lunes, 26 de junio de 2017

DOMINGO 13º DEL TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 13º del Tiempo Ordinario. A 2 de julio de 2017


MISIÓN Y HOSPITALIDAD 
 “Un día pasaba Eliseo por Sunem y una mujer rica lo invitó con insitencia a comer. Y siempre que pasaba por allí iba a comer a su casa” (2Re 4,8). Así comienza la  primera lectura que se proclama en este domingo decimotercero del tiempo ordinario. El texto continúa con la referencia a dos datos importantes.
 • En primer lugar esta mujer de Sunem sugiere a su marido preparar en la casa una habitación, para que el profeta Eliseo pueda hospedarse allí cuando pase de camino.
• En segundo lugar, Eliseo recompensa aquel gesto de hospitalidad con una solemne promesa: “El año que viene, por estas mismas fechas abrazarás un hijo”.
 La mujer practica la hospitalidad con un profeta y él profetiza que el premio será el don de la vida. Con razón podemos “cantar eternamente las misericordias del Señor” (Sal 88).
El cristiano sabe que su fidelidad al Señor no quedará sin recompensa: “Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Rom 6,8). A la hora del premio, Jesucristo no puede ser menos generoso que el profeta Eliseo

UNA FAMILIA UNIVERSAL

En el evangelio que hoy se proclama continúa el llamado “Discurso del envío” (Mt 10,37-42). Jesús no desprecia la familia humana. Pero, con un lenguaje interpelante establece una jerarquía de valores que incluye la radicalidad de la llamada.
La importancia de los lazos familiares pone de relieve esa mayor generosidad que exige el seguir al Maestro. Sin embargo, Jesús ofrece a sus discípulos la hospitalidad de una nueva familia universal que ni siquiera conocen todavía.
• “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí y el que me recibe a mí,  recibe al que me ha enviado”. He ahí una promesa que abre un espléndido horizonte a quien ofrece hospedaje al misionero, identificado con Jesús y con su Padre celestial.
• “El que recibe a un profeta… tendrá recompensa de profeta, y el que recibe a un justo tendrá recompensa de justo”. Es verdad que el amor auténtico florece en el terreno de la gratuidad. Pero Jesús no olvida pregonar la gratitud que alcanzará la hospitalidad.

LA PÉRDIDA Y EL HALLAZGO

Todo el texto evangélico juega con las paradojas y las contraposiciones. Evocar lo que se deja ayuda a subrayar el valor de lo que se encuentra. Los que tratan de seguir a Jesucristo no pueden olvidar ese contraste, esa trasmutación de los valores que proclaman sus palabras:
• “El que encuentre su vida la perdera”. Hay una avaricia que se manifiesta en abrazar con ansia todo lo que uno ha tratado de conseguir. Todo eso en lo que habitualmente se coloca la comodidad o el prestigio. Pero a fin de cuentas se descubre que ni la codicia genera dignidad, ni la traición al ideal comporta la felicidad.
•  “El que pierda su vida por mí, la encontrará”. A veces hay que optar por un bien que no siempre parece razonable al observador. Si esa decisión acucia al investigador o al que entrega su vida por intentar defender a otra persona, mucho más relevante es para quien entrega su vida por Cristo y su mensaje.
- Señor Jesús, tú nos llamas a seguirte con generosa radicalidad. Bien sabemos que los bienes que dejamos no dejan de ser bienes. Pero tú nos ayudas a comprender el bien incomparable de vivir tu vida y de entregar la nuestra por ti. Bendito seas, Señor. 
                                                                    José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN - 1 de julio de 2017

