seguridad no proviene de las armas y los muros, madura más bien al aprender a
avanzar junto al otro, a crecer juntos, codo con codo.
Hay
que promover las inversiones destinadas a la escuela, la universidad y la
investigación, a las comunidades locales y a la sociedad civil.
El
Papa ha citado su encíclica “Magnifica humanitas”, para afirmar que nuestra
época, clama por la paz, por un nuevo conocimiento de la persona humana y de su
dignidad inviolable, por la civilización del amor.
Finalmente, nos animó a “cultivar el diálogo y
la amistad social, a tener en cuenta a los pobres y a los jóvenes al imaginar
el futuro, a armonizar las demandas de autonomía y de unidad”.
No debemos olvidar que, al pedir la bendición para España, el papa León XIV nos estaba señalando una sabia y urgente tarea.
José-Román Flecha Andrés
jueves, 4 de junio de 2026
martes, 2 de junio de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo 7 de junio de 2026
EL PAN VIVO
“Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo,
el que come de este pan vivirá para siempre”
(Jn 6,51)
1. Jesús
se nos revela como el pan vivo que da la vida eterna. ¿Somos conscientes de la
importancia de esta revelación o tratamos de sostenernos con otros alimentos?
2. El
maná alimentó al pueblo hebreo en el desierto. ¿Vemos en Jesús el nuevo maná
que ha de sostener nuestro camino por este otro desierto de la vida?
3. En
la oración del Padrenuestro pedimos el pan de cada día. ¿Reconocemos en ese pan
la enseñanza y el ejemplo con que Jesús puede sostener nuestra vida?
4. Todos
nosotros tratamos de asegurar nuestra vida. ¿Somos conscientes de que recibir
el pan que Cristo nos ofrece nos asegura la vida eterna?
5. Hoy
se percibe una triste indiferencia ante el sacramento de la eucaristía.
¿Podemos ver algunas causas de este fenómeno?
6. Con
el himno del Congreso Eucarístico de Madrid cantamos: “Venid, adoradores,
adoremos a Cristo Redentor”. ¿Pasamos algún tiempo en adoración a la
eucaristía?
7. En
el sacramento de la eucaristía celebramos la entrega de Cristo por nosotros.
¿Estoy yo realmente dispuesto a entregarme a los demás como él nos enseñó?
REFLEXIÓN - Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo. A 7 de junio de 2026
EL PAN BAJADO DEL CIELO
“Él te afligió haciéndote pasar hambre y
después te alimentó con el maná –que tú no conocías ni conocieron tus padres-
para enseñarte que no solo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de
la boca de Dios” (Dt 8,3). Según el Deuteronomio, Dios alimentó a su pueblo con
el maná, que no conocían sus antepasados.
Si
el hambre lo llevaba a reconocer su indigencia, el maná tendría que recordarle que Dios se cuidaba de él. Por
tanto debería agradecerlo por los siglos de los siglos.
De
hecho, el salmo responsorial invita a la comunidad a glorificar al Señor: “Ha
puesto paz en tus fronteras y te sacia con flor de harina (Sal 147).
Ya en la nueva alianza, san Pablo recuerda a los fieles de Corinto que la unidad de la comunidad viene exigida por el hecho de participar en el mismo pan y en el cáliz de la bendición, es decir de la eucaristía. El pan que partimos y compartimos nos une a todos en el cuerpo de Cristo (1 Cor 10,16-17).
LA VIDA Y SU SENTIDO
La multiplicación y distribución de los panes
y los peces se encuentra reflejada en los cuatro evangelios. Pero solo el
evangelio de Juan recoge el discurso que Jesús pronuncia después en la sinagoga
de Cafarnaúm.
En
el texto que hoy se proclama (Jn 6,51-58) Jesús manifiesta su identidad y su
misión: ˝Yo soy el pan vivo que ha
bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo
daré es mi carne para la vida del mundo”.
