LOS VICIOS CAPITALES
Recorriendo
la literatura patrística, descubrimos que ya Orígenes presentaba listas de
vicios en número de siete, asimilándolos a los pueblos que los hebreos
expulsaron de la tierra prometida, según el libro del Deuteronomio (Dt 7,1).
Pero la
primera sistematización de los vicios la realizó Evagrio Póntico, al exponer el
análisis de los “ocho pensamientos genéricos”.
San Isidoro de Sevilla enumera los mismos
vicios y se fija especialmente en la fatuidad de la erudición, en la
hipocresía, la jactancia, la envidia, la simulación, la acedia y el odio.
En su
libro de las Sentencias nos recuerda él que
“de un vicio nace otro vicio, como de una virtud nace otra virtud”.
Sin
embargo, afirma que “de vez en cuando, los vicios pugnan útilmente con las
virtudes, para que, a resultas del conflicto, la mente se ejercite, y el ánimo,
apartado de la arrogancia, se modere”.
El santo
maestro es también un prudente pastor y trata de señalar en concreto las virtudes
que han de atraer las miradas de los que se sienten tentados por el mal:
“Frente
al ímpetu de los vicios hay que luchar con las virtudes contrarias; a saber:
frente a la lujuria hay que emplear la pureza del corazón, frente al odio, hay
que aprestar el amor, frente a la ira proponer la paciencia. Asimismo, frente
al temor hay que servirse de la virtud de la confianza; frente a la indolencia,
la actividad del celo; igualmente a la tristeza hay que enfrentar el gozo; al
desánimo, la fortaleza; a la avaricia, la liberalidad; a la soberbia, la
humildad. Y así, cada virtud reprime los vicios que surgen contra ella y domina
los impulsos de las tentaciones con la fuerza de la divina caridad”.
Más
adelante, advierte él que “primero hay que desarraigar del hombre los vicios y
luego implantar las virtudes. Porque la verdad no puede tener cohesión ni estar
unida con la mentira, ni el pudor con la desvergüenza, ni la lealtad con la
perfidia, ni la castidad con la lujuria”.
Por
otra parte, san Isidoro afirma que también de las virtudes pueden nacer algunos
vicios: “A veces, hasta las virtudes, si son mal empleadas, engendran de suyo a
los vicios. Lo cual acontece a causa del apetito desordenado del alma, al que
no le basta el don que mereció, sino que se procura, por medio de este, elogios
y ganancias censurables”.
La misma
experiencia humana nos advierte que, en algunas ocasiones, una virtud puede
degenerar en un vicio “si de vez en cuando y a su debido tiempo no se suaviza
en modo alguno su rigor”.
A pesar de todo, la fe nos enseña que la misericordia de Dios procura llevar al ser humano a recorrer el camino contrario, sacando virtudes aun de los vicios, para que podamos reformarnos de nuestra propia iniquidad.
José-Román Flecha Andrés