miércoles, 18 de octubre de 2017

29º DOMINGO TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 29º TIEMPO ORDINARIO. A. 22 de octubre de 2017

    CUESTIÓN DEL TRIBUTO
                                
“Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí no hay dios”. Un profeta anónimo presenta ya a Ciro, rey de los persas, como el ungido del Señor (Is 45,5). Un título que se reservaba anteriormente al rey de Israel.
Ciro ha sido elegido por Dios para liberar a Israel y a los otros pueblos oprimidos por los babilonios. Es verdad que él no conoce a Yahvéh, pero Yahvéh lo conoce a él. Lo conoce, lo elige y le concede el poder para que lo use con justicia (cf. Is 41,2).
Sin embargo, ninguno de los grandes y gobernantes de la tierra, puede atribuirse a sí mismo un poder que se debe solamente a Dios. El poder se deslegitima a sí mismo cuando cae en la tentación de divinizarse. Con razón el salmo responsorial proclama que “el Señor es Rey, él gobierna a los pueblos rectamente” (Sal 95,10).  
En su primer escrito, Pablo menciona ya las tres virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. Y además recuerda a los fieles de la ciudad de Tesalónica que también ellos han sido elegidos por Dios (1Tes 1,1-5), y guiados por la fuerza del Espíritu Santo. 

ELOGIO Y PREGUNTA

En lugar de los sacerdotes y los senadores del pueblo, en el texto que hoy se proclama los protagonistas son los fariseos. Han buscado la forma para sorprender a Jesús y se dirigen a él con un elogio y una pregunta (Mt 22,15-21).  
• “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad”. El evangelio de Juan pone en boca de otro fariseo llamado Nicodemo ese mismo título y ese mismo elogio (Jn 3,2). Los fariseos reconocen a Jesús como Maestro. Pero no se puede olvidar que Jesús conoce su “mala voluntad”.
• “Dinos qué opinas: Es lícito pagar impuesto al César o no?” Jesús comprende que con esa pregunta vienen a “tentarle”. No en vano han llegado acompañados por los partidarios de Herodes. Si dice que sí, se enfrenta con el pueblo. Si responde que no, se enfrenta con el imperio. 
El escenario se presta a una cuestión política. En realidad, los discípulos de los fariseos y los partidarios de Herodes ni esperan ni pueden ofrecer a su pueblo la libertad. Sólo desean lavar su propia imagen, comprometiendo a Jesús.  

LA MONEDA

La respuesta de Jesús se articula en tres partes: una interpelación, una pregunta y una exhortación:
• “Hipócritas, por qué me tentáis?” No importan tanto las palabras como las actitudes que esconden. Los fariseos reconocen que Jesús dice la verdad. Pero Jesús conoce que ellos viven en la mentira
• “¿De quién son esta cara y esta inscripción?” La ley prohibía llevar imágenes. Pero los que presumen de cumplir la ley olvidan sus preceptos cuando deciden utilizarla para sus manejos políticos.
• “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.  Ninguna frase evangélica ha sido tan manipulada como esta. Si la fe no tiene por qué mezclarse en la política, tampoco los políticos pueden instalarse en el puesto de Dios.
- Señor Jesús, reconocemos tu amor a la verdad. Perdona nuestra hipocresía. Y no permitas que subamos al poder y a los poderosos al puesto que solo corresponde a Dios.  Amén.
                                                           José-Román Flecha Andrés 

DOMINGO 29 TIEMPO ORDINARIO. A. (Comentario sonoro)

