LA TORRE Y LA CIUDAD
En
su encíclica “Magnifica humanitas”, el papa León XIV evoca una y otra vez dos
escenas bíblicas muy significativas. que se refieren a la construcción.
1.La
primera de ellas nos remite al relato de la construcción de la torre de Babel
(Gén 11, 1-9). Tras el diluvio, los seres humanos se han establecido en la llanura
de Senaar, que se sitúa entre los ríos Éufrates y Tigris, y que corresponde al
actual Irak.
Con
el tiempo deciden levantar una torre cuya cima había de llegar hasta el cielo.
La empresa era imponente: una sola lengua, una sola tecnología, una sola
dirección, pero el proyecto revelaba la ambición de sus protagonistas. No solo
no contaban con Dios, sino que pretendían situarse en su lugar.
El relato suena como una parábola. Lo que se
trata de construir a partir del orgullo solo puede llevar a la confusión de las
lenguas. En esa situación es imposible entenderse. El resultado fue el abandono
del proyecto y la dispersión de las gentes.
El Papa
concluye que “Babel revela el límite de toda
construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo
humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las
personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición
de Dios” (MH 7).
2. La segunda escena nos
presenta a Nehemías. Es un judío piadoso que ayuna, reza y pide permiso al rey
persa Artajerjes para intentar reconstruir la ciudad de Jerusalén, destruida
por los babilonios (Ne 1-2).
También este relato suena como
una parábola. Según el Papa, muestra que “la ciudad renace, no gracias a la
iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida
de todo el pueblo… Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los
vínculos incluso antes que las piedras” (MH 8).
3. Estas imágenes reflejan lo
que está ocurriendo en nuestro mundo. El problema no es la tecnología ni la
inteligencia artificial, sino las actitudes de quienes las utilizan de una
forma o de otra, con una finalidad o con otra. La consecuencia es clara:
• “Evitemos, por tanto, el
síndrome de Babel: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la
uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único
—incluso digital— capaz de traducirlo todo, aun el misterio de la persona, en
datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanización”.
• Elijamos, en cambio, el
camino de Nehemías. “Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad
de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe,
posibilidad de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y
haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común para hacer crecer la
justicia y la fraternidad” (MH 10).
José-Román Flecha Andrés