lunes, 17 de septiembre de 2018

DOMINGO 25º TIEMPO ORDINARIO B 2018

REFLEXIÓN- DOMINGO 25º DEL TIEMPO ORDINARIO. B. 23 de septiembre de 2018

EL RECHAZO AL JUSTO
“Acechemos al justo, que nos resulta incómodo”. Así se confabulan los impíos para denunciar a quien, con su sola presencia, les echa en cara su impiedad.  Esa actitud recogida por el libro de la Sabiduría (Sap 2,17-20), se ha repetido en el martirio del sacerdote Pino Puglisi, al que ha recordado recientemente el papa Francisco en la ciudad de Palermo.  
Quien trata de vivir con honradez y coherencia, recibe acusaciones, calumnias y marginación, por parte de la mafia o de sus propios compañeros. El texto bíblico menciona tres acusaciones que se lanzan contra quien vive con rectitud: “Se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada”.
El salmo responsorial recoge la oración del perseguido: “Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder … porque unos insolentes se alzan contra mí” (Sal 53).
En la misma línea se colocan las advertencias que se nos transmiten en la carta de Santiago. Frente a las envidias y rivalidades del entorno, “los que procuran la paz, están sembrando la paz y su fruto es la justicia” (Sant 3,18). 
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LA MUERTE Y EL PRESTIGIO

Las acusaciones contra el justo, que recoge el libro de la Sabiduría encuentran un eco en las palabras con las que Jesús anuncia su propia muerte a los discípulos: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán, y después de muerto, a los tres días resucitará” (Mc 9, 31). El relato parece jugar con las contraposiciones:
• Jesús es muy consciente de que habrá de afrontar la muerte en Jerusalén y que después resucitará. Sin embargo, los discípulos que le siguen por los caminos no entienden de qué les está hablando. Es más, les da miedo pedirle una explicación.
• En realidad, el evangelio sugiere que los discípulos no han llegado a aprender la principal lección de su Maestro. Jesús habla de su próxima muerte, mientras que ellos se entretienen en discutir quién de ellos es el más importante.
• El que es la Palabra, también a nosotros nos pregunta qué es lo que nos preocupa mientras vamos “de camino”. Lamentablemente, a su palabra solo podemos responder con un silencio avergonzado, porque solo nos importa nuestro prestigio personal.

EL SIGNO DE LA ACOGIDA

El evangelio anota que Jesús se sentó, como hizo al iniciar el Sermón de la Montaña. También ahora quiere enseñar una lección importante: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”. Evidentemente la actitud de “acoger” reflejaba su espíritu y dejaba en evidencia la altivez de sus discípulos: los de antes y los de ahora. 
• Acoger a un niño era y es el signo más claro de la gratuidad. El niño todavía no realiza un trabajo ni recibe un salario. No es “productivo”, pero tiene toda la dignidad de la persona. Acoger a un niño significa reconocer la importancia del débil. Es decir del “in-útil”
• Acoger a Jesús era y es el signo más elocuente de la hospitalidad. El que no tenía donde reclinar la cabeza sigue hoy llamando a nuestra puerta. Nosotros decimos que mañana le abriremos… “para lo mismo responder mañana”, como escribió Lope de Vega. 
• Acoger al que ha enviado a Jesús era y es el signo más evidente de nuestra fe en el Padre. Es reconocerlo como el enviado para nuestra salvación. Es aceptar su palabra y su estilo de vida.  Quien cree en el enviado cree también en quien lo envió. 
- Señor Jesús, tú eras y eres el Justo enviado por Dios. Con tu sola presencia eras y eres un signo que denuncia nuestras hipocresías, nuestras ansias de grandeza, nuestro desprecio de los pequeños y los humildes. Perdona nuestro orgullo. Y ayúdanos a descubrirte y acogerte en los más pequeños y despreciados por nuestra sociedad. Amén.
                                                                         José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 22 DE SEPTIEMBRE DE 2018

CARTA DEL PAPA AL PUEBLO DE DIOS

El lunes, 20 de agosto de este año 2018, el papa Francisco dirigió una impresionante carta al pueblo de Dios, evocando “el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y de conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas”.
Según el Papa, “el dolor de las víctimas y sus familias es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad”.  
• En primer lugar, nos llama a emprender un camino de conversión, a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu y a poner en marcha una ola de solidaridad hacia quienes necesitan ser rescatados de su dolor.  
• Es necesario y urgente superar esa ceguera cómoda y autosuficiente que nos lleva a pensar que todo es lícito: “el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad”. 
• Reconociendo las medidas que ya se están tomando  para dar seguridad y proteger la integridad de niños y de adultos en estado de vulnerabilidad, propugna el Papa una mayor cultura del cuidado en el presente y en el futuro.
• Según el espíritu evangélico, es preciso  “aprender a mirar donde el Señor mira, a estar donde el Señor quiere que estemos, a convertir el corazón ante su presencia. Para esto ayudará la oración y la penitencia”.
• El Papa nos invita a la oración y el ayuno: “La penitencia y la oración nos ayudarán a sensibilizar nuestros ojos y nuestro corazón ante el sufrimiento ajeno y a vencer el afán de dominio y posesión que muchas veces se vuelve raíz de estos males”. 
• Además hay que superar un viejo clericalismo. Recuperar “la conciencia de sentirnos parte de un pueblo y de una historia común hará posible que reconozcamos nuestros pecados y errores del pasado con una apertura penitencial capaz de dejarse renovar desde dentro”.
• Nos exhorta Francisco a pedir y cultivar “el don de la compasión, de la justicia, de la prevención y la reparación”. La visión de María al pie de la cruz nos enseñará a detenernos ante el sufrimiento del inocente, sin evasiones ni pusilanimidad.
• Finalmente,  hemos de pedir al  Espíritu Santo “la gracia de la conversión y la unción interior para poder expresar, ante estos crímenes de abuso, nuestra compunción y nuestra decisión de luchar con valentía”.
Los dramáticos sucesos que han tenido lugar posteriormente nos han llevado a recordar un paso de los Hechos de los Apóstoles, según el cual, mientras Pedro estaba en graves dificultades, “la Iglesia oraba insistentemente por él a Dios” (12,5). Este es el momento de mantenernos unidos en la fe, en la fidelidad a la enseñanza de Jesús y en la adhesión a su Vicario en la tierra.
                                                                      José-Román Flecha Andrés

