lunes, 10 de febrero de 2020

CADA DÍA SU AFÁN 14 de febrero de 2020

    
EUTANASIA Y DISTANASIA
Hace casi cien años que se escribió aquel librito alemán sobre “la libre disposición de las vidas inútiles”. Un libro que vino muy bien a una ideología asesina. Es tremendo  calificar como “inútil” una  una vida humana. 
A veces se presenta la eutanasia como un intento de ayudar a morir de forma serena o tranquila mediante la abreviación intencionada del proceso de morir.
Se habla de eutanasia negativa cuando se quiere aludir a la omisión planificada de los cuidados que prolongarían la vida sin esperanza del enfermo incurable.  La eutanasia positiva se refiere a la institución planificada de una práctica encaminada a provocar la muerte del enfermo en una situación terminal y antes de que el desenlace llegue por sí mismo.
El juicio ético sobre la eutanasia, cuando la decisión es tomada por una persona distinta del mismo paciente, es relativamente fácil.
Según Paul Sporken, "la decisión de vivir o morir es una decisión tan sumamente personal que nadie la puede  tomar en nombre de otro, y mucho menos sin su saber y consentimiento. Por lo tanto, toda eutanasia activa decidida por otra persona constituye necesariamente una transgresión inadmisible contra el derecho de la persona humana, aun en el caso en que este ser humano ya no sea capaz de manifestar su voluntad”.
Ahora bien, se considera como “distanasia” el afán desmesurado de prolongar artificialmente  la vida humana terminal.
Mientras que la Iglesia juzga inmoral todo procedimiento eutanásico, se considera éticamente aceptable, en determinadas condiciones, un procedimiento antidistanásico. Es decir, se admite la renuncia a utilizar medios y tratamientos extraordinarios, que hoy se prefiere calificar como “desproporcionados”, para mantener al paciente en vida cuando se encuentra ya en un estado terminal.
Este juicio tiene especial aplicación cuando se comprueba que ya ha tenido lugar  la "muerte clínica ", es decir la muerte irreversible de la corteza cerebral. Aun cuando no se haya comprobado la muerte clínica, a veces la reanimación no logra otra cosa que la prolongación de una vitalidad parcial, casi exclusivamente vegetativa. En esos casos pueden aplicarse las palabras que ya en 1957 pronunciara el papa  Pío XII:
"Si es evidente que la tentativa de reanimación constituye, en realidad, para la familia tal peso que no se le puede en conciencia imponer, ella puede insistir lícitamente para que el médico interrumpa sus intentos, y el médico puede condescender lícitamente con esa petición. No hay en este caso ninguna disposición directa de la vida del paciente, ni eutanasia, la cual no sería  lícita”.
 En este momento, será bueno preguntarse, qué se pretende con una ley de eutanasia, aunque cuidadosamente se evite mencionar esta palabra.

                                                                                     José-Román Flecha Andrés