lunes, 24 de abril de 2017

POEMA

                                         MAÑANA  DE PASCUA
                                           J.R. Flecha

                                                       Si la ilusión en sombras aterida
                                                        sucumbe tras la losa del dolor,
                                                        la esperanza recobra su calor
                                                        al ritmo de la piedra removida.

                                                        Las utopías buscan su salida
                                                        y de la noche mana un resplandor,
                                                        con la afrenta y desdén llega el honor,
                                                        por la muerte en la cruz nace la vida.

                                                       Mientras unos lamentan su perdida
                                                       esperanza, otros miran su claror
                                                       en una nueva luz de amanecida.

                                                       Solamente los ojos del amor
                                                       descubren las urgencias de la vida
                                                       en la luz de la Pascua del Señor.

                             (Boñar, León)
                                         Domingo de Pascua,
                                        11 de abril de 1982

DOMINGO 3º DE PASCUA. A

REFLEXIÓN- DOMINGO 3º DE PASCUA. A 30 de abril de 2017

CAMINO DE EMAÚS

“Dios resucitó a Jesús y todos nosotros somos testigos” (Hech 2,32). Pedro acaba de referirse a los hechos que Jesús llevó a cabo. Ha recordado a los oyentes que ellos lo mataron en una cruz, por medio de paganos. Y en tercer lugar, proclama su resurrección: “No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio
 Nos llama la atención el contraste entre aquel Simón Pedro que negaba haber conocido a Jesús y este apóstol que, acompañado por los Once, se dirige con tanto valor a los judíos y vecinos todos de Jerusalén. He ahí el efecto de la efusión del Espíritu en Pentecostés.    
El salmo 15 que hoy cantamos es uno de los primeros textos que expresan la esperanza de la resurrección: “Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha”. 
Con razón en la segunda lectura de este día se vincula esa esperanza a la fe: “Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza” (1 Pe 1,21).

LA VIDA

El evangelio nos presenta a dos discípulos que dirigen a Emaús. Las mujeres habían inquietado a la comunidad, diciendo que no encontraban el cuerpo de Jesús.  Pero ellos ya habían decidido alejarse de Jerusalén. Hoy muchos se parecen a Cleofás y el otro discípulo. Han perdido la fe. Y no buscan más razones ni más pruebas. Simplemente se alejan.
Los dos discípulos que caminan hacia Emaús son alcanzados por otro caminante que parece ignorar lo que ha ocurrido en Jerusalén. Los peregrinos le dicen: “Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel”. He ahí una de las claves del relato. El camino de Emaús es la confesión de una fe demasiado terrena y de una esperanza frustrada.
Pero los discípulos todavía conservan la capacidad para escuchar y aceptar una corrección. También hoy el peregrino acepta compartir con nosotros los alimentos que apenas pueden calmar nuestra hambre. Entre sus manos, el pan adquiere el significado de la vida que él nos ha dado con su palabra y que esperamos compartir con él para siempre.

EL PAN

Este hermoso relato culmina con el retorno de los dos discípulos a Jerusalén. Los otros cuentan que el Señor se ha aparecido a Simón Pedro y ellos confiesan que “lo reconocieron al partir el pan”. Ese es su testimonio Y ese es su testamento y su herencia para el futuro.
            • “Lo reconocieron al partir el pan”. Los que habían seguido a Jesús por los caminos y habían visto como oraba antes de partir y compartir el pan no podían olvidar aquellos gestos. En ellos reconocieron al que se había entregado como pan.
• “Lo reconocieron al partir el pan”. Por ese gesto ha sido reconocida la Iglesia. Y por ese gesto habrá de ser reconocida en un mundo en el que no es habitual dar gracias a Dios y compartir con los demás los dones recibidos.
• “Lo reconocieron al partir el pan”. Realizado con verdad, ese gesto revela la sinceridad de la piedad hacia Dios y la generosidad de la entrega a los hermanos. Por ese gesto será reconocido cada uno de los cristianos como seguidor de Jesús.
- Señor Jesús, hoy queremos invitarte a quedarte con nosotros porque atardece. Agradecemos que hayas aceptado nuestra cena humilde. Te contemplamos sentado a la mesa con nosotros. Y te pedimos que nos des la luz y la fuerza para ser testigos de tu vida y de tu resurrección. Amén.
                                                              José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 29 DE ABRIL DE 2017

