martes, 13 de enero de 2026

REFLEXIÓN -- Domingo 2º del Tiempo Ordinario. A 18 de enero de 2026

 

ELEGIDO COMO TESTIGO

Es poco que seas mi siervo para restablecer las tribus de Jacob y traer de vuelta a los supervivientes de Israel. Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra” (Is 49,6). Así dice el Señor al despreciado, al aborrecido de las naciones, al esclavo de los tiranos (Is 49,7).

Según este cántico que se encuentra en el libro de Isaías, el más insignificante de los humanos se convertía así en el elegido por Dios no solo para reunir a su pueblo, sino para iluminar a todas las naciones. Su misión había de alcanzar hasta los últimos confines de la tierra.

El salmo 39 parece reflejar la docilidad y la obediencia de este elegido por Dios: “Aquí estoy, para hacer tu voluntad. Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas”.

San Pablo se presenta a los corintios como un llamado por Dios para una misión que había de llegar no solo a los hebreos sino también a los paganos (1Cor 1,1-3).

EL DON DE LA ENTREGA

En la liturgia romana, se recuerdan cada día en la santa misa las palabras con las que Juan Bautista presentó a Jesús: “Este es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Con ellas se nos invita a participar en la comunión eucarística. Y con ellas se nos exhorta a recordar el don de nuestra redención.

• Juan sabía de la presencia del pecado en aquella sociedad. Hoy no podemos ignorar la presencia y la tremenda fuerza del mal en este mundo. Es cierto que también somos conscientes de la presencia del bien. Al afirmar la presencia del pecado no queremos prometer la condenación a nadie. Nuestra fe nos dice que el pecado ha sido vencido por Jesús.

• Juan Bautista presentaba a Jesús como el Cordero del mundo. Tal vez recordaba los corderos sacrificados en el templo. Como el cordero de la pascua judía, Jesucristo se ha entregado libremente en expiación por el pecado del mundo y por el pecado de cada uno de nosotros. Nuestra fe nos dice que hemos de agradecer cada día su entrega.   

DE LA IGNORANCIA AL TESTIMONIO

Por otra parte, en el texto evangélico se contraponen la ignorancia de Juan Bautista y la luz que lo llevó a reconocer en Jesús al Mesías esperado por su pueblo

• “Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar…” Juan comprende que con el bautismo que él administra contribuye para que Jesús se manifieste a Israel.

• “He contemplado al Espíritu… que se posó sobre él”. La ignorancia del profeta respecto al Mesías encuentra ayuda al contemplar al Espíritu que guía a Jesús de Nazaret. 

• “Yo no lo conocía, pero el que me envió me dijo…” Juan confiesa que no conoce a Jesús, pero sabe que Dios lo ha enviado para presentarlo a su pueblo.

• “Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios”.  Al ver a Jesús, Juan ha llegado a entender que ha sido elegido para ser testigo del Mesías. La ignorancia ha dejado paso a la contemplación y esta exige el testimonio.  

- Padre de los cielos, también a nosotros nos has elegido y enviado a anunciar la presencia de Jesucristo en un mundo que pretende ignorarlo. Nunca podríamos hacerlo con dignidad sin la ayuda de tu gracia. Ayúdanos a cumplir esa misión con humildad, con fidelidad y con una gozosa generosidad Amén.

José-Román Flecha Andrés