lunes, 11 de mayo de 2026

REFLEXIÓN -- Domingo 6º de Pascua 10 de mayo de 2026

 

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD 

“Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío escuchaba lo que decía, porque habían oído hablar de los signos que hacía… La ciudad se llenó de alegría” (Hech 8,5-8). Y eso, a pesar de que los judíos no miraban bien a las gentes de Samaría.

 Al mismo Jesús, algunos samaritanos le habían negado hospedaje, mientras que otros  lo habían acogido bien. Al final de su vida terrena el Maestro había enviado a sus discípulos a ser sus testigos en Jerusalén, en Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra (Hech 1,8).

Así pues, tras el martirio de Esteban, Felipe anuncia el Evangelio en Samaría. Él esparce una siembra, cuyos frutos recogerán los apóstoles Pedro y Juan al imponer las manos a los que han escuchado la Palabra de Dios y reciben el Espíritu.

A tantos siglos de distancia, nosotros nos alegramos de aquella expansión del mensaje evangélico y proclamamos con el salmista: “Aclamad al Señor, tierra entera” (Sal 6).

También hoy, hemos de estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza, con delicadeza y con respeto, como nos lo pide la primera carta de Pedro (1 Pe 3,15).

EL DON DE LA PRESENCIA

El evangelio de este domingo nos sitúa de nuevo en el escenario de la última cena. Entre las palabras de despedida (Jn 14,15-21), Jesús deja un mensaje inolvidable:

• En primer lugar, ofrece a sus discípulos la señal definitiva de la sinceridad del amor. No son las palabras las que cuentan, sino las obras. La prueba de su amor al Maestro ha de ser siempre el cumplimiento de sus mandatos.

• Consciente de que sus seguidores se sentirán huérfanos, Jesús les promete que pedirá al Padre que les envíe al Espíritu Consolador.  Aunque el mundo no lo conozca y no lo reciba, él estará siempre con ellos. El primer don del Espíritu será su presencia.

• Los discípulos de Jesús no deberán esperar bienes terrenos como recompensa por su fidelidad al Maestro. Si aman de verdad a Jesús y guardan sus mandatos, serán también amados por el Padre de los cielos, al que Jesús ama y al que se manifestará.  

 ABOGADO Y CONSOLADOR

  En realidad, Jesús parece preocupado por la sensación de orfandad que pueden vivir sus discípulos. Los de la primera hora y los de todos los tiempos. Por eso, introduce en su discurso una promesa que seguramente ellos no esperaban:

• “Yo pediré al Padre que os envíe otro Paráclito”. Esa palabra griega puede traducirse  como Abogado o Consolador. Al proclamar las bienaventuranzas, Jesús había dicho que los que lloran serán “consolados”. Este anuncio al final de su vida evoca aquella promesa.

• “Él estará siempre con vosotros”. Antes de su nacimiento Jesús había sido anunciado como el Emmanuel, que significa “Dios con nosotros”. En su despedida dirá “Yo estaré con vosotros todos los días”. El Consolador prometido por Jesús, hará sentir su presencia.

• “Será el Espíritu de la verdad”. En el evangelio de Juan se dice que “la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (Jn 1,17). El Espíritu habrá de revelar el don de esa verdad,  que se hace especialmente necesaria en este mundo nuestro, entregado al relativismo.

- Señor Jesús, nosotros hoy tememos la soledad más que al error. Y valoramos nuestra libertad más que tu amor y el del Padre celestial. Envíanos tu Espíritu, para que nos ayude a cambiar nuestra mentalidad y nuestras opciones de vida. Amén.

                                                                                    José-Román Flecha Andrés