martes, 22 de octubre de 2019

DOMINGO 30 TIEMPO ORDINARIO C 2019

DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO CICLO C (Comentario oral)

REFLEXIÓN- DOMINGO 30 TIEMPO ORDINARIO.C 27 de octubre de 2019

DOS MODOS DE ORAR 
“Los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia”. Esta afirmación del libro del Eclesiástico (Eclo 35,15-22) recoge una convicción que atraviesa las páginas de la Biblia. Los pobres del Señor son aquellos que solo en Dios encuentran escucha y apoyo.
La prensa de todos los días nos da cuenta de injusticias sangrantes, de conspiraciones de unos estados contra otros, de trampas de todos los tipos. El mensaje bíblico nos recuerda  que “El Señor es un Dios justo que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre y escucha las súplicas del oprimido”.
De esta convicción se hace eco el salmo que hoy resuena en nuestra asamblea: ”El Señor está cerca de los atribulados, salva a los abatidos. El Señor redime a sus siervos, no será castigado quien se acoge a él” (Sal 33,19.23).
También san Pablo confiesa a su discípulo Timoteo que Dios es un juez justo, que libra del mal a quien confía en él (2 Tim 4,6-8.16-18)

MILAGROS Y HUMILDAD

Tras evocar la invocación de los leprosos a Jesús y las súplicas que una viuda dirigía al juez injusto, el evangelio según san Lucas nos presenta en este domingo la parábola del fariseo y el publicano (Lc 18,9-14). Con ella Jesús nos enseña que la oración no siempre responde a la verdad de la persona. Solo la  piedad humilde es verdadera, como lo indica la comtraposición de los dos protagonistas.
• El fariseo tiene el doble mérito de observar la Ley del Señor y dirigir hacia Él su mirada. Pero se atribuye a sí mismo esas virtudes de las que presume. Su acción de gracias refleja su autosuficiencia. Se atribuye una santidad que siempre es un don de Dios. Y en consecuencia se siente autorizado para despreciar a los que no parecen tan santos como él.
• El publicano cobra los impuestos que el imperio romano exige a sus súbditos. Eso le hace odioso ante las gentes que lo consideran como un pecador. No se atreve a adornar su oración con las abundantes palabras que usa el fariseo. Su oración nace de la humildad de quien solo puede encontrar la salvación en la misericordia de Dios.
Con razón escribió el P. Alonso Rodríguez que “mejor es el humilde que sirve a Dios que el que hace milagros”.

CAMINAR EN HUMIDAD

Jugando con las palabras, se podría decir: “Dime cómo oras y te diré a qué Dios adoras”. Tanto el fariseo como el publicano creen en Dios. Jesús nos dice que el publicano alcanzó la justicia y la santidad de Dios. Con ello nos invita a preguntarnos cómo imaginamos a Dios y cómo nos comprendemos a nosotros mismos.  
• “Oh Dios, ten compasión de este pecador”. Esta oración nos lleva a revisar nuestro pasado y a tratar de descubrir las cicatrices que ha dejado en nosotros el pecado. Es decir, nuestro alejamiento de Dios. Y nuestra indiferencia ante sus hijos.
• “Oh Dios, ten compasión de este pecador”. Esta oración nos invita a sentir de verdad la seriedad del pecado. Pero también nos lleva a confiar en la misericordia de Dios  que no se cansa de escuchar, acoger y perdonar a los humildes.
• “Oh Dios, ten compasión de este pecador”. Esta oración nos exige admitir y confesar que solo Dios puede aceptarnos como somos y ayudarnos a ser como Él desea y espera que seamos. Solo Dios conoce nuestra verdad y puede alentarnos en el camino.
- Señor y Padre, tú conoces nuestras acciones y conoces también el espíritu con el que las llevamos a cabo. Tú conoces nuestra verdad. Demasiadas veces pretendemos justificarnos ante ti. Ten piedad de nosotros y ayudanos a caminar en la humidad. Amén. 
                                                                                                  José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 26 de octubre de 2019

