martes, 22 de septiembre de 2026

REFLEXIÓN - Domingo 26 del tiempo ordinario. A. 27 de septiembre de 2026

 

EL TRABAJO EN LA VIÑA

“Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere… Y cuando el malvado se convierte de la maldad que cometió y practica el derecho y la justicia, salva su propia vida” (Ez 18,26-27). Según el profeta Ezequiel, quien ha optado por el mal puede cambiar con el tiempo. De ese cambio puede depender su honor y hasta su vida. 

 Con el salmo responsorial, nosotros nos ponemos hoy en las manos de Dios: “Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas: haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador, y todo el día te estoy esperando” (Sal 24).

San Pablo sabe bien lo que significan los cambios en las actitudes de una persona. Con un himno muy conocido, pide a los Filipenses que se mantengan unidos, con un mismo amor y un mismo sentir. Y los exhorta a asumir los sentimientos de Cristo Jesús (Flp 2,1-11).

DOS MODOS DE CONDUCTA

 Por medio de una parábola, Jesús expone a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo el valor de una decisión (Mt 21,28-32). Un  propietario pide a sus dos hijos que vayan a trabajar a la viña. Pero la respuesta de los hijos es diferente. 

Seguramente, las primeras comunidades cristianas veían en el primer hijo la imagen del mundo pagano que parece rechazar el evangelio, pero puede llegar a aceptarlo. El segundo hijo les recordaba al pueblo judío, que parecía escuchar la Ley, pero no la cumplía.

Pero aquellos dos modos de conducta se daban también en el seno de las mismas comunidades. Algunos hermanos parecían bruscos, pero trabajaban por el evangelio. Otros parecían muy obedientes, pero no colaboraban en la misión.

También hoy conocemos a personas que parecen vivir en una apostasía teórica, pero en realidad cumplen la voluntad de Dios. Y otras personas conocen la Biblia y las enseñanzas de la Iglesia, pero no las llevan a la práctica. Sin embargo, todos tenemos que reconocer y confesar que Dios es nuestro Padre y que a todos  nos invita a trabajar en su viña.

FRUTOS PARA LA VIDA DEL MUNDO

Después de exponer la parábola, Jesús interpela a los responsables del pueblo judío con una conclusión inquietante para ellos: “Los publicanos y las prostitutas van por delante en el reino de Dios”. La sola mención de esos dos grupos de personas les resultaba escandalosa. 

• Los publicanos no solo eran considerados como avarientos y explotadores del pueblo. Eran despreciados por colaborar con el imperio romano. Eran vistos como pecadores y así se consideraban algunos de ellos a sí mismos.

• Las prostitutas eran despreciadas por todos. En Israel, la prostitución era desde antiguo considerada como la imagen más significativa de la idolatría de un pueblo, que muchas veces  ignoraba su alianza con Dios y se entregaba a los dioses falsos.

• Sin embargo, estas personas que parecían encarnar el pecado, escucharon la predicación de Juan Bautista y se convirtieron. Pero los sacerdotes y los principales del pueblo, que decían conocer y seguir la Santa Ley, no se prestaron a la escucha y a la conversión. 

 - Padre nuestro que estás en el cielo y en la tierra, te agradecemos que hayas querido contar con nosotros para el trabajo en tu viña, que es también la nuestra. Perdona nuestra pereza y nuestra hipocresía. Y ayúdanos a imitar a Jesús, que aceptó tu voluntad y se entregó a sí mismo para que esta viña produzca frutos para la vida del mundo. Amén.  

José-Román Flecha Andrés