martes, 2 de junio de 2026

CADA DÍA SU AFÁN - 6 DE JUNIO DE 2026

 

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL

 Considerando las “cosas nuevas” que presentaba la sociedad a finales del siglo XIX, el papa León XIII iniciaba la Doctrina social de la Iglesia. Ahora el papa León XIV nos invita en su primera encíclica a reflexionar sobre las “cosas nuevas” que nos ofrece la tecnología.  

En su primera encíclica “Magnifica humanitas”, ocupa un puesto central su consideración de la inteligencia artificial: una ayuda muy valiosa que requiere una seria atención. Con esa intención, el Papa nos ofrece algunos puntos fundamentales:

1. “Las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad”.

2. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias”.  

3. El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad.

4. No podemos considerar a la IA como moralmente neutra. Todo artefacto técnico lleva consigo decisiones y prioridades: lo que mide, lo que ignora, lo que optimiza y el modo en que clasifica personas y situaciones.  

5. Para que la IA respete la dignidad humana y sirva realmente al bien común, es esencial que esté clara la responsabilidad de quienes diseñan y programan los sistemas y hasta de quienes los utilizan.  

6. Es preciso discutir el código ético que debe ser usado, sometiéndolo a criterios de justicia social compartida. De lo contrario, quien controla la IA impondrá su propia visión moral, que se convertirá en la infraestructura invisible de los sistemas.  

7. El riesgo es que la IA haga parecer justa y normal una visión antihumana, según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo.  

8. No se trata ciertamente de oponerse a la inteligencia, sino de recordar que, cuando se repliega en sí misma, olvida que ha sido hecha para servir a la vida y a la persona humana. 

9. La calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad de reconocer un rostro en el otro y no una función.  

10. El Papa nos invita a contemplar en el rostro del Hijo de Dios una magnífica humanidad que también ilumina la época de la IA. El hombre es un colaborador en la obra de la creación, y no espectador resignado ante los procesos tecnológicos que limitan su libertad y su responsabilidad

 

 José-Román Flecha Andrés

 

 

 

 

 

lunes, 25 de mayo de 2026

FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD -A

EXAMEN DE CONCIENCIA - Fiesta de la Santísima Trinidad. A 31 de mayo de 2026

 

AMOR DE DIOS Y VIDA ETERNA

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único

para que no perezca ninguno de los que creen en él,

sino que tengan vida eterna”

(Jn 3,16) 

1.      A muchas personas les resulta difícil reconocer que Dios ama a este mundo. ¿Qué consecuencias puede comportar esa desconfianza?

2.      ¿En el ambiente religioso en el que nos movemos es aceptada esa afirmación de que Dios entregó a su Hijo por amor?

3.      ¿Se admite hoy la idea de que el ser humano puede perderse si no cree en el Hijo de Dios o se aceptan otras imágenes y medios de salvación?

4.      La sociedad moderna pregona el valor de la vida terrena, pero ¿no se contradice al despreciarla y suprimirla con tanta ligereza?

5.      En todas partes se proclama el valor de la vida temporal, pero ¿se admite la idea y el valor de la vida eterna?

6.      ¿Qué desafíos plantea a la pastoral y a la catequesis de la Iglesia la afirmación del amor de Dios que Jesús dirige a Nicodemo?

7.      ¿Trato yo de acoger el amor de Dios para no perecer y alcanzar de él la gracia de la vida eterna? 

REFLEXIÓN - Solemnidad de la Santísima Trinidad. A 31 de mayo de 2026

 

LA TRINIDAD DE DIOS

Moisés había madrugado para subir a la montaña del Sinaí como le había ordenado el Señor. Dios no faltó a la cita y bajó en la nube para encontrarse con él. Cuando Moisés  pronunció el nombre del Señor, él pasó ante Moisés proclamando: “Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad” (Éx 34,4-6).

Es impresionante esa manifestación de Dios. Y es conmovedora la confianza de Moisés. Como apelando a esa compasión y misericordia, se atreve a pedir al Señor que acompañe a su pueblo, que perdone sus culpas y pecados y lo considere como su heredad.

