sábado, 13 de diciembre de 2025

CADA DÍA SU AFÁN - 20 de diciembre de -2025


ESPERAR CON PACIENCIA

El tiempo de Adviento es tiempo de esperanza. Según el papa Francisco, “el mundo necesita esperanza, como también necesita la paciencia, virtud que camina de la mano de la esperanza. Los seres humanos pacientes son tejedores de bien… Incluso cuando muchos a su alrededor han sucumbido a la desilusión, quien está animado por la esperanza y es paciente es capaz de atravesar las noches más oscuras”.

  Se suele decir que vivimos en un tiempo marcado por el nihilismo. Según Emmanuel Mounier, “el nihilismo, del que se desprende el espíritu de catástrofe, es una reacción masiva de tipo infantil”.  

  En este tiempo se respira un aire de pesimismo y desesperanza. Parece que se respira la voluntad de llegar a un “suicidio asistido”, tanto desde el punto de vista religioso como cultural. Pero en ese contexto, la esperanza se presenta como la actitud necesaria para superar el canto de las sirenas y seguir navegando hacia un futuro de plenitud.

El cristiano que vive esperando el encuentro con su Señor tendrá que sufrir el retraso y la pesadez de la espera, soportar pacientemente las adversidades exteriores y dar fruto en la perseverancia. Su actitud paciente, que le asemeja al mismo Dios, es el precio que ha de pagar por la salvación de su propia alma y la colaboración que debe prestar a la instauración definitiva del tiempo de Dios.

La paciencia es capaz de soportar la adversidad con fortaleza. Si el cristiano no se resigna a vivir pasivamente ante este siglo malo es precisamente porque vive aguardando, en lucha contra el pecado, el futuro prometido por Dios.

Según Erich Fromm, “la fortaleza es la capacidad de resistir a la tentación de comprometer la esperanza y la fe, transformándolas -y por tanto destruyéndolas- en vacío optimismo o en fe irracional. La fortaleza es la capacidad de decir no cuando el mundo quiere oír decir sí”.

En su encíclica Dios es amor, el papa Benedicto XVI escribía que “la esperanza se relaciona prácticamente con la virtud de la paciencia, que no desfallece ni siquiera ante el fracaso aparente, y con la humildad, que reconoce el misterio de Dios y se fía de él incluso en la oscuridad” (DC 39). 

Y el papa Francisco ha añadido que “la paciencia, que también es fruto del Espíritu Santo, mantiene viva la esperanza y la consolida como virtud y estilo de vida. Por lo tanto, aprendamos a pedir con frecuencia la gracia de la paciencia, que es hija de la esperanza y al mismo tiempo la sostiene” (SNC 4).  

Es preciso vivir la paciencia en la firmeza, la vigilancia y la sobriedad. Los cristianos necesitamos que, un ángel nos asegure: "No temáis, os traigo una buena nueva, una gran alegría, que es para todo el pueblo" (Lc 2,10). Ese es el mensaje de la Navidad. 

                                                              José-Román Flecha Andrés