martes, 19 de marzo de 2019

DOMINGO 3º DE CUARESMA C 2019

DOMINGO 3º DE CUARESMA 2019 Ciclo C

REFLEXIÓN- DOMINGO 3º DE CUARESMA. C 24 de marzo de 2019

COMPASIÓN Y CONVERSIÓN
“He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo de los egipcios, a sacarlo de esta tierra, para llevarlo a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel” (Éx 3,7-8). Dios no es indiferente a la humillación que están padeciendo los hebreos.
A lo largo de su vida, Moisés había conocido los numerosos dioses que eran venerados en las tierras del Nilo. No es extraño que, ante el fenómeno de la zarza ardiente, pregunte el nombre del dios que pretende liberar a los hebreos. La respuesta es terminante. Solo puede ser reconocido como Dios el que se compadece de los oprimidos. 
El salmo nos lleva a responder: “El Señor es compasivo y misericordioso” (Sal 102). Sin embargo, frente a esa compasión de Dios, los hebreos no siempre se mostraron agradecidos.  Según san Pablo, “la mayoría de ellos no agradaron a Dios” (1 Cor 10,5). Por eso, el Apóstol advierte a los fieles y les desea que “el que se crea seguro, se cuide de no caer”. 

LOS APLASTADOS

Según el evangelio de Lucas, Jesús oye contar a algunos un hecho que debió de conmover a las gentes.  Unos peregrinos galileos fueron masacrados en Jerusalén por orden de Pilato. Por su parte, Jesús recuerda a unos obreros que habían muerto aplastados por el derrumbe de una torre junto al estanque de Siloé (Lc 13,1-9).
En aquel tiempo se consideraba que la retribución por la conducta humana era inmediata.  Se pensaba que los males físicos responden al mal comportamiento de quien los padece. Así que las gentes debieron de considerar como pecadores tanto a los aplastados por la crueldad romana como a las víctimas de una desgracia en el trabajo.  
En realidad, esa presunción sigue vigente también hoy en muchos ambientes. Cuando sucede una catástrofe, son muchos los que se preguntan escandalizados: “¿Qué mal han hecho estas personas para ser castigadas de esta forma?”
Pero según Jesús, las desgracias no siempre atrapan a los más culpables. Si fuera así, muchos de sus oyentes habrían sido asesinados o atrapados por los cascotes de la torre. Jesús sabe que todos somos pecadores y a todos nos exhorta a la conversión.

LOS PERDONADOS

En el evangelio que hoy se proclama, Jesús añade la parábola de la higuera estéril. Hace tiempo que no da fruto, así que el dueño decide arrancarla, pero el viñador intercede por ella. Si las noticias afirmaban la extensión del pecado, la parábola ofrece la esperanza del perdón.
• “Señor déjala todavía este año”. En primer lugar, se sugiere que el pecado comporta siempre la esterilidad de la existencia. Sin embargo, se nos concede todavía tiempo para el reconocimiento humilde de nuestros pecados. Este es el tiempo para la conversión.
• “Yo cavaré alrededor… a ver si da fruto”. Todavía hay un espacio y un tiempo para la esperanza. Claro que la  esperanza no puede arrastrarnos a la evasión ni a la pereza. De hecho, exige de nosotros un esfuerzo. La conversión requiere el trabajo del cultivo.
• “Si no, el año que viene la cortarás”. Por otra parte, la esperanza que nace de la misericordia de Dios tampoco puede llevarnos a la irresponsabilidad. El fracaso no es una fatalidad inevitable. Es una posibilidad que siempre exige atención y esfuerzo.  
- Padre nuestro, tú conoces nuestra debilidad y nuestro pecado. Sin embargo, te muestras siempre misericordioso con todos los que invocan tu perdón. Ten piedad de nuestras culpas y concédenos una nueva oportunidad para que podamos dar el fruto que tú esperas de nosotros. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
                                                          José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 23 de marzo de 2019