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DOS MISIONEROS LEONESES

Durante el mes de octubre de este año 2019, el papa Francisco nos ha exhortado a celebrar un mes misionero extraordinario. Una buena ocasión para recuperar el vigor de la vocación misionera que se dirige a cada unos de los cristianos.
Pero también es esta una impagable ocasión para recordar a los misioneros y las misioneras que han salido de nuestra propia tierra.
De nuestra diócesis de León han salido muchos y muy valiosos. Entre los antiguos no se puede olvidar a santo Toribio de Mogrovejo, arzobispo de Lima, promotor de sínodos importantes y constante visitador de los vastísimos territorios que le fueron confiados.
Entre los muy recientes, recordamos al sacerdote Maximino Arias Reyero que tanto trabajó en Chile. Hemos encontrado testimonios de franciscanos leoneses en algunas de las misiones californianas. Lazos familiares nos llevan a evocar a Fray Diego de Palazuelo, capuchino, que dejó su alma  en Venezuela hasta descansar en la ciudad de Valencia.
Y, para la historia, es preciso mencionar a dos héroes que han dejado una huella imborrable, como el franciscano Fray Bernardino de Sahagún y el jesuita P. Segundo Llorente.
Bernardino Ribeira nació en Sahagún, el año 1499 ó 1500. Estudio en la Universidad de Salamanca y el año 1529 fue enviado a las tierras de Nueva España. Hoy nos impresiona su conocimiento de la lengua náhuatl, en la que escribió su Psalmodia cristiana y sermonario de los Sanctos del Año.
Pero nos asombra la amplitud y seriedad de su magna obra Historia general de las cosas de Nueva España, en la que trató de recoger en doce tomos las leyendas y los mitos, las costumbres y el comportamiento de los aztecas, que en parte he podido constatar en aquel mismo solar. 
Contra el parecer de algunos que consideraban aquel estudio como peligroso para la fe cristiana, se muestra precursor de los modernos estudios y métodos de diálogo intercultural.
Segundo Llorente nació el 18 de noviembre de 1906 en el pueblo leonés de Mansilla Mayor. Fue alumno del seminario de León y, después de su noviciado Jesuita en Carrión de los Condes, estudió también en la Universidad de Salamanca y en la Facultad de Teología de Granada.
En sus memorias, publicadas un año después de su muerte, acaecida el 26 de enero de 1989, narra con un agradable estilo familiar cómo decidió irse de misionero a las lejanas tierras de Alaska.
Éramos jóvenes cuando leíamos con avidez sus cartas desde las orillas del Yukón, allá en el país de los eternos hielos. 
 Recientemente he podido visitar la ciudad de Anchorage y la catedral de la Sagrada Familia que él describe, atravesar el río Matanuska y ver algunos de los glaciares de aquellas tierras de Alaska en las que sirvió a los esquimales.
Que la memoria de tantos hombres y mujeres que nos han precedido en la tarea misionera nos ayude a recobrar ese espíritu y a vivir nuestra fe con una apertura amplia, universal y generosa.
                                                                                         José-Roman Flecha Andrés

lunes, 14 de octubre de 2019

DOMINGO 29º DEL TIEMPO ORDINARIO C 2019

REFLEXIÓN - DOMINGO 29º TIEMPO ORDINARIO, C 20 de octubre de 2019


ORACIÓN Y JUSTICIA 
“Mientras Moisés tenía en alto las manos, vencía Israel; mientras las tenía bajadas, vencia Amalec”. Este relato bíblico nos presenta a Moisés orando en el monte por su pueblo, mientras Josué se enfrenta en el llano a  los amalecitas (Éx 17,8-13).
Evidentemente se trata de subrayar la fe de Moisés y su influencia ante Dios. Por otra parte, se anticipa ya la prsentación de Josué como el futuro guía de su pueblo. Pero, sobre todo, se pone de relieve el valor de la oración. La imagen de Moisés orando con los brazos en alto sería toda una lección sobre la misericordia de Dios y la gratuidad de la liberación. 
El salmo responsorial responde al orante que se pregunta de dónde le vendrá el auxilio: “El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma, el Señor guarda tus entradas y salidas ahora y por siempre (Sal 120,7-8).
San Pablo dice a Timoteo que la Sagrada Escritura puede darle la sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación” (2 Tim 3,15).

