sábado, 11 de abril de 2020

CADA DÍA SU AFÁN - 11 de abril de 2020


ANTONIO TROBAJO, AMIGO

Tu muerte no me ha cogido por sorpresa. En la última llamada telefónica noté tu voz tan débil y cansada que yo mismo aceleré con dolor la despedida. Ahora, en este momento en que me llega la noticia de tu partida, solo quiero manifestarte mi amistad y mi profunda gratitud por lo que has sido y por lo que has hecho.
Has sido un hombre bueno, que no es poco decir. Seguramente todos te recordarán como una persona amable y sincera. Has mostrado a todo el mundo rostro amable de la fe, el itinerario tenaz y paciente de la esperanza, la vocación cristiana al amor, entendido también como caridad social.
Has promovido el diálogo entre la fe y la cultura, tomando muy en serio a los dos dialogantes. Has sabido presentar ante la Iglesia el rostro confiable del mundo. Y has sabido presentar al mundo de la cultura el valor de una iglesia peregrina, a la que has dedicado las parábolas más bellas y atinadas en tus escritos y homilías.
Has sido un buen sacerdote, como cura de pueblo, profesor de religión, rector del seminario, vicario de la diócesis o deán de esta “pulchra” catedral que, gracias a ti, es más conocida y amada por los de cerca y los de lejos.
Yo sé que en este momento son  muchas las alabanzas que se escribirán sobre ti.  A pesar del dolor de esta hora, me alegra pensar que esas alabanzas son de sobra merecidas.
Esta es la hora de dar gracias a Dios por los muchos dones que derramó sobre ti. Y por lo mucho, bueno y sabroso que nos has ido entregando con tu humanidad y tu espiritualidad, con tu trabajo y tu serenidad, con tu sabiduría y tu humildad, con esa paz y esa sinceridad tuyas que nos estimulaban cada día.
Querido Antonio, ha sido un privilegio poder contar con tu amistad. Y es un deber dejar constancia de lo mucho que agradecemos lo que has hecho por la cultura y por la fe en esta tierra nuestra. Y, sobre todo,  por habernos acercado más a Jesucristo y a su Iglesia.  Que Dios te lo pague, hermano.
                                                          José-Román Flecha Andrés,