lunes, 28 de septiembre de 2020

DOMINGO 27 TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN - Domingo 27 del tiempo ordinario. A. 4 de octubre de 2020


LA VIÑA Y LOS VIÑADORES

“Mi amigo tenía una viña en un fértil collado. La entrecavó, quito las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones” (Is 5,2). Este poema sobre la viña del amigo es el reflejo de lo que hemos hecho para frustrar los planes de Dios. 

Es dramático comparar lo que Dios esperaba y lo que nosotros hemos producido. Muchos han pensado que Dios ha creado un mundo de violencias y fracasos, de contiendas y de gueras. Pero no. En los planes de Dios estaban la fertilidad y los frutos, la alegría de las vendimias y el disfrute del buen vino.

El salmo responsorial nos explica el sentido primero del poema: “La viña del Señor es la casa de Israel” (Sal 79). Aquel pueblo no debía encerrarse en sí mismo. Pero menos aún puede encerrarse la Iglesia. San Pablo pide a los Filipenses que traten de acoger y asimilar los buenos valores que encuentren, aun en el mundo pagano (Flp 4,8).

LOS LABRADORES Y LOS CRIADOS

 Por tercer domingo consecutivo, el evangelio que hoy se proclama nos evoca el trabajo de las viñas y el tiempo de la vendimia (Mt 21,33-43). Como en el poema de Isaías, también la parábola evangélica da cuenta de los cuidados que un propietario ha dedicado a su viña. Jesús añade que, al marchar de viaje, la arrendó a unos labradores.

 Al tiempo de la vendimia, el dueño envía a unos criados a percibir los frutos que le corresponden. Pero en dos ocasiones sucesivas los labradores apalean, apedrean y matan a los criados que el dueño les envía. Y lo mismo harán con el hijo del dueño. No solo quieren quedarse con los frutos sino también apropiarse de la viña, así que le dan muerte

Terminada la parábola, Jesús pregunta a sus oyentes qué hará el dueño de la viña. Ellos responden que hará morir a aquellos malvados y arrendará la viña a otros labradores más fieles. El evangelio pone en boca de Jesús el significado de la alegoría. Dios quitará a Israel el privilegio del Reino de Dios y lo entregará a un pueblo que produzaca sus frutos.

LA HERENCIA DEL REINO

En el texto evangélico se incluye la reflexión de los labradores a la llegada del hijo del dueño de la viña: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Unas palabras que nos recuerdan las de los hijos de Jacob al ver llegar a su hermano José.

• “Este es el heredero”. En los evangelios con frecuencia se colocan en labios de los adversarios verdaderas confesiones de fe. El texto sugiere que Jesús es el heredero del Padre celestial. Y esa dignidad es reconocida aun por sus enemigos. 

• “Venid, lo matamos”. Jesús fue espiado. Le tendieron muchas trampas. Fue acusado y calumniado. Y finalmente fue condenado a muerte por su propio pueblo. Ese drama se repite a lo largo de la historia. Son muchos los que tratan de eliminar a Cristo de la sociedad.

• “Nos quedamos con su herencia”. Es evidente que la viña era apetecible. Por apopiarse de ella, los labradores eran capaces de dar muerte a los mensajeros y al hijo del dueño. A lo largo de la historia muchas personas e ideologías han hecho lo mismo.  

 - Padre nuestro, te damos gracias por haber confiado a nuestro cuidado tu creación y esta viña de tu Iglesia. Que tu Espíritu nos conceda sus dones para trabajar con responsabilidad en este campo. Y que su amor nos ayude a acoger con fidelidad a los mensajeros que tú nos envías y especialmente a tu Hijo, heredero de tu Reino.  

                                                         José-Román Flecha Andrés

ORACIÓN - Domingo 27º del Tiempo Ordinario. A 4 de octubre de 2020


“Tendrán respeto a mi Hijo

(Mt 21,37) 

Padre nuestro que estás en los cielos, sabemos y creemos que tú has puesto en nuestras manos el cuidado y cultivo de esta tierra que has creado, así como el disfrute y la promoción de tu reino. 

