martes, 3 de marzo de 2026

REFLEXIÓN - Domingo 3º de Cuaresma. A 8 de marzo de 2026

 

EL AGUA QUE DA VIDA

 “Golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”.  Así responde Dios a las murmuraciones de su pueblo, torturado por la sed (Éx 17,3-7). En lugar de seguir al Dios del futuro, el pueblo añora a los dioses del pasado.

Tras haber recordado a Adán y a Abraham, la liturgia nos presenta la figura de Moisés. No es él quien consigue el agua, pero su obediencia a Dios contribuye a calmar la sed de los que peregrinan. Y alcanza el perdón divino sobre la blasfemia humana.

Con toda razón, el salmo responsorial nos repite un oráculo de salvación: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón” (Sal 94).

San Pablo, por su parte, nos recuerda que “la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,4). El amor de Dios es el agua que nos da vida y Jesucristo es el nuevo Moisés que abre para nosotros ese manantial de gracia y de esperanza. 

EL SÉPTIMO HOMBRE

El agua anuncia el bautismo de los catecúmenos que se celebrará en la fiesta de la Pascua. Si Elías pidió de comer a una mujer pagana, Jesús pide de beber a una mujer considerada como pecadora. El verdadero profeta se presenta siempre como un indigente.

Aquella mujer de Samaría llega a sacar agua del antiguo pozo de Jacob. Ella evoca el pasado de su pueblo, pero Jesús la invita a imaginar un futuro insospechado: “Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice ‘dame de beber’, tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Jn 4,10).  Al oír a ese judío, la mujer le pide esa agua que da vida.

Por la vida de esta mujer han pasado ya seis hombres. Ninguno le ha traído la paz y la felicidad. Jesús es el séptimo hombre que llega a su vida. Ese es un número de perfección. El séptimo hombre es el enviado por Dios. Ya no es solo un judío. Se revela como un profeta. La mujer descubre que es el Mesías. El Salvador de todos los hombres.  

EL CÁNTARO DE LA MUJER

En el centro de este diálogo evangélico, se revela Jesús como un profeta. Él es el Mesías que ha sido esperado durante siglos. De su boca brota una promesa sorprendente: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.

• “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed”. Así era y así es. Todos nos hemos acercado a pozos engañosos y no hemos podido calmar nuestra sed de felicidad.

• “El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor”. Todos hemos buscado satisfacción en el exterior, olvidando que el manantial está en nuestro interior.

• “Un agua que salta hasta la vida eterna”. Todos nosotros limitamos nuestros deseos a lo efímero y caduco, cuando el Señor nos abre a un horizonte de eternidad.

Los hermanos ortodoxos atribuyen a la samaritana el nombre de Santa Fotina, es decir, la Iluminada. El cántaro que ella dejó junto al pozo está a disposición de los que han de llevar a sus hermanos el agua de la fe y de la esperanza.

- Señor Jesús, tú comienzas tu vida pública junto a un pozo, pidiendo de beber a una  mujer, y la culminas en la cruz revelándonos tu sed. Danos tu agua y envíanos a ofrecerla generosamente a todos los que cruzan sedientos los desiertos de la vida.  Amén.                                 

                                                                                          José-Román Flecha Andrés