martes, 14 de abril de 2026

CADA DÍA SU AFÁN - 18 de abril de 2026


EL  MOSAICO DE LA PAZ  

El sábado 11 de abril de 2026 se celebró en la Basílica de San Pedro del Vaticano una solemne vigilia de oración por la paz.

El papa León XIV comenzó su meditación con una advertencia profética: “La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta. La idolatría ciega, el Dios vivo ilumina. Basta un poco de fe, una pizca de fe para afrontar juntos, como humanidad y con humanidad, esta hora dramática de la historia”.

Evocando el mensaje de la Pascua, añadió: “La oración no es un refugio para eludir nuestras responsabilidades, no es un analgésico para evitar el dolor que desata tanta injusticia. Es la respuesta más gratuita, universal y disruptiva a la muerte: ¡somos un pueblo que ya resucita!”   

Tras repetir que “nada se pierde con la paz; todo puede perderse con la guerra”, recordó el famoso grito de Pablo VI ante la asamblea de las Naciones Unidas: “¡Nunca más la guerra!”.

 Pero el momento actual le sugería al papa León XIV imágenes que nos resultan conocidas: “En el Reino de Dios no hay espada, ni drones, ni venganza, ni banalización del mal, ni lucro injusto, sino sólo dignidad, comprensión y perdón. Tenemos en esto una barrera contra ese delirio de omnipotencia que se vuelve cada vez más impredecible y agresivo a nuestro alrededor”.

Olvidando que somos hijos de un solo Padre, que es el Dios de la vida, solo vemos enemigos. “Por todas partes se perciben amenazas, en lugar de llamadas a la escucha y al encuentro”.

Estamos sometidos a quienes han dado la espalda al Dios vivo y hacen de sí mismos y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo, ante el que habría que doblegarse.  “¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida”.

A los que tratan de dirigir el mundo hay que gritarles: “¡Deténganse! ¡Es tiempo de paz! ¡Siéntense en mesas de diálogo y de mediación!, no en mesas donde se planea el rearme y se deliberan acciones de muerte”.

Pero a todos “la oración nos compromete a convertir lo que queda de violencia en nuestros corazones y en nuestras mentes”. Entre todos, podemos crear la cultura del encuentro.  “¡Cada uno tiene su lugar en el mosaico de la paz!”

El papa Francisco decía que “se necesitan artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia”.  

 Su sucesor nos pide ahora que “cada comunidad se convierta en una casa de paz, donde aprendamos a desactivar la hostilidad mediante el diálogo, donde se practique la justicia y se preserve el perdón. Hoy más que nunca es necesario mostrar que la paz no es una utopía”.

                                                                                         José-Román Flecha Andrés