LOS ENVIADOS Y LA COMUNIDAD
Un
matrimonio de Sunam suele recibir al profeta Eliseo y decide preparar una
habitación en la terraza de su casa para recibirlo cada vez que pase por allí.
La
hospitalidad hacia el profeta, recibe de Dios el premio de una fecundidad
siempre esperada. Aconsejado por Guejazí, su criado, Eliseo promete a aquel
matrimonio que el año próximo por la misma época, la mujer estaría ya abrazando
a un hijo (2 Re 4,8-14).
En
el salmo responsorial, podemos nosotros prometer nuestra gratitud a nuestro
Dios: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor” (Sal 88).
No es vana nuestra canción. San Pablo nos ha dicho que los redimidos por Cristo, hemos de considerarnos muertos al pecado para vivir con él una vida nueva (Rom 6,3-11).
LA PAGA DEL JUSTO
En
el evangelio de este domingo se recuerda el discurso de misión, en el que Jesús
dirige a sus apóstoles cuatro advertencias sobre el desprendimiento que se pide
al enviado y tres gestos de hospitalidad que se esperan de una comunidad
cristiana ideal:
-
Habrá de acoger a los enviados como si acogiera al Señor que los envía.
-
Habrá de recibir a los profetas, no solo por cortesía, sino tan solo por ser
profetas.
-
Habrá de mostrarse siempre hospitalaria con los discípulos del Maestro. (Mt
10,37-42).
Una
y otra vez se insiste en los avisos de Jesús. “El que no me sigue no es digno
de mí”. “El que pierda su vida por mí, la encontrará”. “El que os recibe, me
recibe a mí”.
Él motiva las decisiones radicales del
creyente. Solo por él se puede entregar la vida. Es él quien es recibido cuando
se recibe a sus mensajeros y a sus discípulos.
Con todo, hay una frase que parece ser el resumen de todas las demás: “El que recibe a un justo por ser justo, tendrá paga de justo”. Quien recibe a un justo, recibirá la recompensa del Justo que con él se ha identificado.
LOS CAMINOS DEL MUNDO
El
verbo “recibir” aparece muchas veces en la boca de Jesús, como un eco de
la hospitalidad propia de su pueblo. En
realidad, ahora suena como el signo del reino de la gratuidad que él anunciaba.
• “El que os
recibe a vosotros, me recibe a mí”. Con estas palabras, el Maestro se
identifica con sus apóstoles. Como se ve, invita a las comunidades cristianas
de ahora y de siempre a no mirar con nostalgia los tiempos de la primera
comunidad. No tuvieron más privilegio los que oyeron a Jesús que los que en el
día de hoy prestan atención a sus enviados.
•
“El que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”. Con esta expresión el
Maestro se identifica con el Padre celestial. El que envía a sus discípulos es
a su vez un enviado. Puede pedir fidelidad a la misión, porque él ha sido fiel
a la misión que le ha sido confiada.
También hoy, quien cree en Jesús no se aleja de Dios, sino todo lo
contrario.
- Señor Jesús, sabemos y confesamos que tú has sido enviado por el Padre celestial. Creemos también que nos envías a nosotros por los caminos del mundo para anunciar con fidelidad tu mensaje de salvación. Y queremos ser conscientes de que la hospitalidad que recibamos se debe solamente a ti.
José-Román Flecha Andrés