lunes, 27 de marzo de 2017

DOMINGO 5` CUARESMA A

REFLEXION/ DOMINGO 5` DE CUARESMA.A 2 de abril de 2017

RESURRECCIÓN Y VIDA 
 “Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel”.  Este mensaje de Ezequiel (Ez 37,12) iba dirigido al pueblo que había sido deportado a Babilonia. El profeta le anunciaba de parte de Dios la promesa de rescatarlo de la esclavitud y devolverlo a su tierra.
Aunque todavía no se había llegado a asumir y profesar la fe en la resurrección de los muertos, el lenguaje estaba preparado para admitir como una resurrección la intervención de Dios a favor de los oprimidos. Muchos creían ya que Dios es el Señor de la vida. Por eso puede infundir en ellos su espiritu para que vivan de verdad y para siempre. 
El salmo responsorial del domingo 5º de Cuaresma evoca este poder de Dios sobre la historia y la peripecia humana: “Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”.
En la segunda lectura que hoy se proclama, san Pablo subraya el papel de Jesucristo en nuestra resurrección: “Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros” (Rom 8,11).

EL DIÁLOGO

Aunque este año se proclama el evangelio según san Mateo, durante tres domingos de cuaresma leemos unos relatos de Juan que recogen las imágenes del agua, la luz y la vida. Toda una catequesis prebautismal que nos invita a meditar sobre el don de una existencia iluminada por el misterio pascual de Jesucristo.
Al llegar a la casa de su amigo Lázaro, muerto recientemente, Jesús mantiene con Marta un diálogo tan profundo como esperanzado. Marta sabe que Dios concederá a Jesús lo que le pida. Jesús le asegura que su hermano resucitará. Y ella confiesa una fe que se iba abriendo camino en el pueblo: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día.
Ahí se inserta la gran revelacion de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está muerto y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?” Esa es la pregunta definitiva, la que marca toda diferencia en el campo de las creencias. Pues bien, Marta cree que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el esperado.

EL SEPULCRO

Pero el diálogo sobre la vida no ha llevado a Jesús a olvidar que la muerte ha llegado a la casa de sus amigos. Su pregunta por la sepultura de Lázaro no indica una simple curiosidad. Sus lágrimas revelan la sinceridad de su amor ante todos los presentes.
• “Lázaro, sal afuera”.   Esa es la orden que el Señor de la vida grita con voz potente ante la entrada del lugar donde se ha helado la esperanza.
• “Lázaro, sal afuera”.  Esa es la invitación que el Señor de la Iglesia le dirige para que ella abandone su cansancio y somnolencia y dé testimonio de la vida.  
• “Lázaro, sal afuera”.   Ese es el imperativo que Jesús nos dirige a todos los que vamos arrastranndo una existencia mortecina que no puede suscitar el entusiasmo.
- Señor Jesús, tú nos has dicho que nadie tiene amor tan grande como el que da la vida por los amigos. Sabemos que el dar la vida al amigo determinó que tus enemigos adelantaran la hora de tu muerte. También hoy, tú que eres el camino, la verdad y la vida, nos rescatas del sepulcro. Bendito seas, Señor. Amén.
                                                                José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 1 de abril de 2017

                      
MADRE IRENE

El día 17 de febrero de 2017 ha fallecido en Molina (Chile) la Madre Domnina Irene García de Prado. Había nacido en el pueblo de El Burgo Ranero (León), el 5 de Noviembre de 1927. Era la duodécima de los catorce hijos de Cecilio García y de Irene de Prado Tejerina.
Abrazó la vida religiosa el día 2 de Febrero de 1944 en la congregación de las Siervas de Jesús en Bilbao, y emitió sus votos perpetuos el 11 de agosto de 1951 en la ciudad de León. El carisma de la congregación consiste en atender durante la noche a los enfermos en sus domicilios familiares. 
Cuando manifestó su deseo de servir a los enfermos en alguna tierra de misión, fue enviada a Chile. Y allí continuó durante años esa humilde y callada misión de caridad.
Pero en el mes de abril de 1978 supo que el Señor le pedía iniciar un camino de total donación de sí misma a los enfermos más necesitados y marginados, a los más  desprotegidos de nuestra sociedad.
Monseñor Carlos González Cruchaga, la recibió en su diócesis de Talca. Él mismo  bautizó aquella incipiente congregación con el nombre de “Hermanas del Buen Samaritano”. Buen título para aquella misión de servicio a los enfermos más pobres y desatendidos.
La Madre Irene tomó como lema de su misión este pensamiento: “No hay alegría más grande que la de servir a los pobres con amor”. Y hay que reconocer que lo ha seguido con admirable fidelidad.
Al llegar a la ciudad de Molina, después de atravesar viñas y campos de frutales, hay que preguntar por el hospital del Buen Samaritano. Pero, en realidad, hasta ahora bastaba con decir que uno quería encontrar a Madre Irene.
Aquel hogar de misericordia, atiende en la actualidad a más de 450 enfermos. Nada más cruzar la verja de la entrada, se percibe que la mayoría de ellos provienen de los sectores más pobres de la región, aunque también hay enfermos del resto del país.
Chile ha reconocido a Madre Irene como una de las mujeres más influyentes en el país. Una influencia que no se basa en el poder, sino en la humildad de quienes eligen vivir totalmente pendientes de la providencia de Dios. Esa providencia que llega a través de la caridad de muchos ciudadanos que son testigos constantes de esa entrega. Muchos de ellos han acudido en fervorosa y agradecida multitud a los funerales de la Madre.
Los medios de comunicación la han calificado con frecuencia como “la Madre Teresa de Calcuta de Chile”. También ella sabía que no podía cambiar el mundo, pero podía al menos poner en él un poco de ternura.
El servicio de Madre Irene a los enfermos más pobres nos ha ayudado a redescubrir el valor de la vida humana y la dignidad de toda persona. Su caridad ha sido tan admirable como su humildad. Esta es la hora de imitar su ejemplo y encomendarnos a su intercesión.
                                                     José-Román Flecha Andrés