                                                            
DE LA PROMESA A LA ESPERANZA
El próximo día 25 de marzo celebramos la fiesta de la Anunciación a María.  Los que rezamos el “Ave María” ¿somos conscientes de que no solo invocamos a la doncella de Nazaret, sino que por ella recibimos el don de la Encarnación del Hijo de Dios?
Los que visitamos la cueva de la Anunciación en la parte baja de la hermosa basílica de Nazaret, ¿somos capaces de superar el murmullo de los turistas para agradecer en silencio la gracia de aquel momento?
Los que leen el drama de fe y de pasiones humanas que Paul Claudel nos dejó en su obra “La Anunciación a María” ¿percibirán las alusiones al misterio inicial que inaugura nuestra fe?
Los que aprecian la belleza de las Anunciaciones a María que pintaron Fray Angélico, el Greco o Murillo ¿sabrán ver tras los colores la hondura del misterio que allí se representa?
En todas estas representaciones, el Ángel aparece hablando, mientras que María presta atención en silencio a sus palabras.
En el saludo del ángel Gabriel a María hay unas palabras que presentan al anunciado como hijo de María, como  Hijo del Altísimo y como rey del linaje de David. Otra palabra reúne a las anteriores y las hace compatibles. Es la palabra “Jesús”. Con su solo nombre se revela la misión del anunciado a María: “Dios es salvador”.
Sin embargo, en el relato evangélico, resuena también la respuesta de María: “Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”. Merece la pena recordar estas palabras.
• “Aquí está la esclava del Señor”. En las palabras de María se evoca la historia de los hebreos, liberados de la esclavitud por el Señor. Aceptar la palabra de su Dios los haría libres.
Heredera de ese pueblo, María es el paradigma de los creyentes que reconocen en el Señor al liberador de toda esclavitud.
• “Hágase en mí según tu palabra”. En las palabras de María se evoca la creación de los mundos. Tras la palabra del Creador, iban surgiendo los mares y la tierra, los animales y las plantas y el mismo ser humano.
Miembro de la humanidad, en María se hace presente la nueva creación, nacida de la voluntad amorosa de su Señor.
Nuestra rutina e indiferencia ante el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios eran ya interpeladas por las vibrantes palabras con las que san Juan de Ávila iniciaba un sermón predicado en esta fiesta: “Hoy Dios se hizo hombre por los hombres. Creed que si se hiciera piedra, que hablaran hoy las piedras, dando las gracias por tantas mercedes”.
Importante es esta fiesta para nuestra fe. No hay salvación sin Salvador. La fe de María, la Anunciada, es el eslabón que une para siempre las promesas hechas a Israel con la esperanza, más o menos consciente, de todos los pueblos de la tierra.
                                                               José-Román Flecha Andrés       

lunes, 11 de marzo de 2019

DOMINGO 2º DE CUARESMA C 2019

DOMINGO 2º DE CUARESMA 2019 Ciclo C

REFLEXIÓN- DOMINGO 2º DE CUARESMA. C 17 de marzo de 2019

LA REVELACIÓN

“Cuando iba a ponerse el sol, un sueño profundo invadió a Abrán y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. El sol se puso y vino la oscuridad”. Ese es el escenario en el que Dios se muestra a Abrán para concertar con él una alianza (Gén 15,12.17).
El relato subraya la iniciativa de Dios. Dios saca de su tienda a Abrán, le invita a mirar al cielo, le recuerda el pasado en el que lo ha sacado de su tierra de Ur y le pronmete un futuro en el que le dará en propiedad la tierra en la que ahora se encuentra.
Si el texto anota la oscuridad en la que se ve envuelto Abrán, el salmo responsorial canta el misterio de la luz que guía a los creyentes: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar?” (Sal 26,1).
En su carta a los Filipenses, san Pablo, anuncia que Jesucristo transformará nuestra condición humilde, según el modelo de su condicion gloriosa” (Flp 3,21).