LOS TRES PERSONAJES

También el evangelio subraya el valor de la oración. Para reflejarlo de una forma fácilmente inteligible, Jesús lo expresa en la parábola de la viuda y el juez injusto  (Lc 18,1-8). Los dos personajes encarnan dos tipos humanos de personas, al tiempo que reflejan los atributos de Dios.
• La viuda era en Israel la imagen más evidente de la pobreza y el desamparo. Se sabía por experiencia que una viuda se veía sola y no tenía quien defendiera sus derechos ante la asamblea popular. En este caso, se dice que sus derechos han sido ignorados y pisoteados repetidas veces por los prepotentes.
• Por otro lado aparece el juez al que acude la viuda reclamando justicia. La Biblia presenta varias veces a los jueces como símbolos de la rectitud y del respeto que merecen tanto la ley como las personas. Pero el texto presenta a este juez con unos rasgos que lo descalifican ante nuestros ojos: “Ni temía a Dios ni le importaban los hombres”. 
• Este juez corrupto ignora a la viuda que le suplica. Después de mucho insistir, esta logra que la escuche el juez, no por responsabilidad profesional, sino para librarse de su insistencia. Por contraposición, se anuncia que Dios escucha la oración de los que le suplican y les hace justicia. Dios es justo y compasivo, misericordioso y fiel.

LA SÚPLICA Y EL JUICIO

La parábola del juez inicuo que ignora el lamento de la pobre viuda nos lleva también a recordar el tono de su humilde súplica:
• “Hazme justicia frente a mi adversario”. Hoy muchas personas se sienten marginadas en la sociedad, en el puesto de trabajo y aun en su propia familia.Tienen derecho a reclamar justica y atención a sus derechos.
• “Hazme justicia frente a mi adversario”. También la Iglesia, como comunidad tantas veces humillada, puede y debe dirigirse a Dios. De hecho, habrá de implorar su misericordia y su justicia, cuando muchos de sus hijos son perseguidos hasta la muerte.
• “Hazme justicia frente a mi adversario”. Muchas personas y comunidades ven pisoteados sus derechos por la injusticia de los poderosos. Pero Dios no es neutral. Pensar en el juicio de Dios es un motivo de esperanza para los oprimidos, como escribió Benedicto XVI en su encíclica “Salvados en esperanza”.  
- Padre nuestro que estás en el cielo, que la fe en tu poder y tu misericordia aliente siempre nuestra oración. Y que ésta nos motive para anunciar el valor de la justicia y denunciar la injusticia que con frecuencia aplasta a los más humildes de tus hijos. Amén.
                                                                                            José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 19 octubre de 2019

CAMINAR Y CAMBIAR

El día 13 de octubre de este año 2019 ha sido canonizado el cardenal John Henry Newman. Hace años la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca tuvo el acierto de crear una cátedra bajo su nombre.
Su paso del anglicanismo al catolicismo fue un escándalo para unos y una sorpresa para otros. Pero al cabo de los años se ha podido comprobar que aquel paso de Newman, motivado especialmente por su estudio de la literatura patrística y por su amor a la verdad, ha propiciado el diálogo y la comprensión entre ambas confesiones.
Con motivo de la canonización de John Henry Newman, es oportuno recordar algunos de sus pensamientos más frecuentemente citados con relación a posturas humanas que se repiten una y otra vez en la vida de las personas y de los grupos sociales.
Nos asombra en este momento evocar su reflexión sobre la audacia, esa virtud que el papa Francisco suele mencionar con el nombre griego de la parresía. Según Newman, “el cálculo nunca hace al héroe”. Caminar es arriesgarse.
El mundo nunca daría un paso adelante si todos nos sentáramos a considerar los peligros que supone ponerse en camino. Es preciso renegar de ese dogma de la poltronería que tozudamente se apoya en el lema: “Siempre se hizo así”.
Ante la tentación de esa cómoda inactividad, que nos arrastra hasta el pecado de omisión, Newman habría afirmado quesi estamos destinados a grandes obras, estamos llamados a grandes peligros”.
Junto a la pereza que hoy parece embargarnos, aparece también  la tentación de la frivolidad, que nos lleva a la dispersión. En los últimos tiempos hemos aprendido a abrir muchas pantallas a la vez. Newman estaba convencido de que “las grandes cosas las realizan hombres que insisten en una sola idea”.
Otra cara de la pereza es la que se esconde tras la máscara del perfeccionismo. Puesto que no nos sentimos con fuerzas para cambiar el mundo, nunca nos decidimos a cambiar nosotros mismos. Pero, según Newman, “el hombre no haría nada si esperara hasta que lo pudiera hacer tan bien, que nadie le encontrara defectos”.  
Frente al vicio de esa inmovilidad generada por el perfeccionismo, tantas veces narcisista, es preciso asumir con humidad la necesidad de dar un paso cada día y decidirse a cambiar esquemas y actitudes. El mismo Newman dejó escrito que “en un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces”.  
 Él pedía con sencillez la guía de esa luz que puede indicar el sendero a seguir con tanta decisión como humildad. Con razón se volvía a Dios con la oración del peregrino: “Señor, no te pido ver el horizonte lejano, un paso por día es suficiente para mí”. 
                                                                              José-Román Flecha Andrés