A ese Dios rico en clemencia y lealtad dirigimos hoy nuestra alabanza, repitiendo con un himno venerable: “A ti gloria y alabanza por los siglos” (Dan 3,52-56).

San Pablo exhorta a los Corintios a tener un  mismo sentir y a vivir en paz. Para que el Dios del amor y de la paz esté con ellos (2 Cor 13,11-13).

DEBILIDAD Y MISERICORDIA

 Según el evangelio de Juan Jesús revela a Nicodemo el amor de Dios que lo lleva a entregar a su propio Hijo: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna” (Jn 3,16).

Comentando estas palabras, escribía el papa Benedico XVI en su encíclica Deus caritas est: “La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud” (DCE 1).

En otro tiempo,  Dios manifestaba por medio de Moisés la compasión que lo había llevado a liberar de Egipto a su pueblo. El mismo Dios manifiesta ahora, por medio de Jesús, que su amor se dirige a todo el mundo. 

En la religión de los griegos y romanos nunca se habría podido imaginar que los dioses amaran a los hombres. Los dioses infundían terror. Parece que hemos vuelto atrás. Hoy son  muchos los que consideran a Dios como un tirano prepotente y vengador. Como respuesta a ese prejuicio,  hoy se considera al hombre como poderoso y autosuficiente.

Pero la corrupción, las adiciones y las guerras nos obligan  a reconocer nuestra debilidad. Ahora podemos redescubrir  nuestra debilidad y la  misericordia de Dios.

 EL CAMINO Y EL EVANGELIO

En la fiesta de la Santísima Trinidad se suele recordar a los tres personajes que aparecen en el célebre icono de Andrei Rublev. Tres personas diferentes revelan su identidad divina.

A las tres persona del único Dios se refiere san Pablo en su saludo a los corintios, que nosotros repetimos al inicio de la misa: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con vosotros” (2 Cor 13,13).

• “La gracia de nuestro Señor Jesucristo”. Si por Moisés nos fue dada la Ley, la fe nos dice que por Jesús recibimos la gracia y la verdad que nos hace libres (Jn 1,17; 8,32). 

• “El amor de Dios”. El Dios Creador del mundo y liberador de Israel, es nuestro Padre y nos ama de forma gratuita, que tratamos de agradecer por nuestro amor a  los demás.

• “La comunión del Espíritu Santo”. El Espíritu de Dios es la comunidad de Dios, que con esperanza queremos reproducir en nuestras comunidades humanas.

 - Dios compasivo y misericordioso, que te revelaste a Moisés y te has mostrado definitivamente en Jesucristo, te adoramos en la unidad de tu ser y en la Trinidad de tus manifestaciones. En tu nombre nos ponemos en camino y proclamamos para tu gloria el evangelio que nos salva. Amén.

                                                                                             José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFAN - 30.de mayo de 2026

 

LACOSECHA DE DIOS CRECE

En este momento vivimos en un mundo difícil. Son muchos los frentes que se abren ante nuestros ojos. La corrupción y la violencia, la agresividad y la guerra, el egoísmo y la incoherencia, la utilización de las personas, la indiferencia ante el pobre, el aumento de los precios y el desprecio de la naturaleza.

Ante ese panorama, son numerosas las propuestas técnicas o publicitarias que desafían a la razón humana, a la responsabilidad social y aun al sentido común.

Por supuesto, los ciudadanos que pretenden ser fieles a la fe cristiana no pueden sentirse eximidos de esta convocatoria a repensar y ofrecer una respuesta ética veraz y creíble.

Es cierto que el mayor problema se encuentra en la misma fundamentación de los juicios morales. De todas formas, el relativismo, el nominalismo y el emotivismo que marcan la cultura actual han de encontrar una respuesta en la afirmación de la dignidad y la verdad última del ser humano.

Allá por el siglo IV, San Gregorio Nacianceno reflexionaba sinceramente sobre su propia responsabilidad: “Es preciso comenzar por purificarse antes de purificar a los otros; es preciso ser instruido para poder instruir; es preciso ser luz para iluminar, acercarse a Dios para acercarle a los demás, ser santificado para santificar, conducir de la mano y aconsejar con inteligencia”.