miércoles, 22 de marzo de 2017

SEPTENARIO VIRGEN DE LA ESPERANZA MACARENA

VIDA, DULZURA Y ESPERANZA NUESTRA
Es hermoso unirnos a tantos hermanos y hermanas que a lo largo de los tiempos se han dirigido a María con esta invocación: “Dios te salve, reina y madre de misericordia, vida dulzura y esperanza nuestra”.
La acumulación de esos cinco títulos es muy sugerente. Y es también una buena pauta para nuestra oración personal y comunitaria. La misericordia y la esperanza son las señales de nuestra Reina y Señora.
• María es esperanza para los que tienen ese espíritu de pobres, que los lleva a poner su confianza solamente en Dios, en lugar de apoyarse en los ídolos inhumanos de este mundo.
• María es esperanza para los mansos y humildes de esta tierra, es decir para todos los que han renunciado a la violencia y tratan cada día de convertir el servicio a los demás en el lema de su vida.
• María es esperanza para todos los que sufren y lloran, para todos los afligidos, especialmente al ver cómo se desprecia la voluntad y el proyecto de Dios sobre este mundo.
• María es esperanza para aquellos que tienen hambre y sed de la justicia, es decir para los que todavía anhelan la meta de la rectitud y la santidad sin caer en la doble tentación de la desesperanza y la presunción.
• María es esperanza para los misericordiosos y compasivos, para todos los que han remado contra corriente en un mundo marcado por el individualismo y la indiferencia, por el egoísmo y la insolidaridad.
• María es esperanza para los que conservan un corazón limpio en medio de un mundo en el que se respiran aires fétidos de engaño y corrupción, de falsedad y de mentira.
• María es esperanza para los que se esfuerzan en promover la paz y la armonía, en un momento en que la tolerancia es una palabra que se entiende como derecho y nunca como un deber.
• María es esperanza para todos los que son perseguidos por mantenerse fieles al ideal de la justicia, aun en medio de un mundo que tiene más miedo a la soledad que al error.
– Santa María, reina de la esperanza, intercede por nosotros, para que con la ayuda del Espíritu sigamos con alegría el camino que el Padre nos ha revelado en tu Hijo Jesús, nuestro Señor. Amén.
                                                                    José-Román Flecha Andrés
                                                                         Sevilla, marzo 2017

lunes, 20 de marzo de 2017

DOMINGO 4º DE CUARESMA A

REFLEXIÓN- DOMINGO 4º DE CUARESMA. A - 26 de marzo de 2017

EL AGUA Y LA FE

 “Anda, úngelo porque es este” (1 Sam 16,12). Esa es la palabra de Dios que saca al profeta Samuel de sus cavilaciones. Enviado por Dios a ungir en Belén al futuro rey de Israel, piensa que el candidato se ha de distinguir por su apariencia y su estatura. Pero no es así. El elegido por Dios es precisamente el hijo menor, que está fuera, cuidando las ovejas de su padre Jesé.
 La unción del joven David por el profeta Samuel revela las predilecciones de Dios por los pequeños. Pero la unción es además un rito por el que la persona queda consagrada y apartada de la profanidad. Finalmente, la unción tiene un importante significado social: la persona es llamada a una misión y ha de cumplir con una responsabilidad.
El salmo responsorial del domingo 4º de Cuaresma nos recuerda que el joven pastor David es, en realidad, la imagen del único Pastor, que es el Señor (Sal 22). Por otra parte, la carta a los Efesios nos exhorta a abandonar las tinieblas que nos hacían andar a tientas y a caminar por el mundo como hijos de la luz (Ef 5,8-14).

