LOS MANDAMIENTOS
“Si quieres, guardarás los
mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad”. Esas palabras
del Eclesiástico o Sirácida (15,15) son
hoy muy oportunas. Todos
valoran la libertad, pero muchos dicen que no eran libres para evitar el mal.
• “Si
quieres”. Nadie es obligado a hacer lo que no
puede. Los mandamientos no son órdenes impuestas por alguien que no conoce
nuestra debilidad. Los mandamientos responden a la dignidad del ser humano. A
nuestros mejores ideales.
• “Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano
a lo que quieras” (Eclo 15,16). Es necesario un buen discernimiento.
La
mayor parte de nuestras desdichas se deben a nuestra ceguera a la hora de
elegir el camino que lleva a la
felicidad.
El salmo responsorial evoca aquel mensaje: “Dichoso el que, con vida intachable, camina en la ley del Señor; dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón; el que, sin cometer iniquidad, anda por sus senderos (Sal 118,1).
San Pablo escribe a los fieles de Corinto que el Espíritu de Dios nos ha revelado esta sabiduría que conduce a la gloria (1 Cor 2,6-10).
TRES VALORES HUMANOS
En
el texto incluido en el Sermón de la Montaña, Jesús afirma que no ha venido a
abolir la ley de Moisés (Mt 5,17-35). Ha venido a llevarla a su plenitud y a
descubrir su sentido más profundo. Los mandamientos responden a los valores que
nos hacen humanos.
•
No basta con no matar. Es preciso defender el valor de la vida desde su origen
hasta su fin natural. No podemos bendecir la guerra ni la imposición del
hambre. Y nunca debemos despreciar o
encarcelar a quien no piensa como nosotros.
•
No basta con no cometer adulterio. Hay que rechazar la pornografía y los abusos
sexuales. Hay que valorar el cuerpo humano y las relaciones entre las personas.
El amor no es un sentimiento, es un compromiso. Es necesario enseñar a amar con
entrega y fidelidad.
• No es preciso jurar. Es preciso promover la transparencia de las conductas y de la información. El rechazo a la mentira y la corrupción nos lleva a vivir en la verdad, a decir la verdad y a dar testimonio de la verdad.
PRECEPTOS Y DERECHOS
Jesús
nos advierte de una tentación bastante frecuente: “El que se salte uno solo de
los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el
menos importante en el reino de los cielos”.
• Saltarse uno
de los preceptos significa colocar nuestro juicio por encima del juicio de
Dios. Con ello reafirmamos nuestra sed de autonomía. Pero también demostramos
que decidimos actuar “como si Dios no existiera”.
•
Saltarse uno de los preceptos recogidos en el Decálogo y reafirmados por Jesús,
significa también que hemos olvidado nuestra dignidad y pretendemos ignorar y
despreciar la dignidad de nuestros hermanos.
- Señor Jesús, con frecuencia pensamos que los mandamientos conculcan nuestros derechos humanos. Sin embargo, solo en el cumplimiento de esos preceptos podremos encontrar nuestra libertad y alcanzar la felicidad a la que aspiramos. Eso nos has enseñado tú con tus palabras y tu ejemplo. Bendito seas, Señor. Amén.
José-Román Flecha Andrés