LA INICIATIVA DE DIOS

Pues bien, esa futura transformación de nuestra condición humana encuentra ya su  cumplimiento y su modelo definitivo en la transfiguración de Jesús en lo alto del monte. El evangelio de Lucas  (Lc 9,28-32) nos ofrece hoy algunas pautas para nuestra reflexión:
• Si en otro tiempo Dios sacaba a Abrán de la quietud de su carpa de nómada, Jesús se lleva consigo al monte a los tres discipulos predilectos. Hay una iniciativa divina que antecede y anticipa las decisiones humanas.
• Si Abrán cayó en un profundo sueño ante la revelación de la gloria de Dios, también los discípulos de Jesús se caen de sueño ante la revelación de la gloria de su Maestro. En el sueño que no podemos controlar nosotros se manifiesta esa presencia que nos asombra.
 • Si Abran se ve sumergido en la oscuridad, en la que Dios le ofrece su alianza, los discipulos de Jesús se ven cubiertos por una nube. Y de la nube  llega esa palabra por la que Dios reconoce y presenta a Jesús como su Hijo.

LA ESCUCHA DE LA PALABRA

Según el evangelio, desde el seno de la nube resuena una voz que viene de lo alto. La nube representa a Dios. Un Dios inaferrable e indomesticable. Un Dios invisible a los ojos humanos, pero cercano a todos los que han de prestar oídos a su palabra y su mensaje.
• “Este es mi hijo, el escogido, escuchadle”. En un primer momento, se ofrece la revelación de Jesús como hijo eterno de Dios. Jesús es más que un profeta. Su venida marca la plenitud de las antiguas esperanas.   
• “Este es mi hijo, el escogido, escuchadle”. En un segundo momento, se anuncia a Jesus como el elegido entre todos los hombres. En él se hace visible la figura del Siervo del Señor y se cumple la mision redentora que a él se atribuía. 
• “Este es mi hijo, el escogido, escuchadle”. En un tercer momento, la voz de Dios se convierte en exhortacion. Todos los que se encuentren con Jesús son invitados a escucharle con atención. Él transmite la palabra de Dios. Él es la misma palabra de Dios.
- Señor Jesús, tambien nosotros nos encontramos a veces en la socuridad y sumidos en un sueño profundo. Pero, en medio de la tiniebla, tú eres la luz que nos libra del temor y del cansancio y la palabra de Dios que guía nuestros pasos por los senderos de este mundo.  Bendito seas por siempre, Señor. Amén.
                                                                          José-Román Flecha Andrés

CADA DIA SU AFÁN 16 de marzo de 2019

EL DÍA DEL SEMINARIO

En muchas diócesis del mundo, con motivo de la fiesta de San José se celebra también el día del Seminario.  Y con razón, porque la figura de José de Nazaret  suscita  en nosotros la evocación de aquel hogar en el que Jesús iba creciendo en edad, sabiduría y gracia.
El día 4 de noviembre de 1963, primer año de su pontificado, el papa San Pablo VI celebró en la Basílica Vaticana el IV centenario de la institución de los seminarios por decisión del Concilio de Trento.
 Dirigiéndose a los seminaristas llegados de todo el mundo, les decía: “Queremos ver en vosotros a los exponentes más auténticos y generosos de la juventud, de esa juventud que entre las supremas elecciones que ha de hacer en el primer momento de lucidez de la vida y en la primera manifestación del amor genuino ha descubierto la mejor elección, que decide por todas”.   
Les recordaba que en la vocación al servicio del Evangelio está interesado el drama de la salvación del mundo. Y les dirigía una preciosa bienaventuranza:  “Bienaventurados vosotros, que conocéis esta verdad, y de ella tenéis una ardua y humilde experiencia. Bienaventurados, pues conocéis el aspecto que tiene hoy la vocación eclesiástica”.  
Sin ignorar el panorama de la sociedad del momento, añadía que “la vocación hoy quiere decir renuncia, impopularidad, sacrificio. Supone preferir la vida interior a la exterior, la elección de una perfección austera y constante en comparación con la mediocridad cómoda e insignificante; la capacidad de escuchar las voces angustiosas del mundo, las voces de las almas inocentes, de los que sufren, de los sin paz, sin consuelo, sin guía, sin amor, y a la vez la fuerza de hacer callar las voces lisonjeras y disolutas del placer y del egoísmo; quiere decir comprender la dura, pero estupenda, misión de la Iglesia, hoy como nunca empeñada en enseñar al hombre su verdadero ser, su fin, su suerte y descubrir a las almas fieles las inmensas, las inefables riquezas de la caridad de Cristo”.
Como adivinando las mil objeciones que se habrían de levantar muy pronto contra esta vocación, afirmaba Pablo VI: “No es énfasis, queridos hijos; no es retórica, y sobre todo, no es sugestión, ni locura lo que hace hablar así a la Iglesia. Es el conocimiento que tiene la Iglesia de vuestros corazones, de las gracias que el Señor ha derramado en vuestras almas; es la estima que siente por vosotros; es la esperanza que pone en vuestros verdes años y en vuestros sueños generosos”.
Bien sabemos que el número de los seminaristas, sus lugares de origen y el estilo  de su formación ha cambiado notablemente en estos últimos años. Pero sea como sea, recordamos las palabras del Concilio, que  nos exhortaba a considerar el seminario como el corazón de la diócesis y a prestarle con gusto nuestra personal colaboración (OT 5).
                                                       José-Román Flecha Andrés

