LA POBREZA Y LA GUERRA
Instituida por el papa Francisco, la Jornada Mundial
de los Pobres se celebra el tercer domingo de noviembre. En el lema de este año,
“Jesucristo se hizo pobre por vosotros” (2 Co 8,9), vemos
cómo san Pablo motivaba a los corintios a colaborar en la colecta para los pobres de Jerusalén. Ahora, el Papa
vincula la pobreza con la guerra.
1. Atribuye la
invasión de Ucrania a “la directa intervención de una superpotencia que
pretende imponer su voluntad contra el principio de autodeterminación de los
pueblos”.
2. Anota que son
millones las mujeres, los niños y los ancianos obligados a desafiar el peligro
de las bombas para buscar amparo como refugiados en los países vecinos.
3. Se refiere
además a los que permanecen en las zonas de conflicto conviviendo con el miedo
y la falta de alimentos, de agua, atención médica y sobre todo de cariño.
4. Añade que “en
estas situaciones, la razón se oscurece y quienes sufren las consecuencias son
muchas personas, que se suman al ya gran número de indigentes.
5. Tras
mencionar los hechos, añade una pregunta que debería interpelarnos a todos: “¿Cómo
dar una respuesta adecuada que lleve alivio y paz a tantas personas, dejadas a
merced de la incertidumbre y la precariedad?”
6. El Papa
piensa en la disponibilidad que ha movido a poblaciones enteras y especialmente
a las familias a abrir las puertas para acoger a los refugiados de las guerras
en Oriente Medio, en África central y ahora en Ucrania.
7. Ahora bien, “a
los pueblos que acogen les resulta cada vez más difícil dar continuidad a la
ayuda; las familias y las comunidades empiezan a sentir el peso de una
situación que va más allá de la emergencia”.
8. Esa situación
nos exige solidaridad para “compartir lo poco que tenemos con quienes no tienen
nada, para que ninguno sufra”.
9. En los países
donde hay más bienestar, “el patrimonio logrado puede ahora ser compartido con quienes
se han visto obligados a abandonar su hogar y su país para salvarse y
sobrevivir”.
10. El Papa nos pide
que “como miembros de la sociedad civil, mantengamos viva la llamada a los
valores de libertad, responsabilidad, fraternidad y solidaridad. Y como
cristianos encontremos en la caridad, en la fe y en la esperanza el fundamento
de nuestro ser y nuestro actuar”.
Y añade que frente a los pobres no vale la
retórica, si no se ponen manos a la obra y se practica la fe directamente, sin
delegar en nadie”.
Es más, “nada
más dañino para un cristiano y para una comunidad que ser deslumbrados por el
ídolo de la riqueza, que termina encadenando a una visión de la vida efímera y
fracasada”.
La Jornada Mundial de los Pobres es una ocasión de gracia, para hacer un examen de conciencia personal y comunitario, y ver si nuestra vida se deja iluminar y orientar por la pobreza de Jesucristo.
José-Román Flecha Andrés