EL ENVIADO

Tanto en el domingo pasado como en este la clave es precisamente esa vinculación de la luz con el agua. La Samaritana se encontró con Jesús en la plenitud de la luz y aceptó pedirle el agua que da vida eterna. Ahora es un ciego de nacimiento el que, ungido por Jesús con una mezcla de tierra y de saliva, encuentra en el agua la luz para sus ojos y para su vida toda (Jn 9,1-38).
Al ver al ciego, los discípulos preguntan si la causa de la ceguera es su pecado o el de sus padres. Es un resto de la mentalidad que consideraba la enfermedad como un resultado de la culpa moral. Andando los siglos, no siempre hemos logrado superar aquella presunción. Ante la muerte de un niño, muchos se escandalizan al pensar que no merecían tal “castigo”.
Jesús rechaza aquella antigua idea. Ante la situación del ciego, se manifestarán en él las obras de Dios. Y añade: “Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Unge los ojos del ciego y lo envía a lavarse en las aguas de la piscina de Siloé. De pronto el nombre habitual del canal cobra un nuevo sentido para indicar al “Enviado” por Dios para traer la luz a nuestra humanidad enceguecida.

CREER PARA VER

El evangelio incluye una serie de preguntas y respuestas entre los fariseos y el ciego, que parecen marcar el ritmo de una catequesis de iniciación cristiana. Un proceso que culmina en el diálogo de Jesús con el ciego ya curado. 
• “¿Crees tú en el Hijo del hombre?”   Esa es la pregunta clave para todo catecúmeno que accede a la fuente bautismal. Pero es también una pregunta inesquivable para todo el que desea sinceramente acercarse a Jesús.
• “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?” La pregunta por Jesús requiere siempre información, pero sobre todo necesita una seria formación. Nadie puede llegar por sí solo a reconocer la identidad del Señor.
• “Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es”.  La respuesta de Jesús incluye una referencia a los sentidos de la vista y el oído. La apertura sincera de la persona ha de conducir al que busca hasta el encuentro con el buscado.
• “Creo, Señor”. Según el evangelio, la fe ha curado a numeros enfermos que se acercaban a Jesús. El padre del joven epiléptico que Jesús encontró al bajar del monte de la Trensfiguración decía creer, pero todavía necesitaba crecer en la fe. El ciego curado cree simplemente.   
- Señor Jesús, bien sabemos que no hay que ver para creer, sino que es totalmente necesario creer para ver. Es tu misericordia la que nos ha rescatado de nuestra ceguera. Pero ya que has querido curar nuestros ojos y nos has remitido al agua que los purifica, ayudanos también a caminar siempre guiados por el resplandor de tu luz. Amén.     
                                                                             José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 25 de marzo de 2017

                                            
NAZARET: SUSURRO Y GRITO
Estábamos grabando en la Tierra Santa algunos programas para la Televisión Española. Llegamos a Nazaret que era mediodía. Los padres franciscanos pensaron que aquel era el momento más tranquilo. Cerraron las puertas de la Basílica y nos dejaron en su interior para que pudiéramos grabar con tranquilidad.
¡Qué bendición encontrarse en silencio y soledad bajo aquella grandiosa cúpula en forma de lirio invertido! Recordábamos que la peregrina Egeria llegó hasta ese lugar desde el noroeste de Hispania, allá por el siglo IV.  Visitó la gruta en la que había habitado Santa María. Vio en ella un altar, pero no habla de una construcción.
Pues bien, junto con el P. José Antonio Martínez Puche, tenía la inesperada fortuna de entrar en la gruta y orar por un buen rato ante el altar que nos dice en latín: “Aquí el Verbo de Dios se hizo carne”.
Según el papa Pablo VI, ese es el primer desafío que nos plantea el misterio de la Encarnación. Según él, “nosotros, los modernos, vamos perdiendo no solo la noción del Dios vivo”, sino también la de toda trascendencia. Así que el misterio de la Encarnación nos parece demasiado grande, es demasiado difícil y asombroso.
Pero “en la humilde e idílica escena de la Anunciación se hace más luminoso y salvador de lo que fue para los hombres de las generaciones precedentes”. Y así es. En este tiempo de turbación, pensar que Dios se ha hecho hombre “devuelve a nuestra mente la libertad de superarse y salir de sus propios límites”.
La Encarnación nos lleva a lamentar el abandono de tantos hombres y mujeres que yacen, indefensos y aplastados,  en las periferias de nuestro mundo. Este misterio nos exige valorar la dignidad de la persona humana. De toda persona humana. Nazaret es un lugar. Nazaret es un susurro, pero es también un grito en defensa de la vida.
El mismo Pablo VI recordaba con palabras de Newman que aquí se puede descubrir por qué razón llamamos a María con el título de “janua coeli”, es decir, Puerta del Cielo. Por ella el Señor pasó a esta tierra. La palabra con la que ella dio su consentimiento hizo posible la llegada de la Palabra de Dios a nuestra tierra.
El “fiat” que pronunció María, es decir, esa entrega que supone el “hágase en mí según tu palabra” nos enseña a aceptar también en nuestros días la voluntad de Dios. Su aceptación nos lleva a desear y procurar que la voluntad de Dios “se realice aquí en la tierra, en el reino perturbado de nuestra libre voluntad”.
La fiesta de la Anunciación del ángel a María y de la Encarnación del Verbo de Dios en sus entrañas es el principio de una nueva alianza de paz. Nazaret es un susurro, pero es también una plegaria, un programa, una profecía y un grito. La promesa de un mundo que puede ser pensado y recreado según un modelo de gracia y de justicia.
                                                            José-Román Flecha Andrés