Gracias por habernos elegido como colaboradores en tu obra y haber depositado en nosotros toda tu confianza. Has querido hacer de nosotros los labradores de tu viña.

Evidentemente esperabas que a tu confianza respondieran nuestro empeño en el trabajo y nuestra honradez a la hora de entregarte los frutos conseguidos.

Sin embargo, a lo largo de los siglos hemos maltratado y condenado a muerte a todos los mensajeros que nos ibas enviando. Nuestro orgullo y autosuficiencia nacían de la avaricia y nos llevaban al asesinato. Lamentablemente, estas actitudes no son solo un vergonzoso recuerdo del pasado.

Por último, has decidido enviarnos a tu propio Hijo, esperando de nosotros el respeto que él se merecía. Pero fue despreciado y acusado una y otra vez. Sufrió el peso de la mentira y la  calumnia. Y finalmente fue condenado al suplicio más horrible. En realidad, también en nuestros días es condenado al silencio, a la exclusión y a la muerte.

Si el crimen del asesinato de tu Hijo es vergonzoso, lo es también el sentimiento que lo ha motivado y lo motiva Ambicionamos su herencia. Queremos apropiarnos de todo lo que él significa. Nuestra pretendida cultura se caracteriza precisamente por ese olvido de tu Hijo, por esa muerte de tu Hijo, por esa rapiña de su herencia.

Padre nuestro que estás en el cielo y en la tierra, solo tú puedes cambiar nuestro corazón. Solo tu Espíritu puede ayudarnos a recordar que la gracia y la verdad nos vinieron por tu Hijo.  Concédenos la humildad y la justicia para comprender que solo a él corresponde la herencia que hemos querido arrebatarle. Y para entender que nuestra suerte consiste en colaborar en su obra. Amén.

                                                José-Román Flecha Andrés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CADA DÍA SU AFÁN 30 de septiembre de 2020


                                             EUTANASIA Y CUIDADOS PALIATIVOS

El día 22 de septiembre de este año 2020 el Vaticano ha dado a conocer la carta “Samaritanus bonus”, firmada por el cardenal español padre Luis Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Evocando la imagen del Buen Samaritano, la carta nos invita a prestar atención a las personas en las fases críticas y terminales de la vida y a curar sus heridas y su dolor con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza.  

Tras cuatro capítulos de reflexiones humanas, sociales y teológicas sobre la atención a los enfermos, en la quinta parte se ofrecen  doce putos de la enseñanza de la Iglesia católica sobre la eutanasia y el suicidio asistido.  

1. La eutanasia es un crimen contra la vida humana porque, con tal acto, el hombre elige causar directamente la muerte de un ser humano inocente. 

2.  Tutelar la dignidad del morir significa tanto excluir la anticipación de la muerte como el retrasarla con el llamado “ensañamiento terapéutico”.   

3. A todo paciente se le debe el cuidado básico de los alimentos y los líquidos necesarios para el mantenimiento de la homeostasis del cuerpo.   

4. Los cuidados paliativos son la expresión más auténtica de la acción humana y cristiana del cuidado, el símbolo tangible del compasivo “estar” junto al que sufre.  

5. La familia apoya al enfermo, pero al mismo tiempo necesita la ayuda y los medios necesarios para atenderlo adecuadamente.

6. Hay que prestar atención a los neonatos y a los niños afectados de enfermedades crónicas degenerativas incompatibles con la vida, o en las fases terminales de la vida misma. 

7. La Iglesia afirma la licitud de la sedación como parte de los cuidados que se ofrecen al paciente, de tal manera que el final de la vida acontezca con la máxima paz posible y en las mejores condiciones interiores.  

8. En el estado vegetativo y el estado de mínima consciencia el paciente tiene derecho a la alimentación y a la hidratación, como medidas ordinarias, que  en algunos casos, pueden llegar a ser desproporcionadas.  

