y no merezco ni llevarle las sandalias”
(Mt 3,11)
1. ¿Soy consciente de la responsabilidad que implica haber sido llamados para
preparar el camino del Señor?
2. ¿Me pregunto alguna vez cómo puedo hacer respetable y aceptable la figura de Jesús en este tiempo y por esta
cultura?
3. ¿No habré desconfiado alguna vez de la fuerza del evangelio y de su
capacidad para dar sentido a la existencia humana?
4. ¿Pido alguna vez la luz y la fuerza del Espíritu para superar la tentación
del desaliento ante la indiferencia con que es acogido el Evangelio?
5. ¿Trato de vivir individualmente el mensaje de la conversión o procuro
compartirlo y difundirlo en mi ambiente?
6. ¿Procuro participar en el esfuerzo de la Iglesia para ofrecer un diálogo
creyente y creíble con quienes se muestran hostiles a su mensaje?
7. ¿Estoy convencido del valor de la humildad del esclavo que no se atreve a llevar las sandalias de su Señor?