ESO ES MALA TEOLOGÍA
Valentín,
el detective, ha llegado a Londres con el propósito de encontrar a Flambeau.
Una y otra vez ha burlado a la policía francesa, pero ahora no podrá
escabullirse.
Por
una casualidad de esas que Chesterton está dispuesto a calificar como milagros,
Valentín se encuentra con una serie de datos muy extraños. Por ellos, llega a
descubrir una pareja de sacerdotes más extraños todavía, que parecen haber
encontrado el lugar más secreto para llegar a algún negocio.
El
detective se siente tan inquieto como frustrado al tener que escuchar escondido
la conversación entre aquellos dos sacerdotes a los que viene siguiendo. Al
parecer, hablan de cuestiones teológicas. Una charla tan clerical e ingenua no
se habría desarrollado en ningún blanco claustro de Italia o en ninguna oscura
catedral española.
Así
lo cuenta Chesterton, en “El candor del padre Brown”. El sacerdote alto dice que
“los modernos infieles apelan a su razón; pero ¿Quién puede contemplar estos
millones de mundos, sin sentir que hay todavía universos maravillosos, donde
tal vez nuestra razón resulte irracional?”.
El
curita más bajo le replica que “la razón siempre es racional, aun en el limbo,
aun en el último extremo de las cosas”. Y añade: “Ya sé que la gente acusa a la
Iglesia de rebajar la razón; pero es al contrario. La Iglesia es lo único que,
en la tierra, hace de la razón un objeto supremo; la única que afirma que Dios
mismo está sujeto por la razón”.
El
otro sacerdote levanta su austera cabeza hacia el cielo estrellado e insiste: “Sin
embargo, ¿Quién sabe si en este infinito universo…?”
“Infinito,
solo físicamente -dijo el curita agitándose en el asiento-; pero no infinito en
el sentido de que pueda escapar a las leyes de la verdad”.
Valentín,
el detective, está cada vez más nervioso ante aquel chismorreo metafísico de
los dos viejos y amables párrocos. Pero todo cambia cuando el sacerdote más
alto exige al más bajito que le entregue al fin la cruz de zafiros, aquella
reliquia de la que él quiere apoderarse.
Pero el humilde curita de Essex ya ha
adivinado que su compañero no es otro que Flambeau, el ladrón que está siendo
buscado por todas partes.
Le dice sencillamente que no tiene la cruz,
porque ha cambiado los paquetes que llevaba y ha dejado por el camino el que la
contenía. Además, no tiene reparo en
manifestarle cómo lo ha descubierto: “Usted atacó la razón, y eso es de mala
teología”.
Esas son las últimas palabras que dirige a Flambeau el padre Brown, el humilde y astuto curita de Essex. Ha caminado con él durante varias horas. Pero ahora ya solo le queda recoger su sombrilla, mientras el policía Valentín se acerca a detener al ladrón.
José-Román Flecha