SAN FRANCISCO Y LA PAZ
1.El día 3 de octubre de 1226, en la Porciúncula,
Francisco de Asís acogía a la que él se había atrevido a llamar “nuestra
hermana muerte corporal”. Al cumplirse el octavo centenario de su tránsito, el papa
León XIV ha dirigido a los franciscanos una breve carta que merece ser conocida.
San
Francisco deseaba que su mensaje de paz encontrase un profundo eco en la
actualidad de la Iglesia y de la sociedad.
Al comienzo de su vida evangélica, había
escuchado una llamada: «El Señor me reveló que dijéramos este saludo: “El Señor
les dé la paz”».
2. Pues bien, con estas palabras, Francisco transmite a sus hermanos y a todos los
creyentes el asombro interior que el Evangelio había traído a su existencia: “La
paz es la suma de todos los bienes de Dios, un don que desciende de lo alto”.
Es el mismo saludo que el Señor resucitado dirige
a sus discípulos, asustados y encerrados en el cenáculo: “La paz esté con
vosotros”. No es una fórmula de cortesía, sino el anuncio de la victoria de
Cristo sobre la muerte.
3. La paz que anuncia san Francisco es la que
Cristo mismo hizo resonar entre el cielo y la tierra. En esta época, marcada
por guerras que parecen interminables, él sigue hablando. No para ofrecer
soluciones técnicas, sino porque su vida indica la fuente auténtica de la paz.
Francisco llama «hermano» al sol y «hermana» a la
luna, reconoce en cada criatura un reflejo de la belleza divina y dice que la
paz debe extenderse a toda la familia de la creación.
Esta intuición es válida ahora que la casa común
está amenazada por la explotación. La llamada a la reconciliación universal
comporta la paz con Dios, la paz entre los seres humanos y la paz con la creación.
Así lo pedimos al Creador con la oración que el papa León ha escrito para este
centenario:
4. “San Francisco, hermano nuestro, tú que hace
ochocientos años fuiste al encuentro de la hermana muerte como un hombre
reconciliado, intercede por nosotros ante el Señor.
Tú, que en el Crucifijo de San Damián reconociste
la paz verdadera, enséñanos a buscar en él la fuente de toda reconciliación que
derriba todo muro.
Tú, que desarmado atravesaste las líneas de la
guerra y de la incomprensión, concédenos el coraje de construir puentes allí
donde el mundo levanta fronteras.
En este tiempo afligido por conflictos y
divisiones, intercede para que lleguemos a ser artesanos de paz: testigos
desarmados y desarmantes de la paz que viene de Cristo. Amén”.
5. San Francisco de Asís fue fuerte en la fe, firme en la esperanza y ardiente en la caridad hacia el prójimo, El Papa desea que su ejemplo nos lleve a confiar en el Señor, a dedicarnos a una existencia fiel al Evangelio, y a aceptar e iluminar con la fe y con la oración cada circunstancia y acción de la vida.
José-Román Flecha Andrés