domingo, 9 de septiembre de 2018

DOMINGO 24º TIEMPO ORDINARIO B 2018

DOMINGO 24º TIEMPO ORDINARIO CICLO B (Comentario sonoro)

REFLEXIÓN- DOMINGO 24 DEL TIEMPO ORDINARIO. B. 16 de septiembre de 2018

DEL SIERVO AL MESÍAS

  “Ofrecí la espalda a los que me apaleaban y la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos”. Es impresionante esa confesión del Siervo de Dios que resuena en el texto profético que hoy se proclama (Is 50,5-9). La misión que le ha sido confiada está expuesta a violencias de todo tipo.
Pero el elegido se mantiene firme en medio de la persecución. Bien sabe que su fuerza no viene de sí mismo: “El Señor me ayudaba, por eso no sentí los ultrajes”. La fe en la cercanía de Dios no nos exime de las burlas, pero nos da esa audacia que propone el papa Francisco en su exhortación “Gaudete et exsultate”. 
Recogiendo esta certeza, el salmo responsorial proclama: “El Señor guarda a los sencillos: estando yo sin fuerzas me salvó” (Sal 114). Nuestro aguante no nace de la fuerza de nuestra voluntad, sino de esa fe que genera y orienta nuestras buenas obras (Sant 2,14-18). 

LA TENTACIÓN

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús en la zona de Cesarea de Felipe, cerca de las fuentes del Jordán (Mc 8,27-35). Mientras va de camino, dirige a sus discípulos una pregunta sobre la idea que las gentes tienen de él. Pero no se detiene ahí y les interpela sobre su opinión personal. En realidad, les pregunta quién es él para ellos.
Pedro responde escuetamente: “Tú eres el Mesías”. Pero Jesús replica con una prohibición, una expliación y una reprension. 
• Jesús prohíbe a sus discípulos que difundan entre las gentes que él es el Mesías de Dios. El título tenía implicaciones políticas que el Maestro trataba de evitar.
• Además, Jesús les explica que su mesianismo incluye un panorama de padecimiento y condena por parte de las autoridades y un destino de muerte y de resurrección.
• Y, ante la resistencia de Pedro a admitir ese futuro, Jesús lo reprende por tratar de apartarlo del fiel cumplimiento de su misión.
Evidentemente, se puede caminar con Jesús conservando en el fondo la forma de pensar que dicta la opinión pública, no la que nos inspira la fe en Dios. Esa es la gran tentación.

LAS DECISIONES

En ese contexto, Jesús dirige a la gente y a sus discípulos de todos los tiempos una lección inolvidable:  “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Acompañar al Maestro por el camino comporta tres decisiones radicales:
• Negarse a sí mismo. Es preciso salir del individualismo que de hecho niega la autenticidad de la respuesta a la llamada del Maestro. El discípulo ha de estar dispuesto a renunciar a sus proyectos y a sus intereses personales.
• Cargar con la cruz. La cruz era un horrible instrumento de suplicio. Por tanto, cargar con ella equivalía a reconocerse como un delincuente merecedor de una condena. Y disponerse a compartir en el futuro el destino del Justo injustamente ajusticiado.
• Seguir al Señor. Seguirle no es imitar su forma de vestir. Seguir a Jesús significa reconocerlo como Maestro de doctrina y como modelo de vida. Y aceptar el estilo de su entrega, en la vida y en la muerte. Ese es el mesianismo que Pedro no estaba dispuesto a admitir.    
- Señor Jesús, en ti vemos reflejada la imagen profética del Siervo del Señor. Sabemos y creemos que tú eres el Mesías de Dios. En ti reconocemos al verdadero maestro de la verdad y al definitivo modelo de la vida. Tú sabes que, a pesar de nuestra pereza y nuestra desgana, deseamos seguirte por el camino y ser testigos de tu verdad. Amen.

