UNA PAZ DESARMADA Y DESARMANTE
Instituida por el papa Pablo VI, el
primer día del año celebramos la Jornada Mundial de la Paz. En el mensaje que
para este año nos ha dirigido, el papa León XIV afirma que la paz de Cristo
resucitado es una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante.
Proviene de Dios, que nos ama a todos incondicionalmente.
1.La paz de
Cristo resucitado marca el contraste entre las tinieblas y la luz que se nos
presenta cada día y en toda situación humana. Ver la luz y creer en ella es
necesario para no hundirse en la oscuridad.
La
paz existe, quiere habitar en nosotros, puede iluminar y ensanchar la
inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo
eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para
siempre”. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado.
La
paz de Cristo resucitado es el don que permite que no olvidemos el bien,
reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos.
2. Una paz
desarmada.
La paz de Jesús resucitado es desarmada, porque desarmada fue su lucha. Los cristianos
deben ser testigos de esta novedad, recordando las tragedias de las que tantas
veces se han hecho cómplices.
La
fuerza disuasiva del poder y de la disuasión nuclear manifiestan una relación irracional
entre los pueblos basada no en el derecho, la justicia y la confianza, sino en
el miedo y en el dominio de la fuerza.
En
el año 2024 los gastos militares a nivel mundial aumentaron un 9,4% respecto al
año anterior, confirmando la tendencia ininterrumpida desde hace diez años y
alcanzando la cifra de 2.718 billones de dólares, es decir, el 2,5% del PIB
mundial.
El
avance tecnológico y la aplicación en el ámbito militar de las inteligencias
artificiales han radicalizado la tragedia de los conflictos armados. Hoy se
tiende a “delegar” a las máquinas decisiones que afectan a la vida y la muerte
de personas humanas.
Es
necesario denunciar los intereses económicos y financieros que empujan a los
estados en esta dirección y fomentar el despertar de las conciencias y del
pensamiento crítico.
3. Una paz
desarmante.
La bondad es desarmante. Quizás por eso Dios se hizo niño. La religión y la razón nos llevan a superar
los lazos de sangre o étnicos y las fraternidades que solo reconocen al que es
semejante y rechazan al que es diferente.
Es
necesario motivar y sostener toda iniciativa espiritual, cultural y política
que mantenga viva la esperanza, contrarrestando la difusión de actitudes
fatalistas.
El
Papa desea que permanezca el fruto del Jubileo
de la Esperanza, que ha impulsado a millones de seres humanos a
redescubrirse como peregrinos y a comenzar en sí mismos el desarme del corazón,
de la mente y de la vida.
José-Román
Flecha Andrés