lunes, 13 de marzo de 2017

DOMINGO 3º DE CUARESMA A

REFLEXIÓN- DOMINGO 3º DE CUARESMA. A 19 de marzo de 2017

EL AGUA DE LA VIDA

 “Golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”.  Con ese mandato dirigido a Moisés, Dios responde a las murmuraciones de su pueblo, torturado por la sed en el desierto (És 17,3-7). Una y otra vez, en el camino de la esperanza surge la tentación de la nostalgia. En lugar de seguir al Dios del futuro, el pueblo añora a los dioses del pasado.
Tras haber recordado a Adán y a Abraham, la liturgia cuaresmal nos presenta En este tercer domingo la figura de Moisés. Entre el pueblo y su Dios, Moisés se nos muestra como el mediador. Es verdad que no es él quien envía el agua, pero su obediencia contribuye a calmar la sed de los peregrinos. Y a que llueva el perdón divino sobre la blasfemia humana.
Con razón el salmo responsorial nos repite un oráculo de salvación: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón” (Sal 94).
Y con razón san Pablo nos recuerda que “la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espiritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,4). El amor de Dios es el agua que nos da vida y Jesucristo es el nuevo Moisés que nos abre ese manantial de gracia y de esperanza.

EL SÉPTIMO HOMBRE

El agua del antiguo pozo de Jacob es lo que buscaba aquella mujer de Samaría. Ella mira al pasado de su pueblo, pero Jesús la invita a imaginar un futuro insospehado: “Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice ‘dame de beber’, le pedirías tú, y él te daría agua viva” (Jn 4,10).  Ahora es la mujer la que pide esa agua que da vida.
Por el camino de esta mujer han pasado ya seis hombres. Ninguno de ellos le ha traido la paz y la felicidad. Jesús es el séptimo hombre que llega a su vida. El septimo hombre es el enviado por Dios. Ya no es solo un judío. Se revela como un profeta. Es el Mesías y el Salvador. En este relato, la escalada de sus títulos resume toda una catequesis. 
En el evangelio de este tercer domingo de cuaresma el agua preanuncia el bautismo de los catecúmenos en la fiesta de la Pascua. Al igual que Elías pidió de comer a una mujer pagana, Jesús pide de beber a una mujer que podría ser considerada como pecadora. El verdadero profeta llega siempre como un indigente.

EL CÁNTARO

En el centro de este diálogo estupendo, sobresale la revelación del Profeta sospechado y del Mesías largamente esperado: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.
• “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed”. Así es. Muchas veces nos hemos acercado a pozos engañosos que no han calmado nuestra sed de felicidad.
• “El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor”. Muchas veces hemos buscado satisfacción en el exterior, olvidando que el manantial esta en nuestro interior.
• “Un agua que salta hasta la vida eterna”. Muchas veces limitamos nuestros deseos a lo efímero y caduco, cuando el Señor nos abre a un horizonte de eternidad.
No es extraño que los griegos atribuyan a la samaritana el nombre de Santa Fotina, es decir, la Iluminada. El cántaro que ella dejó junto al pozo está a dispsición de los que han de llevar a sus hermanos el agua de la fe y de la esperanza.
- Señor Jesús, tú comienzas tu vida publica pidiendo de beber y la culminas en la cruz revelándonos tu sed. Danos tu agua y envíanos a pasarla generosamente a todos los que cruzan los desiertos de la vida.  Amén.     
                                                           José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 18 de marzo de 2017