Como
los que seguían a Jesús por los caminos, también nosotros buscamos lo que ha de mantenernos en vida. No
solo el pan material que sostiene nuestra vida biológica sino también el otro
pan espiritual que da sentido a nuestra vida biográfica.
El pan del Señor no solo sostiene nuestra vida personal, que no es poco, sino que nos impulsa a abrir nuestros ojos a las necesidades de nuestros hermanos. El Señor nos da su carne para la vida del mundo, es decir para que el mundo tenga vida y sentido para ella.
AMOR Y SERVICIO
“Este es el pan que ha bajado del cielo: no
como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron. El que come este pan
vivirá para siempre”. Esa frase con la que se cierra el texto evangélico de hoy
era profética y lo será siempre.
•
“Este es el pan que ha bajado del cielo”. Esta primera parte incluye la
revelación del presente. Jesús es alimento para quienes escuchan su voz. Ese alimento supera todas
nuestras aspiraciones terrenas y nuestras previsiones inmediatas.
•
“No como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron”. La segunda parte
se refiere al pasado. Hay que agradecer todo lo que mantuvo la vida de los que
nos precedieron. Pero el maná no pudo
satisfacer su anhelo de una vida sin límites.
•
“El que come este pan vivirá para sIempre”. La tercera parte orienta nuestra
mirada al futuro que Dios nos ha prometido. Nosotros esperamos una vida en la
que participaremos de su misma vida, es decir de su amor eterno y defInitivo.
- Señor Jesús, tú conoces nuestra hambre y nuestra insatisfacción, nuestra nostalgia y nuestra búsqueda. Nosotros creemos que solo tu pan y tu palabra nos hacen presente tu memoria, nos dan fuerzas para recorrer el camino y alientan nuestra esperanza. Que tu cuerpo y tu sangre nos reúnan en comunidad de amor y de servicio. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN - 6 DE JUNIO DE 2026
LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Considerando las “cosas nuevas” que presentaba
la sociedad a finales del siglo XIX, el papa León XIII iniciaba la Doctrina
social de la Iglesia. Ahora el papa León XIV nos invita en su primera encíclica
a reflexionar sobre las “cosas nuevas” que nos ofrece la tecnología.
En su primera encíclica “Magnifica humanitas”, ocupa
un puesto central su consideración de la inteligencia artificial: una ayuda muy
valiosa que requiere una seria atención. Con esa
intención, el Papa nos ofrece algunos puntos fundamentales:
1. “Las denominadas
inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no
pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde
dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad”.
2. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan
el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el
peso de las consecuencias”.
3. El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra
en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos,
oportunidades, reputación y libertad.
4. No podemos considerar a la IA como moralmente
neutra. Todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que
mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y
situaciones.
5. Para que la IA respete la dignidad humana y
sirva realmente al bien común, es esencial que esté clara la responsabilidad de
quienes diseñan y programan los sistemas y hasta de quienes los utilizan.
6. Es preciso discutir el código ético que debe
ser usado, sometiéndolo a criterios de justicia social compartida. De lo
contrario, quien controla la IA impondrá su propia visión moral, que se
convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas.
7. El
riesgo es que la IA haga parecer justa y normal una visión antihumana, según la
cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad,
eliminar lo imprevisto y controlarlo todo.
8. No se trata ciertamente de oponerse a la
inteligencia, sino de recordar que, cuando se repliega en sí misma, olvida que
ha sido hecha para servir a la vida y a la persona humana.
9. La calidad de una civilización se mide no por
el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad
de reconocer un rostro en el otro y no una función.
10. El Papa nos invita a contemplar en el rostro
del Hijo de Dios una magnífica humanidad que también ilumina
la época de la IA. El hombre es un colaborador en la obra de la creación, y no
espectador resignado ante los procesos tecnológicos que limitan su libertad y
su responsabilidad
lunes, 25 de mayo de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Fiesta de la Santísima Trinidad. A 31 de mayo de 2026
AMOR DE DIOS Y VIDA ETERNA
“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo
único
para que no perezca ninguno de los que creen en él,
sino que tengan vida eterna”
(Jn 3,16)
1. A muchas personas les resulta difícil
reconocer que Dios ama a este mundo. ¿Qué consecuencias puede comportar esa
desconfianza?
