EL MIEDO Y LA DECISIÓN
“Delatadlo; vamos a delatarlo… A ver si se
deja seducir y lo violaremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él” (Jer 11,10).
Ese era el cuchicheo que Jeremías podía oír al pasar entre las gentes que lo
conocían. No había hecho mal alguno. Pero denunciaba la impiedad e inmoralidad
de su pueblo.
A lo largo de la historia de la Iglesia son
innumerables los creyentes que han sido asesinados por su amor al bien y la verdad. Las persecuciones
contra los mensajeros del evangelio no terminaron con la libertad concedida a
los cristianos por el emperador Constantino.
Con
el salmo responsorial cada uno de nosotros puede manifestar su confianza en el
Señor que lo ha llamado: “Que me escuche tu gran bondad, Señor” (Sal 68).
Con todo, sabemos y creemos que, gracias al sacrificio de Cristo, el favor y la gracia de Dios han sido derramados sobre nosotros, como dice san Pablo a los Romanos (Rom 5,12-15).
EL PRECIO DE LOS GORRIONES
En
el evangelio que se proclama en este domingo, Jesús repite hasta tres veces la
exhortación: “No tengáis miedo” (Mt 10,26-33). La tentación del miedo parece tan
antigua que la vemos reflejada ya en los discípulos de Jesús. Con razón, Jesús les
ofrece tres razones para superar el miedo:
-
No han de tener miedo a los hombres, puesto que solo tratan de servir a la
verdad, mientras que la mentira siempre termina por ser descubierta.
-
No han de temer a los que matan el cuerpo, pero no pueden dar muerte al alma.
El espíritu humano sobrevive a los ataques de los tiranos.
-
Finalmente, los discípulos no han de tener miedo, porque el Padre celestial los
conoce personalmente, vela por ellos y los premia con su presencia.
Para apoyar esas llamadas a la confianza Jesús les propone una parábola que refleja su observación de la realidad: “¿No se vende un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros, hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo, no hay comparación entre vosotros y los gorriones”.
VERDAD Y VALENTÍA
Aunque
sea muy importante, no tener miedo es solo la parte “negativa” de la misión
profética. El profeta ha de hacer algo positivo. Ha de ponerse de parte de
Jesús ante los hombres. De esa confesión de fe y de su fidelidad en el
presente, depende el futuro al que ahora se prepara.
•
La actitud del apóstol que predica el evangelio del Reino de Dios lo presenta y
distingue siempre como discípulo del Maestro.
Si el discípulo se pone de parte de Jesús ante los hombres, el Maestro
se pondrá de su parte ante el Padre celestial.
•
Pero la actitud del apóstata es la decisión de renegar del Maestro, por temor a
perder prestigios humanos y ganancias terrenas. Ahora bien, si el discípulo
niega a Jesús ante los hombres, el Maestro también lo negará ante el Padre
celestial.
- Señor Jesús, es sorprendente comprobar que hasta tus mismos enemigos reconocían que eras sincero y que enseñabas con franqueza el camino de Dios (Mt 22,16). Hoy vivimos en medio de una sociedad marcada por la desconfianza. Te rogamos que nos des tu luz y tu fuerza para que podamos superar los miedos que nos atan y confesarte cada día con verdad y valentía. Amén.
José-Román Flecha Andrés