CADA DÍA SU AFÁN 9 de marzo de 2019

                                                                                                                   
           EL MANANTIAL DE LA ALEGRÍA  
Entre los primeros libros que pudo llamar míos y que conservo con cariño y con cuidado se encuentra uno de Romano Guardini que se titula “Cartas sobre autoformación”. Creo que a pocos libros debo tanto como a este. Todo un tratado para lograr eso que mucho tiempo después vino a llamarse la “realización” de la persona.
La primera de esas cartas trata de la alegría del corazón. Guardini comienza afirmando que todos “queremos que nuestro corazón viva alegre y feliz”. Es una buena observación que se cae por su peso y seguramente no será rebatida por nadie.
Pero inmediaamente observa él que vivir alegre no es estar divertido. ¿Cuál es la diferencia?  Aparentemente se trata de la ubicación de la experiencia. Puesto que  “la diversión es algo exterior, estrepitoso, fugaz. En cambio, la alegría mana dentro, callada, con raíces profundas”.
Pero ya en el primer párrafo del capítulo, el autor nos asombra con una frase que seguramente a muchos les puede sonar como una contradicción. De hecho, afirma él que la alegría es  “la hermana de la seriedad: donde está una, se halla también la otra”.
A continuación nos recuerda que hay una alegría sobre la que no se tiene dominio alguno. Cae sobre nosotros como una torrentera. Llega cuando quiere y se va cuando se le antoja. Solo podemos recibirla cuando viene, despedirla resignadamente cuando se retira.
Claro que hay otra alegría que parece acompañar a la plenitud de la existencia, pero tampoco resulta fácilmente domesticable.
El autor menciona también esa otra alegría que todos  debemos buscar y que todos podemos conseguir. Esa alegría que no procede de los bienes conseguidos o de los honores que nos hayan tributado. Esa alegría que viene a coronar nuestro esfuerzo, un trabajo bien realizado, un servicio prestado gratuitamente.
Sin embargo, Guardini quiere reflexionar sobre esa alegría que brota de un manantial más profundo, de una fuente interior donde mora Dios. Porque, por si no lo habíamos adivinado, hay que reconocer que “Dios mismo es la fuente de la verdadera alegría”.
Claro que en este contexto es inevitable una pregunta: “Si la alegría vive de Dios y Dios habita en nuestro corazón, ¿Por qué no la sentimos?”. Su respuesta es tan obvia como escandalosa para muchos. No sentimos esa profunda alegría porque  la fuente de donde mana está enterrada.
Pero hay un modo de desenterrar ese manantial. Dirigirse a Dios con sencillez y espontaneidad para decirle: “Dios fuerte, lo que tú quieras, eso quiero yo”. Es fácil imaginar la siguiente pregunta: ¿Dónde encontrar el querer divino”. Romano Guardini sabe y explica que lo podemos encontrar en lo más ordinario de la vida. Habrá que prestar una atención humana y creyente al momento presente. Esa es la sugerencia de tan gran maestro.
                                                          José-Román Flecha Andrés

martes, 5 de marzo de 2019

VIA CRUCIS:12 CARIDAD Y SOLIDARIDAD

CARIDAD Y SOLIDARIDAD
          Ateniéndonos a Pablo y al mismo Cristo, hay que considerar la caridad como el primero y mayor de los mandamientos, como la suma de la ley y los profetas. Considero que la parte principal de la caridad es el amor a los pobres y la misericordia y compasión para con nuestros semejantes. No hay culto mejor que pueda tributarse a Dios que el de la misericordia (...) Él que mide justamente y pone la misericordia en la balanza y en la medida premia nuestra benignidad con su benignidad.
                                         San Gregorio Nacianceno. Discurso 14 sobre el amor a los pobres.