Y, andando los siglos, el cardenal Josef Ratzinger, futuro papa Benedicto XVI, diría que “la cosecha de Dios crece. También hoy. Tampoco hoy es inútil que haya hombres que tengan la osadía de pregonar la palabra, de ponerse del lado y al servicio de la palabra. Que se atreven a oponerse a la avalancha, al torrente del egoísmo, de la codicia, de la incontinencia, y alzan un dique para detenerlo”.

Esa osadía puede parecer inútil, pero el cardenal añadía: “En algún lugar madura en silencio su sembrado. Nada es en balde. En lo oculto, el mundo vive del hecho de que siempre ha habido quienes han creído, quienes han esperado y amado”.

Recordaba, además, que el apóstol Pablo se enfrentó muchas veces a situaciones desesperadas. Pero, gracias a la bondad de Dios, apareció lleno de alegría y de una esperanza inquebrantable.

Pues bien, “también el cristiano podrá, en medio de todos los desengaños, experimentar con gozo profundo que los hombres viven, en una hondura protectora y cobijadora, de su pobre y débil servicio. Que de esto vive el mundo. Y que, en medio de una siembra, a veces descorazonadora, la cosecha de Dios crece”.

Es una buena lección para este momento. Las nubes son oscuras y la borrasca nos atemoriza. Pero queremos creer que ningún pensamiento bueno queda sin dar fruto. Queremos confiar en la esperanza.

                                                                                    José-Román Flecha Andrés


lunes, 18 de mayo de 2026

EXAMEN DE CONCIENCIA - Solemnidad de Pentecostés. A 24 de mayo de 2026

 

         VEN, ESPÍRITU DIVINO


1.      En la secuencia de Pentecostés se pide hoy al Espíritu divino que mande su luz desde el cielo. ¿Es que pensamos acaso que vivimos en la oscuridad?

2.      En el mismo poema se invoca al Espíritu Santo como “Fuente del mayor consuelo”. ¿Creemos de verdad que necesitamos el consuelo de Dios?

3.      El Espíritu Santo es invocado en la liturgia como “Padre amoroso del pobre”. ¿Procuramos hacer visible a los pobres esa protección del Espíritu?

4.      Hoy pedimos al Espíritu: “Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro”. ¿Tenemos la sensación de ese vacío que solo el Espíritu de Dios puede colmar?

5.       El Espíritu es el gran don de Dios y el origen de todos sus dones. ¿En un mundo que cree valorar los derechos humanos, creemos necesitar los dones divinos? 

6.      El Catecismo de la Iglesia Católica recoge una larga lista de imágenes con las que la Biblia se refiere al Espíritu Santo. ¿Cuántas de ellas recordamos?

7.      ¿Estoy convencido de necesitar los dones del Espíritu Santo para realizarme como persona y para vivir según el Evangelio?

José-Román Flecha

REFLEXIÓN - Solemnidad de Pentecostés. A 24 de mayo de 2026

 

                                                  ENVÍA TU ESPÍRITU 

“De repente, se produjo desde el cielo un estruendo, como de un viento que soplaba fuertemente, y llenó toda la casa donde se encontraban sentados” (Hech 2,2). Se celebraba la fiesta de Pentecostés y los apóstoles estaban reunidos en Jerusalén. Tal vez se preguntaban cómo iniciar la misión que el Señor les había confiando.

De pronto, un  trueno se deja “oír” por todos. Y a continuación, unas lenguas como de fuego se dejan “ver” sobre cada uno de ellos. Entran en juego los sentidos corporales. 

 Es la presencia del Espíritu de Dios. Es como una nueva creación. Una nueva manifestación de lo divino. Una elección y una misión. Habrán de dirigirse no solo al pueblo de Israel, sino también a todas las gentes, que los oirán en sus respectivas lenguas.   

Con el salmo responsorial dirigimos al Padre la súplica que es obligada en el día de hoy: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de a tierra” (Sal 103).

San Pablo nos recuerda que “Nadie puede decir que Jesús es Señor, sino por el Espíritu Santo”. Vivamos unidos, porque “todos hemos bebido de un solo Espíritu (1 Cor 12,3.13). 

