SIETE PALABRAS
DESDE LA CRUZ
No deberíamos olvidar las últimas palabras de
Jesús. Pronunciadas desde la cátedra de la cruz, son su definitiva lección
magistral.
1.
“Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”. Esa
petición, tan llena de misericordia, es ignorada por los que no creen en Dios.
Por
nuestra aceptación ante esta palabra se deduce nuestra fidelidad al evangelio.
Somos cristianos si ponemos amor donde había indiferencia y perdonamos cuando había
ofensa.
2.
“Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el
Paraíso”. Los seguidores del Señor no vamos por la vida aferrados a la
nostalgia de un pasado. Tampoco nos identificamos por una esperanza utópica.
Los
cristianos no anhelamos tan solo un lugar placentero. Esperamos un encuentro.
No aguardamos algo, esperamos al Señor. Solo su cercanía puede calmar nuestro
anhelo.
3.
“Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu
madre”.
La
Iglesia hace presente en el mundo el ejemplo de la vida y el mensaje de Jesús.
Ella es la heredera de la ternura de María y de la fidelidad del discípulo
predilecto.
Esta
palabra de Jesús nos lleva a recordar nuestra deuda de amor a la Iglesia,
nuestra Madre, testigo del martirio de Jesús, el Justo injustamente
ajusticiado.
4. “¡Elí,
Elí! ¿lemá sabactaní?”, esto es: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has
abandonado?”
Esta
palabra de Jesús parece un tanto escandalosa. Pero nos recuerda la oración que él
había pronunciado en el Huerto de los Olivos.
Esta
palabra de Jesús nos interpela sobre la calidad de nuestra oración. No podemos
convertir la plegaria en un ejercicio de frivolidad o en un puro momento
estético.
5. “Tengo sed”.
Jesús
debió de sentir una sed física difícil de soportar. Junto a ese tormento
físico, sentía una sed muy humana de comprensión y ayuda.
¿Tenemos
nosotros presentes las necesidades de esas cuatro quintas partes de la
humanidad que carecen de lo más elemental para
vivir una vida digna?
6.
“Todo
esta cumplido”. Esa palabra de Jesús nos interpela a todos los que
repetimos en la oración dominical: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el
cielo”.
No
es sincera nuestra plegaria si organizamos nuestra vida contra la voluntad que Dios nos ha manifestado a través de la naturaleza,
por medio de los profetas y finalmente en
la persona y el mensaje de Jesús.
7.
“Padre,
en tus manos encomiendo mi espíritu”.
Jesús siempre
ha anunciado la fidelidad de Dios. Ante el abandono de todos, incluidos sus
discípulos más cercanos, Jesús confía en Dios, el Dios leal.
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Esa es nuestra oración en la vida y en la muerte. Esa es nuestra denuncia de los que matan con violencia y con la excusa de pretendidas compasiones.
José-Román Flecha Andrés