                                                                   José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 15 de septiembre de 2018



VIRGEN DE LOS DOLORES

Tras la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, que tiene lugar el día 14 de septiembre, la Iglesia católica celebra el día 15 la memoria de la Virgen de los Dolores. En esa ocasión la Liturgia de las Horas ha incluido algunos hermosos poemas castellanos.
Ya el oficio de lectura, llamado de “Maitines”, comienza con un poema del sacerdote Alberto Lista, que puede ser considerado como el mejor poeta del siglo XIX: “Ve de la cruz pendiente, la Madre dolorida al Rey de eterna vida que muere por mi amor; y el vaticinio triste de Simeón cumplido, deja en su pecho herido la espada del dolor.
Estas octavillas evocan las antiguas Lamentaciones por la caída de Jerusalén, la presentación de Jesús niño en el templo de Jerusalén y su reconocimiento por parte de Siméon, y por fin, el momento de la muerte de Jesús. Además, el poeta exhorta al creyente a reconocer sus culpas y a contemplar el llanto de María, la Madre dolorida.
Para comenzar la oración de Laudes con la que se inicia la mañana, la Liturgia de las Horas recoge la antigua secuencia latina Stabat Mater dolorosa. Este poema que se remonta al siglo XIII ha inspirado a grandes compositores, desde Palestrina a A. Dvorak, pasando por Pergolesi, Boccherini y Haydn, hasta Schubert, Verdi y Rossini.
La edición española de esta oración litúrgica presenta la versión de Lope de Vega que refleja el sentido cristológico de esta meditación de la pasión de Jesús y la  devoción de los creyentes a la Madre de la soledad: 
“La Madre piadosa estaba junto a la cruz y lloraba, mientras el Hijo pendía; cuya alma, triste y llorosa, traspasada y dolorosa, fiero cuchillo tenía. ¡Oh cuán triste y cuán aflicta se vio la Madre bendita, de tantos tormentos llena, cuando triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena! Y ¿cuál hombre no llorara, si a la Madre contemplara de Cristo en tanto dolor? ¿Y quién no se entristeciera, Madre piadosa, si os viera sujeta a tanto rigor?”
En otro romance “a la despedida de Cristo, nuestro bien, de su Santísima Madre”, el mismo Lope de Vega termina con esta exhortación: “Contempla a Cristo y María, alma, en tantas soledades, que ella se queda sin hijo y que él sin madre se parte”.  
A la hora de la oración vespertina, la liturgia de este día de la Virgen de los Dolores, ha incluido un expresivo poema de Gómez Manrique que recoge el lamento de María:
“¡Ay, dolor, dolor, por mi Hijo y mi Señor! Yo soy aquella María del linaje de David: oíd, señores, oíd la gran desventura mía ¡Ay dolor! A mí dijo Gabriel que el Señor era conmigo, y dejóme sin abrigo, amarga más que la hiel. Díjome que era bendita entre todas las nacidas, y soy de las afligidas la más triste y más aflicta. ¡Ay dolor!”
En estos versos, la soledad de María es reflejo de la soledad que todo creyente siente alguna vez.
                                                                 José-Román Flecha Andrés

martes, 4 de septiembre de 2018

REFLEXIÓN - DOMINGO 23 DEL TIEMPO ORDINARIO. B. 9 de septiembre de 2018


SORDO Y MUDO

“Decid a los cobardes de corazón: Sed fuertes, no temáis…Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará”. Con estas palaras que hoy se leen en la misa, el profeta Isaías anuncia un futuro en que las capacidades humanas serán potencidas por Dios (Is 35,4-7).
Llega para el pueblo la hora en que será liberado de la esclavitud que había padecido en Babilonia. Además, la recuperación de los sentidos vendrá acompañada por un sorprendente cambio en el paisaje. En el desierto brotarán manantiales de agua y el páramo se convertirá en un estanque. Todo demuestra que Dios es el Señor del hombre y de su mundo.
Claro que para que la liberación traiga la armonía hay que escuchar la palabra de Dios y no hacer discriminación de personas. Ese es el mensaje de la carta de Santiago que se proclama en la segunda lectura (Sant 2,1-5).

LOS GESTOS Y LA PALABRA


El evangelio se hace eco de las promesas de Isaías. En tierra de paganos, a Jesús le presentan un sordo que apenas puede hablar. Son otros los que lo llevan hasta el Señor y suplican que le imponga las manos.  Como se ve, el enfermo depende de los demás. Un aviso para nuestra autosuficiencia. Necesitamos que alguien nos acerque al Salvador
El texto anota que Jesús aparta de la gente al sordomudo. Es cierto que la persona necesita la ayuda de los demás para llegar hasta el Maestro, pero sólo de él puede venir la salvación.  Jesús, que es la Palabra de Dios, es el único que puede capacitarnos para oír su mensaje y para poder transmitirlo a los demás. 
Es interesante ver que los que acompañan al enfermo piden a Jesús que le imponga las manos. Ese gesto se convertiría en tradicional entre los creyentes. Pero no puede reducirse a  un gesto mágico. Con él reconocemos la gratuidad de la bendición y los dones del Señor.
Jesús metió sus dedos en los oídos del sordo y con la saliva le tocó la lengua. Esos eran precisamente los gestos que podían llevar a aquel enfermo a comprender el don que Jesús le concedía. Sin embargo, los gestos fueron acompañados por una palabra, que la comunidad quiso conservar en la lengua original: “Effetá”, esto es “ábrete”.