DISCERNIMIENTO Y DOCILIDAD

El evangelio que se proclama en esta fiesta de Pentecostés (Jn 20,19-23) nos remite a aquel primer día de la semana en que Jesús resucitado se presentó en medio de sus discípulos y les deseó la paz. Ellos lo reconocieron  al ver sus llagas y se llenaron de alegría. 

Entonces, Jesús sopló sobre sus discípulos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes se los retengáis, les quedarán retenidos”. En una sociedad como la nuestra ¿Qué significan esas palabras?

• Recibir el Espíritu Santo es acercarnos a la fuente.  La verdad que podamos anunciar y el bien que podamos hacer no brotan de nuestra mente ni de nuestra voluntad.  Solo el Espíritu de Dios puede librarnos de nuestra presunción y de nuestro desaliento.

• Perdonar o retener los pecados tampoco depende de nuestra personal apreciación de la responsabilidad de los demás. Solo el Espíritu puede mover a los pecadores a la conversión y concedernos el discernimiento para evaluar la responsabilidad, la culpa y el arrepentimiento. Del Espíritu viene el perdón, el discernimiento y la docilidad para reflejar su misericordia.  

TESTIGOS DE LA VERDAD Y EL PERDON

Pero antes de ese precioso encargo, Jesús manifiesta ante sus discípulos la  misión que él  mismo ha recibido: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Ese envío es lo que garantiza su autoridad y lo que fundamenta y motiva nuestra responsabilidad.

• “Como el Padre me ha enviado”. Jesús es consciente de haber sido enviado por el Padre celestial. Él dijo alguna vez que atender a su voluntad era su comida. Escucharla y cumplirla era el sustento de su vida y era la razón de su actuación en el mundo.

• “Así también os envío yo”. Sin embargo, Jesús había buscado colaboradores para anunciar por todo el mundo la llegada del Reino de Dios. El que había sido enviado por el Padre, los envía a ellos y nos envía a nosotros a anunciar la presencia misericordiosa de Dios.

- Señor Jesús, te damos gracias porque has querido elegirnos sin ningún mérito nuestro para continuar la misión que el Padre te ha confiado. Tú sabes que somos débiles, miedosos e interesados. Que tu Espíritu nos dé la lucidez, la fuerza y la humildad para ser siempre y en todo lugar testigos de la verdad y del perdón.  Amén.

                                                                          José-Román Flecha Andrés

 

CADA DÍA SU AFÁN -23 de mayo de 2026


CREER, ESPERAR Y AMAR 

Según san Isidoro, “unas virtudes ocupan el puesto más elevado y otras el de en medio. La fe, la esperanza y la caridad son las supremas, porque quienes las alcanzan las poseen de verdad. Las otras virtudes están en el medio, porque pueden adquirirse para provecho y para ruina”. 

1.Sobre la virtud de la fe, dice que “nos permite creer firmemente lo que no podemos ver”. Es necesario creer en los demás para poder convivir. Además, “no podemos alcanzar la verdadera felicidad sino mediante la fe”. Es más, “es feliz el que con rectitud de fe lleva una vida santa y con vida santa conserva la rectitud de la fe”.

En realidad, “no solo hay que dar crédito a lo que percibimos por los sentidos corporales, sino más aún a lo que conocemos por la inteligencia, es decir, a Dios. Sin la fe, nadie puede agradar a Dios”.

Como adelantándose a los tiempos, añade él que “la fe de ningún modo se impone por la fuerza, sino que se justifica con la razón y los ejemplos. Si se exige con violencia no puede perseverar”.

Por eso, la fe exige una adhesión personal, íntima y verdadera. Dios contempla la fe en el corazón, donde no caben fingimientos. “De nada aprovecha la fe que se mantiene de palabra, si no se cree de corazón y de nada aprovecha la fe que se mantiene en el corazón, si no se pregona con palabras”.

2. Sobre la virtud de la esperanza (spes), escribe san Isidoro que su nombre deriva de pes, es decir el pie. Así que esperar es mantenerse en camino. Estas referencias no dejan de revelar esa gran verdad que señala inmediatamente: “El que ama el pecado no espera la gloria futura”.