EL HOMBRE Y EL TRABAJO

LA celebración del día primero de mayo nos exige repensar la importancia del trabajo y reivindicar la dignidad del trabajador. Si esta conciencia es compartida por toda la sociedad, la fe cristiana no puede ignorar la importancia del trabajo. Esa atención a los trabajadores se debe precisamente al aprecio que nos merece el ser humano.
En su audiencia general del día primero de mayo del año 1965, el papa Pablo VI reflexionaba ante sus oyentes sobre la vida religiosa y el mundo del trabajo. Y se preguntaba: “¿Por qué van a estar separadas entre sí estas expresiones supremas de la vida humana? ¿Por qué tienen que oponerse?”
Aquel mismo año se iba a clausurar el Concilio Vaticano II, que nos dejó en la constitución sobre la Iglesia en el mundo de hoy unas oportunas reflexiones sobre el tema (GS 33-37).
Hace unas semanas hemos recordado los cincuenta años transcurridos desde la publicación de la encíclica Populorum progressio  (26.3.1967).  En ella subrayaba Pablo VI que por el trabajo el hombre participa en la obra de la creación de Dios: “ya sea artista o artesano, patrono, obrero o campesino, todo trabajador es un creador” (PP 27).
Con todo, reconocía que el trabajo es siempre ambivalente. Invita a unos al egoísmo y a los otros a la revuelta. Pero “desarrolla también la conciencia profesional, el sentido del deber y la caridad para con el prójimo” (PP 28).
En la audiencia general del día 1 de mayo de 1973 Pablo VI subrayaba tanto el deber como el derecho a trabajar: “El hombre no alcanza su dimensión verdadera sin el trabajo, que es ley benéfica y grave para todos nosotros (…) Todo hombre debe ser, en cierto modo, trabajador inteligente y voluntarioso. Honremos en el trabajo aquello que lo hace grande, noble, meritorio: el deber. Y reconozcamos en el trabajo, un programa indefectible e irrenunciable de nuestra vida: el derecho al trabajo”.
Precisamente por ser un deber y una necesidad, el trabajo comporta algunos efectos desagradables, como la fatiga, el esfuerzo  y el cansancio. Por eso, no se puede ver el trabajo sin pensar en el trabajador.
Durante el año santo, en la misa jubilar para los obreros, celebrada precisamente en el día del trabajo, decía Pablo VI: “El hombre es quien produce el trabajo; y el trabajo, que es el esfuerzo por dominar la tierra, tiende a servir al hombre. Si no fuera así, el hombre volvería a la esclavitud; y el trabajo marcaría a nivel materialista la estatura, el desarrollo y la dignidad del hombre” (1.5.1975).
Los tiempos han cambiado notablemente. Las técnicas modernas de comunicación, de producción y de servicios no solo han creado nuevos puestos de trabajo, sino también una nueva comprensión del trabajador. Se impone una renovada reflexión técnica y ética.
                                                                                José-Román Flecha Andrés

miércoles, 19 de abril de 2017

DOMINGO 2º DE PASCUA A

REFLEXIÓN- DOMINGO 2º DE PASCUA. A 23 de abril de 2017

COMUNIDAD

“Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”. Este sumario nos evoca la vida de las primeras comunidades de los discípulos del Señor (Hech 2,42). Las unen la escucha de la Palabra, la celebración de los Misterios y el servicio de la caridad.
 Esas actitudes no son unos ideales utópicos. Muchos datos nos aseguran que realmente se vivió así, al menos en la comunidad de Jerusalén. La memoria de Jesús no podía ser echada en el olvido. El Espíritu del Resucitado la mantenía en la fe, la esperanza y la caridad.   
Con el salmo 117 damos gracias al Señor y proclamamos que Jesús, desechado por los hombres, ha sido glorificado por el Padre, como la piedra angular del nuevo edificio.
Ahora bien, si creemos que Jesús es el Cristo, es decir el Mesías, es que hemos nacido de Dios (1Jn 5,1). Sabemos que si no amamos al prójimo tampoco amamos a Dios. Pero hoy se nos dice también que es el amor a Dios lo que garantiza que nuestro amor a los demás es auténtico.  No podemos amar a los hijos de Dios si no amamos a Dios.

LOS DONES DEL RESUCITADO

A estas lecciones y proclamaciones de lo que es y ha de ser la comunidad se añade el mensaje evangélico. Es en el seno de la comunidad donde los discípulos reciben la manifestación del Señor Resucitado (Jn 20,19-31).
• Con su presencia, el Señor trae otros preciosos dones. En primer lugar llena a sus discípulos de alegría. Además les desea la paz. Y los envía al mundo, como él mismo había sido enviado por el Padre. No podían esperar tanto aquellos discípulos que habían abandonado a su Maestro en el momento de su arresto y en la  hora de su muerte
• Además de la alegría, la paz y el envío, Jesús les comunica un cuarto don, aún más sorprendente. No solo les perdona su abandono, ciertamente vergonzoso, sino que, por medio de su Espíritu, los convierte en mensajeros y agentes de su perdón: “A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”.

LA CONFESIÓN DE FE

Con razón el papa Juan Pablo II quiso que este fuera el Domingo de la Divina Misericordia. Ante tales dones del Resucitado hemos de dejar atrás nuestro resentimiento y dar el paso que lleva al apóstol Tomás a pronunciar su personal confesión de fe.
• “Señor mío y Dios mío”. Así reconocemos al que ha nos ha mostrado sus llagas y nos ha demostrado la seriedad de su amor y la gratuidad de su entrega por nosotros y por nuestra salvación. 
• “Señor mío y Dios mío”. Así lo adoramos todos los que él ha querido proclamar como  bienaventurados, es decir, dichosos y felices, por haber llegado a creer a pesar de no haber visto al Señor Resucitado.
• “Señor mío y Dios mío”. Así agradecemos la misericordia de Aquel que ha perdonado nuestra arrogancia, y nos ha hecho mensajeros y portadores de su perdón para todos los que vuelven a él sus ojos.
- Señor Jesús, agradecemos tus dones y tu misericordia. Ayúdanos a vivir con gozo y responsabilidad nuestra vida en esta comunidad, construida sobre la piedra angular de tu entrega. Bendito seas por siempre. Aleluya. 
                                                                    José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 22 de abril de 2017

