LA CORONA DEL
ADVIENTO
Durante estas cuatro semanas preparamos
nuestro espíritu, nuestra casa y nuestro ambiente para la celebración de la
fiesta del Nacimiento de Jesús. En realidad, nos
preparamos para celebrar también su Epifanía o manifestación a los Magos y su
Bautismo, así como la fiesta de la Sagrada Familia y la de Santa María Madre de
Dios.
Es un gusto recordar el sonoro
lenguaje con el que san Juan de Ávila presentaba este tiempo en el siglo XVI: “Este
tiempo de Adviento tiempo santo es, instituido para aparejarse el hombre para
aposentar a Dios. Pues Dios ha de venir a visitarnos, razón es aparejarle el
corazón, para que lo halle, cuando venga, bien aparejado.
De personas cuidadosas es mirar
cuidadosamente si está aparejada la casa cuando han de recibir a alguna persona
en ella. Pues hemos de recibir no a hombres, sino a Dios, razón es de aparejar
el alma, no vea algo que lo desagrade”.
Pero no se trata solamente
de preparar unas fiestas entrañables. El Adviento es un tiempo simbólico, que
resume toda nuestra vida y todas nuestras mejores aspiraciones. En este tiempo
se nos invita a redescubrir el valor de la
virtud de la esperanza. Y a vivir con el ánimo y la ligereza de quienes están
de camino.
Es cierto que, precisamente ahora, estamos
viendo que en algunos lugares se prohiben los signos que anuncian y celebran el
Nacimiento de Jesús. Y en otros lugares se desconfía hasta de la misma virtud
de la esperanza. Se piensa con frecuencia que esperar el futuro que Dios nos
ofrece significa despreciar el futuro que las instituciones humanas tratan de
promover.
Pues bien, que nadie piense que
la esperanza cristiana implica ignorar la realidad de este mundo. Al contrario,
como nos ha dicho el Concilio Vaticano II, “la espera de una tierra nueva no
debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta
tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de
alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo” (GS 39).
La celebración del Adviento non ayuda a mantener viva la esperanza que Dios nos ofrece y a comprometernos responsablemente con las mejores esperanzas de nuestra sociedad. Esperamos la manifestación del Hijo de Dios, colaborando activamente con los proyectos de justicia y de paz de todos los hijos de Dios. Eso pensaremos al ir encendiendo cada una de las cuatro velas de la corona del Adviento.
José-Román Flecha Andrés