A la misma idea nos remite al escribir que “los que no desisten de obrar el mal, con vana esperanza buscan el perdón de la misericordia divina”. En efecto, “todo justo resplandece por la esperanza y el temor, pues la esperanza lo dispone al gozo, y el terror al infierno lo impulsa al temor”.

3. Sobre la virtud de la caridad san Isidoro dice que es mayor que todas las virtudes, porque quien ama, también cree y espera. Quien no ama, aunque haga muchas cosas buenas, se esfuerza en vano.  

El amor se distingue por el destinatario del afecto. Según él, “hemos de amar a Dios más que a nosotros; al prójimo como a nosotros; al enemigo como al prójimo. Y si no amamos a Dios, de ningún modo podremos amarnos a nosotros mismos”.

Según el Santo, sin amor de caridad, aunque se tenga la virtud de la fe, no se puede alcanzar la felicidad eterna. Además, afirma que “no ama a Cristo en su totalidad, quien odia al hombre”.

Su consejo final se adelanta a los principios de la Bioética moderna: “Dos normas hay que observar en el amor al prójimo: una, la de no ocasionarle daño; la otra, la de procurarle el bien. Lo primero, para evitar herirle; lo segundo para aprender a dar”.  

 

José-Román Flecha Andrés

lunes, 11 de mayo de 2026

PRESENTACIÓN power point. La ASCENSIÓN DEL SEÑOR

EXAMEN DE CONCIENCIA - Solemnidad de la Ascensión del Señor. A 17 de mayo de 2026


         PRESENCIA Y COMPAÑÍA

  “Yo estoy con vosotros todos los días

hasta el final de los tiempos” 

(Mt 28,20)

1.      Nunca nos bastamos a nosotros mismos. Todos necesitamos a los demás. Y es una suerte tener personas dispuestas a acompañarnos. ¿Sabemos ser agradecidos?

2.      Por otra parte, todos hemos de acompañar a los demás en los momentos felices y en las horas más amargas. ¿Estamos dispuestos a prestarles ese servicio?

3.      El Mesías había sido anunciado como el Emmanuel, es decir como el “Dios con nosotros”. ¿Recordamos que Jesús acompañó compasivo a los más necesitados?

4.      El Señor prometió a sus discípulos estar con ellos todos los días hasta el final de los tiempos. ¿Cómo podemos aceptar, vivir y agradecer aquella promesa?

5.      ¿Cuáles son los motivos que suelen impulsar a los que se dicen creyentes a ignorar la presencia y el acompañamiento del Señor?

6.      Es evidente que estamos en una época muy difícil. ¿Procuramos los cristianos confiar en la presencia y la ayuda de nuestro Maestro?  

7.      ¿En este momento de mi vida, estoy yo viviendo, agradeciendo y anunciando la presencia y la compañía que el Señor nos prometió?

 

                                                                                                 José-Román Flecha

REFLEXIÓN - Ascensión del Señor a los Cielos. A 17 de mayo de 2026

 

 LA MISIÓN Y LA ESPERANZA

A la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista” (Hech 1,9). En la primera lectura que hoy se proclama (Hech 1,1-11) se recuerda la Ascensión del Señor y nuestra responsabilidad como continuadores de su misión.  

• En primer lugar, observamos que en apenas tres versículos se mencionan hasta cinco veces las referencias a la vista. Se trata de subrayar tanto la realidad visible del Señor como el valor del testimonio de sus discípulos.

• Después, aparecen dos hombres que  recuerdan a los que el evangelio de Lucas había situado al lado del sepulcro vacío de Jesús (Lc 24,4). En ambos casos, se insinúa que la visión humana es insuficiente sin una explicación celestial.

• Finalmente, la nube que oculta a Jesús nos recuerda la que lo envolvía en el momento de la transfiguración (Lc 9,34). Entonces como ahora, la nube representa el poder del Altísimo, presente ya en el nacimiento de Jesús (Lc 1,35).

El Salmo responsorial suena como un himno triunfal: “Dios asciende entre aclamaciones: el Señor, al son de trompetas” (Sal 46).

Según la carta a los Efesios, necesitamos la luz de Dios para comprender la esperanza a la que hemos sido convocados (Ef 1,17-23).