ESCUCHAR Y PREGONAR

El relato evangélico recoge el comentario de las gentes que conocieron aquella curación: “Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.  Nos alegra comprobar que Jesús suscitaba la admiración de las gentes.
• Jesús hace oír a los sordos. A los de antes y a los de ahora. No quieren oír la voz del Maestro quienes no están dispuestos a ajustar su conducta a sus propuestas. Pero aun entre los discípulos del Señor, parece difícil escuchar la palabra de Dios y vivir de acuerdo con su mensaje de vida y de limpieza. Es preciso rogarle que nos libre de nuestra sordera.    
• Jesús hace hablar a los mudos. Se dice que el mal de este mundo surge por la maldad de los corrompidos y por el silencio de los que se creen buenos y honrados. Es urgente pedirle al Señor que nos dé la osadía que nos aconseja el papa Francisco en su exhortación “Gaudete et exsultate”. El evangelizado está llamado a ser evangelizador.
- Señor Jesús, en esta sociedad que te rechaza a ti y rechaza tu palabra, nos resulta difícil escuchar tu voz entre el bullicio y la publicidad. Abre tú nuestro oído para que aceptemos tu mensaje. Y suelta nuestra lengua para que podamos pregonar el “gozo del evangelio”. Amén.
                                                                  José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 8 de septiembre de 2018


                                                                  
 CUANDO NACE EL ALBA

¿Quién es esta que despunta como el alba, hermosa como la luna, refulgente como el sol, imponente como un batallón?” Estos versos tomados del Cantar de los Cantares (6,9) sirvieron a San Juan de Ávila como base para un sermón predicado en la fiesta de la Natividad de la Virgen, que se celebra el día 8 de septiembre.
Para no alargarse demasiado, el Santo se fijaba en tres condiciones del alba, que constituyen otras tantas imágenes aplicables  a nuestra Señora.
• En primer lugar, la alborada anuncia el día y se anticipa al amanecer, es decir a la aparición del sol sobre el horizonte. También María “fue mensajera de aquel luciente sol que fue el nacimiento del sol de justicia, Jesucristo nuestro Redentor”.
En realidad, María “no solamente fue mensajera, mas aun madre por parecer en todo al alba, que se dice ser madre del sol”. De hecho, todo el tiempo que Jesús anduvo por el mundo puede compararse con el día, en que el sol anda sobre la tierra.
• En segundo lugar, el Santo compara el nacimiento de María con el alba, que es la “madre del rocío”. Observa él que el rocío cae sobre los campos, humedece la tierra y mitiga el calor, conservando las hierbas en su frescor.
Pues bien, dirigiéndose a María, añade el Santo: “Así en vos,  Señora, llovió y cayó aquel bienaventurado rocío, el cual con gracia humedece nuestras sequedades, hace fructificar nuestras ánimas”.
• En tercer lugar, san Juan de Ávila subraya la tercera condición del alba, que es ser enemiga de las tinieblas. Inmediatamente después añade que estas tinieblas son la imagen de los pecados.
Con palabras recias, afirma el Santo que María es enemiga del pecado, por más que sus pretendidos devotos sean aficionados a rezos, romerías o candelas en su honor. Para agradar a María hay que desprenderse de la arrogancia, de la soberbia, de los vicios y en concreto del mal uso de la lengua. 
El sermón de san Juan de Ávila está cuajado de citas y referencias bíblicas. Es cierto que es una ardiente exhortación a los fieles para que abandonen su vida de  pecado. Pero incluye una jugosa y bien fundamentada enseñanza sobre la fe cristiana.
La fiesta de la Natividad de María es evocada por el pueblo cristiano con los múltiples títulos bajo los cuales venera a la Madre de Jesús. Con todos ellos se compagina la oración que san Juan de Ávila incluye en su sermón:
“¡Oh bendita Madre de Dios! ¡Cuán bien empleado es cualquier trabajo por vos y por veros a la diestra de vuestro Hijo! ¿Qué trabajo, Señora, no tomaremos? Pienso de verdad que una gran parte de la gloria de los bienaventurados es ver a la serenísima Madre de Dios en el cielo ¿Qué haremos, Señora, para veros? ¿En qué os serviremos?”.
Esos interrogantes nos interpelan también a nosotros. Nuestra devoción a la Madre de Dios no puede quedar en palabras vacías.
                                                             José-Román Flecha Andrés

jueves, 30 de agosto de 2018

REFLEXION. DOMINGO 22 TIEMPO ORDINARIO .B 2 de septiembre de 2018


  • UN CORAZÓN LIMPIO
“Estos mandatos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia” (Deut 4,6). En la primera lectura de hoy,se nos dice que los mandamientos son la clave de la racionalidad y del buen sentido. Señalan el camino de la verdad y del bien que nos lleva a la felicidad.
Hoy se repite todos los días que “todo vale”. 
Claro que ya no pensamos lo mismo, si somos nosotros la víctima de un atropello o de una injusticia. No todo vale. Tiene que haber un criterio que ayude a marcar los límites entre el bien y el mal, entre lo justo y lo injusto.
Ahora bien, ese criterio no puede depender del capricho o de los intereses, de una persona. Si así fuera, no se podría denunciar al ladrón o al que finge tener un título universitario. El criterio tampoco puede ser la voz de las mayorías. Los que han renovado la sociedad siempre fueron minorías. 
Las mayorías buscan la comodidad y la satisfacción.
Recordar los mandamientos es una señal de prudencia. En ellos se contienen los valores humanos
fundamentales. Además, los mandamientos son un signo del amor de Dios que ha liberado a su pueblo de la esclavitud, como acaba de explicar el papa Francisco.