1ª Estación: Jesús condenado a muerte
    
     «Cristo sigue en agonía hasta el final de los tiempos». Y sigue siendo condenado todavía hoy en muchas partes del mundo. Por el color de la piel o por la diferencia de ingresos económicos. Jesús es condenado hoy porque piensa de otra forma o porque resulta incómodo para los dueños de este mundo.
     – Jesús Maestro, enséñanos a acoger al otro, con el que Tú has querido identificarte
     – Jesús Hermano, no permitas que las personas, las instituciones o la prensa, condenen jamás al inocente.
     – Jesús Señor, perdona la superficialidad y la dureza con la que juzgamos a las personas.

2ª Estación: Jesús carga con la cruz

     Jesús carga todavía hoy con la cruz de la discriminación. En los emigrantes que son despreciados; en los niños que no encuentran plaza en una escuela; en el hombre honrado que por serlo es ridiculizado. Muchos de nosotros tenemos siempre preparada una cruz para cargarla sobre los hombros de un incauto.
     – Jesús Maestro, enséñanos a respetar a los más débiles y a hacer que se respeten en nuestro ambiente.
     – Jesús Hermano, no nos permitas sembrar aún más dolor a nuestro alrededor.
     – Jesús Señor, vuelve compasivo tu mirada a los que ya no pueden con su cruz.


3ª Estación: Jesús cae por primera vez
    
 Jesús cae por tierra en el niño que recibe el primer escándalo de aquellos que debieran enseñarle los caminos del bien y la verdad. El niño vive un tiempo maravilloso marcado por la curiosidad y la sorpresa. Pero con frecuencia es la maldad lo primero que recibe como lección. Como si el mundo estuviera ya fracasado y no supiera ofrecerle nada mejor.

     – Jesús Maestro, enseña a nuestros niños tus caminos de verdad, de justicia y de amor.
     – Jesús Hermano, no permitas que escandalicemos a un niño con nuestras palabras o acciones.
     – Jesús Señor, atrae hacia ti las miradas nuevas e inocentes de los niños.

4ª Estación: Jesús encuentra a su madre

     Nuestro mundo adolescente se ha creído demasiado adulto para recibir caricias. Se avergüen­za­ de los sentimientos y sólo sabe comerciar con ellos. Nuestro mundo, sin embargo, está necesitado de un poco de ternura. Jesús contó con la dulzura y la cercanía de su Madre. Nuestro mundo­ siente la urgente necesidad de encontrar una dulce mirada de compasión en su camino de dolor.­
     – Jesús Maestro, enseña a las mujeres de hoy a contribuir a la civilización del amor y del consuelo.
     – Jesús Hermano, que nuestras leyes, instituciones y voluntariado ayuden a humanizar el mundo.
     – Jesús Señor, danos un corazón manso y humilde, semejante al tuyo.


5ª Estación: Jesús recibe la ayuda de Simón Cireneo
     En las calles de la vida hay algunas personas que jamás son ayudados por nadie. Son como esos peces que se escapan por alguna rotura en las mallas de la red social. Hay personas que van presumiendo de no necesitar ayuda de nadie. Y las hay que sólo encuentran una ayuda obligada, pagada, «de oficio». Y, sin embargo, en muchos hombres y mujeres Jesús sigue necesitando ayudadores generosos y espontáneos.

     – Jesús Maestro, enséñanos la sencillez de pedir ayuda a nuestros vecinos.
     – Jesús Hermano, empújanos a prestar nuestro apoyo personal e institucional.
     – Jesús Señor, a tus manos encomendamos a los que nunca podrán ser ayudados por nadie.

