MADRE DE DIOS
“El Señor te bendiga y te proteja, ilumine
su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda
la paz”. Esa es la fórmula de la
bendición que Aarón y sus descendientes habían de pronunciar sobre los
israelitas” (Núm 6,22-27). Confiadamente hacemos nuestra la respuesta del
salmo: “El Señor tenga piedad y nos bendiga” (Sal 66,2).
Por su parte el apóstol
Pablo presenta a los fieles de Galacia el misterio de la Encarnación del Hijo
de Dios, aludiendo a María, la madre de Jesús:
Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer,
nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que
recibiéramos el ser hijos por adopción” (Gál 4,4).
En cuanto Dios, el Hijo vive en la eternidad. En cuanto hombre nace de una mujer en el tiempo. Esa mujer es María de Nazaret. Ella acoge en esta tierra el misterio que llega del cielo. Ella es la Madre del Hijo de Dios, tan divino que ha querido hacerse humano. Tan humano que puede revelarnos lo divino.
SER TESTIGOS DEL MISTERIO
El evangelio según Lucas nos invita a situarnos en las colinas
cercanas a Belén. Los pastores reciben del cielo la buena noticia del
nacimiento del Mesías. Y llegados a Belén,
encuentran a María, a José y al niño acostado en el pesebre (Lc 2,16).
•
En medio de la noche, los
pastores escuchan el mensaje celestial. Se ponen rápidamente en camino y al ver
al niño transmiten el mensaje recibido. Escuchar el mensaje, buscar al Mesías y
anunciar su presencia. Tres acciones que caracterizan a quienes están abiertos
a los misterios divinos, que transforman a los humanos.
• Como se sabe, en el pueblo hebreo los pastores no eran aceptados como testigos ante los tribunales. Precisamente por eso resulta más sorprendente ver que son los elegidos por Dios para dar testimonio de su presencia en el mundo. Los evangelizados se transforman en evangelizadores.
MEDITAR EN EL CORAZÓN
Además, en el evangelio
según Lucas se nos dice que “María
conservaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2,19). Conservar y meditar en el corazón
las cosas del Señor. He ahí un mensaje
que hemos de tener muy presente todos los llamados a vivir de acuerdo con el
Evangelio.
•
“María conservaba todas
estas cosas”. María es modelo de muchas actitudes humanas y cristianas. También
del interés por conservar en su memoria los acontecimientos de los que era
testigo. Nosotros seremos buenos discípulos del Maestro si prestamos atención a
sus hechos y a sus palabras.
•
“María meditaba estas cosas
en su corazón”. En una sociedad marcada por el activismo y por la prisa es
difícil detenerse a meditar sobre la vida y su misterio. Para meditar es
preciso saborear lo verdadero, lo bueno
y lo bello. Con ello nuestro corazón podrá vivir en sintonía con Aquel que es
la Verdad, la Bondad y la Belleza.
- Santa María, Madre de Dios
y madre nuestra, ruega por nosotros para que la vida y el mensaje de tu Hijo
llenen nuestra existencia de su luz y de su gracia. Amén.