lunes, 7 de octubre de 2019

DOMINGO 28 DEL TIEMPO ORDINARIO C 2019

XXVIII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO CICLO C 2019 JR Flecha (Comentario oral)

REFLEXIÓN- DOMINGO 28º TIEMPO ORDINARIO. C 13 de octubre de 2019

LEPRA Y CURACIÓN

Orientado por una joven esclava israelita, Naamán había llegado a Samaría buscando remedio para su lepra. Por orden del profeta Eliseo, accedió a bañarse en las aguas del Jordán. Al ver que había quedado curado, aquel jefe de los ejércitos de Siria exclamó: “Ahora reconozco que no hay Dios en toda la tierra más que el Dios de Israel” (2 Re 5,13-17).  
Este relato nos dice que todo ser humano, aunque sea poderoso, es más vulnerable de lo que cree. Además el relato refleja la dignidad la libertad y la generosidad del profeta, que acoge aceptando a los necesitados, sean de la raza y religión que sean. Pero el relato habla también de la fe. Aun siendo pagano, Naamán descubre el poder de Dios sobre el mal.
Esa  misericordia universal de Dios se refleja en el salmo responsorial:  “Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios” (Sal 97,3). Como escribe Pablo a su discípulo Timoteo, “Dios permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo” (2 Tim 2,13).

  COMPASIÓN Y  GRATITUD

También el evangelio que hoy se proclama recuerda la plaga de la lepra (Lc 17,11-19). Ante Jesús aparece un día un grupo de leprosos que caminan por los campos, lejos de los pueblos y ciudades, según lo prescribe la Ley. Sin embargo, parece que han llegado a conocer la fama de Jesús.
Lo reconocen como un hombre de Dios. Así que desde lejos le imploran a gritos: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”. Y efectivamente, la compasión del profeta Eliseo se hace ahora realidad en la persona de Jesús, que los envía a los sacerdotes para que certifiquen su curación y puedan insertarse  en la sociedad.
• Junto a la misericordia de Jesús, el relato subraya la confianza de los leprosos. Es preciso observar que todos ellos se fían de la palabra de aquel al que ya reconocen como Maestro. De hecho, aun antes de verse curados, obedecen su mandato y se ponen en camino para ir en busca de los sacerdotes.   
• Además, el relato evangélico indica que a la gratuidad del profeta ha de responder la gratitud de los favorecidos. Sin embargo, se anota que si bien son diez los que piden la curación, solo uno de ellos regresa a dar gracias por haberla obtenido. Lo asombroso es que el que se muestra agradecido es un samaritano, considerado como enemigo y proscrito.

