domingo, 20 de noviembre de 2022

CADA DÍA SU AFÁN - 26 de noviembre de 2022-

 

LA CORONA DEL ADVIENTO

 En los últimos años nuestras comunidades cristianas han ido aceptando la costumbre alemana de preparar la corona del Adviento. Las ramas verdes que la forman manifiestan nuestra esperanza y las cuatro velas o lámparas que la adornan marcan el ritmo de las cuatro semanas que configuran este tiempo en el rito romano.

 Durante estas cuatro semanas preparamos nuestro espíritu, nuestra casa y nuestro ambiente para la celebración de la fiesta del Nacimiento de Jesús. En realidad, nos preparamos para celebrar también su Epifanía o manifestación a los Magos y su Bautismo, así como la fiesta de la Sagrada Familia y la de Santa María Madre de Dios.

Es un gusto recordar el sonoro lenguaje con el que san Juan de Ávila presentaba este tiempo en el siglo XVI: “Este tiempo de Adviento tiempo santo es, instituido para aparejarse el hombre para aposentar a Dios. Pues Dios ha de venir a visitarnos, razón es aparejarle el corazón, para que lo halle, cuando venga, bien aparejado.

De personas cuidadosas es mirar cuidadosamente si está aparejada la casa cuando han de recibir a alguna persona en ella. Pues hemos de recibir no a hombres, sino a Dios, razón es de aparejar el alma, no vea algo que lo desagrade”.

Pero no se trata solamente de preparar unas fiestas entrañables. El Adviento es un tiempo simbólico, que resume toda nuestra vida y todas nuestras mejores aspiraciones. En este tiempo se nos invita a redescubrir el valor  de la virtud de la esperanza. Y a vivir con el ánimo y la ligereza de quienes están de camino.

 Es cierto que, precisamente ahora, estamos viendo que en algunos lugares se prohiben los signos que anuncian y celebran el Nacimiento de Jesús. Y en otros lugares se desconfía hasta de la misma virtud de la esperanza. Se piensa con frecuencia que esperar el futuro que Dios nos ofrece significa despreciar el futuro que las instituciones humanas tratan de promover.

Pues bien, que nadie piense que la esperanza cristiana implica ignorar la realidad de este mundo. Al contrario, como nos ha dicho el Concilio Vaticano II, “la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo” (GS 39).

La celebración del Adviento non ayuda a mantener viva la esperanza que Dios nos ofrece y a comprometernos responsablemente con las mejores esperanzas de nuestra sociedad. Esperamos la manifestación del Hijo de Dios, colaborando activamente con los proyectos de justicia y de paz de todos los hijos de Dios. Eso pensaremos al ir encendiendo cada una de las cuatro velas de la corona del Adviento. 

                                                            José-Román Flecha Andrés