SOBRE EL TRÁFICO
El primer domingo de julio se celebra la Jornada de Responsabilidad del Tráfico. Este no es un asunto ajeno a la reflexión ética. Ya el profesor Bernhard Häring dedicaba unas breves líneas a la obligación moral de evitar en lo posible los accidentes, “aplicando atención, moderación en la velocidad y observación de las normas del tráfico”.
Es evidente que el tráfico y la movilidad son fenómenos que caracterizan de forma muy especial a esta sociedad. El uso de los carburantes derivados del petróleo y el avance de la técnica han hecho posible que las personas se trasladen de un lugar a otro, por tierra, mar y aire, con una velocidad que nadie podría haber  imaginado en épocas pasadas.
Ahora bien, las posibilidades técnicas siempre traen consigo unas cuantas preguntas de tipo ético. No todo lo que es posible hacer ha de poder llevarse a cabo. O, al menos, la realización de tales posibilidades siempre habrá de despertar algunos interrogantes éticos.            El viajero que de pronto se encuentra atrapado en una fila interminable de vehículos se lamenta y se impacienta. A veces se pregunta por las causas de esos desastres, pero casi siempre los atribuye a los demás. Muy raras veces examina su propia responsabilidad.
Con una ironía que parece reflejar la realidad de cada día, el escritor francés Pierre Daninos dijo alguna vez que  “la causa más importante de los accidentes de tráfico es que los hombres ponen en sus coches tanto amor propio como gasolina”.
 Ese amor propio, responde a nueva concepción del ser humano. La técnica moderna nos ha llevado a creernos superhombres. De hecho, ha inyectado en nosotros la convicción de que somos capaces de ejercer un dominio casi absoluto sobre el tiempo y el espacio, esas coordenadas en las que necesariamente se sitúa nuestra diaria peripecia.  
          El Concilio Vaticano II lamentaba las conductas de “quienes profesan amplias y generosas opiniones, pero en realidad viven siempre como si nunca tuvieran cuidado alguno de las necesidades sociales”. Entre los que menosprecian las leyes y las normas sociales, mencionaba a quienes “subestiman ciertas normas de la vida social; por ejemplo, las referentes a la higiene o las normas de la circulación, sin preocuparse de que su descuido pone en peligro la vida propia y la vida del prójimo” (GS 30).
La ética referente a las personas implicadas en el tráfico ha de preguntarse por qué prefieren éstas el desentendimiento al entendimiento, el descompromiso al compromiso, la ignorancia del otro a la atención  empática del otro. 
El mundo no puede ser calificado como desarrollado solamente en virtud de los progresos técnicos, sino sobre todo por sus avances éticos.  Y en esa tarea estamos comprometidos tanto los creyentes como los no creyentes. A fin de cuentas, como escribía el poeta León Felipe, “el hombre es lo que importa”.
                                                                 José-Román Flecha Andrés

lunes, 19 de junio de 2017

DOMINGO 12º TIEMPO ORDINARIO A

REFLEXIÓN- DOMINGO 12º DEL TIEMPO ORDINARIO. A 25 de junio de 2017


LA VIDA Y SU SENTIDO 
 “Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos” (Jer 20,13). Así termina la primera lectura que se proclama en este domingo duodécimo del tiempo ordinario. Antes hemos oído que Jeremías escuchaba los comentarios amenazadores de sus vecinos. Trataban de delatarlo, de atraparlo y de vengarse de él.
 Esa situación no es exclusiva de Jeremías, La experiencia repetía en su pueblo que nadie es profeta en su tierra. También fuera de ella, quien anuncia la verdad y denuncia la mentira será acusado de no respetar el orden establecido. En algunos lugares el mensajero de la justicia es directamente asesinado. En otros, se comienza por declarlo “persona non grata”.
Muy oportunamente, en el salmo responsorial se nos invita a repetir una súplica cargada de confianza: “Que me escuche tu gran bondad, Señor” (Sal 68). Que nos alcance la gracia que Dios nos otorga por Jesuscritso, como nos dice san Pablo (Rom 5,12-15).

EL MIEDO Y LA LIBERTAD

La persecución aparece también en el evangelio que hoy se proclama (Mt 10,26-33). El texto forma parte del llamado “Discurso de envío”. Los discípulos de Jesús han de saber que la misión no va a ser fácil. En las exhortaciones de Jesús hay una advertencia y un aviso
• Jesús advierte a sus discípulos que no han de tener miedo a los hombres, porque lo oculto y escondido llegará a saberse un día. Así que han de estar dispuestos a pregonar a la luz del día lo que Jesús les ha ido enseñando en privado.
• Jesús avisa a sus discípulos de que no han de temer a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Así que han de saber valorar el tesoro de su libertad. La vida es importante, pero no deben ponerse en el peligro de perder el sentido último de la vida.
Las palabras de Jesús son una invitación a anunciar el mensaje con decisión y libertad. El mensajero podrá perder la vida en la misión, pero nadie puede arrebatarle el gozo de haber sido elegido para llevarla a cabo.