EL TRIPLE ENCARGO

En el final del evangelio de Mateo que se proclama en este día de la Ascensión del Señor a los cielos, se recoge el triple encargo que Jesús deja a sus discípulos (Mt 28,16-20): 

• Él los envía para que, apoyados en su poder, vayan por el mundo con una misión universal: la de hacer discípulos a todos los pueblos.

• Junto al anuncio de la salvación han de llevar a cabo la misión de bautizar  a las gentes en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

• Y finalmente, han de procurar enseñar a todos los hombres a guardar los mandamientos que Jesús les ha dejado.  

PRESENCIA Y COMPAÑÍA

La triple tarea que, al ser glorificado,  Jesús deja a sus discípulos no habría de ser fácil. Sin embargo, el Señor promete a los suyos que él los acompañará a lo largo de los tiempos. Esa certeza alentará a todos los evangelizadores:

• “Yo estoy con vosotros”. Ya antes de su nacimiento, Jesús había sido anunciado por el ángel como el Emmanuel, es decir, el “Dios con nosotros”. Al final de su camino terreno,  él se ha atribuido finalmente ese nombre. Y nosotros creemos en la sinceridad de su promesa.

• “Todos los días”. Nos alegra pensar que Dios está con nosotros en los momentos de triunfo y así lo celebran los que creen en él. Pero él también nos acompaña en los dias de tormenta y de hospital, en las noches de pandemia y de soledad.  

• “Hasta el fin del mundo”. No somos los primeros cristianos ni los últimos. Somos un sencillo eslabón en la cadena de los que creen, esperan y aman. Vivimos recordando el pasado y acordando la paz para el futuro, pero siempre bien atentos al presente.

- Señor Jesús, tú nos has confiado el alto honor y la gran responsabilidad de anunciar el evangelio a todas las gentes. Te rogamos que nos concedas luz para conocerlo y valentía para anunciarlo con alegría. Confiamos en tu presencia y compañía. Amén.

                                                                                               José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 16 DE MAYO DE 2026

 

                                                     LAS VIRTUDES CARDINALES

Tras atribuir a Sócrates la denominación de las cuatro virtudes morales o cardinales, san Isidoro incluye en las Etimologías una breve presentación de las mismas. Por la prudencia distinguimos en las cosas lo malo de lo bueno. La justicia, aplicando un criterio correcto, permite que se distribuya a cada uno lo suyo. La fortaleza soporta las adversidades. Mediante la templanza, se refrena la lujuria y la concupiscencia.

1. Refiriéndose a la primera de las virtudes cardinales, san Isidoro define al prudente como el que ve de lejos y puede anticipar con tiempo un acontecimiento.

A la virtud de la prudencia se refiere cuando afirma que el mal uso convierte a algunas virtudes en vicios. Así el celo excesivo, cuando traspasa los límites que le impone la prudencia, se parece demasiado al vicio de la ira, mientras que la mansedumbre desmedida engendra la inacción perezosa.

En consecuencia, “la discreción del varón prudente mira con solicitud para no practicar destempladamente lo bueno y para no pasar de la virtud al vicio”.

2. Con relación a la virtud de la justicia, san Isidoro escribe que los gobernantes han de saber que son de la misma naturaleza que los gobernados. Han de estar atentos a favorecer a los pueblos y no a perjudicarlos. No han de oprimirlos con tiranía, sino que deben velar por ellos con benignidad y condescendencia.

El buen rey se aparta del delito para dirigirse a la justicia antes que abandonar la justicia para entregarse al delito.

3. Antes de hablar de la fortaleza, san Isidoro reflexiona sobre la debilidad.  A la hora de medir el alcance de nuestra fuerza, hemos de ser prudentes. “Si es mayor el esfuerzo que el provecho de las almas, se debe renunciar a un trabajo al que acompaña una mínima ventaja”. 