FE Y SALVACIÓN

A este leproso que regresa para agradecer la sanación se dirigen las palabras de Jesús con las que se cierra este relato:   
• “Levántate y vete: tu fe te ha salvado”. Ha quedado claro que los leprosos no han sido curados por la fuerza de la antigua Ley de Moisés, sino por la fe en el Maestro de la nueva Ley. La sanación significa la salvación integral que solo de él puede venir.
• “Levántate y vete: tu fe te ha salvado”. También queda de manifiesto  que el creyente de hoy ha de aprender a pedir y agradecer. Si puede y debe dirigirse al Señor en oración, al mismo Señor ha de agradecer siempre la salvación.
• “Levántate y vete: tu fe te ha salvado”. Y ha de quedar muy claro que también los que se consideran lejos pueden acercarse al que es la fuente de la salud y de la gracia. La solidaridad en el dolor y en la prueba invita a  celebrar la salvación universal.
- Padre nuestro que estás en los cielos, tú sabes que con frecuencia buscamos la excusa de nuevas lepras para excluir a algunos de nuestra sociedad. Sin embargo, hemos de reconocer que tan solo la fe en tu Hijo Jesucristo puede abrirnos a la salvación. Que tu Espíritu nos ayude a mostrarnos siempre  agradecidos a tu misericordia. Amén.
                                                                                                  José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 12 de octubre de 2019


                                           
UN DOMINGO PARA LA BIBLIA
«Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras» Estas palabras del evangelio de Lucas se refieren a Jesús, que camina con los discípulos que se dirigen a Emaús. (Lc 24,45).
Con este documento, firmado el día 30 de septiembre de 2019, fiesta de san Jerónimo, patrono de los estudios bíblicos, el Papa establece que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración y divulgación de la Palabra de Dios. En este texto, toca él algunos puntos importantes sobre  la Sagrada Escritura.
1. La celebración de ese domingo tendrá un sentido ecuménico, pues la escucha de la  Palabra de Dios es el camino para promover y alimentar el diálogo con los judíos y con las diversas comunidades cristianas.
2. La Biblia no es patrimonio de algunos escogidos. Nos une en un solo pueblo. Así que los pastores y los catequistas han de explicar la Sagrada Escritura, para que sea accesible a todos.
3. Toda la Biblia habla de Cristo. Nos ayuda a creer que su muerte y resurrección no pertenecen a la mitología, sino a la historia y se encuentran en el centro de nuestra fe.
4. El encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús, su conversación y su participación en la cena reflejan el inseparable vínculo entre la Sagrada Escritura y la Eucaristía.
5. El día dedicado a la Biblia no ha de ser “una vez al año”, sino una vez para todo el año, para que el corazón no quede frío y los ojos permanezcan cerrados por nuestra ceguera.
 6.  La Biblia no es una colección de libros de historia, pero su fundamento histórico no debe hacernos olvidar su finalidad primordial: nuestra salvación.  
7. Reconocer la acción del Espíritu Santo nos libera de una interpretación fundamentalista, que nos llevaría a traicionar el carácter inspirado, dinámico y espiritual que el texto sagrado posee.  
8. La acción del Espíritu Santo actúa también en quienes escuchan la Palabra de Dios. El Espíritu Santo asiste a la Iglesia cuando enseña la Sagrada Escritura, cuando el Magisterio la interpreta y cuando el creyente hace de ella su norma espiritual.  
9. No se puede separar la Sagrada Escritura de la Tradición, puesto que el pueblo la acogió y la transmitió.  La fe bíblica se basa en la Palabra viva, no en un libro.
10.  Todo el texto sagrado tiene una función profética: no se refiere solo al futuro, sino al presente de aquellos que se nutren de esta Palabra.  
11.  La Sagrada Escritura nos lleva a practicar la misericordia. Abre nuestros ojos para sacarnos del individualismo que conduce a la asfixia y la esterilidad, a la vez que nos manifiesta el camino del compartir y de la solidaridad.
12. En el camino de escucha de la Palabra de Dios, nos acompaña la Madre del Señor, reconocida como bienaventurada precisamente porque creyó en el cumplimiento de lo que el Señor le había dicho.  
                                                                     José-Román Flecha Andrés

