TRES PALABRAS PARA LA CUARESMA
En su mensaje para la cuaresma, el papa León XIV expresa el deseo de que nuestra fe recobre su impulso para que “el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas”. Por ello, sugiere tres palabras para ayudarnos a recorrer con Cristo el camino que sube a Jerusalén, “donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección”.
1. La primera palabra es “escuchar”. Dios dijo a Moisés que había escuchado los gritos de dolor de los israelitas, que vivían oprimidos en Egipto. La escucha de la Palabra de Dios en la liturgia no nos aliena, sino que “nos hace capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta”. Hay que escuchar como Dios escucha. “El grito de los pobres interpela nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia”.
2. La segunda palabra es “ayunar”. La abstinencia de alimentos ha de mantener despierta el hambre y la sed de justicia, superando la resignación, para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.
El ayuno nos permite disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre. Y nos lleva a también expandirlo, de modo que el deseo se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.
Para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación del orgullo, debe vivirse con fe y con humildad. Además, el ayuno debe incluir otras formas de privación para que podamos adquirir un estilo de vida más sobrio.
De hecho, el Papa nos exhorta a “desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias”. Pasando a un campo más positivo, nos invita a “medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas”.
3. En tercer lugar, el Papa nos propone la palabra “juntos”. Según él, “la conversión no solo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación”.
Por tanto, que la Cuaresma haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Que el ayuno alcance a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y que nuestras comunidades acojan el grito de todos los que sufren.
Así podremos contribuir a edificar la civilización del amor, como ya nos lo proponía el papa Pablo VI.
José-Román Flecha Andrés