La fuerza que a veces demostramos al afrontar nuestras dificultades es siempre un don gratuito de Dios. “El ser inteligentes, el sentirnos poderosos, lo debemos no al favor de otro cualquiera, sino al de Dios”

4. Analizando la virtud de la templanza, san Isidoro comenta el relato bíblico sobre Adán y Eva. Los humanos hemos perdido la virtud de la templanza ya en el paraíso original. “El primer hombre sucumbió fascinado por el diverso encanto de los seres”  

Evocando la antigua norma de la “mesura”, afirma que “hay virtudes, que, de no regularse por la discreción, pasan a ser vicios. La justicia que se excede de su justo módulo, origina cruel venganza; la demasiada compasión disuelve la disciplina; el excesivo celo, cuando pasa de la prudencia, llega a ser vicio de ira; la desmedida mansedumbre engendra la perezosa inacción”.

Como se ve, se requiere una gran capacidad de discernimiento para llegar a establecer los límites entre el vicio y la virtud.

                                                                                 José-Román Flecha Andrés

 

PRESENTACIÓN POWER

EXAMEN DE CONCIENCIA - Domingo 6º de Pascua. A 10 de mayo de 202


         El AMOR Y LOS MANDAMIENTOS

  “Si me amáis, guardaréis mis mandatos” 

(Jn 14,15)

1.      La amistad y el amor no se demuestran solo con palabras. ¿Qué nos dicen estas palabras de Jesús sobre él mismo y sobre nosotros? 

2.      ¿Necesita Jesús nuestro amor o, más bien necesitamos nosotros mostrarle el nuestro para defender y realizar nuestra propia dignidad?

3.      ¿Estamos convencidos de que amar a Jesucristo es realmente importante para nosotros y para nuestras relaciones humanas?

4.      ¿En una sociedad como la nuestra, que tanto ensalza la autonomía personal y el relativismo, qué valor se da a los mandamientos?

5.      ¿Cómo se pueden observar y cumplir los “mandatos” de Jesús para que podamos vivir en la paz y en la justicia?

6.      ¿Se percibe hoy el interés en transmitir este mensaje de Jesús a las jóvenes generaciones?

7.      En la situación en la que ahora me encuentro yo ¿estoy tratando de mostrar mi amor al Señor cumpliendo sus mandatos?

                                                                                         José-Román Flecha

REFLEXIÓN -- Domingo 6º de Pascua 10 de mayo de 2026

 

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD 

“Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío escuchaba lo que decía, porque habían oído hablar de los signos que hacía… La ciudad se llenó de alegría” (Hech 8,5-8). Y eso, a pesar de que los judíos no miraban bien a las gentes de Samaría.

 Al mismo Jesús, algunos samaritanos le habían negado hospedaje, mientras que otros  lo habían acogido bien. Al final de su vida terrena el Maestro había enviado a sus discípulos a ser sus testigos en Jerusalén, en Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra (Hech 1,8).

Así pues, tras el martirio de Esteban, Felipe anuncia el Evangelio en Samaría. Él esparce una siembra, cuyos frutos recogerán los apóstoles Pedro y Juan al imponer las manos a los que han escuchado la Palabra de Dios y reciben el Espíritu.

A tantos siglos de distancia, nosotros nos alegramos de aquella expansión del mensaje evangélico y proclamamos con el salmista: “Aclamad al Señor, tierra entera” (Sal 6).

También hoy, hemos de estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza, con delicadeza y con respeto, como nos lo pide la primera carta de Pedro (1 Pe 3,15).

EL DON DE LA PRESENCIA

El evangelio de este domingo nos sitúa de nuevo en el escenario de la última cena. Entre las palabras de despedida (Jn 14,15-21), Jesús deja un mensaje inolvidable:

• En primer lugar, ofrece a sus discípulos la señal definitiva de la sinceridad del amor. No son las palabras las que cuentan, sino las obras. La prueba de su amor al Maestro ha de ser siempre el cumplimiento de sus mandatos.

• Consciente de que sus seguidores se sentirán huérfanos, Jesús les promete que pedirá al Padre que les envíe al Espíritu Consolador.  Aunque el mundo no lo conozca y no lo reciba, él estará siempre con ellos. El primer don del Espíritu será su presencia.

• Los discípulos de Jesús no deberán esperar bienes terrenos como recompensa por su fidelidad al Maestro. Si aman de verdad a Jesús y guardan sus mandatos, serán también amados por el Padre de los cielos, al que Jesús ama y al que se manifestará.  