CADA DÍA SU AFÁN 21 de octubre de 2017

                                                      
TRES PREGUNTAS SOBRE LA MISIÓN

 En su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones del año 2017, el papa Francisco nos  ofrece  tres preguntas que han de orientar nuestra reflexión y nuestra acción:
1. ¿Cuál es el fundamento de la misión? Esta es la pregunta que se han hecho algunos creyentes, ante la necesidad de diálogo entre las religiones. El Papa nos dice que “la misión de la Iglesia, destinada a todas las personas de buena voluntad, está fundada sobre la fuerza transformadora del Evangelio”.
No hay otra motivación. Ese fundamento es tan necesario como suficiente. El anuncio del Evangelio “trae consigo una alegría contagiosa, porque contiene y ofrece una vida nueva: la de Cristo resucitado, el cual, comunicando su Espíritu dador de vida, se convierte en Camino, Verdad y Vida por nosotros”.
2. ¿Cuál es el corazón de la misión?  La misión de la Iglesia no es la propagación de una ideología religiosa, ni la propuesta de una ética sublime. El corazón es el mismo Jesucristo que, por medio de la misión de la Iglesia, sigue evangelizando y actuando.
A través del anuncio del Evangelio, “Jesús se convierte de nuevo en contemporáneo nuestro, de modo que quienes lo acogen con fe y amor experimentan la fuerza transformadora de su Espíritu de Resucitado que fecunda lo humano y la creación, como la lluvia lo hace con la tierra… Por eso, el mundo necesita el Evangelio de Jesucristo como algo esencial”.
3. ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión? Como aludiendo a la tentación de acedia y pasividad que a veces nos recome, el Papa nos recuerda que “la misión inspira una espiritualidad de éxodo continuo, de peregrinación y de exilio”.
La misión promueve un éxodo que nos incita a salir de la propia comodidad para llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.
Además, la misión de la Iglesia promueve una continua “peregrinación a través de los diversos desiertos de la vida, a través de las diferentes experiencias de hambre y sed, de verdad y de justicia”.
Y, en tercer lugar, la misión de la Iglesia nos lleva a vivir el exilio. “Sedientos de infinito, vamos en camino hacia la patria final, entre el «ya» y el «todavía no» del Reino de los Cielos”.
Finalmente, ante el próximo sínodo, que estará dedicado a los jóvenes, nos recuerda el Papa que “los jóvenes son la esperanza de la misión. La persona de Jesús y la Buena Nueva proclamada por él siguen fascinando a muchos jóvenes”.
Así pues, la Jornada Mundial de las Misiones remueve el corazón misionero de las comunidades cristianas para que “participen, a través de la oración, del testimonio de vida y de la comunión de bienes, en la respuesta a las graves y vastas necesidades de la evangelización”.
Sabemos y esperamos que María, la Madre de la evangelización, nos ayudará a proclamar la Buena Nueva de Jesús también en nuestro tiempo.
                                                                           José-Román Flecha Andrés


lunes, 9 de octubre de 2017

DOMINGO 28º TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 28 TIEMPO ORDINARIO. A. 15 de octubre de 2017

   INVITADOS A LA FIESTA

“Aquel día preparará el Señor del universo para todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera; manjares enjundiosos, vinos generosos” (Is 25,6). En este poema el profeta Isaías ve a Jerusalén como el santuario al que se dirige la peregrinación de todos los pueblos.
Para todos los que llegan cansados del camino, hambrientos y exhaustos, Dios tiene preparado un espléndido banquete. Y no solo eso. El Señor liberará a los pueblos de su ignorancia y de sus dolores. Es más: los liberará del último mal que es la muerte. Dios invita a todos al festín de la vida y de la alegría. 
A esa promesa, que se hace actual en la eucaristía, respondemos con el salmo 22: “Tú bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por años sin término”. Como escribía san Pablo a los fieles de Filipos, también nosotros podemos decir: “Todo lo puedo en aquel que me conforta” (Flp 4,13).

UNA DOBLE INVITACIÓN

La comparación de la era mesiánica con un banquete, utilizada ya por el poema del profeta Isaías y también por el evangelio de Mateo (Mt 8, 11-12), reaparece en el evangelio que se proclama en este domingo. Un rey celebra la boda de su hijo y envía mensajeros a dos grupos de invitados.
• “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.  El banquete mesiánico ha sido preparado directamente para los hijos del pueblo de Israel. Dios les ha mostrado continuamente su predilección. No los llama a sufrir como esclavos, sino a participar de la alegría de un banquete de bodas.
• “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. El texto indica que los hijos de Israel han puesto sus excusas para no aceptar la invitación. Y el Rey convida a los de fuera, es decir a los paganos. El banquete se abre a todos los pueblos.

EL VESTIDO DE BODA

La parábola señala que la sala se llenó de comensales. Pero el rey repara en uno que no ha llegado con traje de fiesta. Y lo interpela con seriedad:
• “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?  Los cristianos venidos del mundo pagano podían sentirse felices de haber heredado los bienes preparados para Israel. Pero no debían continuar con los hábitos de su anterior paganismo.
• “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda? El Señor nos invita a todos a participar del banquete de la gracia y de los sacramentos. Pero no debemos vivir esa vida nueva con las actitudes del hombre viejo.
• “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?  Según el papa Francisco, la invitación al banquete es gratuita, generosa y universal. Solo exige una condición: “vestir el traje de bodas, es decir, testimoniar la caridad hacia Dios y el prójimo”.
- Padre nuestro, tú sabes que con frecuencia nos hemos sentido desorientados ante las encrucijadas de este mundo. Te damos gracias por habernos invitado a la fiesta de tu Hijo. Ayúdanos a vivirla con responsabilidad y con fidelidad. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
                                                             José-Román Flecha Andrés

DOMINGO 28 TIEMPO ORDINARIO A. (Comentario sonoro)