martes, 1 de octubre de 2019

DOMINGO 27 TIEMPO ORDINARIO C 2019

REFLEXIÓN- DOMINGO 27 DEL TIEMPO ORDINARIO. C 6 de octubre de 2019

FE EN DIOS Y  SERVICIO AL HOMBRE 
“Mira, el altanero no triunfará, pero el justo por su fe vivirá”. No es muy conocido el profeta Habacuc, pero se ha hecho famoso ese oráculo que recibió de Dios (Hab 2,2-4).
Parecía desalentado al contemplar la situación de injusticia y de violencia, de luchas y contiendas en que vivía el país. Todo hacía presagiar el fin de aquella sociedad corrupta. Seguramente los caldeos no tardarían en invadir aquellas tierras. Y con la invasión llegarían la crueldad y la rapiña, la muerte y el destierro.
 Ante ese panorama, Habacuc se dirige a Dios con una súplica cargada de angustia: “Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me oigas, te gritaré: ¡Violencia!, sin que me salves?” Y Dios le responde para recordale que solo la fe puede ayudar a su pueblo a descubrir el sentido de tanto dolor y a mantener la confianza.
En el mismo sentido resuena la invitación divina en el salmo responsorial: “No endurezcáis el corazón” (Sal 94). Para todo el pueblo de Dios valen las palabras que san Pablo dirige a Timoteo: “Dios no nos ha dado un espíritu cobarde, sino un espíritu de energía, amor y buen juicio… Vive con fe y amor cristiano” (2 Tim 6-14).

  UNA IMAGEN IMPACTANTE

También el evangelio de Lucas que hoy se proclama retoma la reflexión sobre la fe (Lc 17,5-10). En él aparecen una súplica, una imagen y una exhortación. 
• La súplica que los apóstoles dirigen a Jesús debería ser la nuestra: “Auméntanos la fe”. Bien sabemos que entre nosotros hay personas que se dicen creyentes y no practicantes. En realidad, también hay muchos que son practicantes, pero no parecen muy creyentes. Unos y otros deberían –o deberíamos- repetir con frecuencia esa petición.
• La imagen que utiliza Jesús es impactante. Bastaría tener fe como un granito de mostaza para arrancar de raíz una morera y plantarla en el mar. La hipérbole es profética. La fe nos llevaría a cambiar el mundo. Con la fe renacería la justicia. Los poderosos descubrirían el valor de la humildad y los pobres verían reconocida su dignidad. 
• La exhortación retoma la imagen del criado que ha hecho lo que debía. Jesús nos ofrece una pauta para no alardear del bien que la fe haya producido en nuestra vida. Contra la tentación del pelagianismo, que denuncia el papa Francisco, basta confesar con toda sencillez: “Somos siervos inútiles. Hemos hecho lo que teníamos que hacer”.  

DON Y TAREA DE LA FE

Con todo, ninguno de nosotros debería dejar en el olvido esa petición que los apóstoles dirigen al Señor. Es una oración de alcance universal.
• “Auméntanos la fe”. La fe es un don gratuito de Dios. Solo quienes lo valoran como tal lo pedirán un día y otro con insistencia, lo recibirán con alegría y gratitud y lo cuidarán con esmero y responsabilidad a lo largo de toda su vida.    
• “Auméntanos la fe”.  La fe es confianza en Dios. Es el resumen de la vocación de esta familia que es la Iglesia. La comunidad ha sido llamada por su Señor a confiar en él, también en los momentos difíciles y en las horas de prueba.   
• “Auméntanos la fe”.  La fe es finalmente un horizonte que se abre ante los ojos de toda la humanidad. Muchos piensan que por creer están haciendo un favor a Dios. Pero es Dios quien nos ofrece una luz para poder caminar en las tinieblas y verle en nuestros hermanos.
- Padre nuestro que estás en el cielo y en nuestro corazón, tú ves la injusticia de este mundo y conoces también nuestros temores. Te rogamos que la fe que nos concedes gratuitamente nos ayude a vivir agradecidos en tu presencia.  Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.                                                                      José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN -5 de octubre de 2019