2. ¿En el ambiente religioso en el que nos
movemos es aceptada esa afirmación de que Dios entregó a su Hijo por amor?
3. ¿Se admite hoy la idea de que el ser
humano puede perderse si no cree en el Hijo de Dios o se aceptan otras imágenes
y medios de salvación?
4. La sociedad moderna pregona el valor de
la vida terrena, pero ¿no se contradice al despreciarla y suprimirla con tanta
ligereza?
5. En todas partes se proclama el valor de
la vida temporal, pero ¿se admite la idea y el valor de la vida eterna?
6. ¿Qué desafíos plantea a la pastoral y a
la catequesis de la Iglesia la afirmación del amor de Dios que Jesús dirige a
Nicodemo?
7. ¿Trato yo de acoger el amor de Dios para no perecer y alcanzar de él la gracia de la vida eterna?
REFLEXIÓN - Solemnidad de la Santísima Trinidad. A 31 de mayo de 2026
LA TRINIDAD DE DIOS
Moisés
había madrugado para subir a la montaña del Sinaí como le había ordenado el
Señor. Dios no faltó a la cita y bajó en la nube para encontrarse con él.
Cuando Moisés pronunció el nombre del
Señor, él pasó ante Moisés proclamando: “Señor, Señor, Dios compasivo y
misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad” (Éx 34,4-6).
Es
impresionante esa manifestación de Dios. Y es conmovedora la confianza de
Moisés. Como apelando a esa compasión y misericordia, se atreve a pedir al
Señor que acompañe a su pueblo, que perdone sus culpas y pecados y lo considere
como su heredad.
A
ese Dios rico en clemencia y lealtad dirigimos hoy nuestra alabanza, repitiendo
con un himno venerable: “A ti gloria y alabanza por los siglos” (Dan 3,52-56).
San Pablo exhorta a los Corintios a tener un mismo sentir y a vivir en paz. Para que el Dios del amor y de la paz esté con ellos (2 Cor 13,11-13).
DEBILIDAD
Y MISERICORDIA
Comentando
estas palabras, escribía el papa Benedico XVI en su encíclica Deus caritas est: “La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido
lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva
profundidad y amplitud” (DCE 1).
En
otro tiempo, Dios manifestaba por medio
de Moisés la compasión que lo había llevado a liberar de Egipto a su pueblo. El
mismo Dios manifiesta ahora, por medio de Jesús, que su amor se dirige a todo
el mundo.
En
la religión de los griegos y romanos nunca se habría podido imaginar que los
dioses amaran a los hombres. Los dioses infundían terror. Parece que hemos
vuelto atrás. Hoy son muchos los que consideran
a Dios como un tirano prepotente y vengador. Como respuesta a ese prejuicio, hoy se considera al hombre como poderoso y
autosuficiente.
Pero
la corrupción, las adiciones y las guerras nos obligan a reconocer nuestra debilidad. Ahora podemos
redescubrir nuestra debilidad y la misericordia de Dios.
En
la fiesta de la Santísima Trinidad se suele recordar a los tres personajes que
aparecen en el célebre icono de Andrei Rublev. Tres personas diferentes revelan
su identidad divina.
A
las tres persona del único Dios se refiere san Pablo en su saludo a los
corintios, que nosotros repetimos al inicio de la misa: “La gracia de nuestro
Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén
siempre con vosotros” (2 Cor 13,13).
•
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo”. Si por Moisés nos fue dada la Ley, la fe nos dice que por Jesús recibimos
la gracia y la verdad que nos hace libres (Jn 1,17; 8,32).
