EL GRITO DE PAZ
En este año 2026, el papa León XIV nos ha asombrado
durante los días más señalados de la Semana Santa. El Jueves Santo, durante la misa
crismal dirigió un mensaje muy importante al clero y también a los laicos. El
Viernes Santo lo vimos postrado en tierra. Y más tarde llevó la cruz durante el
Viacrucis que se celebró en el Coliseo.
Era de esperar que el domingo de Pascua dijera algo
muy especial. Y así ha sido. Desde la “logia” o balcón central
de la Basílica Vaticana dirigió a la Urbe y a
todo el Orbe el mensaje más necesario para este momento.
En él sobresalen estos puntos:
1. La
Pascua es una victoria: de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las
tinieblas, del amor sobre el odio… Cristo tuvo que morir en una cruz, tras
sufrir una condena injusta, ser escarnecido y torturado, y haber derramado toda
su sangre.
2. La
fuerza con la que Cristo derrotó al antiguo Adversario es Dios mismo, Amor que
crea y engendra, Amor fiel hasta el final, Amor que perdona y redime.
3. La fuerza de Cristo no es violenta. Es la
del grano de trigo que se marchita en la tierra, brota y se convierte en una
espiga dorada. Es la de un corazón humano que rechaza el instinto de venganza.
4. Esta
es la verdadera fuerza que trae la paz a la humanidad. No busca el interés
particular, sino el bien común; no pretende imponer su propio plan, sino
contribuir a diseñarlo y a ponerlo en práctica junto con los demás.
5. ¡Que
el amor de Cristo nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus
manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la
paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo.
6. Nos
estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos
indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante el odio y la
división que siembran los conflictos y ante las consecuencias económicas y sociales
que desencadenan.
7. La
cruz de Cristo nos recuerda siempre el sufrimiento y el dolor que rodean a la
muerte, así como la angustia que esta conlleva… ¡No podemos seguir siendo
indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal!
8. La paz que Jesús nos entrega no se limita a
silenciar las armas, sino que toca y transforma el corazón de cada uno de
nosotros. ¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que
brota del corazón!
9.
Imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y
marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el
mal.
10. Unámonos a la vigilia de oración por la paz que se celebrará en la Basílica de San Pedro el próximo sábado 11 de abril para orar por la paz y revisar la indiferencia que se oculta en nuestro corazón.
José-Román Flecha Andrés