6ª Estación: Jesús deja su imagen en un lienzo
    
     Sólo a los que no saben mirar les parece extraña esta leyenda de la Verónica. Bastaría abrir los ojos de la fe para ir descubriendo como ella el rostro de Cristo. Ahora no se nos muestra en un lienzo, sino en el rostro de los niños que son utilizados, explotados y maltratados, en el rostro de los enfermos que se sienten solos, en el de los ancianos abandonados y olvidados por sus hijos.­

     – Jesús Maestro, enséñanos a descubrir tu rostro en las personas que sufren.
     – Jesús Hermano, llámanos a enjugar con afecto y con eficacia las lágrimas de los que sufren.
     – Jesús Señor, reaviva tu imagen bendita en cada uno de nosotros.

7ª Estación: Jesús cae por segunda vez en el camino

     Jesús cae por tierra en el joven al que brutalmente se le recortan sus ideales. El joven vive de la esperanza. Y de la ilusión, tal vez. Pero son muchos los que se empeñan en venderle falsas esperanzas o en hacer negocios a costa de sus ilusiones. Mil drogas diferentes lo embotan y ocultan el sentido de la vida. Le robamos su oro para ofrecerle abalorios.

     – Jesús Maestro, muestra a los jóvenes los caminos que llevan a la vida, a la generosidad y a la alegría.
     – Jesús Hermano, defiende a nuestros jóvenes del engaño de la propaganda y de la manipulación.
     – Jesús Señor, mantén siempre en nosotros la esperanza y decisión del espíritu juvenil.


8ª Estación: Jesús consuela a unas mujeres
    
     En medio de la turbación de la sociedad hay muchas personas que nunca han olvidado lo que significa sentir y compadecer. A pesar de su dolor, el Jesús que vive hoy en los que sufren seguirá descubriendo la llama de la compasión en los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Es necesario alimentar la llama de la solidaridad, por pequeña y titubeante que parezca.

     – Jesús Maestro, ayúdanos a descubrir a nuestro alrededor corazones sinceros y solidarios.
     – Jesús Hermano, «que nadie de nosotros busque tanto ser consolado como consolar».
     – Jesús Señor, envía tu Espíritu Consolador tu Iglesia y sobre todos nosotros.

9ª Estación: Jesús cae por tercera vez

     Jesús cae por tierra también en la persona adulta que es víctima de la mentira y del chantaje. Jesús cae en todos aquellos que, con sola su limpieza, se enfrentan a las maquinaciones de los intereses ajenos. Jesús cae en aquellos que se esfuerzan en mantener sus ideales, a pesar de la propaganda o de las presiones de los fuertes.­

     – Jesús Maestro, enseña a nuestros hombres y mujeres el alcance de la virtud de la fortaleza.­
     – Jesús Hermano, ayúdanos a descubrir las medias verdades con trata de seducirnos la publicidad.
     – Jesús Señor, conságranos otra vez para la verdad, como pediste un día al Padre de los cielos.


10ª Estación: Jesús es despojado una vez más

     Entonces como ahora, Jesús es despojado de su casa y de su ciudadanía, de sus vestidos y de su intimidad personal. Jesús es despojado en el anciano al que roban su pensión y en el pisoteado que no encuentra abogados; en el emigrante al que se explota por no estar legalizado, en los niños que trabajan para las multinacionales o en los indios desplazados de la Amazonia. La globalización económica ha de ir unida a la globa­liza­ción de la solidaridad

     – Jesús Maestro, enséñame a amar y promover la justicia social en nuestro mundo
     – Jesús Hermano, que nuestros valores humanos y nuestra fe cristiana no nos permitan despojarte de nuevo.
     – Jesús Señor, escucha Tú el hondo clamor de todos los despojados de la tierra.


11ª Estación: Jesús es clavado en la cruz

     Aquellos martillazos resuenan todavía. Jesús es clavado cuando un enfermo no es atendido por ser pobre o no conocer a nadie en el hospital. Jesús será clavado a un madero en el hombre que será rechazado por no traer una recomendación. Jesús es clavado por nuestras infinitas miradas de desprecio. Como en el Calvario un día.

     – Jesús Maestro, enséñanos a descubrir y defender la dignidad de todo ser humano.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a respetar a toda persona, sin discriminación.
     – Jesús Señor, «por nuestras culpas víctima, atrae hacia ti nuestras miradas.

