martes, 17 de febrero de 2026

REFLEXIÓN - Domingo 1º de Cuaresma. A 22 de febrero de 2026

 

LA TENTACIÓN DE LA MENTIRA 

«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gén 3,2). Esa es la pregunta que la serpiente dirige a la  mujer. Esa es la primera mentira de la historia. No es eso lo que ha dicho Dios.

Al espíritu del mal le interesa suscitar la curiosidad de la  mujer, presentar a Dios como el enemigo de la libertad humana y sugerir que en la trasgresión de sus mandatos se encuentra la felicidad. Esa es la estrategia de los manipuladores de la humanidad. Pero es también la presión de  nuestros personales apetitos.

Sin embargo, el salmo responsorial nos sugiere una oración para reconciliarnos con Dios: “Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso” (Sal 50).

San Pablo indica a los fieles de Roma que, frente al pecado del primer hombre, nos llega por Jesucristo la salvación: “Si por la desobediencia de uno todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos” (Rom 5,19).

EL ENGAÑO

En el primer domingo de la cuaresma, contemplamos a Jesús en el desierto (Mt 4,1-11). Allí Jesús fue sometido una y otra vez a la prueba. El demonio trataba de explorar  su categoría divina y también su calidad humana.

Si de verdad se consideraba como Hijo de Dios, podría satisfacer su hambre como por arte de magia, podría aparecer ante las gentes como un triunfador llovido del cielo y podría disfrutar de todos los bienes y los reinos de este mundo.

Esas son también nuestras tentaciones: el ansia del placer fácil y de la satisfacción inmediata, la conquista del poder que nos hará parecer superiores a todos los demás y el deseo de poseer bienes y comodidades que nuestros vecinos no logran alcanzar.  

Como a Jesús, también a nosotros el espíritu del mal nos incita a utilizar en beneficio contante y sonante nuestra dignidad de hijos de Dios. Nuestra gran tentación comporta siempre el engaño sobre nosotros mismos.   

 LA FIDELIDAD

 Si el demonio cita un salmo, Jesús lo rechaza con otra frase bíblica: “No tentarás al Señor tu Dios”. Pero nosotros somos tentados y tentadores de Dios y de los demás

• Solemos tentar a los demás cuando les presentamos la mentira como si fuera la verdad, cuando les sugerimos una forma de adicción como si les abriera a la libertad, cuando les presentamos una satisfacción inmediata como si fuera la felicidad. 

• Y nos atrevemos a tentar a Dios cuando olvidamos su amor y adoramos a las cosas, como si fueran dioses que pudieran salvarnos, cuando pretendemos ser nosotros la fuente de la fe y de la esperanza, del amor y de la vida, de la paz y la justicia.

A la luz de este mensaje evangélico, hemos de revisar las clásicas tentaciones del tener, el poder y el placer, que pueden desviarnos del camino del Señor. La cuaresma es un tiempo propicio para este examen sobre la verdad más honda de nuestra vida.

- Señor Jesús, tú has sido tentado como nosotros. Pero nos has liberado del engaño. Y nos has dado el ejemplo de tu fidelidad al Padre celestial. Solo esa fidelidad puede conducirnos a la felicidad.

José-Román Flecha Andrés