                                              
EL PROGRESO DE LOS PUEBLOS

Hacía tan solo año y medio que se había  clausurado el Concilio Vaticano II. Era fácil recordar cómo aquella asamblea había hecho suyos los gozos y las esperanzas de toda la humanidad. El día 26 de marzo de 1967 Pablo VI firmaba su importante encíclica Populorum progressio,  es decir “El progreso de los pueblos”.
Opinaba él que la pobreza de muchos países venía causada por los errores de la descolonización, los abusos creados por la industrialización, las diferencias en el goce de los bienes y el ejercicio del poder, y por el conflicto de las generaciones.
Aun siendo experta en humanidad, la Iglesia afirmaba que no pretendía usurpar un poder político. Deseaba tan sólo ayudar a los pueblos a conseguir su pleno desarrollo. Para ello, podía al menos ofrecer el testimonio de su estima al hombre y a la humanidad.
Según Pablo VI, el desarrollo nunca debería reducirse al crecimiento económico. Retomando unas conocidas expresiones conciliares, afirma que “la búsqueda exclusiva del poseer se convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser”. 
 Para ser auténtico, el desarrollo ha de ser integral. Debe promover a todo el hombre y a todos los hombres, evitando el dualismo antrológico que privilegia lo material y olvida lo espirituaL y superando el dualismo social que genera discriminación. Por eso, la solidaridad universal, que es un hecho y un beneficio para todos, es también un deber.
El Papa legitima la expropiación de las fincas mal explotadas, condena las especulaciones egoístas y la transferencia de capitales al extranjero. Afirma que el crecimiento demográfico no justifica los atentados contra la vida, el matrimonio y la familia y aboga por el fortalecimiento de las instituciones sociales intermedias (PP 40 ).
Es evidente que propone el ideal del  verdadero humanismo: un desarrollo que no excluya a Dios, puesto que “un humanismo exclusivo es un humanismo inhumano” (PP 42). Y evoca, en fin, los ideales de la solidaridad y la caridad.
Según el beato Pablo VI, el mal de este mundo está en la falta de caridad entre los hombres y entre los pueblos (PP 66). Es urgente recortar los gastos de armamento para crear un fondo común, fomentar el justo comercio entre los pueblos y superar el  nacionalismo y el racismo.
Fue muy bien acogida su  propuesta de un voluntariado universal. De hecho, muchos profesionales decidieron cooperar con el desarrollo en los países más empobrecidos. En ello estaba la tarea de la construcción de la paz. Con razón afirmaba el Papa que “el desarrollo es el nuevo nombre de la paz” (PP. 76).
Al cumplirse cincuenta años de su publicación,  hay que preguntarse si alguien recuerda aquella llamada tan sincera como apasionada. Tanto las personas como las instituciones hemos de reflexionar cómo hemos contribuido para promover el auténtico desarrollo humano.
                                                                José-Román Flecha Andrés

sábado, 15 de abril de 2017

REFLEXIÓN PARA LA SEMAMA SANTA- SÁBADO

  
1. En el silencio del sábado santo acompañamos a María en su soledad y meditamos el descenso de Cristo a la morada de los muertos. Jesús ha asumido nuestra condición humana y ha aceptado el misterio de la muerte. “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere da mucho fruto“ (Jn 12,24).
Pero al atardecer del sábado entraremos en el templo a la luz de nuestras velas que reciben su luz del cirio de la pascua. En ese cirio vemos esta noche la imagen de Cristo que ilumina las tinieblas del mundo y las que a veces se apoderan de nuestro corazón. El solemne pregón pascual canta la grandeza de esta noche en la que la oscuridad es vencida por la luz y el pecado es vencido por la gracia.
La palabra de la Sagrada Escritura nos invita a recorrer la historia de la Salvación. La creación del mundo y la creación del hombre marcan el inicio de la intervención de Dios en la historia humana. Esa historia pasa por la liberación de Israel y por el anuncio profético de un corazón nuevo.

2. El relato evangélico que es proclamado en esta noche santa nos invita a acompañar a dos mujeres que se dirigen al sepulcro de Jesús (Mt 28, 1-10). No encuentran su cuerpo. Un ángel les desvela el misterio de esa ausencia. Jesús ha resucitado como lo había dicho.
La constatación del hecho de la resurrección se convierte en noticia que ellas han de trasmitir a todos los seguidores de Jesús. El evangelio de Mateo que se proclama este año, deja constancia de que Jesús les sale al encuentro para invitarlas a la alegría y a la superación del miedo. “No tengáis miedo; id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”. Con esa nueva fortaleza han de anunciar el mensaje que les ha sido encomendado.

3. Todo nos hace pensar que esta palabra se proclama para nosotros. También nosotros hemos recibido la revelación de la resurrección de Jesús. Nosotros participamos de la alegría pascual. Nosotros hemos de anunciar esta buena noticia a todos nuestros hermanos.
Alborea el primer día de una nueva semana que no tendrá fin. Con toda la Iglesia pedimos el don de una nueva vida: “Oh Dios, que iluminas esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor, aviva en tu Iglesia el espíritu filial, para que renovados en cuerpo y alma, nos entreguemos plenamente a tu servicio. Por Cristo nuestro Señor”.

