MOTIVO PARA ESPERAR
“El
mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como
lo habéis visto marcharse al cielo” (Hch 1,11). Eran dos hombres vestidos de
blanco los que así hablaban a los apóstoles de Jesús. Aquella voz celestial no daba
cuenta de un fracaso, sino que les ofrecía un motivo para la esperanza.
La
Ascensión del Señor no señala la ausencia de Jesús. Al contrario, exhorta a sus
discípulos a vivir con la conciencia de
que su Maestro está presente entre
ellos. El Señor alienta su misión y les
concede las fuerzas para mantenerse en
el camino ya iniciado.
Con el salmo responsorial nosotros proclamamos
que “Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompeta” (Sal 46).
En la segunda lectura se nos dice que el Padre de la gloria, que resucitó a Cristo de entre los muertos, nos concede los dones de la esperanza, de la gloria y del poder (Ef 1,17-23).
UN TRIPLE ENCARGO
El
final del evangelio de Mateo recoge las palabras con las que Jesús resucitado
confía su propia misión a sus discípulos. Él los había elegido y los había
llamado. Ellos habían escuchado el mensaje de gracia y de salvación que dirigía
a las gentes. Y habían visto sus gestos de compasión y de misericordia (Mt
28,16-20).
Ahora
los discípulos habían de ser testigos de la vida y de la obra de su Maestro. Su
testimonio había de extenderse hasta los últimos confines de la tierra. Así que
la Ascensión del Señor a la gloria de su Padre marcaba para ellos la hora de su
responsabilidad.
También nosotros recibimos del Señor un triple encargo: anunciar su mensaje, celebrar los sacramentos de la nueva vida y enseñar a todas las gentes a cumplir su voluntad. No podemos olvidar que él nos acompaña mientras vamos haciendo camino. La evangelización no es solo una palabra moderna. Es una tarea para todos los creyentes, en todo tiempo y lugar.
NUESTRA MISIÓN
Hoy
se ofrecen a nuestra meditación las últimas palabras de Jesús: “Yo estoy con
vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.
•
“Yo estoy con vosotros”. Jesús había sido anunciado por el ángel como el Emmanuel, es decir, el “Dios con
nosotros”. A lo largo de su vida pública había estado cerca de los pecadores y
de los enfermos. Al final de su camino terreno, promete a los suyos la
presencia que ese nombre significa. Y nosotros creemos en la sinceridad de su
promesa.
•
“Todos los días”. Nos resulta bastante fácil imaginar que el Señor está con
nosotros en los momentos de paz y serenidad, de claridad y de alegría. Pero
sabemos y creemos que él nos acompaña también en los días de conflictos y
turbación, de oscuridad y de tristeza.
•
“Hasta el fin del mundo”. No somos los primeros cristianos. Pero tampoco
seremos los últimos. Las dos tentaciones son igualmente peligrosas. Nosotros somos
un eslabón en la cadena de los que creen, esperan y aman. No podemos ignorar el
presente, pero vivimos recordando el
pasado y acordando las exigencias de la
paz para el futuro.
- Señor Jesús, la
solemnidad de la Ascensión nos lleva a considerar nuestra misión en la tierra.
Te damos gracias porque nos has confiado el honor y la responsabilidad de
anunciar tu evangelio a todas las gentes. Te rogamos que nos concedas tu luz
para conocerlo y amarlo, y la valentía necesaria para darlo a conocer con
alegría. Amén.
José-Román
Flecha Andrés