CADA DÍA SU AFÁN 14 de octubre de 2017

                                                                
PROTEGER AL SER HUMANO

El día 4 de abril de 1997 se firmaba en Oviedo un famoso documento patrocinado nada menos que por el Consejo de Europa. Llevaba un título muy largo: “Convenio para la protección de los Derechos Humanos y la dignidad del ser humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina”.
Tan largo era aquel título que fue abreviado, añadiendo a continuación este otro: “Convenio sobre los Derecho Humanos y la Biomedicina”. Es verdad que con ello no se ganaba en precisión. De todas formas, pronto se conocería simplemente como el “Convenio de Oviedo”.
Hace veinte años nos preocupaban sinceramente los desafíos éticos que estaban suscitando algunos procedimientos técnicos. Se pueden recordar las preguntas relacionadas con  la reproducción humana asistida, la experimentación con células madre embrionarias, las posibilidades de la clonación y la manipulación del genoma humano. 
Por medio del Convenio, los Estados signatarios prometían proteger al ser humano en su dignidad y su identidad y garantizaban a toda persona, sin discriminación alguna, el respeto a su integridad y a sus derechos y libertades (cf. Art. 1).
Tal objetivo merecía en principio un sincero aplauso. De hecho, se decía que “el interés y el biensetar del ser humano deberán prevalecer sobre el interés exclusivo de la sociedad o de la ciencia” (Art.2). Sin embargo, este postulado pronto sería ignorado para permitir el uso de embriones para la investigación cientifica.
 Evidentemente, para aceptar esas prácticas bastaba con negar al embrión la categoría de ser humano, al que que pretendía tutelar el Convenio. El mismo criterio excluyente permitiría a algunos Estados despenalizar y aun legalizar las prácticas eutanásicas.
El artículo 3 del Convenio garantizaba el acceso equitativo a los servicios sanitarios.  Y el artículo 4 decía que “toda intervencion en el ámbito de la sanidad, comprendida la investigación, deberá efectuarse dentro del respeto a las normas y obligaciones profesionales, así como a las normas de conducta aplicables en cada caso”.
Seguramente el texto no se refería solo a la legislación de los Estados signatarios del Convenio sino también a los códigos deontológicos profesionales. Habría que ver con qué rigor y coherencia se ha tratado de aplicar aquel principio.
Basta por ahora la alusión a estos primeros artículos. A los 20 años de la firma del Convenio de Oviedo sería bueno releer el texto y considerar si sus orientaciones han sido aceptadas en la práctica. Es claro que las palabras, aun las palabras escritas, pueden ser interpretadas a tenor de los intereses o las presiones coyunturales. 
Habrá que apelar, como la Antígona de Sófocles, a unos principios anteriores a los dictados de Creonte y a las leyes positivas. Y habrá que seguir enseñando a caminar a la “niña esperanza” que admiraba a Dios, según los versos de Charles Péguy.
                                                                                               José-Román Flecha Andrés

martes, 3 de octubre de 2017

DOMINGO 27 TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO. A. 8 de octubre de 2017

      LA VIÑA Y LOS VIÑADORES

“Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña” (Is 5,1). Ese poema  de Isaías sobre la viña del amigo ha cautivado muchas veces nuestra fantasía. Hemos imaginado el viñedo y el cercado, el lagar y la atalaya, desde la que el guarda vigilaba aquella propiedad en la que el amigo había plantado cepas escogidas.
El dueño esperaba que le diera las uvas más sabrosas. Pero al tiempo de la vendimia solo encontró agrazones. Con aquellas uvas agrias nunca podría tener un buen vino. El profeta explica que la viña representa la casa y el pueblo de Israel. El Señor esperaba encontrar justicia y sólo encontró maldad.
Ante esa historia de infidelidad, sólo cabe rezar con el salmo 79: “Señor, vuélvete: mira desde el cielo, fíjate; ven a visitar tu viña, la cepa que tu diestra plantó y que tú hiciste vigorosa”. Escuchando la exhortación de san Pablo, deseamos tener en cuenta todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable y laudable: todo lo que es virtud (Flp 4,6-9).

DECEPCIÓN Y TRAICIÓN

Por tercer domingo consecutivo el evangelio nos presenta otra parábola que utiliza la imagen de la viña (Mt 21,33-43). También en esta ocasión se dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. El Maestro comienza evocando literalmente el canto de Isaías a la viña del amigo. Pero pronto introduce su propia versión.
• En el poema de Isaías la decepción del dueño venía motivada por la frustración de sus esperanzas. Había preparado su viña, pero no encontró las buenas uvas que esperaba. Israel no había respondido a la elección de que había sido objeto.
• En la parábola que expone Jesús, ya no es la viña la que produce malos frutos. Es que los labradores encargados de cuidarla se niegan a entregar los frutos a su amo. Y no solo eso, sino que injurian y matan a los criados que el dueño de la viña les ha enviado.
• Más aún. El dueño envía a su propio hijo para recabar de los labradores los frutos que le corresponden. Pero los labradores, sabiendo que es el heredero,  lo sacan violentamente de la viña y lo matan con la intención de hacerse con la propiedad.

