RAÍCES
DEL MAL Y DEL BIEN
Procedente del Real Monasterio de San
Lorenzo de El Escorial, se conserva en el Museo del Prado una pintura sobre tabla
firmada por El Bosco que representa los siete pecados capitales.
La
pintura incluye unas frases tomadas del libro del Deuteronomio que lamentan que
la humanidad no considere esos pecados y no se prepare para enfrentarse a los
novísimos: muerte, juicio, infierno y gloria, que se encuentran reflejados en
los ángulos de la tabla.
El Cristo resucitado que ocupa el centro
del círculo, al modo del iris de un ojo simbólico, evoca la inevitable
referencia a Jesucristo que debe guardar siempre la reflexión cristiana sobre
el comportamiento humano.
En la catequesis, la presentación de
estos siete vicios capitales no se limitaba a explicarlos sino que incluía la
presentación de las virtudes que se les contraponían.
Esas virtudes eran la alternativa ética
a los vicios: contra soberbia, humildad; contra avaricia, largueza; contra
lujuria, castidad; contra ira, paciencia; contra gula, sobriedad; contra
envidia, caridad; contra pereza, diligencia.
Pues bien, después de algunos siglos de
desprestigio, las virtudes morales se han puesto nuevamente de actualidad a
partir de la célebre obra “Tras la virtud”, debida al filósofo y sociólogo escocés
Alasdair MacIntyre.
Desde una perspectiva secular, se trata hoy
de reflexionar sobre la persistencia de estos vicios, que se perciben todavía
como las raíces del mal y sobre los estímulos para repensar y programar los
caminos del bien.
Es obligado dirigir una mirada crítica a
nuestra sociedad, sin perder el horizonte de humanidad que de ella se puede y
se debe esperar. La consideración del mal y del bien es una exigencia propia del
deseo de vivir en una cultura humana y humanizadora.
Por supuesto, esta consideración afecta
al carácter profético de la fe cristiana. Todos los bautizados están llamados a
denunciar los antivalores morales,
que nos atacan como virus peligrosos, y a anunciar
los valores que responden a la verdad más profunda del ser humano.
Es oportuno recordar la categoría de los pecados capitales
y presentar el horizonte de la virtud como ideal de vida y promesa de
esperanza.
Durate
años, hemos tratado de educar a las nuevas generaciones en el aprecio y la promoción
de los valores morales. Parece haber llegado la hora de considerar la amenaza de
los pecados capitales y la necesidad de redescubrir las virtudes morales o
cardinales.
Como escribía el santo papa Pablo VI, “la Iglesia entabla diálogo con el mundo en que tiene que vivir. La Iglesia se hace palabra. La Iglesia se hace mensaje. La Iglesia se hace coloquio”. Porque apreciamos el valor de ese diálogo y la urgencia de esa inculturación, nos seguimos proponiendo esa reflexión moral.
José-Román Flecha Andrés