LA
PUERTA DEL REBAÑO
“Salvaos
de esta generación perversa?” Con esas
palabras responde Pedro a las gentes que le preguntan qué han de hacer, tras
escuchar de boca del Apóstol que Dios había constituido a Jesús como Señor y
Mesías (Hch 2,14.36-41).
Tal vez la palabra “salvación” no sea muy
significativa para las gentes de hoy. De todas formas todos podemos comprender
que la salvación no viene de lo que tenemos o fabricamos. Es un don que recibimos gratuitamente del
Salvador.
Con
el salmo responsorial, en la celebración litúrgica nosotros lo proclamamos como nuestro pastor y nuestro guía: “El Señor es mi pastor, nada me falta” (Sal 22).
También a nosotros se dirigen las palabras que hoy se
leen en la primera carta de Pedro: “Andabais errantes como ovejas, pero ahora
os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas” (1 Pe 2,25).
EL ENCUENTRO
En
el domingo cuarto de Pascua todos los años recordamos la figura del Buen
Pastor. En este año, Jesús se aplica a
sí mismo la imagen de la puerta del aprisco: “Yo soy la puerta: quien entre por
mí se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos” (Jn 10,9).
Bien sabemos que la puerta cierra la casa y defiende
nuestra intimidad. Pero, al mismo tiempo, la puerta nos libera del encierro,
facilita la salida y el encuentro con el ambiente. Además, con gusto hacemos
saber a nuestros familiares y amigos que la puerta de nuestra casa está abierta
para acogerlos.
Al
revelarse como la puerta, Jesús se nos presenta como un lugar de encuentro. Efectivamete,
en Jesús toda persona puede encontrarse con Dios. En Jesús, Dios se nos abre y
manifiesta, nos sale al encuentro, nos acoge y nos perdona.
Pero
con esa imagen tan cercana y comprensible, Jesús nos advierte para que no
abramos la puerta a los falsos redentores. Solo merecen nuestra acogida quienes
llegan hasta nuestra casa trayendo la paz y la verdad.
LA
SALVACIÓN
De todas
formas, Jesús no solo se nos manifiesta como “la puerta” del aprisco. Nos revela
también cómo acercarnos a él y cómo imitar su estilo de vida.
• “Quien entre por
mí se salvará”. Jesús es la vida y la paz, la fuente de la reconciliación y la
raíz de la esperanza. Solo la puerta de la verdad, que es Jesús resucitado, nos
abre al camino que nos lleva a la salvación.
• “Quien entre por mí podrá entrar y salir”. Jesús
es una puerta que no tiene cerrojos. Podemos
acercarnos a él o pretender ignorarlo. A veces pensamos que Jesús es un obstáculo
para nuestra realización personal,
cuando él es el acceso a la verdadera libertad.
•
“Quien entre por mí encontrara pastos”. Jesús es la puerta que nos abre a
buenos pastos. Es cierto que en el mundo hay otras salidas posibles, pero no
todas nos conducen a los pastos de la verdad, de la paz y la justicia.
- Señor Jesús, nuestra fe nos lleva a creer que tú eres la puerta que nos abre al misterio de Dios. Además, sabemos que tú nos facilitas la posibilidad del encuentro con nuestros hermanos. Y, en contra de lo que se nos propone cada día, tú nos abres a la esperanza de nuestra propia realización. Bendito seas por siempre, Señor. Amén.
José-Román Flecha Andrés