•
“El amor de Dios”. El Dios Creador del mundo y liberador de Israel, es nuestro
Padre y nos ama de forma gratuita, que tratamos de agradecer por nuestro amor a los demás.
•
“La comunión del Espíritu Santo”. El Espíritu de Dios es la comunidad de Dios,
que con esperanza queremos reproducir
en nuestras comunidades humanas.
- Dios compasivo y misericordioso, que te revelaste a Moisés y te has mostrado definitivamente en Jesucristo, te adoramos en la unidad de tu ser y en la Trinidad de tus manifestaciones. En tu nombre nos ponemos en camino y proclamamos para tu gloria el evangelio que nos salva. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFAN - 30.de mayo de 2026
LACOSECHA DE DIOS CRECE
En este momento vivimos en un mundo difícil. Son muchos
los frentes que se abren ante nuestros ojos. La corrupción y la violencia, la
agresividad y la guerra, el egoísmo y la incoherencia, la utilización de las
personas, la indiferencia ante el pobre, el aumento de los precios y el
desprecio de la naturaleza.
Ante ese panorama, son numerosas las propuestas técnicas
o publicitarias que desafían a la razón humana, a la responsabilidad social y
aun al sentido común.
Por supuesto, los ciudadanos que pretenden ser fieles a la
fe cristiana no pueden sentirse eximidos de esta convocatoria a repensar y
ofrecer una respuesta ética veraz y creíble.
Es cierto que el mayor problema se encuentra en la misma
fundamentación de los juicios morales. De todas formas, el relativismo, el
nominalismo y el emotivismo que marcan la cultura actual han de encontrar una
respuesta en la afirmación de la dignidad y la verdad última del ser humano.
Allá
por el siglo IV, San Gregorio Nacianceno reflexionaba sinceramente sobre su
propia responsabilidad: “Es preciso comenzar por purificarse antes de purificar
a los otros; es preciso ser instruido para poder instruir; es preciso ser luz
para iluminar, acercarse a Dios para acercarle a los demás, ser santificado
para santificar, conducir de la mano y aconsejar con inteligencia”.
Y,
andando los siglos, el cardenal Josef Ratzinger, futuro papa Benedicto XVI, diría
que “la cosecha de Dios crece. También hoy. Tampoco hoy es inútil que haya
hombres que tengan la osadía de pregonar la palabra, de ponerse del lado y al
servicio de la palabra. Que se atreven a oponerse a la avalancha, al torrente
del egoísmo, de la codicia, de la incontinencia, y alzan un dique para
detenerlo”.
Esa
osadía puede parecer inútil, pero el cardenal añadía: “En algún lugar madura en
silencio su sembrado. Nada es en balde. En lo oculto, el mundo vive del hecho
de que siempre ha habido quienes han creído, quienes han esperado y amado”.
Recordaba,
además, que el apóstol Pablo se enfrentó muchas veces a situaciones
desesperadas. Pero, gracias a la bondad de Dios, apareció lleno de alegría y de
una esperanza inquebrantable.
Pues
bien, “también el cristiano podrá, en medio de todos los desengaños,
experimentar con gozo profundo que los hombres viven, en una hondura protectora
y cobijadora, de su pobre y débil servicio. Que de esto vive el mundo. Y que,
en medio de una siembra, a veces descorazonadora, la cosecha de Dios crece”.
Es una buena lección para este momento. Las nubes son oscuras y la borrasca nos atemoriza. Pero queremos creer que ningún pensamiento bueno queda sin dar fruto. Queremos confiar en la esperanza.
José-Román Flecha Andrés
jueves, 21 de mayo de 2026
lunes, 18 de mayo de 2026
EXAMEN DE CONCIENCIA - Solemnidad de Pentecostés. A 24 de mayo de 2026
VEN, ESPÍRITU DIVINO
1. En la secuencia de Pentecostés se
pide hoy al Espíritu divino que mande su luz desde el cielo. ¿Es que pensamos
acaso que vivimos en la oscuridad?