EL RELATO Y SU SENTIDO

La lección de esta parábola está clara. Dios ha enviado profetas a su pueblo, pero han sido maltratados. Ahora envía a su hijo y también él será condenado a muerte. 
• “Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?” Esa es la pregunta que Jesús dirige a los responsables de su pueblo. Con ella les ofrece una buena oportunidad para que recuerden la historia pasada de su pueblo. Y también para que reflexionen sobre su propia responsabilidad en el rechazo del Mesías. 
• “Arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. Esa es la respuesta de los oyentes. Parece que ellos siguen pensando solamente en el relato sin pensar en su sentido. No quieren comprender que el Maestro trata de evocar un pasado que se va a convertir de nuevo en una escandalosa realidad.   
- Padre nuestro,  también a nosotros has confiado la tarea de cultivar tu viña y entregarte fielmente los frutos que te corresponden. También nosotros despreciamos a los mensajeros que nos envías e ignoramos el mensaje y la vida de tu Hijo. Perdona nuestra infidelidad. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.
                                                                                     José-Román Flecha Andrés

DOMINGO 27 TIEMPO ORDINARIO. A. (Comentario oral)


CADA DÍA SU AFÁN 7 de octubre de 2017

                                                    
UN ROSARIO POR LA PAZ
El día 15 de septiembre de 1966 el papa Pablo VI publicaba la encíclica Christi Matri. que parece haber sido olvidada con el paso de los años.
En ella evocaba la guerra que se estaba desarrollando  en la región del Asia Oriental.  Confesaba él que su ánimo se sentía perturbado también por los acontecimientos que se desarrollaban en otras regiones.
Y mencionaba, en concreto, “la creciente competencia de las armas nucleares, el insensato deseo de dilatar la propia nación, la inmoderada estima de la raza, el ansia de derribar las cosas, la desunión impuesta a los ciudadanos, las malvadas asechanzas, las muertes de inocentes”.
Recordaba Pablo VI el interés que él mismo había demostrado  desde el comienzo de su ministerio apostólico en trabajar por la causa de la paz en el mundo.
Como ejemplo de su empeño citaba la visita que había realizado el año anterior a la Sede de las Naciones Unidas en la ciudad de Nueva York. Allí había exhortado a los representantes de todas las naciones a establecer la paz entre los pueblos.
Pues bien, a un año de distancia de aquella histórica visita, rogaba a los jefes de las naciones que procuraran que no se extendiera más el incendio y que incluso se extinguiera por completo.
Había llegado la hora de dejar las armas, de escuchar a la conciencia y de pensar en el futuro.  Con un tono que recordaba el de su discurso en la ONU, escribía: “En nombre del Señor gritamos: ¡alto! […] Hay que llegar a una paz basada en la justicia y en la libertad, de modo que se tengan en cuenta los derechos de los hombres y de las comunidades; de otra forma será incierta e inestable”.
Con palabras tomadas de san Agustín, afirmaba Pablo VI que  la paz es «un bien tan grande, que aun en las cosas terrenas y mortales, nada más grato se suele escuchar, nada se desea con más anhelo,  y nada mejor se puede encontrar»
Recordando a la Virgen María, a la que él mismo había nombrado “Madre de la Iglesia” durante la tercera sesión del Concilio, deseaba que en el mes de octubre todos los fieles pidieran a Dios el don de la paz “mediante el rezo piadoso del rosario a María, la Madre clementísima”. 
Han pasado ya más de cincuenta años desde la publicación de aquella encíclica Christi Matri. El escenario del Asia Oriental, marcado entonces por la guerra de Vietnam, ha pasado al centro y al oeste de Asia. Hemos visto la caída del muro de Berlín y el final de la “guerra fría”. Pero persisten las tensiones entre los bloques, los conflictos continúan, el terrorismo azota por todas partes y la amenaza nuclear es tan aguda como entonces.
En este mes de octubre, el rezo del rosario puede ayudarnos a meditar los misterios de la vida de Jesucristo, como Pablo VI señalaba. Pero puede también mover nuestros corazones para desear e implorar el don divino de la paz y promover entre nosotros actitudes de concordia y de fraternidad.
                                                                    José-Román Flecha Andrés


lunes, 25 de septiembre de 2017

DOMINGO 26º TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 26 DEL TIEMPO ORDINARIO. A. 1 de octubre de 2017