9. Ante las leyes que legitiman la eutanasia o el suicidio asistido, se debe negar siempre cualquier cooperación formal o material inmediata, apelando a la objeción de conciencia.  

10. La Iglesia está llamada a acompañar espiritualmente a los fieles en el momento de la muerte, ofreciéndoles los recursos sanadores de la oración y los sacramentos.  

11. Quien ha pedido expresamente la eutanasia o el suicidio asistido podrá recibir los sacramentos si el ministro puede concluir que el penitente ha modificado su decisión.  

12. La familia, la escuela y las parroquias deben tratar de despertar aquella sensibilidad hacia el prójimo y su sufrimiento, que se ve en la figura evangélica del Samaritano.

La lectura de toda la carta ayudará a aclarar los muchos matices que acompañan a cada uno de estos puntos.

                                                  José-Román Flecha Andrés               

 

miércoles, 23 de septiembre de 2020

DOMINGO 26º TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- Domingo 26 del tiempo ordinario. A 27 de septiembre de 2020


LA VIÑA Y LOS HIJOS

“Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere… Y cuando el malvado se convierte de la maldad que cometió y practica el derecho y la justicia, salva su propia vida” (Ez 18,26-27). En este texto el profeta Ezequiel transmite un oráculo que completa la doctrina habitual de los dos caminos. La opción primera por el bien o por el mal puede ser corregida con el tiempo. De esa corrección depende el perder la vida o salvarla. 

 Nosotros solemos encasillar a las personas y deseamos mantenerlas en esa casilla para siempre. Sin embargo, todos pueden y podemos cambiar. Dios conoce las intenciones. Pero nuestros vecinos observan las acciones en las que se manifiestan esas intenciones.

San Pablo sabe bien por su propia experiencia lo que significan los cambios en las actitudes de una persona. Por eso escribe a los Filipenses que se mantengan unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. Y los exhorta a asumir los sentimientos de Cristo Jesús (Flp 2,1-11).

DOS HIJOS Y DOS ACTITUDES

 En el evangelio de este domingo Jesús expone a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo otra parábola en la que se menciona el trabajo en las viñas (Mt 21,28-32). Un  propietario pide a sus dos hijos que vayan a trabajar a la viña. El padre es el mismo y el trabajo es idéntico, pero la respuesta de los hijos es diferente. 

 Según el papa Francisco, el primer hijo es un perezoso y el segundo es un hipócrita. Seguramente, las primeras comunidades cristianas veían en el primero la imagen de mundo pagano que parece rechazar el evangelio pero puede llegar a aceptarlo. El segundo hijo les recordaba al pueblo judío, que parecía escuchar la Ley, pero no la cumplía.

Sin embargo, aquellos dos modos de conducta se daban también en el seno de las mismas comunidades. Algunos hermanos parecían bruscos, pero trabajaban por el evangelio. Otros parecían muy obedientes, pero no colaboraban en la misión.

Un tercer paso nos recuerda nuestra propia situación. Hay personas que parecen vivir en una apostasía teórica, pero en realidad cumplen la voluntad de Dios. Y hay otras personas que conocen la Biblia y las enseñanzas de la Iglesia, pero no las llevan a la práctica. Con todo, ambos deberían reconocer que Dios es su Padre y que la viña les pertenece. 

ESCUCHA Y CONVERSIÓN

Después de exponer la parábola, Jesús mismo interpela a los rsponsables del pueblo con una conclusión inquietante para ellos: “Los publicanos y las prostitusas van por delante en el reino de Dios”. La sola mención de esos dos grupos de personas es escandalosa. 

• Los publicanos no solo eran considerados como avarientos y explotadores del pueblo. Eran despreciados por colaborar con el imperio romano. Eran vistos como pecadores y así se consideraban algunos a sí mismos.

• Las prostitutas eran despreciadas por todos. En Israel la prostitución era desde antiguo considerada como la imagen más significativa de la idolatría del pueblo, que ignoraba su alianza con Dios y se entregaba a los dioses falsos.

