LA ÚLTIMA ORACIÓN
“Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu
reino”
(Lc 23,42)
Señor
Jesús, a veces alguna persona nos pregunta cómo
ha de orar. Seguramente ha sido educada
para recitar oraciones sabidas de memoria. Oraciones que se consideran aptas para
conseguir un favor concreto.
Ante esa pregunta solemos citar
alguna de las oraciones que recogen los evangelios. A la vista de una pesca abundante, Pedro te
dijo: “Señor, apártate de mí; soy un hombre pecador”. Y un leproso se postró
ante ti y te suplicó: “Señor, si quieres puedes limpiarme”.
Uno de tus discípulos te dijo: “Señor,
enséñanos a orar como Juan enseñaba a sus discípulos”. El ciego de Jericó tu suplicó: “Hijo de David, ten piedad
de mí”. Pero, en lugar de pedir, Zaqueo te prometió compartir la mitad de sus
bienes con los pobres.
Son tan solo unos ejemplos. Las
gentes que te seguían solían presentarte su situación personal, sus necesidades
y sus deseos.
“Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Entre las
oraciones que encontramos en los evangelios es muy significativa la que
pronuncia uno de los malhechores condenados y crucificados junto a ti. No te pide
ser liberado del tormento ni de sus dolores. Se limita a rogarte que te acuerdes
de él cuando llegues en tu reino.
Su oración se sitúa en el marco
de la primera alianza. Nace de la fe de su pueblo, que espera un mesías rey. Él
parece ser el único que comprende la verdad que expresa el letrero que Pilato
había mandado colocar sobre tu Cruz. Solo él creía de verdad en tu reino. En
realidad, era uno de los hijos de la verdad que pertenecen a él.
“Hoy estarás conmigo en el
paraíso”. Eso le respondiste. Aquel “hoy” iniciaba un tiempo absolutamente nuevo.
Y el paraíso era presentado por ti como el gozar de tu compañía.
En ese hoy de la salvación te ruego, Señor, que te acuerdes de mí. Que tengas piedad de mí. Que me admitas junto a ti. Amén.
José-Román Flecha Andrés