EL RUEGO DEL PADRE

“Cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo, y practica el derecho y la justicia, él mismo salva su vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá”. Con este oráculo que hoy se proclama (Ez 18,5-28) contrapone el profeta Ezequiel el comportamiento del justo al del malvado.    
Perder la vida o salvarla, esa es la cuestión. Quien persiste en su maldad, pretende conservar lo que ha ganado, pero pierde su existencia. En cambio, el pecador que reconsidera sus actos y se convierte, tendrá dificultades pero encontrará el modo de vivir con dignidad.  Dios es el Señor de la vida, pero el hombre puede actuar con libertad
Es bueno orar con el salmo salmo: “Señor, enséñame tus camino, instrúyeme en tus sendas, haz que camine con lealtad” (Sal 24,4).  Y escuchar la exhortación de san Pablo: “Tened entre vosotros los sentimientos propios de una vida en  Cristo” (Flp 2,5).

DOS RESPUESTAS

También en este domingo el evangelio recuerda otra parábola relacionada con el trabajo en las viñas. Pero son distintos los invitados a trabajar y también los oyentes a los que Jesús dirige su mensaje.
• En la primera parábola de la viña, que Jesús contó a sus discípulos (Mt 20,1-16), importaba reflejar la relación del propietario con los jornaleros. Se habla de un contrato y el pago de un jornal. Unos jornaleros se sienten agraviados al ver que el amo iguala con ellos a los contratados a última hora.  
• Jesús expone a los sumos sacerdote y a los ancianos del pueblo otra parábola (Mt 21,28-32), en la que se subraya  la relación de un padre con sus dos hijos. No hay un contrato, sino un ruego. A ambos dirige el padre la misma petición: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Pero la respuesta es diferente.
 El primero respondió secamente, con un rechazo a la orden recibida: “No quiero”. Pero después se arrepintió y fue a la viña.  El segundo hijo respondió aceptando al parecer la orden de su padre: “Voy, señor”. Pero no fue a trabajar a la viña familiar.

EL CAMINO DEL REINO

La lección de la parábola estaba clara. Pero Jesús quiere que sus oyentes extraigan y manifiesten públicamente la lección que encierra. Así lo revela el diálogo que sigue:
• “¿Quién de los dos cumplió la voluntad del padre?” Se trata de ver si la persona se justifica por sus buenas palabras o por su buenas acciones. Si no coinciden las unas con las otras, será difícil pretender que uno vive en la coherencia. 
• “El primero”. Esa es la respuesta de los oyentes.  De hecho, tanto las grandes religiones como el sentido común de las gentes afirman que hay que preservar la bondad de las palabras, aunque las obras son las que reflejan la calidad moral de la persona.
Las palabras finales de Jesús son una seria interpelación. Los que presumen de su propia rectitud no aceptaron el mensaje de un profeta. Pero los que son considerados como pecadores los adelantan en el camino del reino de Dios.
- Padre nuestro,  te damos gracias porque nos invitas cada día a colaborar contigo en el trabajo de la viña. Ayúdanos a cumplir siempre tu voluntad con ánimo alegre y generoso.   Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 30 de septiembre de 2017

                   
                                  AÑO VOCACIONAL
En el decreto sobre la formación sacerdotal, ya el Concilio Vaticano II decía que “el deber de fomentar las vocaciones afecta a toda la comunidad cristiana, la cual ha de procurarlo ante todo con una vida plenamente cristiana” (OT, 2).
Seguramente, también en nuestros días el Señor sigue llamando a muchos cristianos al seguimiento de sus pasos. Pero esa llamada no siempre es escuchada. En los países de antigua tradición cristiana es evidente la alarmante disminución de creyentes que optan por el sacerdocio ministerial.
Sin duda son muchas las causas de la llamada escasez de vocaciones. Por una parte, padecemos en Europa el invierno demográfico, debido a la baja natalidad, al enorme número de abortos y al envejecimiento progresivo de la población. 
Además, la pérdida o el olvido de las raíces cristianas de nuestro continente y otros factores bien conocidos han motivado el deterioro de la imagen del clero y, en general, de las personas consagradas.
No se pueden olvidar los motivos que afectan al sentido de la vida. La búsqueda de la libertad ha generado un deseo más o menos consciente de liberarse no sólo de la fe cristiana, vista como un peso, sino aún de los valores morales. Con razón ha escrito Karl Menninger que uno de los signos de este tiempo es la irresponsabilidad colectiva.
Pues bien, la comunidad cristiana no puede ni debe resignarse pasivamente a este descenso del número de personas que optan por el sacerdocio y por la vida consagrada.
 Un dato digno de ser mencionado es la decisión del obispo de León, monseñor Julián López Martín, de proponer en su diócesis la celebración de un “Año pastoral diocesano vocacional”.   
La iniciativa pretende fomentar la oración insistente por las vocaciones. Una tarea siempre necesaria, que en nuestro tiempo se ha convertido en un deber grave y urgente. Pero además de orar es preciso crear una nueva conciencia eclesial. Sin el ministerio presbiteral no sólo se pierde el acceso a los sacramentos, sino que se dificulta el anuncio de la palabra de Dios y la orientación cristiana de los fieles.
Citando el discurso que el papa Francisco pronunciaba el 5 de enero de este año 2017, escribe el obispo de León que “entre todos hemos de lograr una nueva y verdadera cultura vocacional, que sea capaz de leer con coraje la realidad tal como es, con sus fatigas y resistencias”.
Seguramente, iniciativas como esta existen ya en otros muchos lugares del mundo. Sería bueno que se comunicaran las experiencias y los métodos seguidos para el fomento y seguimiento de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada.
Y que la oración de toda la comunidad, implorando a Dios el don de esas vocaciones, vaya acompañada por la generación de esa renovada cultura vocacional. No solo saldrá beneficiada la Iglesia, sino también la familia y aun el cuerpo de la sociedad civil.
                                                                        José-Román Flecha Andrés