LA IGLESIA DE CRISTO EN MISIÓN
Recientemente he impartido algunas conferencias en Anchorage, en Alaska. Ha sido una alegría recordar las cartas que enviaba a las revistas misionales el padre Segundo Llorente. Aquel jesuita, originario de nuestra diócesis de León, nos llevaba a recorrer las tierras a orillas del Yukón y a imaginar la vida “en el país de los eternos hielos”.
Aquel resurgir misionero se debía a la carta apostólica “Maximum illud”, publicada por Benedicto XV el día 30 de noviembre de 1919. Ya ha pasado un siglo. Para celebrarlo, el papa Francisco nos invita a “renovar el compromiso misionero de la Iglesia e impulsar su misión de anunciar y llevar al mundo la salvación de Jesucristo, muerto y resucitado”. 
Para ello ha propuesto para este octubre de 2019 un Mes Misionero Extraordinario, bajo el lema Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en misión en el mundo. He aquí algunas claves de esta convocatoria. 
1. La celebración de este mes nos ayudará a volver a encontrar el sentido misionero de nuestra adhesión de fe a Jesucristo, fe que hemos recibido gratuitamente como un don en el bautismo. 
2. La vocación misionera no puede confundirse con el proselitismo. La Iglesia no ejerce la misión para enriquecerse. No va a pedir. Tiene una riqueza para dar, para comunicar, para anunciar. 
3. Una Iglesia en salida hasta los últimos confines del mundo exige una conversión misionera permanente, una salida misericordiosa, como impulso del amor y fruto de su lógica de don, de sacrificio y de gratuidad. 
4. La vocación misionera está dirigida a todos los seguidores del Señor: “Cada uno de nosotros es una misión en el mundo porque es fruto del amor de Dios”. 
5. “Nuestra misión radica en la paternidad de Dios y en la maternidad de la Iglesia… Sin el Dios de Jesucristo, toda diferencia se reduce a una amenaza infernal haciendo imposible cualquier acogida fraterna y la unidad fecunda del género humano”. 
6. La Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que, en virtud de su bautismo, respondan generosamente a la llamada a salir de su propia casa, su propia familia, su propia patria, su propia lengua, su propia Iglesia local. 
7. La misión contribuye al proceso de conversión permanente de todos los cristianos y exige que nadie se quede encerrado en el propio yo, en la propia pertenencia étnica y religiosa” y nos llama a “crecer en el respeto por la dignidad del hombre y de la mujer. 
Finalmente, citando a Benedicto XVI, dice el papa Francisco que la misión lleva a las gentes de otras culturas a conocer y acoger a Cristo, el Dios desconocido que sus antepasados buscaban sin saberlo. Por tanto, pretender recuperar las religiones primitivas no significa un progreso, sino un retroceso.

                                                           José-Román Flecha Andrés

lunes, 23 de septiembre de 2019

DOMINGO 26º TIEMPO ORDINARIO C 2019

REFLEXIÓN- DOMINGO 26º TIEMPO ORDINARIO. C 29 de septiembre de 2019

ESCUCHAR A LOS PROFETAS 
“Os acostáis en lechos de marfil; tumbados sobre las camas, coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo”. Amós era un pastor allá en las tierras de Técoa, en el reino de Judá. Un dia subió a Samaría, en el reino de Israel, y vio el lujo de que alardeaban algunas personas. Y no pudo evitar criticarlas con el lenguaje de un pastor (Am 6,1.4-7). 
Al mismo tiempo pudo ver la postracion en que yacían los pobres, la indiferencia de los que los marginaban y la corrupción de los jueces que se dejaban comprar por un par de sandalias. Él nunca había pensado en ser profeta. Pero reconocía que cuando Dios habla, uno no puede quedar en silencio, sin transmitir su mensaje.
En esta línea, el salmo rsponsorial recoge una confesión de la justicia e imparcialidad de Dios: “Él mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos” (Sal 145,7). Y san Pablo escribe a su discípulo Timoteo: “Practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza” (1 Tim 6,11).

UNA GOTA DE AGUA

El evangelio de hoy contrapone dos estilos de vida que se repiten en todo tiempo y lugar. Un hombre rico se viste con ropajes de lujo y banquetea cada día con un derroche escandaloso.
Pero a su puerta yace un mendigo que espera satisfacer algo de su hambre con las migajas que caigan de la mesa del rico, mientras deja ver unas llagas que lamen de vez en cuando los perros callejeros (Lc 16,19-31).
 El relato evangélico no da el nombre del rico. En cambio recuerda el nombre del pobre. Se llama Lázaro, que significa “Dios ayuda”. ¿Lo conocía Jesús personalmente? ¿O le atribuyo ese nombre con toda intención?
Las diferencias que los marcaban en la vida continuaron más allá de la muerte. Pero invertidas.  El pobre participa de la mesa y de las bendiciones de Abrahán, el amigo de Dios. Pero el rico es arrojado a un infierno, que se describe como un horno de fuego. El rico que en vida no compartió su comida y su bebida,  pide ahora que el pobre se acerque a él con una gota de agua para sus labios abrasados. Pero ya no es posible ese servicio.

