lunes, 25 de julio de 2022

CADA DÍA SU AFÁN Diario de León. 30 de julio2022

 

DON DE ENTENDIMIENTO

Hoy no es fácil percibir el entendimiento o la inteligencia como un don del Espíritu Santo. En nuestra sociedad se valora sobre todo la inteligencia pragmática. Importa entender los objetos. No importa tanto entender el por qué y el para qué del sujeto. 

Además, hoy se pregona el relativismo de todo lo que se puede conocer. Cada uno pretende que es indiscutible su forma de entender el mundo, la persona, sus derechos y deberes, así como los valores éticos.  

El sentido y el alcance de este don de entendimiento importa muy poco en una sociedad que vive “el eclipse de Dios” y el desinterés por lo divino.

Según la Biblia, el piadoso israelita sabía que si escuchaba los mandamientos de Dios, recibiría la bendición del Señor. Ese era el gran privilegio que distinguía a su pueblo.

Según el Nuevo Testamento, gracias a este don de inteligencia, el creyente puede meditar en su corazón los misterios de Dios, como María de Nazaret. Jesús preguntaba con frecuencia a sus discípulos si entendían su mensaje. El relato pascual nos revela que no es lo mismo entender las palabras del Maestro que aceptar su entrega.  

Pues bien, este don de entendimiento es el que reciben los discípulos de Emaús. Sentados a la mesa, ven que el peregrino que había caminado con ellos, toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte y se lo entrega. Es entonces cuando se les abren los ojos y lo reconocen.

Con todo, el Maestro no ha querido reservarse este don. Gracias a Jesús, los que le siguen pueden llegar a conocer al Padre. De hecho, Jesús no considera a sus discípulos  como siervos sino como amigos, a los que da a conocer todo lo que él ha oído a su Padre.

 Con la fe, el Espíritu Santo concede a los creyentes el don de entendimiento o de inteligencia, que los ayuda a acercarse a la intuición de la verdad. Les concede esa contemplación de Dios que produce impaciencia y confiere una mayor semejanza con él y también reposo y gozo en la unión con él.

Como decía san Juan Pablo II, la luz del Espíritu agudiza la inteligencia de las cosas divinas, pero hace también más limpia y penetrante la mirada que se refiere a las cosas humanas. Gracias a ella se ven mejor los numerosos signos que Dios nos ha ido dejando en su creación.  

En fidelidad a su vocación profética, los creyentes están llamados a denunciar el conocimiento falso sobre Dios y a promover una lectura crítica de los signos de los tiempos.

 Al mismo tiempo, están llamados a anunciar la posibilidad de conocer la verdad sobre Dios, sobre el hombre y sobre el mundo. El entendimiento de las necesidades del mundo y de las propias capacidades puede ayudar a la persona a descubrir su vocación y a practicar las obras de misericordia.

                                                                                       José-Román Flecha Andrés