REFRANES
DE CUARESMA
Se
suele decir que los refranes populares recogen la experiencia de muchas
generaciones y la sabiduría que han ido acumulando y transmitiendo. Con todo,
al recordarlos, hay que tener en cuenta algunas observaciones.
En
primer lugar, no podemos olvidar que la mayoría de los refranes reflejan la
vida de las comunidades aldeanas, dedicadas al cultivo de los campos. En
realidad, eran un aviso para ayudar a los labradores a ajustar las tareas
agrícolas a los cambios atmosféricos.
Era
obvio tener presente el mes en el que ocurre la Cuaresma: “Marzo, siempre
encuaresmado”. O, dicho más brevemente: “No hay marzo sin cuaresma”.
Sin
embargo, también hay que tener en cuenta que los refranes que conocemos han
surgido en una sociedad que vivía en el hemisferio norte. De generación en
generación se repetía que “la cuaresma que entra mojada sale pasada por agua”.
Cuando
se refieren a las lluvias que suelen llegar durante la Cuaresma o en la Semana
Santa, es evidente que los refraneros ignoraban que en el hemisferio sur la
cuaresma coincide con el verano.
Por
otra parte, los refranes castellanos nacían y se repetían en una sociedad
marcada por la tradición católica.
Evocando
los días que anteceden al Miércoles de Ceniza, se podía asegurar: “Miércoles de
Ceniza, empieza la penitencia y termina la risa”. Con esa advertencia se evocaban
las vivencias que marcan ese paso. Pero cuando el refrán afirma que “no hay
Carnaval sin Cuaresma”, tal vez está reflexionando sobre la brevedad y la
caducidad de las satisfacciones humanas.
Evidentemente,
el pueblo cristiano sabía que el tiempo cuaresmal estaba señalado por la
abstinencia de carnes. Era un tiempo en que era preciso dejar las carnes y los
embutidos y acudir a una dieta vegetariana. Por eso, se podía asegurar que “con
las cosas de la huerta no reza la cuaresma”. Con un cierto humor, las gentes aludían
a las grasas que conservaban en casa, para manifestar un ruego que reflejaba
una situación económica: “Cuaresma, pronto vete, que está caro el aceite”.
A
este toque de humor acompañaba la picardía con la que se afirmaba que “a fuerza
de ayunos llegan las Pascuas”. Pero más irónico aún era el refrán con el que las
gentes parecían evocar la satisfacción que les esperaba al final de la
Cuaresma: “Después de Resurrección, ni pasas, ni higos ni sermón”.
Estas
y otras muchas expresiones sobre el “largo” tiempo de la Cuaresma, reflejan una
cultura aldeana y una determinada religiosidad popular. Habrá que reflexionar
sobre las catequesis de aquellos tiempos y también sobre los desafíos que se
presentan a la nueva evangelización.
José-Román
Flecha Andrés