lunes, 26 de enero de 2026

REFLEXIÓN - Domingo 4º del Tiempo Ordinario. A 1 de febrero de 2026

 

EL CAMINO DE LA FELICIDAD

“Buscad al Señor, vosotros, todos los humildes de la tierra, los que ponéis en práctica sus decretos” (Sof 2,3). Así nos exhorta hoy el profeta Sofonías.

Buscar al Señor equivale a buscar la justicia y la humildad. A esa búsqueda del ser humano responde un oráculo del Señor que recoge el profeta: “Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor” (Sof 3,12).

 Pero la búsqueda humana y la respuesta divina resultan extrañas en una sociedad en la que parecen triunfar los que confían en sus posibilidades, los que buscan enriquecerse y triunfar. La pobreza y la humildad no se admiten como ideales de vida.

Sin embargo, con el salmo responsorial, nos atrevemos a proclamar que Dios “hace justicia a los oprimidos y da pan a los hambrientos” (Sal 145).

No olvidamos que san Pablo recuerda a los cristianos de Corinto que Dios no eligió entre ellos a los sabios y poderosos, sino a los más débiles y despreciados (1Cor 1,26-31).

 

LA PROVOCACIÓN DE JESÚS

 

Si estos textos bíblicos resultan escandalosos para la mentalidad contemporánea, mucho más lo será el pregón de las bienaventuranzas con el que el evangelio de Mateo abre el llamado Sermón de la Montaña (Mt 5,1-12)

• El anuncio de las bienaventuranzas es provocador. No deja indiferente al cristiano de nuestro tiempo. Este discurso de Jesús manifiesta el proyecto de Dios sobre el ser humano. Nos revela su voluntad amorosa sobre cada uno de nosotros. 

• Las bienaventuranzas no son mandamientos. Son luces que orientan nuestros pasos. Si ya son difíciles para quienes viven de la fe cristiana, más extrañas resultan a quienes viven en la superficialidad y han perdido el gusto por las cosas de Dios y del espíritu.

Sin embargo, estas palabras de Jesús no reflejan un ideal tan solo para los cristianos. Toda persona, creyente o no creyente, puede descubrir en ellas esa verdad del ser humano que no pueden ocultar las apariencias. En ese mensaje se resumen los valores en los que ha de basarse una sociedad que quiera ser humana y humanizadora.

 

            UN CÓDIGO Y UNA PROFECÍA

 

La admiración de Jesús hacia los pobres y los humildes, los pacíficos y compasivos convierte a las bienaventuranzas en el código fundamental de la ética cristiana.

• En este mensaje se nos revela lo que somos y lo que en verdad queremos ser. En él se nos muestra el camino de la felicidad. De la felicidad terrena y temporal. Y, sobre todo, de la felicidad eterna que nos ha sido prometida.

• El texto de las bienaventuranzas evangélicas es una profecía. Incluye un anuncio y una denuncia. Un anuncio de los valores que realmente conducen al ser humano a la felicidad y que resumen los ideales de la convivencia social.

• Y una denuncia de los antivalores que dificultan la armonía de la persona y la paz de toda la sociedad. Pero las bienaventuranzas exigen de nosotros una renuncia. Sin la renuncia personal, el anuncio no es creíble y la denuncia no es respetuosa.

- Señor Jesús, las bienaventuranzas reflejan tu identidad y el espíritu de tu misión. Tú no solo las proclamabas, sino que las vivías. Por ellas descubrimos la confianza que genera la fe, el coraje de la esperanza y la entrega de la caridad.  Gracias, Señor.

                                                                             José-Román Flecha Andrés