LA CONFIANZA Y LA FIDELIDAD

De todas formas, habrá ocasiones en las que los discípulos de Jesús se preguntarán si  merece la pena arriesgar tanto por la misión que les ha sido encomendada. Jesús parece intuir ese titubeo y responde con una parábola y una promesa.
• Todos conocen el precio de los gorriones que se venden en la plaza por una moneda insignificante. Pero de todos ellos se cuida el Padre. Con más razón se cuidará de los que han sido elegidos por Jesús. Hasta de sus cabellos lleva cuenta Dios. Así que han de caminar y vivir alimentando la confianza.
• A lo largo de la misión, los enviados tendrán ocasiones de dar testimonio de su Maestro y ocasiones para renegar de él. Tendrán que aprender a optar. Y recordar que un día el Señor los reconocerá o los ignorará según su comportamiento. Así que han de caminar y vivir  manteniendo la fidelidad a la llamada. 
- Señor Jesús, te agradecemos que nos hayas elegido para continuar tu misión en la tierra. Nos has recordado la atención que nos presta “nuestro Padre” y nos anuncias el premio que “tu Padre” concederá a nuestra lealtad. Ayúdanos a descubrir el sentido de la vida y a entregarla por ti si es preciso.
                                                                                 José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 24 de junio de 2017

                                                                    

JUAN, HIJO DE ZACARÍAS E ISABEL

El verdor de las colinas hace olvidar por unas horas los rebrillos cegadores del desierto de Judá o la trepidación de la Ciudad Santa. Es un gusto salir de Jerusalén para llegar hasta Ain Karem. “La fuente del Viñedo”. Eso significa el nombre de la aldea.
El peregrino se dirige a la iglesia de San Juan Bautista. En el patio de entrada, unos cuantos azulejos repiten en varias lenguas el canto del Benedictus. El evangelio de Lucas lo pone en boca de Zacarías, en el momento del nacimiento del hijo que le había sido anunciado en el templo.
 Los muros de la iglesia están recubiertos de azulejos de Manises. Parece que se trajeron de España en tiempos de la reina Iabel II. Bajo el altar hay una placa con una inscripción latina que nos dice: “Aquí nació el Precursor del Señor”. Es un buen momento y un lugar tranquilo para detenerse a recordar y meditar.   
 Su nacimiento había estado rodeado por un halo de misterio. Su padre, Zacarías, se encontraba sirviendo en el templo de Jerusalén. A la hora de la oracion de la tarde, se le presentó el ángel del Señor.  Los fieles observaron que retrasaba un tanto el rito. Y es que el ángel del Señor le había anunciado el nacimiento de un hijo.
Así sonaba el oráculo que llegaba del cielo: "Será grande ante el Señor. No beberá vino ni licor, quedará lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre y convertirá a muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos, para inculcar a los rebeldes la sabiduría de los justos, y para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto".
Mudo de asombro y de incredulidad, Zacarías regresó a su hogar. A pesar de su avanzada edad, su mujer, Isabel, pudo vivir la alegría recogida y temblorosa de una maternidad inesperada. Y el nacimiento de un niño que desató la sorpresa para familiares y vecinos.
El día de su circuncisión, todos pretendían imponerle el nombre de Zacarías. Ya se sabe, con frecuencia se trata de proponer al hijo no sólo el nombre, sino también el talante del padre o del abuelo. Pero con aquel niño llegaba la novedad de lo imprevisto. Había de llamarse Juan, es decir, “Yahvéh es favorable”.
En el evangelio resuena el eco de la voz de Zacarías, que, lleno  del Espíritu Santo, profetizó: "Tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparar sus caminos,  para anunciar a su pueblo la salvación, por medio del perdón de los pecados".
Seguramente hubo fiesta en la aldea. Solo una pincelada sobre los años primeros del chiquillo: "El niño iba creciendo y se fortalecía en su interior. Y vivió en el desierto hasta el día de su manifestación a Israel".  Para anunciar su futura misión. Había de ser un profeta: “el mayor de los nacidos de mujer”. Nada menos.    
                                                               José-Román Flecha Andrés

PROVERBIOS 10, 19 (34) Basílica de San Francisco de Asís, Asís Italia.