• Sin embargo, estas personas que parecían encarnar el pecado, escucharon la predicación de Juan Bautista y se convirtieron. Pero los sacerdotes y los principales del pueblo, que decían conocer y seguir la Santa Ley, no se prestaron a la escucha y a la conversión. 

 - Padre nuestro que estás en el cielo y en la tierra, te agradecemos que hayas querido contar con nosotros para el trabajo en tu viña, que es también la nuesta. Perdona nuestra pereza y nuestra hipocresía. Y ayúdanos a imitar a Jesús, que aceptó tu voluntad y se entregó a sí mismo para que esta viña produzca frutos para la vida del mundo. Amén.   

 

José-Román Flecha Andrés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ORACIÓN - Domingo 26º del Tiempo Ordinario. A 27 de septiembre de 2020

“Hijo, ve hoy a trabajar en la viña

(Mt 21,28) 

Padre nuestro que estás en los cielos, no sería honrado decir que no he oído esa voz que me has dirigido tantas veces: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”.

En primer lugar, quiero darte las gracias porque has querido contar conmigo. Me has recordado que tu viña es también mi viña y la de mi hermano. Es nuestra viña. Tú esperas que dé buenas uvas y un buen vino que alegre nuestras comidas. Y esperas también que nosotros colaboremos con nuestro trabajo para hacer realidad esa esperanza.

Yo sé que tu exhortación no puede quedar olvidada en el pasado. El trabajo es urgente y no puede ser dejado de lado. Es “hoy” cuando es preciso obedecer tu mandato y colaborar con mi esfuerzo para que nuestra viña nos dé sus frutos. Tu llamada de cada día es tan importante como nuestro pan de cada día.

Sin embargo, reconozco que a lo largo de mi vida me he comportado como los dos hermanos a los que se refiere Jesús en su parábola.

En algunas ocasiones  me he negado a obedecer tu mandato. Son muchas las disculpas que me he inventado para ocupar mi tiempo. La acedía no es solo la pereza que me paraliza para no comprometerme con la tarea que esperas de mí. La tentación es aún más fuerte. Con demasiada frecuencia considero tu llamada menos importante que mis intereses y aficiones.

En otras ocasiones he respondido a tu mandato con una promesa que después no he cumplido. Ya sé que no puedo dejarme llevar por un fervor tan pasajero como superficial. Y sé también que mi orgullo genera la hipocresía de simular una disponibilidad y una obediencia que no llego a mantener.

Padre nuestro que estás a mi lado, yo reconozco que no me he comportado como un hijo responsable. Perdona mi egoísmo. Y dame la luz y la coherencia para responder con fidelidad a tu voluntad. Deseo tener los mismos sentimientos de tu Hijo predilecto, Jesús nuestro Señor. Amén.

                                                   José-Román Flecha AndréS

 

 

 

 

 

 

 

CADA DÍA SU AFÁN 26 de septiembre de 2020

   

LOS MIGRANTES Y LA PANDEMIA

La situación de los emigrantes nunca es tan poética como la pintó Caravaggio en su cuadro de “El descanso en la huida a Egipto”, que se contempla en la galería Doria Pamphilij, de Roma.

Para la 106 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebra el domingo 27 de septiembre de 2020, el papa Francisco ha escrito un mensaje sobre el drama de los desplazados internos y de todos los que han experimentado la precariedad, el abandono, la  marginación y el rechazo a causa del COVID-19.

El mensaje se articula sobre seis parejas de verbos, que se refieren a acciones muy concretas, vinculadas entre sí en una relación de causa-efecto.

1. Es necesario conocer para comprender. El conocimiento es necesario para comprender al otro. Al hablar de los migrantes y desplazados, nos limitamos con demasiada frecuencia a números. Pero son personas. Si conocemos sus historias, lograremos comprenderlas.  

2. Hay que hacerse prójimo para servir. Los miedos y los prejuicios nos hacen mantener las distancias ante los demás. Con frecuencia nos impiden acercarnos como el buen samaritano y servir a las personas con amor. Estar cerca para servir va más allá del sentido del deber. Basta recordar cómo Jesús lavó los pies de sus discípulos.   