MANÍAS E INTERESES

Todos los días del año nos empeñamos en marcar por nuestra cuenta los límites del bien y del mal. Jesús lo dice en el evangelio que hoy se proclama: “Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres” (Mc 7,8).
La lectura del texto evangélico se refiere directamente a los lavatorios de los judíos. Pero podemos pensar en muchas situaciones actuales De hecho, en muchas ocasiones ponemos nuestras propias normas y manías, nuestras costumbres y tradiciones por encima de los mandamientos del Señor.
Todos podemos recordar algunas costumbres de nuestra familia, las tradiciones de nuestro pueblo, unos refranes que parecen sabios y son inmorales, esas decisiones de la comunidad de vecinos y aquellos estatutos de una hermandad. Nuestros intereses nos llevan a olvidar el bien y la justicia. Olvidamos el doble mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

APARIENCIA Y VERDAD

El evangelio recuerda hoy otra frase de Jesús que se refiere todavía a los lavatorios. Pero también ella
puede ser aplicada a todos los ámbitos de la vida actual.
• “Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro”. No somos perfectos: eso es claro. Pero nos cuesta aceptar nuestra responsabilidad. Así que nos limitamos a descargarla sobre “lo de fuera”. La crisis, el gobierno, nuestra familia, la educación que nos dieron en el colegio, la jerarquía de la Iglesia. Pensamos que son los demás los que tienen la culpa de nuestra desgracia. Pero esa mentalidad es signo de que seguimos siendo adolescentes.
• “Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre”. Jesús nos invita a enfrentarnos con nuestra propia verdad. “Lo de dentro” es lo que nos mancha y oscurece. Es preciso revisar el fondo más tenebroso de nuestra conciencia. Y examinar la raíz de nuestros malos deseos, de nuestros prejuicios, de nuestras hipocresías. No podemos justificarnos por nuestra apariencia o por nuestras acusaciones a los demás. 
- Señor Jesús, tú eres el profeta que nos recuerda la bondad y la santidad de los mandamientos de Dios. Tú nos invitas cada día a vivir en la coherencia y en la verdad.
Purifica tú nuestra conciencia, libranos de nuestro egoísmo y nuestro deseo de aparentar unas virtudes que no tenemos, y crea en nosotros un corazón puro. Amén.
                                                
                                          José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 31de agosto de 2018

LA CARRERA DE LOS JÓVENES CRISTIANOS

El sábado 11 de agosto, 70.000 jóvenes italianos se reunieron con el papa Francisco en el terreno del antiguo Circo Máximo de Roma.
La peregrinación “Por mil caminos hacia Roma”, se sitúa en las vísperas del Sínodo de los Obispos que se celebrará en el Vaticano del 3 al 28 de octubre, sobre el tema Jóvenes, fe y discernimiento vocacional. El Papa dirigió a los jóvenes una reflexión sobre la mañana de la resurrección del Señor. Al amanecer, María Magdalena descubrió que la tumba de Jesús estaba vacía y corrió para avisar a los discípulos, que también acudieron corriendo al
sepulcro.
“Desde aquel amanecer del primer día después del sábado, la esperanza de vida todavía puede ser reavivada en cada lugar donde la vida está oprimida, en cada espacio en el que domina la violencia, la guerra, la miseria, donde el hombre es humillado y pisoteado”.
El Papa exhortó a los jóvenes a arriesgarse y “dar un salto audaz y valiente,para soñar y lograr, como Jesús, el Reino de Dios, y comprometerse con una
humanidad más fraterna. Necesitamos la fraternidad: ¡corred el riesgo, seguid adelante!”
Atraídos por el rostro del Señor que adoramos en la Eucaristía y
reconocemos en el hermano que sufre, los jóvenes pueden correr más que los queen la Iglesia son un poco lentos y temerosos.
En lugar de los temores que paralizan a muchos, la Iglesia necesita el impulso, las intuiciones y la fe de los jóvenes. El Papa les ha pedido dos cosas. Que corran, sí, pero que “tengan paciencia para esperar a los demás, como Juan esperó a Pedro ante la tumba vacía”. Es decir, que aprendan a caminar juntos.
“Con el pueblo de Dios te sientes seguro, en tu pertenencia al pueblo de Dios tienes identidad. Un proverbio africano dice: “Si quieres ir rápido, corre solo. Si quieres llegar lejos, ve con alguien”.
Tras recordar los signos de Jesús que recoge el evangelio de Juan, dijo el Papa que esos signos no revelan tanto la perfección divina como la fragilidad humana que se encuentra con la Gracia que levanta. Hay una humanidad herida que se sana gracias al encuentro con Él.
Y en un párrafo estupendo añadió: “Jesucristo, queridos jóvenes, no es un héroe inmune a la muerte, sino que la transforma con el don de su vida… El sepulcro vacío de Cristo se convierte en el último signo en el que brilla la victoria definitiva de la Vida. ¡Entonces no tenemos miedo!... Jesús ha vencido a la muerte dando su vida por nosotros. Y nos envía a anunciar a nuestros hermanos que Él es
el Resucitado, Él es el Señor, y nos da su Espíritu para sembrar con Él el Reino de Dios”.
El secreto está en sentir la ternura de Jesús, que nos ama. Con este amor es posible superar la ansiedad y el miedo, para emprender la carrera hacia Jesús y los hermanos, con un corazón lleno de amor, de fe y de alegría.
                                     José-Román Flecha Andrés

