LA TAREA DE LA PAZ
Instituida por el papa Pablo VI, el día primero del año se celebra la
Jornada Mundial de la Paz. Del mensaje que nos ha dirigido el papa Francisco
para el año 2023, podemos extraer al menos estos siete puntos:
1. El COVID-19 desestabilizó nuestra vida ordinaria, trastornó
nuestros planes y costumbres, perturbó la aparente tranquilidad incluso de las
sociedades más privilegiadas, generó desorientación y sufrimiento, causó la
muerte de muchos hermanos y hermanas nuestros… y provocó un malestar generalizado.
2. Hemos aprendido que todos nos necesitamos. Nuestro mayor tesoro es
el sabernos hijos del Padre común. Nadie puede salvarse solo. Es urgente buscar
y promover juntos los valores universales que trazan el camino de la
fraternidad humana.
3. También hemos aprendido que la fe depositada en el progreso y la
tecnología no sólo ha sido excesiva,
sino que se ha convertido en una intoxicación individualista e idolátrica,
comprometiendo la deseada garantía de justicia, armonía y paz.
4. Con la pandemia hemos descubierto el retorno a la humildad; una
reducción del consumo; un sentido de la solidaridad que nos anima a salir de
nuestro egoísmo para abrirnos al sufrimiento de los demás. Juntos, en la
fraternidad y la solidaridad, podemos
construir la paz, garantizar la justicia y superar los acontecimientos más
dolorosos
5. Sólo la paz que nace del amor fraterno y desinteresado puede
ayudarnos a superar las crisis personales, sociales y mundiales. Pero el virus
de la guerra es más difícil de vencer que los que afectan al organismo, porque
no procede del exterior, sino del interior del corazón humano, corrompido por
el pecado.
6. Hemos de permitir que Dios transforme nuestros criterios
habituales…Ya no podemos pensar sólo en preservar nuestros intereses personales o nacionales,
sino que debemos concebirnos a la luz del bien común, con un sentido comunitario,
es decir, como un “nosotros” abierto a la fraternidad universal.
7. Estamos llamados a afrontar los retos de nuestro mundo con
responsabilidad y compasión, a garantizar la sanidad pública para todos, a
promover acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras que siguen
generando víctimas y pobreza, a cuidar de forma conjunta nuestra casa común, a
luchar contra el virus de la desigualdad y garantizar la alimentación y un
trabajo digno para todos.
El Papa nos dice que nos duele el escándalo de los pueblos hambrientos. Hemos de desarrollar la acogida y la integración de los migrantes y de los que viven como descartados en nuestras sociedades. Solo invirtiendo en estas situaciones, con una generosidad inspirada por el amor misericordioso de Dios, podremos construir un mundo nuevo y ayudar a edificar el Reino de Dios, que es un Reino de amor, de justicia y de paz.
José-Román Flecha Andrés