lunes, 6 de julio de 2026

CADA DÍA SU AFÁN - 11 DE JULIO DE 2026

                                                               

NUESTRA UTOPÍA PERSONAL

Con la llegada del verano, por todas partes se puede contemplar el éxodo masivo hacia el campo. ¿Quién no sueña con tenderse sin reloj en una hamaca a la sombra de un árbol? Los más afortunados, parecen ser los que pueden regresar a aquella aldea de la que salieron sus padres, antes de emigrar a la ciudad, buscando trabajo, diversión y libertad. Todos dicen que por unas semanas es necesario escapar de la esclavitud de la civilización para vivir sin los compromisos que ella exige.  ¡Qué encanto el de la aldea!

Entre sus inolvidables escritos, José María Cabodevilla nos entregó su libro “Feria de utopías. Estudio sobre la felicidad humana”.

Allí nos dejó escrito que “el rechazo de la civilización resulta tan viejo como la misma civilización. Y es, además, un producto suyo muy típico… Nadie debe ignorar que la alabanza de la vida campesina constituye una invención característica de la ciudad. Bastó que el hombre se alejara lo bastante del campo para que se le revelasen sus recónditas virtudes y ventajas, lo mismo que basta llegar a la mayoría de edad para añorar aquella dicha inefable -e irrecuperable- de los años infantiles… Solo se canta lo que se pierde”.

Cabría preguntarse si el autor recordaba los conocidos versos en los que fray Luis de León pregonaba en un susurro la belleza de la escondida senda de los pocos sabios que en el mundo han sido, al tiempo que daba cuenta de su huerto plantado en la ladera.

Cabodevilla sugería una tarea que podría entretener alguna tarde de nuestro ocio veraniego: “Si usted quiere cantar con acento convincente la belleza de un bosque de eucaliptus, sitúese frente a un bloque de viviendas de cualquier barrio urbano. Coja la pluma y empiece a escribir”

Pero, de pronto, aquellas reflexiones inspiradas por la aguda crítica de Tomás Moro, parecían situarse más allá de las vacaciones en la aldea montañera o de la playa del desencuentro de multitudes acaloradas. Y el admirado escritor compartía con el amable lector de sus observaciones un minuto de filosofía: “¡Qué maravillas consigue la distancia! Difumina las aristas, borra cualquier aspereza, lo aureola todo. Ya se sabe que la realidad es necesariamente inferior a su imagen”.

Parece un proverbio bíblico, revestido del sabio desengaño de Séneca. Pero es un desafío tan saludable como descarado. Todos hemos planeado alguna vez un descanso que terminó siendo fatigoso.

El papa León XIV ha dicho en la isla de Lampedusa: “Hay auténtico descanso allí donde se reencuentra el sentido de la vida”. Una escapada puede ser una evasión. Pero puede ser una ocasión para preguntarnos de qué percha queda colgada nuestra utopía personal. ¿Seremos capaces de contrastar con la realidad nuestras mejores fantasías?

José-Román Flecha Andrés