3. Para reconciliarse se requiere escuchar.  El amor que reconcilia y salva empieza por una escucha activa. El silencio en tiempo de la pandemia nos dio la oportunidad de escuchar a los más vulnerables y de reconciliarnos con el prójimo, con nosotros mismos y con Dios, que nunca se cansa de ofrecernos su misericordia.

4. Para crecer hay que compartir. Dios no quiere que los recursos de nuestro planeta beneficien solo a unos pocos. La pandemia nos ha recordado que todos estamos en el mismo barco. Ver que tenemos las mismas preocupaciones y temores comunes, nos ha demostrado que nadie se salva solo.  

5. Se necesita involucrar para promover. La pandemia nos ha recordado que la corresponsabilidad es esencial. Solo con la colaboración de todos es posible encarar la crisis. Como dijo en su meditación del 27 de marzo, hay que crear espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad y fraternidad.  

6. Es indispensable colaborar para construir. Recordando su mensaje Urbi et Orbi (2.4.2020), afirma el Papa que “este no es el tiempo del egoísmo, porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace acepción de personas”. Necesitamos crecer en la solidaridad global y en el compromiso local, sin dejar fuera a nadie.

El mensaje concluye con una oración en la que el papa Francisco pide al Padre celestial, por intercesión de San José, “la fuerza para seguir adelante, el consuelo en la tristeza, el valor en la prueba”.

                                        José-Román Flecha Andrés

domingo, 20 de septiembre de 2020

DOMINGO 25º TIEMPO ORDINARIO A

ORACIÓN- Domingo 25º del Tiempo Ordinario. A 20 de septiembre de 2020

     

“Id también vosotros a mi viña

(Mt 20,7) 

Señor Jesús, muchas veces he recordado la parábola evangélica sobre los jornaleros contratados para trabajar en la viña. Recuerdo las protestas de los que trabajaron desde la primera hora del día y se sintieron agraviados, al ver que los últimos llegados recibían el mismo salario que ellos.

Algún día me explicaron que seguramente los jornaleros de la última hora se habían apresurado a desarrollar su trabajo de forma que igualaron el resultado de los primeros. Me parece que esa forma de querer justificar a Dios indica que no se ha comprendido la grandeza de su misericordia y el alcance de la gratuidad de sus dones.

Por otra parte, creo que debo aplicarme la respuesta del dueño de la viña. Volviendo la vista atrás, veo que en muchos momentos de mi vida he caído en la tentación de la envidia. Es cierto que considero que es justo lo que he recibido. Pero tengo que admitir que a veces miro con una cierta ansiedad lo que han recibido los demás. 

Y, entre tanto, olvido que el mayor premio que puedo recibir al final de la jornada es precisamente el honor de haber sido invitado a trabajar en la viña del Reino de Dios. Él me ha confiado la viña de sus amores. ¿Es que nunca llegaré a comprender que nada hay tan grande como gozar de la confianza de Dios?    

Ahora ha llegado ya la hora de la tarde. Estoy convencido de que ningún salario puede igualar el inmenso valor de la llamada. Ha sido una fuente de alegría poder dedicar mi tiempo y mi vida a esa viña en la que se concentra la atención y el amor de Dios.

Señor Jesús, yo sé que la viña no es solo el campo al que tú dedicaste toda tu existencia. Tú dijiste que eres la vid y nosotros los sarmientos. Sin permanecer unido a ti nunca podré llegar a dar fruto. Eso es. No se trata de recibir un denario. He sido llamado a dar el fruto que depende de tu savia. Nada más puedo desear.

                                               José-Román Flecha Andrés

REFLEXIÓN- Domingo 25 del tiempo ordinario. A. 20 de septiembre de 2020

 EL SALARIO JUSTO

“Buscad al Señor mientras se deja encontrar, invocadlo mientras está cerca” (Is 55,6). Esta exhortación que encontramos en el libro de Isaías nos invita a salir de la cabaña en la que nos hemos refugiado. Vivimos demasiado encerrados en nosotros mismos, y no solo en nuestras casas. Dios es más amplio que nuestro egoísmo y que nuestros prejuicios.

