martes, 29 de marzo de 2022

CADA DÍA SU AFÁN 2 de abril de 2022

 

                                                   

RAÍCES DEL MAL Y DEL BIEN

 

Procedente del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, se conserva en el Museo del Prado una pintura sobre tabla firmada por El Bosco que representa los siete pecados capitales. 

 La pintura incluye unas frases tomadas del libro del Deuteronomio que lamentan que la humanidad no considere esos pecados y no se prepare para enfrentarse a los novísimos: muerte, juicio, infierno y gloria, que se encuentran reflejados en los ángulos de la tabla.

El Cristo resucitado que ocupa el centro del círculo, al modo del iris de un ojo simbólico, evoca la inevitable referencia a Jesucristo que debe guardar siempre la reflexión cristiana sobre el comportamiento humano.

En la catequesis, la presentación de estos siete vicios capitales no se limitaba a explicarlos sino que incluía la presentación de las virtudes que se les contraponían.

Esas virtudes eran la alternativa ética a los vicios: contra soberbia, humildad; contra avaricia, largueza; contra lujuria, castidad; contra ira, paciencia; contra gula, sobriedad; contra envidia, caridad; contra pereza, diligencia.

Pues bien, después de algunos siglos de desprestigio, las virtudes morales se han puesto nuevamente de actualidad a partir de la célebre obra “Tras la virtud”, debida al filósofo y sociólogo escocés Alasdair MacIntyre.   

Desde una perspectiva secular, se trata hoy de reflexionar sobre la persistencia de estos vicios, que se perciben todavía como las raíces del mal y sobre los estímulos para repensar y programar los caminos del bien.

Es obligado dirigir una mirada crítica a nuestra sociedad, sin perder el horizonte de humanidad que de ella se puede y se debe esperar. La consideración del mal y del bien es una exigencia propia del deseo de vivir en una cultura humana y humanizadora.

Por supuesto, esta consideración afecta al carácter profético de la fe cristiana. Todos los bautizados están llamados a denunciar los antivalores morales, que nos atacan como virus peligrosos, y a anunciar los valores que responden a la verdad más profunda del ser humano.

Es oportuno  recordar la categoría de los pecados capitales y presentar el horizonte de la virtud como ideal de vida y promesa de esperanza. 

Durate años, hemos tratado de educar a las nuevas generaciones en el aprecio y la promoción de los valores morales. Parece haber llegado la hora de considerar la amenaza de los pecados capitales y la necesidad de redescubrir las virtudes morales o cardinales.

 Como escribía el santo papa Pablo VI, “la Iglesia entabla diálogo con el mundo en que tiene que vivir. La Iglesia se hace palabra. La Iglesia se hace mensaje. La Iglesia se hace coloquio”. Porque apreciamos el valor de ese diálogo y la urgencia de esa inculturación, nos seguimos proponiendo esa reflexión moral.

                                                                    José-Román Flecha Andrés