EL PROTOCOLO DEL JUICIO

Ante esa imposibilidad, el rico tiene aun otra petición para Abrahán. Que envíe a Lázaro para que advierta a sus hermanos que aun quedan en la tierra para que cambien de conducta y no vayan a terminar en el fuego que él padece.  Las dos respuestas de Abrahán son un aviso para las gentes de toda clase y condición.
• “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. No es fácil escuchar a los demás. Y es más dificil escuchar a los profetas que Dios nos envía. Su misión es anunciar el bien y la verdad y denunciar el mal y la mentira. Pero nuestros intereses nos llevan con frecuencia a descalificar a los mensajeros para no aceptar el mensaje.     
• “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”. Un viejo refrán latino decía que no nos conmueve lo acostumbrado. Andamos siempre a la caza de lo extraordinario. Pero Dios no nos envía muertos resucitados para que nos adviertan. Nos envía testigos de la fe que viven junto a nosotros. 
- Señor Jesús, en su exhortación “Gozaos y regocijaos”, el papa Francisco nos recuerda el protocolo por el que un dia seremos juzgados, tanto los creyentes como los no creyentes. Tú te has identificado con los pobres y los necesitados. Y nos preguntarás si te hemos atendido a ti en ellos. No permitas que ignoremos el rostro de ese Lázaro que yace a nuestra puerta. Amén.
                                                  José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 28 de septiembre 2019

NO SE TRATA SÓLO DE MIGRANTES
Federico busca el puesto que le han reservado en el enorme auditorio. No quiere perderse las charlas ni la liturgia ni las canciones de un evento organizado para varones.
Procede de un país de la América Central, convertido en un infierno a causa de la guerra civil.  Un día se decidió a escapar en busca de un futuro mejor. Y eligió subirse a ese tren infame y sangriento que con razón llaman “La Bicha”.
Fueron muchos kilómetros a través de Méjico, colgado de la escalerilla entre dos vagones. Le fueron faltando las fuerzas, cayó al suelo por aquel estrecho espacio y las ruedas del primer vagón le machacaron las dos piernas. Ni sabe cómo llegó a California.
Ahí está, sin piernas, pero con una mirada serena. Es un emigrante que ha encontrado la libertad integral. Dice que aquel accidente no solo lo alejó del infierno sino que le ha ayudado a descubrir la fe. Es un místico.
El día 29 de septiembre de este año 2019 se celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. En su mensaje, el papa Francisco  recuerda los conflictos y las guerras de hoy. Evoca siete textos bíblicos y repite el lema de esta Jornada: “No se trata sólo de migrantes”
1. También se trata de nuestros miedos.  El problema es cuando los miedos condicionan nuestra forma de pensar y de actuar y nos hacen intolerantes, cerrados y hasta racistas.   
2. Se trata de la caridad.   El progreso depende de la capacidad de dejarse conmover por quien llama a la puerta y con su mirada derriba todos los falsos ídolos que hipotecan y esclavizan la vida.  
3. Se trata de nuestra humanidad. Sentir compasión significa reconocer el sufrimiento del otro y pasar inmediatamente a la acción para aliviar, curar y salvar.  
4. Se trata de no excluir a nadie. Las guerras afectan a algunas regiones del mundo;, pero la venta de armas llega a otras regiones, que luego no se hacen cargo de los refugiados que dichos conflictos generan.  
5. Se trata de poner a los últimos en primer lugar. Entre ellos están los emigrantes, con los sufrimientos que deben soportar en la búsqueda de un lugar donde poder vivir en paz y con dignidad.  
6. Se trata de la persona en su totalidad.  En cada actividad política o pastoral debemos poner en el centro a la persona, en sus múltiples dimensiones, incluida la espiritual.  
7. Se trata de construir la ciudad de Dios y del hombre. Tenemos que  ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un problema, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados.
Según el Papa, la respuesta al desafío de los emigrantes y refugiados se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Estos verbos expresan la misión de la Iglesia y nos orientan por el camino del Evangelio y de la humanización de la sociedad.    
                                                          José-Roman Flecha Andrés