La misma afirmación sobre la cercanía de Dios se repite en el salmo responsorial de este domingo: “Cerca está el Señor de los que lo invocan” (Sal 144). 

En la carta a los Filipenses, san Pablo se pregunta si es mejor morir o permanecer en vida. Sin embargo, con independencia de su suerte personal,  cree que lo importante es que los fieles de la comuidad de Filipos lleven una vida digna del Evangelio de Cristo (Flp 1,27).

 

JUSTICIA Y MISERICORDIA

 

 En la celebración de la misa de este domingo se lee la parábola de los jornaleros invitados a lo largo del día a trabajar en una viña (Mt 20,1-16). A cada uno de ellos el dueño lo contrata por un denario. En principio, todos aceptan la propuesta que les permite contar con un jornal adecuado. 

Sin embargo, al término del trabajo surge un serio problema. Los jornaleros contratados a primera hora del día protestan ante el dueño, al comprobar que los que han trabajado solo una hora reciben igualmente un denario. En su opinión el patrón ha cometido una grave injusticia. El salario debería corresponder al tiempo empleado en el trabajo. 

Pero el dueño de la viña responde que a cada uno de ellos había prometido un denario y todos habían aceptado el contrato. Nadie puede acusarlo por mostrarse generoso con los que han acudido a trabajar a diversas horas del día. En realidad el criterio de la justicia se ha cumplido. Y ha sido completado por el criterio de la generosidad.

En las primeras comunidades los discípulos procedentes del judaísmo se preguntaban por qué los discípulos procedentes del paganismo habían de ser ser considerados como iguales a ellos. Les parecía que Dios no era justo. Y que tampoco lo era la Iglesia.

 

LA LIBERTAD Y LA ENVIDIA

 

Nosotros agradecemos hoy la invitación que el dueño nos ha dirigido para ir a trabajar en su viña. Y, además,  meditamos las dos preguntas que nos dirige a los creyentes de hoy.

• “¿No tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?”. La parábola no se refiere al trabajo humano, sino a la generosidad divina. Muchos de nosotros parecemos convencidos de que Dios nos debe algo por nuestras buenas obras. No reconocemos la libertad de Dios. Olvidamos que “todo es gracia”, como decía santa Teresa del Niño Jesús.

• ”¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. La justicia de Dios se identifica con su misericordia. Pero nuestro egoísmo se escandaliza ante la bondad de Dios y genera la envidia hacia nuestros semejantes. Olvidamos que “al premiar nuestros méritos, Dios corona sus propios dones”, como escribía san Agustín.

 - Señor Jesús, haber sido llamados a trabajar en la viña del Reino de Dios no es un trabajo pesado, sino un honor que hemos de agradecer con sinceridad. Es claro que tenemos que modificar nuestros criterios, tan distintos a los criterios divinos. Que tu Espíritu nos ayude a superar nuestra altivez y vencer nuestra envidia. Amén  

                                                                               José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 19 de septiembre de 2020

EL JUBILEO DE LA TIERRA

El primer día de septiembre los cristianos iniciamos el Tiempo de la Creación, que finaliza el 4 de octubre, en memoria de san Francisco de Asís. En este año 2020, en el que se cumplen 50 años del Día de la Tierra, celebramos este Tiempo de la Creación como un “Jubileo de la Tierra”. En el mensaje que nos ha dirigido el papa Francisco lo presenta  como un tiempo sagrado para recordar, regresar, descansar, reparar y alegrarse.

1. Un tiempo para recordar que estamos llamados a ser una comunidad de amor a Dios creador, a los hermanos y hermanas y a todas las criaturas que habitan nuestra misma casa. 

Todo está relacionado así que “el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás» (LS, 70).

