EL EJEMPLO DE LOS SANTOS
“Estos
son los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras
en la sangre del Cordero”. Así concluye la primera lectura de la eucaristía con
la que celebramos la solemnidad de Todos los Santos (Ap 7,2-14).
Todos
los que se han mantenido fieles al mensaje del Cordero de Dios reconocen que,
en medio de la persecución, han recibido de él la fuerza necesaria para
perseverar fieles hasta el martirio: “La salvación es de nuestro Dios, que está
sentado en el trono, y del Cordero”.
El
salmo responsorial nos asegura que esta es la generación que, a pesar de todas
las dificultades de este mundo, se empeña en buscar el rostro del Señor (Sal
23,1-6).
En la segunda lectura de este día se nos exhorta a mirar hacia el futuro y a vivir esperando la manifestación de Dios: “Todo el que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, como él es puro” (1 Jn 3,3).
NUESTRAS ASPIRACIONES
De una
forma o de otra, todos somos buscadores. Con frecuencia nos dejamos ofuscar por
el falso resplandor de las riquezas, del poder conseguido a cualquier precio, o
de los placeres que a veces arruinan nuestra vida.
El error
está en confundir las satisfacciones transitorias con la felicidad que puede
colmar los deseos más profundos de nuestra vida. En realidad, el verdadero
problema está en la misma comprensión del ser humano. No sabemos o no queremos
saber en qué consiste la dignidad humana, sobre la que hablamos y discutimos todos
los días.
Esta solemnidad de Todos los Santos nos presenta siempre el mensaje de las bienaventuranzas proclamadas por Jesús y recogidas en el Sermón de la Montaña (Mt 5,1-12). Según nuestro orgullo, estas palabras nos llevan a vivir como esclavos. Pero una crisis o un grave disgusto nos ayudan a comprender el error de nuestras aspiraciones habituales.
LA VERDAD DE LA PERSONA
Las
bienaventuranzas que Jesús proclamó nos revelan la verdad última de toda
persona. Nos recuerdan esos valores profundos que hacen que nuestra existencia
sea humana y humanizadora. Las bienaventuranzas no solo nos dicen cómo ser
santos. Nos indican el camino para alcanzar la felicidad:
• Un
camino que no lleva a acaparar bienes, sino a compartirlos con los pobres.
• Un camino
que no pasa por la violencia, sino por la mansedumbre y la humildad.
• Un
camino en el que no podemos ignorar a los que sufren, sino compadecerlos.
• Un
camino que no impulsa a la comodidad, sino a la búsqueda de la justicia.
• Un
camino que no incluye la indiferencia, sino la misericordia y el perdón.
• Un
camino que no tolera la hipocresía, sino que exige la limpieza y la verdad.
• Un
camino que no justifica el conflicto, sino que promueve la paz y la armonía.
• Un
camino que no valora la apostasía, sino la fidelidad a la fe y al amor.
- Señor Jesús, sabemos y proclamamos que solo tú eres santo y la fuente de la santidad. Además, admiramos y veneramos a los hombres y mujeres que han seguido fielmente tu camino. Hoy te rogamos que tu Espíritu nos ayude a aceptar tu mensaje y a imitar el ejemplo que los santos y las santas nos han dejado a lo largo de la historia y aun en este mismo tiempo que estamos viviendo.
José-Román Flecha Andrés