jueves, 8 de mayo de 2014

LECTIO DIVINA-DOMINGO 4ª SEMANA PASCUA-A


Hch 2,14a.36-41

En aquel tiempo Pedro, puesto en pie junto con los otros once apóstoles, dijo: “Sepa, pues, todo el pueblo de Israel, con toda seguridad, que a este mismo Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Mesías”. Cuando los allí reunidos oyeron esto, se afligieron profundamente y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: “Hermanos, ¿qué debemos hacer?”. Pedro les contestó: “Volveos a Dios y bautizaos cada uno en el nombre de Jesucristo, para que Dios os perdone vuestros pecados y recibáis el don del Espíritu Santo. Esta promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y también para todos los que están lejos; es decir, para todos aquellos a quienes el Señor nuestro Dios quiera llamar”. Con estas y otras palabras, Pedro les hablaba y aconsejaba, diciéndoles: “¡Apartaos de esta gente perversa!”. Así pues, los que hicieron caso de su mensaje fueron bautizados, y aquel día se agregaron a los creyentes unas tres mil personas.

1 Pe 2,20b-25

Hermanos, si sufrís por haber hecho el bien, y soportáis con paciencia el sufrimiento, eso es bueno delante de Dios. Para esto os ha llamado Dios, ya que Cristo sufrió por vosotros dándoos un ejemplo para que sigáis sus pasos. Cristo no cometió ningún pecado ni engañó jamás a nadie. Cuando le insultaban, no contestaba con insultos; cuando le hacían sufrir, no amenazaba, sino que se encomendaba a Dios, que juzga con rectitud. Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz, para que nosotros muramos al pecado y vivamos una vida de rectitud. Cristo fue herido para que vosotros fuerais sanados. Antes andabais como ovejas extraviadas, pero ahora habéis vuelto a Cristo, que os cuida como un pastor y vela por vosotros.

Jn 10,1-10

Jesús añadió: "Os aseguro que el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que se mete por otro lado, es ladrón y salteador. El que entra por la puerta, ése es el pastor que cuida las ovejas. El guarda le abre la puerta, y el pastor llama a cada oveja por su nombre y las ovejas reconocen su voz. Él las saca del redil, y cuando ya han salido todas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen porque reconocen su voz. En cambio no siguen a un extraño, sino que huyen de él porque no conocen la voz de los extraños”. Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Volvió Jesús a decirles: "Os aseguro que yo soy la puerta por donde entran las ovejas. Todos los que vinieron antes de mí fueron ladrones y salteadores, pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta: el que por mí entra será salvo; entrará y saldrá, y encontrará pastos. El ladrón viene solamente para robar, matar y destruir; pero yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

Preparación: Nos impresionan aquellos versos que T.S. Elliot nos dejó en Los Cuatro Cuartetos: “En nuestra memoria se oye el eco de unas pisadas, que bajan por el atajo que no hemos tomado hacia la puerta que nunca hemos abierto…” ¿Por qué se habrá aplicado Jesús a sí mismo la imagen de la puerta?

Lectura: Ante la predicación de Pedro sobre la crucifixión de Jesús, muchos oyentes preguntaron: “Hermanos, ¿qué debemos hacer?” Esa pregunta es también la nuestra. En un contexto en el que Jesús se presenta a sí mismo como el buen pastor que conoce a sus ovejas, también se aplica  a sí mismo la imagen de la puerta, por la que entra el rebaño. “Yo soy la puerta”. En Jesús toda persona puede encontrarse con Dios. En Jesús, Dios se nos manifiesta, nos sale al encuentro y nos abre, nos acoge y nos perdona. “Quien entre por mí se salvará”. Hay otras vías y otras puertas posibles, pero todas nos desvían del camino hacia la verdad. Jesús es la vida y la paz, la fuente de la reconciliación y la raíz de la esperanza.

Meditación: Es verdad que la puerta cierra la casa y su intimidad. Pero también la abre al encuentro con las gentes. Al identificarse con la imagen de la puerta, Jesús se presenta ante nosotros como un lugar de encuentro. Con esa pretensión denuncia a tantos falsos redentores que no merecen nuestra confianza y, por eso, no logran franquear la entrada.  Con unas preguntas inolvidables, San Agustín comenta que Jesús se abre como una puerta: “¿Quién es la puerta? - Cristo. ¿Y qué es Cristo? - La verdad. ¿Quién abre la puerta sino el que enseña toda la verdad?” Los versos de Elliot nos advierten del riesgo de perder el encuentro con el que es la Verdad.

Oración: Señor Jesús, tú eres la puerta que nos abre al misterio de Dios. Tú nos abres la posibilidad del encuentro con nuestros hermanos. Y tú nos abres a la esperanza de nuestra propia realización. Bendito seas por siempre, Señor. Amén.

Contemplación: Contemplamos a Jesús y escuchamos su proclamación. Él es la puerta. Quien entra por él podrá entrar y salir y encontrará pastos abundantes.  Nosotros hemos hecho de la libertad un ideal y una bandera. Algunas veces pensamos que Jesús impide nuestra libertad, cuando en realidad él es el acceso a la verdadera vida. Él es una puerta que no tiene cerrojos. Sólo la puerta de la verdad, que es Jesús resucitado, nos abre al camino que nos lleva al banquete de la vida.

Acción: Preguntarnos cómo podemos ayudar a otras personas a encontrar la puerta de la vida que nos abre Jesucristo.

                                                                        José-Román Flecha Andrés