DOMINGO 26º TIEMPO ORDINARIO. A (Comentario oral)


                       https://youtu.be/vwvPhC29lyk

miércoles, 20 de septiembre de 2017

DOMINGO 25º TIEMPO ORDINARIO A

Revista "CATEQUISTAS"


Por invitación del amigo Álvaro Ginel, salesiano, he comenzado a escribir en la  revista "Catequistas".
Es una publicación de la Central Catequística Salesiana, de Madrid.
Me parece muy interesante en el fondo y muy hermosa en la presentación.
Creo que será muy útil para la formación de los catequistas.
                                                                             José-Román Flecha

martes, 19 de septiembre de 2017

REFLEXIÓN- DOMINGO 25 DEL TIEMPO ORDINARIO. A 24 de septiembre de 2017

EL JORNAL

Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes” (Is 55,9). Este oráculo divino, recogido en el libro de Isaías, repite un mensaje que debería constituir una de nuestras primeras afirmaciones de fe.
Dios no es indiferente a la peripecia humana. Él nos conoce y nos ama. Está cerca de nosotros. Pero no podemos imaginarlo según nuestros esquemas de pensamiento y de conducta. Sus planes no coinciden con los nuestros. Y nuestros planes muy pocas veces coinciden con los planes de Dios.
El salmo responsorial confiesa esa cercanía de Dios: “El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente” (Sal 144,17-18). La fe nos ayudará a repetir con san Pablo: “Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir” (Flp 1,21).

LA LLAMADA DE DIOS

En la parábola que hoy se proclama, Jesús presenta a un propietario que sale varias veces al día a contratar jornaleros para que vayan a trabajar a su viña (Mt 20,1-16). Se ajusta con todos en un denario. Pero al final de la tarde paga a todos por igual. Esto suscita las protestas de los que han trabajado durante más horas.
 • En primer lugar se nos recuerda que Dios es el dueño y nosotros somos unos jornaleros. Él es el Señor. Hemos de estar agradecidos porque ha querido contar con nosotros. Trabajar en su viña es un honor.
• El Señor nos paga con lo que nos ha prometido. Si paga a los últimos como a los primeros es tan solo un signo de su bondad. La misericordia de Dios es sorprendente.  Su misericordia no es injusta, pero va más allá de la justicia.  
• Es cierto que en esta tierra y en nuestra sociedad tenemos el deber de defender nuestros derechos. Pero nadie puede presumir de haber adquirido unos derechos ante Dios. Todo es gracia.

LA LIBERTAD DE DIOS

La parábola de los jornaleros se cierra con dos preguntas y una reflexión sapiencial que es todo un desafío:  
• “¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?” Con demasiada frecuencia nos atrevemos a juzgar a Dios. Como si él necesitara nuestros consejos. Como si nosotros tuviéramos la sabiduría que a él le falta.  
• “¿Vas a tener tu envidia porque yo soy bueno?” Los criterios que utilizamos para evaluar los acontecimientos están dictados muchas veces por nuestros intereses. Nuestro egoísmo nos impide aceptar que los caminos de Dios no son nuestros caminos.
• “Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos” . En contra de lo que se piensa en nuestro mundo, lo que nos hace valiosos ante Dios no son nuestros esfuerzos, sino su amor gratuito y universal.
- Padre nuestro, clemente y misericordioso,  agradecemos de corazón que nos hayas elegido para trabajar en la viña de tu reino. Sabemos que no tenemos derecho a imponerte nuestros criterios y nuestras normas. Así que danos humildad para aceptar tu voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
                                                                  José-Román Flecha Andrés