PROVERBIOS 10, 14 (33) Catedral de Nuestra Señora, París Francia.

lunes, 12 de junio de 2017

FIESTA DEL CORPUS CHRISTI. -Comentario sonoro-

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO A

REFLEXIÓN- SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO. A 18 de junio de 2017

EL DON DE LA EUCARISTÍA

“Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer esos cuarenta años por el desierto… Él te afligió haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná,  que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no solo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios” (Dt 8,2-3).
En los discursos del Deuteronomio se invita a Israel a la fidelidad al Dios de la liberación. En este caso se le recuerda el maná que sostuvo su dura peregrinación por el desierto.  Aquel alimento había de ser una prueba del amor y de la providencia de Dios hacia su pueblo. Aún así, lo invitaba a reconocer el valor de la palabra de Dios.
 Ante la indiferencia de algunos cristianos de Corinto hacia las necesidades de sus hermanos, san Pablo les recuerda que el cuerpo y la sangre de Cristo son fuente y estímulo de unión: “El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan” (1Cor 10,17). 

 ALIMENTO Y CAMBIO

El evangelio que se proclama en esta fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo recoge una parte del discurso que, después del reparto de los panes y los peces, Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaúm (Jn 6, 51-58). En él sobresalen dos temas importantes.  
• A la Samaritana, Jesús se revelaba como el que puede dar el agua de la vida. Ahora se  revela como el pan vivo que da la vida. Sólo él puede calmar nuestra sed y saciar nuestra hambre. La carne y la sangre del Hijo del Hombre resumen su persona, su vida y su enseñanza. Son verdadera comida y verdadera bebida. Ahí está la verdadera vida y la promesa de la resurrección.
• Jesús revela que su Padre vive y él vive por el Padre. Del mismo modo, quien se alimenta de Cristo, vive de Cristo, por él y en él.  Como escribió Benedicto XVI,  “no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; nos atrae hacia sí” (Sacramentum caritatis, 70).

RECUERDO Y ESPERANZA

 En el discurso de Jesús hay una evocación del maná que alimentó a los hebreos. Y hay una promesa sobre la vida que comporta el alimento que Cristo es para el creyente.
• “Este es el pan que ha bajado del cielo”. Los creyentes en Jesucristo no despreciamos el pan que nos viene de la tierra y del trabajo humano. Pero recibimos y agradecemos como un don impensable el Pan que nos ha venido del cielo, es decir de la bondad divina.  
• “No como el de vuestros padres que lo comieron y murieron”. Los seguidores de Jesús valoramos el camino de nuestros hermanos hebreos hacia la libertad. Pero sabemos y creemos que Cristo es el nuevo maná que alimenta nuestro camino de  liberación.  
• “El que come este pan vivirá para siempre”.  Los cristianos estimamos los deseos de vida y de progreso integral de todos nuestros hermanos. Pero creemos que el cuerpo y la sangre de Cristo son semilla de una vida que no tiene fecha de caducidad.
- Señor Jesús, agradecemos y veneramos el don de tu Cuerpo y de tu Sangre. En ellos recordamos tu entrega, aprendemos a entregarnos por los demás y a vivir esperando tu manifestación gloriosa. 
                                                              José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 17 de junio de 2017