12ª Estación:  Jesús muere en la cruz

     Aquellas tres horas de agonía van a durar por los siglos de los siglos. Porque Jesucristo sigue muriendo. El Justo es injustamente ajusticiado. En un aborto provocado. En un accidente desencadenado por un irresponsable. En una cámara de ejecución. En un cuartucho al que no acuden ni parientes ni vecinos. En un hospital donde se decide que un paciente ya no tiene suficiente calidad de vida y se le debe dar una muerte compasiva. Jesús sigue muriendo hoy.

     – Jesús Maestro, enséñanos a anunciar, celebrar y servir el «evangelio de la vida».
     – Jesús Hermano, ayúdanos a dignificar la vida y humanizar la muerte.
     – Jesús Señor, «en la hora de nuestra muerte, llámanos y mándanos ir a ti».


13ª Estación: Jesús es recogido por su madre

     ¿Nos atreveremos a pensarlo y a decirlo claramente? Jesús fue recogido por su Madre, que lo quería vivo. Pero muchos hombres de hoy nunca serán recogidos por su madre, que los ha querido muertos. Sin duda, el problema es grave y quienes así actúan tienen sus razones. Nunca faltaron razones para no estar al pie de la cruz. María estuvo allí. La Iglesia y los cristianos tendremos que ayudar a prevenir la muerte de los inocentes y ofrecer cercanía y acogida a quienes han pasado por ese drama.

     – Jesús Maestro, enséñanos a proteger la vida, especialmente la más desvalida y amena­zada.­
     – Jesús Hermano, ayúdanos a crear leyes e instituciones de acogida a las madres acorraladas.
     – Jesús Señor, perdona nuestros pecados contra la vida y nuestra doble moral ante los mismos.

14ª Estación: Jesús es colocado en un sepulcro
     De vez en cuando en algún país del mundo se descubre una fosa común. O se llega a saber que un grupo de desaparecidos fueron arrojados al mar. Los tiranos de siempre tienen miedo a los hombres decididos por un ideal. Pero tienen el mismo terror ante sus sepulcros. Jesús hoy, es torturado y ejecutado de forma sumaria y ni siquiera recibe una sepultura honorable.

     – Jesús Maestro, enséñanos a respetar la vida, la memoria y el nombre de las personas que luchan por un ideal.
     – Jesús Hermano, ayúdanos a colaborar con las organizaciones que defienden los derechos humanos.
     – Jesús Señor, esperamos que Tú seas nuestro descanso final y definitivo en la hora de la tarde. 
                                                                  José-Román Flecha Andrés
                                                             



          

lunes, 4 de marzo de 2019

DOMINGO 1º DE CUARESMA C 2019

REFLEXIÓN- DOMINGO 1º DE CUARESMA. C 10 de marzo de 2019

LIBERTAD Y VERDAD 
“Traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado”. Esas son las últimas palabras del “credo” que el israelita  pronunciaba al llevar al templo las primicias de sus cosechas. A las palabras, el texto añade el gesto que completa el rito: “Los pondrás ante el Señor, tu Dios y te postrarás en presencia del Señor, tu Dios” (Dt 26,9-10).
 Así pues, a la generosidad del Dios que lo había liberado de la esclavitud, el pueblo había de responder con la gratitud de quien reconoce la misericordia de que ha sido objeto. La fe nos dice que solo Dios es Dios. Solo él puede ofrecer la verdadera libertad. Y solo él merece la adoración del hombre.
En el salmo responsorial resuena la promesa de la protección de Dios a los fieles que lo buscan: “A sus angeles ha dado órdenes, para que te guarden en tus caminos. Te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra” (Sal 90,11-12).
Tmbién san Pablo nos asegura que Dios es el Señor, el único Señor, “generoso con todos los que lo invocan” (Rom 10,8-13).