CUSTODIOS COMO JOSÉ

El Papa Francisco celebró el inicio de su ministerio petrino el día 19 de marzo de 2013, solemnidad de San José. Es bueno recordar esa fecha para dar gracias por este servicio que está haciendo a la Iglesia y al mundo entero.
En aquella ocasión comenzó su homilia recordando la figura de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal. Citando unas palabras del evangelio según san Mateo, el Papa subrayó  que “José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a su mujer” (Mt 1,24).
Y continuó exponiendo la misión encomendada a José de Nazaret. Él fue llamado por Dios para ser “custos”, es decir custodio de Msría y de José. Una custodia que él ejerció “con discrecion, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y con fidelidad total”, aun cuando a veces no comprendiera su tarea.
José de Nazaret fue un buen custodio de María y de José, precisamente porque supo escuchar a Dios. Porque supo prestar atención a los signos con los que Dios se comunica. Y porque se mantuvo siempre disponible a aceptar el proyecto de Dios, aunque no coincidiera con su propio proyecto.
Como era de esperar, el papa Francisco pasó inmediatamente a reflexionar sobre la responsabilidad del ser humano, reflejada en cuatro puntos:
• Cada uno de nosotros ha recibido una misión semejante a la de José de Nazaret. A todos se nos ha confiado la custodia del ser humano. La custodia de su vida, de su dignidad y de sus derechos.
• Nos ha sido confiada la custodia de la casa común. No podemos destruir la naturaleza. Tampoco debemos adorarla.  No hay una salvación sin un Salvador. Esta naturaleza es creación. Tiene un autor que nos ha llamado a colaborar en su obra.
• Además, se nos ha confiado la custodia de nosotros mismos. Somos una hermosa y fragil unidad de cuerpo y espíritu. Y hemos de custodiar ese conjunto precioso y armónico que somos.
• Tambien se nos ha confiado la custodia del mismo Dios. Dios es omnipotente, pero ha querido entregarse a nosotros, ponerse en nuestras manos. De nosotros depende que brille en el mundo la  misericordia de nuestro Padre.  
Finalmente, el papa añadió unas palabras sorprendentes: “En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura”.
Es esta una buena reflexión para meditar en la festividad de san José, esposo de santa María. Ejercer la misión de custodiar con responsabilidad y con ternura es un buen mensaje para esta sociedad nuestra que vive en la indiferencia y la insolidaridad.

                                                                          José-Román Flecha Andrés

viernes, 10 de marzo de 2017

VIA CRUCIS - EL DON DE LA FE

EL DON DE LA FE

          La alabanza de la fe de los cristianos
no es porque creen que Cristo murió,
sino porque creen que Cristo resucitó.
Que Cristo murió lo creen también los paganos.


San Agustín, Comentario al Salmo 101, 2,7

1ª Estación: Jesús es condenado a muerte

     La noche anterior, después de la cena pascual, Jesús había salido a orar al Huerto de los Olivos, acompañado de sus discípulos más íntimos. Su oración fue como el eco de la tentación que había afrontado en el desierto: un intento de ver claramente los caminos del Padre. Al fin fue la fe, sólo la fe, la que le ayudó a repetir: «Hágase tu voluntad y no la mía…» (Lc 22,42)

     – Jesús Maestro, enséñanos a aceptar los caminos que Dios ha trazado para nuestras vidas.
     – Jesús Hermano, acompaña con tu gracia a todos los que no consiguen ver con claridad la voluntad del Padre.
     – Jesús Señor, aumenta nuestra fe, que es pequeña y débil, frágil y tentada.

2ª Estación: Jesús carga con la cruz

     Como Isaac en el camino que llevaba hasta el monte de su propio sacrificio (Gén 22,6), Jesús carga con el instrumento de su propio suplicio (Jn 19,17). Como Isaac, también Jesús desearía hacer preguntas, informarse, saber qué ha de pasar y por qué tiene que ocurrir. Sin embargo, al igual que Isaac, Jesús se limita a caminar en la fe, sin entender demasiado.

     – Jesús Maestro, enséñanos a aceptar y seguir los caminos de Dios.
     – Jesús Hermano, te reconocemos como modelo en las horas amargas en que hemos de tomar la cruz.
     – Jesús Señor, danos fuerza para seguir tus pasos confiadamente.
    
3ª Estación: Jesús cae por primera vez

     En el camino de la fe se esconde siempre una primera tentación: la de perder el sentido de la existencia. No verme a mí mismo en ese camino. En el fondo lo que pasa es que no nos valoramos suficientemente y no creo que Dios quiera servirse de nosotros. Escuchamos ciertamente su voz pero «endurecemos el corazón» como Israel en el desierto (Sal 95,8).