DIA DE CARIDAD
La fiesta del Corpus Christi nos lleva a reflexionar sobre la misión de Jesús, que se inmola por los hombres. Su Cuerpo y su Sangre son memoria de su entrega histórica, signo de su presencia actual entre nosotros y promesa de la unión eterna a la que nos invita.
Además, la celebración de la Eucaristía del Señor nos recuerda que los que nos alimentamos de un mismo pan estamos llamados a vivir unidos en la memoria del pasado, en la fraternidad del presente y en la esperanza del futuro.
En la fiesta del Corpus, evocamos el famoso himno del congreso eucarístico de Madrid que pervive en todos los países de lengua española.  “Cantemos al Amor de los amores”. Con él proclamamos que “Dios está aquí” e invitamos a los cielos y la tierra a bendecir al Señor.
Pero sabemos que el Amor de los amores ha de verse reflejado en el amor diario con el que acogemos o debemos acoger a los pobres y desvalidos, a los marginados por nuestra sociedad, a todos los que pueden sufrir el “descarte” que denuncia el papa Francisco.
Es verdad que pobres siempre los ha habido y que “siempre los tendremos con nosotros”. Pero hay especiales momentos de crisis en los que se hace aún más evidente esa brecha que separa a los que viven bien y a los que malviven.
Hace cincuenta años, en su encíclica Populorum progressio,  el papa beato Pablo VI nos decía que el progreso no seria verdadero mientras no fuese un progreso integral “para todo el hombre y para todos los hombres”.
En el día del Corpus recordamos que ante la multitud hambrienta, Jesús dirigió unas palabras inolvidables a sus discípulos: “Dadles vosotros de comer”. Esa voz no puede quedar relegada al pasado.
Según el papa Francisco, esa insinuación “implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad antes las miserias muy concretas que encontramos” (Evangelii gaudium 188).
La tarea de Cáritas y de otras instituciones de la Iglesia Católica trata precisamente de promover la solidaridad humana y la caridad cristiana. Siempre con la conciencia de esa doble responsabilidad de eliminar las causas de la pobreza y atender a los que la padecen cada día.
Según el mismo papa Francisco “es indispensable prestar atención para estar cerca de las nuevas formas de pobreza y fragilidad, donde estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente, aunque eso aparentemente no nos aporte beneficios tangibles e inmediatos” (EG 210).
La fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo nos invita a los que tratamos de seguir sus pasos a volver la mirada a ese otro cuerpo social de Cristo. El cuerpo de los pobres y  marginados, con los que él se ha identificado. Es el día de hacer afectivo y efectivo el ejercicio de la caridad.
                                                                  José-Román Flecha Andrés

SOLEMNIDAD SMA TRINIDAD - Comentario sonoro -

lunes, 5 de junio de 2017

SANTÍSIMA TRINIDAD. A (Comentario sonoro)

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD A

REFLEXIÓN - SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. A 11 de junio de 2017

LOS DONES DE DIOS

“El Señor, el Señor: un Dios clemente y misericordioso, paciente, lleno de amor y fiel” (Ex 34,7).  Así se presenta y se califica el mismo Dios en un momento especialmente dramático.
Adorando a un becerro de oro, el pueblo de Israel había quebrantado la alianza que Dios le había dispensado. Al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, Moisés lanzó contra las rocas las dos tablas de piedra en que estaban escritos los mandamientos.
Ahora Moisés vuelve a subir al monte Sinaí con las nuevas tablas de piedra, que sustituyen a las antiguas. El Señor se muestra benigno, compasivo y dispuesto a renovar la alianza. A Moisés solo le queda pedir al Señor que acompañe a su pueblo, aunque sea un pueblo obcecado.
Al final de la primera carta a los Corintios, san Pablo desea que el Dios Trinidad derrame sobre los fieles tres dones sagrados: la gracia de Jesucristo, el amor  del Padre y la comunión del Espíritu Santo (2Cor 13,11-13).

 LA CONDENA

El evangelio que se proclama en esta fiesta de la Santísima Trinidad recoge una parte de los comentarios que el evangelista añade a las palabras que Jesús dirige a Nicodemo (Jn 3,16-18). En este  breve texto llaman la atención las alusiones a la condenación.
• “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo”. Es bueno comenzar con esa afirmación. La misión de Jesús no tiene por objeto la condenación de este mundo. Bastaría saber que Jesús pasó por el mundo haciendo el bien.
• “El que cree en él no será condenado”. La fe en Jesucristo no se reduce a la afirmación de algunas verdades abstractas. Tampoco se limita a regular algunos ritos o ceremonias. Creer en Jesús es aceptarlo como Salvador. ¿Cómo va a ser condenado quien se identifica con él?
• “El que no cree en él ya está condenado”. Nadie será condenado por no haber creído en Jesucristo. El mismo rechazo del Salvador ya es en sí mismo una lamentable condenación.  Lo penoso de rechazar su Luz es haber elegido vivir en la tiniebla.