2. En el mismo poema se invoca al
Espíritu Santo como “Fuente del mayor consuelo”. ¿Creemos de verdad que
necesitamos el consuelo de Dios?
3. El Espíritu Santo es invocado en
la liturgia como “Padre amoroso del pobre”. ¿Procuramos hacer visible a los
pobres esa protección del Espíritu?
4. Hoy pedimos al Espíritu: “Mira el
vacío del hombre si tú le faltas por dentro”. ¿Tenemos la sensación de ese vacío
que solo el Espíritu de Dios puede colmar?
5. El Espíritu es el gran don de Dios y el origen
de todos sus dones. ¿En un mundo que cree valorar los derechos humanos, creemos
necesitar los dones divinos?
6. El Catecismo de la Iglesia
Católica recoge una larga lista de imágenes con las que la Biblia se refiere al
Espíritu Santo. ¿Cuántas de ellas recordamos?
7. ¿Estoy convencido de necesitar
los dones del Espíritu Santo para realizarme como persona y para vivir según el
Evangelio?
José-Román
Flecha
REFLEXIÓN - Solemnidad de Pentecostés. A 24 de mayo de 2026
ENVÍA TU ESPÍRITU
“De
repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de un viento que soplaba
fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados” (Hech 2,2). Se
celebraba la fiesta de Pentecostés y los apóstoles estaban reunidos en
Jerusalén. Tal vez se preguntaban cómo iniciar la misión que el Señor les había
confiando.
De
pronto, un trueno se deja “oír” por
todos. Y a continuación, unas lenguas como de fuego se dejan “ver” sobre cada
uno de ellos. Entran en juego los sentidos corporales.
Es la presencia del Espíritu de Dios. Es como
una nueva creación. Una nueva manifestación de lo divino. Una elección y una
misión. Habrán de dirigirse no solo al pueblo de Israel, sino también a todas
las gentes, que los oirán en sus respectivas lenguas.
Con
el salmo responsorial dirigimos al Padre la súplica que es obligada en el día
de hoy: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de a tierra” (Sal 103).
San Pablo nos recuerda que “Nadie puede decir que Jesús es Señor, sino por el Espíritu Santo”. Vivamos unidos, porque “todos hemos bebido de un solo Espíritu (1 Cor 12,3.13).
DISCERNIMIENTO Y DOCILIDAD
El
evangelio que se proclama en esta fiesta de Pentecostés (Jn 20,19-23) nos
remite a aquel primer día de la semana en que Jesús resucitado se presentó en
medio de sus discípulos y les deseó la paz. Ellos lo reconocieron al ver sus llagas y se llenaron de alegría.
Entonces,
Jesús sopló sobre sus discípulos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A
quienes les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes se los
retengáis, les quedarán retenidos”. En una sociedad como la nuestra ¿Qué
significan esas palabras?
•
Recibir el Espíritu Santo es acercarnos a la fuente. La verdad que podamos anunciar y el bien que
podamos hacer no brotan de nuestra mente ni de nuestra voluntad. Solo el Espíritu de Dios puede librarnos de nuestra
presunción y de nuestro desaliento.
• Perdonar o retener los pecados tampoco depende de nuestra personal apreciación de la responsabilidad de los demás. Solo el Espíritu puede mover a los pecadores a la conversión y concedernos el discernimiento para evaluar la responsabilidad, la culpa y el arrepentimiento. Del Espíritu viene el perdón, el discernimiento y la docilidad para reflejar su misericordia.
TESTIGOS DE LA VERDAD Y EL PERDON
Pero
antes de ese precioso encargo, Jesús manifiesta ante sus discípulos la misión que él
mismo ha recibido: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío
yo”. Ese envío es lo que garantiza su autoridad y lo que fundamenta y motiva nuestra
responsabilidad.
•
“Como el Padre me ha enviado”. Jesús es consciente de haber sido enviado por el
Padre celestial. Él dijo alguna vez que atender a su voluntad era su comida.