Domingo 25 Ciclo A Tiempo Ordinario JR FLecha

CADA DÍA SU AFÁN 23 septiembre de 2017

                                                       
    LOS NUEVOS CAUTIVOS

La Orden de nuestra Señora de la Merced fue instituida en Barcelona, el año 1218, con el propósito de rescatar a los cristianos que habían sido apresados por los turcos. Su carisma ha sido el de la redención de los cautivos.
Pero la esclavitud no ha desaparecido. Son muchas las personas cautivas y esclavas en este tiempo. A este drama dedicó el papa Francisco su mensaje para la 48ª Jornada Mundial de la Paz, que se celebró el día 1 de enero de 2015.
En él recordaba que “la esclavitud, crimen de lesa humanidad, está oficialmente abolida en el mundo”. Y afirmaba que “todavía hay millones de personas –niños, hombres y mujeres de todas las edades– privados de su libertad y obligados a vivir en condiciones similares a la esclavitud”.
1. En primer lugar se refería a los trabajadores y trabajadoras, incluso menores, oprimidos de manera formal o informal en todos los sectores.  
2. Pensaba también en los emigrantes que sufren el hambre, se ven privados de la libertad, despojados de sus bienes o de los que se abusa física y sexualmente.
3. Recordaba a las personas obligadas a ejercer la prostitución, a las mujeres vendidas con vistas al matrimonio o entregadas sin su consentimiento a un familiar después de la muerte de su marido.
4. Mencionaba a los que son víctimas del tráfico de órganos o son reclutados como soldados, para la mendicidad, la venta de drogas, o la adopción internacional.
5. Y pensaba  finalmente en todos los secuestrados y encerrados en cautividad por grupos terroristas, puestos a su servicio como combatientes o, sobre todo las niñas y mujeres, como esclavas sexuales.  
Entre las causas de la esclavitud veía el hecho de tratar a la persona humana como un objeto. Otras causas son la pobreza, el subdesarrollo y la exclusión, la falta de acceso a la educación, las escasas oportunidades de trabajo, la corrupción, los conflictos armados, la violencia, el crimen y el terrorismo.  
A pesar de la indiferencia general, el Papa mencionaba a las congregaciones religiosas que promueven la asistencia a las víctimas, su rehabilitación bajo el aspecto psicológico y formativo, y su reinserción en la sociedad.
Para terminar con este fenómeno se requiere un esfuerzo conjunto por parte de los diferentes agentes que conforman la sociedad, como los Estados, las instituciones intergubernamentales, las empresas y las organizaciones de la sociedad civil.
Finalmente, el papa Francisco nos invitaba a todos  a realizar gestos de fraternidad con los que se encuentran en un estado de sometimiento. No podemos ser cómplices de este mal. La globalización de la indiferencia nos exige promover una globalización de la solidaridad y de la fraternidad, que los haga reanudar con ánimo el camino.
En vísperas de su fiesta, pidamos a nuestra Señora de la Merced que nos ayude a anunciar y mantener la esperanza. 
                                                     José-Román Flecha Andrés

martes, 12 de septiembre de 2017

Libro: LA SOLEDAD


SINOPSIS

La soledad puede buscarse para escaparse del mundanal ruido, disfrutar del tiempo y espacio para reposar, la contemplación o la inspiración artística. Pero la soledad no es dulce cuando no se busca. Cuando afrontamos el dolor del abandono o a la muerte de los seres amados. Más aún, puede transformarse en un suplicio cuando viene impuesta como reprimenda, y sobre todo cuando ésta cae sobre una persona inocente. Los cristianos hemos contemplado en María el icono de la soledad humana. La Madre de Jesús y Madre de la Iglesia atrae la vista de todos aquellos que en alguna ocasión han sufrido la soledad como una losa y un desierto.

DOMINGO 24 TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 24 TO. A 17 de septiembre de 2017

EL PERDÓN
“Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante y pide perdón de sus pecados?” (Si 28,2-4). Con estas reflexiones, el libro del Eclesiástico sugiere una reflexión sobre la coherencia.
De hecho, subraya la unión que existe entre el perdón que el hombre espera obtener de Dios y el que él está dispuesto a conceder a sus semejantes. La misericordia es sobre todo un atributo de Dios. Él la concede abundantemente. Pero exige que el hombre la refleje y la continúe en sus relaciones con los demás.
  El salmo responsorial se hace eco de esa afirmación al confesar: “El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia” (Sal 102). Según san Pablo, esa misericordia de Dios se manifiesta sobre todo en Jesús, que murió por nosotros y resucitó para nuestra salvación (cf. Rom 14,9). 