lunes, 20 de agosto de 2018

DOMINGO 21º TIEMPO ORDINARIO B 2018

DOMINGO XXI CICLO B TIEMPO ORDINARIO 2018

REFLEXIÓN- DOMINGO 21º TIEMPO ORDINARIO. B. 2018 26 de agosto de 2012


PALABRAS DE VIDA ETERNA
A propósito de la multiplicacion y reparto de los panes y los peces, por parte de Jesus, la Liturgia nos ha presentado a tres grandes personajes del pueblo de Israel que han servido como mediadores de Dios para alimentar a las gentes: Eliseo, Moisés y Elías. Además, nos personifica a la Sabiduría como ejemplo de la providencia de Dios. 
Finalmente, en este domingo se cierra el ciclo con la mención de Josué (Jos 24), el elegido por Dios para suceder a Moisés e introducir a su pueblo en la tierra prometida. Sin embargo, en este día Josué no es el explorador que informa a su gente sobre la tierra de sus esperanzas. No es el guerrero que lucha contra los madianitas ni el guía que, al cruzar el Jordán, repite la epopeya del cruce del Mar Rojo.
Hoy Josué eso un predicador que interpela a su pueblo para que haga púbica su opción de vida. ¿Adorar a los dioses de los cananeos o adorar al Dios que lo ha sacado de la esclavitud? Esa es la alternativa. Josué confiesa que él y su familia ya han optado por servir al Señor. Y el pueblo promete: “También nosotros serviemos al Señor: ¡es nuestro Dios”.
Con razón el salmo responsorial nos dirige una  gozosa invitación: “Gustad y ved que bueno es el Señor” (Sal 33).

EL VIENTO DE DIOS

Ese relato del libro de Josué es más actual de lo que imaginamos. Tambien hoy muchos creyentes dudan de su fe, es decir, del Dios que les ha entregado el don de la fe. Y dudan del Mesías al que han prometido seguir. Se parecen a aquellos discípulos de Jesús, que juzgaron inaceptable su discurso sobre el pan de la vida (Jn 6, 60-69).
En el evangelio que hoy se proclama, Jesús afronta esa tentación de sus seguidores. No son los jefes de los judíos los que lo critican. Son sus propios “discípulos” los que se escandalizan de sus palabras y “vacilan”. Al dirigirse a ellos, también nos interpela a nosotros, estableciendo una distinción entre la carne y el Espíritu.
• En el evangelio, la carne no es el compuesto orgánico que hay que alimentar cada día. La carne es una  actitud vital. Es la disposición a juzgar las cosas según nuestros intereses. La carne refleja nuestros cálculos y nuestra mezquindad. De ella dice Jesús que “no sirve de nada”. Y si es. La carne no puede captar la verdad de la entrega del Señor.
• El Espíritu no es un fantasma. Es el viento de Dios, que creó el mundo y dio vida al ser humano. Es el aliento divino que habló por los profetas. Es la presencia misma de Dios que nos guía por los caminos de la verdad y del amor. Según Jesús, el Espíritu “es quien da vida” y nos hace comprender que sus palabras “son espíritu y son vida”.

EL SANTO DE DIOS

El evangelio de Juan anota que muchos discípulos abandonaron a Jesús. Y que él se dirigió a los Doce preguntando: “¿También vosotros queréis marcharos?”. Jesús  interpela a los suyos como Josué había interpelado a los hebreos. En ambos casos se plantea la opción fundamental. Ahora es Pedro quien responde con una doble confesión:
• “Señor ¿A quien vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. En medio del bullicio, de la confusión y  del griterío de los hombres, se hace oír el que es la Palabra misma de Dios. Entre tantas palabras efímeras y enfermizas,  las palabras de Jesús brotan de la vida sin principio y llevan a la vida sin final.
• “Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios”. En el mundo de hoy se establece con frecuencia un abismo entre el saber y el creer, entre la ciencia y la fe. Pero los verdaderos creyentes saben y confiesen que Jesús es el Mesías. Solo el enviado de Dios  puede hacer posible la realización integral del hombre y de lo humano.
 - Señor Jesús, A pesar de nuestras dudas, nosotros te reconocemos como el Mensajero último y definitivo de Dios. De ti recibimos el mensaje último y definitivo sobre Dios y sobre el hombre. Sabemos que optar por ti y escuchar tu palabra significa acertar con el sentido de la existencia. Por que tú eres el Santo y el Salvador. Bendito seas por siempre. Amén.
                                                        José-Román Flecha Andrés

REFLEXIÓN- SAN BARTOLOMÉ APOSTOL 24 de agosto

NATANAEL O BARTOLOMÉ

El nombre de Natanael significa “don de Dios”. Quien se lo impuso no sabía hasta qué punto iba a hacer honor a aquel nombre. Ni podía imaginar para quién aquella vida habría de ser un don.
Ya en la historia de Israel se recordaba a otro personaje que había llevado ese nombre. Era uno de los antepasados de Judit, según el texto griego (Jud 8,1). Pero el Natanael del evangelio es uno de los primeros seguidores de Jesús. De él habla el evangelio de Juan (Jn 1,45-51).
Este discípulo parece confundirse con el Bartolomé que aparece en las listas de los Doce proporcionadas por los evangelios sinópticos (Mt 10,3; Lc 6,14)  y también por el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hech 1,13).
Se puede conjeturar que Natanael y Bartolomé serían el mismo personaje. El primer nombre designaría su nombre propio. Y el otro sería en realidad su patronímico: el arameo Bar Tolmay, que significa Hijo de Tolmay.