Escucharla y cumplirla era el sustento de su vida y era la razón de su
actuación en el mundo.
•
“Así también os envío yo”. Sin embargo, Jesús había buscado colaboradores para
anunciar por todo el mundo la llegada del Reino de Dios. El que había sido
enviado por el Padre, los envía a ellos y nos envía a nosotros a anunciar la
presencia misericordiosa de Dios.
- Señor Jesús, te damos gracias porque has querido elegirnos sin ningún mérito nuestro para continuar la misión que el Padre te ha confiado. Tú sabes que somos débiles, miedosos e interesados. Que tu Espíritu nos dé la lucidez, la fuerza y la humildad para ser siempre y en todo lugar testigos de la verdad y del perdón. Amén.
José-Román Flecha Andrés
CADA DÍA SU AFÁN -23 de mayo de 2026
CREER, ESPERAR Y AMAR
Según
san Isidoro, “unas virtudes ocupan el puesto más elevado y otras el de en
medio. La fe, la esperanza y la caridad son las supremas, porque quienes las
alcanzan las poseen de verdad. Las otras virtudes están en el medio, porque
pueden adquirirse para provecho y para ruina”.
1.Sobre
la virtud de la fe, dice que “nos permite creer firmemente lo que no podemos
ver”. Es necesario creer en los demás para poder convivir. Además, “no podemos
alcanzar la verdadera felicidad sino mediante la fe”. Es más, “es feliz el que
con rectitud de fe lleva una vida santa y con vida santa conserva la rectitud
de la fe”.
En
realidad, “no solo hay que dar crédito a lo que percibimos por los sentidos
corporales, sino más aún a lo que conocemos por la inteligencia, es decir, a
Dios. Sin la fe, nadie puede agradar a Dios”.
Como
adelantándose a los tiempos, añade él que “la fe de ningún modo se impone por
la fuerza, sino que se justifica con la razón y los ejemplos. Si se exige con
violencia no puede perseverar”.
Por
eso, la fe exige una adhesión personal, íntima y verdadera. Dios contempla la
fe en el corazón, donde no caben fingimientos. “De nada aprovecha la fe que se
mantiene de palabra, si no se cree de corazón y de nada aprovecha la fe que se
mantiene en el corazón, si no se pregona con palabras”.
2.
Sobre la virtud de la esperanza (spes), escribe san Isidoro que su nombre
deriva de pes, es decir el pie. Así que esperar es mantenerse en camino.
Estas referencias no dejan de revelar esa gran verdad que señala inmediatamente:
“El que ama el pecado no espera la gloria futura”.
A
la misma idea nos remite al escribir que “los que no desisten de obrar el mal,
con vana esperanza buscan el perdón de la misericordia divina”. En efecto,
“todo justo resplandece por la esperanza y el temor, pues la esperanza lo
dispone al gozo, y el terror al infierno lo impulsa al temor”.
3.
Sobre la virtud de la caridad san Isidoro dice que es mayor que todas las
virtudes, porque quien ama, también cree y espera. Quien no ama, aunque haga
muchas cosas buenas, se esfuerza en vano.
El
amor se distingue por el destinatario del afecto. Según él, “hemos de amar a
Dios más que a nosotros; al prójimo como a nosotros; al enemigo como al
prójimo. Y si no amamos a Dios, de ningún modo podremos amarnos a nosotros
mismos”.
Según
el Santo, sin amor de caridad, aunque se tenga la virtud de la fe, no se puede
alcanzar la felicidad eterna. Además, afirma que “no ama a Cristo en su
totalidad, quien odia al hombre”.
Su
consejo final se adelanta a los principios de la Bioética moderna: “Dos normas
hay que observar en el amor al prójimo: una, la de no ocasionarle daño; la
otra, la de procurarle el bien. Lo primero, para evitar herirle; lo segundo
para aprender a dar”.
José-Román Flecha Andrés