LA PERSEVERANCIA
“Con vuestra perseverancia
salvaréis vuestras almas”
(Lc 21,19)
Señor
Jesús, hoy
vivimos con un ritmo frenético. La rapidez de la información no nos permite
reflexionar sobre los acontecimientos. Y menos aún sobre la rectitud de nuestro
propio comportamiento.
Se nos repite que es necesario
cambiar los medios e instrumentos que venimos usando cada día. Si por ahora no
podemos cambiar de casa, al menos consideramos necesario cambiar la decoración
de la misma.
Algo semejante ocurre con nuestras relaciones personales. Y lo mismo
sucede con los grupos a los que pertenecemos o con los que hemos estado
vinculados alguna vez. En estos casos el cambio refleja con frecuencia nuestra
indiferencia.
“Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”. Con esa frase
tú exhortabas a tus discípulos a mantenerse firmes en el seguimiento de su
vocación. Los estabas animando a vivir en fidelidad la llamada que les había
indicado un nuevo camino para sus vidas.
Tú preveías que tanto la
persecución como la dificultad de la convivencia habrían de constituir para
ellos una seria tentación. Tú sabías ya que con el tiempo algunos decidirían volver
la vista atrás.
“Con vuestra perseverancia
salvaréis vuestras almas”. En nuestro tiempo, la rutina y la nostalgia llegan
a anular el ímpetu de la esperanza. Y anulada la esperanza, caemos en esa
apatía que paraliza a los que debemos vivir con gozo y osadía la misión que hemos recibido.
Hoy el compromiso ha sido sustituido por el sentimiento y este por la
satisfacción inmediata y pasajera. No es extraño que en este tiempo la
apostasía religiosa se haya convertido en un fenómeno habitual.
Señor, nosotros creemos que con la perseverancia podremos salvar nuestras
vidas. Podremos demostrar el sentido y el valor de nuestras vidas. Pero sabemos
que para vivir esa fidelidad necesitamos tu luz y la fuerza de tu Espíritu. Que
no nos falte su gracia. Amén.