     – Jesús Maestro, enséñame a escuchar y aceptar con fe la voz del Padre.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a valorar nuestro puesto y nuestra tarea en la obra de la salvación.
     – Jesús Señor, sabemos y confesamos que tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6,68)
    
4ª Estación: Jesús encuentra a su madre

     Isabel había dicho a María: «¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor» (Lc 1,45). Pero cuando fue a presentar a Jesús en el templo, Simeón le había pronosticado: «Una espada atravesará tu alma» (Lc 2,35). Su estupenda fe no libró a María del dolor. Ni de la espada que su mismo hijo venía a traer a la tierra (Mt 10,34).

     – Jesús Maestro, enséñanos a prestar atención y acogida a la palabra de Dios.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a descubrir la presencia y la demanda de todos los que sufren
     – Jesús Señor, que nuestros ojos estén siempre dispuestos a «ver tu salvación».

5ª Estación: Jesús es ayudado por Simón Cireneo

     Durante la última cena, Jesús había lavado los pies a sus discípulos, a pesar de la resistencia que mostró Simón Pedro (Jn 13,1-16). Se trataba significar con ese gesto su propia entrega. Y también de darles una lección difícil. En el camino de la cruz, sólo es grande el que sirve a los demás, el que está dispuesto a ayudar a llevar la cruz. También eso pide la fe.

     – Jesús Maestro, enséñanos a servir como Tú has servido y a aceptar la ayuda de los demás.
     – Jesús Hermano, que seas tú el modelo e inspiración del voluntariado moderno.
     – Jesús Señor, despierta entre nosotros corazones abiertos para ayudar con fe a los necesitados.

6ª Estación: Jesús la verónica limpia el rostro de Jesús

     Jesús había dejado bien claros los criterios por los que se realizará el juicio último sobre los hombres. Al fin se tendrá en cuenta el pan que han dado al hambriento o el agua ofrecida al sediento. Lo que a ellos hagamos a Jesús se lo hacemos (Mt 25, 31-46). La fe nos hace descubrir el rostro del Mesías en el rostro de los que sufren. Esa es la lección de la Verónica.
     – Jesús Maestro, enséñanos tus continuas lecciones de servicio y de entrega a los demás.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a revisar las intenciones y estrategias de nuestras estructuras sociales.
     – Jesús Señor, que la fe nos lleve a descubrir tu imagen en los que nos necesitan.

7ª Estación: Jesús cae por segunda vez

     En el camino de la fe se esconde con frecuencia una segunda tentación: la de la insolidaridad y el egoísmo. Cada uno de nosotros desea vivir para sí mismo. Como si no perteneciera a una comunidad. Como si pudiera apropiarse del maná que pertenece a los demás, como hicieron los israelitas en el desierto (Éx 16,17-20).

     – Jesús Maestro, enséñanos a escuchar siempre la voz de tu Padre y nuestro Padre.
     – Jesús Hermano, que la fe nos ayude a diseñar una globalización de la solidaridad.
     – Jesús Señor, dirígenos cada día la pregunta que Dios hizo a Adán: «¿Dónde está tu hermano?».

8ª Estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén

     Jesús había dicho que la fe es capaz de mover montañas y moreras (Mc 11,23; Lc 17,5-6). Pero con eso no garantizaba a nuestra fe el resultado de una eficacia visible. ¡Cuántas veces el creyente tiene que constatar la pobreza efectiva de sus esfuerzos!. Es cierto que no basta con lamentarse a la orilla del camino, pero Jesús valora esa misma pobreza.

     – Jesús Maestro, enséñanos a vivir una fe comprometida y responsable con nuestro mundo.
     – Jesús Hermano, consuélanos cuando nos vemos cansados y abatidos.
     – Jesús Señor, aumenta en nosotros esa fe que mueve montañas y moreras.

9ª Estación: Jesús cae por tercera vez

     En el camino de la fe se esconde casi siempre una tercera tentación: la de la autonomía o la idolatría. A lo largo del camino hay muchas veces en que quisiéramos adorar más las cosas de Dios que al Dios de nuestras cosas: también Israel adoró un becerro de oro en medio del desierto (Éx 32,1-6).

     – Jesús Maestro, enséñanos a escuchar con fidelidad la voz del Padre.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a venerar el nombre de Dios, sin confundirlo con nuestros ídolos.
     – Jesús Señor, tu presencia nos repite la pregunta de los salmos: «¿Dónde está tu Dios?».

10ª Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras

     La fe había llevado a Abraham a ponerse en ca­mino, saliendo de su casa, hacia una tierra desco­nocida (Gén 11,1). La fe lo llevó hasta el monte donde iba a sacrificar a su hijo (Gén 22,1-2). Porque los caminos de la fe siempre pasan por el desgarro y el despojo. Por una desnudez más dolorosa que la de los vestidos.

     – Jesús Maestro, enséñanos a aceptar el riesgo de vivir las exigencias de la fe.
     – Jesús Hermano, suscite entre nosotros profetas que denuncien el despojo de los pobres.
     – Jesús Señor, hecho pobre para enriquecernos, ayúdanos a comprender que Tú eres nuestra única riqueza.
    
