martes, 17 de febrero de 2026

CADA DÍA SU AFÁN - 21 de febrero de 2026

                                                               

 

REFRANES DE CUARESMA

 

Se suele decir que los refranes populares recogen la experiencia de muchas generaciones y la sabiduría que han ido acumulando y transmitiendo. Con todo, al recordarlos, hay que tener en cuenta algunas observaciones.

En primer lugar, no podemos olvidar que la mayoría de los refranes reflejan la vida de las comunidades aldeanas, dedicadas al cultivo de los campos. En realidad, eran un aviso para ayudar a los labradores a ajustar las tareas agrícolas a los cambios atmosféricos.

Era obvio tener presente el mes en el que ocurre la Cuaresma: “Marzo, siempre encuaresmado”. O, dicho más brevemente: “No hay marzo sin cuaresma”.

Sin embargo, también hay que tener en cuenta que los refranes que conocemos han surgido en una sociedad que vivía en el hemisferio norte. De generación en generación se repetía que “la cuaresma que entra mojada sale pasada por agua”.

Cuando se refieren a las lluvias que suelen llegar durante la Cuaresma o en la Semana Santa, es evidente que los refraneros ignoraban que en el hemisferio sur la cuaresma coincide con el verano.

Por otra parte, los refranes castellanos nacían y se repetían en una sociedad marcada por la tradición católica.

Evocando los días que anteceden al Miércoles de Ceniza, se podía asegurar: “Miércoles de Ceniza, empieza la penitencia y termina la risa”. Con esa advertencia se evocaban las vivencias que marcan ese paso. Pero cuando el refrán afirma que “no hay Carnaval sin Cuaresma”, tal vez está reflexionando sobre la brevedad y la caducidad de las satisfacciones humanas.

Evidentemente, el pueblo cristiano sabía que el tiempo cuaresmal estaba señalado por la abstinencia de carnes. Era un tiempo en que era preciso dejar las carnes y los embutidos y acudir a una dieta vegetariana. Por eso, se podía asegurar que “con las cosas de la huerta no reza la cuaresma”. Con un cierto humor, las gentes aludían a las grasas que conservaban en casa, para manifestar un ruego que reflejaba una situación económica: “Cuaresma, pronto vete, que está caro el aceite”.

A este toque de humor acompañaba la picardía con la que se afirmaba que “a fuerza de ayunos llegan las Pascuas”. Pero más irónico aún era el refrán con el que las gentes parecían evocar la satisfacción que les esperaba al final de la Cuaresma: “Después de Resurrección, ni pasas, ni higos ni sermón”.

Estas y otras muchas expresiones sobre el “largo” tiempo de la Cuaresma, reflejan una cultura aldeana y una determinada religiosidad popular. Habrá que reflexionar sobre las catequesis de aquellos tiempos y también sobre los desafíos que se presentan a la nueva evangelización.

José-Román Flecha Andrés