LAS CLARABOYAS DE
LA POSADA
El próximo día 11
de febrero de 2020 se celebrará la
XXVIII Jornada Mundial del Enfermo. En el mensaje que, con ese motivo,
nos ha entregado el papa Francisco, se
dirige a cuatro interlocutores.
1. A todos nos
recuerda que “las formas graves de sufrimiento son
varias: enfermedades incurables y crónicas, patologías psíquicas, las que
necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades,
las enfermedades de la infancia y de la vejez”. Al igual que hacía Jesús, todos
necesitamos personalizar el modo de acercarnos al enfermo. Hay que añadir al
curar el cuidar, para logar una recuperación humana integral. Y hay que prestar atención a su familia que sufre y necesita consuelo y
cercanía.
2. El Papa se dirige después a los enfermos. Les dice que en Jesucristo encontrarán la fuerza para
afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en ellos, en esta “noche”
del cuerpo y del espíritu. “Cristo no nos ha dado recetas, sino que con su
pasión, muerte y resurrección nos libera de la opresión del mal”.
Además, les recuerda que la Iglesia es la
“posada” del Buen Samaritano que es Cristo. “En ella podréis encontrar personas
que, curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a
llevar la cruz, haciendo de las propias heridas claraboyas a través de las
cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y
aire puro para vuestra vida”.
3. En tercer lugar, el Papa se dirige a los
agentes sanitarios, médicos, enfermeros, administrativos, auxiliares y
voluntarios. Y les recuerda que cada intervención de diagnóstico, preventiva,
terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la
persona enferma. Subraya que el sustantivo “persona” siempre está antes del
adjetivo “enferma”. Y les dice: “Que vuestra acción tenga presente la dignidad
y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al
suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la
enfermedad sea irreversible”.
Es claro que “la vida debe ser acogida,
tutelada, respetada y servida desde que surge hasta que termina. Pues bien, en ciertos casos, la objeción de conciencia será
para ellos “una elección necesaria para ser coherentes con este “sí” a la vida
y a la persona”.
Finalmente, el Papa piensa en los
gobernantes. Primero, porque el poder político pretende a veces “manipular la asistencia médica a su favor,
limitando la justa autonomía de la profesión sanitaria”. Y además, porque en
muchos lugares, hay enfermos que “no
tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos, porque viven en la pobreza”.
Evidentemente la Jornada Mundial del
Enfermo nos invita a redescubrir la presencia de Jesús en todos los que sufren
cualquier tipo de enfermedad o debilidad. Aquí no hay lugar para la
indiferencia.
José-Román Flecha Andrés
