ENTREGA Y CONFIANZA
Con la celebración del Domingo de Ramos iniciamos la
Semana Santa. En la primera lectura, se evoca el tercer canto del Siervo del
Señor: “El Señor Dios me ayuda, por eso no sentía los ultrajes” (Is 50,47). Nos
sorprende esa confianza en Dios que manifiesta un profeta que se sabe
perseguido y condenado a muerte.
El salmo responsorial recoge unas palabras que Jesús
debió de recitar desde lo alto de la Cruz: “Dios mío, Dios mío por qué me has
abandonado”. No es este el lamento de un desesperado, puesto que más adelante
el salmista confiesa que Dios ha escuchado su petición de auxilio (Sal
21,25).
En el himno que aparece en la segunda lectura, san
Pablo proclama que Dios exalta a Jesús y le da un nombre por encima de todo
nombre (Flp 2,9).
La alegría de la bendición de los ramos y de la
procesión parece oscurecerse en la lectura de la pasión de Jesús según san
Mateo. En ella se evocan al menos tres escenarios en los que se pone de
manifiesto el abandono humano que ha de sufrir Jesús
• El primero de ellos es el palacio de los sumos
sacerdotes. Allí Judas, uno de los discípulos elegidos por Jesús, negocia con
los sacerdotes el precio que puede cobrar por entregarles a su Maestro (Mt 26,14-26).
• El segundo escenario es el salón en el que Jesús
celebra la última cena junto con los Doce. Allí anuncia que uno de ellos lo va
a entregar y, ante la pregunta de Judas, responde que efectivamente él será el
traidor (Mt 26,25).
• El tercer lugar es Getsemaní. Mientras Jesús hace oración, lleno de tristeza y angustia, sus discípulos predilectos duermen profundamente. Además, cuando llegan los esbirros de los sumos sacerdotes y de los ancianos del pueblo, todos los discípulos lo abandonan y huyen (Mt 26,56).
EL ABANDONO Y LA AYUDA
• Algunos pueden hoy identificarse con los que
presenciaban la crucifixión de Jesús. El sonido de las palabras y el recuerdo
de un profeta (Mal 3,23-24) les hicieron pensar que el Crucificado suplicaba la
asistencia del profeta Elías.
• Otros muchos olvidan el itinerario que sigue el
orante que pronuncia este salmo. La llamada de auxilio al Señor se trasforma en
el mismo salmo en el fiel testimonio de la ayuda de Dios, en profesión de
confianza y en anuncio de su gracia.
• También en este tiempo nuestro, son muchos los que
piensan que Dios los ha abandonado, cuando en realidad están padeciendo el
abandono de quienes debían mostrarles su cercanía y prestarles su apoyo.
- Señor Jesús, sabemos y creemos que tú te has entregado por nosotros y por nuestra salvación. Queremos estar junto a ti en el momento de tu entrega. Enséñanos tú a ponernos confiadamente en las manos de Dios y a tratar de ayudar a nuestros hermanos a pasar por el valle del dolor. Amén.
José-Román Flecha Andrés