El Señor resucitado nos ha llamado para ser testigos de su vida y anunciadores de la gran esperanza. Él nos acompaña por el camino. Amén. Aleluya.  
                                                                            José-Román Flecha Andrés 

viernes, 14 de abril de 2017

REFLEXIONES PARA LA SEMANA SANTA- VIERNES


1. La celebración de la Pasión del Señor incluye hoy el cuarto de los cánticos del Siervo de Dios, que se encuentran en la segunda parte del libro de Isaías (Is 52,13 - 53,12). El profeta, elegido por Dios y enviado a proclamar la paz y la justicia, se nos presenta hoy como un “hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros”.
Él es el justo injustamente condenado: “Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca”.
La lectura de este poema, precisamente en la tarde del viernes santo, prepara nuestro espíritu para la meditación de la pasión y muerte de Jesús, que hoy se proclama siguiendo el texto del evangelio de Juan.

2. En el Señor crucificado se nos revela la plenitud del amor de Dios. Según ha escrito Benedicto XVI, la cruz de Cristo es la nueva zarza ardiente, en la que se nos muestra el amor liberador de Dios.
Como dice el libro de los Números, los hebreos encontraron curación de las mordeduras de las víboras al volver sus ojos a la serpiente de bronce que Moisés levantó sobre un mástil en medio del desierto (Núm 21, 4-9). Del mismo modo, los seguidores de Jesús levantamos nuestra mirada hacia él, que pende de un madero por nuestra salvación (cf. Jn 3, 14s; 19,37).
Bien sabía Pablo de Tarso que el crucificado era escándalo para los judíos y necedad para los griegos. Pero él podía confesar que para los llamados, tanto judíos como griegos,  Cristo crucificado es fuerza y sabiduría de Dios (1 Cor 1,23-24).

3. En este día damos gracias a Jesús por haberse humillado y hecho obediente hasta la muerte y una muerte de cruz (Flp 2, 8).
Dirigimos, además, una mirada compasiva a este mundo que pretende retirar la imagen del Crucificado, como si de ella viniera una maldición y no una bendición.
Ante la cruz de Jesús recordamos también a tantos hermanos nuestros que se ven obligados a cargar con las cruces más pesadas y son condenados a muerte.
Y, junto a toda la Iglesia, repetimos con serena confianza en su resurrección la oración con la que esta tarde concluye la celebración de la pasión del Señor:
“Dios todopoderoso, rico en misericordia, que nos has renovado con la gloriosa muerte y resurrección de Jesucristo, no dejes de tu mano la obra que has comenzado en nosotros, para que nuestra vida, por la comunión en este misterio, se entregue con verdad a tu servicio. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen”.

                                                                        José-Román Flecha Andrés

miércoles, 12 de abril de 2017

DOMINGO DE PASCUA A

REFLEXIÓN-DOMINGO DE PASCUA. A 16 de abril de 2017

EL SEPULCRO VACÍO

“Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo sino a los testigos que él había designado: a nosotros que hemos comido y bebido con él después de su resurrección”. Este es el núcleo del discurso de Pedro en la casa del centurión Cornelio (Hech 10,39-41).
No son ideas abstractas. Son acontecimientos históricos los que recuerda Pedro. Cinco son los hechos que él quiere subrayar: Que Jesús pasó haciendo el bien. Que fue crucificado. Que Dios lo resucitó de entre los muertos. Que se lo hizo ver a sus discípulos. Que ellos compartieron la mesa con el resucitado.
¿Cómo no vivir con alegría la fiesta de la vida del Señor? Él era la piedra desechada por los arquitectos, pero ha sido elegido como piedra angular de  un nuevo edificio (Sal 117).
Por su parte, el apóstol Pablo nos invita a vivir con un talante de resucitados con Cristo, decididos a buscar solamente las realidades celestiales (Col 3,1). 

MAGDALENA

El relato evangélico pone ante nosotros la figura de María Magdalena. La piedad tradicional la identifica con otras mujeres que aparecen en los evangelios. Las leyendas y el cine la han visto como una hermosa mujer, pecadora pero arrepentida. Pero nada de eso subrayan los evangelios.
María es una mujer al parecer liberada por Jesús de alguna grave enfermedad. Movida por la gratitud, sigue al Señor desde Galilea hasta Jerusalén. Está fielmente presente en el Calvario y observa atentamente dónde ha sido colocado el cadáver de Jesús. Cuando acude al sepulcro, lo encuentra vacío y comunica la noticia a los discípulos del Señor (Jn 20, 1-9).
No es extraño que María Magdalena haya sido calificada como el “apóstol de los apóstoles”. Su voz sonaba como una profecía. Su anuncio nacía de la experiencia. Despertaba a los discípulos del desaliento en que se hallaban. Y abría ante sus ojos un futuro de esperanza que ni siquiera podían sospechar.

