LA TRINIDAD DE DIOS
Moisés
había madrugado para subir a la montaña del Sinaí como le había ordenado el
Señor. Dios no faltó a la cita y bajó en la nube para encontrarse con él.
Cuando Moisés pronunció el nombre del
Señor, él pasó ante Moisés proclamando: “Señor, Señor, Dios compasivo y
misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad” (Éx 34,4-6).
Es
impresionante esa manifestación de Dios. Y es conmovedora la confianza de
Moisés. Como apelando a esa compasión y misericordia, se atreve a pedir al
Señor que acompañe a su pueblo, que perdone sus culpas y pecados y lo considere
como su heredad.
A
ese Dios rico en clemencia y lealtad dirigimos hoy nuestra alabanza, repitiendo
con un himno venerable: “A ti gloria y alabanza por los siglos” (Dan 3,52-56).
San Pablo exhorta a los Corintios a tener un mismo sentir y a vivir en paz. Para que el Dios del amor y de la paz esté con ellos (2 Cor 13,11-13).
DEBILIDAD
Y MISERICORDIA
Comentando
estas palabras, escribía el papa Benedico XVI en su encíclica Deus caritas est: “La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido
lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva
profundidad y amplitud” (DCE 1).
En
otro tiempo, Dios manifestaba por medio
de Moisés la compasión que lo había llevado a liberar de Egipto a su pueblo. El
mismo Dios manifiesta ahora, por medio de Jesús, que su amor se dirige a todo
el mundo.
En
la religión de los griegos y romanos nunca se habría podido imaginar que los
dioses amaran a los hombres. Los dioses infundían terror. Parece que hemos
vuelto atrás. Hoy son muchos los que consideran
a Dios como un tirano prepotente y vengador. Como respuesta a ese prejuicio, hoy se considera al hombre como poderoso y
autosuficiente.
Pero
la corrupción, las adiciones y las guerras nos obligan a reconocer nuestra debilidad. Ahora podemos
redescubrir nuestra debilidad y la misericordia de Dios.
En
la fiesta de la Santísima Trinidad se suele recordar a los tres personajes que
aparecen en el célebre icono de Andrei Rublev. Tres personas diferentes revelan
su identidad divina.
A
las tres persona del único Dios se refiere san Pablo en su saludo a los
corintios, que nosotros repetimos al inicio de la misa: “La gracia de nuestro
Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén
siempre con vosotros” (2 Cor 13,13).
•
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo”. Si por Moisés nos fue dada la Ley, la fe nos dice que por Jesús recibimos
la gracia y la verdad que nos hace libres (Jn 1,17; 8,32).
•
“El amor de Dios”. El Dios Creador del mundo y liberador de Israel, es nuestro
Padre y nos ama de forma gratuita, que tratamos de agradecer por nuestro amor a los demás.
•
“La comunión del Espíritu Santo”. El Espíritu de Dios es la comunidad de Dios,
que con esperanza queremos reproducir
en nuestras comunidades humanas.
- Dios compasivo y misericordioso, que te revelaste a Moisés y te has mostrado definitivamente en Jesucristo, te adoramos en la unidad de tu ser y en la Trinidad de tus manifestaciones. En tu nombre nos ponemos en camino y proclamamos para tu gloria el evangelio que nos salva. Amén.
José-Román Flecha Andrés