lunes, 21 de septiembre de 2026

REFLEXIÓN - Domingo 24 del Tiempo Ordinario. A 13 de septiembre de 2026

 

UN PERDÓN SIN  MEDIDA

“Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados” (Si 28,2). Esta exhortación, que se encuentra en el libro del Eclesiástico, no solo era válida para el pueblo hebreo. Conserva su valor también para nosotros.

Quien perdona las ofensas recibidas demuestra poseer un espíritu creativo. Los cristianos creemos que quien perdona de corazón a su hermano hace visible la misericordia de Dios.  

Con el salmo responsorial también nosotros reconocemos y proclamamos que “el Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia” (Sal 102).

Por su parte, san Pablo nos invita a superar el egoísmo: “Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo” (1 Cor 14,7). Tanto la vida como la muerte han de estar orientadas hacia el Señor.

UNA PARÁBOLA

Simón Pedro considera excesivo tener que perdonar siete veces al hermano (Mt 18,21). Pero Jesús alude a la antigua canción de Lámek (Gén 4,23-24), para proclamar que la venganza sin medida ha de ser sustituida por el perdón sin medida.

Jesús ilustra su enseñanza con una parábola muy elocuente. Un siervo, que ha recibido el perdón de su amo por una deuda exorbitante, no es capaz de perdonar a un compañero de servidumbre una deuda casi insignificante  (Mt 18,23-34). El texto pone en la boca de ambos siervos el mismo ruego: “Ten magnanimidad para conmigo”. 

La parábola de los deudores es, sobre todo, una revelación del Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Es una contemplación de su misericordia. En un segundo momento, puede ser leída y meditada como una exhortación al perdón fraterno. La misericordia y el perdón son signos que siempre habrán de distinguir a los hijos de Dios.

UNA PROFECÍA

Para extraer una aplicación de esta parábola, el evangelista pone en boca de Jesús una profecía que nos interpela: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. Tres alusiones merecen nuestra atención:

• El Padre del cielo. Jesús lo conoce y se siente conocido por él. Jesús sabe y proclama que el Padre celestial es compasivo y misericordioso. Y espera que los hijos se parezcan al Padre. Los discípulos del Maestro hemos de aprender la lección de la misericordia y practicar la enseñanza del perdón más generoso.

• El hermano. Hoy se difunde el ideal de la solidaridad, porque hemos olvidado la relación de la fraternidad. No podemos considerarnos hermanos si no admitimos un Padre común. Pues bien, los que suplican nuestro perdón son hermanos nuestros. Y merecen recibir la compasión que el Padre ha derramado sobre todos sus hijos. 

• El perdón de corazón. En la tradición de Israel, el corazón significaba con frecuencia la conciencia de la persona. Así que el perdón del corazón no puede limitarse a una fórmula social ni a respetar las normas de lo políticamente correcto. Estamos llamados a ofrecer el perdón desde la verdad más profunda de nuestro ser.

- Señor Jesús, tú no te limitaste a hablar del perdón, sino que, desde el patíbulo de la cruz, pediste al Padre el perdón para todos los que te habían llevado a la muerte. Ayúdanos a aprender tu lección y a seguir fielmente tu ejemplo. Amén. 

                                                           José-Román Flecha Andrés