Y LA SALVACIÓN

 “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). La primera parte del texto evangélico de hoy es un maravilloso ventanal que nos abre al horizonte de los grandes dones de Dios:
• El amor de Dios al mundo.” ¿Es que Dios puede dejar de amar al mundo que ha creado para derramar sobre él su bondad? El amor de Dios sostiene el mundo material y, más aún, el mundo social en el que nos insertamos.
• La entrega de Jesús y la fe. Si el amor de Dios se muestra en la creación y en la providencia, se revela sobre todo en el envío de su Hijo. Creer es aceptarlo como Señor y Salvador de nuestra existencia
• La vida eterna. La vida es el primero de los dones de Dios. La vida humana ha de ser acogida con gratitud y responsabilidad. Pero saber que nuestra vida puede ser eterna en Dios es el mayor premio a esa fe, que también nos ha sido dada.
- “Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén”.

José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 10 de junio de 2017

LA LEALTAD

De vez en cuando nos encontramos con algunos que se glorían de haber sido nuestros amigos desde hace muchos años. Cuando eso es verdad, nos llena de alegría la afirmación y nos dan ganas de pregonar a los cuatro vientos esa larga fidelidad.
Pero no siempre lo es. En las páginas de la Biblia hay muchas historias de amistad y de oportunismo. El libro bíblico del Sirácida nos advierte sobre la mentira que encierran algunas amistades: “Hay amigos que lo son para compartir la mesa, pero que no lo serán cuando vayan mal tus negocios” (Eclo 6,10). Pensamientos semejantes se encuentran también en la literatura latina.
Una de las cualidades que caracterizan a una verdadera amistad es sin duda la lealtad. Lo malo es que no sabemos bien qué implica esta virtud humana. Ya decía Chesterton que “es difícil dar una definición de la lealtad, pero quizás nos acercaremos a ella si la llamamos el sentimiento que nos guía en presencia de una obligación no definida”.
Esa muy laudable esa responsabilidad en los momentos de incertidumbre o confusión. Pero, por desgracia, ese saber perseverar en la decisión tomada tal vez no sea uno de los valores más estimados en esta sociedad liquida. Son muchos los que pretenden nadar y guardar la ropa. O dejarse llevar por la corriente de lo políticamente correcto.
Es cierto que también la lealtad puede ser ambigua. Se requiere para que reine la armonía en la familia y también para que funcionen adecuadamente las instituciones públicas. Pero de sobra sabemos que la lealtad es requerida también a los miembros de una banda de malhechores o a los afiliados a una organización mafiosa.
Sin embargo, desde un punto de vista ético, hay que decir que la lealtad comporta ser fieles al bien objetivo, con independencia de la algarabía o de las propuestas de una publicidad interesada. Es consolador recordar que, según el rey Alfonso X el Sabio, “la lealtad es cosa que dirige a los hombres en todos sus hechos para que hagan siempre lo mejor”.
Claro que para descubrir y practicar esa virtud tendremos que esforzarnos por ser honestos y leales con nosotros mismos, es decir con los valores en los que se centra nuestra opción fundamental. Sin esa lealtad  con lo mejor de nosotros mismos se hace muy difícil la convivencia. Ya decía Vicente Aleixandre que “ser leal a sí mismo es el único modo de llegar a ser leal a los demás”.
Los demás están ahí, confiando en nuestra comprensión y aguardando nuestra palabra amable y nuestra ayuda generosa. No podemos defraudar sus esperanzas. Acercarnos unos a otros con la mano tendida y con el corazón dispuesto a la acogida y a la amistad es el mayor servicio que podemos hacer a la armonía social y a la paz. Como nos enseñaba Ortega y Gasset, “la lealtad es el camino más corto entre dos corazones”.
                                                                       José-Román Flecha Andrés