 ABOGADO Y CONSOLADOR

  En realidad, Jesús parece preocupado por la sensación de orfandad que pueden vivir sus discípulos. Los de la primera hora y los de todos los tiempos. Por eso, introduce en su discurso una promesa que seguramente ellos no esperaban:

• “Yo pediré al Padre que os envíe otro Paráclito”. Esa palabra griega puede traducirse  como Abogado o Consolador. Al proclamar las bienaventuranzas, Jesús había dicho que los que lloran serán “consolados”. Este anuncio al final de su vida evoca aquella promesa.

• “Él estará siempre con vosotros”. Antes de su nacimiento Jesús había sido anunciado como el Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”. En su despedida dirá “Yo estaré con vosotros todos los días”. El Consolador prometido por Jesús, hará sentir su presencia.

• “Será el Espíritu de la verdad”. En el evangelio de Juan se dice que “la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (Jn 1,17). El Espíritu habrá de revelar el don de esa verdad,  que se hace especialmente necesaria en este mundo nuestro, entregado al relativismo.

- Señor Jesús, nosotros hoy tememos la soledad más que al error. Y valoramos nuestra libertad más que tu amor y el del Padre celestial. Envíanos tu Espíritu, para que nos ayude a cambiar nuestra mentalidad y nuestras opciones de vida. Amén.

                                                                                    José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 9 DE MAYO DE 2026


LOS VICIOS CAPITALES

Recorriendo la literatura patrística, descubrimos que ya Orígenes presentaba listas de vicios en número de siete, asimilándolos a los pueblos que los hebreos expulsaron de la tierra prometida, según el libro del Deuteronomio (Dt 7,1).

Pero la primera sistematización de los vicios la realizó Evagrio Póntico, al exponer el análisis de los “ocho pensamientos genéricos”.

  San Isidoro de Sevilla enumera los mismos vicios y se fija especialmente en la fatuidad de la erudición, en la hipocresía, la jactancia, la envidia, la simulación, la acedia y el odio.

En su libro de las Sentencias nos recuerda él que “de un vicio nace otro vicio, como de una virtud nace otra virtud”.

Sin embargo, afirma que “de vez en cuando, los vicios pugnan útilmente con las virtudes, para que, a resultas del conflicto, la mente se ejercite, y el ánimo, apartado de la arrogancia, se modere”.

El santo maestro es también un prudente pastor y trata de señalar en concreto las virtudes que han de atraer las miradas de los que se sienten tentados por el mal:

“Frente al ímpetu de los vicios hay que luchar con las virtudes contrarias; a saber: frente a la lujuria hay que emplear la pureza del corazón, frente al odio, hay que aprestar el amor, frente a la ira proponer la paciencia. Asimismo, frente al temor hay que servirse de la virtud de la confianza; frente a la indolencia, la actividad del celo; igualmente a la tristeza hay que enfrentar el gozo; al desánimo, la fortaleza; a la avaricia, la liberalidad; a la soberbia, la humildad. Y así, cada virtud reprime los vicios que surgen contra ella y domina los impulsos de las tentaciones con la fuerza de la divina caridad”.

Más adelante, advierte él que “primero hay que desarraigar del hombre los vicios y luego implantar las virtudes. Porque la verdad no puede tener cohesión ni estar unida con la mentira, ni el pudor con la desvergüenza, ni la lealtad con la perfidia, ni la castidad con la lujuria”.

Por otra parte, san Isidoro afirma que también de las virtudes pueden nacer algunos vicios: “A veces, hasta las virtudes, si son mal empleadas, engendran de suyo a los vicios. Lo cual acontece a causa del apetito desordenado del alma, al que no le basta el don que mereció, sino que se procura, por medio de este, elogios y ganancias censurables”.

La misma experiencia humana nos advierte que, en algunas ocasiones, una virtud puede degenerar en un vicio “si de vez en cuando y a su debido tiempo no se suaviza en modo alguno su rigor”.  

A pesar de todo, la fe nos enseña que la misericordia de Dios procura llevar al ser humano a recorrer el camino contrario, sacando virtudes aun de los vicios, para que podamos reformarnos de nuestra propia iniquidad.

                                                                                            José-Román Flecha Andrés