11ª Estación: Jesús es clavado en la cruz

     El Sumo Sacerdote había dicho: «Conviene que muera un hombre por la salvación de todo el pueblo» (Jn 11,50). En el camino que va a Emaús dos discípulos comprendieron el primer día de la semana que «Era necesario que padeciese y así entrase en la gloria» (Lc 24,26). Pero sólo la cruz hace comprensible esta suprema y aparente necedad.

     – Jesús Maestro, enséñanos que no te encontraremos ni en la fuerza ni en la sabiduría, sino en la cruz.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a descubrir con la mirada de la fe el dolor de aquellos en los que tú eres hoy crucificado.
     – Jesús Señor, te reconocemos como el «Siervo de Dios» que entrega su vida por sus hermanos.

12ª Estación: Jesús muere en la cruz

     A pesar de su fe, el Varón de Dolores muere suspirando: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mc 15,34). Aquel antiguo salmo (Sal 22,2) que se extingue en sus labios mantiene la confianza en el Padre, pero no brinda respuestas facilonas al misterio de la existencia. Todo hombre muere en soledad ante su Dios.

     – Jesús Maestro, enséñanos a dirigirnos al Padre celestial con esa confianza que de ti aprendimos.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a colaborar con las instituciones que tratan de defender la vida humana.
     – Jesús Señor, levantado en alto, atrae nuestras miradas hacia ti, escucha nuestra oración y ten piedad de nosotros.

13ª Estación: Jesús es puesto en brazos de su madre

     Al morir, Jesús le ha dicho a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26). Cuando Jesús le indica a Juan, brota en el corazón de María una nueva maternidad, una nueva familia, una nueva responsabilidad. La fe que en otro tiempo la había llevado a buscar a Jesús perdido (Lc 2,41-50), la lleva ahora a buscar por el mundo a Jesús oculto.

     – Jesús Maestro, enséñanos a redescubrir nuestro puesto en el seno de la Iglesia.
     – Jesús Hermano, sacude nuestra comodidad y despierta nuestra fraternidad dormida.
     – Jesús Señor, ayúdanos a amar a la Iglesia, nuestra Madre y a sentirnos responsables de su misión.
    
14ª Estación:  Jesús es puesto en el sepulcro

     En tiempos de los Macabeos, una madre alentaba a sus hijos a afrontar el martirio recordándoles su fe en la resurrección (2 Mac 7,23). Descansar en el sepulcro es para Jesús la caída en el surco de un grano que pronto germinará. «Lo que con lágrimas se siembra, se cosecha entre cantares» (Sal 126,6).
     – Jesús Maestro, enséñanos la fuerza que se esconde en el misterio del grano que cae en el surco.
     – Jesús Hermano, mantén en alto nuestra fe y alienta nuestra esperanza.

     – Jesús Señor, que la penumbra de nuestra fe desemboque un día en la claridad de tu gloria. Amén. 
                                                                                  José-Román Flecha Andrés

lunes, 6 de marzo de 2017

DOMINGO 2º DE CUARESMA A

REFLEXIÓN-2º DOMINGO DE CUARESMA. A 12 de marzo de 2017

LA OBEDIENCIA 

 “Abraham marchó como le había dicho el Señor” (Gén 12,4). En la primera lectura de los domingos de Cuaresma, la liturgia nos lleva a hacer un recorrido por la historia de la salvación. De hecho, nos presenta las figuras de Adán y Eva, Abraham, Moisés, el rey David y el profeta Ezequiel, para culminar el Domingo de Ramos con el Siervo de Dios.
Pues bien, frente a la desobediencia de Adán y Eva, se subraya hoy la obediencia de Abraham, El patriarca sale de su tierra y de la casa de su padre hacia una tierra y un destino que Dios le ha de mostrar. El suyo es un itinerario de fe y de esperanza. Un modelo para el camino que ha de seguir todo creyente.  
Por otra parte, en la segunda lectura de los domingos cuaresmales, todos los textos, tomados de los escritos paulinos, subrayan la salvación que nos ha llegado por Jesucristo. Hoy se recuerda que Él “destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio”.

CUATRO DETALLES

En el evangelio de este segundo domingo de cuaresma se lee todos los años el relato de la transfiguración de Jesús en un monte alto.  El texto de este año, tomado del evangelio de Mateo, contiene cuatro detalles exclusivos, relacionados por parejas: 
• Se concede a Pedro un cierto protagonismo. Es él quien se ofrece a levantar por su cuenta tres tiendas: una para Jesús, otra para Moisés y otra para Elías.
• Pero los evangelios de Marcos y Lucas añaden que Pedro no sabía lo que decía. Solo el evangelio de Mateo suprime esa observación que podría oscurecer su autoridad.
• Según este evangelio, al oír la voz de lo alto que los invita a escuchar a Jesús, los discípulos predilectos cayeron de bruces, dominados por el miedo.
• Pero solo este evangelio, al sentido del oído y de la vista, añade también el tacto. Jesús se acercó a los discípulos, los tocó y les dijo: “Levantaos y no tengáis miedo” (Mt 17,7).