 EL MENSAJE

En este domingo de Pascua de Resurrección, el texto evangélico recoge las palabras que María Magdalena dirigió a Simón Pedro y al otro discípulo a quien Jesús quería: “Se han llevado del Sepulcro al Señor y no sabemos donde lo han puesto”. Un mensaje que parece nervioso y desesperado, pero no ha perdido actualidad.
• “Se han llevado del Sepulcro al Señor”. No es solamente que no se encuentre el cadáver de Jesús. Es que nuestra cultura pretende ignorar la vida y mensaje de Jesús. Más aún, desprecia la cruz y se niega a creer en el Resucitado.
• “No sabemos donde lo han puesto”. Son muchos los que no saben quién es Jesús y qué significa en la historia de la humanidad. Los mismos cristianos no siempre sabemos explicar el puesto que el Señor ocupa en nuestra vida.
- Señor Jesús, muerto por nosotros y resucitado para nuestra salvación, sabemos que no debemos buscarte en los sepulcros. Tú estás vivo y nos precedes por los caminos del mundo. Queremos encontrarte a lo largo del camino. Y anunciar con alegría tu presencia. Bendito seas por siempre. Aleluya. 
                                                            José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 15 de abril de 2017

                                                                        
EL CUERPO Y LA RESURRECCIÓN
“Confieso que me sorprendió que me hubieran invitado a venir aquí, hoy”.  Palabras parecidas a esas las puede pronunciar cualquiera de nosotros. Pero tienen una importancia singular si son de Liliana Cavani. Estaba muy sorprendida de haber sido invitada por el Vaticano para hablar en el congreso mundial sobre la caridad. Era el día 24 de enero de 2006 y acababa de darse a conocer la encíclica “Dios es amor” del papa Benedicto XVI.
Liliana Cavani se refirió a dos de las películas que había dirigido: “Francesco”  y “Portero de noche”. Según ella lo que más había emocionado al público en dos historias tan diferentes era algo que tenían en común: los cuerpos. Un tema que también aparecía en la encíclica del Papa sobre el amor.
Según Liliana,  “la cosa más linda y actual del Evangelio es precisamente el anuncio que Dios es amor. Un anuncio, una revelación, un proyecto que se ha ido empañando con el tiempo”. Pero eso lo había entendido bien san Francisco. Le bastaba salir fuera de las murallas de Asís para llegar al Tercer Mundo de aquellos tiempos. El encuentro con el leproso fue como la broma que Dios le jugaba para ver si su amor le llevaba a aceptar un cuerpo tan llagado.
Pero Liliana sorprendió a todos los asistentes al congreso con sus revelaciones personales: “Una de las cosas que siempre me ha impresionado  enormemente es la resurrección de los cuerpos y me parece que los griegos de la época de Cristo no lograban entenderla”.
Para los griegos, el alma es el verdadero valor de lo humano, mientras que el cuerpo es como un vestido prestado que podemos abandonar. Para la artista, esta visión se opone frontalmente al mensaje cristiano. Seguramente Francisco de Asís no conocía a Platón. Pero “por don o por instinto comprendió el sentido auténtico de la corporeidad”.
Venida de una familia totalmente laica, la artista ha llegado a descubrir esta vinculación entre el cuerpo, el amor y la vida sin fronteras: “Creo que este fue el punto crítico del escándalo del Evangelio: la resurrección de los cuerpos. Este es un mensaje de un valor y de una belleza sobrecogedores”.
Para Liliana, lo lamentable es que la cultura cristiana se haya helenizado con el tiempo. Se ha olvidado que el núcleo del cristianismo es precisamente la fe en la resurrección. No es extraño que con frecuencia se pierda el sentido de la vida.
“Es preciso creer que la vida, tu vida, tiene un sentido. Porque si no crees que tu vida tiene un sentido, mejor desperdiciarla. Es preciso creer que has sido elegido, deseado, amado, que hay un proyecto para ti: que eres importante, que eres hijo amado. Tu vida es una película importantísima”.
Y de películas sabe mucho Liliana Cavani. Pero también sabe del amor y de esa fe en la resurrección que es la respuesta cabal a la fe en el valor del cuerpo humano.   
                                                     José-Román Flecha Andrés

REFLEXIONES PARA LA SEMANA SANTA- JUEVES


1. Este es uno de aquellos tres jueves que, según el verso popular, “relumbran más que el sol”. En la misa vespertina del jueves santo celebramos la cena del Señor.
En la  primera lectura de la misa (Ex 12, 1-8.11-14), la evocación de la institución hebrea de la cena pascual nos invita a agradecer la liberación de Dios, que se ha hecho realidad definitiva en Jesús, el cordero de la nueva pascua.
En la segunda lectura San Pablo recuerda cómo Jesús entregó su propia vida en la entrega del pan y del vino (1 Cor 11, 23-26). Por eso, cada vez que comemos de ese pan y bebemos de ese cáliz, proclamamos la muerte del Señor, hasta que vuelva. Con razón, en cada eucaristía, anunciamos, su muerte, proclamamos su resurrección y manifestamos nuestro deseo de que venga a juzgar a los vivos y los muertos, completando su obra de salvación.

2. La lectura del evangelio de Juan (13,1-15) nos presenta a Jesús, lavando los pies a sus discípulos, para darnos ejemplo de humildad y de mutuo servicio en el amor. Así dice Jesús: “Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debeis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”.
El lavatorio de los pies es en el evangelio de Juan el equivalente a la institución de la Eucaristía que se recuerda en los tres evangelios sinópticos.
Ambos gestos nos revelan la entrega de Jesús. En uno se muestra como el Señor que se hace siervo, en el otro se muestra como el maestro que entrega su vida en alimento y en bebida. Como canta el prefacio de hoy,  “su carne, inmolada por nosotros, es alimentos que nos fortalece; su sangre derramada por nosotros, es bebida que nos purifica”.
Así pues, la institución de la eucaristía, la misión del sacerdocio ministerial y el mandato supremo del amor mutuo, a ejemplo de Jesús, centran nuestra meditación en este día sagrado. Por esos tres dones damos gracias en la adoración eucarística de esta tarde-noche.