LA MENTIRA Y LA VERDAD

En el primer domingo de cuaresma meditamos las tentaciones de Jesús en el desierto. Más que aquella roca pelada que se alza sobre Jericó, el desierto de la cuarentena es la metáfora de toda una vida, en la que Jesús ha aceptado y vivido su misión.
• En primer lugar, el demonio presenta a Jesús un medio mágico para superar el hambre. Pero Jesús sabe sabe y confiesa que el verdadero alimento del hombre es la palabra de Dios, que da la vida y el sentido para la vida.   
• En segundo lugar, el demonio invita a Jesús a aceptar como un ideal el deseo de alcanzar el poder y la gloria. Ofrece lo que no posee y lo que no puede dar. Sus pretendidos regalos no garantizan la libertad. He ahí el contraste entre el mentiroso y el verdadero.  
• En tercer lugar, el demonio se atreve a citar las palabras del salmo. Pretende que Jesús se deje caer desde el alero del templo para hacer notar su calidad de Hijo de Dios. Pero Jesús sabe que no se puede tentar al Señor, para lograr un triunfo clamoroso.   
También para nosotros, el desierto es la imagen del encuentro con la libertad que Dios nos concede para que podamos vivir en la verdad (Lc 4,1-13).

LA FE Y LA PRUDENCIA

El papa Francisco repite una y otra vez que el demonio no es un mito. Las tentaciones de Jesús no son una leyenda. Reflejan la verdad de su misión. Y la honda verdad de los que aspiramos a seguirle por el camino. Ante las falsas promesas del demonio, sólo la verdad de la palabra de Dios nos hace realmente libres. 
• “No sólo de pan vive el hombre”. A lo largo del camino pretendemos saciar nuestra hambre con alimentos que no pueden sustentarnos.  Y deseamos saciar nuestra sed de libertad con adiciones que nos mantienen como esclavos.
• “Al Señor tu Dios adorarás y a él sólo darás culto”. A lo largo del camino, nos fijamos muchas veces en los medios y perdemos de vista la meta. Adoramos a los ídolos que nosotros mismos fabricamos. Y después lamentamos la soledad en la que enfermamos.  
• “No tentarás al Señor tu Dios”. A lo largo del camino tomamos con frecuencia decisiones que nos llevan al fracaso y después culpamos a Dios de habernos abandonado. Junto a la virtud de la fe hay que aprender cada día la virtud de la prudencia. No podemos imponer nuestra voluntad a Dios.  
- Señor Jesús, al principio de esta nueva cuaresma, queremos escuchar la palabra de Dios que tú repetías al tentador. Que ella nos ayude a mantenernos libres en el camino y servidores sinceros de la verdad.  Amén
                                               José-Román Flecha Andrés

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA 2019 Ciclo C

CADA DÍA SU AFÁN 9 de marzo de 2019

      EL DESIERTO Y EL JARDÍN
El mensaje del papa Francisco para la cuaresma de este año 2019 evoca una asombrosa afirmación de san Pablo: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rom 8,19).
Solemos ver la esperanza como un doy y una tarea personal. Solo algunas veces la vemos como un proyecto social y comunitario. “Somos un pueblo que camina” hacia un futuro que dinamiza el presente.
Pero casi siempre olvidamos la dimensión cósmica de la esperanza. Pero, según el Papa, “cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas”.
Así lo demuestra san Francisco de Asís en el “Cántico del hermano sol”, que orienta la encíclica del papa Francisco sobre el respeto a la casa común. Ahora bien, la armonía generada por la redención está amenazada por el pecado.
La persona vive en relación con lo otro, con los otros y con el Absolutamente Otro. Pero, en lugar de vivir una relación respetuosa, a veces es victima de la intemperancia y de sus deseos incontrolados. “El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18)”.
La fuente del mal está en el pecado que anida en el corazón humano.  Y el pecado “se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio, lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho”.
Según el Papa, esa avaricia acabará por destruir incluso a quien vive sometiéndose a ella. Por esto, la creación espera la conversión de los hijos de Dios. Una conversión que la  Cuaresma nos propone cada año en la práctica del ayuno, la oración y la limosna.
Ayunar, es pasar de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a esa nueva capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. 
Orar significa renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y reconocer que necesitamos del Señor y de su misericordia. 
Dar limosna implica superar el ansia de acumularlo todo, como si así pudiéramos asegurarnos un futuro que no nos pertenece.  

El pecado nos sacó del paraíso y nos lanzó al desierto. Jesús entró en el desierto de la creación para convertirlo en el jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original. “Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación”. 
                                                                                José-Román Flecha Andrés