LA MISIÓN Y LA ESPERANZA
“A la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que
una nube se lo quitó de la vista” (Hech 1,9). En la primera lectura que
hoy se proclama (Hech 1,1-11) se recuerda la Ascensión del Señor y
nuestra responsabilidad como continuadores de su misión.
•
En primer lugar, observamos que en apenas tres versículos se mencionan hasta
cinco veces las referencias a la vista. Se trata de subrayar tanto la realidad
visible del Señor como el valor del testimonio de sus discípulos.
• Después,
aparecen dos hombres que recuerdan a los
que el evangelio de Lucas había situado al lado del sepulcro vacío de Jesús (Lc
24,4). En ambos casos, se insinúa que la visión humana es insuficiente sin una
explicación celestial.
•
Finalmente, la nube que oculta a Jesús nos recuerda la que lo envolvía en el
momento de la transfiguración (Lc 9,34). Entonces como ahora, la nube
representa el poder del Altísimo, presente ya en el nacimiento de Jesús (Lc
1,35).
El
Salmo responsorial suena como un himno triunfal: “Dios asciende entre
aclamaciones: el Señor, al son de trompetas” (Sal 46).
Según la carta a los Efesios, necesitamos la luz de Dios para comprender la esperanza a la que hemos sido convocados (Ef 1,17-23).
EL TRIPLE ENCARGO
En
el final del evangelio de Mateo que se proclama en este día de la Ascensión del
Señor a los cielos, se recoge el triple encargo que Jesús deja a sus discípulos
(Mt 28,16-20):
•
Él los envía para que, apoyados en su poder, vayan por el mundo con una misión
universal: la de hacer discípulos a todos los pueblos.
•
Junto al anuncio de la salvación han de llevar a cabo la misión de
bautizar a las gentes en el nombre del
Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
• Y finalmente, han de procurar enseñar a todos los hombres a guardar los mandamientos que Jesús les ha dejado.
PRESENCIA Y COMPAÑÍA
La
triple tarea que, al ser glorificado, Jesús deja a sus discípulos no habría de ser
fácil. Sin embargo, el Señor promete a los suyos que él los acompañará a lo
largo de los tiempos. Esa certeza alentará a todos los evangelizadores:
•
“Yo estoy con vosotros”. Ya antes de su nacimiento, Jesús había sido anunciado
por el ángel como el Emmanuel, es
decir, el “Dios con nosotros”. Al final de su camino terreno, él se ha atribuido finalmente ese nombre. Y
nosotros creemos en la sinceridad de su promesa.
•
“Todos los días”. Nos alegra pensar que Dios está con nosotros en los momentos
de triunfo y así lo celebran los que creen en él. Pero él también nos acompaña
en los dias de tormenta y de hospital, en las noches de pandemia y de
soledad.
•
“Hasta el fin del mundo”. No somos los primeros cristianos ni los últimos.
Somos un sencillo eslabón en la cadena de los que creen, esperan y aman.
Vivimos recordando el pasado y acordando la paz para el futuro, pero
siempre bien atentos al presente.
- Señor Jesús, tú nos has confiado el alto honor y la gran responsabilidad de anunciar el evangelio a todas las gentes. Te rogamos que nos concedas luz para conocerlo y valentía para anunciarlo con alegría. Confiamos en tu presencia y compañía. Amén.
José-Román Flecha Andrés