1. LOS DIAS DE LA HIGUERA

No sabemos mucho de él. Tan sólo que era originario de Galilea. La tradición se complace en recordarlo por su lugar de origen: “Natanael, el de Caná de Galilea” (Jn 21,2). La situación de su aldea le facilitaba el traslado hasta el lago de Genesaret y el encuentro habitual con los pescadores de Cafarnaum y de Betsaida.
De hecho, Natanael es introducido a Jesús por Felipe, el de Betsaida.  Junto a él lo mencionan siempre los sinópticos. Su amistad de siempre se convirtió en una asociación impensada y definitiva.
 Jesús había llamado a Felipe y Felipe llama a Natanael. Su vocación nace de otra vocación. Su seguimiento es fruto de la fascinación de otro. Las palabras que Felipe le había dirigido serían recordadas en el futuro como la fórmula que anuncia la llegada de los tiempos del Mesías: “Hemos encontrado a aquel de quien escribieron Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús, el hijo de José, el de Nazaret”.
La oferta estaba hecha. Pero la aceptación no fue fácil. Natanael tenía sus prejuicios. Unos eran propios de su aldea y otros los podía encontrar en las gentes de su tierra. Tal vez por eso respondió displicente: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”. Ya se sabe, las aldeas cercanas siempre se muestran reticentes a reconocer los valores de sus vecinos, a los que consideran como adversarios.
Y, además,  eran muchos por entonces los que comentaban en corrillos: “¿Acaso va a venir de Galilea el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la descendencia de David y del pueblo de Belén?” (Jn 7, 41-42). Tal era el sentir de las gentes. Pero esa era también la convicción de los guías del pueblo. Ante la admiración que Jesús suscitó en Nicodemo, los fariseos interpelaron a su colega diciendo: “¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta” (Jn 7,52).
 Se puede decir que Natanael, vivía su vida, “sentado debajo de su higuera”, como se decía en su pueblo, y no deseaba ser inquietado (Mi 4,4). Pero se acercó Felipe y lo sacó para siempre de su tranquilidad y de sus prejuicios con las únicas palabras que pueden mover a los escépticos: “Ven y lo verás”.

2. EL DÍA DEL ENCUENTRO

Decidió acercarse a Jesús para “ver”. Pero no fue Natanael el primero en ver. Fue Jesús quien vio acercarse a Natanael. Y, antes de que mediara palabra alguna, el Maestro exclamó: “Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño”.
El texto parece complacerse en subrayar este conocimiento de Jesús, que sobrepasa la experiencia habitual. Un conocimiento asombroso, especialmente para el mismo Natanael, que no puede menos de preguntar: “¿De qué me conoces?”.
Pero más llamativa que aquel elogio inesperado es la sucesiva observación de  Jesús: “Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi”. La curiosidad nos lleva a preguntarnos qué hacía el hombre de Caná debajo de la higuera. En el marco de aquel encuentro personal entendemos que tal vez Natanael meditaba sobre su propio destino en el futuro inmediato de su pueblo. A la luz de la fe, esa frase nos dice que el Maestro conocía ya de siempre al hombre que vivía bajo la gran higuera que representaba a Israel (Jl 1,7; Nah 2,3).
De todas formas, esas fueron las palabras que abrieron su corazón. Lo que ahora nos sorprende es la respuesta de Natanael. Una respuesta imprevista y turbadora como las tormentas del lago: “Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel”. He ahí tres grandes títulos. El primero refleja la admiración del galileo ante un maestro de la Ley. Los otros dos títulos mesiánicos son tal vez equivalentes.
La tradición cristiana recordará con gusto esta primera confesión de un discípulo que se acercaba a Jesús con sus prejuicios a cuestas. Desde su primer contacto confiesa a Jesús como “Hijo de Dios” y  “Rey de Israel”. Anticipa las pretensiones que las gentes manifestarán tras la   distribución de los panes y de los peces (Jn 6,15), así como el grito exultante de aquella multitud que lo introducirá en la ciudad de Jerusalén (Jn 12,13).
Pero un trueno llama al trueno siguiente. A la confesión de Natanael sigue una gran revelación de Jesús: “¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores”. Y le añadió: “Yo os aseguro: “Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre” (Jn 1, 45-51). También Jesús se daba a sí mismo un título. Frente a los tres que le había reconocido Natanael, grandes y ampulosos, aunque verdaderos, Jesús se presenta con un título humilde: el hijo del hombre (cf. Mc 8,20). Un título que evoca el verdadero carácter humano y divino de su mesianismo (cf. Mt 26,64).
Pero aquella referencia era fácilmente comprensible. ¿Quién lo hubiera dicho? Natanael es presentado como un nuevo Jacob. Allá en Betel, el antiguo patriarca que huía de su tierra había soñado una escala que unía el cielo con el suelo (Gén 28,10-17). También el hombre de Caná, al salir de su corral aldeano, ha de descubrir la nueva escala de Dios. Jesús es el puente que acerca lo humano a lo divino