3. Con espíritu agradecido hacemos nuestra la oración colecta de la Iglesia, reunida este día ante el misterio de la eucaristía:
“Señor Dios nuestro, nos has convocado esta tarde para celebrar aquella misma memorable Cena en que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la Alianza eterna; te pedimos que la celebración de estos misterios nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen”.
                                                                                José-Román Flecha Andrés

martes, 11 de abril de 2017

REFLEXIONES PARA LA SEMANA SANTA - MIÉRCOLES


1. En la celebración eucarística de este día de miércoles santo, la primera lectura recoge el tercero de los poemas del siervo de Dios (Is 50, 4-9a). En él se evoca la fidelidad de aquel profeta misterioso. Fue llamado desde el seno materno a escuchar fielmente la palabra de Dios para que pudiera transmitir a los abatidos una palabra de aliento. Esa fidelidad a su vocación habría de llevarlo a sufrir insultos, afrentes y azotes.
Pero al fin y al cabo nadie podrá probar ninguna culpa en él  y Dios saldrá en su defensa, como afirma él mismo: “Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido, por eso ofrecí el rostro como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado”.
 Aquella figura del profeta perseguido centra hoy nuestra meditación sobre la misión de Jesús, Mensajero y mensaje de Dios, el justo injustamente ajusticiado, cuyo honor Dios ha reivindicado para siempre.

2. En el evangelio según san Mateo que hoy se proclama aparece de nuevo la figura de Judas (Mt 26, 14-25). Por una parte, se nos cuenta del pacto que propuso a los sumos sacerdotes: “¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?” Ellos se ajustaron con él en treinta monedas.
El texto evangélico describe a continuación los preparativos para la cena de Pascua que Jesús había de celebrar con sus discípulos. Cuando está a la mesa con los Doce, Jesús anuncia que uno de ellos lo va a entregar. Uno y otro preguntan: “¿Soy yo acaso, Señor?
El relato retorna aquí a su comienzo, como la antífona que inicia y cierra un salmo.  Ante la pregunta de Judas, Jesús responde secamente: “Así es”.
Es como si el texto evangélico quisiera subrayar en este día que la Pascua de Jesús y su entrega han sido facilitadas por la conjura de los jefes religiosos del pueblo y por la traición de un discípulo.

3. Nosotros nos preparamos para la inminente celebración de la cena del Señor y la memoria de su muerte y su resurrección. Evidentemente no estamos ante una simple representación. Como dice el prefacio que estos días se canta en nuestra liturgia, “en los días santos que se acercan “celebramos el triunfo del Señor sobre el poder de nuestro enemigo y renovamos el misterio de nuestra redención”.
Con el espíritu de fe y de gratitud que requiere la celebración de estos misterios, hacemos nuestra la oración litúrgica de hoy:

¡Oh Dios!, que para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo muriera en la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén”.
                                                                                       José- Román Flecha Andrés

VIA CRUCIS - JESÚS NOS REVELA LA FIDELIDAD DE DIOS

JESÚS NOS REVELA LA FIDELIDAD DE DIOS

"¡Oh Señor mío, cómo sois Vos el amigo verdadero; y como poderoso, cuando queréis podéis, y nunca dejáis de querer si os quieren! ¡Alaben os todas las cosas, Señor del mundo! ¡Oh, quién diese voces por él, para decir cuán fiel sois a vuestros amigos! Todas las cosas faltan; Vos Señor de todas ellas, nunca faltáis. Poco es lo que dejáis padecer a quien os ama. ¡Oh Señor mío!, ¡qué delicada y pulida y sabrosamente los sabéis tratar! ¡Quién nunca se hubiera detenido en amar a nadie sino a Vos!"

Santa Teresa de Jesús, Vida 25,17.
1ª Estación: Jesús es condenado a morir

     “Tú lo dices: Yo soy Rey. Para esto he nacido yo y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” (Jn 18, 37). Así responde Jesús cuando Pilato le pregunta si es Rey. Se refleja en estas palabras una doble fidelidad: la de Jesús a su propia vocación y a la misión de ser testigo de la verdad . Y la fidelidad de los discípulos, llamados a escuchar su voz y a vivir de su verdad.
     – Jesús Maestro, enséñanos a escuchar y respetar tu Palabra de vida y de salvación.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a aceptar y anunciar en nuestro ambiente la Palabra de Dios.
     – Jesús Señor, por medio de tu Palabra danos la vida eterna y el sentido para la vida temporal.


2ª Estación: Jesús carga con la cruz

     Jesús había dicho a las gentes y a sus discípulos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame”. Así lo recoge el evangelio de Marcos (Mc 8, 34). Evidentemente, no todos los discípulos fueron fieles a esa invitación de Jesús. El mismo evangelio de Marcos cuenta que, en el momento del prendimiento de Jesús, “abandonándole, huyeron todos”. Se ve que no estaban dispuestos a cargar la cruz como Jesús.