2. Un tiempo para regresar y arrepentirnos de haber roto los lazos que nos unían al Creador, a los demás seres humanos y al resto de la creación. Necesitamos volver a Dios, nuestro Creador amoroso, fuente y origen de todas las cosas. 

El Jubileo nos invita a pensar de nuevo en los demás, especialmente en los pobres y a escuchar la voz de la creación, alarmada por la desintegración de la biodiversidad y el desastre climático.

3. Un tiempo para descansar en nuestra carrera de consumo y encontrar estilos de vida que restituyan a la Tierra “el descanso que se merece, medios de subsistencia suficientes para todos, sin destruir los ecosistemas que nos mantienen”.

Según el Papa, la pandemia actual nos ha enseñado que la Tierra es capaz de recuperarse si la dejamos descansar. Necesitamos  examinar nuestros hábitos en el uso de la energía, en el consumo, el transporte y la alimentación.  

4. Un tiempo para reparar la armonía original de la creación, restablecer relaciones sociales equitativas, restituir la libertad y la propiedad a cada uno y perdonar las deudas de los países en vías de desarrollo.    

Es importante restaurar el equilibrio climático y limitar el crecimiento de la temperatura global, promover la solidaridad intrageneracional e intergeneracional, restaurar la biodiversidad y proteger a las comunidades indígenas.

5. Un tiempo para alegrarse, porque hay personas, especialmente entre los jóvenes y las comunidades indígenas, que tratan de responder a la crisis ecológica.  También es motivo de alegría ver numerosas iniciativas, a nivel local y mundial, para el cuidado de los pobres y de la casa común.

Y, sobre todo, es motivo de alegría ver que el Tiempo de la Creación se está convirtiendo en una iniciativa ecuménica. Así que el Papa concluye diciendo: “¡Sigamos creciendo en la conciencia de que todos vivimos en una casa común como miembros de la misma familia!” ¿Cómo no aceptar la invitación?

                                             José-Román Flecha Andrés

jueves, 10 de septiembre de 2020

DOMINGO 24 TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN - Domingo 24 del Tiempo Ordinario. A 13 de septiembre de 2020

El PERDÓN DE LAS OFENSAS

“Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados” (Si 28,2). Esta exhortación que encontramos en el libro del Eclesiástico no solo era válida para el pueblo hebreo. Conserva su valor también para nosotros.

En un plano humano, quien perdona las ofensas recibidas demuestra poseer un espíritu creativo, capaz de introducir novedad y armonía en sus relaciones interpersonales. En un plano cristiano, sabemos y creemos que quien perdona de corazón a su hermano hace visible en el mundo la misericordia de Dios, fuente y garantía del amor.   

Así pues, con el salmo 102, también nosotros reconocemos y proclamamos que “el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia”.

Por su parte, san Pablo nos invita a ver la vida superando el egoísmo: “Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo” (1 Cor 14,7). Solemos cantar estas palabras en los funerales. Está bien que pensemos en la orientación de nuestra muerte, pero no olvidemos que también la vida ha de estar orientada hacia el Señor.

 

SETENTA VECES SIETE

 

Según el evangelio, a Pedro le parece excesivo tener que perdonar siete veces al hermano (Mt 18,21). Pero Jesús evoca la antigua canción de la venganza salvaje que su pueblo ponía en labios de Lámek (Gén 4,23-24). Con la fórmula simbólica del “setenta veces siete”, la venganza sin medida queda sustituida por el perdón sin medida.

Jesús ilustraba su enseñanza con una parábola muy elocuente. Un siervo, que ha recibido el perdón de su amo por una deuda exorbitante, no es capaz de perdonar a un compañero de servidumbre una deuda casi insignificante  (Mt 18,23-34). El texto pone en la boca de ambos siervos el mismo ruego: “Ten magnanimidad para conmigo”.  

Pero no es igual la reacción de los dos acreedores. Al señor compasivo se le conmovieron las entrañas de misericordia. En cambio, el siervo perdonado por su amo “no quiso” compadecerse. Uno estaba dispuesto a escuchar a quien le suplicaba. El segundo cerró sus oídos y su corazón a los ruegos de su compañero, que compartía servidumbre con él.