LA VOZ DE LA NUBE

 Los tres evangelios sinópticos coinciden en introducir la voz que procede de la nube, signo de la presencia de Dios: “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco. Escuchadlo”.
• “Este es mi Hijo amado”. La Transfiguración de Jesús nos revela el rostro de Dios. Nunca podrá ser confundido con los dioses de los paganos. Los de antes y los de ahora. El verdadero Dios es Padre y es amor,
• “En él me complazco”. Jesús recoge la imagen del Siervo de Dios, al que se dedicaban aquellos hermosos cantos en la segunda parte del libro de Isaías. Él ha sido elegido y enviado. Él es el predilecto de Dios. Pero él nos salvará por sus dolores.  
• “Escuchadlo”. El Deuteronomio pedía al hebreo que escuchase a Dios. Ahora Dios nos pide que escuchemos a Jesús. Él es la Palabra hecha carne. La Palabra definitiva de Dios. Pero escucharlo no es una frivolidad. Es aceptar su vida y su suerte, tomar su cruz y seguirle.
- Dios y Padre nuestro, Abraham te obedeció cuando lo invitabas a salir de su tierra. Nosotros queremos obedecerte cuando nos invitas a escuchar a tu Hijo. Él es la tierra de salvación a la que nos llamas. Ayúdanos a obedecer tu voz como la obedeció el antiguo patriarca.  Bendito seas por siempre, Señor.  Amén.     
                                                                José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 11 de marzo de 2017


LA ALEGRÍA DEL AMOR

El amor es la raíz del matrimonio. Y es el tronco que sostiene el árbol de la familia. Pero en estos tiempos no es fácil decir qué es el matrimonio ni cuál es la esencia de la familia.  
Por eso el Papa Francisco ha convocado un Sínodo de Obispos sobre la Familia, que se desarrolló en dos tiempos, en el otoño de 2014 y en el de 2015.  
Recogiendo muchos de los puntos más interesantes abordados por ambas asambleas, el Papa Francisco publicaría el día 19 de marzo de 2016 la exhortación apostólica Amoris laetitia, es decir, La alegría del amor.
Es un documento tan extenso como sugerente. A las consideraciones de los padres sinodales, el Papa ha añadido muchos pensamientos propios, además de numerosas referencias a documentos de las Conferencias Episcopales. Ha citado también a varios teólogos y algunos escritores modernos, entre los cuales figuran algunos no cristianos. Ha llamado la atención el hecho de que haya  mencionado una película de cine.
El Papa Francisco espera que esas múltiples aportaciones “puedan orientar la reflexión, el diálogo o la praxis pastoral y, a la vez, ofrezcan aliento, estímulo y ayuda a las familias en su entrega y en sus dificultades” (AL 4). Por otra parte, él mismo ha querido abrir la exhortación, presentando un resumen del contenido de tan amplio documento:
“En el desarrollo del texto, comenzaré con una apertura inspirada en las Sagradas Escrituras, que otorgue un tono adecuado. A partir de allí, consideraré la situación actual de las familias en orden a mantener los pies en la tierra. Después recordaré algunas cuestiones elementales de la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia, para dar lugar así a los dos capítulos centrales, dedicados al amor. A continuación destacaré algunos caminos pastorales que nos orienten a construir hogares sólidos y fecundos según el plan de Dios, y dedicaré un capítulo a la educación de los hijos. Luego me detendré en una invitación a la misericordia y al discernimiento pastoral ante situaciones que no responden plenamente a lo que el Señor nos propone, y por último plantearé breves líneas de espiritualidad familiar” (AL 6).
Para la opinión pública lo más interesante era oír la palabra del Papa sobre las personas divorciadas que han contraído un nuevo matrimonio.  Como se ve, el Papa considera que el centro de su exhortación se encuentra en la reflexión sobre el amor. A esa luz examina él las crisis del matrimonio.
Durante este año desde la publicación de este documento han sonado aplausos y se han hecho oír algunas ásperas voces de rechazo. Pero es hora de preguntarse que convicciones subyacen a esas posturas.
Hay que leer la exhortación con serenidad y sin prejuicios, para ver qué actitudes y estructuras han de cambiar en este momento. Y, sobre todo, para valorar el papel de la conciencia en el discernimiento de los casos más difíciles.
                                                                                  José-Román Flecha Andrés