     – Jesús Maestro, enséñanos a aceptar sin condiciones la grandeza de lo humano.
     – Jesús Hermano, sostén a todos los hombres y mu­jeres que encuentran demasiado pesada su cruz.
     – Jesús Señor, ilumina con el resplandor de tu propia cruz el aparente sinsentido de nuestras cruces.


3ª Estación: Jesús cae por primera vez

     El relato de las tentaciones de Jesús en el desierto puede ser considerado como el elogio de su fidelidad. El tentador comenzó  sugiriéndole que convirtiera las piedras en panes (Mt 4,3-4). En realidad se trataba de utilizar su pretendido poder divino para evitarse el esfuerzo de ser humano con todas las consecuencias. Jesús rechazó esa prueba y mostró su fidelidad a la palabra de Dios. Con ello nos advierte ante el riesgo de caer en esa tentación de la pereza y de la magia.  
     – Jesús Maestro, enséñanos a vivir de la Palabra de Dios, de su luz y de sus exigencias. .
     – Jesús Hermano, compadécete de nuestra fragilidad y no nos dejes caer en la tentación.
     – Jesús Señor, perdona tú con tu misericordia nuestras frecuentes caídas.


4ª Estación: Jesús encuentra a su madre

     En la Anunciación, María escuchó con atención la palabra del ángel y aceptó con sinceridad su mensaje. «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Esa aceptación la comprometería de por vida.  De esa palabra hecha carne había vivido siempre. Aunque los discípulos han abandonado a su Maestro, María no puede abandonar al que es la Palabra de Dios.   María refleja la fidelidad del buen discípulo del Señor.

     – Jesús Maestro, enséñanos a aceptar plenamente la Palabra de Dios.
     – Jesús Hermano, danos la fuerza necesaria para salir siempre a tu encuentro.
     – Jesús Señor, regala tú un poco de ternura a todos los que sufren y se sienten abandonados.


5ª Estación: Jesús es ayudado por Simón de Cirene

     Jesús nos prometió que estará cono nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28,20). En los momentos más difíciles de nuestra existencia, Él es fiel a sus promesas y permanece junto a nosotros. Hemos de preguntarnos con sinceridad si nosotros estamos dispuestos a estar con él. Fidelidad con fidelidad se paga. Simón de Cirene representa el misterio de un hijo de hombre que ayuda al Hijo de Dios  (Mc 15, 21). Al ayudar a los hermanos, también nosotros somos fieles a nuestra misión.

     – Jesús Maestro, enséñanos a prestar una mano, personal e institucional, a todo el que nos necesita.
     – Jesús Hermano, acompaña tú a los que ya no pueden cargar con la cruz que les ha caído encima.
     – Jesús Señor, envíanos un hermano que nos alivie y acepta la ayuda que te ofrecemos al ayudar a los demás.


6ª Estación: Jesús deja su imagen en un lienzo

     Jesús es palabra e icono de Dios. La Palabra eterna de Dios hecha carne es también la imagen visible del Dios invisible (Col 1,15). En Jesús hemos conocido a Dios. Pero Él es también la imagen más perfecta del hombre. En Jesús hemos conocido lo que significa y exige ser persona. En sus hermanos, que son los nuestros, podemos descubrir su rostro cada día.

     – Jesús Maestro, enséñanos a descubrirte presente en nuestro prójimo.
     – Jesús Hermano, permítenos enjugar siempre tus lágrimas, con talante afectivo y con decisión efectiva.
     – Jesús Señor, reaviva, por medio de la fe y de los sacramentos, tu imagen en cada uno de nosotros.


7ª Estación: Jesús cae por segunda vez

     El tentador colocó a Jesús en el alero del templo para comprobar si de verdad era Dios (Mt 4, 5-7).. Le pidió que se arrojase al vacío, puesto que los ángeles lo recogerían en sus manos  como afirmaba el salmo (Sal 91, 11-12). Por segunda vez Jesús nos mostró su fidelidad a la misión. No pretendía utilizar a Dios para ganarse honores y prestigio humano. Esa es con frecuencia la tentación que a nosotros nos hace caer.

     – Jesús Maestro, enséñanos a no someter a Dios a la prueba de nuestros intereses.
     – Jesús Hermano, compadécete de esa vanidad e hipocresía que nos coloca en el alero de todos los proyectos.
     – Jesús Señor, perdona ese pecado de presunción que nos hace imaginar un Dios sometido a nuestros caprichos.


8ª Estación: Jesús consuela a las mujeres

     En el momento del arresto de Jesús en Get­se­maní, los discípulos abandonaron a su Maestro y huyeron (Mc 14,50). Algunas mujeres lo siguieron hasta la muerte. Ellas representan la imagen de un discipulado coherente. Ahora son también las mujeres las que lamentan la condena de Jesús. La encarnación del Verbo de Dios nos exige superar toda discriminación. Ante Dios no hay hombre ni mujer. Unos y otras han de aceptar la palabra de Dios, que consuela y reprende.

     – Jesús Maestro, enséñanos a convivir con los demás y a respetar su dignidad particular.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a superar nuestros temores ante la voz de la opinión pública.
     – Jesús Señor, danos un corazón compasivo y fiel, generoso y coherente.


