EL RECUERDO
“Acuérdate de
mi, cuando llegues a tu reino”
(Lc 23,42)
Señor Jesús, siempre fue importante el
“recuerdo” en la tradición de tu pueblo. Por una parte, se exhortaba a los
creyentes a recordar las maravillas que había realizado el Señor con sus
antepasados y a transmitir esa memoria a sus hijos.
Por otra pare, también se suplicaba a
Dios que se acordara de la alianza que había establecido con su pueblo y que,
en consecuencia, se olvidara de los pecados que las gentes habían cometido.
En el evangelio según San Lucas se nos
transmite la súplica que dirige a Jesús uno de los ladrones que han sido crucificados
junto a él: “Acuérdate de mi, cuando
llegues a tu reino”.
Tal vez estaba impresionado por la
serenidad de aquel galileo que soportaba las afrentas a las que era sometido.
Oía a los soldados que se burlaban de Jesús y aprobaba la inscripción con que
Pilato parecía justificar su condena: “Este es el rey de los Judíos” (Lc
26,38-38).
El reino y la salvación sonaban en su
cabeza como un mensaje imposible. Pero al mismo tiempo le sugerían un testamento
personal. Olvidaba su pasado e imaginaba un futuro que solo se apoyaba en el
recuerdo de aquel hombre único, al que calificaban como el Mesías.
En este momento de nuestra peripecia aquellas
palabras que sonaban insensatas parecen reflejar el anhelo de esta humanidad. En
una cultura de la muerte y el descarte, una súplica como esta solo suscita
sonrisas burlonas.
Pero en estas palabras del ladrón veo mi
necesidad de dirigirme a ti con la frágil esperanza de un encuentro. Un
encuentro más allá mi frivolidad y mis locos intereses. Más allá de sueños
frustrados e imposibles. Un encuentro definitivo.
“Acuérdate de mi, cuando llegues a tu reino”.
Tú eres el rey y el reino. Ese reino del
descanso y de la paz, de la ternura y del perdón. Ese reino de un amor solo
posible de alcanzar en la entrega de una vida. Ese reino solo imaginable como
un paraíso prometido.
José-Román Flecha Andrés