UN DOMINGO PARA LA BIBLIA
En el evangelio según san Lucas se puede leer el
delicioso relato de los discípulos que caminaban decepcionados hacia Emaús. Un
peregrino desconocido se acercó a ellos y, con sus explicaciones, “les abrió el
entendimiento para comprender las Escrituras” (Lc 24,45). Llegados a su destino
y, sentados a la mesa, ellos lo reconocieron “al partir el pan”.
Partiendo de esa escena evangélica, tantas veces
reproducida por los artistas, el papa Francisco nos ha dirigido una carta
apostólica (Aperuit illis) en la que
establece que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la
celebración, reflexión y divulgación de la Palabra de Dios.
Hoy muchas familias católicas tienen ya la Biblia
en su casa. Pero nos preguntamos en cuántas de ellas se ha hecho habitual la
lectura de las Escrituras. Muchos católicos prescinden de la Biblia. O no
consultan un comentario que les ayude a comprender los textos más difíciles.
El Papa sabe que hay grupos que intentan
monopolizar el texto sagrado, como si solo perteneciera a los escogidos.
Y replica que “no puede ser así. La
Biblia es el libro del pueblo del Señor que al escucharlo pasa de la dispersión
y la división a la unidad. La Palabra de Dios une a los creyentes y los
convierte en un solo pueblo”.
Quien
desconoce las Escrituras desconoce al mismo Cristo que en ellas se nos revela y
en ellas ha de ser encontrado cada día. Él es el mensajero y el mensaje. Él nos
alimenta con el pan de la Eucaristía y con el pan de su Palabra.
El papa Francisco nos ofrece algunas sugerencias
para celebrar con provecho este Domingo de la Palabra de Dios.
• Al inicio de la
misa se puede entronizar la
Biblia con el fin de hacer evidente a la asamblea la importancia y el valor que
tiene la Palabra de Dios.
• En este domingo, será oportuno destacar su
proclamación y adaptar la homilía para poner de relieve el servicio que se hace
a la Palabra del Señor.
• En este domingo, los obispos podrán celebrar el
rito del Lectorado para subrayar la proclamación de la Palabra de Dios en la
liturgia.
• Se puede entregar
la Biblia, o uno de sus libros, a toda la asamblea, para resaltar la importancia
de la lectura de la Sagrada Escritura
• Se debería introducir a los fieles en la
profundización y la oración con la Sagrada Escritura, con una particular
consideración a la “lectio divina”.
La fe proviene de la escucha y la escucha está
centrada en la palabra de Cristo. Hay que volver a ella en la celebración
litúrgica, en la lectura y la reflexión de cada uno y en la oración personal o
familiar.
Según el
Papa, es necesario no acostumbrarse nunca a la Palabra de Dios, sino nutrirse
de ella para descubrir y vivir en profundidad nuestra relación con Dios y con
nuestros hermanos.