9ª Estación: Jesús cae por tercera vez

     En la tercera tentación, el diablo ofrece a Jesús todos los bienes y poderes de la tierra a condición de que se postre ante él y lo adore.  (Mt 4, 8-10). El tentador descarta ya la divinidad de Jesús y está convencido de su humanidad. Ahora es él quien pretende ocupar el puesto de Dios. Pero de nuevo Jesús nos da pruebas de su fidelidad a la majestad de Dios y a la verdadera dignidad del hombre. Una dignidad que perdemos cuando adoramos a las cosas en lugar de adorar a Dios. Esa es nuestra tercera caída.

     – Jesús Maestro, enséñanos a adorar y venerar tan sólo al Dios vivo que Tú nos has revelado.­
     – Jesús Hermano, compadécete de esa ingenua ambición que nos lleva a desear dominar al mundo entero.
     – Jesús Señor, perdona el pecado de nuestra escandalosa y ridícula idolatría.


10ª Estación:           Jesús es despojado de sus vestiduras

     Al principio del evangelio de Juan se dice que la Palabra «vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron» (Jn 1,11). Jesús nació en nuestra tierra, pero no fuimos fieles al deber sagrado de la hospitalidad. El que era rico se hizo pobre por nosotros. El era la Palabra de Dios, pero nosotros lo ignramos y lo redujimos al silencio. Nos vistió de la gloria celeste, pero nosotros lo desnudamos de las vestiduras terrenas. Nuestra infidelidad sólo es comparable a nuestra ingratitud.

     – Jesús Maestro, enséñanos a aceptarte como eres, sin escandalizarnos de ti.
     – Jesús Hermano, déjanos agradecerte alguna vez el regalo de tu vida, de tu palabra y de tu entrega.
     – Jesús Señor, escucha Tú el lamento de todos los que son despojados de sus bienes y de su dignidad.


11ª Estación:           Jesús es clavado en la cruz

     La noche en que Nicodemo fue a hablar con Jesús, aprendió al menos que el Maestro sería algún dia elevado sobre una cruz y que atraeria hacia sí las miradas de todos (Jn 3,14-15). Y así sucedió en realidad (Jn 19,37). Volver los ojos hacia el crucificado habría de ser para siempre una señal de la fidelidad de los cristianos a su Señor. No podemos ignorar la entrega de nuestro Salvador. Ni podemos permitir que sus hermanos sean hoy crucificados en tantos lugares del mundo.

     – Jesús Maestro, enséñanos a tomar la cruz y seguirte hasta el fin.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a verte en todos los asesinados de este mundo.
     – Jesús Señor, no permitas que sigamos clavando al hombre en las cruces de nuestra injusticia.


12ª Estación:           Jesús muere en la cruz

     Jesús habia anunciado a sus discípulos que los ancianos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley le harían sufrir muchos, que lo matarían, pero que al tercer dia resucitaría. Pedro no estaba dispuesto a aceptar aquel fracaso (Mt 16, 13-23). Pero Jesús fue fiel a aquel propósito, mientras sus discípulos olvidaban sus promesas de fidelidad. El Maestro fue fiel a la voluntad de Dios. Y fue fiel a sus hermanos, por los que se entregaba a la muerte temporal para libralos de la muerte eterna. Pero tal fidelidad revelaba, al mismo tiempo, la fidelidad de Dios y habia de suscitar la nuestra.

     –   Jesús Maestro, enséñanos la gozosa dignidad de la vida humana.
     – Jesús Hermano, no permitas que los cristianos, por ti redimidos, olvidemos tu entrega.
     – Jesús Señor, honor y gloria ti por los siglos, Rey y Salvador nuestro.


13ª Estación:           Jesús es recogido por su madre

     En las letanias invocamos a María, llamandola “Virgen fiel”. Simeón le había anunciado que una espada atravesaría su corazón. Sin embargo no se alejó de su Hijo en el momento culminante de su entrega. Su fidelidad al Salvador es una lección y un desafío para toda la Iglesia y para todos sus hijos.  Ella, que acogió a Jesús en su regazo, nos enseña hoy a acogerlo en los pobres y humillados de la tierra.  

     – Jesús Maestro, enséñanos a valorar tu vida y toda vida humana.
     – Jesús Hermano, te agradecemos el don precioso de tu Madre, que es Madre de la Iglesia.
     – Jesús Señor, danos tu fuerza y tu gracia para anunciar con decisión el Reino de Dios.


14ª Estación:           Jesús es colocado en un sepulcro

     La sepultura de Jesús es recordada en los evangelio como la prueba de su muerte. Jesús asumió plenamente la naturaleza humana. Vivió como uno de nosotros y murió como todos nosotros. Pero su muerte fue una sementera de vida y de esperanza. Jesús se había comparado con el grano de trigo que es sembrado en la tierra. La fidelidad a su mision es la prenda de su fecundidad y del fruto nuevo que esperamos (Jn 12,24). Su cruz es el camino para la luz y para la vida. Jesús nunca deja de querer a quien le quiere. La muerte no puede retenerlo para siempre. Y la muerte no será nuestro destino final. 

     – Jesús Maestro, enséñanos a esperar activamente el Reino de Dios.
     – Jesús Hermano, que todos los que te buscan puedan encontrarte, como los discípulos de Emaús.
     – Jesús Señor, Palabra eterna de Dios, que has muerto y vives para siempre, ¡gloria sea a ti por los siglos!
                                                                            José-Román Flecha Andrés