La parábola de los deudores es, sobre todo, una revelación del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es una contemplación de su misericordia. En un segundo momento, puede ser leída y meditada como una exhortación al perdón fraterno. La misericordia y el perdón son signos que han de distinguir a los hijos de Dios.

 

TRES PALABRAS QUE INTERPELAN

 

Como para extraer una aplicación de esta parábola, el evangelista pone en boca de Jesús una profecía que nos interpela:  “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. Tres palabras merecen nuestra atención:

• El Padre del cielo.  Jesús lo conoce y se siente conocido por Él. Jesús sabe y proclama que el Padre celestial es compasivo y misericordioso. Y espera que los hijos se parezcan al Padre. Los discípulos del Maestro hemos de aprender la lección de la misericordia y practicar la enseñanza del perdón más generoso.

• El hermano. Hoy se difunde el ideal de la solidaridad, porque hemos olvidado la relación de la fraternidad. No podemos considerarnos hermanos si no admitimos un Padre común. Pues bien, los que suplican nuestro perdón son hermanos nuestros. Y merecen recibir la compasión que el Padre ha derramado sobre todos sus hijos. 

• El perdón de corazón. En la tradición de Israel, el corazón significaba con frecuencia la conciencia de la persona. Así que el perdón del corazón no puede limitarse a una fórmula social ni a respetar las normas de lo políticamente correcto. Estamos llamados a ofrecer el perdón desde la verdad más profunda de nuestro ser.

- Señor Jesús, tú no te limitaste a hablar del perdón, sino que, desde el patíbulo de la cruz, pediste al Padre el perdón para todos los que te habían llevado a la muerte. Ayúdanos a aprender tu lección y a seguir fielmente tu ejemplo. Amén. 

                                                             José-Román Flecha Andrés

 

ORACIÓN - Domingo 24º del Tiempo Ordinario. A 13 de septiembre de 2020


“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo

(Mt 18,26)

Señor Jesús, hoy muchos piensan que Dios les debe algo. Han hecho tanto por la fe, han orado tanto, se han sacrificado tanto que están siempre esperando el premio que creen merecer.

  Entre nosotros el bien precede al amor. En ti el amor genera el bien. Tú nos has amado gratis. Por tanto nada nos debes. Todo lo que somos, tenemos o esperamos es fruto de tu don.

• Tú nos hablaste de un siervo que debía una gran cantidad de dinero a su señor. No pudiendo satisfacer la deuda, le rogó insistentemente: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”. Y el señor se compadeció y le perdonó aquella deuda.

Yo conozco mis faltas y pecados y sé que formo parte de un pueblo de labios manchados. Con la oración que tú nos enseñaste pido al padre que perdone nuestras deudas. Ante un Dios misericordioso creo que puedo implorar una paciencia que ni siquiera puedo imaginar.

Pero repetir la segunda parte de la frase me parece una blasfemia. Nunca podré pagar los dones que he recibido. Yo sé que “todo es gracia”. Nada de lo que yo pueda hacer llegaría a igualar la magnitud y la calidad del don recibido.

• En tu parábola hablabas de otro siervo que debía una pequeña cantidad al compañero que había sido absuelto de su deuda. Por eso se atrevió a pedirle que perdonase lo que él le debía. Pero el agraciado se negó a hacer partícipe de esa gracia a su compañero.

Yo me siento reflejado en estos dos personajes. Me cuesta reconocer lo que debo a los demás y pedirles que tengan paciencia conmigo. Por otra parte, siempre estoy dispuesto a exigir a los demás lo que yo considero que me deben.

Maestro bueno, deseo que el Espíritu Santo me enseñe a acudir confiadamente al Padre de la misericordia y a implorar la paciencia de mis hermanos. Y que me ayude a reflejar ante los demás la gratitud y la compasión con la que yo he sido bendecido. Amén. 

                                                                          José-Román Flecha Andrés