LA ESPIRAL DE LA VIOLENCIA

En la boca de Lamec, descendiente de Caín, se colocaba el canto de la venganza salvaje: “Caín será vengado siete veces, y Lamec setenta y siete” (Gén 4,24). Pues bien, Simón Pedro pregunta a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Y Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt 18, 21-22).
Bien sabemos que el siete es un número de calidad, más que de cantidad. La tendencia humana es la de continuar la venganza hasta lo insospechable. La propuesta de Jesús es la de romper la espiral de la violencia mediante el ofrecimiento generoso del perdón.
El perdón de las ofensas es ciertamente difícil. Pero la misericordia humana es posible porque brota de la fuente de la misericordia divina. Mediante la parábola de los deudores, Jesús afirma que el creyente ha de tener compasión, puesto que Dios ha tenido compasión con él (Mt 18, 23-35).

EL AJUSTE DE CUENTAS

En la parábola del rey que quiso ajustar cuentas con sus criados hay una invocación que se repite dos veces.
• “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Así suplica el deudor que debe al rey la fabulosa cantidad de diez mil talentos. Los hombres nos engañamos al pensar que podremos pagar toda nuestra deuda a Dios. Pero él tiene compasión hasta de ese autoengaño.
• “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Así ruega el deudor que debe a su compañero la cifra de cien denarios. Nosotros nos creemos más agraviados que él, y por cosas que no tienen importancia. Nuestro mayor pecado es no pasar a los demás el perdón que nos ha sido concedido.
- Padre de piedad y de misericordia, confesamos que en el ajuste de cuentas hemos salido beneficiados por tu gracia. Apiádate de nosotros, perdona nuestras culpas y ayúdanos a ser humildes transmisores de tu compasión y tu perdón. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén
                                                                    José-Román Flecha Andrés

Domingo 24 Ciclo A Tiempo Ordinario JR Flecha

CADA DIA SU AFÁN 16 de septiembre de 2017

                                                      
DOMINAR EL DOMINIO

A veces se ha acusado a los seguidores de la Biblia, tanto judíos como cristianos, de haber contribuido de forma dramática al deterioro del medio ambiente. Se dice que nos hemos tomado tan en serio el mandato divino de “dominar la tierra” que hemos terminado por explotarla sin consideración alguna.
Frente a esa acusación, hay que repetir que el mandato bíblico de "dominar la tierra" no significa una licencia absoluta para el expolio de la naturaleza. El ser humano ha sido creado “a imagen y semejanza de Dios” (Gén 1,26-27). Es el visir y vicario de Dios. A él ha sido confiado el cuidado respetuoso del jardín de la creación.
En cuanto seres humanos, nos hemos habituado durante milenios a dominar el mundo, como si fuera de nuestra propiedad. En cuanto creyentes, hemos de aprender a dominar nuestro propio afán de dominio.
El respeto hacia el mundo creado debe convertirse en objeto de la reflexión moral, de la educación y de la espiritualidad. No hay que añadir una nueva lección sobre el respeto al mundo y a la vida. Hay que procurar que el amor a la vida y el cuidado por los vivientes y su hogar impregnen toda la reflexión y la catequesis sobre la virtud.
En su mensaje para la Jornada de la paz de 1990, Juan Pablo II afirmaba que "la austeridad, la templanza, la autodisciplina y el espíritu de sacrificio deben conformar la vida de cada día". No se trata de promover la austeridad por sí misma. Se trata de no imponer más cruces sobre los hombros humanos: "a fin de que la mayoría no tenga que sufrir las consecuencias negativas de la negligencia de unos pocos".
Los ecologistas propugnan la necesidad de cambiar de paradigma. En su encíclica sobre el cuidado de la casa común, publicada el 24 de mayo de 2015, también el papa Francisco ha escrito que “Muchas cosas tienen que reorientar su rumbo, pero ante todo la humanidad necesita cambiar” (LS 202).
 Y más adelante añade: “No pensamos solo en la posibilidad de terribles fenómenos climáticos o en grandes desastres naturales, sino también en catástrofes derivadas de crisis sociales. La obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando solo unos pocos pueden sostenerlo, solo podrá provocar violencia y destrucción recíproca” (LS 204). 
El hombre es la única criatura capaz de preocuparse por las diversas especies. Por eso mismo le corresponde la tarea de proteger el equilibrio global de la tierra. Él ha de programar una auténtica "ecología humana". Creyentes y nos creyentes hemos de pensar qué significa ser humanos y cuál es nuestra responsabilidad en el mundo.
Los cristianos hemos de ver qué nos exige hoy creer en un Dios creador. Y hemos de considerar las consecuencias del mandato del amor, que Jesús nos dejó como santo y seña de nuestra identidad. La responsabilidad ecológica brota de la fe, de la esperanza y de la caridad.

José-Román Flecha Andrés