LA VIÑA DEL SEÑOR
“Mi
amigo tenía una viña en un fértil collado. La entrecavó, quito las piedras y
plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Esperaba que
diese uvas, pero dio agrazones” (Is 5,2). Así hemos hemos frustrado los planes
de Dios.
Es
dramático comparar lo que Dios esperaba de nosotros y lo que nosotros hemos
producido. En los planes de Dios estaban la fertilidad y los frutos, la alegría
de las vendimias y el disfrute del buen vino. Pero nosotros solo hemos producido
esterilidad y muerte.
Por
si no estaba claro, el salmo responsorial nos explica el sentido primero del
poema de Isaías: “La viña del Señor es la casa de Israel” (Sal 79).
Aquel pueblo no debía encerrarse en sí mismo. Pero menos aún puede encerrarse la Iglesia. San Pablo pide a los Filipenses que traten de acoger y asimilar los buenos valores que encuentren, aun en el mundo pagano (Flp 4,8).
LA PARÁBOLA
Por tercer domingo consecutivo, el evangelio
que hoy se proclama evoca el trabajo de las viñas y el tiempo de la vendimia (Mt
21,33-43). Como en el antiguo poema, también la parábola evangélica da cuenta
de los cuidados que un propietario ha dedicado a su viña. Jesús añade que, al
marchar de viaje, la arrendó a unos labradores.
Al tiempo de la vendimia, el dueño envía a
unos criados a percibir los frutos que le corresponden. Pero en dos ocasiones
sucesivas los labradores apalean, apedrean y matan a los criados que el dueño
les envía. Y lo mismo harán con el hijo del dueño. No solo quieren quedarse con
los frutos sino también apropiarse de la viña, así que le dan muerte
Terminada la parábola, Jesús pregunta a sus oyentes qué hará el dueño de la viña. Ellos responden que hará morir a aquellos malvados y arrendará la viña a otros labradores más fieles. El evangelio pone en boca de Jesús el significado de la alegoría. Dios quitará a Israel el privilegio del Reino de Dios y lo entregará a un pueblo que produzca sus frutos.
EL HEREDERO
El
texto evangélico incluye la reflexión de los labradores a la llegada del hijo
del dueño de la viña: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos
con su herencia”. Estas palabras nos recuerdan la intención de los hijos de
Jacob al ver llegar a su hermano José.
• “Este es el
heredero”. En los evangelios con frecuencia se colocan en labios de los
adversarios verdaderas confesiones de fe. El texto sugiere que Jesús es el
heredero del Padre celestial. Y esa dignidad es reconocida aun por sus
enemigos.
• “Venid, lo
matamos”. Jesús fue espiado. Le tendieron muchas trampas. Fue acusado y calumniado.
Y finalmente fue condenado a muerte por su propio pueblo. Ese drama se repite a
lo largo de la historia. Son muchos los que tratan de eliminar a Cristo de la
sociedad.
• “Nos quedamos
con su herencia”. Es evidente que la viña era apetecible. Por apropiarse de
ella, los labradores eran capaces de dar muerte a los mensajeros y al hijo del
dueño. A lo largo de la historia muchas personas e ideologías han hecho lo
mismo.
- Padre nuestro, te damos gracias porque nos
has confiado tu creación y la viña de tu Iglesia. Enséñanos a trabajar con
responsabilidad en este campo. Y ayúdanos a acoger con fidelidad a los
mensajeros que tú nos envías y especialmente a tu Hijo, heredero de tu
Reino.