3. EL DIA DEL LAGO

Luego vinieron los días del seguimiento y la presencia, los de la turbación y el escándalo, los de la huida y el retorno desencantado hacia el ayer. Como todos. Durante esos días no se menciona ni una sola vez el nombre de Natanael. Era uno más en el grupo de los seguidores del Maestro.
Pero tras la muerte de Jesús, entre la nostalgia y el desengaño, volvió con otros seis a las aguas del lago de Galilea. Y allí se hizo al fin realidad el anuncio de Felipe: “Ven y verás”. Allí se hizo la luz y se hizo visible la escala prometida.
Mientras regresaba de la pesca con otros  “discípulos”, asistió a la aparición de Cristo resucitado, que los esperaba a orillas del mar de Tiberíades (Jn 21, 1-14). La sobreabundancia de peces le llevó a evocar la sobreabundancia de vino que se recordaba en su aldea de Caná (Jn 2,6). Jesús era conocimiento insospechado y fuerza arrolladora. Jesús era la demasía.
De pronto oyó al discípulo a quien Jesús amaba susurrarle a Pedro: “Es el Señor”. Ninguno se atrevía a preguntarle: “¿Quién eres tú?”. Ya sabían que era el Señor. Natanael debió de recordar que el Maestro conocía hasta los secretos pensamientos que se urdían debajo de la higuera. Es claro que Jesús conocía el cansancio y la esperanza de los que se volvían al lago a la búsqueda de un imposible pasado.

* * *
Según la tradición, Natanael sería apóstol de la India y moriría mártir, desollado vivo. Cuchillo en mano, llevando su propia piel sobre el brazo. Así lo pintó Miguel Ángel en el fresco del Juicio Final, en la Capilla Sixtina.
En realidad, ya en vida Natanael había tenido que cambiar de piel. El escéptico se había hecho creyente. Del prejuicio había llegado a la fe. El aldeano se había abierto a la universalidad. El antiguo israelita había aceptado el tiempo del Mesías. En un rabino respetable, aunque apenas conocido, él había descubierto al rey de Israel.
Natanael era el verdadero israelita. Ése es el verdadero israelita: el que en el rabino Jesús descubre y confiesa al Hijo de Dios, el Señor.
                                                                                José-Román Flecha Andrés
                                                                                Seguidores de Jesús
                                                                                Secretariado Trinitario, Salamanca 2018.


CADA DÍA SU AFÁN 25 DE AGOSTO DE 2018

SOBRE LA REGULACION DE LA NATALIDAD
A los cincuentas años de la publicación de la encíclica  Humanae vitae, es preciso mencionar su jucio sobre los metodos de regulación de la natalidad.
Aquel documento incluía un parráfo en el que parecía excluir todo tipo de medios artificiales para el control de nacimientos (n. 14). Ese texto daba pie a dos preguntas. Por una parte, se califica la limitación de nacimientos como "intrínsecamente deshonesta", mientras que en el n. 15 se permite por razones terapéuticas. ¿Qué significa la expresión "intrínsecamente malo", referida a la anticoncepción?
Además, a pesar de utilizar esa calificación, el texto de la encíclica permitía el recurso a algunos medios de anticoncepción, ya fueran los naturales, ya fueran algunos medios artificiales considerados como terapéuticos. Así que cabe preguntarse hasta dónde llega y dónde termina  la intervención terapéutica.
Como se sabe, diversas conferencias episcopales trataron en su momento de explicar estos puntos a los fieles, subrayando siempre la necesidad de procurar formar una conciencia recta y verdadera.
Con relación a los conflictos de conciencia que han surgido a propósito de este tema, un artículo publicado en L’Osservatore Romano  afirmaba que “cuando se trata de juzgar el comportamiento moral subjetivo en su imprescindible referencia a la norma que prohibe el desorden intrínseco de la anticoncepción, es del todo legítimo tomar en consideración los diversos factores y aspectos del obrar concreto de la persona; no solo sus intenciones y motivacines, sino tambien las diversas circunstancias de la vida que pueden afectar el conocimiento y la libre voluntad”.
Al cumplirse los cuarenta a los de la publicación de esta encíclica, el papa Benedicto XVI
escribía: “La posibilidad de procrear una nueva vida humana está incluida en la donación integral de los cónyuges. En efecto, si toda forma de amor tiende a difundir la plenitud de la que vive, el amor conyugal tiene un modo propio de comunicarse:  engendrar hijos. Así, no sólo se asemeja, sino que también participa en el amor de Dios, que quiere comunicarse llamando a la vida a las personas humanas. Excluir esta dimensión comunicativa mediante una acción que tienda a impedir la procreación significa negar la verdad íntima del amor esponsal, con el que se comunica el don divino”.
La ligereza con que se han difundido los medios anticonceptivos no ha contribuido a realzar la dignidad de la procreación. Con frecuencia han comportado la instrumenatlización de la persona. Pero la encíclica no puede reducirse a una prohibición de los medios “artificiales” de regulacion de la natalidad. Hoy habrá que examinar las actitudes que motivan la utilización de los mismos.
                                                                         José-Román Flecha Andrés