lunes, 11 de mayo de 2026

CADA DÍA SU AFÁN - 9 DE MAYO DE 2026


LOS VICIOS CAPITALES

Recorriendo la literatura patrística, descubrimos que ya Orígenes presentaba listas de vicios en número de siete, asimilándolos a los pueblos que los hebreos expulsaron de la tierra prometida, según el libro del Deuteronomio (Dt 7,1).

Pero la primera sistematización de los vicios la realizó Evagrio Póntico, al exponer el análisis de los “ocho pensamientos genéricos”.

  San Isidoro de Sevilla enumera los mismos vicios y se fija especialmente en la fatuidad de la erudición, en la hipocresía, la jactancia, la envidia, la simulación, la acedia y el odio.

En su libro de las Sentencias nos recuerda él que “de un vicio nace otro vicio, como de una virtud nace otra virtud”.

Sin embargo, afirma que “de vez en cuando, los vicios pugnan útilmente con las virtudes, para que, a resultas del conflicto, la mente se ejercite, y el ánimo, apartado de la arrogancia, se modere”.

El santo maestro es también un prudente pastor y trata de señalar en concreto las virtudes que han de atraer las miradas de los que se sienten tentados por el mal:

“Frente al ímpetu de los vicios hay que luchar con las virtudes contrarias; a saber: frente a la lujuria hay que emplear la pureza del corazón, frente al odio, hay que aprestar el amor, frente a la ira proponer la paciencia. Asimismo, frente al temor hay que servirse de la virtud de la confianza; frente a la indolencia, la actividad del celo; igualmente a la tristeza hay que enfrentar el gozo; al desánimo, la fortaleza; a la avaricia, la liberalidad; a la soberbia, la humildad. Y así, cada virtud reprime los vicios que surgen contra ella y domina los impulsos de las tentaciones con la fuerza de la divina caridad”.

Más adelante, advierte él que “primero hay que desarraigar del hombre los vicios y luego implantar las virtudes. Porque la verdad no puede tener cohesión ni estar unida con la mentira, ni el pudor con la desvergüenza, ni la lealtad con la perfidia, ni la castidad con la lujuria”.

Por otra parte, san Isidoro afirma que también de las virtudes pueden nacer algunos vicios: “A veces, hasta las virtudes, si son mal empleadas, engendran de suyo a los vicios. Lo cual acontece a causa del apetito desordenado del alma, al que no le basta el don que mereció, sino que se procura, por medio de este, elogios y ganancias censurables”.

La misma experiencia humana nos advierte que, en algunas ocasiones, una virtud puede degenerar en un vicio “si de vez en cuando y a su debido tiempo no se suaviza en modo alguno su rigor”.  

A pesar de todo, la fe nos enseña que la misericordia de Dios procura llevar al ser humano a recorrer el camino contrario, sacando virtudes aun de los vicios, para que podamos reformarnos de nuestra propia iniquidad.

                                                                                            José-Román Flecha Andrés