martes, 13 de enero de 2026

CADA DÍA SU AFÁN - 17 de enero de 2026

  

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL MUNDO

El día 9 de enero de este año 2026, el papa León XIV dirigió a los embajadores acreditados ante la Santa Sede “una reflexión sobre nuestros tiempos, tan turbados por un número creciente de tensiones y conflictos”.

Tras aludir al jubileo, a la muerte del papa Francisco y a su vivita a Turquía y al Líbano, citó  “La Ciudad de Dios”, en la que san Agustín ”advierte de los graves peligros para la vida política que entrañan las falsas representaciones de la historia, el nacionalismo excesivo y la distorsión del ideal del líder político”.

 En ese contexto, añadió que la debilidad del multilateralismo es hoy motivo de especial preocupación a nivel internacional. “La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende”.  

Por eso, es esencial el derecho internacional humanitario. “La destrucción de hospitales, infraestructuras energéticas, viviendas y lugares esenciales para la vida cotidiana constituye una grave violación del derecho internacional humanitario”. Es evidente que “el principio de la inviolabilidad de la dignidad humana y la santidad de la vida siempre cuenta más que cualquier mero interés nacional”.

El Papa se refirió a varios problemas que surgen de la ambigüedad del lenguaje, como las dificultades que se ponen a la libertad de conciencia y a la objeción de conciencia. “Una sociedad verdaderamente libre no impone la uniformidad, sino que protege la diversidad de conciencias, previniendo las tendencias autoritarias y promoviendo un diálogo ético que enriquece el tejido social”.

Se refirió, además, a la persecución de los cristianos, que afecta a más de 380 millones de creyentes en todo el mundo, a la causa de los migrantes y de los presos, especialmente los presos políticos. Abogó por la abolición de la pena de muerte, del aborto, de la maternidad subrogada, de la eutanasia y por la recuperación de las adicciones. 

Según el Papa, “en el contexto actual, estamos asistiendo a un auténtico “cortocircuito” de los derechos humanos”.  

Evocando de nuevo a san Agustín, afirmó que, “en ausencia de un fundamento trascendente y objetivo, solo prevalece el amor propio, hasta el punto de la indiferencia hacia Dios, que gobierna la ciudad terrenal”. El orgullo allana el camino para la mentalidad de confrontación, que es el precursor de toda guerra.

Tras recordar los escenarios actuales de guerra, añadió que la paz sigue siendo un bien difícil, pero posible. La construcción de la paz requiere la humildad de la verdad y la valentía del perdón. 

A pesar de todo, no faltan algunos signos de esperanza. Este año se cumplirá el octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís, un hombre de paz y de diálogo. Su vida nos dice que un mundo pacífico se construye a partir de corazones humildes volcados hacia la ciudad celestial.  

                                                                            José-Román Flecha Andrés