lunes, 23 de marzo de 2026

REFLEXIÓN - Domingo de Ramos. A 29 de marzo de 2026

 

ENTREGA Y CONFIANZA

Con la celebración del Domingo de Ramos iniciamos la Semana Santa. En la primera lectura, se evoca el tercer canto del Siervo del Señor: “El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes” (Is 50,47). Nos sorprende esa confianza en Dios que manifiesta un profeta que se sabe perseguido y condenado a muerte. 

El salmo responsorial recoge unas palabras que Jesús debió de recitar desde lo alto de la Cruz: “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado”. No es este el lamento de un desesperado, puesto que más adelante el salmista confiesa que Dios ha escuchado su petición de auxilio (Sal 21,25). 

En el himno que aparece en la segunda lectura, san Pablo proclama que Dios exalta a Jesús y le da un nombre por encima de todo nombre (Flp 2,9).

 TRES ESCENARIOS

La alegría de la bendición de los ramos y de la procesión parece oscurecerse en la lectura de la pasión de Jesús según san Mateo. En ella se evocan al menos tres escenarios en los que se pone de manifiesto el abandono humano que ha de sufrir Jesús

• El primero de ellos es el palacio de los sumos sacerdotes. Allí Judas, uno de los discípulos elegidos por Jesús, negocia con los sacerdotes el precio que puede cobrar por entregarles a su Maestro (Mt 26,14-26).

• El segundo escenario es el salón en el que Jesús celebra la última cena junto con los Doce. Allí anuncia que uno de ellos lo va a entregar y, ante la pregunta de Judas, responde que efectivamente él será el traidor (Mt 26,25).

• El tercer lugar es Getsemaní. Mientras Jesús hace oración, lleno de tristeza y angustia, sus discípulos predilectos duermen profundamente. Además, cuando llegan los esbirros de los sumos sacerdotes y de los ancianos del pueblo, todos los discípulos lo abandonan y huyen (Mt 26,56).   

EL ABANDONO Y LA AYUDA

 El texto griego ha conservado la forma aramea de unas palabras que Jesús pronunció en la cruz: “Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?”, que se traduce como “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27,46). ¿Cómo entender ese lamento del Señor?

• Algunos pueden hoy identificarse con los que presenciaban la crucifixión de Jesús. El sonido de las palabras y el recuerdo de un profeta (Mal 3,23-24) les hicieron pensar que el Crucificado suplicaba la asistencia del profeta Elías.

• Otros muchos olvidan el itinerario que sigue el orante que pronuncia este salmo. La llamada de auxilio al Señor se trasforma en el mismo salmo en el fiel testimonio de la ayuda de Dios, en profesión de confianza y en anuncio de su gracia.

• También en este tiempo nuestro, son muchos los que piensan que Dios los ha abandonado, cuando en realidad están padeciendo el abandono de quienes debían mostrarles su cercanía y prestarles su apoyo.

- Señor Jesús, sabemos y creemos que tú te has entregado por nosotros y por nuestra salvación. Queremos estar junto a ti en el momento de tu entrega. Enséñanos tú a ponernos confiadamente en las manos de Dios y a tratar de ayudar a nuestros hermanos a pasar por el valle del dolor. Amén.

                                                                                 José-Román Flecha Andrés